Sirius caminaba con la vista fija en sus pies, las manos en los bolsillos, la camisa desabrochada y el peso del fatigante día a su hombros. Había sido un largo día, un primer largo día después de las vacaciones de Navidad. Las clases se le habían hecho mas largas e interminables que nunca y el día parecía nunca acabar.

Caminaba hacía el comedor para la cena.

Venía del castigo que el profesor Slughorn le había impartido esa misma mañana por su comportamiento en clase. Se había pasado la tarde limpiando el fondo de todos los calderos que utilizaban en el aula y ahora caminaba apresurado con ganas de que el horrible día acabara ya.

—¿Lo has oído? —dijo una chica desde un lado del pasillo—. Lupin ha dejado a Alma de Ravenclow...

—¿Enserio? —dijo alarmada la otra chica—.

Sirius se paró en seco y puso toda su atención en la conversación.

—No puede ser.

—Sí, tia... Me lo ha dicho Lea, que es amiga de Alma...

—¿Y que ha pasado?

—Se ve que él la dejó ayer en el tren.

Sirius quiso tirarse por la ventana mas cercana.

—Dicen que esta con otra.

Con otro, pensó Sirius.

—Pensaba que Lupin era el mas decente de ese grupito de sin vergüenzas... —dijo una de las chicas—.

Sirius, sin poder evitarlo, se acercó con una sonrisa ladeada, con una mano en el pelo y otra en un bolsillo y dijo:

—¿Remus, decente? —soltó una pequeña carcajada—. Vosotras no estáis con él por la noche... —dijo con malicia—. ¿Así que, ha roto con Alma?

Las chicas enmudecieron de golpe y lo miraron intimidadas.

—Eso dicen...

—¿Quien lo dice?

—Todo el mundo... —dijo una de las chicas—. Alma ni siquiera ha aparecido por clase esta mañana... Dicen que se ha pasada el día encerrada en su cuarto llorando...

Sirius se sintió una porquería. ¿Como podía haber sido tan cruel con Remus si eso era realmente cierto? ¿Porque no le había dado la oportunidad de decirle que había roto con ella? Todo estaba siendo muy confuso.

El día anterior se había comportado como un horrible celoso controlador. Las cosas se habían puesto muy difíciles desde que Alma entró en el compartimento y se llevó a Remus. Se había sentido tan vulnerable en ese momento que no pudo contener lo que sentía, celos.

Su única manera de reaccionar hacía aquel despreció y rechazo que había sufrido por parte de Remus, era comportarse como un idiota con él e ignorarle por completo. Y así era como se había comportado con él durante toda la noche anterior.

Apenas quería recordar la pelea y ni si quiera quería acordarse de lo horrible que había sido con Remus.

Dejó a las chicas allí y se puede decir que, prácticamente, Sirius echó a correr pasillo a través.

Llegó al gran comedor y fue corriendo hasta donde estaba James y donde se ponían ellos siempre.

En llegar se dio cuenta de que Remus no estaba.

—¿Donde esta? —dijo jadeando—.

—¿Quien? —preguntó James mientras se llevaba un pastelito a la boca. Estaban comiendo el postre—. Pad, tranquilo...

Sirius intentaba coger aire.

—Remus.

—Se ha quedado en la Sala Común acabando unos deberes con Lily... —dijo Peter mientras le hincaba el diente a algo que había en su plato—.

—Si, con Lily... —repitió James algo molesto—.

—Ha roto con Alma.

—¿Que?

—Si, hermano. —reafirmó Sirius afirmando con la cabeza y alzando las cejas—. ¿Como te quedas?

Los ojos de James chispearon y se puso rematadamente celoso. Su imaginación le llevo a pensar en que tal vez él y Lily... No quiso seguir pensando en eso, Remus jamás se portaría así con él.

—Bueno, ahora vengo... —Sirius empezó a caminar apresurado, nuevamente, hacía la puerta del comedor—.

—¿A donde vas?

—A la Sala Común... ¡Voy a hablar con Remus! —gritó Sirius que ya se encontraba a una distancia considerable de James—.

El chico corrió hacías las escaleras a toda prisa. Quería llegar lo más pronto posible. Tenía que hablar con Remus. Tenía que saber por que no le había contado que había roto con Alma y así, se hubieran ahorrado muchos problemas, todo hubiera sido mucho mas fácil y Sirius no se hubiera enfadado como lo hizo. Maldijo en silencio a Remus por no habérselo contado.

Subía los escalones de tres en tres con agilidad. Pensó por un momento en convertirse en perro, iría mucho mas rápido. Pero anuló la descabellada idea.

La puerta de la Sala Común se abrió en pronunciar la contraseña y entró a toda prisa.

Muchos alumnos se concentraban en el interior y las amarillentas luces inundaban la estancia. La noche se hacía oscura fuera y el calor del fuego de la chimenea mantenía la Sala y sus huéspedes cálidos.

Divisó a Remus junto a Lily en las mesas de la parte izquierda de la Sala. La mesa estaba llena de libros amontonados, otros abiertos mientras Remus los ojeaba y Lily escribía en su cuaderno.

Caminó despacio hasta ellos y pensó en la presencia de Lily y en que tenía que, de alguna forma, deshacerse de ella.

Jadeaba cuando la mesa le paró.

Remus levantó la vista y sus ojos conectaron como siempre lo hacían.

—Remus... —suspiró Sirius entre cortado—.

—¿Que quieres? —dijo seco y volviendo a dirigir sus ojos al cuaderno—.

Lily levantó la vista y miró la escena en silencio.

—Escúchame.

Remus miró a Lily preocupado por lo que Sirius pudiera decir delante de ella.

—¿Vienes a seguir echándome en cara lo de ayer? —dijo refiriéndose al tema de Alma—.

—Remus... ¿Por que no me lo dijiste?

Este vio la ansía en los ojos de Sirius y por un momento pensó en que Sirius era capaz de abalanzarse sobre él, en la Sala Común, delante de Lily y de todos los alumnos que estubieran por allí.

Remus se levantó de la silla y se quedó delante de Sirius.

Lily les observaba.

—¿Pasa algo, chicos? —dijo sin entender—. ¿Estáis bien?

Sirius se acercó mas a Remus haciendo caso al pequeño impulso que estaba empezando a crecer en su interior.

—Sirius, —susurró Remus pensando que Lily no le escuchaba—. ¿Se puede saber que haces? Estamos en medio de la Sala Común y creo que no te has dado cuenta de que está bastante llena.

—Vamos a la habitación...

Sirius se dio media vuelta y fue hacía las escaleras que subían a los dormitorios. Remus miró al chico que apenas había respirado antes de irse y volvió la mirada a Lily que le observaba atónita ante la extraña situación.

—¿Que os pasa?
—Sirius y sus tonterías —dijo nervioso—. Voy a hablar con él, ahora bajamos...

Remus fue hasta las escaleras siguiendo los pasos apresurados de Sirius y llegó a la habitación que compartían los Merodeadores. Entró y cerró la puerta tras él. Sirius estaba justo delante, en medio de la estancia y mirándolo con los ojos encendidos.

Sus cuerpos sufrieron una repentina excitación ante la situación en la que se encontraban.

—Eres un idiota —dijo Sirius acercándose a Remus—.

—Que te den...

—¿Se puede saber por que no me dijiste que habías roto con Alma? —dijo eludiendo las palabras de Remus—.

—¿Como te has enterado?

—¿Por que no me lo dijiste, tonto? —dijo sin volver a hacer caso a las palabras de Remus—.

Este le miró en silencio, el pulso se le aceleró y sufrió un inminente ataque de nerviosismo ante la excitación que estaba creciendo en su cuerpo.

—¿Por que, Remus? —insistió nuevamente Sirius en ver que Remus no respondía—.

—No me diste tiempo —dijo—. No me dejaste hablar en ningún momento. Te enfadaste conmigo y te cerraste en banda siendo un tremendo capullo.

—¿Como iba a saber yo que habías roto con ella?

—Te lo iba a decir ayer en la cena, pero ni siquiera me miraste... —respondió Remus—.

—Y me dejaste sufrir... Serás cabrón —conjuró Sirius acercándose mas al chico—.

Ambos callaron mientras Sirius arrinconaba a Remus contra la pared de la habitación. Remus quedó encerrado entre la pared y Sirius.

—No te merecías que dejará a Alma por ti...

—¿Has dejado a Alma por mi? —Sirius levantó los brazos colocándolos de tal forma que Remus quedó inmovilizado, no podía escapar—.

—Fuiste un capullo y te merecía no saberlo —dijo Remus mirándole muy serio y retando a Sirius en silencio—.

—¿Estás enfadado conmigo? —dijo con malicia Sirius—.

—No...

—¿Y eso?

—No me puedo enfadar contigo por ponerte celoso —Remus formó una sonrisa ladeada mientras seguía retando a Sirius con los ojos juguetones—.

—¿Crees que estaba celoso?

—Creo que se dio cuenta hasta James...

—James nunca se da cuenta de esas cosas —se defendió Sirius un tanto afectado—.

—Imagínate si se notaba...

Hablaban muy cerca él uno del otro. Podían notar el suave aliento ajeno sobre su rostro y ser testigos del perfecto movimiento que emitían los labios ajenos en hablar. Sirius estaba terriblemente excitado y Remus se estaba dejando seducir hasta el mismo punto.

—Te debo un beso...

—¿Cual?

—El de la estación de tren... —Sirius acercó su boca a la de Remus mordiéndole el labio inferior. Mantuvo su boca cerca de la del chico durante unos deliciosos segundos y la retiró. Sirius sabía perfectamente como jugar con su víctima para hacer del juego algo maravilloso—. Apenas me dejaste mover la lengua... Fuiste muy salvaje, lobito...

—Impulsos, ya me conoces...—Remus estaba cegado de excitación y deseó que Sirus terminará con aquella tortura—.

—Fuiste todo un animal, —Sirius volvió a morderle el labio, esta vez con mas alevosía—.

Remus no contuvo mas aquella tortura. Cogió los brazos de Sirius y los bajó con fuerza dejándole libertad de movimiento. Se abalanzó sobre él rodeando su cadera y subiendo una mano a su rostro para evitar que sus bocas se separasen. Sus bocas estaban juntas y su lengua ya jugaba con los labios ajenos. Sirius se dejó envolver por Remus mientras sus manos se aferraban a la nuca del chico. La fuerza el beso, experimentada antes en la estación de tren, le había llevando al dosel de la cama de Peter. El dosel había colisionado contra la espalda de Sirius.

Remus paró para respirar y dejó un pequeño espacio.

—Juegas conmigo como te da la gana...

—Es parte de mi encanto —dijo Sirius jadeando con la voz terriblemente lujuriosa—. ¿Va a ser así cada vez que me beses?

—¿Por que lo dices? —se rió Remus—.

—Joder, me dejas sin aliento cada vez que lo haces... Voy a tener que ponerme en forma —Sirius se mantenía cerca y tocaba al chico todo lo que podía—.

Remus se sintió orgulloso y sonrió.

—¿Tambíen besabas así a Alma?

—Era distinto con ella...

—¿En que sentido?

—Ella es mas, no sé... —Remus miró al suelo—. No es lo mismo... Tu eres... —rió—.

—¿Soy que?

—Da igual...

Ambos se reían sin poder dejar de tocarse. Se mantenían cerca. La estancia se hacía pequeña. Remus miraba los ojos de Sirius y veía una inmensidad gris dentro de ellos, un nuevo mundo mas grande y mas real que todo aquello. Quería sentirse así siempre, con aquel nudo en el pecho, con aquella excitación que solo Sirius provocaba en él y aquella magia que envolvía el mundo cuando él estaba cerca. Esos besos tenían un sello especial, un sello especial con sabor a cielo, con sabor a Sirius Black.

—Es que eres un bestia besando.. —dijo Sirius acariciando los labios de Remus con la yema de los dedos—.

—¿No te gusta?

Sirius se acercó en silencio y sonrió apretando los labios.

—Me encanta.

Remus sonrió y se acercó a la boca de Sirius.

—¿Continuamos entonces?

—Déjame a mi esta vez llevar el ritmo, mi amor... —dijo Sirius colocando sus brazos por encima de los hombros de Remus—.

Sirius juntó sus labios con los de Remus una vez mas. Los saboreó con calma, los acariciaba y sentía como palpitaban doloridos por los mordiscos de antes. Seguro que le había dejado alguna marca y eso le fascinaba. Sirius quería marcar lo que era suyo.

Remus lo era.

Entonces, oyeron como las escaleras de afuera crujían. Alguien estaba subiendo.

Remus empujó a Sirius y se apartaron bruscamente.

Sirius calló de espaldas en la cama de Peter y dio una voltereta hacía atrás sobre si mismo. Remus se quedó muy quieto mientras Sirius daba una voltereta y la puerta se abría al mismo tiempo. Sirius calló sobre el frió suelo y quedó sentado con las manos apoyadas sobre la cama.

James entró y se encontró a Sirius en el suelo riéndose a carcajadas. Remus intentó no reírse, pero no pudo contenerse.

—¿Que narices? —James frunció el ceño—. ¿Que estáis haciendo?

Sirius y Remus no podía parar de reír.

—Estáis como una cabra...

—Acabo de dar una voltereta en la cama de Peter —dijo Sirius mientras se reía—.

—¿Y eso? —James no entendía nada—.

—Está loco... —añadió nervioso Remus—.

—Que novedad —dijo James secó—.

—¿Y a ti que te pasa? —preguntó Remus al chico, que le había mirado de mala manera—.

—Nada...

—¿James? —Inquirió Sirius alzando las cejas—. ¿Te pasa algo con Remus?

James no respondió.

—¿Te pasa algo conmigo? —dijo Remus sin entender—. ¿James?

—Has roto con Alma y no nos lo habías dicho...

Remus se quedó pálido.

—Ya, bueno... Es que no sabía como decírselo —dijo Remus—. Hablé con Lily sobre el tema y no quería darle mas vueltas...

—¿Con Lily? —añadió James enfatizando el nombre de la pelirroja—. Ya...

—James —Remus sonrió y dedujo de que se trataba—. ¿Enserio?

—¿Que?

—¡No tengo nada con Lily!

James se quedó mudo.

—¿Era por eso? —Sirius empezó a reir a carcajadas de nuevo—.

Que ironía, pensó Sirius. No era con Lily con quien tenía algo y por quien había dejado a Alma, si no por él.

—Pero Remus... Has dejado a Alma y pasas tanto tiempo con ella —dijo James cabizbajo—. Que pensé...

—No seas tonto, Prongs... —dijo Remus acercándose y colocando un brazo sobre los hombros de James—. Lily es mi amiga, nada mas —miró a Sirius—.

—¿Seguro?

Remus asintió con total seguridad. Él ya estaba cogido.

Sirius no ponía parar de reír.

—¿Se puede saber que te hace tanta gracia?

—¿REMUS? —Dijo mientras se retorcía de risa por el suelo—. ¿Y LILY? —soltó otra carcajada—. ¿De donde has sacado eso, Prongs?

—Que te den, Black... —James se cruzó de brazos—.

—Tiene mucha imaginación —se burló Remus de la descabellada idea de James—.

—Ya esta, ¿no? —dijo James mientras Sirius y Remus se reían—. Sois de lo peor...

—Somos Merodeadores.