Hermione ingresó al iluminado estudio donde se realizaría la última sesión fotográfica para la colección de Katie, la que se presentaría en la semana de la moda en París y quizá la más importante de todas.
Conocía al fotógrafo, se llamaba Alec, aunque no recordaba su apellido, tenía una hermana que también incursionaba en el mundo del modelaje, pero a criterio de Hermione y varios colegas, incluso su hermano tenía más futuro en ese campo que ella, era demasiado… pequeña, de estatura, porque en edad superaba a Hermione por unos dos años cuando menos.
— ¡Hermione! — La conocida voz de Katie llamó a la joven que iba directo y sin escalas a su camerino para prepararse.
—Katie— saludó la joven, abrazando suavemente a su amiga.
—Alec ya llegó, será mejor que vayas a maquillarte— Hermione asintió y se dirigió junto con su estilista y Oliver al camerino.
—Estás bellísima— admiró el joven la obra que había realizado en su amiga, un maquillaje mucho más dramático al que estaba acostumbrado, pero esa era la propuesta de la campaña para la colección y debía hacer lo mejor posible— Aunque no se compara con tu belleza natural— le aseguró su amigo, haciendo que Hermione se sonrojara, algo poco usual en la joven en los últimos tiempos.
—Eres el mejor, Oliver— Hermione besó ligeramente los labios de su amigo, lo cual ya era costumbre en ellos.
La castaña salió del camerino en una nube de polvo cosmético y suave seda, la sesión comenzó como siempre para ella, con música, era casi como si con cada nota y palabra de la música ella se fuera transformando, logrando así un estilo único en cada pose y cada gesto que hacía.
Alec era un buen fotógrafo, concreto en lo que quería pero con una gran visión y creatividad para cada imagen, cuando sentía que la tensión por una captura no lograda comenzaba a afectarla, el joven le dedicaba una suave sonrisa que relajaba a la muchacha, cosa rara.
—Vamos, preciosa, ésta será la fotografía estelar— sonreía entusiasmado el muchacho, mientras hacia una toma cercana de su rostro, haciendo sonrojar muy levemente a la chica, lo cual no pasó desapercibido para Oliver.
Muchos cambios de atuendo, cerca de mil quinientas fotos, reflectores y tres horas con la misma canción, la sesión terminó.
—Eres increíble, preciosa— halagó Alec a la castaña, mientras repasaba rápidamente las fotos en su cámara y perdiéndose del sonrojo más extenso de la joven.
—Es la mejor— comentó Oliver, rodeando protectoramente a su amiga por los hombros.
—Ya lo creo— sonrió ampliamente el joven, viendo a los chicos abrazados y alejándose de ellos.
— ¿Qué ha sido eso? — Cuestionó medio furibunda la muchacha, su amigo ahogó una carcajada ante la expresión de la castaña.
—Mione, deberías haber visto la expresión en su rostro, te comía con la mirada— se mofó el joven.
—Ese era precisamente su trabajo, Oliver— replicó su amiga.
—En teoría sí, pero créeme, él estaba haciendo algo más que su trabajo— aseguró con voz sugerente el muchacho, mientras localizaba a una bonita morena a quien invitaría a salir.
Hermione se sonrojó, pero por increíble que pareciera, la idea no le molestó, Alec era amigable, un genio en su trabajo, se sentía cómoda a su alrededor y era bastante atractivo.
Después de cambiarse por una ropa mucho más cómoda y su maquillaje volviera a ser natural, la modelo salió de su camerino para encontrarse con un sonriente Alec quien la esperaba sentado descuidadamente sobre una silla.
—Hola, Hermione— saludó con aquella sonrisa que la joven comenzaba a identificar como algo natural en él.
—Qué tal, Alec—contestó tímida, algo bastante extraño en ella.
— ¿Quieres ir a comer? Hay un bar muy cerca de aquí que sirve la mejor pasta del mundo, te lo aseguro— Con aquella mirada cálida, la sonrisa coqueta y el buen ánimo del joven, Hermione no pudo hacer otra cosa que aceptar.
Dispuestos a pasar una tarde agradable después de un arduo día de trabajo y bajo la divertida mirada de Oliver, los jóvenes salieron del edificio, tomaron el ascensor y se vieron inmersos en las turbulentas calles de Nueva York.
En el quinto piso de aquel edificio, un agitado Draco Malfoy subía por las escaleras hasta el noveno piso de éste, no podía creer su suerte.
Primero, su teléfono se había arruinado gracias a una de las tantas bromas infantiles de su hermano mientras estaba en Chicago, por esta razón, no estuvo toda la tarde con su madre ni pudo ser localizado hasta muy entrada la noche, sólo para encontrar una llamada de Katie que no dudó en contestar. La joven le confirmó lo que esperaba, la modelo estaba de nuevo en Nueva York y él apenas tenía el tiempo justo para viajar.
Se le había pinchado una de las llantas en su camino y tuvo que tomar un vuelo dos horas más tarde de lo que esperaba, por lo que ahora llegaba tarde y sólo rogaba porque su Afrodita aun siguiera en aquel estudio fotográfico.
Cuando el rubio por fin llegó a la puerta del estudio se encontró con que la modelo había salido del edificio unos minutos antes en compañía del fotógrafo.
Pero ahí se encontraban la diseñadora y el maquillista de la modelo, la primera se acercó anhelante hacia él, mientras que el joven miraba inquisitivamente al hombre que recién entraba, Oliver Wood podía jurar haber visto ese rostro antes.
—Draco Malfoy, creí que no vendría— sonrió ampliamente Katie, anhelando afianzar una venta de su colección, más porque había reconocido a uno de los mayores empresarios de Seattle y esperaba que el que él comprara una de sus creaciones para su futura esposa le diera un poco más de reconocimiento.
—Hubo complicaciones— dijo con voz ronca, tratando de ocultar su fatiga por la carrera y su frustración por saber que su ninfa había huido de él nuevamente.
Cuando el joven Oliver escuchó su nombre de labios de la dulce Katie, lo reconoció, era él, el miserable que había lastimado profundamente a su amiga y ahora se encontraba ahí, buscando por ella descaradamente, como si no hubiera pasado nada hace cinco años.
De un momento a otro el joven Wood vio todo en rojo, recordó todas las lágrimas que su amiga derramó por aquel oscuro pasado, el frío en los ojos de su amiga y el permanente dolor que se reflejaba detrás de la profesionalidad de estos.
Sin pensárselo dos veces, Oliver avanzó el tramo que lo separaba del joven Malfoy, o bastardo Malfoy como él solía llamarlo en su cabeza, y estrelló su puño contra su nariz.
Hi! ¿cómo ven? Decidí subir capítulo nuevo porque soy más buena que el pan y porque...
No les he agradecido el gran apoyo que siempre me dan pero sepan que son lo mejor del mundo y que sin ustedes no seguiría con esta locura, ¡Las amo!
Reviews?
Love always, An.
¿Qué piensan de Alec? ¿Ya saben quién es su hermana?
¿Quieren el siguiente capítulo? ¡Apuesto a que sí! :D
Para obtenerlo,
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Con amor,
Old Brown Shoe :3
