Kayle vestía unos pantalones holgados de tela color veis y una camiseta blanca ajustada de tiras que resaltaba todo su "busto". Podía decir, sin temor a equivocarse, que era la primera vez que llevaba ropa que no escondiese la feminidad de su cuerpo.

Los pasillos parecían construidos para gigantes y el mismo camino se hacía eterno, hasta que, por fin, llegaron al comedor. Alumbrado por una luz rosacea que emanaba de majestuosas gemas suspendidas en el aire y que se reflejaban, casi como en un cristal, en las interminables filas de mesas. No hacía falta hacer cola pues, una vez que te sentabas, varias de las gemas de menor tamaño bajaban del techo para servirte la comida, proyectandola en la cristalina superficie.

Siguieron a la chica del riflehasta que ella encontro su mesa y lograron abrirse paso entre la multitud. Se sentaron en uno de los estremos, Kayle fue la última.

Caitlyn comía higado de yordle y Nidalee, habiendo perdido toda feminidad, desgarraba con los colmillos una pieza de caza. El ángel estaba a punto de dar el primer bocado a un muslo de perdiz cuando notó un escalofrío turbador subiendole por la columna.

En los asientos libres a los lados se sentaron, justo enfrente, un gigantesco oso polar acorazado y, al lado derecho de Kayle, una joven de largos y finos cabellos del color de la nieve. Le fue imposible evitar desviar su mirada a aquellos labios mortecinos, rojo palido como tumba de rosas bajo el hielo. El ángel agachó la cabeza al tiempo que Ashe se volvió. Su semblante era frío, como todo en ella. Kayle metió un pedazo de carne en la boca y empezó por fin a comer, ignorando su presencia lo mejor que pudo. Entonces, la arquera de hielo clavó sus ojos grises en ella, se podía sentir la intensidad de su mirada. Repasó su cuerpo hasta llegar a las alas. El oso polar, que desgarraba con enormes zarpas y afilados colmillos la panza de una gran foca, también la vigilaba insistentemente pero, aunque se sentía amenazada, predominaba en Kayle la turbadora curiosidad que se había despertado en lo mas profundo de su ser.

Aunque no lo confesaría hasta mucho después, era la primera criatura que había conocido capaz de alterar su atmosfera helada tan solo con su aura. Ashe posó sus ojos en el plato y comenzó también a comer.

Entonces ocurrió algo inesperado: Pasado un buen rato, se acercaron a la mesa un grupo de personajes de aspecto bárbaro, de guerreros clásicos de antiguas leyendas. Sus risas eran potentes y se oían con sorprendente claridad sobre el bullicio, mientras, llenaban los silencios con largos tragos de cerbeza:

TRYNDAMERE.-(orgulloso, va primero a la cabeza. Le pone una mano en el hombro a Ashe. A Volibear se le eriza el pelaje casi inperceptiblemente) ¡Princesa! Siempre os ruego que os senteis con nosotros y nos honreis con vuestra presencia pero, sin embargo, cada día que pasa me resulta más difícil dar con vos en el comedor, a pesar de que sabeis de sobra donde está nuestra mesa ¿Acaso preferís la compañía de ese "oso roñoso" a la mia propia? (su voz se torna divertida cuando se refiere a Volibear, intentando desacreditarlo).

(Olaf le mira de reojo y gruñe. Sejuani mira al oso con tristeza y se gira como faltandole alguien).

ASHE.-(se muestra impasible ante la voz grave y raspada del gran guerrero y ni siquiera le mira a los ojos mientras habla) No, "mi principe", tan solo me gusta comer disfrutando de la tranquilidad y tu compañía, sin animos de ofender, esta sobrada de bullicio y festejo ¿Entendeis vos mi deseo? (pronunció sus últimas palabras con consciente seducción).

Olaf se rió y golpeó a Pantheon, quién le devolvió una carcajada sonora. Estó no gustó a Tryndamere, pues Ashe siempre se las arreglaba para escaquearse, cuando se suponía que tenían un pacto, que habían acudido a la Liga de Leyendas como representantes de dos reinos que se unen para formar alianza. Pero, desde su llegada, la princesa de Freljor no se comportaba como "su" princesa, es más, lo evitaba.

Tryndamere agarró a Ashe por el brazo con su enorme mano y la levantó (realmente, con lo liviana que era no parecía difícil). Kayle se giró bruscamente sin poder disimular su asombro. Volibear enseño los dientes. El guerrero estaba complacido de que ahora todos a su alrededor le miraran. Sujetó a la arquera por la cintura y la apretó con prepotencia contra él. Olaf y Pantheon callaron de pronto y Sejuani aparto la mirada. Era obvio que Ashe estaba como mínimo sobradamente incomoda y que la fuerza ejercida sobre su delicado cuerpo era excesiba:

ASHE.-(le hace una señal a Volibear de que no intervenga, que el oso capta en seguida y se tranquiliza. Ashe agarra también al bárbaro por la cintura) Siento haberle ofendido "mi hombre".(Volibear apartó la mirada, por el contrario, a Kayle se le encendió la suya) Vuestros deseos me importan más de lo que creeis y si os complace que coma con vos así lo hare.

Pero Tryndamere no era la primera vez que pasaba por esto y escuchaba de su voca aquellas palabras tranquilizadoras. Sus compañeros ponían en duda su relación con Ashe y se reían mientras pensaban en como ella jugaba con él, el gran rey de los bárbaros del Norte. No podía permitir que lo humillase de aquella forma y debía enseñar quién era realmente. Así que, esta vez, le pidió algo más:

TRYNDAMERE.-Entonces preciosa, no te molestara que te robe un beso (la apreto más contra él mientras con una de sus manos bajaba más abajo de sus caderas).

Ashe sabía que si lo rechazaba encolerizaría. Ella se había unido a él por voluntad propia para obtener fuertes aliados con los que acabar con la guerra civil que asolaba Freljord y a cambio, los barbaros tendrían un hogar en el que asentarse, pero, el pacto de alianza tradicionalmente se hacía mediante el matrimonio. El sacrificio era necesario por el bien de su pueblo... pero cada día que pasaba en ese extraño lugar, todo lo vivido en el exterior se le hacía más lejano. Tryndamere no le gustaba, no lo soportaba, pero este tipo de cosas eran normales en los matrimonios de conveniencia, era lo que le tocaba y sabía que no debía interponer sus sentimientos a su deber... pero era tan infeliz...

Los ojos de Ashe se mojaron de un triste brillo, no podía disimular del todo sus sentimientos, aunque intentase ser fría como la nieve. Se acerco al rostro aspero del guerrero, obediente, y siguió interpretando su papel, intentando que no se notase sus verdaderos pensamientos y, cuando iban a sellar su pacto con un beso, Kayle se levantó bruscamente de la mesa golpeándola con las palmas.