—Me gusta lo que te has hecho en el pelo —dijo con una sonrisa torcida mientras le tocaba con los dedos unos cuantos mechones del pelo—. Me gusta, sí.

—¿De verdad?

—Yo no miento —se le marcaron los hoyuelos en torcer más la sonrisa—.

Él sabía como hacerlo. Él era el mejor en eso.

—¿Has estado en Hogsmeade por la noche?

—No... ¿Tu sí? —dijo la chica ingenua—. Esta prohibido salir del castillo por la noche.

—Ya, bueno... Pero, ¿para que están las normas si no es para saltárselas?

Sirius tenía a la chica arrinconada en la Sala Común. Ella estaba recostada en la pared y él, frente a ella, sujetaba el peso de su cuerpo en la pared apoyado con el brazo derecho, así la chica quedaba totalmente a su disposición.

Cara Linch, Gryffindor, quinto curso. Una de las pretendientas a asistir con Sirius al baile. Después de esta noche acabaría de decidirse.

Era rubia de ojos café. Delgada y no demasiado alta. ¿Pero quien era alta en comparación con el joven Sirius Black?

La jornada de clases había acabado hacía unas horas. Habían cenado y ahora merodeaban por allí los últimos alumnos. Había clase mañana y la gente prefería no trasnochar hasta el fin de semana. Así que por lo general, los alumnos no se acostaban tarde.

—Yo he estado cientos de veces en Hogsmeade por la noche... —Sirius adquirió un tono de voz más interesante. Hacía que cada sonido fuera delicado y estudiado, saboreando las palabras y haciendo que su presa las deseara—. Las casa de la villa están todas encendidas y las estrellas oscilan en el cielo oscuro iluminando la nieve en invierno. Sale humo de las chimeneas y en el ambiente se percibe un sutil olor a chocolate.

Chocolate.

Remus.

—¿Tu me llevarías? —la chica caía en su juego.

Sirius intentó olvidarse de lo que asaltaba su mente a cada momento. Así que decidió dejarse llevar aquella noche. Quería asegurarse de que no estaba empezando a sentir algo extraño. Quería salir de dudas.

—¿Vendrías conmigo? —dijo pícaro—. Es un camino algo peligroso. Largo y prohibido.

—Me gusta lo prohibido... —la chica estaba dentro de su juego por completo—.

—¿Estás segura?

—Del todo...

Sirius la beso esperando aquella chispa que sentía cuando besaba a una chica. Pero no aparecía. Así que cogiéndola de las caderas y aferrándola más a su cuerpo, la beso con fiereza. Aquella chispa no aparecía y él cada vez era más brusco.

No podía dejar de pensar en el Baile de Navidad. No podía dejar de pensar en que Remus había tenido que renunciar a él y que seguramente había tenido que inventarse una escusa barata para no ir con Alma. No podía dejar de pensar en él. Calló en la cuenta de que no le había visto desde la mañana. Remus no había aparecido en todo el día. Y se le anudó el estómago.

El beso seguía.

El había perdido el control, se había perdido en sus pensamientos y ni siquiera era consciente de que estaba besando a una chica. La cual, ahora, llevaba el ritmo del profundo y húmedo beso que parecía nunca acabar.

James y Peter estaban en la otra punta de la Sala Común de Gryffindor. Ambos estaban sentados en el sofá rojo frente a la llameante chimenea. Cada uno en un extremo. Con los pies sobre el sofá. James miraba a cierta pelirroja mientras estudiaba en una de las butacas cerca del ventanal.

—Remus va a entrar ahora mismo en la Sala... —dijo Peter con el Mapa en la mano—.

James miró hacía la entrada y en menos de cinco segundos Moony atravesó la puerta con su habitual entristecido rostro, ahora, terriblemente intensificado. Tenía los ojos rojos y la cabeza gacha.

Se acercó hasta ellos arrastrando los pies.

—Hola chicos... —Su voz estaba enronquecida—.

—¿Se puede saber donde has estado? —James se incorporó, parecía enfadado. Lo estaba—. No puedes desaparecer sin más, Remus...

—Nos tenias preocupado, —dijo Peter—.

—Lo siento, chicos... He estado en la biblioteca —Remus se aclaró la voz—.

—Ya, pero no puedes irte sin decir palabra y aparecer por la noche como si nada. —James se puso en pie—. ¡Yo me preocupo por ti!

—Vale, mamá... No lo volveré a hacer —dijo con una sonrisa—. Eres un melodramático...

—Es parte de mi encanto —James le dio a Moony un golpe cariñoso—. Vamos para arriba, va...

—¿Donde esta Sirius? —dijo Remus—.

—Hace un momento estaba... ¡AH! —en James girarse vio a Sirius al otro lado de la Sala Común con aquella chica entre manos— Allí está...

Remus se giró hacía donde la mirada de James se dirigía y vio a Sirius besando a aquella chica. Y menudo beso...

Una mezcla de tristeza y rabia se acumularon en su pecho. Algo extraño se encendió, un sentimiento algo desconocido, como si le molestara que Sirius estuviera besando a una chica. Como si nunca hubiera visto a Sirius besando a alguien.

El día no podía irle peor.

Por un segundo deseo que esta noche pudiera transformarse y desahogar toda aquella rabia acumulada arrancando un árbol o algo parecido.

—¡Padfoot! —James gritó a su amigo y este en reaccionar se dio la vuelta, deteniendo así el beso—. ¿No crees que ya tienes suficiente por hoy?

—Nunca hay suficiente, Prongs...

Fue entonces cuando los ojos de Sirius se encontraron con Remus, que le miraba ensombrecido.

Y allí estaba.

Allí estaba aquella chispa que había estado esperando durante el beso y que no había aparecido. Si no que, en mirar a Remus, todo su cuerpo sintió una descarga eléctrica, su corazón se hizo un puño y sus músculos se contrajeron. Allí estaba aquella sensación y allí estaba Remus mirándole decepcionado.

Sirius se asustó.

—Nosotros nos vamos, Padfoot... —dijo James—. ¡Sube cuando acabes, hermano!

—Ya le vale —Peter seguía a Moony y a Prongs mientras subían las escaleras hacia la habitación—.

—Sí... Ya le vale —sentenció Remus con el pecho anudado—.

Sirius soltó a la chica de la cintura, la miró con los ojos encendidos en fuego y le dijo antes de irse:

—Ya nos veremos.

—¡Lo de Hogsmeade, cuando tu digas!

—Sí, sí... ¡Adiós, Carla! —dijo a toda prisa, mientras subía las escaleras para llegar donde estaban los Merodeadores—. Subo con vosotros...

—Se llama Cara, no Carla... —dijo Remus sin mirarle—.

—Ah...

Los cuatro llegaron a su habitación pero Sirius no dijo palabra alguna. Remus no le miraba y tenía la cabeza gacha, sus ojos se mantenían firmes en dirección al suelo. Peter ya se había metido en la cama y fue James quien decidió reavivar la atmósfera sombría. Sabía que no era un buen día para Remus, pero no sabía porque Sirius estaba así, tan decaído y distraído.

Sirius estaba sentado en su cama. Con las cortinas recogidas y con el mapa desplegado sobre las sabanas prietas que cubrían el colchón.

—¿Que Padfoot, esa chica te ha dejado mudo? —dijo torciendo los labios—.

James se tumbo en la cama de su amigo.

Sirius levantó la vista, Peter dormía y Remus se había metido en el baño.

—Pfff...

—¿Que? —dijo James—.

—No sé... —Sirius miró a su amigo confundido y con las cejas fruncidas—. ¿Sabes eso que sientes cuando besas a alguien?

James ahogó una carcajada.

—¡No te rías! Te estoy hablando en serio...

—Lo siento, hermano... Pero que tu me digas eso se me hace raro —James reía—.

—¿Por que? —dijo ofendido Padfoot—.

—¿Acaso tu sientes algo cuando besas a una chica? Pensé que lo hacías por puro vició...

—No soy una piedra, ¿vale? —Sirius reía contagiado por su amigo—. También siento, aunque no te lo creas.

—Vale, vale... —James se serenó y se incorporó mirando a Sirius—. ¿Que pasa, que te gusta Cara Linch?

—¿Cara Linch?

—La chica que estabas besando.

Sirius negó ladeando la cabeza.

—Lo que pasa es que no lo sentí, —Sirius cerró el mapa—. No sentí eso que se siente cuando besas a alguien... Tenía la sensación de no estar besándola, como si estuviera distraído, pensando en otra cosa...

—Cuando besas a alguien no puedes ponerte a pensar. Tienes que sentir.

—Ese es el problema, —Sirius estaba preocupado por esas sensaciones—... Que me puse a pensar.

—¿En que?

Sirius titubeo un segundo. No estaba preparado. Ni él mismo había asimilado en lo que estaba pensado o en quien. Ni si quiera él sabía que significaba todo aquello. Aquella chica besaba de maravilla. Sus labios eran suaves y sabían a cerezas ácidas. Pero no había sentido aquellas sensaciones en el pecho, aquellas chispas, como él las llamaba. Y eso le hacía estar preocupado. ¿Acaso, simplemente, se había cansado y se había puesto a pensar en otras cosas?

—Sirius... —James le hizo volver a la tierra—. ¿En que pensabas?

La puerta del baño se abrió y Remus apareció tras una nube de vapor. Tenía el pelo húmedo y los finos mechones de color cobre se le adherían a la frente y a la nuca.

Sirius suspiró.

—Ya hablaremos, Prongs... Tengo sueño.

—Como quieras, —James siguió con la mirada la dirección de los ojos distraídos de Sirius, miraba a Remus con total deleite. No le dio importancia y lo dejó pasar—.

Remus fue hasta su cama y se tumbó.

—Buenas noches, chicos... —dijo con un hilo de voz—.

—Vaya día lleváis hoy... —James estaba de pie en medio de la habitación. Sirius le miraba incorporado en la cabecera de su cama. Peter dormía y Remus se había incorporado levemente—. ¡Parece que soy él único animado hoy!

Sirius rió y Remus rodó los ojos.

—Yo me voy a abajo a ver si aún esta despierta Lily.

—Te va a mandar al carajo después de lo de esta mañana en clase de pociones, —dijo Remus que parecía un poco más animado—. Yo de ti, no bajaba...

—¡A callar y a dormir los dos!

James cerró la puerta tras de si y la estancia se sumió en un gélido silencio.

Sirius se tumbo por completo y miró al techo removiéndose incómodo.

—¿Sabes? —fue Sirius quien habló—. He estado pensando...

—¿Enserio? No sé por que me sorprende...

Sirius giró la cabeza y se encontró con el rostro de Remus en la cama de al lado, que le miraba con los ojos fijos en él. Remus estaba recostado de lado y le miraba.

—Que gracioso estas hoy, Moony... —Sirius no pudo evitar torcer una sonrisa y entonar su voz—.

Carraspeó. ¿Que estaba haciendo? Estaba usando sus tácticas para ligar mientras hablaba con Remus. Y no sabía porqué, pero no podía evitarlo.

—¿En que has pensado?

Sirius suspiró.

—El otro día le dije a James que no me apetecía ir al baile...

—Sirius...

—Déjame acabar.

Sirius le miraba fijamente a los ojos y Remus no pudo evitar ruborizarse. Al fin, después de todo el día sintiendo esos ojos pegados a su nuca, los tenía delante y le dedicaban a él al cien por cien.

Dio gracias al cielo que la luz estuviera apagada y el color de sus mejillas no se notará. Pero el brillo de sus ojos era imborrable.

—No tengo pareja aún... Pero ya no es eso, sino que no me apetece. —Sirius se serenó—. Así que había pensado que me quedaré contigo durante la transformación...

—Pero, Sirius... ¡Es Navidad! —Remus sintió una pinzada en el tórax—. No tendrás muchas navidades en Hogwarts.

—No me importa.

—No quiero que lo pases mal por mi.

—Remus, —Sirius se incorporó—. No lo voy a pasar mal si estoy contigo... —dijo muy serio—.

Era muy fácil saber lo que estaba sintiendo y tan difícil querer asimilarlo. ¿Que demonios le pasaba? ¿Por que Sirius se comportaba así y porque él estaba tan receptivo a su comportamiento? Esos ojos y esos labios pronunciando aquellas palabras, diciendo que si estaba con él no lo pasaría mal. El nudo en su pecho cada vez se anudaba con más intensidad. Sus ojos brillaban y su interior gritaba. Y por un instante sintió la tentación de querer abrazarle, tocarle. De sentir su cuerpo contra el suyo. ¡Oh por Merlín! Quería sentir esos ojos lo más cerca posible. Quería besar cada palabra que pronunciaba a través de aquellos labios y quería palpar cada milímetro de la tersa piel de su cuerpo. Lo quería. Y lo quería ya.

¡Basta!

¿En que demonios estaba pensando?

¡Basta, él solo es tu amigo!

—Sirius, será mejor que no...

—Nada me va impedir que no te acompañe, me da igual lo que digas. ¡Iré! —sentenció—.

—Esta bien...

Nuevamente, la estancia se hizo presa del gélido silencio.

Sirius aún no era consciente de las palabras que había pronunciado y lo que había encendido, tanto en él, como en su compañero.

—Gracias, Sirius.

Sirius sonrió.

—Voy a estar a tu lado, ¿vale?

—No si el monstruo que llevo dentro lo impide...

—Tranquilo... Se controlar a ese monstruo, —dijo con picardía—.

Y sin poder evitarlo, Sirius había coqueteado con Remus.

Ambos callaron.

Y allí estaba otra vez aquella chispa que ardía en el pecho de Sirius. Aquella chispa que no había sentido durante el beso y que en cambió sentía cuando Remus estaba cerca.

¿Estuvo bien? Ya me dirán que les pareció este capítulo que tanto dude en publicar. Me parecía algo extraño, tenía la idea en la cabeza pero no sabía como demonios escribirlo. En fin, así quedó la cosa... Ya dirán que les ha parecido.

Espero que la decisión de Sirius les haya parecido lo mejor... ¿Que me dicen del comportamiento de estos dos? ¿Creen que acabaran aceptando lo que están empezando a sentir? ¿Quien creen que será el primero en aceptarlo?

Espero su opinión. Hasta el próximo,

Besos, Lúthien.