—Hoy no tengo ganas de partido —dijo Sirius colocando los brazos detrás de la cabeza y dejándose caer hacia atrás—.

—Pues, menos mal que no juegas, que solo miras —dijo Lily sentada en la grada superior, justo detrás de Sirius—.

—A veces me canso solo de mirar...

—Te creo —reitero Lily rodando los ojos—.

Los alumnos de Gryffindor vitoreaban a los alumnos del equipo de Quidditch que ya volaban por el campo. James rondaba la zona superior del campo de vuelo, en busca de la Snitch Dorada, pero no parecía demasiado concentrado en lo que estaba haciendo. Era uno de los partidos mas importantes del año. Gryffindor contra Slytherin. Este tipo de enfrentamientos solía provocar muchos problemas entre los alumnos de ambas casas, acababan en pelea casi siempre. Primero empezaban las gradas, haber cual hacia mas ruido. Hufflepuf se unía a Gryffindor en su afán por ganar a los Slytherins, los abucheaban tanto como podían.

Remus, al lado de Sirius, vitoreaba y miraba el partido entretenido y siguiendo a James con la mirada. No se había preocupado demasiado por Sirius que estaba sentado a su lado. Este, había intentado llamar la atención de Remus durante hacía dos días, pero el chico parecía no querer reaccionar. Desde qué habían discutido por su relación y la consolidación de esta, apenas se habían dirigido la palabra.

—¿Como van? —dijo Sirius intentado establecer conversación con Remus—.

Esta tardó en contestarle.

—Gryffindor gana por 10 puntos... —dijo serio y sin mirarle—.

El silencio volvió a crecer entre ellos dentro del gran alboroto y el ensordecedor ruido que habían en las gradas.

Sirius no se podía quitar de la cabeza la idea de aquella relación de la que Remus le había hablado. Pero al parecer, Remus no le daba opción a elegir entre una cosa y otra. Al parecer, Remus se había cerrado en banda y había dejado que Sirius sufriera en silencio la tortura de no poder estar cerca de él. Sirius llevaba dos días extremadamente largos de sufrimiento y amargura con Remus a su lado, prácticamente para todo y que, sin embargo, no había dejado que le tocara. Era una tortura silenciosa que Sirius tenía bien merecida.

—¡Eh, Black! —Lily le dio un golpe en la espalda con el pie—.

Este se giró y la miró con los ojos entornados.

—¿Te he hecho daño? —dijo la chica preocupada—. Lo siento...

Sirius sonrió.

—No, tranquila.. —dijo—. ¿Que querías?

—Oye, James... ¿Está bien? —Lily hablaba muy seria y mirando al chico que surcaba el cielo con su escoba algo alejado del partido y desconcentrado en buscar la Snitch—.

Sirius levantó los ojos y buscó a James en su escoba. Allí estaba, tan majestuoso como siempre surcando el cielo. Se aferraba a la escoba con un mano y restaba parado en el aire, mirando hacia ningún lado. Buscaba la Snitch sin ganas.

—No lo sé... —afirmó Sirius—. Ha decir verdad, lleva así unos cuantos días... Algo distante, sí.

—No está como siempre en los partidos... Se le ve distraído —Lily hablaba convencida de sus palabras—.

Sirius se volvió para mirarla.

—Lily... ¿Por que eres tan asquerosamente orgullosa?

La chica calló durante unos segundos, pensado que decir ante aquella tan acertada acusación.

—Que James me importe no signifique que esta loca por él y vaya a permitirle todos sus caprichos pasajeros... —dijo volviendo su vista al chico de la escoba que volaba distraído—. Y si soy orgullosa, es por algo...

Remus escuchaba la conversación.

—Ya, pero... —Sirius la miraba con total sinceridad—. ¿No crees que actuando así, tu también los pasas mal?

—Enserio, Sirius... ¡No necesito que me des consejos! —dijo Lily picada—. Soy mayorcita para saber que hacer en estos casos, ¿vale?

—¡Vete al carajo, Evans! —bramó el chico, molesto y ofendido—. Encima que intento ayudarte... Y que sepas, enterada... Que nunca somos demasido mayorcitos en estos temas.

Lily se calló y siguió viendo el partido concentrada en James.

Remus miró a Sirius por el rabillo del ojo. Estaba rojo y murmuraba maldiciendo a la pelirroja. Este, se acerco al oído de Sirius lentamente intentando no llamar la atención de nadie.

—¿Por qué no te preocupas de tus propios problemas amorosos, antes de meterte en los de los demás? —Remus habló con picardía—.

Un rubor ardiente recorrió el cuerpo de Sirius de la oreja, bajando por el cuello, hasta llegar a su pecho. Un escalofrió subió en silencio por su espalda, acariciando su tatuaje y llegando hasta la nuca.

Se giró para mirar a Remus, que ya había vuelto a su sitio.

—Pensaba que habías decidido dejar de hablarme hasta el resto de mis días...

—Y lo he hecho —dijo escondiendo una sonrisa—.

—¿Entonces, por qué me hablas? —preguntó Sirius—.

—Me hace gracia lo que le dices a Lily... —Remus sonrió—. Pareces tan experto en relaciones y en sentimientos, Padfoot, que a veces me sorprendes.

—Yo siempre sorprendo.

—Eso esta claro —Remus se puso serio de nuevo—.

Ninguno de los dos se miraba. Tenían los ojos fijos en James, que había empezado a volar por el campo, seguía algo. Al parecer, ya había encontrado la Snitch. El público se había dado cuenta de tal hecho y vitoreaban —¡Potter!— a son.

Lucius se había dado cuenta de que James seguía la Snitch. El chico alcanzo a James y se puso a su altura, siguiéndole por todo el campo. Los dos buscadores volaban por el campo siguiendo la Snitch Dorada e intentado conseguir la victoria para sus equipos, respectivamente.

—¡James ya ha visto la Snitch! —grito Peter—.

—Entonces el partido no va a durar mucho mas... —dijo Sirius estirando los brazos y bostezando—. Cuando James ve la Snitch ya nadie lo para.

Era cierto, James era un hábil buscador. Cuando veía la Snitch durante un partido ya no dejaba de perseguirla hasta que la conseguía. No importaba quién se pusiera delante o quien le siguiera los pies, el siempre conseguía la Snitch Dorada. Si no lo hacía, era mejor no estar cerca cuando acabara el partido para recibir su ira.

—Malfoy le esta pisando los talones...

—James es más rápido —dijo Sirius—. Lo ha ganado antes, podrá hacerlo ahora.

James y Lucius volaban el uno al lado del otro. Ya se habían dedicado varias mirada de odio y habían conjurado palabras ociosas. James era terriblemente competitivo y no iba a dejar que Malfoy le ganará, pero tampoco quería un contrincante que no estuviera a su nivel.

—¡Le ha dado una patada! —grito Remus—.

Gryffindor estallo en gritos.

—¡Cuando bajes de esa escoba, te vamos a dar una buena paliza Malfoy! —gritaba Sirius con el puño en alto—.

Remus le miró y sonrió. Su chico podría estar todo lo desconcentrado del partido que quisiera, pero cuando alguien se metía con James o le molestaba, despertaba rápidamente y se encendía en cólera.

—Tranquilo, Padfoot... —dijo Remus con una sonrisa ladeada—.

—¡Le va a tirar de la escoba el muy cabrón! —Sirius se levantó de la grada y dio un salto en ver que Lucius y James se acercaban al suelo, siguiendo la traicionera bola—.

Todas las gradas estaban fijas y atentas a los dos buscadores que seguían la Snitch a ras de suelo.

—¡James, cuidado! —gritó Lily—.

—¡Joder! ¡Se van a caer! —Sirius gritaba dando saltos en las gradas—. Joder, joder, joder... —repetía nervioso—.

James vigilaba con el ojo izquierdo a Malfoy, estaba muy cerca. Su escoba iba por delante de la de Lucius, pero no podía relajarse para parar a comprobarlo, tenía que seguir volando. Levantó la mano al aire y estiró el brazo. Vio que iba a chocar contra uno de los muros de las gradas si no levantaba el vuelo. Tenía la Snitch tan cerca y tenía que darse prisa. Por un momento pensó que la había rozado cuando algo golpeó su escoba por la parte lateral. Malfoy le había dado una patada.

Primero sintió el golpe del suelo pedregoso sobre su hombro derecho. Sintió como todo su peso caía sobre su brazo y luego pudo sentir como se desgarraba su piel bajo la presión del suelo. Se arrañó la cara y perdió la escoba de las manos. Levantó la vista y pudo ver como Lucius Malfoy le sobrevolaba con la Snitch Dorada en la mano.

—Maldito desgraciado... —maldijo retorciéndose de dolor—.

Podía oir las gradas enloquecer. Miró a los Gryffindor que gritaban indignados. Los Slytherins, sin embargo, no parecían haberse dado cuenta de la gran patada que James había recibido. No se habían dado cuenta o habían hecho la vista gorda. De todos modos, había un alumno en el suelo y el partido había terminado. Slytherin había ganado, a base de trampas, pero habían ganado.

James dejó caer la cabeza sobre el suelo pedregoso y respiró algo asustado por el golpe. Sentía una presión en todo el lado derecho de su cuerpo. Al caer se había aplastado el hombro bajo su propio peso. El lateral de su torso y la rodilla derecha habían recibido su parte del brutal contacto contra el suelo también.

Cerró los ojos y esperó a que le vinieran a socorrer.

Enseguida lo sacaron del campo y lo llevaron a la enfermería.

Sirius había empezado a gritar, Remus había gritado y Lily había querido bajar al campo corriendo a ayudar a James. Las gradas ardían de rabia e injusticia ante la traicionera patada de Malfoy contra Potter.

En cuanto pudieron, los Merodeadores y Lily se encaminaron hacía la enfermería, donde estaba James. Los profesores habían intentado calmar la situación en la que se encontraba el alumnado en aquellos momentos. Gryffindor, Hufflepuf y algunos alumnos de Ravenclow, se habían unido en su batalla contra Slytherin. En salir del campo de Quidditch, todos los alumnos se habían quedado fuera gritándose unos a otros y armando jaleo.

Remus, Sirius y Lily se habían escabullido de allí. Habían perdido a Peter por el camino, pero no les importó demasiado y siguieron su camino hasta la enfermera

En llegar a la puerta de la enfermería, se encontraron con una concentración de chicas que esperaban en la puerta.

Lily las miró, estaban rojas y alguna tenia falsas lágrimas en los ojos.

—¡Genial! El club de fans de James Potter... —dijo enfurecida y mirando para otro lado. Caminó hasta la pared de enfrente del pasillo y se sentó en el suelo—.

Sirius no pudo evitar soltar una risa.

—Tenemos mas fans que The Beatles... —dijo Sirius—.

Remus se acercó hasta su lado.

—¿Crees, Remus, que si a mi me pasará esto... Aparecería mi club de fans en la puerta de la enfermería llorando por mi?

—¿Tienes club de fans? —dijo Remus molesto—.

—Sí... Tu eres el líder del club —Sirius le respondió con picardía y sin pronunciar palabra alguna, se dio media vuelta y se fue a sentar al lado de Lily—.

Remus se quedó mirado la escena desde fuera, evitando perder los nervios ante aquella extraña situación. Había un gran grupo de chicas esperando en la puerta de la enfermería, la cual estaba cerrada. Se suponía que James estaba ahí adentro, pero con todo aquel berenjenal montado, no los iban a dejar entrar a verle.

Se dio media vuelta y fue hasta la pared donde estaban sentados Sirius y Lily.

Se sentó al lado de Sirius.

—Supongo que cuando se vaya esta gente, nos dejarán entrar —dijo Remus mientras recogía las piernas—.

—¿Crees que se irán? —añadió Sirius—. Son capaces de hacer turnos y dormir aquí...

—Ni que fuera la cola de un concierto... —Lily tenía los brazos cruzados y estaba sufriendo un dolor agudo de celos—. ¿Son tontas estas o qué?

Sirius rió.

—Me parece que alguien esta un poco celosa...

—¿Celosa de estas pringadas? —dijo la pelirroja—. ¡JA! Perdona, pero déjame recordarte quien fue la que salio de su cuarto el otro día sin ropa, fui yo... y no esas.

—Lily, por favor... —Remus se llevó la mano a la sien—. No necesitamos detalles.

—Sirius me vio salir...

—¿Desnuda?

—¡No iba desnuda!

—Has dicho sin ropa —reiteró Remus—.

—Si, bueno... Teóricamente estaba desnuda, pero llevaba una sabana encima —dijo con las mejillas rojas al recordar aquella noche—.

Sirius y Remus se miraron y sonrieron a la vez.

—¿Y vosotros, que? —Lily miró a Remus encarando las cejas—.

¿Nosotros? —Remus enmudeció de golpe y se puso muy serio. El corazón le empezó a bombear con rapidez al escuchar la palabra vosotros, refriéndose a Sirius y a él. Todo lo que se refería a Sirius y a él, le ponía nervioso y le excitaba a la vez—. ¿Que quieres decir?

—Qué... —Lily en ver el nerviosismo de Remus, tubo su respuesta—. ¿Qué, que tal todo?

—Bien —dijo escueto—.

Sirius sonreía en ver el nerviosismo de Remus.

—Últimamente no se os ve el pelo por ningún lado... —continuó la pelirroja—. A ninguno de los dos...

Hubo un silencio. Remus se había quedado sin palabras. No sabía como salir de esas situaciónes, no sabía donde esconderse, no sabía que decir.

—Yo he estado ocupado... —dijo Sirius intentado esconder una sonrisa—. Ya sabes... cosas de Merodeadores.

—Claro... —Lily tenía las cejas alzadas y sonreía incrédula—. Y tu, Remus... Hace tiempo que no pasas por la biblioteca... Ya nunca estas allí.

—Ya, bueno... No tenía muchos deberes.

—¿Cuando los acabas?

—Por la noche no, eso esta claro —susurró Sirius con la boca pequeña—.

Hubo un silencio. Remus no pudo hablar, Lily estaba empezando a enlazar cabos y Sirius estaba demasiado ocupado ruborizándose. Lily entonces, comprendió algunas cosas que se había estado planteando desde hacía algún tiempo. No dijo nada, simplemente calló y se lo guardó para ella.

—Bueno... —Sirius se frotó las manos—. ¡Ya va siendo hora de que entremos a ver a James! ¿No os parece?

Se levantó y caminó hasta el grupo de chicas que se encontraban frente a la puerta de la enfermería. Muchas de ellas sollozaban y de algunos ojos brotaban lágrimas falsas.

—¡A ver! —Sirius se puso frente a ellas, empezó a gritar y a llamar la atención, moviendo las manos al aire—. ¿Que os parece si vamos despejando la entrada de la enfermería?

Las chicas le miraron con rabia y en un principio, no le hicieron caso.

—Estamos esperando a James... —dijo una—. Queremos saber como esta...

—James Potter esta hecho de hierro —Sirius hablaba algo cansado de esa situación—. ¡Venga, chicas mañana estará como una rosa! Seguro que la semana que viene ya podréis ir a verle a los entrenamientos.

—Yo no me voy a ir hasta que no me dejen entrar y saber como esta... —dijo una de las chicas—.

—¡Oh, por Merlín! —exclamó Sirius—. A ver, guapa... ¿Que no ves que no nos van a dejar entrar a ninguno si no os vais?

—¿Quien te crees que eres para echarnos, Black? —dijo la chica—.

Lily se colocó al lado de Sirius con el alma dibujada en la cara.

—¡Él no sé, pero yo sí!

—¿Tu? —una de las chicas llegó hasta ella y se encaró—. ¿Y tu quien eres?

—Yo soy la novia de James... —Dijo muy segura de sus palabras. Sirius enmudeció de golpe y su la mandíbula inferior dudo por unos segundos si caer al suelo—. La novia que te va a reventar esa cara de niña pija que tienes, como no te pires de aquí ¡ya!

—¿Novia? —río—. James Potter no tiene novia...

—Eso lo dices tu, guapa... Yo soy Lily Evans, su novia y como os vuelva a ver a cualquier de vosotras cerca de mi chico, la próxima vez seréis vosotras las que estaréis en la enfermería...

Sirius intentaba no reírse ante la extraña situación en la que se encontraba. ¿Lily admitiendo que era la novia de James? ¿Hola? ¿Que estaba pasando? Remus se había quedado mudo al lado de Sirius.

Sirius le miro divertido y pensó en lo genial que sería poder gritar de esa manera que Remus era su novio. Lo maravilloso que sería poder gritar por los pasillos que Remus estaba cogido y que se vería con cualquiera que se acercara a el. Lo encantaría poder hacerlo. Y aún le gustaba más la idea de que Remus fuera su chico. ¿Su novio? Cada vez que su mente lo repetía le aprecia más y más cursi y tedioso. El quería estar con Remus pero no le gustaba la palabra novio.

En girarse a mirarle, le pareció ver que Remus le sonreía a el aunque estuviera mirando la escena que Lily había montado.

—¿Puedo gritar yo también que eres mi chico? —dijo Sirius susurrando.

Remus le miro ruborizado. No podía creer lo que acababa de escuchar de la boca de Sirius.

—Quizás sea yo el que ahora no quiere...

—Sabes que no es así, lobito mío.

Remus callo, silenciado por las palabras de Sirius. Esas palabras que le dejaban indefenso y podían debilitarle hasta el punto de tenerlo a sus pies. Y es que así era, Sirius tenía a Remus a sus pies, arrastrándose por él. Estaba indefenso ante él, ante todas sus palabras, ante cada mirada y movimiento que Sirius hiciera o le dedicara.

—¡Estáis tardando en iros! —gritó Lily con los ojos desorbitados y la voz ronca—.

—Cálmate, Evans... —dijo Sirius—.

—Solo eres una mas... —le dijo una de las chicas a Lily antes de irse—.

—Cuando eso pase, me uniré a vuestro club... —dijo victoriosa—. Hasta entonces, esperad sentadas.

Al rato, Sirius, Remus y Lily se quedaron solos. El club de fans de James no era tan resistente como parecía y muchas de las chicas desistieron a la espera. Las puertas de la enfermería se habían cerrado durante todo el día. No fue hasta la noche que se volvieron a abrir. No habían cenado cuando la señora Pomfrey decidió dejarlos entrar a ver a James.

Peter no había aparecido en todo el día, así que entraron ellos solos. Lily encabezaba la fila, en sus ojos se dibujaba la desesperación mas profunda por ver a James. Después de los enfrentamientos con su club de fans y de las palabras que se había visto obligada a pronunciar, acabó creyéndoselo. Llegó un momento en el que se creyó las palabras que estaba pronunciando. Se creía lo que había dicho y el hecho de enfrentarse a que no eran ciertas, le dolía.

James estaba al fondo. En una de las camillas blancas, detrás de una cortina.

—Pensaba que no vendríais... Que os habíais olvidado de mi —dijo James en ver llegar a sus amigos. Su voz sonaba ronca, como si cada palabra que emitiera le doliera, como si le costará hacer el esfuerzo de hablar.

Sirius, Remus y Lily se acercaron hasta él y rodearon la camilla. Lily se colocó en el lado izquierdo. Sirius y Remus en el derecho, él uno muy junto del otro. Sirius sintió el pecho de Remus contra su costado y se mantuvo pegado a él.

—Es que nos hemos entretenido un poco, hermano... —dijo Sirius—.

James intentó sonreír. Le dolía todo.

—¿Como estás? —dijo Lily en un suspiró—.

—Bien...

—Jodido —añadió Sirius—.

Era verdad, James estaba destrozado por todas partes. Tenía todo el lado izquierdo de la cara arañado, un brazo esguinzado y el torso vendado por alguna fisura. La caída había sido dolorosa y las curas habían sido largas.

—¿Como acabó el partido? —dijo James—.

—Ya sabes, el cabrón de Malfoy cogió la Snitch y ahí acabó todo —respondió Remus—.

—Me tiró —James cerró los ojos por el esfuerzo inhumano que estaba haciendo para poder hablar. Cada vez que pronunciaba una palabra, sentía como si un peso muerto le cayera sobre el lateral del torso—.

—¿Que?

—Malfoy me tiró de la escoba —afirmó James—. ¿No visteis la patada?

—Ya me extrañaba a mi que te hubieras caído solo... —dijo Remus—.

—Me dio una patada el muy hijo de perra y me tiró de la escoba —Lily le miraba con los ojos enrojecidos—.

Sirius sintió como la sangre le subía a la cabeza y le comenzaba a bombear con fuerza. Los nervios le querían salir por las orejas y estallar. Los puños se le cerraban y se le clavaron las uñas en la palma de la mano hasta que los nudillos se le pusieron blancos como el marfil. Una especie de rabia y odio se acumularon en sus músculos, necesitaba descargarlo.

—¡Me cago en él! —Sirius dio un golpe en la camilla con el puño cerrado—. ¡Ahora se va a enterar ese mamón!

Gritó por última vez y salió de la enfermería a toda prisa con la rabia impregnada en cada paso que daba.

—¡Pad, no vale la pena! —gritó James desde la camilla—. ¡No importa! ¡Ya le daré yo una buena paliza cuando este mejor!
—¡Pártele la cara, Black! —bramó Lily con ira—.

Sirius ya se había ido cuando Remus salió detrás de él, intentado evitar que cometiera cualquier estupidez digna de Sirius Black. Este chico en su estado, era capaz de cualquier cosa que le pasará por la cabeza. Aún perdía mas los papeles cuando se trataba de James, cuando le hacían algo a James, era Sirius quien respondía. No podías meterte con James sin salir malparado, por que su guardaespaldas personal, Sirius Black, te machacaba. Así era.

James y Sirius.

Sirius y James.

Lily se quedó sola con James en la enfermería. La chica intentó controlar el fuerte nudo que se aferraba a su garganta impidiéndole hablar. En ese nudo se acumulaban los nervios y el recuerdo de las palabras que había pronunciado. Recordaba esas palabras en el brillo de los ojos de James, en sus expresiones, el movimiento de su boca y los gestos de su nariz. Veía todas sus palabras, reflejadas en esa perfecta sincronización de elementos en la cara de James.

—Hemos estado esperando fuera, pero no nos han dejado entrar... —dijo Lily intentando empezar una conversación—.

—¿Tu también, Evans? —respondió el chico—. Pensaba que yo no te importaba un carajo y que pasará de ti, por que no querías saber nada de mi...

Lily hizo una pausa y pensó en lo que iba a decir.

—¡Si que me importas, James! —respondió al fin—. Mas de lo que tu te crees...

—¿A sí?

Se vio reflejada en las gafas de James y se sintió fuerte.

—Sí, James... Sí —confirmó—.

—¿Entonces, por que no me lo demuestras? ¿Por que no quieres saber nada de mi? —James estaba haciendo un gran esfuerzo por hablar. Incluso, intentó incorporarse—.

—Porque, yo solo soy una mas —dijo Lily apenada y recordando las palabras de aquella chica—.

James cogió la mano que Lily había dejado sobre la camilla.

—Evans, tu nunca serás una mas —dijo con la verdad en los ojos—. Tu eres Lily Evans, ¿quien se puede comparar contigo? ¿Quien puede llegar a estar a tu altura, nena? Nadie —sentenció—. Tu siempre serás la propietaria, la única y incomparable, Lilian Evans.