Llegó al gran comedor.
Le ardía el puño y tenía que soltar aquella rabia que perforaba su pecho. Tenía que descargar todo aquello que tenía dentro y sabía con quien tenía que hacerlo. James estaba bien jodido por todos lados, se había roto un par de costillas y tenía el hombro fracturado. La pierna derecha también había sufrido algunos hematomas y tenía un horrible arañazo en la cara. Tenía la piel desgarrada desde la frente hasta el labio derecho. Había pasado un día horrible entre curas y medicamentos. Sirius, Remus y Lily se habían quedado todo el día con él. Pero Sirius no podía soportar verlo así y mas aún cuando quien le había hecho eso a su hermano, andaba suelto por ahí.
No habían salido de la enfermería en todo el día y aunque Sirius se había estado conteniendo, ahora había llegado a su nivel máximo de aguante.
Llego al gran comedor con la idea dibujada en la mente, sabía lo que iba a hacer y lo que quería conseguir. Lucius había conseguido la Snitch, Slytherin había ganado el partido, pero él iba a dejar muy claro que nadie se mete con James Potter si Sirius Black anda cerca.
Iba demasiado ensimismado en la idea de romperle la cara a Lucius Malfoy, que no se dio cuenta de que se estaba cavando su propia tumba. Era la hora de la cena, todos los alumnos se concentraban en sus respectivos sitios en el gran Comedor. Lucius estaba rodeado de muchos de su misma condición.
Todo el mundo le miro al entrar. Todos le siguieron con la mirada desde que le vieron entrar hasta que llego a la mesa de los Slytherin y se paró.
Se quedó frente a ellos hasta que se dieron cuenta de que estaba ahí.
Lucius estaba de espalda a Sirius, se giró.
—Vaya, vaya...mira quien tenemos aquí —dijo con una sonrisa maliciosa—. Espero que tu amiguito este bien, ¿que se ha roto? ¿Una pierna? ¿El brazo? ¿Tiene bien las costillas? ¿Y, que me dices de la cabeza?
Sirius ardía lentamente.
La mesa y sus asistentes reían mientras la cólera de Sirius aumentaba y su puño se pintaba de blanco por la presión.
—Vi lo que hiciste...
—¿Lo viste? —se levantó del banco y de puso a su altura, encarándose—. ¿Y que piensas hacer, eh? ¿Piensas decírselo a alguien? ¿Tienes pruebas?
Sirius se pudo rojo.
—¿No? —Lucius se regodeaba en las risas de sus amigos—. No tienes pruebas Black, no puedes hacer nada... Tu amiguito se calló de la escoba y ya esta, no hay más y no se puede hacer nada... Slythetin ganó y tenéis que aprender a perder.
—¿Perder? —Sirius río con ironía—. La cuestión es que vosotros no sabéis ganar si no es con trampas. Dais asco.
—Asco das tu —Bellatrix estaba sentada en el otro lado de la mesa y se había levantado a hablar—. Ya me he enterado, ya —dijo victoriosa—. Traicionando a los tuyos... Muy mal primo, muy mal.
—Cállate, no estoy hablando contigo —respondió Sirius sin mirarla—.
—¿Has venido a por pelea o qué? -dijo Goyle, al lado de Malfoy—.
Sirius le miró de arriba a abajo con una mueca de asco. Todo ese grupo le daba demasiado asco como para acercarse. Pero ahora no podía evitar tener que estar ahí, tenía que defender a su amigo, tenía que defender a James. A él no lo tocaba nadie porque nadie tocaba a los suyos sin llevarse una buena patada.
—He venido a darte un buen puñetazo, si Malfoy... —dijo Sirius—.
Todos empezaron a reír.
Esa era la rabia que necesitaba Sirius para poder pegarle el puñetazo en la cara y romperle todos los dientes. Ese era el estímulo que había estado buscando mientras los provocaba. Sus puños se tensaron y sintió como la adrenalina le subía desde los pies, impulsada por una fuerza ajena a su cuerpo.
—Te lo estas ganando a pulso.
—No me hagas reír, Black...¡Por favor! —dijo Lucius entre risas—. ¿No vas a ser tan estúpido como para presentarte aquí, delante de todo el mundo y pegarme un puñetazo, verdad?
El brazo de Sirius se impulsó por aquella adrenalina proveniente de todo el cúmulo de problemas que llevaba a sus espaldas. Se alzó en el aire y su cuerpo avanzó hacía adelante siguiendo la inercia del brazo. El puño, apretado y listo para la colisión, chocó contra la cara de Lucius. Sirius sintió el hueso duro bajo la piel de su puño, era como pegarle a una pared. Sintió la presión del ardiente dolor en sus nudillos. El cuerpo de Lucius perdió el equilibrio y chocó contra el chico que tenía detrás. Todos se levantaron y miraron a Sirius con los ojos encendidos en llamas, pero nadie dijo nada.
—¡Joder! —Sirius se quejó sacudiendo la dolorida mano en el aire—. ¡Joder! Que cara mas dura tienes, mamón...
Lucius, sin decir nada, se incorporó y miró a Sirius. La nariz le sangraba cuando se abalanzó sobre el chico con el puño por delante. Sirius frenó el golpe al aire y cogiendo el brazo de Lucius, le dio un golpe con la rodilla en el pecho. Lucius calló rendido a los pies del chico. Sirius jadeaba cuando la profesora McGonagall llegó para detener la escena.
—¡Señor Black! —gritó alarmada—. ¡Por Merlín! ¿Que está pasando?
—Está pasando, profesora, que este capullo... —Sirius pateó la espalda de Lucius que se retorcia en el suelo—... Esta recibiendo lo que se merece.
—¡Señor Black, por favor! —gritaba alarmada mientras otros alumnos lo apartaban de Malfoy—. ¿Creé usted que este comportamiento es normal?
—Profesora... ¿No ha visto el partido de esta mañana? ¿No ha visto la patada que Malfoy le ha dado a James? —dijo Sirius muy alterado—. James Potter está en la enfermería con los huesos rotos porque alguien lo ha tirado de la escoba... Así, que ¡sí! Malfoy se merece una buena paliza.
Sirius estaba dispuesto a parar, pero los Slytherins metieron mano en el asunto.
—Si Potter dominará la escoba, no se hubiera caído el solito... —Snape había aparecido—.
Se habían rodeado muchos alumnos alrededor de Sirius, sujetado por dos alumnos de Hufflepuf, Lucius Malfoy tirado en el suelo e intentando levantarse y un grupo de Slytherin que se había callado durante la paliza.
Bellatrix reía divertida, como si después de todo esto, esperará su venganza.
—¿Por que no cierras esa boca de mierdoso que tienes? —le dijo a Snape. Cuando Sirius perdía los papeles, cuando se enfrentaba a ese tipo de situaciones, las palabras no pasaban por el filtro antes de decirlas.
—¡Señor Black! —La profesora McGonagall se acercó a Lucius y lo ayudó a levantarse—. Llévense a este chico a la enfermería antes de que se nos muera por los pasillos... ¡lo que nos faltaba!
Lucius gemía y gritaba de dolor aullidos desconsolados maldiciendo a Sirius. Dos de sus compañeros de casa, lo levantaron y le ayudaron a moverse. Los alumnos que se había concentrado a su alrededor hicieron sitio para que pudiera pasar e irse.
—Y ahora, por favor, ¿puede alguien contarme lo que ha ocurrido? —dijo alterada la profesora mirando a Sirius y al grupo de Slytherins que habían estado presentes durante la pelea.
—Déjeme explicarle lo que ha pasado, profesora... —Snape se levantó del banco donde estaba sentado y se impusó ante sus compañeros. Miró a Sirius por encima del hombro y dio dos pasos hacía adelante—. Verá... Sirius Black ha llegado aquí con su habitual simpatía y nos ha empezado a molestar sin ningún motivo aparente... Después ha pegado a Lucius acusándolo de algo completamente falso y ha causado todo este alboroto.
Severus sonrió victorioso en darse cuenta de la rabia acumulada en el rostro de la profesora McGonagall en mirar a Sirius.
—¡Malfoy se lo tenía bien merecido! —Remus había llegado haciéndose sitio entre el gentío que cada vez era mayor. Llegó y se puso al lado de Sirius, sus brazos se rozaron en llegar Remus y no perdieron el contacto. De esa manera, sabían con certeza que se tenían cerca.
—¡Señor Lupin! ¿Se puede saber que pinta usted en todo esto! —exclamó la profesora— ¿Como se atreve a tomarse este atrevimiento?
Remus se puso rojo y sintió todas las miradas curiosas dirigirse hacía él. Pocas veces se enfrentaba a esas situaciones, por no decir nunca. Eran James y Sirius los que solían meterse en líos, no él. Se acercó mas a Sirius intentado sentirse protegido de todas las miradas. Se acercó mas a él y quiso cogerse de su brazo y aferrarlo de algún modo a su cuerpo para sentirse fuerte en ese momento.
No lo hizo.
—Discúlpeme, profesora... Mero Malfoy ha tirado a James de su escoba esta mañana en el partido... Y como consecuencia, y como usted bien sabrá, Slytherin ha ganado el partido injustamente. Este hecho no debería pasarse por alto... Así que, el puñetazo, ¡se lo tenía bien merecido!
—¡No quiero escuchar una palabra mas! Usted, señor Lupin, no tiene nada que ver con todo esto, pero aún así va a recibir el mismo castigo que reciba el señor Black, por meterse donde no le llaman —McGonagall hablaba rápido y mirándolos iracunda. Sus ojos chispeaban y las gafas oscilaban en la punta de su nariz—. Y han tenido suerte de que el director aún no haya bajado a cenar... Mas vale que suban a su despacho antes de que decida bajar. Y que sepan que esto les a repercutir. Por el comportamiento de hoy se restarán puntos a la casa de Gryffindor.
—Pero... —intentó discutir Sirius en vano—.
—¡He dicho que no quiero oír ninguna palabra mas! —Sirius y Remus se miraron—. ¿Esperan a alguien mas? ¡Suban ya, por favor!
La actividad del gran comedor se había parada para poder escuchar lo que estaba pasando. El eco de la pelea entre Sirius y Lucius se había hecho oír y había adquirido nuevas realidades. Realmente no había sido nada tan serio o preocupante, esta escena te la podías encontrar como mínimo una vez al mes entre cualquier Gryffindor y cualquier Slytherin. Pero los alumnos ya se habían encargado de hacerlo todo mucho mas dramática de lo que realmente era la situación.
Sirius y Remus se fueron, salieron del gran comedor. En llegar a la puerta, estallaron en carcajadas. Todo había sido demasiado gracioso. Sirius había estado conteniendo la risa durante toda la bronca de la profesora McGonagall.
—¡Eres un imbécil! —Remus le gritó con una sonrisa radiante y le dio un sabe golpe con el hombro—. Has dejado que me castiguen también a mi. La próxima vez no te voy a salvar el culo, Black...
Caminaban a través de los pasillos en dirección al despacho del director.
—¡Oh, venga! No necesitaba tu ayuda... Además sólo has enfadado mas a McGonagall, Moony.
—¿Como se te ocurre venir a pegar a Malfoy? Sirius, ¿acaso no piensas antes de hacer las cosas? Aunque sea un poquito... Estaban todos delante, te podían haber hecho daño...
Sirius se enterneció en mirar a Remus. Iban muy juntos, al caminar sus manos se rozaban con el vaivén de sus brazos.
—¿Acaso lo han hecho?
—No, pero... ¡Venga ya! Imagínate que a Bellatrix o alguno de estos les da por conjurarte o cualquier cosa...
—Remus —Sirius le miró con los ojos entreabiertos—, son unos cobardes... Les da lo mismo que le puedes un puñetazo a Malfoy, a demás... Incluso me lo agradecerían y todo, créeme que Malfoy es odiado hasta dentro de sus propias filas.. Muchos entre ellos ni se soportan.
—Solo les importa ellos mismos.
Sirius miraba a Remus. Le miraba como lo había estado haciendo últimamente, con esa doble intención, con esa intensidad que ambos buscaban en el otro. Sirius le miró y se detuvo a observarle con calma mientras caminaban. Sus ojos, el movimiento de su pelo despeinado acompasado con el vaivén de su cuerpo al caminar, su voz resonando en su cabeza, entraba por su sistema auditivo y cuando llegaba al cerebro y era procesada, se quedaba ahí, atesorada como si de un tesoro se tratara.
—Lo siento —le hizo saber Sirius—.
—¿Por qué?
—Por lo del otro día...
—No vayamos a empezar, Sirius... —dijo Remus molesto y no queriendo entrar en el tema—. No tengo ganas de discutir sobre ello.
—Pero yo quiero que hablemos.
Sirius había estado dándole vueltas a la idea de estar con Remus enserio. Le había estado dando vueltas y no le parecía del todo mala idea. Podría intentarlo, se sentía con fuerzas, ahora si, con Remus si. Necesitaba intentarlo, quería hacerlo.
—Sirius —Remus seguía caminando muy dispuesto a llegar donde se proponía y apenas miraba a Sirius durante su respuesta—. Entiendo lo que me dijiste, respeto tus opiniones acerca de las relaciones y acepto que no quieras nada... Pero por favor, no discutamos ahora y menos sobre esto, es una tontería, enserio.
—No, no lo es —volvió a insistir Sirius—.
—Sí, mira... Yo soy así —dijo Remus—. Me dan estas neuras extrañas y digo cosas sin pensar... De verdad que entiendo como te sientes y no quiero que te sientas presionado ni nada por el estilo... Simplemente, sigamos como estamos.. Todo esta bien así.
—¿Como estamos? —dijo Sirius haciendo alusión a las palabras de Remus—. ¿Seguir como amigos? ¿Seguir de este plan siempre?
—Perdona, Black... —Remus se paró y él y Sirius se quedaron frente a frente—. Si no me equivoco eras tu el que no querías correr tanto y el que no quería ir mas allá de como estamos.
—Ya, pero creo que no esta bien.
—¿Qué no está bien? —repitió molesto Remus—. ¿Te estás riendo de mi? Por qué si es así, Sirius... No me hace ninguna gracia, la verdad.
—¿Por que lo dices? —Sirius se quedó mirándolo y queriendo picar a Remus. Le encantaba cuando sus orejas y la punta de la nariz se le enrojecían al alterarse. Le encantaba aquel brillo en sus ojos cuando le miraba.
—¿Que por qué lo digo? —dijo ofendido—. ¡Pues porqué fuiste tú quien dijo que no quería correr!
—Ya, pero ahora te digo qué si que quiero...
Sirius sonrió y Remus dudó por unos segundos.
¿Había oído bien? Estaba escuchando las palabras de Sirius e intentó procesarlas y entenderlas. Los ojos de Sirius le aclaraban todo lo que no le había quedado demasiado claro. Sus ojos le decían que todo aquello era cierto. Y entonces, ya no lo dudó.
—¿Como?
—Lo que has oído.
—Es decir, ¿quieres que seamos...?
—¡No lo digas! —le cortó Sirius antes de que pudiera articular palabra—.
—¿Por qué?
—No me gusta esa palabra, es como si nos fuéramos a casar... —dijo Sirius—.
—¿Que prefieres entonces? —la risa nerviosa se escapaba por sus bocas—. ¿Como quieres que llamemos a esto?
—¿Por qué tenemos que llamarlo de alguna manera? —Sirius se acercó a él—. Estamos juntos y ya esta... ¿Por que ponerle nombre? Vamos en serio, estamos juntos y lo pasamos bien... ¿Es eso lo que quieres, no?
Remus miró hacía la derecha y luego a la izquierda comprobando que no había nadie por los pasillos. Era de noche y no entraba luz por los ventanales, solo tenían como única fuente de luz los pequeños candelabros y apliques adheridos a las rocosas paredes. Sus mejillas estaban rojas y las manos le temblaban sutilmente. Cogió a Sirius por el cuello de la camisa y lo arrastró hasta la pared.
—Yo no quiero eso —dijo en un suspiro—. Me da igual como quieras llamar a esto.
Sirius miraba los labios de Remus y se fascinó en como se movían al hablar. Su estómago se tensó y la excitación recorrió su cuerpo con una brutal e imparable rapidez.
—No me importa, Sirius... —le hizo saber Remus—. Lo único que quiero...
—¿Que? —susurró Sirius—. ¿Que es lo que quieres?
—A ti.
Sirius sonrió satisfecho por la respuesta y sintió como la sangre corría acelerada por todo su cuerpo.
—¿A sí?
—Sí... —susurró Remus acercándose a sus labios—. Quiero intentarlo y quiero estar contigo sin importar lo demás.
—¿Quieres correr el riego de estar conmigo?
—Si... —suspiró—.
Sirius fue quien le besó esta vez. Adhirió a sus labios a los de Remus, como un imán. Era imposibe separar o alejarse de él, necesitaba sentir y tocarle. Le quería entero para él, solo para él. La boca de Remus era tan agresiva que Sirius no pudo hacer otra cosa que rendirse ante su brutal insistencia. Remus dejaba sus labios indefensos, su lengua acaparaba todo el espacio posible y se adueñaba por completo de su boca. Ambos paraban para respirar, pero sin poder contenerse, volvían a embestir la boca ajena al instante. Eran como dos piezas de puzles. Remus había perdido el control de sus manos, no sabía ni donde las había puesto, su instinto estaba totalmente concentrado en la boca de Sirius, en su sabor, en su textura, en su capacidad.
Sirius bajó sus manos por la espalda de Remus y llegando al final, aferró sus manos a las nalgas del chico y las estrujó entré sus manos. Remus ahogó un sutil gemido en la boca de Sirius. El beso seguía y sus cuerpos, acompasados, se movían pegados sintiendo la fricción y el ardiente calor que desprendían.
Sirius llevó sus manos lentamente hacía la cremallera del pantalón de Remus. Los dedos le temblaban cuando empezó a bajar la cremallera. Remus sintió los fríos y delgados dedos de Sirius rozando su abdomen y su cuerpo se derritió, su mente se pervirtió y fue entonces cuando perdió el control absoluto de sus acciones.
—No... ¡Para! —susurró Remus antes de que Sirius pudiera hacer algo con sus manos—.
Sirius gimió extasiado.
—¿Por qué?
—Estamos en medio del pasillo... —su voz sonaba entrecortada—. Podría aparecer cualquiera.
Remus se abrochó la cremallera del pantalón y se separó de Sirius.
—¿Sabes que me acabas de cortar por completo el calentón? —dijo Sirius ofendido y acercándose a Remus de nuevo—. ¡Por Merlín, Remus! ¿Eres consciente de lo que te acabas de perder?
—Sirius, ¡que estamos en el pasillo!
Remus se volvió a alejar y empezó a caminar de nuevo hacía el despacho del director. Iba caminando mientras se metía la camisa por dentro del pantalón, se acomodaba el pelo y se relamía los labios para volver a saborear el sabor de Sirius.
Sirius le seguía.
—¿Luego seguimos? —dijo Sirius pisándole los talones—.
—NO.
—¿Como que no?
Remus le miró.
—Luego estaremos en la habitación con James y Peter.
—Pues nos metemos en el lavabo —dijo Sirius aún extasiado e excitado por el momento que acaba de vivir—.
—Eres un salido.
—Lo sé —dijo con una sonrisa—. Pero no te sueles quejar cuando te bajo los pantalones, ¿eh? —Remus no contestó—. Bueno, sí... Me cortas el royo y sales por partas.
—Escucha, no es que no quiera... —Sirius se puso a su lado y caminaron acompasados—. Pero no podemos hacer eso en los pasillos, más cuando todo el mundo se esta moviendo por el castillo... ¿Que pasa si nos ve alguien? ¡Nos echan o saber lo que nos hacen...!
—Que exagerado eres... —le hizo saber Sirius que empezó a pensar sobre lo que Remus acababa de decir—. No creo...
—Sirius, esto en Inglaterra es un delito.
Sirius calló.
—¿Es ilegal?
—Sí —sentenció Remus—.
Sirius hizo que Remus se parara poniéndose delante de él. Le cogió por la cintura y bajó su mano hasta el culo. Lo arrimó a él y acercó su boca a la del chico. No le importo demasiado si había alguien cerca, simplemente lo hizo sin pararse a pensar en nada mas.
—Saltarme la ley es mi vició favorito —dijo Sirius con la voz ronca—. Así que no me tientes,lobito...
—Déjame —Remus se apartó de Sirius entre risas y, conteniendo sus ganas de saciar al chico, siguió caminando volviendo a dejar a Sirius detrás suyo—. Tenemos que ir al despacho de Director... ¡Venga, no te pares!
Sirius empezó a caminar apresurado a sus espaldas.
—¿No me harás esto cada vez que te baje la cremallera del pantalón, no?
Remus se puso más rojo de lo que estaba.
—No siempre —dijo con una sonrisa—.
—¡Oh, venga Remus! —exclamó Sirius—. Admite que tu también quieres... ¡Admítelo!
Remus se calló durante unos segundos para hacer su respuesta mas deseable.
—Sí, Sirius... Lo admito —dijo mirándole con las cejas alzadas—. Pero no aquí.
—¿Por qué?
—Estamos en los pasillos...
—Remus, pero si aquí no hay nadie —insistió Sirius—.
—No ahora.
—¡Ves! Solo pones excusas... —dijo haciéndose el ofensivo—.
—Nos han mandado al despacho del director porque le has pegado un puñetazo a un alumnos que esta en la enfermería... No sé tú, pero yo no quiero mas problemas —Remus caminaba cada vez mas rápido—.
—¿Y que me dices si lo dejamos para mas tarde? —dijo Sirius—.
Remus se giró y le miró con las cejas fruncidas y una sonrisa dibujada en los labios.
—Me parece bien —afirmó—.
—Prométemelo.
—Lo prometo —sentenció—.
