Narcisa Malfoy suspiró mientras dejaba pasar su vida frente a sus ojos, ¿qué es lo que estaba haciendo con su vida? Ya estaba en edad de poder cuidar a su nietos, de hornear pasteles para ellos y verlos crecer mientras sus hijos hacían una vida plena y feliz al lado de unas mujeres buenas que procuraran su felicidad tanto como ella lo había hecho.

Pero no era así, ahí estaba, esperando a que su amado esposo regresara del hospital en el que trabajaba y anhelando una de las pocas visitas que sus hijos se dignaban a hacerle, como Draco lo había mencionado, él no iría ese fin de semana por asuntos de negocios, Bill y Neville sí irían, pero ya muy tarde ese mismo sábado.

Mientras tanto ella estaba ahí, sentada en el mullido sillón y aburrida como una ostra, ni siquiera arreglar su bello e inmaculado jardín la entretenía ya.

El sonido del timbre la sacó de sus melancólicas elucubraciones, se apresuró a la puerta donde volvían a hacer sonar el timbre, al abrirla, se encontró con dos bellísimas mujeres que la miraban sonrientes.

—Señora Malfoy, espero que se acuerde de mí, soy Fleur, nos conocimos en la fiesta de Mónica Granger— Narcisa reconoció a la imponente jovencita que había conocido hacia unos días, hermosa, decidida, directa y muy amable, también la mejor amiga de Hermione.

—Por supuesto que te recuerdo, Fleur, pasa por favor— la muchacha aceptó la invitación y entró a la blanca y hermosa residencia de la mujer.

—Esta es Luna Lovegood, una buena amiga de Hermione y mía— presentó la rubia joven a la mujer, Luna, como siempre, saltó a sus brazos y se presentó con todo el encanto que sus padres habían implementado en ella.

—Es un gusto conocerla, señora Malfoy— saludó la joven después de besar ambas mejillas de la mujer.

—Lo mismo digo, pero por favor chicas, llámenme Narcisa, la señora Malfoy es mi suegra, y digamos que no nos llevamos muy bien— las tres mujeres rieron por la broma de Narcisa, la mujer era encantadora a ojos de cualquiera y más para las jóvenes. Se instalaron en la sala donde momentos antes había estado tan triste y sola, y comenzaron a platicar amenamente.

Tan entusiasmada estaba la mujer de su repentina visita, que no se percató, hasta momentos antes, de que Hermione no se encontraba con ellas.

—Bueno, pero… ¿Dónde está Hermione? — Las muchachas se miraron inseguras entre sí, antes de que Fleur contestara.

—De eso queríamos hablar con usted, Narcisa, queremos saber qué es lo que le ocurrió a Hermione antes de irse a Nueva York— le preguntó la joven rubia, tomando su siempre efectiva actitud inquisidora e implacable, sin embargo, ella no sabía que la señora Malfoy había estudiado leyes, y en ese aspecto, superaba a Fleur en experiencia.

—Qué es lo que quieren saber— la directa respuesta de la mujer descolocó un poco a ambas jóvenes, la mirada de Fleur se llenó de admiración y los ojos de Luna de burla hacia su amiga, pero completa simpatía por la mujer.

—Narcisa—intervino la divertida rubia, al ver la conmoción de su amiga— Fleur y yo creemos que usted puede decirnos sobre la vida de Hermione durante sus últimos años aquí en Chicago— terminó suavemente, Narcisa asintió, aunque no estaba del todo segura por qué habían recurrido a ella siendo amiga de Hermione, bien pudieran haberle preguntado a Mónica o su misma amiga.

—Hermione nos ha dicho que nació y creció aquí, pero por alguna razón no le gusta estar aquí y ha evitado hacerlo desde que salió hace cinco años— continuó Fleur, dejando estupefacta a la señora Malfoy, no podía creer lo que le decían.

—No sé qué decirles, tengo una teoría, pero no estoy segura de que sea esa la razón por lo que Hermione ha evitado estar en Chicago, es demasiado…— La voz de Narcisa fue interrumpida por el fuerte estruendo de la puerta siendo abierta.

—Bill, te dije que la puerta estaba abierta, no era necesario que la pateras de esa menara— le reprendía el joven, entrando detrás de su hermano mayor.

— ¡Mami, estamos en casa! —Gritó el hombre, ignorando a su hermano.

—Bill, eres un simio— bufó Neville, entrando con su maleta en mano y corriendo hacia su dormitorio, como cuando tenía quince años y regresaba del instituto.

—Oh, vamos hermanito, no seas una princesa— se burló el muchacho, con su siempre áspero sentido del humor.

—Bill— le reprendió su madre, usando un tono de voz más serio y seco de lo que cualquiera de sus hijos estaba acostumbrando, esto llamó la atención del joven y su hermano, que se había quedado a medio camino de las escaleras.

Al entrar los dos jóvenes a la sala donde su madre se encontraba, se quedaron de piedra, justamente, en frente de ellos en la casa de su madre, estaban las dos mujeres que se habían escabullido de ambos.

La escultural rubia que había impresionado al mayor de los Malfoy, y la otra menuda rubia que se había robado la mirada del hijo menor de Narcisa Malfoy.

—Luna y Fleur creerán que tengo por hijos a un par de barbajanes— los reprendió la mujer, mucho más suavemente ahora que había visto las miradas de estupefacción de sus dos hijos. — Saluden apropiadamente— ordenó e inmediatamente ambos jóvenes acataron.

—Bill Malfoy— se presentó el mayor, mostrando su más seductora sonrisa a la rubia muchacha que aceptaba su mano un tanto irritada.

—Neville Malfoy— saludó el rubio hermano de éste, a la otra que lo veía con la expresión en blanco, asintiendo al muchacho.

—Narcisa, creo que es mejor que nos vayamos— declaró Fleur, acercándose a su amiga y dirigiéndose a la puerta.

—Por favor, muchachas, quédense a comer, podremos hablar más tarde— sugirió la señora Malfoy, un brillo perverso en los ojos de sus hijos hizo desistir a las jóvenes de aceptar la propuesta de la amable mujer.

—Debemos reunirnos con Hermione en unos minutos, será en otra ocasión— intervino Luna, con su expresión tan en blanco como hace unos momentos.

—Regresen pronto, por favor— les pidió dulcemente, mientras las acompañaba a la puerta.

—Lo intentaremos, Narcisa— le aseguró la alta muchacha, mientras salían de la casa y se alejaban lo más pronto posible de aquellos dos canallas.

—Esto será más difícil de lo que pensé— masculló molesta la joven Hale, mientras subía a su auto y salía rumbo a la casa de los Granger.

—Y que lo digas— concordó Luna, tratando de descongelar su rostro.

Mientras tanto, en la casa de los Malfoy, una muy molesta Narcisa reprendía fuertemente a sus imprudentes hijos.

—Primero llegan como si fueran unos mocosos sin educación y luego quieren dárselas de Don Juan en mi presencia, en cuanto llegue su padre sabrán qué es educación si no lo han sabido entender en todos estos años, paso la mayor parte de mis días sola y abandonada por mis tres ingratos hijos y justo cuando una compañía afable y agradable llega hasta mí ustedes las ahuyentan en menos de dos minutos— Narcisa no gritaba, pero sus palabras llenas de furia amedrentaban los suficiente a los muchachos que pocas veces presenciaron a su madre molesta—Ahora, vayan a sus habitaciones, no cenarán esta noche— terminó determinante la mujer, viendo cómo sus hijos marchaban escaleras arriba tan mansos como si tuvieran diez años y no más de veinte.

Ya dentro de sus respectivos dormitorios, los jóvenes Malfoy no podían agradecer más su suerte.

Las mismas muchachas que los habían dejado frustrados, molestos, y hasta cierto punto, desilusionados, a pesar de haber salido con varias modelos muy hermosas, los jóvenes estaban seguros de no haber visto a mujeres iguales, por eso mismo, estaban decididos, a conquistarlas, costara lo que costara, y para eso, los contactos de su madre en aquella ciudad les servirían infinitamente.


Hi! Corazones, sé que no tiene nada de Draco y Hermione aunque lo esperaban, pero ya verán, sean pacientes.

Reviews?

Love always, An


Veo que les ha estado gustando esta historia… :D

Y, como dijo la autora original, sé que esperaban ver a Mione y a Draco, pero ¿no aman a estos cuatro jovencitos? :P

Como siempre:

5 reviews = actualización INMEDIATA!

Con amor,

Old Brown Shoe