️🔞 Advertencia: Capítulo con menciones sobre suicidio y muerte de un animal.

Se recomienda discreción.


Capítulo 02. Seres de Luz

¿Cuál es mi misión en este mundo?

—¡Cuidado!

Un pequeño de unos ocho años, soltó un grito mientras caía de trasero en la acera, ya que este fue detenido por "algo", una misteriosa fuerza que lo había jalado de la capucha de su sudadera para así evitar que cruzara aquella calle dónde un carro iba a toda velocidad.

Y así, ese pequeño se salvó de tener un fatal accidente de tránsito.

—¡Ten más cuidado! ¡No cruces la calle sin antes fijarte por ambos lados! ¡También nunca cruces por los costados, siempre ve a la esquina o ve hasta donde este el semáforo más cercano! — dijo aquella voz mientras acariciaba el cabello de aquel niño.

Aquel pequeño giró para ver a su salvador, pero al hacer esto, no había nadie detrás de él.

—Se que no puedes verme... — suspiró aquel que hablaba — Pero yo a ti si, así que por favor, cuídate. No me gustaría ser yo quien tenga que guiarte hacia "la luz"— comento un chico de cabellos rosas, alto y vestido con ropas casuales pero en tonos blancos.

Aquel chico de nombre Itadori Yuji, podría ser nombrado por algunos como "un ángel", pero él aún no tenía alas.

También él podría entrar en la categoría de "un ser de luz", ya que en ocasiones, el emitía un aura brillosa y cálida, pero que aún no era tan intensa como la de los demás ángeles.

Realmente ni él sabía que tipo de ser era. Lo único de que este chico estaba seguro, es que aún estaba en la tierra de los mortales quizás para cumplir alguna misión antes de ir "al cielo". Así que aquel ángel se la pasaba ayudando a cuanto mortal se le cruzara.

Al parecer, Itadori solo podía ser visto por algunas cuantas personas, sobre todo era visto por niños menores de cinco años, o aquellas personas que tuvieran algún "don" para ver lo sobrenatural.

También este ángel ayudaba a los adultos mayores, cuidándolos al cruzar la calle o si estos morían, él los guiaba hasta la iglesia para que el arcángel Satoru los guiara "a su destino final".

Itadori era un ser amable, que estaba dispuesto a ayudar hasta al más indefenso, incluido los animales.


Aquel ser tomo una bolsa negra que se movía dentro de un bote de basura en aquella zona residencial.
Le había llamado la atención el ruido y los movimientos que salían de esta.

Aunque Itadori no podía ser visto ni escuchado, él podía por alguna extraña razón mover y tomar los objetos.

Al tirar el bote y rasgar la bolsa, se dio cuenta de que alguien había abandonado a su suerte a un pequeño y desnutrido gatito blanco.

—¿Acaso puedes verme?— le pregunto a aquel animal, quien respondió con un débil maullido ya que el pobre se moría de hambre.

—Estas en tus últimas, y si no comes algo pronto o si no encuentras refugio rápidamente, morirás ...— decía Itadori preocupado —¿Quién puede ser tan desalmado como para hacerle esto a un inocente?

Aquel gato maullaba débilmente.

—Pero tampoco puedo dejarte morir, al parecer es tu primera vida y mereces vivirla — decía acariciando el blanco pelaje de aquel animal.

Itadori tenía que ayudar a ese pobre gato, así que estuvo haciendo algo de ruido con los botes que tenía a la mano.

El escándalo que hizo, llamó la atención de una vecina de la zona, quien encontró a aquel gato, pero no quiso compadecerse de él.

—¡No seas así! ¡Ayúdalo por favor!— Itadori Sonó molesto, mientras tiraba del hombro de aquella mujer para que volteara hacia atrás.

Aquella mujer sintió aquel extraño jaloneo, pero al voltear, no había nadie detrás de ella.

Eso solo hizo que esta se asustara y saliera corriendo de ahí.

También por alguna extraña razón, él podía tocar a las personas, las cuales siempre que volteaban, no veían a nadie detrás de ellas. Solo sentían la presencia de "algo", pero ese algo siempre era invisible a sus ojos.

Yuji suspiro desanimado, también a él le tocaba ver el cómo muchas personas eran malas que no ayudaban al prójimo y les gustaba hacer y desear el mal a los de su alrededor.

—Lo siento amiguito ... a veces los humanos son tan malos, que ellos mismos son unos monstruos sin salvación — comento Itadori tristemente, mirando como los ojos de aquel gatito se quedaban sin brillo.

El "alma" de ese animal salió de su cuerpo en forma de una pequeña esfera de luz. A diferencia de los hombres, los animales y los niños que murieron antes de los tres años, al ser seres tan inocentes y sin maldad, sus almas iban directamente al cielo sin la necesidad de ser guiadas por el arcángel Satoru.

—Te veré allá arriba amigo.

Se despidió Itadori al ver que esa pequeña esfera de luz, que lo rodeo con curiosidad, se iba elevando al cielo, cuál burbuja flotando libremente por el viento.

—Vaya, cuando son animales quienes mueren en estas circunstancias, las despedidas suelen ser más tristes, ellos sí que son seres muy puros— comento una voz femenina sobre él.

—Demasiado triste diría yo —Itadori suspiro — Y por cierto, Hana ¿Ya vas a dejar de jugar con mi cabello? ¡No es gracioso que saques ventaja de tus alas!— respondió levantando y moviendo sus manos, para alejar a aquella chica quien volaba sobre su cabeza.

Hana Kurusu pasaba por la misma situación que Itadori.

Tampoco sabía exactamente porque seguía en el mundo terrenal o cuál era su misión para ir al cielo donde se supone que estaban los seres alados como ella.

Ella tenía alas y un halo sobre su cabeza, pero ella por alguna extraña razón, no brillaba ni emitía alguna luz.

Y a diferencia de Itadori, ella no podía tocar ni mover las cosas materiales, pero si podía tocar a las personas, pero tampoco era vista por estos.

Pero sorprendentemente ella si podía ser escuchada por aquellos que tuvieran un muy fino y muy desarrollado sentido del oído.

—Perdón, jeje es solo que me gusta molestarte — respondió esta con una sonrisa mientras ponía los pies en la tierra.

—¿Y a que viniste a buscarme? ¿Acaso ya cumpliste con tu cuota diaria de personas salvadas?— pregunto Itadori metiendo sus manos en sus bolsillos y empezando a caminar.

—Podría ser que mi cuota diaria ya está cubierta por hoy, ayudar a los ancianos debería dar puntos extras — dijo con una sonrisa mientras trataba de seguirle el paso a Itadori, quien sorprendentemente era un ser que se movía muy rápido.

—Y el por que vine a buscarte, es porque el arcángel Satoru nos ha llamado, tanto a mí, como a ti y a Yuta, ya que quiere vernos a los tres en la iglesia una vez el cielo nocturno cubra por completo la bóveda celestial— comento está volando a un lado de Itadori.

—¿Quiere vernos a los tres? ¿Y para que?— pregunto sorprendido mientras se detenía detrás de varias personas que esperaban el siga peatonal.

—No dio más detalles, solo me pidió que los buscara a ustedes dos — Hana se encogió de hombros —Quizás por fin nos de la noticia de que al fin iremos allá "arriba", es lo único que me imagino— comento con una sonrisa.

—Me pregunto ¿Cómo será el paraiso? — respondió Itadori con una sonrisa —¿Y por cierto? ¿Dónde está Yuta?— pregunto con curiosidad.

Hana negó con la cabeza.
—No lo he logrado encontrar, de seguro debe estar por ahí acabando sus cuotas de salvación o debe estar eliminando "demonios"— comento Hana desde el aire.

Yuta a diferencia de esos dos, parecía ser más un "mensajero de aquella fuerza divina". Era un ser que brillaba demasiado cuando algún milagro debía cumplir.

Él tenía un brillo y un aura muy especial, pero a diferencia de Hana, Yuta podía aparecer y desaparecer sus alas a voluntad. Pero lo que él no tenía era un halo sobre su cabeza.

Yuta también podía tocar a las personas y hasta podía mover objetos. Él podía ser visto por todo tipo de personas, desde niños, adultos y ancianos, pero sobre todo, era visto por aquellos mortales que estuvieran al borde de la muerte.

Y en algunas ocasiones, él podía ser escuchado por los mortales. En palabras del arcángel Satoru, Yuta era el que más se acercaba al concepto de "Ángel", ya que incluso a él se le encargaba de cuidar a los mortales de los seres que vivían en las sombras.

Pero él al igual que esos dos, no sabía porque seguía en el reino mortal y mucho menos entendía porque no era subido de categoría o porque aún no podía entrar al cielo.

—Bueno, vayamos al llamado de Satoru. Debe ser algo muy importante lo que debe decirnos como para que nos llamara a los tres.

Contesto Itadori, mientras ambos seres de luz seguían su camino. Adentrándose entre aquellas calles por donde podían llegar a su santuario. Una iglesia que estaba dentro de un bello parque.


Megumi de verdad se sentía perdido en sus pensamientos, además de que las guardias nocturnas de verdad ya le estaban pasando factura a su cuerpo.

El pobre se sentía demasiado cansado mientras caminaba por aquellas calles llenas de gente, llevando en el brazo derecho su impermeable y su paraguas, mientras en su hombro izquierdo llevaba su mochila.

El pobre se sentía con un terrible sabor de boca debido al coraje que había hecho ante la solución que le estaba dando su jefe Takeda.

Aquello era una solución injusta para él. Un descanso que él no pidió solo para aparentar que lo habían expulsado de la clínica.

No solo estaba demasiado molesto con lo sucedido con aquel dueño, sino que tampoco podía sacarse de la cabeza toda la situación con aquel perro callejero.

Ver toda esa sangre y la situación de ese pobre animal, le trajo un amargo recuerdo de su niñez que creía ya haber bloqueado de su mente.

Megumi siguió caminando, mientras veía sus manos.

—¡Mamá!

Recordó su inocente voz, incluso recordaba todas aquellas malas sensaciones, mientras aún recordaba con vivides aquella sangre en sus pequeñas manitas cuando era niño. Recordó lo tan asustado que estaba que hasta había mojado sus pantalones.

—Megumi...— escuchó la voz de su madre nombrarlo en sus lucidos recuerdos. El cansancio lo estaba consumiendo y le estaba trayendo muy malos recuerdos de cuando era niño.

En aquel momento, Fushiguro noto que por ir tan cansado y distraído, no se había dado cuenta que había ido a una parte de la ciudad que hace años no visitaba desde la muerte de su madre.

Quizás había llegado ahí por inercia.

Había llegado a un puente que adornaba una parte de esa zona residencial y que daba inicio a aquel parque dentro de la ciudad.

Megumi recordó que de niño iba a ese parque junto a su madre y a su hermana.
También recordaba que en su centro había una iglesia muy bonita donde a su madre le gustaba ir a rezar.

Estar en la entrada de aquel parque le trajo muchos recuerdos de su fallecida madre. Ella era una mujer muy creyente, llena de fe, simplemente era un ser de luz que el destinó decidió arrebatársela de manera cruel cuando el tenía diez años.

Todo aquello puso a Megumi más nostálgico, mientras miraba a las personas pasar.

—¡Mira mami! ¡El rio creció, los peces pueden verse desde aquí!— escucho a un niño decir, mientras ese pequeño se subía al barandal para ver aquella corriente.

Rápidamente esa mujer tomo a su hijo del brazo y lo jalo hacia ella.
—¡No te subas ahí! Si te caes, es muy probable que la corriente te lleve... Vámonos, aquí han muerto muchas personas— dijo tomándolo de su mano.

Megumi se acercó a aquel barandal y observo lo que había dicho aquel niño.

Era cierto, la corriente de aquel río había crecido bastante los últimos días debido a las lluvias. Megumi miro su reflejo mientras veía aquella corriente correr con fuerza. Capaz de arrastrar a un adulto a lo más profundo.

—"Salta" — una voz le empezó a susurrar a su oído— "Así podrías acabar con tu sufrimiento que llevas arrastrando desde años atrás. Quizás así dejes de ser un estorbo para tu padre. Solo quizás así vuelvas a ver a tu Madre"...

Una voz dentro de él les gritaba a aquellas frases. Tenía un gran impulso de querer saltar. De acabar con su vida como muchas personas lo habían hecho en ese lugar.

Estuvo observando aquella corriente y aquel lugar por unos momentos más, hasta que se percató de que no había nadie cerca de él en aquel momento.

Se quito la mochila y la dejo en el suelo y a un lado de esta, dejo su paraguas y su impermeable. En caso de desaparecer, sabía que en su mochila había suficiente información sobre él, ya que ahí tenía su credencial de la escuela y el número de su hermana. En aquel momento, ni siquiera pensó ni consideró en lo triste que se pondría Tsumiki en el caso de que él llegara acabar con su vida. Simplemente la dejaría sola en este mundo cruel.

Solo quería encontrar la paz que tanto anhelaba... Solo estaba pensando en la solución más fácil para terminar con todo su sufrimiento y miseria.

Megumi se inclinó levemente para adelante, subiéndose más en aquel barandal. Parecía sumergido en aquel fatal pensamiento.

—"¡Vamos! ¡Hazlo, acaba con todo tu sufrimiento!" "Salta"

Su voz interna seguía gritando mientras empezaba a subir su pie para pasar al otro lado. Su infelicidad lo seguía engañando para así terminar con su vida.

Así permaneció algunos minutos, mientras esperaba el mejor momento para saltar a aquella peligrosa corriente.

—Quizás solo así...

—¡Espera! ¡No lo hagas! ¡Atentar contra tu vida está mal!— le grito una voz mientras Megumi sentía como era jalado con demasiada fuerza hacia atrás de nuevo.

Aquella persona sí que debía ser alguien extremadamente fuerte como para levantar a un chico de más de 1.70 de altura y arrastrarlo hacia atrás de aquel barandal para ponerlo seguro.

Megumi fue tirado al suelo con brusquedad una vez fue salvado de saltar a la corriente, su cuerpo dolía por aquel jalón y sentía que su cabeza le daba vueltas, mientras su vista se enfocaba en su salvador. Podía distinguir a un chico completamente vestido con ropas casuales, medio distinguía que era alguien de cabellos rosas quien estaba de cuclillas frente a él.

El azabache tuvo que enfocar un poco la vista, quizás era el sol lo que hacía que aquel chico brillará tanto.

Aquella luz le hacía difícil observar el rostro de su salvador, pero por su voz, detectaba que era alguien aproximadamente de su edad, pero también esa voz tenía algo especial, tenía un toque que lo hacía calmar, era una voz melodiosa y dulce.

—¿Estas bien? Perdón si fui muy brusco al jalarte de la camiseta, ¡Pero acabar con tu vida no es la solución!

—¿Quién eres?— pregunto Megumi cubriendo con su mano su frente para tratar de que la luz dejara de cegarlo y pudiera ver el rostro de su salvador.

—¡¿Oh puedes verme y escucharme?! ¿En serio puedes verme y escucharme? ¡Eres el primer hombre joven que puede verme! ¡Hana este chico puede verme y escucharme!— comento Itadori muy emocionado.

Megumi estaba confundido, no veía ni escuchaba a nadie más al lado de ese chico.

—¡Cierto! ¿Estas bien? Déjame ayudarte — Itadori tomo la mano de Megumi y le ayudo a ponerse de pie, mientras su brillo se iba apagando de poco en poco.

La vista de Megumi seguía sin enfocar bien el rostro de aquel chico, quizás se debía al cansancio acumulado y el aún estar aturdido por el golpe que se había dado y quizás por eso aun no podía verle bien el rostro a su salvador.

A aquel chico al parecer lo rodeaba un aura extrañamente confortable. Y eso hacía que el veterinario no quisiera soltar aquella mano por alguna extraña razón.

—Gracias... ya estoy bien, es solo cansancio, solo llegue a mi punto más bajo y pensaba en seguir ese impulso pasajero de querer acabar con todo— empezó a decir Megumi mirando a su salvador aun con la vista borrosa.

—Si te sientes cansado, deberías ir a casa y dormir, si te sientes enfermo, deberías ir al médico, quizás él pueda darte algo para el malestar físico, pero como siempre digo, si sientes impulsos negativos para atentar contra tu vida, deberías ir al santuario del alma, deberías ir a la iglesia, ahí quizás tu interior encuentre alguna respuesta a tus inquietudes más profundas— Itadori empezó a hacer unas señas con su mano libre, ya que seguía tomando la mano de Fushiguro con su mano derecha.
—Hay una Iglesia muy bonita muy cerca de aquí, solo debes seguir caminando por todo este sendero por unos diez minutos más y podrás ver la iglesia que pertenece a este parque, quizás solo te hace falta hablar con el de arriba para que te ayude con tus inquietudes — comento Itadori con una gran sonrisa.

Aquel gesto y palabras molestaron a Megumi, quien soltó la mano de su salvador quien parecía ser otro fanático religioso.

Cerro con fuerza sus ojos un momento para ver si así su vista se restauraba, mientras respondía molesto por aquel comentario.

—¡Como dije, muchas gracias y sé que estaré bien! ¡No necesito ir a...— abrió los ojos y para su sorpresa, ya veía claramente, pero su "salvador" ya no estaba ahí.

—¿Huh?

Salió de su boca. Megumi realmente estaba confundido. Su vista ahora estaba restaurada pero para nada veía a ese chico que lo había salvado.

Miró para un lado, miró para el otro pero no había nadie cerca de él en aquel momento.

—¿No pudo haberse ido tan rápido? ¿O sí? ¿O acaso será como Maki? ¿Un atleta que corre muy rápidamente y que tiene una fuerza sobrehumana?— se cuestionó muy confundido mientras veía como la gente pasaba y se le quedaba viendo feo por estar hablando solo.

Megumi se llevó su mano a su cabeza. Quizás el cansancio lo estaba consumiendo. Quizás solo necesitaba descansar.

—¿Acaso habrá sido un ladrón? ¿Una estafa callejera?— se cuestionó llevándose rápidamente las manos a las bolsas de su filipina médica, pero todo seguía intacto.

Tanto su celular como su cartera seguían en su lugar, así como su mochila, su paraguas e impermeable seguían en el suelo. Y sus cosas dentro de su mochila seguían intactas.

—Entonces si ese chico no era un ladrón, ni una persona normal y corriente... Entonces dudo que haya sido un fantasma... No creo que haya sido una idiotez como esa que dicen que hay en estos lugares.— Se llevó la mano al pecho, quería descartar la idea más ilógica que podría pensar.

Al llevar su mano a su pecho, sintió aquella cruz de plata en su piel.

Sujeto con fuerza aquel regalo de su madre. Dudo por un momento en si debía ir a ver aquella iglesia. Quizás aquel extraño tenía razón, quizás podría encontrar respuestas en aquel santo lugar.

Pero al final, Megumi mejor decidió ir a casa...


Notas:

Espero les haya gustado este capítulo y más porque se vienen más cosas con esta historia.

¿Qué les esta pareciendo este fic hasta el momento? ¿Qué les pareció este primer encuentro entre Megumi e Itadori?

Próximamente aparecerán mas personajes.

Para mi itadori siempre ha sido un solecito que sin duda salvaría a las personas en cualquier circunstancia.
Espero poder continuar de poco a poco esta historia. La actualización será un tanto lenta por el momento porque aún sigo armando esta historia sin tratar de descuidar todas las demás.

En fin, gracias por todo su apoyo❤️ Nos seguimos leyendo.