Draco despertó, como ya era habitual desde las dos últimas semanas, con un fuerte latido en el pecho, una ligera capa de sudor y la garganta seca de tanto gritar por la noche.
Sus sueños, o más bien dicho, el mismo sueño que había experimentado últimamente no dejaba de atormentarlo, y la situación comenzaba a perturbarlo de verdad.
Desde esa ocasión en la que se encontró con la reencarnación de Afrodita en aquel desfile de modas, no podía dejar de soñar con una chiquilla pecosa y desarreglada, lo cual intrigaba a Draco Malfoy a un nivel demasiado grande.
Se levantó de su enorme cama sabiendo que no podría conciliar el sueño de nuevo y se dirigió a la cocina de su apartamento en el noveno piso de uno de los mejores edificios la ciudad.
Mientras tomaba un vaso con agua helada, recordó la mirada anhelante de una muchachita bajita y desgarbada, cubierta completamente por la lluvia imperiosa de Chicago, con las botas llenas de lodo hasta el tobillo y el cabello hecho una masa enmarañada y pegada en su rostro, un desastre.
Inmediatamente después de aquella imagen se aparecía la hermosa ninfa de la pasarela y él, por más que la llamaba, con una desesperación que nunca antes había sentido, corría detrás de ella para después caer de rodillas a sus pies y descubrir, con creciente horror, que en su mano yacía su latiente corazón.
El sueño en sí era bastante bizarro y confuso, sin embargo, no era aquello lo que más frustraba al joven cobrizo, sino aquella sensación de completa desdicha y vacío que sentía al ver alejarse a la mujer, sin dignarse a voltear siquiera y sin que él pudiera hacer nada para evitarlo.
El joven bufó y terminó su vaso con agua para regresar a su cama y tratar de recuperar un poco de fuerzas, esa misma mañana debía conducir hasta Chicago para la visita a su madre, lo cual no lo entusiasmaba demasiado.
Draco amaba muchísimo a su madre, pero últimamente no paraba de insinuarle que ya estaba en edad de conocer a una buena jovencita y le diera nietos. Con sus hermanos no había tal problema porque Bill le aseguraba que estaba trabajando en ello, lo que dejaba a su madre tranquila aunque en realidad lo que el hijo mayor de Narcisa Malfoy hacía era darle una velada imagen de su alocada vida por las calles de Nueva York; Neville por otro lado, no sufría con ello puesto que su madre aun lo veía como el bebé de la familia.
Debido a esto, Draco quedaba como el único blanco de los anhelos de su madre, quien no se detendría hasta tener al futuro heredero Malfoy.
De regreso en su dormitorio, el cobrizo intentó conciliar de nuevo el sueño, sólo para revolverse en su cama hasta bien entrada la mañana y tuviera que emprender su camino hacia Chicago.
En la costa opuesta de la ciudad, miles de personas revoloteaban alrededor de una bien maquillada y arreglada Hermione, quien se preparaba para el segundo desfile de Chanel del año.
—Repíteme por qué tus amigas decidieron irse al pueblo de mierda, alias Chicago, en lugar de estar en un desfile de Chanel— pidió Oliver Wood, su maquillista personal y uno de sus más allegados amigos, quien había estado ausente durante tres semanas disfrutando de unas bien merecidas vacaciones.
—Se lo prometieron a Mónica— Oliver asintió mientras repasaba una capa de brillo sobre los labios de Hermione.
Oliver Wood era el típico hombre apuesto que todas suponían tenía preferencias diferentes, sin embargo, aquello no podía estar más alejado de la realidad, su amor por el maquillaje había nacido por incentivo de su madre, quien le aseguraba que no había más bello arte que el de trabajar sobre un lienzo tan vivo como lo es el rostro de una persona, más si esta es una Hermione mujer.
Él había nacido cerca de Chicago, y la razón por la que Hermione y él no se habían conocido antes era porque Oliver había pasado la mayor parte de su adolescencia con su madre en Texas, visitaba muy poco a su padre porque él no aprobaba la educación que su ex esposa le implementaba a su único hijo varón. Con el tiempo, Oliver simplemente dejó de visitar a su padre, aceptó que lo creyera homosexual y se dedicó a realizar su sueño de trabajar con las modelos más exclusivas de la industria, una de ellas, Hermione Granger.
—Tu madre puede ser muy persuasiva cuando se lo propone— comentó distraído, revisando que no hubiera ningún defecto en el maquillaje de su mejor amiga.
—Ya lo creo— comentó Hermione, con un bufido.
— ¡Ya es hora! — Gritó alegremente una de las organizadoras, apremiando a que las jóvenes modelos salieran a la pasarela.
—Rómpete una pierna, cariño— le susurró dulcemente Oliver, besando castamente los labios de la castaña y viéndola dirigirse en toda su gracia hacia el escenario.
El pasado fin de semana que había ido a Chicago con sus amigas, después de que se desaparecieran por varias horas y no le dijeran dónde habían estado, Mónica las había convencido de que la visitaran pronto y ellas aceptaron encantadas la invitación, proponiendo por su parte que lo harían todos los fines de semana que tuvieran libres, empezando por ese mismo.
El hecho de que Hermione no tuviera disponible ese tiempo pareció no importarles en absoluto, Fleur se comprometió a manejar todos sus asuntos a distancia, sin descuidar ni uno solo, le pidió a Oliver que acortara sus vacaciones un par de días y estuviera con ella en el desfile, así con todo arreglado y bien organizado, habían tomado el vuelo de Nueva York a Chicago.
Como siempre, la Hermione modelo hizo su trabajo excepcionalmente, dejando a más de uno anonadado con su belleza y elegancia, después de todo, era modelo desde hace más de cinco años y era una de las figuras más reconocidas, aquello era casi natural para ella. Caminó acorde a la melódica canción que estaba dispuesta para el desfile y al final, salió de la mano de Karl para recibir el aplauso general.
Detrás del escenario, Oliver la esperaba con el rostro deslumbrado, sin duda admiraba mucho a su amiga, más porque, a diferencia de Luna y Fleur, él sí sabía todo lo que había ocurrido en Chicago durante sus últimos años de secundaria.
Oliver lo sabía debido a que, tanto como Hermione, había sufrido por todos aquellos que lo molestaban por su pasión al maquillaje, él más que nadie podía entender todo lo que había tenido que pasar, sólo que contrario a su amiga que sólo había sufrido por un chico, él había sido acosado por toda la comunidad varonil.
—Como siempre, ma chérie, perfecto— comentó con una amplia sonrisa mientras la apretujaba en un fuerte abrazo.
Hermione correspondió el abrazo porque no había muestras de afecto que la reconfortaran más que aquellas, para qué negarlo, echaba de menos a la controladora Fleur y a la siempre enérgica Luna, eran sus mejores amigas, su apoyo y compañía, fuera de ellas, de Oliver y de sus padres, no tenía a nadie más, ni siquiera a un pretendiente, ya que su temor y los fantasmas de su pasado la atormentaban demasiado como para permitirle tener una relación normal.
Un viejo sentimiento de amargura subió por su pecho y se instaló en su mirada, quitándole cierta belleza a su fino rostro.
—No pienses en él, por favor—susurró el joven en su oído, regresando a la muchacha de ese mundo lleno de tinieblas.
—Lo siento— se disculpó seria, apartándose de su amigo— Estaré lista en un minuto.
Como lo prometió, casi inmediatamente Hermione estuvo lista para irse del recinto y dirigirse hacia el apartamento de Oliver, donde pasarían una tarde tranquila y relajada para que su amigo le contara su viaje por el mar mediterráneo.
A varios kilómetros de ahí, las amigas de la modelo pasaban una relajada tarde con la madre de su mejor amiga, y la señora Malfoy.
—Muy bien, sé que están aquí para escuchar sobre el pasado de Hermione— soltó a bocajarro Narcisa Malfoy, en un momento en el que Mónica Granger salió de la estancia donde conversaban animadamente desde hacía más de una hora.
—Es muy perceptiva, Narcisa— la alabó Luna, quien también lo era.
—Tengo tres hijos, debo serlo— bromeó la mujer, mientras creaba más suspenso en las muchachas. —Y lo haré, les diré todo lo que sé, pero no aquí, las espero a cenar esta noche en mi casa.
Las jóvenes aceptaron de buen agrado la cena con la agradable mujer, sin saber que en la casa de los Malfoy, esperaban los tres retoños de estos.
¿Cómo ven? Por lo pronto no se van a encontrar, aun.
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