—No entiendo por qué están tardando tanto... —dijo James, sentado al lado de Lily en el sofá rojo de la Sala Común de Gryffindor.

—Se habrán entretenido —propuso Lily un tanto despreocupada mientras acariciaba con los dedos el pelo del chico—. No tardarán, no te preocupes.

—¿Y si los han pillado? No se han llevado la capa, Filch los ha podido ver y quizás los tiene retenidos...

—No creo.

—La cocina no está a tres horas de aquí —James se mordía las uñas de la mano izquierda. El brazo derecho, rodeaba los hombros de Lily, que estaba recostada a su lado en el sofá.

Lily había aceptado a James, había sucumbido ante sus insistencias y finalmente había accedido a intentarlo. Pensaba, distraído, en lo que acababa de hacer y la decisión que acababa de tomar. Iban a empezar algo juntos o por lo menos, a intentarlo. Las palabras de Remus, Sirius y la insistencia de James, había provocado un cambio drástico en ella y había hecho que abriera los ojos, una vez por todas. Las palabras de James en la enfermería habían hecho que Lily derribara el muro que había construido entre ellos por completo. No podía oponerse a tal revelación, no podía decir que no, más siendo todo aquello que había querido oír desde hacía ya tanto tiempo.

—¿Por qué no los esperáis arriba? Ya es tarde, yo me muero de sueño... —dijo Lily.

—Vete si quieres a dormir —James acarició su mejilla delicadamente—. Nosotros nos quedamos a esperarlos.

—No importa —aclaró—. Si no han llegado en quince minutos, me subo...

—Esta bien —James sonrió a su chica, se sentía el hombre más afortunado, feliz y entusiasmado del mundo. Nada podía cambiar su buen humor ahora mismo, nada podía hacer que su felicidad desapareciera.

La Sala Común estaba vacía, solo quedaban James, Lily y Peter, sentado en la butaca individual buscando a Remus y a Sirius en el Mapa del Merodeador. Sus ojos cansados, encontraron finalmente, lo que parecían las huellas de los dos chicos. Pero, algo sorprendió al joven.

—No los han pillado, James —dijo Peter, captando su atención—. Están aquí...

James se levantó del sofá y fue hasta la butaca, rodeándolo y quedando de pie frente al Mapa. Peter señaló con el dedo uno de los pasillos del segundo piso. Allí estaban los dos nombres de los Merodeadores. Sus pisadas, que estaban colocadas de extraña manera, llamaron la atención de James de inmediato. Los pies de Remus estaban entre los de Sirius, es decir, el cuerpo de Sirius estaba sobre el de Remus, de tal manera que sus piernas quedaban abiertas para que el chico pudiera colocarse.

James soltó una sonora carcajada.

—¿Que es esto? —dijo mientras reía.

Peter no gesticulo palabra.

Lily miraba a James y a Peter con las cejas alzadas, sin entender las reacciones de ambos chicos. Los ojos de Peter estaban muy abiertos y su boca apretada. James había empezado a reír de manera ruidosa y un tanto preocupante. Sus ojos seguían fijos en el Mapa, seguían fijos en la extraña posición de esas huellas. Lo que mas llamó su atención fue que ambos se mantenían así. Sus huellas no se movían, estaban manteniendo esa postura durante largo tiempo.

—Vaya caras que se os ha quedado a los dos... —dijo Lily—. ¿Que pasa? ¿Que habéis visto?

James no dijo nada, solo seguía riendo.

—¿James? Me estas asustando...

El chico cogió el Mapa, arrancándoselo de las manos a Peter, caminó hasta Lily y se lo tendió. La chica miró donde el dedo índice de James señalaba. Era el segundo piso, las huellas de Sirius y Remus y la extraña posición que dichas huellas tenían. Sus ojos se abrieron y su boca se abrió bruscamente.

—¡Así qué es verdad!

—¿QUE? —exclamó James con las cejas fruncidas.

—Sirius y Remus... —confirmó Lily—. Que Sirius y Remus tienen algo.

—No, no... Imposible, debe haber un error en el Mapa —dijo James riéndose de manera incrédula y sabiendo que era imposible que el Mapa se hubiera equivocado.

—No, James... —añadió Peter con la boca pequeña—. El Mapa nunca miente.

Lily dejó a un lado el Mapa y empezó a reírse de la cara de James. Su cara era todo un poema. Se había quedado de pie frente a la chimenea. Su cuerpo, inmóvil, se había quedado adherido sobre el suelo, sus pies parecían no responder. Sus ojos inquietos miraban hacía todos los lados. Intentaba asimilar la información que acababa de recibir.

—¿Sirius y Remus tienen algo? —James miró a Lily con las cejas fruncidas y los ojos empequeñecidos—. ¡Espera! ¿Qué?

Lily seguía riéndose.

—¿No te has dado cuenta?

—Mmm, no —sentenció James algo molesto por la risa de Lily—. Oye, cariño... Esto no me esta haciendo mucha gracia... ¿Se puede saber por qué tu sabes que Sirius y Remus tienen algo, y yo no?

—Por qué tu estás ciego... Crees que ves muchas cosas, pero no té paras a mirar y a escuchar —dijo Lily dejando de reír—. Si te hubieras dado cuenta de como Sirius miraba a Remus últimamente, o como simplemente Remus se ponía rojo cada vez que Sirius aparecía. ¡Por Merlín! Sus conversaciones en clase, esos roces en el comedor... Solo tenías que fijarte en eso para darte cuenta...

James calló y se paró a pensar durante unos segundos. Asimilando y canalizando lo que Lily acababa de decir. Intentó recapacitar las palabras de la chica y recordar que era aquello que sus ojos habían pasado por alto. Imágenes aleatorias empezaron a invadir su mente.

Estaban en la biblioteca hacía un par de días, acabando unos deberes. Él estaba sentado al lado de Remus mientras Sirius rebuscaba entre las estanterías.

Vayamos a dar un paseo... —dijo Sirius dejándose caer sobre la mesa donde Remus estudiaba—. Quiero sentir el aire, respirar. Llevó todo el día metido en el castillo, de clase en clase —farfullaba arrastrando los palabras.

Quiero acabar esto —dijo Remus escribiendo en su cuaderno—.

James estaba tumbado sobre un libro y observaba a sus amigos.

Vayamos, por favor Moony —añadió James—. Lo puedes acabar luego, antes de acostarte.

Pero si estos deberes son para dentro de dos semanas... —dijo Sirius—.

¿Porqué los estás haciendo, entonces?

Por qué quiero dejarlos hechos —Remus levantó la vista y cerró el cuaderno dejando la pluma sobre la cubierta—. Pero como sois unos pesados, lo dejó para mañana... Venga ¿Donde queréis ir? —dijo mirando a James y a Sirius—.

Yo quiero ir a la habitación y desnudarte a mordiscos... James ¿tu? —Sirius habló directo y sin cortarse. Remus enmudeció de golpe. James lo miró sorprendió y añadió:

Chicos, dejad vuestras guarradas para la intimidad, gracias.

James se había tomado ese comentario a broma, como un simple chiste de Sirius, uno de tantos. Pero ahora, empezó a verlo con otros ojos.

El siguiente recuerdo abordó su mente como un huracán feroz y hambriento.

Los Merodeadores usaban el baño por las mañanas. Abrían las puertas y entraban a lavarse los dientes, peinarse o asearse un poco antes de ir a clase. Lo hacían con la puerta abierta, no había escrúpulos de ningún tipo. Por la mañana, cuando todos estaban recién levantados y el sueño aún pesaba sobre sus ojos, ninguno de los cuatro le daba importancia a ese hecho. Solían compartir la pica o merodeaban por allí mientras estaban dentro.

Esa mañana, James y Remus se estaban cepillando los dientes cuando Sirius entró. Caminó atravesando el baño y en su paseó hasta el váter, pellizcó el culo de Remus. El chico, dio un respingo y apretó los ojos.

James lo vio a través del reflejo del espejo. Siguió a Sirius con los ojos mientras levantaba la tapa del váter.

Remus —dijo Sirius. Los ojos de James, caminaron hasta el rostro de Remus—. Conten tus ganas de mirarme mientras hago pis, gracias.

Era cierto, Remus estaba mirando encandilado a Sirius.

James no entendió como no se había dado cuenta en ese momento de todos aquellos gestos.

La imagen cambió en la cabeza de James y se transportó a uno de los patios del castillo.

Los cuatros estaban sentados sobre el césped, descansando antes de volver a ir a clase. El sol brillaba, hacía buen día para estar en pleno invierno. El tiempo favorecía el humor de los cuatro chicos y la brisa fría, les mantenía con cierto calor del recuerdo de las navidades. Hacía poco que habían vuelto de vacaciones.

Moony —dijo James—. He oído esta mañana que fue Alma quien te dejó.

La sonrisa se esfumó de los labios de Sirius en oír ese nombre.

Unas chicas de su curso estaban diciendo que fue ella quien cortó la relación y que tu estabas destrozado.

Remus no dijo nada, fue Sirius quien habló.

Está destrozadíssimo, ¿no lo ves Prongs? —Sirius, sentando al lado de Remus, se inclinó hacía él y le acarició la mejilla—. Mira esta carita de pena que tiene el lobito. Mira estas mejillas coloradas y estos ojos brillantes... —Sirius hablaba con ironía en sus palabras—. Esta destrozado, pobre... ¿Quieres que te ponga contento?

¡Déjame! —Remus apartó la mano de Sirius mentiras se reía.

James no se había dado cuenta de aquella mirada posterior a aquellas tonterías de Sirius. No sé había dado cuenta que detrás de aquella ruptura, empezaba una nueva relación.

—Tierra llamando a James —la voz de Lily le sacó de su ensimismamiento—. ¿Estás bien?

—Sí, sí... Solo estaba pensando.

—¿Lo asimilas?

—¿El que? —dijo James, aún no puesto al máximo en la situación.

—Lo de Sirius y Remus...

—Creo que ya hato algunos cabos...

Se hizo un silencio.

—Yo no entiendo nada... —añadió Peter, que no se había movido de la butaca roja—.

Lily soltó una carcajada.

—¿Estáis los dos ciegos o qué? —bramó indignada—. ¿Como es posible que no os hayáis dado cuenta en todo este tiempo? Joder, yo llevó oliéndome desde antes de las vacaciones de Navidad... El año pasado ya había algo raro entre ellos, pero creo que no se dieron cuenta ni ellos mismos... ¡Es tan evidente! —James y Peter la miraban mudos—. ¿Como no os habéis dado cuenta? Dormís en la misma habitación, estáis todo el día juntos y son vuestros amigos... De verdad que no lo entiendo.

—Sigo pensando que es imposible... —dijo James—.

—Pues abre los ojos, cariño... Si ese mapa no miente, lo que yo creía es real y vas a tener que aceptarlo —dijo complacida Lily.

—Yo no digo que no lo acepte —dijo James con brusquedad—. Solo digo que no me cuadra... Es raro ¿Sirius y Remus? Somos amigos desde siempre y realmente nunca había sospechado nada, nunca se me había pasado por la cabeza...

—A mi sí —dijo Peter retraído y con voz baja—. Quiero decir... Que yo si que me había dado cuenta, se me había pasado por la cabeza pero no le di importancia...

—¿Por qué no me dijiste nada, Wormtail? —dijo James—.

—Lo pase por alto, supongo... Creí que eran imaginaciones mías —añadió—.

—Pues ya ves que no —dijo Lily—. Y, ¿a que no sabéis quien esta a punto de entrar por esa puerta? —dijo señalando la entrada a la Sala Común—. Si este Mapa dichoso no se equivoca, los protagonistas de este romance secreto van a entrar en tres, dos, uno...

Sirius y Remus aparecieron el uno al lado del otro, mirándose y riendo de algo que iba diciendo Remus. Ambos caminaban muy juntos, sus brazos parecían estar conectados el uno con el otro y sus ojos brillaban. Había un color diferente en su piel, un calor que abrumaba sus rostros como un sofoco.

James se quedó quieto y se fijó en la manera en la que Sirius miraba a Remus y viceversa. Sus ojos cambiaban de forma, se dibujaba una sonrisa en sus rostros la cual James no conocía. Había algo diferente entre ellos y fue en ese momento en el que supo con certeza que el Mapa no se había equivocado y que Lily tenía razón.

Lily estaba sentada en el sofá rojo con las piernas subidas sobre los almohadones. Peter se había quedado petrificado en la butaca y James estaba parado en frente de la chimenea, mirando a Sirius que se acercaba hasta ellos junto a Remus.

—¿Aún estáis aquí? —Dijo sonriendo. El rostro de Sirius estaba sumergido por una enorme sonrisa que surcaba toda su cara y le envolvía una aura de alegría—. Pensábamos que ya estaríais arriba.

James le miraba sin expresión en su rostro.

Lily no pudo evitar reír.

—Os estábamos esperando —dijo la chica entre risas—.

—¿Y a ti que te pasa? —Sirius la miró y se sentó en el sofá rojo, a su lado—. ¿Qué, Evans... Le has dicho ya que sí al pesado de mi amigo? —Sirius rodeó a Lily por los hombros y miró a James—. Espero que sí, por qué no aguantó más su depresión... Te lo digo enserio, lo tienes desesperado.

—Sí, Black... Estamos juntos —dijo la chica con una sonrisa mientras miraba a James—.

—¡Peter ves a buscar el Whisky que tengo bajo la cama y hagamos una fiesta! —Sirius gritaba con energía mientras Remus y Lily reían. James y Peter no gesticularon palabra y le seguían mirando esperando a poder reaccionar y decir algo sobre el tema.

La sonrisa de Sirius menguó en ver que James estaba en esas condiciones, con el rostro serio y las cejas fruncidas.

—¿No se supone que tendrías que estar saltando de alegría? —dijo Sirius.

—¿Donde habéis dejado el chocolate que ibais a buscar? —pronunció James con absoluta serenidad.

Sirius dejó de sonreír en acordarse que esa había sido su excusa para poder ir él y Remus a Hogsmeade.

—¿Que?

—¿Donde habéis ido?

Remus empalideció y en seguida vio el Mapa sobre las faldas de Lily y entendió. Remus se dio cuenta de lo que había pasado y de lo que habían hecho. James les había visto en el Mapa, había visto sus huellas. James lo había descubierto, los habían descubierto. Quiso que la tierra lo tragara.

Sirius tardó en responder.

—Te lo he dicho antes, Prongs —dijo intentando disimular su nerviosismo—. Hemos bajado a las cocinas a por chocolate, pero el gordo de Remus se ha comido todo el chocolate que traíamos...

—¿A sí? —dijo James alzando las cejas—.

—Sí —Sirius volvió a sonreír nervioso—. ¿Que pasa?

—¿Y que mas se ha comido Remus? —dijo James—.

Lily pegó un saltó.

—James, no creo que sea la mejor manera de... —dijo Lily intentando relajar la situación—.

—James, podemos explicarlo —sentenció Remus bruscamente—. No es lo que parece...

—¿Que no es lo que parece? —bramó James indignado—. ¡Pues mas vale que me expliquéis que es lo que es esto, por qué yo no entiendo nada!
—El que no entiende nada aquí, soy yo —dijo Sirius—. ¿James, que significa todo esto?

—James nos ha visto en el Mapa, Sirius —confesó Remus que había entendido lo que estaba pasando y lo que James había descubierto—. Ha visto nuestras huellas... Lo sabe.

Los ojos de Sirius se abrieron como platos y miró a su amigo.

Los había pillado.

El sofá lo estaba engullendo.

Sirius se sintió pequeño dentro de aquella estancia. Sus amigos se hacían grande ante él mientras Sirius menguaba frente a ellos. Todo se estaba tornando muy complicado. Frente a estas situaciones, Sirius, no sabe como actuar.

—¿Supone esto un problema, James? —El rostro de Sirius se volvió apagado y habló muy serio, con la voz grave y mirando a su amigo directamente a los ojos. Realmente le preocupaba la manera en la que James podría reaccionar.

—¿A que te refieres?

Sirius se levantó y se puso al lado de James.

—¿Que sepas esto, mi condición, cambia algo entre nosotros? —Sirius hablaba con la verdad en los labios.

—No entiendo...

—Qué si vas a seguir queriéndole a pesar de su condición sexual —se limitó a decir Lily.

James miró a Sirius alterado y molesto.

—¿Tu eres tonto? —dijo—. ¡Eso no tiene nada que ver! ¿Por que clase de homófobo me tienes? —Se giró hacía Remus—. ¿Es por eso que ninguno de los dos me había dicho nada, no? —Remus y Sirius callaron y dejaron que James hablará—. No puedo creer que mis dos mejores amigos creyeran tal cosa de mi... ¿Por qué, acaso he hecho algo que os incitara a pensarlo? Creo que no... No sé, pero si actuó de esta forma es por qué me siento engañado, no por qué me moleste que seáis novios...

—No somos novios —dijo Remus—.

Sirius le miró colorado.

—A Sirius no le gusta esa palabra... —añadió intentando destensar la situación—.

—Preferimos no ponerle nombre —dijo Sirius sonriendo sutilmente—.

James parpadeó enmudeciendo de golpe.

—Estoy flipando...

Lily empezó a reír.

Peter no decía nada, se había quedado quieto en la butaca mientras observaba la escena desde fuera, como un mero espectador.

—James —dijo Remus— sé que esto se te está haciendo difícil...

—No sabes cuanto.

—Pero, tienes que entender que nosotros tampoco estábamos muy seguros de lo que estábamos haciendo y de lo que es todo esto, ni lo que significa... Créeme que a mi también me llevó tiempo asimilarlo —Remus miraba a su amigo con sinceridad—. No se lo hemos contado a nadie, no queríamos que nadie se enterará, es como algo prohibido y hacerlo público podría ser peligroso...

—Pues, no es que sepáis disimular muy bien... —añadió Lily cortando el discurso de Remus—.

—¿Por qué lo dices? —dijo Sirius—.

—Yo ya me había dado cuenta —Lily seguía sentada en la misma posición en el gran sofá—. Sé os notaba demasiado. Todas esas miradas, esos roces, esas palabras tan afectuosas... Por favor, chicos —dijo mirando a Sirius y a Remus—. He visto bromeando a Sirius con James y con Remus no lo hace de la misma manera...

—¿Se lo has dicho tu? —Sirius se giró hacía Remus acusándolo.

—Yo no le he dicho nada a nadie —dijo Remus ofendido.

—¿Se lo decís a ella y a mi no? —se indignó James.

—¡No estoy ciega! No hacía falta que nadie me lo dijera... —bramó Lily—. Ya os he dicho, se os nota mucho que estáis enamorados...

—¡No estamos enamorados! —Remus y Sirius gritaron a son esas dolorosas palabras.

El silencio se hizo presa de la estancia.

—Entonces... ¿Todo bien, James? —dijo Sirius.

James se cruzó de brazos y no le contestó.

—James no me hagas esto, sabes que si no te lo he dicho ha sido por miedo a tu reacción... Y precisamente mi miedo era a que reaccionaras de esta manera. No quiero que a partir de ahora me mires raro, que dejes de tratarme igual, dejes de hablarme o...

—¿Tu quieres que te pegue una buena hostia, verdad Sirius? —bramó ofendido James—. ¡Eso es lo que más me duele! ¿Como puedes pensar eso de mi? ¡Joder, Sirius... Eres mi puñetero hermano! ¿Como se te puede pasar por esa lúcida cabeza tuya que voy a dejar de hablarte siquiera? ¡Jamás! Y menos por esto...

Todos habían pasado a un segundo plano, ahora solo eran James y Sirius, no había nadie más.

—Lo mas importante ahora para mi es que todo siga igual entre los cuatro... Remus y yo no queremos que esto afecte a nadie, seguiremos comportándonos como siempre lo hemos hecho, como lo hemos hecho todo este tiempo... No quiero que esto afecte, de verdad —dijo Sirius—. Sigo siendo el mismo y Remus también... Nada ha cambiado.

—Si que ha cambiado... Las cosas son distintas ahora, y eso es así —dijo James—. ¡Pero no por tu condición, ni mucho menos! Si no, por qué Remus y tu estáis juntos y eso nos afecta a los cuatro por igual.

—No vamos a dormir juntos cada noche, si es lo que te preocupa —dijo Sirius intentando destensar nuevamente la situación.

—Eso lo dice ahora... —Lily sonreía entretenida.

—Evans, no me ayudas... —dijo Sirius—. Lo que quiero decir, es que si Peter y tu —miró a James— os sentís incómodos en algún momento, Remus y yo podemos mantenerlo todo mas privado y no tenéis por qué presenciar nada que os incomode o os parezca violento...

—¡Pad, esa no es la cuestión! —dijo James—. Yo solo quiero que la próxima vez que pase algo así, ¡me lo contéis! No quiero que volváis a pensar tal cosa de mi, no quiero que tengáis esa imagen de mi, por qué yo no soy así y me duele que hayáis creído eso...

—Lo siento... —dijo Sirius—.

—Chicos —habló Lily—, yo me subo a dormir... Estoy muy cansada, acabad vuestra terapia sin mi.

—Nosotros también subimos ya... —dijo James.

La chica se levantó del sillón y fue hasta James, le besó en los labios con sutileza y se fue hacía las escaleras.

—¡Buenas noches, guapos! —dijo volviéndose hacía ellos—. No le deis demasiadas vueltas al tema, no vale la pena... Dejadlo para mañana que ya estáis muy cansados.

James se giró, de nuevo, hacía Sirius y le miró a los ojos.

—No tengo que perdonarte nada, hermano... Pero me duele que no me lo hayas contado.

Sirius afirmó con la cabeza entendiendo las palabras de James y su posición ante tal situación.

—Chicos —dijo Remus poniéndole a Sirius la mano en el hombro—. Lily tiene razón, es tarde y estamos todos cansados... ¿Por qué no vamos a dormir ya? Mañana lo aclaramos todo...

—Esta bien —dijo Sirius afirmando con la cabeza—. Subamos.

Peter y James subieron primero. Ninguno de los cuatro pronunció palabra mientras subían las escaleras. En pasar por la desviación hacía las habitaciones de las chicas, James se arrepintió de no haberse despedido mejor de Lily, pero había estado demasiado ocupado en su conversación con Sirius, que apenas se había dado cuenta del beso que la chica le había dado.

Sirius y Remus se quedaron en las escaleras cuando vieron que Peter y James habían entrado ya en la habitación.

—¿Estás bien? —Remus puso su mano sobre la mejilla del alterado Sirius que tenía frente a él.

Sirius ladeó la cabeza, negándose.

—Está todo bien, no tienes que preocuparte... James no va a cambiar la idea que tiene de ti... Eres su hermano, Sirius y eso no lo cambia nada. Esto no tiene importancia, James te quiere y esto no es algo que el no sepa aceptar.

—No estaba preparado para contárselo...

—Lo sé.

—Hacía años que se lo quería decir, lo había intentado pero nunca había tenido el valor suficiente... —se sinceró Sirius—. He sido un cobarde y ahora James me odiará por no habérselo contado.

—No seas dramático —dijo Remus.

Remus se acercó a su chico y lo besó con delicadeza en los labios, despidiéndose de él por esa noche. Sabían que una vez dentro de la habitación, no podrían despedirse y darse las buenas noches como les gustaría. No querían incomodarlos y sabían que la revelación de hoy ya era suficiente por hoy para James y Peter.

—Tranquilo y espera a que pase esta noche y James piense sobre todo y canalice la información... —le decía Remus con calma—. Mañana todo estará bien y todo volverá como antes.

—Ya nada va a volver a ser como antes...

—No te preocupes —Remus volvió a besarle y a continuación subió las escaleras hasta la puerta de su habitación.

Ambos entraron en la habitación. Peter ya se había metido en la cama y James aún estaba de pie junto a la suya, esperando a que Remus y Sirius entraran en la habitación. En verlos entrar, se subió a su cama y se introdujo entre las sabanas. Sirius le miró y no dijo nada. Él y Remus entraron y se cambiaron allí mismo. Ambos se pusieron el pijama y se metieron en sus respectivas camas sin hacer el menos ruido ni pronunciar palabra alguna. Todo estaba siendo demasiado incomodo. La tensión en la estancia se podría cortar con un cuchillo de lo materializada que era. James apagó la luz y la oscuridad se hizo presa de la habitación. Ninguno gesticulo palabra hasta que, pasados unas segundos, James habló de nuevo:

—Buenas noches —dijo.

—Buenas noches —respondieron los tres a son y con el mismo tono que él.

Todo volvió a sumirse en el silencio.

¿Estás bien?

El niño de cabellos negros y ojos grises estaba sentado frente a la puerta de uno de los compartimentos. La puerta estaba cerrada y él la miraba con los ojos rojos y las cejas fruncidas.

Déjame —dijo el niño mientras miraba la puerta iracundo.

Esta bien, pero la puerta no tiene la culpa... —dijo el otro niño, de pie frente al moreno sentando en el suelo.

El moreno subió los ojos hacía el niño que se había parado frente a él y lo miraba curioso. Tardó unos segundos en reaccionar pero, al instante, se sintió interesado en saber que hacía allí parado frente a él.

¿Que quieres? —dijo molesto—.

Soy James y yo también estoy solo...

Yo no estoy solo.

¿Y por qué estás aquí tirado en el suelo... solo?

El niño del suelo se levantó de un salto.

¡Por qué los idiotas que hay aquí dentro —se acercó a la puerta del compartimento y le dio una patada— me han dejado fuera! Pensaba que eran mis amigos, pero ya ves... ¡Ya no te puedes fiar de nadie! —gritó con la intención de que aquellos que estaban dentro le oyeran—.

¿Quieres que busquemos un compartimento tu y yo? —propuso James—.

El niño frunció el ceño y lo dudó por un momento.

James le tendió la mano y el niño, sintiendo curiosidad hacía ese hecho de simpatía, se la cogió.

Soy Sirius —dijo apretando su mano—.

Guay —añadió feliz James—.

Los dos niños, caminaron a través del largo pasillo del vagón. Se paraban y abrían la puerta de cada compartimento que encontraban para comprobar que estaban vacíos. Finalmente encontraron uno en el que perecía haber sitio para ellos dos. Entraron y encontraron otro niño. Su cuerpecito estaba apoyado contra el ventanal y el traqueteó del tren movía su cabeza sobre el cristal.

El niño, sorprendido por la intrusión de James y Sirius a su compartimento, dio un respingo.

Hola —dijo James entrando y sentándose frente al nuevo conocido—. Soy James Potter —le tendió la mano—. Encantado.

El niño dudó mirando su mano, finalmente se la tendió.

Sus ojos, tristes y cansados, parecieron brillar por un segundo en ver sentarse a Sirius a su lado.

Yo soy Sirius... —el chico imitó a James y tendió su mano ante el desconocido del compartimento que acaban de abordar—... Black.

El niño cogió su mano y la apretó.

Remus Lupin.

Mola el nombre —exclamó James.

Gracias —dijo dibujando una tímida sonrisa.

¿Tu también estás solo, Remus Lupin? —dijo Sirius mirando a su nuevo compañero de viaje.

El chico le miró curioso y sin entender.

No té asustes —añadió James—. Nosotros también lo estamos y como no teníamos donde ir, hemos buscando juntos un compartimento.

Y como hemos visto que no había nadie contigo —decía Sirius mirando a Remus con una sonrisa—, hemos pensado que te iría bien un poco de compañía... Así que, aquí estamos.

La puerta volvió a abrirse con suavidad. Una manita tímida movía la puerta para que se abriera. Una cabeza se asomó a través de ella. Era otro niño.

¿Puedo entrar? —dijo el nuevo compañero de viaje.

¡Adelante! —exclamó James con energía —Soy James Potter.

Sirius Black.

Remus Lupin.

Yo soy Peter Pettigrew —dijo el recién llegado.

Peter se sentó al lado de James y enfrente de Sirius. Se quedó mirando a sus nuevos compañeros durante unos segundos hasta que consiguió la fuerza suficiente como para hablar.

Mis padres me han dicho que haga amigos —dijo—. Me dijeron que entrara en un compartimento y preguntara si podía sentarme... No sé me da muy bien hacer amigos, pero lo intento.

Pues hoy es tu día de suerte, Peter —dijo James con una sonrisa.

James sintió como si cayera. Como si sus pies flaquean. Sintió como una helada brisa recorría sus piernas. La sabana apenas cubría su cuerpo y un sutil viento entraba en la habitación, colándose desde el ventanal. Se incorporó. Había una luz encendida, pensó. Pero en fijar sus ojos en el ventanal se dio cuenta de que no. Era la luna que iluminaba con claridad la estancia oscura. La pálida luz iluminaba la poca visión de James en esa oscura realidad. En incorporarse y mirar hacía el ventanal pudo distinguir la firme figura de Sirius, sentado en el borde de la ventana.

Se levantó y fue hasta él intentando no hacer ruido.

—¿No tienes frió? —dijo James cuando estuvo justo detrás suyo—.

Sirius se giró sorprendido mientras el humo se le escapaba por los orificios nasales. Miró a James y negó ladeando la cabeza. James sonrió y se sentó a su lado pidiéndole con la mano en el cigarrillo que estaba Sirius fumando. Sirius le dio una calada antes de dárselo a su amigo.

—Queda poco para la luna llena —dijo James mirando la blanca y esbelta figura adherida sobre el cielo. La luna se encontraba en lo alto del cielo, iluminando sutilmente sus rostros con una luz blanquecina.

—Sí...

James y Sirius echaron el humo a la vez.

James devolvió el cigarrillo a su amigo y este volvió a darle otra calada.

—Siento haberte gritado antes y haber reaccionado de esa forma... —dijo James en un hilo de voz—. Tendría que haber pensado en lo difícil que ha tenido que ser para ti y para Remus... He sido un poco egoísta y lo siento.

—No, James —Sirius miraba el cigarrillo en su mano—. Yo lo siento, debería habértelo contado desde el principio y todo hubiera sido mas fácil, nada de esto hubiera pasado. Pero supongo que ese siempre ha sido mi secreto, algo con lo que había aprendido a vivir.

Hubo un silencio.

—Cuéntamelo ahora... —James miró a su amigo.

Sirius tosió.

—¿Todo?

—Todo —sentenció James—. Desde el principio, quiero saberlo todo.

Sirius sonrió dando otra calada.

—Remus no ha sido el primero, han habido otros chicos pero nada importante —Sirius se miraba las manos. Hablaba lentamente, las palabras se arrastraban saliendo a trompicones por sus labios como si fuera difícil. Realmente lo era—. Me di cuenta en tercer curso. En realidad, siempre lo había sabido pero era como que estaba mal ¿sabes? Yo mismo me hacía creer que era algo malo, algo que no estaba bien... Así que, lo escondía como podía...

—¿De ahí viene tu faceta de mujeriego?

—Saciaba mis ganas con chicas... —dijo Sirius dando la última calada al cigarrillo.

Inmediatamente sacó la cajetilla que tenía en le bolsillo y sacó dos, uno se lo tendió a James y el otro se lo llevó a los labios. Sacó el mechero y en encenderlo, se lo dio James que imitó sus pasos. Ambos aspiraron al mismo tiempo el humo del cigarrillo, sintiendo como el humo atravesaba su traquea y llenaba sus pulmones.

—Jamás se lo he contando a nadie —continuó diciendo Sirius—. He pasado mucho miedo y no quería que se materializara en contárselo a alguien, debes entenderlo.

—Lo entiendo...

Sirius suspiró.

—Te entiendo, Sirius... No voy a juzgarte, no ahora, no por esto —James hablaba con pausa y muy seguro de sus palabras.

Sirius le sonrió complacido.

—¿Y Remus? —James sonrió, torciendo los labios—. ¿Desde cuando? Y... ¿Como?

Sirius empezó a reírse enternecido y recordando todo lo que había pasado con Remus desde el principio. Se relamió los labios y miró James sonrojado.

—No hace mucho, la verdad —dijo Sirius—. Todo empezó antes de Navidad, la Noche del Baile...

—¿La Noche del Baile, cuando estuvisteis los dos solos durante la transformación de Remus?

Sirius asintió.

—Pero ¿os gustabais o qué...?

—Fue muy rápido todo... El siempre me ha atraído, siempre me ha parecido interesante —James se reía ante tal situación—. ¡No te rías, capullo! Esto me cuesta mas a mi que a tí...

—Lo siento, lo siento —se disculpó James—. Continua...

Sirius le dio una calada al cigarrillo que temía por expirar.

—Supongo que Remus se dio cuenta de que últimamente le miraba mas de la cuenta... No quería admitirlo, no quería admitir que Remus me gustaba porqué sabía que era algo bastante imposible... Estaba Alma y él nunca me había demostrado un sentimiento reciproco, así que me decía a mi mismo que no podía ser, no Remus —aseguró Sirius—.

James le escuchaba con las cejas fruncidas y los ojos fijos en el rostro de su amigo. Sirius miraba hacía la oscuridad de la noche mientras hablaba y materializaba todo aquello que le había estado aterrando.

—¿Y que paso la noche de Navidad para que las cosas cambiaran? —preguntó James—.

—Le bese —el humo salió por los orificios nasales de Sirius en decirlo—. Le bese y él me siguió el rollo, así que ahí empezó todo...

James sonrió intentado imaginar el momento.

—Pero salió la luna antes de poder llegar a mas...

—Salido... —rió James—. Ya decía yo que aquel día en el tren Remus estaba muy raro... Tu no, sabes disimularlo todo muy bien, pero él estaba especialmente distante...

—No me aceptó en un momento. Fue a los días cuando recapacito y lo asimiló todo bien... No sé como lo ha llevado él, pero según me ha dicho, nunca había sentido nada por ningún tío... —le confirmó Sirius—. Así que en un principio, no quiso saber nada de mi... Me rechazó pero luego se arrepintió. Durante las vacaciones de Navidad, cuando estuvimos en tu casa los cuatro...

—¿No? —dijo James con una sonrisa—. ¿En la tienda de campaña?

Sirius sonrió y asintió.

—Dios...

—Me besó en la estación cuando fui a buscarle... Fue él quien lo hizo y a partir de ahí, todo fue genial —dijo con una sonrisa y con energía, enfatizando las últimas palabras.

—¿Y Alma?

—En cuanto llegamos a Hogwarts, la dejó...

James asintió, recordando aquellos días.

—Entonces, ¿todo bien, estás contento? —preguntó James a su amigo, interesado en saber como se sentía estando en una relación—. Tu nunca habías sido de estas cosas, de relaciones... Me sorprende...

—A mi también, la verdad —respondió con una sonrisa—. Se me hace muy difícil, pero con él me siento diferente... Todo es como debería ser, es como si hubiera tenido que ser así siempre y ahora, que al fin estamos juntos, es genial... —rió—. Parece una tontería, pero es la única manera que sé de describirlo como me siento... Genial —dijo eufórico.

—Me alegro muchísimo, hermano —James colocó su mano sobre el hombro de Sirius y le dio un suave golpecito amistoso—. Me alegro por los dos, por qué al fin podéis estar bien y juntos.

Sirius asintió.

—Gracias, Prongs —Sirius le sonrió—. Significa mucho para mi, enserio... —hizo una pausa—. Intentaré no meterle mano a Remus mientras estés delante, ¿vale?

Ambos rieron, las cosas volvían a ser como antes. La tensión había desaparecido.

—Vale...

—Pero no me hagas mucho caso, solo he dicho que lo intentaría... —bromeó Sirius—.

Los cigarrillos expiraron y la noche se volvió mas oscura.

James y Sirius se quedaron un rato mas ahí sentados antes de volver a sus respectivas camas. Al día siguiente, su rutina de clases, continuaba. Las cosas iban a seguir su ritmo, solo que ahora todo sería un poco más fácil para Remus y Sirius. No tendrían que esconderse de James ni de Peter, no tendrían por qué mentir sobre a donde van o escaparse sin que sus amigos lo supieran. Todo iba a ser diferente en muchos sentidos. James parecía haber aceptado de buena manera esta relación, Sirius había perdido el miedo que acechaba sobre la reacción de su amigo. Lo había subestimado, James era mejor, mucho mejor de lo que Sirius había creído. Ahora valoraba mucho mas a su hermano. De alguna manera se sentía mal consigo mismo por haber creído tal cosa de James, pero Sirius aveces se comportaba como un cobarde. Por ahora, era feliz. Lo tenía todo, podría conseguir todo lo que se propusiera. Tenía al lado todo lo que da felicidad. Se sentía fuerte.

El tiempo pasaba, las estrellas brillaban y la luna resplandecía blanca y tranquila, Sirius la miraba. Ella era, por ahora, su único enemigo.

Hace mucho que no comentaba nada. He estado publicando con mucha frecuencia, más o menos, uno por semana. No publicó con ningún orden pero procuro organizarme mejor para escribir y tener tiempo para dedicarme a hacerlo.

Esto se está acercando a su final... El secreto pronto se acabará.

Pero no tengo ganas de dejar de escribir sobre estos dos y me gusta la historia que he creado detrás de Sirius y Remus. Así que quiero seguir con el mismo hilo conductor.

Este fic no tendrá más de 23 capítulos, según tengo planeado hasta ahora, así que a partir de ahí todo seguirá. Los Merodeadores seguirán en su séptimo curso y acabarán la escuela y los estudios. Todo con normalidad. La idea que tengo y todo lo que quiero escribir empieza a partir de su salida de Hogwarts. Escribiré lo que pasó durante el tiempo que estuvieron luchando en la Primera Guerra Mágica. Esto me llevará seguramente unos 15-20 capítulos. Aún no tengo nada claro en cuanto a longevidad. De momento solo quería decir eso... El secreto no se acabará aquí. Tengo muchas cosas en mente.

Espero saber que les parece la idea de la continuación. Se aceptan sugerencias.

En cuanto al capítulo... Ahora la relación entre Remus y Sirius está consolidad, más o menos. Creo que para que una relación acabe de consolidarse debe pasar por muchos baches, debe de afrontar muchos problemas y adversidades. Y creo que esas son las relaciones más verdaderas, esas que a pesar de todo lo que les enfrenta el destino, siguen adelante. Remus y Sirius son el ejemplo que quiero mostrar como pareja.

Ellos ahora tienen 16 años, se relación o la relación que puedan tener necesita tiempo. Una historia suele perder mucho cuando se explica demasiado una relación en la cual todo va bien, por qué no hay nada que te enganche, no hay problemas que nos hagan quedarnos a ver mas. Por eso quiero terminar ya esta parte de la historia de la relación entre Sirius y Remus. Ellos, a partir de este momento, tendrán una relación estable y normal. La época en la que a medida que se vayan descubriendo acabaran admitiendo que se aman. Y cuando empiece la continuación será cuando su relación se ponga a prueba y realmente sabremos si ellos seguirán amándose después de todo lo que tendrán que afrontar.

Necesitaría saber que es lo que aquellos que siguen esta historia, dejen su opinión y me digan con sinceridad que es lo que opinan sobre una continuación después de Hogwarts... Me gustaría saber que es lo que opinan, de verdad.

Como último, dar de nuevo las gracias a todos aquellos que leen esta historia y la siguen. Estaré eternamente agradecida. Espero que hayan disfrutado este capítulo 19 y tengan ganas de saber como acaba todo esto... El curso esta llegando a su fin, igual que este fic y eso significa un final ¿feliz? Espero que sí... Hasta el próximo capítulo...

Besos, Lúthien,