—¿Que día es hoy?

—No sé... ¿Por que?

—Por saber.

—Creo que es 20.

—¿De enero?

—Sí, Moony... ¿En que mundo vives?

Remus estaba apoyado contra el gran árbol, cerca del pantano. Sirius estaba sentado entre sus piernas y de cara a él. Sus labios, casi a punto de encajar, se mantenía separados mientras se observaban mutuamente, deteniéndose en cada pequeño detalle de aquel que tenían delante. Sirius no podía apartar las manos de Remus. Tocaba su cara y le masajeaba el cuello. Luego subía despacio al pelo. Cuando sus manos se aferraban a los mechones rizados de la nuca de Remus, sus labios se rozaban sutilmente.

La brisa invernal acariciaba sus rostros, y aunque hacía mucho frió, ambos se procesaban el calor necesario para mantenerse fuera del alcance del invernal enero que acechaba la pradera.

—¿No tienes frió?

Sirius negó ladeando la cabeza.

—Estoy bastante caliente, a decir verdad...

—Es bueno saberlo —dijo Remus con picardia—.

Sirius rió.

—Que pena que estemos al aire libre...

—¿Si, no? Hace demasiado frió... Me da pena desnudarte —dijo Remus aferrando sus manos con fuerza a la cintura de Sirius—.

—¿Me arrancarías la ropa a mordiscos, animal?

—Me suelo contener, pero un día de estos... No podré y lo haré donde me pille —Remus le dio un casto beso en los labios—.

—Espero que no sea en clase de pociones o Slughorn te perderá todo el cariño que te tiene... —sonrió Sirius muy cerca de los labios de Remus—.

—Lo intentaré, pero no prometo nada... —dijo con malicia e imitando la sonrisa de Sirius—.

Sirius se abrazó a su cuello, colisiono su mejilla contra la de Remus y sintió su calor.

—Ai, amor... Que bien te estoy enseñando —dijo Sirius mientras Remus colocaba sus manos en sus muslos y los apretaba con fuerza—.

—A veces no me creo ni lo que digo...

—Tu tranquilo, que a mi me encanta que imites mi picardia... —Sirius deshizo el abrazo y se acercó a los labios del chico. Mordió el labio inferior de Remus, sus manos bajaron hasta el abdomen del chico y las metió bajo la camiseta. Colocó allí sus frías manos y las deja calentar por el abdomen de su chico.

—Hoy es 20... —volvió a insistir Remus—.

—Si... ¿Que pasa?
—Es bonito el 20.

—Es un número, Remus... —Sirius se reía sin entender—.

Hubo un silencio mientras Remus miraba detenidamente a Sirius.

—No tenemos nada aclarado, ¿sabes?

—¿De que?

—En que punto se encuentra nuestra relación exactamente... No, sé. No hemos hablado de nada.

Y era verdad, Remus y Sirius no habían hablado de que era lo que sentían exactamente el uno por el otro. Y es que tampoco habían tenido tiempo de asimilarlo. Se habían pasado las últimas semanas entre besos y caricias. No habían tenido tiempo para pararse a pensar que era lo que querían, que era lo que esperaban o lo que eran en ese momento. Remus se había cansado de esa situación, quería estar seguro de que él y Sirius iban en serio, quería asegurarse de que Sirius estaba con él. Le conocía, sabía como era Sirius. Un día le veías con una chica y a la semana siguiente, ya andaba con otra. Tenía miedo de que él fuera uno mas y quería aclarar las cosas.

—¿De que quieres que hablemos? —dijo Sirius entre risas—.

—De lo nuestro, ya sabes... —Remus se puso rojo. Le molestaba que Sirius se riera, el estaba haciendo un gran esfuerzo en intentar aclarar las cosas—.

—Remus, no...

—Quiero ir en serio contigo.

—Vaya, vaya —Sirius se tensó—. El que no lo aceptaba, parece que se lo esta tomando muy enserio todo —dejo de reírse—. ¡Para el carro! Esto es genial, todo... tu y yo ¿Pero no crees que es muy precipitado?

—Bah... ¿Me lo dices enserio?

—Moony, ya me conoces... Yo no soy de relaciones.

Una inminente incomodidad se creo entre ellos.

—Sí, te conozco... Y no me esperaba esto de ti.

—¿El que? A ver mi amor, esto esta siendo muy bochornoso... —Sirius intentó poner un poco de espacio entre ellos—.

—¿Por que? —Remus empezó a irritarse por esa situación y por un momento, quiso que la tierra le tragará—.

—Nunca me había encontrado en esta situación... —declaró Sirius—.

—¿Quieres decir que tu nunca...?

—¡No!

—¿Nunca has estado con alguien en serio? —volvió a insistir Remus—.

—No...

Remus pasó su mano por el pelo de Sirius y la dejó en la nuca del chico.

—Pareces mas experto de lo que realmente eres, Black —su boca torció una sonrisa—.

—No quiero precipitarme.

—No nos precipitamos... Se lo que siento —insitia Remus—.

—STOP —Sirius volvió a poner espacio entre ellos—.

—¿Por que te agobia esto tanto?

—No sé... No estoy cómodo hablando de estas cosas.

Sirius miró el suelo y se masajeó las manos pensativo.

Se sentía incomodo por que Remus parecía tan seguro de querer algo con él, parecía tan seguro de lo que sentía. Y él también lo estaba, pero no sabía como diferenciar lo que sentía. No sabía que era lo que significaba estar enamorado de alguien o simplemente sentir algo mas que una simple atracción física. No sabía como diferenciar sentimientos y le costaba aclararse. Estaba muy seguro de que quería estar con Remus, quería vivir todas las experiencias humanas posibles a su lado. Pero estaba tan confundido por sus inexpertos sentimientos, que no sabía si estaba haciendo las cosas bien. Si ahora empezaba algo con Remus y resulta que se acaba cansando, ¿que haría? Nunca se perdonaría el hacerle daño, jamás.

—Esta bien.

Remus puso las manos en el suelo y hizo el afán de levantarse.

—¿Te enfadas? —dijo Sirius mirándole desde el suelo—.

—No me enfado.

—Si que lo haces... ¡Te quieres ir!

—Hace frió... Y ahora, el que esta incomodo soy yo.

—¡Ves, te enfadas!
Sirius alzó los brazos para que Remus le cogiera las manos y lo ayudará a levantarse del suelo. Remus cogió sus manos y lo levantó.

—No te enfades... —suplicó Sirius—.

Remus se dio media vuelta y empezó a andar hacía el castillo.

—Debes entenderme... —Sirius le seguía mientras suplicaba a sus espaldas—.

La cuesta que subía hacía el castillo estaba siendo difícil de subir.

—¿Y quien me entiende a mi? —dijo Remus—.

—Es que no sé si estoy preparado... No quiero cagarla.

—Eres un cobarde —declaró Remus—.

—¿Yo? —Sirius, entonces, se sintió terriblemente ofendido—.

—¡Sí, tu!

—Habló el valiente...

Remus frenó en seco.

Habían llegado a una de las entradas laterales del castillo.

Se giró y miró a Sirius con rabia.

—Déjame en paz... —dijo y volvió a darse media vuelta—.

Entraron en el castillo.

—Oh, venga... ¡No iba en serio! —Sirius le seguía suplicando—.

—Cállate.

—Remus, no te pongas así...

—Adiós, Sirius.

Sirius se paró en seco en mitad del pasillo. Dejó a Remus avanzar solo y se quedó mirando al chico mientras caminaba perdiéndose en la oscuridad de los pasillos.

—Que te den, mi amor... ¡Maldito seas! —gritó, pero Remus siguió andando castillo a dentro—. Será capullo...

Sirius se paró en seco en mitad del pasillo y examinó en que lugar se encontraba. Quería sentarse a pensar antes de tener que ir a cenar. Caminó hasta el patio lateral de columnas y salio al exterior. No habían alumnos así que se tomó el privilegio de caminar a sus anchas por el patio. El sol, parcialmente tapado, iluminaba la zona con sus últimos rayos furtivos. Fue hasta la fuente que adornaba el patio y se sentó en el borde. Sintió la fría piedra y metió las manos en los bolsillos de la túnica.

Menudo capullo... —Sirius maldecía a Remus en silencio—.

Pensó en lo que su relación con Remus prometía, pensó en como actuaría y lo extraño que sería ¿una relación? ¿Con Remus? Ya era extraño para él, el hecho de encontrarse en esa situación con Remus y aún era mas difícil pensar en tener una relación estable con él ¿Y que era realmente una relación estable? ¿Que significaba? ¿Que cambiaría? Ya habían pasado la zona de amigos, ahora eran algo mas, pero ¿por que complicarlo todo? ¿Por que hacer las cosas mas difíciles de lo que eran? Sirius no sabía estar en una relación, le daba miedo el hecho de poder cansarse o perder el interés y eso le haría daño a Remus, y lo último que quería era eso. Si se mantenía alejado, teóricamente, evitaría que ambos sufrieran. Era lo único que quería evitar. Pero, ¿se puede evitar lo inevitable? Sirius tenia miedo de no saber controlarse y estando con Remus no poder parar, no ver la diferencia y actuar como si, de echo, fueran pareja. Se habían estado comportando así durante semanas pero Sirius no lo veía. No veía la diferencia entre lo que no es una relación, y lo que si. Jamás se había visto en esa situación y jamás le había preocupado hasta ahora. Hasta que Remus había decidido invadir su vida de esa manera, desde que habían decidido cambiar las cosas, desde que sus cuerpos habían desatado esa atracción fatal que les había conducido a la situación en la que ahora se encontraban.

Suspiró alentado y se ruborizó en pensar todo lo que Remus despertaba en él. El color de sus mejillas creció en recordar como Remus le besaba, como acariciaba su piel y en pensar en aquellos ojos cansados color caramelo. Siempre había sentido una gran debilidad por Remus y sus pequeñas cosas que le hacen tan humano. Siempre había sentido fascinación por Remus y esa manera suya de ser. Ese carácter tan apasionado y fiel que se esconde tras sus ropas viejas. Tras el aspecto desaliñado y sus cicatrices se esconde una persona que puedes tirarte las hora mirando mientras lee, una persona que sonríe cuando le miras y que se ríe de tus chistes mas malos o de tus tonterías mas absurdas. Cuando sonríe se le tuerce la nariz y se le dobla una pequeña, casi invisible, arruga en la frente, justo debajo de la cicatriz que tiene mas arriba.

Sirius se ruborizaba en pensar en Remus, en sus detalles y en pensar que tenía derecho a él.

—¿Has estado escondiéndote de mi o qué?

Sirius se giró y vio el pálido rostro de su hermano pequeño, Regulus.

Tenía los ojos cansados y el pelo mas despeinado de lo normal.

—Regulus... —suspiró Sirius—.

El rostro de su hermano le transportó inmediatamente hacía el recuerdo de aquella fatídica noche. Recordó el dolor y el sabor amargo de la sangre que gorgoteaba desde su nariz. Recordó el dolor de las palabras y el tacto del frió pomo de la puerta al abrirse.

—Créeme... —dijo Sirius—. He intentado esconderme, pero ya ves.. No se me da demasiado bien jugar al escondite.

Regulus caminó hasta su hermano y se sentó a su lado, en el borde de la fuente.

—¿Como estás?

Sirius levantó la vista de sus frisa manos y le miró ensombrecido.

—Bien, supongo.

Hubo un largo silencio.

—¿Donde fuiste? ¿Donde has estado?

—Estuve en casa de James... He estado con él durante todas las fiestas.

Hubo otro silencio.

Regulus pensaba en que decir.

—Yo pasé la noche fuera —dijo—. Salí a buscarte por si te encontraba tirado por algún lado...

—¿No pasaste la noche en casa?

—Me fui casa del tío Cygnus y hablé con él... Le imploré que hiciera entrar en razón a Madre y a Padre para que salieran a buscarte —hablaba con la voz rota—. Luego vino a casa y estuvieron hablando y pensando en que hacer...

—Muy bien, Regulus... ¡Que se enteren todos que he traicionado a la familia! —Bramó Sirius molesto y con intención levantarse e irse de allí—.

—Idiota... —conjuró Regulus—. Estaba preocupado por ti, ¿sabes? Íbamos a salir a buscarte.

Sirius rió con dolor.

—No —pronunció sin creerse las palabras de su hermano—.

—¡Lo íbamos a hacer! —volvió a insistir Regulus—.
—Ibais...

—Madre no nos dejo —sentenció—.

—Una mujer encantadora...¿Sabes que siempre he sido su hijo favorito? —se burló Sirius—. Tan favorito soy que seguro que no dudo dos veces en borrarme del árbol genealógico... ¿Me equivoco?

Regulus se miraba las manos y calló.

—¿Lo ha hecho?

Regulus miró a su hermano con el alma en los ojos.

—Sirius, tienes que volver... ¡No puedes hacerlo! ¡No puedes irte para siempre y dejarme solo!

—¿Que gano yo con eso? —dijo apenado y mirando al suelo—.

Regulus bajó la vista a sus manos. Apretaba los dedos con fuerza canalizando su dolor y rabia.

—En cuanto te fuiste, todo empeoró... Han sido unas fiestas horribles —miró a su hermano—. Eso no eran fiestas, Sirius. ¡Aquello no fue una maldita fiesta de Noche Vieja! Aquello fue una reunión —sentenció Regulus muy serio—. Y han habido mas...

—¿Reuniones?

—Reuniones de... —Regulus se mordió el labio inferior—. Va a pasar algo, algo horrible...

—¿A que te refieres?

Sirius se preocupó, sabía quien eran sus padres y la gente con la que se movían, y sabía de lo que todos ellos eran capaces de hacer por sus absurdos ideales.

—Creo que va haber una guerra, Sirius... —el tono de voz de Regulus se redujo—. Las cosas están muy mal fuera y Padre esta metido en muchas cosas raras... El tío Cygnus también. Todos.

Regulus estaba realmente angustiado. Sirius juró que jamás lo había visto así antes.

—¿Noche Vieja fue una reunión de... —trago saliva— Mortífagos? —dijo Sirius apenas en un hilo de voz—.

—Sí... —respondió Regulus—. Vino mucha gente que nunca había visto... Estuvieron los amigos de Padre y mucha gente nueva que, al parecer, ya conocían... Y vino alguien, alguien extraño —hizo una pausa—. Madre no me quiso decir quien era... Según ella era alguien muy importante, alguien que cambiaría el curso del futuro.

Sirius miro a su hermano con seriedad.

—Va a pasar algo, Sirius —dijo Regulus—. Algo grande y ni tu ni yo podemos imaginar cuanto...

—¿Que quieres decir?

—Que es momento de tomar las decisiones acertadas, Sirius —Regulus no hablaba con seguridad—. Debemos saber elegir...

—¿Elegir entre lo que esta bien o lo que es fácil? —Sirius sabía por donde iba su hermano—. Porque, no sé tu... Pero yo tengo muy clara mi posición y ni por temor o facilidad, voy a cambiarla.