La aguja había atravesado su piel rompiendo las barreras del dolor. Su cuerpo había recibido embestidas desde la espalda, pequeños brotes de rabia que la aguja descargaba sobre su piel virgen. La tinta se había impregnado y el dibujo había tomado forma a medida que el tiempo pasaba. Sirius se masajeaba la parte lateral del torso. El dolor se había propagado por todo su cuerpo, se había extendido hacía los laterales envolviéndolo por completo.
La gran hoguera del patio trasero de James ardía frente a él mientras se masajeaba el dorso dolorido. Había sido un proceso complicado y doloroso. Un proceso que, sin embargo, había valido la pena. Habían pasado más de cuatro horas desde que habían salido de la tienda de tatuajes y el dolor no había menguado.
James tenía los ojos fijos en su amigo y su mirada atravesaba las llamas de la hoguera que habían encendido para mantenerse en calor ante la invernal noche.
—¿Que me podría tatuar yo? —dijo James pensativo—.
—Amo a Lilian Evans en la frente —Sirius soltó una carcajada—.
—Ja, ja.
Remus miró a Sirius torciendo una suave sonrisa. Tenía los brazos cruzados a la altura del pecho y se arropaba con una manta que le llegaba a la cintura.
Habían llegado a casa de James después de salir de la tienda de tatuajes y habían montado las tiendas de campaña para pasar la noche allí. Después de la cena, habían encendido una hoguera y se habían sentado alrededor con sillas plegables del padre de James.
—¿Te ha dolido mucho? —preguntó Peter a Sirius—.
—Duele un poco, la verdad... —mintió. Dolía muchísimo—.
—¿Solo un poco? —dijo Remus—. Te he visto la cara, estabas descompuesto...
—Bueno, duele bastante —miró a Remus con fastidio—.
Realmente no había sentido tanto dolor. Había estado más pendiente de los ojos de Remus que por la aguja que estaba perforando y tintando su piel de por vida.
Prácticamente, Remus no había dejado de mirarle desde que se sentó en la silla, se quitó la camiseta y el tatuador había dado rienda suelta a su mano sobre su piel. Había sentido los ojos de Remus en contacto con los suyos en todo momento y eso, había apaciguado el dolor en gran cantidad. Gracias a la insistente preocupación de Remus por su dolor físico, había conseguido mantenerse lo suficientemente distraído como para no detenerse a pensar demasiado en lo que estaba haciendo.
La brisa de la noche acariciaba sus rostros y el silencio inundaba sus corazones.
—¿Tienes mechero, Prongs?
—¿Ya se te ha gastado?
—Esta tarde, y ya no me he acordado de comprar otro...
James lanzó el mechero que sacó del bolsillo del pantalón, por encima de la hoguera y aterrizó en la falda de Sirius. Este lo cogió y llevándose un cigarrillo a los labios, lo encendió.
—Sirius... —la voz de Remus sonó débil y lejana—.
Sirius le dirigió una mirada dulce mientras aspiraba el humo del cigarrillo.
—No espero demasiado de la vida... —dijo Sirius al dar otra calada—.
Remus calló y bajó la vista su manos. Estaba empezando a tener frío.
—Solo quedan tres dias para volver a Hogwarts... —Dijo James. El chico tenía en la mano una botella de vidrio que contenía un líquido transparente. Le dio un trago, su garganta hizo un esfuerzo para poder tragar el licor—. Volver a las clases, a la rutina... Menuda mierda...
—Ya nos encargaremos de que la rutina se haga mas amena —dijo Sirius con una sonrisa maliciosa—.
Remus se fijó en el gesto del chico.
—¿Algún plan genial, hermano? —preguntó James dando otro trago a la botella—. A mi ya se me han ocurrido muchos...
Volvió a dar otro trago y le pasó la botella a Remus. Este, se negó a beber y le pasó la botella a Peter, que hizo el intento de dar un trago al amargo licor. Luego, le pasó la botella a Sirius.
—¿Intentas emborracharme? —dijo burlón—. Muy mal, Prongs... Sabes que lo quiero dejar.
—Lo que tienes que dejar es de fumar —dijo Remus—.
—Que pesado estás, Moony —Sirius le dio otra calada al cigarrillo que se consumía a media que el tiempo pasaba—. Esto no hace daño a nadie, solo a aquellos que se lo creen —sonrió—. Pero tranquilo, fumar es mi único vició, por ahora... Así que no quiero beber —dijo y le volvió a pasar la botella a James—.
—Vaya, vaya... Estoy quedando como una mala influencia —dijo James fingiendo estar ofendido—. Pues ahora, me la voy a beber entera...
—Ya lo has hecho... —añadió Remus—. Cuando te levantes de la silla no vas a poder ni andar.
—Que exagerado eres, Moony... —James se incorporó y se puso de pie—. Tampoco he bebido tanto... —dijo dando un ligero tropiezo al caminar—.
James se movía torpemente por el jardín dando tumbos, de lado a lado.
Sirius se reía aferrado a su cigarrillo.
—Y tu querías ir de fiesta... Contigo así, no llegamos ni a cruzar la calle —dijo Sirius—. Va ser verdad que las penas se ahogan en el alcohol.
—Yo no tengo penas...
—¿Evans?
—Eso no es una pena —James se apoyó en el respaldó de Sirius—. Eso es una alegría... —mantuvo el dedo en lo alto—. Solo cuando abre la mente y no se comporta como una idiota egoísta...
—Y cuando abre las piernas —se burló Sirius—.
—Por que vaya borracho como una cuba —James se fue hacía un lado—. No significa, que no pille lo que dices... No soy tonto ¿vale?
—James, ¿por que no te vas a dormir ya? —sugirió Remus—. No quiero saber nada si salen tus padres y te encuentran así...
—Les digo que Sirius me ha metido algo en la Coca Lola esa que nos hemos tomado...
—Coca Cola...
—Pues eso —se calló al suelo y se quedó sentado—. Padfoot...
—¿Que?
—Me he hecho daño.
Sirius se levantó de la silla plegable y dando la última calada, fue hasta James y lo levantó del suelo.
—¡Venga arriba! —Hizo que James lo cogiera por los hombros—. A dormir...
—No...
—¡Y tanto que si! —Fueron hasta una de las tiendas de campaña y se metieron dentro—.
Solo habían montado dos tiendas de campaña, estas eran dobles así que no necesitaban mas. No habían hablado quien dormiría con quien, pero visto el plan, Sirius no desaprovecharía ninguna oportunidad para poder pasar la noche en la misma tienda que Remus.
Las manos de Remus se enfriaban a medida que la noche se tornaba más oscura. Había estado pensando en como iban a dormir aquella noche y durante toda la tarde lo único que había atormentado su mente había sido la posibilidad de dormir con Sirius. El echo de compartir tienda les brindaba la oportunidad de pasar mucho tiempo a solas y eso era justo lo que necesitaban.
—Ha caído en el séptimo sueño... —Sirius salió de la tienda donde había dejado a James y se acercó a la hoguera—.
Se quedó de pie y sacando las manos de los bolsillos, las acercó al fuego.
—¿Que haremos mañana? —Dijo Peter—.
—James dijo de ir a pasar el día al Callejón Diagón —añadió Remus—. Dijo de comer por allí y que tu, Sirius —le miró y el corazón le bombeó con más rapidez—. Querías sacar dinero en Gringots...
—Sí... Necesito dinero —Sirius le miraba directamente a él—. Tengo que sacar todo lo que hay en mi cuenta antes de que mis padres desacrediten que me pertenece...
Remus enmudeció durante unos segundos y entonces habló.
—¿Estas seguro de lo que estás haciendo? —dijo refiriéndose a todo lo que estaba pasando con la familia de Sirius y la inminente huida de su casa—.
—Muy seguro, Moony... Mucho —respondió—.
Hubo un silencio amargo.
—Yo también me voy a dormir —Peter se levantó de la silla y fue hacía la otra tienda vacía—. Hoy he madrugado...
—¡Hey! ¿Donde crees que vas? —bramó Sirius tensó—.
Si Peter se iba a la otra tienda vacía significaba que perdía la posibilidad de pasar la noche con Remus. Por nada del mundo iba a perder esa maravillosa oportunidad.
—A la tienda a dormir... —dijo Peter que se había quedado blanco—.
—Nada de dormir en esa tienda... Los borrachos duermen juntos—dijo Sirius—. Yo paso de arriesgarme a que me vomiten en plena noche, lo siento —dijo con una sonrisa e intentando que ese incomodo momento fuera lo mas normal posible—.
Remus no dijo nada y entendió lo que Sirius intentaba hacer. Él tenía tantas ganas como Sirius y tampoco estaba dispuesto a perfer una oportunidad como aquella.
—Tu a dormir con James... Alguien tiene que vigilarle —dijo—. Remus y yo dormiremos esa.
Peter dio media vuelta sin decir palabra alguna y se metió en la tienda de James.
Sirius suspiró y Remus se hundió en su silla.
La noche era oscura y fría.
Era tarde y el cansancio del día pesaba sobre sus parpados.
Había sido un día largo de experiencias inolvidables y momentos de gran emoción.
El día de hoy marcaba un antes y un después para ambos.
—¿Me ayudas con la crema que he de ponerme en el tatuaje? —Dijo Sirius—.
—¡Sí! —respondió Remus con una gran euforia contenida—. Digo, c-claro...
Sirius caminó hasta la tienda, dejó a Remus sentado en la silla.
—Te esperó dentro...
—Vale.
Entró en la tienda y se sentó sobre su saco de dormir. Habían colocado un colchón inchable de dos plazas y dos sacos de dormir, uno para cada uno. Era un espacio ancho y no iban a dormir demasiado arrimados a no ser que ambos lo buscaran.
El ritmo cardíaco de Sirius se aceleró estrepitosamente y su estómago se anudo con fuerza.
No entendía por que Remus provocaba esa reacción en él. No entendía como, después de con todas las personas con las que había estado, Remus le ponía tan nervioso y le hacía cuestionarse la perfección de cada momento.
—Me da un poco de miedo... A ver si voy a hacerte daño —Remus había entrado en la tienda y se sentó al lado de Sirius. Este estaba de espaldas a él dispuesto a que Remus le ayudará con las curas del tatuaje—.
—No seas tonto, no es una herida... Es un tatuaje, tu solo ponme la crema como si no hubiera nada dibujado en mi piel.
—Lo intentaré..
Sirius se quitó la camiseta y dejó el tatuaje expuesto ante Remus.
Estaba sentado detrás de él. Sirius le daba la espalda y Remus sintió el terrible impulso de acariciar toda esa piel que el chico poseía y que se mantenía en aquel estado tan apetecible y delicioso para él.
—Toma —dijo Sirius pasando el bote de crema a Remus—.
Este, puso su mano sobre la espalda de Sirius. Empezó a masajear con mucho cuidado sobre el tatuaje, resiguiendo las finas líneas de tinta que estaban marcadas sobre su piel. La espalda de Sirius era suave, todo él era suave. Recordó el sabor y la textura de sus labios y la firmeza de su cuerpo mientras le besaba. Recordó como se movía dentro de sus brazos, como acompasaba cada movimiento de su lengua con el de sus manos. Todo él era perfecto y todo su cuerpo era una máquina perfecta de la cual nunca llegaría a saciarse lo suficiente. Siempre querría mas de él.
—¿Te estás ruborizando poniéndome crema? —bromeó Sirius—
Remus sonrió.
—No es por ponerte crema —dijo—. Es por que te has quitado la camiseta y por que has estado provocándome todo el día...
—¿Que yo he estado provocándote todo el día? —Dijo indignado. Sirius se giró y le miró a los ojos—. A penas hemos hablado desde esta mañana...
—Ya...
Sirius se acomodó y se sentó frente a Remus.
—Por fin solos...
—Por fin —en su boca se dibujaba una deliciosa sonrisa—. Por un momento pensé que me tocaría dormir con Peter o James... —dijo Remus—.
—No lo hubiera permitido, teníamos que hablar... —Sirius se puso serio—. Tenemos que hablar sobre esto, sobre lo de la otra noche y sobre lo de esta mañana...
—Sirius...
—Remus, ¿Vamos a dejarlo todo así? —Sirius se acercó mas a él. Buscaba mas cercanía—. Necesito saber que es lo que piensas realmente... Yo lo sé, ahora debes explicarme que crees tu.
—Ni yo lo sé, Sirius...
—Si que lo sabes... Lo sabes tan bien como yo —dijo muy convencido de si mismo—.
—Lo he de esta mañana ha sido un impulso, no he sabido controlarme y no he podido hacerlo de otra forma, ha sido... Ha sido lo que sentía, sin mas —dijo Remus—. Lo siento si te ha molestado...
—¿Molestado?
—Sí, lo siento.
Hubo un silencio. Un gran silencio en el que los dos compartieron una profunda mirada, un intercambio de miradas que enviaban mensajes encriptados de todo aquello que sus bocas censuraban.
Sirius se tumbó lentamente. Se puso de lado y se quedó quieto durante unos segundos esperando una reacción por parte de Remus. Este, entendió el gesto.
—No lo sientas, no me ha molestado... Solo que, me ha pillado por sorpresa —dijo Sirius—.
Remus se acercó despacio hasta la almohada y se recostó al lado de Sirius. Torció su cuerpo en su dirección y ambos se quedaron frente al otro, mirándose como nunca antes habían tenido el privilegio de hacer.
—A mi también me pilló por sorpresa lo de la noche de navidad.
—Fue un impulso —dijo Sirius—. Lo nuestro se basa en impulsos, Moony.
Remus sonrió y sintió como el pecho se le anudaba. Tenía un fuerte nudo en la boca del estómago.
—¿Lo nuestro?
Sirius, por un momento, no supo que decir. Ni el mismo había pensado lo que estaba diciendo cuando pronuncio lo nuestro. Pero era tan evidente que entre ellos dos había mucho mas de lo que siempre habían aparentado o escondido. Jamás se habían dado cuenta de lo que llegaban a importar para el otro. Nunca habían sido conscientes de que ese cariño que se procesaban no venía de la amistad, venía de otro tipo de amor.
—¿Ahora me besarás así cada vez que te de la gana? —bramó Sirius—. O, ¿me pedirás permiso antes?
—Depende del sitio en el que estemos —Remus le seguía el juego—.
—¿Que harías ahora mismo?
—Ahora mismo, no te pediría permiso...
Sus bocas estaban estrepitosamente juntas. Aquella atracción fatal que los unía estaba volviendo a hacer de las suyas.
—¿Por que has cambiado de opinión? —le preguntó Sirius antes de que sus bocas se rozaran—.
—¿Sobre que?
—El otro día en el tren y durante todo el día después de la noche del beso, me trataste fatal y fuiste muy desconsiderado conmigo... —dijo Sirius retirando sus ojos de los de Remus—. Lo negaste todo y detestabas la mínima idea de pensar que te había gustado.
—Fue difícil...
—¿Por que?
—No sé si fue difícil salir del armario para ti, pero para mi... Esto sigue siendo demasiado nuevo. —Declaró Remus—. No puedo asimilarlo todo aun...
—Yo no he salido del armario... Yo nunca he estado dentro.
Remus levantó las cejas.
—Nunca he estado dentro porque siempre he admitido mi condición —Sirius hablaba con aquella magia y seguridad tan emblemática en él y en sus formas—. Esta no ha podido ser la primera vez que te has sentido atraído por un hombre...
—¿Y que te hace pensar que me atraes?
—Es evidente... —Sirius soltó una carcajada—. Tonto serías si no lo hicieras...
—Lo sé.
Este es el comienzo de algo maravilloso. Este es el comienzo de algo nuevo.
—¿Que va a pasar a partir de ahora?
—¿Que quieres que pase?
—No lo sé... —añadió Remus—. Quiero ver que pasa, pero...
—¿Pero? —Sirius sabía que eso era lo mejor que podían hacer, dejar que las cosas vinieran por su propio pie. Sabían que todo aquello era algo maravilloso y que tenían que saber conservarlo y aprovechar. Debían dejar que las cosas vinieran por su propio pie y ver que pasaba—.
—Tengo miedo.
—Yo estoy aquí —Sirius colocó una mano sobre el pelo de Remus y acarició un mechón con sus finos dedos—. Esto no puede ser mucho peor que una noche de luna llena...
—No me subestimes —dijo Remus con picardia—.
—Ui, ui... Lobitio, las noches en tiendas de campaña te revolucionan.
Hubo otro gran silencio y es que no se necesitaban palabras.
La mano de Sirius se mantuvo ahí, en el pelo de Remus.
—Se me cierran los ojos... —dijo Sirius—. Estoy muy cansado...
—El dolor provoca sueño...
—No me ha dolido tanto como parece —dijo Sirius refiriéndose al tatuaje—. Me has hecho olvidarme que una aguja estaba perforándome la piel...
—Me encanta que te lo hayas tatuado.
—Eres para siempre, Remus.
Se quedaron en silencio por mucho rato. Ninguno de los dos se atrevió a romper aquella atmósfera que se había creado después de aquella frase que Sirius había dejado en el aire. Callaron y dejaron que sus ojos hablaran por ellos. Se quedaron muy juntos pero no llegaron a besarse, no quisieron cambiar aquel preciado momento. Estaban sellando con la mirada una promesa eterna, solo que ellos no lo sabían. Nunca lo supieron.
Sirius cerró lentamente los ojos. En un principio, cuando los parpados caían rendidos, él los volvía a abrir para poder manter el contacto con los ojos de Remus. Llegó un momento en que su mente, agotada de emociones y sentimientos, no soportó más. Sus ojos se cerraron paulatinamente y sin previó aviso. Calló profundamente dormido.
—Somos para siempre, Sirius.
Remus se atrevió, finalmente, a hablar en un suave hilo de voz. Apenas se escuchó el mismo pero ya le bastaba para demostrarse que aquello era real y nada iba a hacer cambiar todo aquello que estaba empezando a crecer en su interior. Todo era tan intenso, todo era tan verdadero que le asustaba la rapidez en el que todo su ser estaba cayendo rendido ante los pies de Sirius. Tenía miedo al dolor y al rechazo, tenía miedo a si mismo y al no ser lo suficiente para Sirius.
El chico había dejado su mano sobre su cabeza y se había aferrado a sus mechones con dulzura y suavidad, sin hacerle ningún daño. El corazón de Remus estaba preso en un puño. Todo era tan intenso que le dolía el pecho con una intensidad no experimentada antes.
Sus manos se movieron hasta el rostro del chico y acarició todas aquellas preciosas expresiones de las que Sirius era el legítimo dueño y máximo creador. Aquellas expresiones únicas que daban sentido a aquel rostro lleno de secretos por descubrir. Él, quería ser el descubridor de aquellos secretos y él, iba a ser él único afortunado de saborearlos todos y cada uno de ellos.
—Mira lo que me has hecho, Padfoot...
La voz de Remus era casi inaudible, pero ya era suficiente que él mismo se escuchara. Y lo hacía. Pero había algo que había estado atormentado su alma durante todo el día. Algo que había estado atormentado desde aquel primer beso durante la noche de Navidad. Había algo con lo que no había contado. No le había dado demasiada importancia hasta ahora. Ahora era cuando se acordaba a que él no tenía la disponibilidad de Sirius, el tenía novia, teóricamente. Alma estaría en volver a Hogwarts y eso era un echo. Era algo a lo que tendría que enfrentarse, una situación algo complicada e inverosímil.
Se quedó dormido antes de poder encontrar una solución.
Los días de vacaciones estaban contados y tendrían que volver a Hogwarts. Eso significa, sin duda, el inminente reencuentro con su novia, Alma.
