—¡Siete, ocho, nueve, diez, once... Y DOCE! ¡FELIZ AÑO NUEVO!

Todos los presentes chocaron entre ellos las copas de cava, gritaban cantos de alegría y esperanza para el año entrante. La felicidad se respiraba y se materializaba con el ambiente embriagador. La familia era algo tan homogéneo en el mundo de James. Si rius sentía tanta admiración hacía todo ese mundo que él solo conocía desde lejos. Jamás había experimentado aquella grata sensación de plenitud junto a su familia y lo que veía desde lejos, como un mero espectador en la familia de James, le permitía poder degustar solo un poco aquel sabor tan dulce.

—Feliz año nuevo, hermano —James abrazó a Sirius colocando un brazo sobre sus hombros y, a su misma vez, dando un sorbo a la copa de cava que sujetaba—.

—Feliz año nuevo —sonrió e imitó a James—.

La cena se había hecho tan amena. Todos los comensales habían disfrutado de la encantadora velada en casa de los Potter. Había llegado familia de James de todas partes de Inglaterra. Sus padres organizaban esta fiesta todos los finales de año. Reunían a toda su familia, tíos, primos, abuelos, sobrinos... Y juntos, celebraban el comienzo de año.

Sirius lo veía todo como un extraño. Su inminente huida de casa de sus padres le había afectado en terrible manera. Y aunque no quisiera admitirlo, esto marcaba el final y el comienzo de una etapa nueva para él. Jamás volverían las cosas a ser como eran y eso era un echo.

Aveces envidiaba a James. Solo aveces, sentía una envidia sana hacía lo afortunado que era su amigo, lo extremadamente afortunado que llegaba a ser y ni siquiera se daba cuenta. Pero Sirius sí.

Los invitados hablaban y reían en el comedor de las casa de los Potter. Comían frutos secos, charlaban y jugaban a cartas mientras la copa se llenaba de cava de forma paulatina .

James y Sirius se miraron compartiendo una mirada cómplice y ambos salieron juntos de la casa. Se dirigieron al patio trasero.

En salir al exterior, el gélido frío de enero se apoderó de sus cuerpos. James se sentó en un viejo columpio que su padre le compró de niño y Sirius se sentó en el suelo, con las piernas cruzadas. Miraba a su amigo desde abajo.

—Se agradece —dijo Sirius llevándose el cigarrillo a los labios—. Hacia tiempo que no saciaba a mis vicios.

James sonrió mirando a su amigo.

—¡Que exagerado! Tampoco hace mucho que no fumabas... ¿Un par de semanas?

—Me quedé sin cigarrillos hace un par de días. Antes de volver a Hogwarts compraré 10 cajetillas para que me duren todo lo que queda de curso...

—¿Solo diez? —ambos rieron—.

James se balanceaba cómodamente en el columpio.

—A malas se las robo a alguno de séptimo.

—No me la jugaría.

—Ya me las apañaré —sus labios volvieron a saborear el humeante gusto a tabaco. Aspiro y dejo ir el humo lentamente por la boca—.

James miró hacía el cielo.

—Tengo la sensación de que las cosas se van a poner mas difícil a partir de ahora...

—¿Por que?

—Es una sensación —James miró a Sirius con el ceño fruncido—. Como si nunca pudiera volver a este momento, como si nunca volviera a ser todo como es ahora.

—No te rayes, Prongs —bromeó Sirius dando otra calada—.

—¡Va enserio! —Protestó—. Es como algo que no se me va de la cabeza.

—Lily no se te va de la cabeza.

—A parte —El cuerpo de James sufrió un repentino escalofrío—. ¡Que frió hace, joder!

Ambos rieron. Sirius tosió y el humo se evaporizó a su alrededor.

—Tendrías que dejarlo, enserio. No te lo planteas?

—¿Que va a hacerme, matarme? —Sirius aspiro con fuerza—. Que lo haga... —el humo salió entonces atravesando sus gruesos labios—.

—Padfoot...

—Es como si no fuera nadie, como si no importara realmente... Podría desaparecer mañana y no importarle a nadie.

—¡Oh, vamos! —protestó James— A mi me importas... —dijo muy serio—.

—Lo sé, hermano... —Miró enternecido a James y luego volvió a colocarse el cigarrillo en la boca—. Me refería a otra cosa...

—¿A que?

—No importa...

—¡Claro que importa! Dime, —dijo James— ¿a que te referías?

A Remus, hermano... A Remus

Pero fue incapaz de decírselo a James. No podía, simplemente. No era porque James no le inspirara la confianza necesaria, sino que el mismo no se atrevía, no estaba preparado para confesar un secreto que atesoraba desde hacia años. Un secreto que arrastraba desde que tenia uso de razón. Siempre había sentido esa atracción hacia ambos sexos. Siempre había querido probarlo todo. Siempre ponía al vicio como como excusa para todos sus actos y actitudes, siempre ponía como excusa querer vivir experiencias y sentir, pero el sabia que eso era mas que todas esas excusas que siempre ponía. No podía cambiar ahora.

Jamas le había confesado ese gran secreto a nadie.

—¿Sirius?

—Enserio, James... No quiero hablar de esto ahora —Tiró el cigarrillo y lo aplasto bajo sus botas de cuero—. No hay ganas...

—Como quieras, pensé que confiabas en mi, pero bueno...

—No es eso, hermano y lo sabes...—Sirius se metió la mano en el bolsillo, sacó la cajetilla de tabaco y cogió otro cigarrillo. Se lo llevó lentamente a la boca—. Confío en ti, eso esta claro...

James le miraba con las manos en los bolsillos.

—Como quieras...

Hubo un tranquilo silencio, y es que aunque no lo pareciera, Sirius y James eran capaces de estar callados y serenarse juntos sin necesidad de palabras. No necesitan palabras para entenderse.

—Mañana vienen Peter y Remus —dijo James—.

—Sí... Lo sé.

Sirius calló en la cuenta de que mañana tendría que enfrentarse al encuentro de Remus y ambos tendrían que volver a fingir que no se deseaban y tendrían que mantenerse lo mas alejados el uno del otro como fuera posible.

No tenia ni idea de como iba a reaccionar al verle después de casi una semana. No sabia como iba a actuar cuando le tubiera delante, quizás no pueda aguantarlo y se tire a sus brazos o quizás solo es una obsesión pasajera. Sea lo que sea, que Remus y Sirius estén cara a cara, es un echo.

De todas formas, mañana le tendría delante y las cosas pueden llegar a ser muy distintas de como el se las espera.

—Si te parece bien —dijo James—, vas tu a buscar a Remus y yo voy a buscar a Peter... Y nos encontramos todos en Covent Garden y comemos algo por allí.

—¿Por que no vamos todos juntos? —la idea de estar a solas con Remus le aterraba, tener que enfrentarse a Remus de nuevo le hacía imaginarse lo peor, el rechazo—. Quiero decir, vamos los dos a buscar a Peter primero y luego a Remus, o como quieras...

—Lo decía por ahorrar tiempo...

—Vale, vale... Pues hagámoslo así, me parece bien —Sirius aplastó el segundo cigarrillo bajo sus botas—. Comemos algo en Covent Garden y listo —dijo guiñándole un ojo a su amigo—.

—Plan perfecto —sonrió James—.

Al rato, entraron en la casa. Sus pies arrastraban los recuerdos que habían vivido aquellos días en casa de James. No había nadie que significara tanto como James lo hacía para Sirius. Era su familia y lo sabía. Sabía que estando a su lado jamás estaría solo y eso le reconfortaba. Habían pasando unos días fantásticos en esa casa, habían compartido momentos que solo había existido en la imaginación de Sirius cuando fantaseaba con tener una familia como la tenía James.

Subieron a la habitación. Los padres de James habían improvisado una cama para Sirius. Con un golpe de varita hicieron aparecer un colchón mullido y le habían prestado unas sabanas.

—¿Has notado a Remus algo extraño últimamente? —dijo James mirando el techo de su habitación—.

—¿A que te refieres? —Sirius estaba tumbado hacía el lado izquierdo—.

—Ha estado más callado de lo normal desde la noche del baile...

—Yo le veo igual.

—No nos ha hablado de Alma y no se ha preocupado por ella, ¿sabes?

El estómago de Sirius se contrajo.

Alma.

Ni si quiera había pensado en ella. Ni si quiera se había parado a pensar en que por su culpa, Remus le había sido infiel a su novia. No se había parado a pensar en que, aunque Remus aceptara que aquel beso había significado algo, nunca sería lo suficientemente importante como para que diera por terminada su relación con Alma. Sirius sabía y entendía lo que esta chica significaba para Remus y que jamás le escogería a él. Sus esperanzas menguaban considerando que Remus le había rechazado dolorosamente y se había negado a las posibles emociones que sintió durante aquel beso.

—¿Pasa algo, Sirius?

—No, no... Aunque ahora que lo dices, si que es verdad que no habló de Alma en el tren... Ni si quiera se preocupó de mandar a alguno de nosotros para hablar con ella y así saber como esta —dijo Sirius—.

—Supongo que se habrán escrito durante vacaciones...

—¿Sabes si terminaron o algo?

—No... Remus no nos dijo nada y por eso te comentaba que esta raro, por que no nos ha dicho nada de ella —se explicó James—. Quizás rompieron cuando Remus le dijo que no podía ir al baile...

—No creo... De camino a la casa de los gritos, durante la noche del baile, la vimos... Iba bastante guapa y noté como Remus la miraba, ¿sabes? —la voz de Sirius se entristeció en recordar aquel momento bajo la capa—.

—Pues, si te digo la verdad... No notó nada diferente en Remus cuando ve Alma —dijo James—.

Sirius se giró.

—¿No, y eso?

—No la mira de manera especial... A Lilly la mira igual, ¿sabes lo que quiero decir?

—¿A Lilly? —Sirius rió—. Como te fijas, Prongs...

—Calla —rió—. Me refiero a que Remus y Lilly son amigos y ya esta... Y se miran en plan amigos, ¿sabes? —hizo una pausa—. Y con Alma, me da la sensación, de que la mira igual. Con la ternura que se mira a una amiga, pero no con la intensidad con la que se mira a la chica que te gusta.

—Que profundo estas hoy... —rió Sirius—.

—¡Es verdad! —James insistió—. ¿No te das cuenta tu, no?

No, definitivamente Sirius no se daba cuenta de esas cosas.

—Pues no me he fijado, la verdad...

Pero los ojos de Remus le hablaban cuando sus miradas conectaban. Sentía esa especie de conexión entre ellos que los unía. Sus ojos hablaban por ellos mismos y se decían todo aquello que sus bocas no se atrevían.

—¿Que pasará con ellos? —preguntó Sirius pensando en voz alta. Se dio cuenta de que lo había pronunciado en recibir la respuesta de James—.

—¿Ellos?

—Ya sabes, Remus y Alma... —le dolía pensar en un ellos—.

—¿Y que quieres que pase?

—¡Joder, James! Como se nota que es de madrugada... —se burló Sirius exasperado—. Quiero decir, ¿que pasará con ellos ahora que su relación está tan tensa?

—¿Por lo del baile y tal?

—Si...

—No lo sé, la verdad —dijo James—. Supongo que Alma le perdonará, al fin y al cabo, el no tiene la culpa... ¿No?

—Supongo que no... —añadió Sirius con voz queda—.

—Estaría muy mal si le deja, ¿no crees?

No, James... ¡Ojalá!

Sirius se odió a si mismo por pensar eso. El que Alma dejará a Remus le provocaría mucho dolor, y eso era lo último que Sirius deseaba para Remus. Estaba dispuesto a exponer y destrozar su propia felicidad antes que la de Remus con tal de que el sufra lo menos posible.

El cansancio pudo con ellos y pronto cayeron profundamente dormidos. Los sueños apresaron sus mentes y la inundaron de memorias que al despertar no recordarían.

Abrió los ojos y sintió el frió tacto de su piel contra el cristal de la ventana. El vaivén del tren y el traqueteó de las ruedas movían acompasado su cuerpo. Había dormido en la peor posición inimaginable. Le dolía el cuello y se le había quedado el brazo dormido. En estirarse, le crujió toda la espalda en un chirriante sonido. El sabor en su boca a papel húmedo, le hizo sentirse sucio y adormecido, aunque apenas había podido dormir.

Remus había cogido el primer tren de la mañana, a las 6. Y sus ojos, cansados y abatidos por el inminente insomnio, se habían rendido ante el vaivén del tren con destino a Londres. Los Merodeadores pasarían un par de días en casa de James, y Remus aun no se hacía la idea de tener que ver nuevamente a Sirius, después aquel doloroso rechazo por su parte. Había pasado más de una semana desde aquel día, desde aquel beso y empezaba a ver las cosas de otra manera. Solo llevaba poco más de una semana sin ver a Sirius y sentía como poco a poco el mundo se había más pesado a sus espaldas. Quería verle ¡YA! Quería tenerle cerca y saber que esta bien y decirle que le bese otra vez como lo hizo aquella noche. Las ansias de estar con Sirius, de mirarle y tocarle, le han hecho imposible dormir en estos últimos días. El saber que estarían en casa de James y que podría verle antes de que empiecen las clases, le cortaba la respiración. Y aunque una parte de su mente se avergonzaba de todo aquello que tan impulsibamente sentía, el tenía la necesidad de vivir todo aquello y de sentirlo. Era inevitable.

Al rato, el tren frenó en seco.

El cuerpo de Remus se inclinó bruscamente hacía delante por la inercia de movimiento, pero volvió a su posición con agilidad. El corazón le latía desbocado mientras cogía la pequeña maleta y el abrigo. Llegó a la puerta del vagón a paso lento, no quería enfrentarse a ese inminente reencuentro. Asomó su cuerpo y buscando entre el gentío, lo vio.

Allí estaba, esperando por él.

Espero que lo hayan disfrutado. Estoy mas liada que nunca, ya han empezado las clases y no encuentro tiempo ni para respirar. Espero que lo entiendan, quizás ahora tardaré mas de lo habitual, por favor... ¡No me maten! El próximo va a ser de lo mejorcito, esperen con ganas por que vale la pena... Espero que no demorarme mucho, escribir el siguiente esta en mis prioridades, así que no se preocupen, encontraré tiempo donde pueda.

Ah, por cierto... ¡Feliz día de Luna Llena! ¡Deseádle fuerzas a nuestro lobito favorito!

Besos, Lúthien.