No hay nada mejor que un buen capítulo calentito... Y para calentito nuestro querido Sirius Black... ¿Queréis saber por qué? Mmm... ¡Capítulo dentro! Que lo disfruten...

Sintió un fuerte nudo el cuello, le dolía horrores las cervicales. Pegado a la nuca sintió un sudor frió y helado. Tenia el pelo enmarañada y un gran dolor cervical. El dolor se intensifico cuando intento incorporarse. Entre sus brazos estaba el cuerpo enmarañado y desnudo de su amigo. Remus había acabado entre sus brazos por alguna razón aquella noche. No solían recordar mucho de lo que sucedía antes de que la luna se pusiera. Supuso que había sido una noche algo movidita por los golpes en la espalda de Remus y las rascadas de sus brazos que surcaban la piel de los omoplatos hasta los antebrazos. Remus aun dormía. Sirius atrajo el cuerpo inerte mas hacia el y le observo el rostro con intriga. Tenia las cicatrices al rojo vivo y unas horribles ojeras azules se dibujaban bajo los ojos fuertemente cerrados. Sirius sintió lastima, odiaba que Remus tuviera que sufrir de esa forma. Odiaba verle en esas condiciones, le dolía mas que cualquier otro dolor físico que pudiera sentir ahora. Entonces recordó el beso y el estómago se contrajo dolorosamente. Aquel beso había cambiado tantas cosas en el, entre ellos. Aquel beso marcaba la diferencia que Sirius había estado esperando durante tanto tiempo. Aquel beso había echo que viera las cosas como realmente son y no distorsionadas por el filtro de la ficción y de la inconsciencia que negaba cualquier sentimiento que pudiera tener hacia su amigo. Pero lo sabia con absoluta claridad, teniendo el cuerpo débil de aquel chico entre sus brazos, teniendo ante si a Remus desnudo mientras el le protegía, estaba mas que seguro que no eran solo dos amigos. Nunca lo habían sido. Pero ahora era cuando Sirius se daba cuenta.

Remus aun dormía, supuso que estaría adormecido por el dolor que sentiría, así que no quiso despertarlo y pensó en llevarlo hasta la enfermería de Madame Pomfrey el mismo. Dejo aun lado con cuidado delicado cuerpo malherido y se incorporo. El suelo crujía bajos sus pies a medida que avanzaba por la sucia habitación de la Casa de los Gritos. Fue hasta la cama, donde había dejado la mochila que se había preparado con la ropa limpia para ese día. Abrió la mochila y saco la ropa. Fue entonces cuando se dio cuenta de que su cuerpo se había tomado muy enserio el efecto de las mañanas. Era una dolorosa pero satisfactoria sensación en la entre pierna que por una extraña razón aquella mañana estaba mas intensificada que nunca. Miro al chico desplomado sobre el suelo y se fijo en su desnuda anatomía. Remus, a pesare todos los golpes, el dolor dibujado en su rostro, los arañazos y las magulladuras, también sufría el efecto de la mañana. Y sin poder evitarlo Sirius se vio fatalmente atraído hacia aquel echo. Y su cuerpo recibió una oleada de calor, un calor asfixiante que se intensifica a a medida que su mente daba rienda suelta a su imaginación. Una imaginación sucia que le estaba provocando a perderse en el cuerpo de su amigo allí tumbado, tocarle y saborear cada milímetro de aquella cremosa piel. Perderse en aquellos sabrosos labios que había podido probar el mismo aquella noche. Y se sentía tan terriblemente afortunado de haber tenido el valor suficiente como para poder besarle. Jamas se arrepentiría, independientemente de que pasara entre ellos, jamas borraría aquel ardiente recuerdo. Y es que el calor en su cuerpo cada vez se intensificaba mas y mas. No tenia control sobre sus actos. Sus ojos miraban desde lejos y su mente jugaba con la imaginación dejándose llevar por lo que hubiera podido ser si la luna hubiera tardado unos minutos mas en salir aquella noche.

—Sirius?

La voz de Remus desde el suelo mientras se retorcía en un ahogado suspiro de dolor, le saco de su ensimismamiento y de las travesuras de su sucia e insaciable mente.

Sirius se coloco la ropa interior y se puso los pantalones con una rapidez inigualable. Fue hasta Remus y coloco una mano sobre la mejilla.

—Buenos días —dijo con la mayor de las sonrisas—.

Remus parpadeó confuso y aturdido por el ardiente calor en su entre pierna que se intensifico considerablemente al ver el torso desnudo, aquellos fibrosos abdominales marcados, ahí, justo debajo del pecho. Aquellos brazos que se acercaban a el. Y fue entonces cuando el recuerdo de la noche anterior sacudió su mente como un bate. Aquellos brazos, aquellas manos incapaces de parar, aquellos ojos hambrientos, aquellos labios del diablo que le incitaban a no parar nunca, a no tener nunca suficiente. Y se asusto, se asusto de aquella atracción fatal hacia aquel chico. Hacia un chico.

Tenia miedo.

Tenia miedo de que todo eso fuera real y por un segundo sintió repulsión de el miso y quiso creer que esas emociones no habían sido experimentadas por el, que el no había podido sentir todo aquel deseo, aquella satisfacción por Sirius. No quería creer que el fuese capaz de poder sentir eso por un hombre. Jamas lo considero si quiera. Y toda aquella atracción le había llevado a considerarse muchas cosas.

Pero no quería admitirlo.

Cerro los ojos con fuerza, como si quisiera intentar borrar todo aquello, pero era imposible. Eso había pasado, era un echo, algo que cambiaría las cosas a partir de ahora.

—Estas bien? —la voz de Sirius estaba acompañada de la melodía que provocaba en el aquella sonrisa dibujada en su rostro—.

—Estoy desnudo —inmediatamente Remus aparto la mano de Sirius se mejilla y intento darse la vuelta para taparse—.

Crack. Los músculos del estomago de Sirius se tensaron en un fuerte nudo.

—Te duele algo?

—No, estoy bien... —mintió—. Tráeme mi ropa, por favor.

Sirius fue hasta la cama y cogió la mochila de Remus y se la tiró. Se había dado cuenta del rechazo de Remus y no quería que las cosas fueran peor, así que espero a ver que pasaba y mientras mantendría la distancia entre ellos.

—Vas a poder levantarte y andar hasta la enfermería?

Remus se incorporó lentamente y se dio la vuelta, dándole la espalda a Padfoot.

—Creo que si... —dijo mientras se colocaba la ropa interior—. No estoy muy herido en comparación con otras noches de transformación.

—Eso es porque tienes el mejor guardián que puede haber!

Silencio.

Remus acabó de vestirse en silencio dándole la espalda a Sirius. El chico se quedo perplejo ante la actitud de su compañero, pero supuso que todo estaba siendo demasiado abrumador.

Ambos estaban vestidos cuando decidieron partir hacia la escuela. Era muy temprano, los alumnos no estarían despiertos dado que la noche anterior todos habrían trasnochado. Así que no utilizarían la capa.

Sirius se acercó despacio hasta Remus con la intención de ayudarle a caminar.

—Puedo yo solo, gracias —dijo poniendo distancia entre ellos. La sola idea de tocarle era un reclamo para todo su cuerpo hacia él. Una atracción fatal que intentaría evitar por todos los medios posibles.

—Estas seguro?

—Si.

Remus se movía torpemente. En cada paso que daba su cara adquiría una mueca de dolor cada vez mas aguda e intensificada. Llegaron hasta las escaleras, las bajo torpemente y finalmente atravesaron el pasillo mugriento y arenoso. Sirius iba tras el vigilando cada uno de sus torpes pasos y evitando que pudiera caer. Tenia un fuerte nudo en la boca del estómago, algo que no le dejaba apenas respirar.

En llegar al final del túnel, Remus cojeaba mas que antes. Y el dolor en su rostro era mas que evidente.

—Me da igual lo que digas, te voy a ayudar -Sirius coloco su brazo alrededor de la espalda del chico y colgó todo su peso sobre el. Remus estaba muy malherido y le dolía horrores verle así.

—Esta bien —dijo soltando un suspiro ahogado y dejando su peso muerto sobre Sirius—.

Caminaron a través de los pasillos de Hogwarts sin hacer ruido. Todo estaba completamente vacío, no había ningún alumno, profesor o fantasma que pudiera merodear por la escuela a esas horas. Todos dormían y eso les estaba dando una muy preciada ventaja. El camino se hubiera estado haciendo mucho mas lento si hubieran tenido que caminar bajo la capa.

—Ya llegamos...

Remus sentía un gran dolor en las lumbares y en los brazos. Las cicatrices de la cara le ardían como nunca y había recibido unos horribles hematomas en las piernas a causa de alguna caída o de algún golpe. Nunca se acordaba de lo que había pasado la noche anterior, jamas recordaba lo que hacía. Según sus amigos, solían salir al bosque prohibido y dar vueltas, correr y cuando el sol volvía, ellos mismos le marcaban el camino para volver a la casa de los gritos, donde pasaba la peor parte de la Transformación, cuando volvía a ser humano. Cuando su cuerpo se deformaba nuevamente y sus huesos se distorsionaban dolorosamente. Supuso que esa noche no había sido muy distinta. Excepto por el beso.

¡Oh diablos, ese beso!

Ese beso había cambiado tantas cosas que ni el mismo era consciente. Pero estaba tan asustado de aquellas emociones que la única manera que tenia de actuar era negándose completamente a todo lo que pudiera sentir. Y es que, con Sirius nunca se sabía. Él había estado desde hacía tres años con una chica diferente cada semana y, esta nueva y desconocida faceta de él, le extrañaba demasiado, no entendía esa nueva actitud frente a él.

Llegaron a la enfermería, eran las 6 de la mañana y la luna al fin dormía.

—Buenos días —dijo Madame Pomfrey—, que pronto llegáis hoy...

—Sí... —dijo Sirius desanimado—. ¿Donde lo pongo?

—Ni que fuera un muñeco, señor Black... —dijo la señora caminando apresurada a través de la estancia hasta llegar a una de las camillas blancas—. ¡Póngalo aquí!

Sirius ayudó a Remus a subirse a la camilla y luego dejó que él mismo se tumbara mirando hacía arriba mientras su rostro se retorcía de dolor.

—¿Cree que estará mejor para las 10? —preguntó Sirius—.

—Estará como una rosa en un par de horas... —dijo mientras examinaba las heridas de Moony—. Al parecer esta noche no ha sufrido tantas heridas como la anterior... No sé que es lo que haces por las noches, muchacho, pero siempre te arañas toda la espalda...

A Remus se le enrojecieron las mejillas.

—Nunca recuerdo nada... —dijo entre gemido de dolor—.

—Bah, no te preocupes... No me llevará más de dos horas —dijo muy segura—. Voy a buscar unos vendajes, ahora vuelvo.

Sirius aprovechó el momento para acercarse a Remus. El pobre chico tenía un nudo tremendo en el pecho que casi no le dejaba respirar. No sabía que era eso, no sabía por que estaba reaccionando de esa forma. Él jamás había actuado así después de un beso. Estaba tan acostumbrado a besar sin sentir nada que cuando al fin sentía algo, le era el echo más extraño. Y es que no había más que mirarle a la cara, tenía las pupilas dilatas, los labios hinchados y las mejillas rosadas como nunca. Su rostro rebosaba felicidad, su mirada lo decía todo, pero en su interior, sabía que algo no estaba bien.

—No hace falta que te quedes, Sirius... —dijo Remus—.

—No me importa, tengo la ropa preparada para coger el tren a las 11 y no tengo que hacer nada...

—De verdad, no hace falta —dijo con un tono de voz más duro y decidido—. Estaré bien, solo.

Los músculos de Remus se tensaron. ¿Que diablo estaba haciendo? Lo que más quería en este momento era que Sirius se quedará a su lado, le cogiera de la mano y le dijera que todo estaba bien. Lo que más quería era que él estuviera a su lado, y estaba provocando el efecto contrario. Le estaba echando de allí, de su lado.

—Les diré a James y a Peter que estas bien... —dijo Sirius dándose media vuelta, decidido a irse sin más—.

Pero Remus no pudo evitarlo y por mas que le doliera, se incorporó.

—¡SIRIUS! —gritó casi sin aliento—.

Se giró y le miró.

Sus miradas se cruzaron como dos rayos y sus cuerpos se paralizaron por unos segundos. Unos lentos segundos en los que el mundo se desvaneció, y es que el anhelo del tacto de aquellos labios les estaba torturando a ambos por igual. Se habían quedado a medias aquella noche, no habían podido saciarse, sus corazón aún no habían podido recuperar la calma ni su ritmo habitual después de todo lo que habian sentido. Era imposible. Pero sus mentes no lo asimilaban, no asimilaban todas aquellas emociones, no eran capaces. Y por eso reaccionaban de aquella manera. Remus no podía asimilar todo aquello, no sabía, y le era imposible reaccionar de otra forma que no fuera evitar lo más posible otro contacto de ese modo con Sirius. Su mente le prohibía volver a experimentar esas clase de emociones pero su cuerpo y su alma le decían otra cosa. No podía evitar lo inevitable, no podía hacer nada contra la fuerza de atracción que Sirius ejercía sobre él. Era imposible.

Sus miradas seguían atadas y parecía que se estuvieran comunicando, era como si pudieran leerse la mente entre ellos.

No te vayas, le decía Remus.

Me estas destrozando lentamente, decía Sirius.

Pero ninguno de los dos pronunció palabra alguna.

Sirius se volvió a dar media vuelta y se fue por donde había venido, esta vez, solo.

Camino rápido y decidido en dirección a las escaleras principales que le llevarían directamente a la Sala Común de Gryffindor, y de ahí a su habitación. Lo único que quería era tumbarse y dormir hasta que fuera la hora de irse para coger el tren hacía Londres. Sentía el peso de toda una noche en vela sobre sus parpados. Necesitaba dormir. Necesitaba asimilarlo todo. ¿Que había sido aquello? ¿Que significaban aquellas miradas? ¿Que aún había esperanza?

Sirius no era de los que se enamora.

No se podía permitir el echo de caer en eso. De caer en ese vicio que dicen que es el amor, en ese vicio de mariposas en el estómago, caricias, besos y susurros. No podía caer, no sabría como actuar, no sabría que hacer. Él no estaba hecho para enamorarse y querer a alguien de esa forma, no sabía. Y sabía que esta vez no sería diferente.

Remus le gustaba, era evidente. Lo sabía, pero de ahí a quererle o desarrollar otro tipo de sentimiento más ardiente, había un largo camino de piedras afiladas que no estaba dispuesto a recorrer.

Llegó a la Sala Común. Habían alumnos que habían seguido su fiesta en la Sala Común después del Baile y se habían quedado dormidos sobre los sofás y las butacas, incluso tirados en el suelo. Pero no se detuvo y fue directo a las escaleras sin mirar a los alumnos que dormían.

Llegó con agilidad hasta la puerta y la abrió de un golpe.

—¿SIRIUS?

No podía creer lo que sus ojos estaban viendo.

—¿LILLY?

Lillian Evans estaba frente a él, tapada con una sabana blanca de pies a cabeza, con lo que parecía su vestido y sus zapatos en la mano, el pelo revuelto y las mejillas rojas.

—Ehm, si... bueno —dijo saliendo de la habitación—. Yo ya me iba...

—¿Has pasado aquí la noche? —dijo Sirius con los ojos abiertos como platos—.

—Que tu amigo te cuente —Sirius se giró y se encontró a James en medio de la habitación, de pie, sin calzoncillos y con la sonrisa más grande del mundo—.

Lilly se fue muerta de vergüenza y sin pronunciar palabra alguna.

Sirius entró en la habitación y cerró la puerta.

—Estoy en shock —dijo—.

—Yo también —James tenía un brillo irreal, una sonrisa tan maliciosa y radiante que Sirius se asustó—.

—Te has tirado a Lilly...

—Si.

—Te has tirado a Lilly...

—Aha.

—¡Oh, por Merlín! ¡Te has acostado con Lillian Evans!

—¡Que si, Padfoot! —dijo James—. ¿No me crees? ¿Quieres pruebas?

—Te creo, te creo... No necesito más pruebas, ¡oh por merlín! Lilly acaba de salir desnuda de aquí...

—No estaba desnuda.

—Iba con una puta sabana encima y el vestido en la mano...

—¡Es tan perfecta! —James suspiró profundamente y se dejo caer sobre su cama—. ¡Oh, Padfoot! Ha sido el mejor de mi vida...

—Aún te quedan muchos —dijo Sirius—-

—Pero este ha sido el mejor sin duda...

—Digiste lo mismo con Vanessa Ponts hace dos meses.

—¡PAD, ESTE HA SIDO EL MEJOR MOMENTO DE MI VIDA ENTERA, ¿LO ENTIENDES?!
Y es que Sirius era incapaz de percibir eso, era incapaz de apreciar cualquier signo de amor que alguien tuviera hacía otra persona.

—Esta bien, pero no necesito detalles —dijo tumbándose en su cama—. Aún ni me lo creo... Oye, y a todo esto ¿donde esta Peter?

—Lo mandé a la Sala Común a dormir...

—¿Enserio? —rió Sirius—.

—Sí.

Ambos rieron como nunca.

—¿Y que tal la noche? ¿Como está Remus? —preguntó James—.

—Muy bien. Y él está bien, esta en la enfermería... —dijo distraído, pero inmediatamente se incorporó y miró a su amigo de su cama—. James, tengo que contarte algo...

Iba a hacerlo, necesitaba contárselo a su hermano necesitaba hablar con alguien, lo necesitaba urgentemente, pero no estaba preparado para ver la reacción de James. No estaba preparado para ver como podría ver él las cosas y enfrentarse a su reacción inminente. Confesar ese echo era algo que había estado ocultando durante años y no podría afrentarlo tan fácilmente.

—¿El que? ¿Ha pasado algo malo? —se asuntó James—.

—¡NO! No es nada malo... —dijo Sirius—. Es solo que, esta noche...

Sus palabras salían de su boca sin ser controlados por su mente, y es que en estos momentos no sabía controlar sus emociones. Se dejaba llevar por los impulsos del momento y presintió que se arrepentiría.

—¿Esta noche, que?

—Remus y yo...

La puerta se abrió estrepitosamente, era Peter.

Sirius calló al instante. El chico entro el habitación dando tumbos, llevaba atada a la cabeza una corbata, la túnica medio desabrochada y los ojos entreabiertos.

—¡WORMTAIL, MENUDA RESACA LLEVAS ENCIMA, AMIGO!

—Buenas noches... —Peter caminó dando tumbos hasta su cama y cayó rendido boca abajo sobre las sabanas—.

—Increíble... —dijo James alzando las cejas—.

Sirius no pudo evitar soltar una ruidosa y estrepitosa carcajada que inundó la habitación e hizo a James reírse también.

Ninguno de los dos pudo volver a dormir para recuperar sueño perdido. Ambos se quedaron hablando un largo rato y James le contó todo a Sirius sobre el baile. Comentó las parejas, los vestidos de ellas y las túnicas de ellos, el concierto de después, la fiesta en la Sala Común, que había sido muy corta para James, que había continuada la suya propia con Lilly en la habitación.

Sirius no volvió a hablar sobre el tema de Remus, no quiso enfrentarse a eso todavía y prefirió pasarlo por alto. James tampoco insistió demasiado, no le dio la importancia necesaria.

Pasó el rato y a las nueve y media despertaron a Peter. Tenían que coger un tren a las 11 y todavía tenían que ir a buscar a Remus, desayunar y ir hasta Hogsmeade.

La mañana pasó volando. Remus parecía haberse recuperado de una manera fugaz. Tenía el brazo vendado y un par de cortes aún visibles en el cuerpo, pero aparte de eso parecía el mismo de siempre. Ni Sirius ni Remus se dirigieron una simple mirada, no intercambiaron palabra alguna. Dejaron que James mantuviera la conversación entre los cuatro, pero entre ellos no hubo interacción. Nadie pareció notarlo.

Desayunaron rápidamente e inmediatamente fueron a cargar las mochila a los carros que los llevarían hasta Hogsmeade. Permanecieron en silencio hasta llegar a la estación, James entonces se dio cuenta de la extraña atmósfera y recordó entonces lo raro que estaba Sirius cuando llegó esa mañana y pensó quizás que él y Remus habrían discutido o quizás no habían pasado buena noche. El echo de que Sirius le hubiera quitado importancia esa mañana en la habitación despistaba a James así que no le quiso dar relevancia a la situación.

Subieron al tren y el viaje dio comienzo. Les esperaba un día largo y movidito, y Sirius solo deseo poder aclarar las cosas con el lobito indeciso antes de llegar al circo que tenía montado en su casa.

¿Demasiado hot o se dejaba leer? Bueno, solo espero que les haya gustado... Me ha quedado algo diferente en cuanto al tono que este capítulo ha tenido, no quiero que todos sean pero de vez en cuando no va mal algo mas hot... JAJAJA ¡Espero su opinión!

Como habrán leído al principio del capítulo, no soy una experta en cuanto al sistema MAÑANERO DE LOS HOMBRES, así que si hay alguna cosa que no tiene ni pies ni cabeza, ruego disculpas, soy una señora y no experimento esa clase de... ¿? lo que sea lo que les pasa por la mañana a los hombres;) JAJAJAJAJAJAJ!

¿Que les ha parecido las reacciones de los chicos? Es decir, Remus y Sirius... En efecto, Sirius va a ser el primero en admitir que es gay y que le gusta Remus, pero quizás Sirius ya sabía que era gay... Bueno todo queda en el aire;) A Remus, en cambio, le va a costar quizás un poco más ya que tiene novia y bueno como es bastante propenso a martirizarse a él mismo y es como que le cuesta más admitir quien es con el tema de la licantropía, pues lo mismo con la homosexualidad. Bueno, todo esto se ira viendo... No se que les parece la idea de que esto sea un proceso más o menos lento... es decir, uno no sale del armario así de repente, todo merece un análisis y unas emociones que te llevan hasta llegar al punto en el que te aceptas a ti mismo y dejas que los demás te acepten, así que quiero cuidar cada momento y que los dos personajes lo sientan todo muy intensamente. (Vaya royo os estoy pegando jajaja).

¿Y que tal esta nueva faceta de nuestra querida Lilly? Aviso que esta no es la Lilly que acostumbró a escribir en mis fics, pero quería probar con una Lilly más James... Por que al fin y al cabo es una adolescente con ganas de experimentar, ¡como todos! ¿Y por que ella tendría que ser diferente? ¡Pues va a ser que no! Así que he decidido hacer a una Lilly al estilo James Potter, porque yo lo valgo y Lilly aún más:I

Muchas gracias a la gente que se toma la molestia de leer mi historia y comentan ¡Sin vosotros/as no podría seguir con esta loca idea! Así que, gracias:)

El próximo esta cerquita y será de los dramáticos, ¡como a mi me gustan! Espero no hacerles esperar demasiado, hasta entonces...

Besos, Lúthien.