AUTORA ORIGINAL:
***¡NOTA IMPORTANTE!***
En una o dos ocasiones me han hecho el comentario de que les aburre cómo va la trama, porque no saben exactamente lo que le ocurrió a Hermione y qué hizo Draco, quiero aclarar que en absoluto me molestan esos comentarios, por el contrario, los agradezco, siempre les pido sus opiniones, sean cuales sean.
Para dejar de lado las dudas, solo puedo decir esto: la historia está escrita, no puedo cambiarla ya, si les parece aburrida, no puedo obligarlas a leerla, si quieren que deje de publicar, lo haré, saben lo mucho que me esfuerzo por sobrellevar mi día a día con la escuela y otros asuntos personales, y si hago esto es porque amo escribir, es lo único a lo que me quiero dedicar y ustedes son mi mayor aliciente para continuar con ello.
Lo único que puedo hacer al respecto es tratar, con un esfuerzo sobrehumano, de acelerar la actualización de la historia, para que no pase tanto tiempo entre capítulo y capítulo, pero tampoco quiero subir todos los capítulos y de repente no poder escribir más y dejarlas una larga temporada (como ya me ha ocurrido en otras historias), esa es la razón por la que escribo por adelantado los capítulos y actualizo después.
Como siempre, todo queda en ustedes, con un review, una palabra, yo sabré lo que piensan, porque también sé que a algunas les encanta la historia, solo quiero saber su opinión y dejar en claro algunas cosas, mis oídos y ojos están abiertos para saber lo que piensan, sin más, les dejo este capítulo que espero les agrade bastante.
Besos.
Personalmente, creo que el simple hecho de que no esté mencionando lo que en realidad pasó hace que la historia sea aún más interesante…
Oldie :3 (Yo…)
Capítulo diez.
A pesar de lo que Oliver le había dicho, ahí se encontraba Fleur, frente a la casa de los Malfoy y a unas horas de irse a Milán.
—Fleur cariño, qué gusto verte— la siempre afable Narcisa Malfoy la recibió con una gran sonrisa, después de la conversación que habían tenido acerca de Hermione se habían hecho más amigas, ahora la rubia joven conocía los viejos sueños de la madre de los Malfoy, y ella comprendía un poco mejor la vida de Hermione en Chicago.
—Narcisa, quiero hablar con usted sobre algo muy importante, es Hermione— inmediatamente la dulce mujer se puso en guardia, a pesar de que les profesaba a ambas chicas un sincero cariño, sentía que había algo detrás de todo aquello, algo que incluso Fleur desconocía y que podía dañar a sus hijos.
—Dime— la instó.
—Quiero que mantenga alejado a Draco de Hermione y que si le pregunta, usted no le diga nada sobre ello— la petición descolocó a la mujer.
—No entiendo a qué viene tu petición— para desagrado de Fleur, tendría que explicarle más a fondo la situación.
—En los últimos días Draco ha estado presionando para ver a Hermione, lo cual es imposible, he tenido que amenazarlo con una orden de restricción para que se mantuviera apartado, pero me temo que no lo haga y le pido encarecidamente que me ayude.
—Pero… ¡Fleur! ¿Por qué quieres que Draco no vea a Hermione? Te lo expliqué antes, ellos eran grandes amigos, Hermione pasaba gran parte de su tiempo en esta casa, incluso creí que terminarían juntos, no entiendo…— La joven cortó el discurso de la mujer.
—Su hijo arruinó la vida de Hermione, él la lastimó y la humilló, es por eso que se fue hace tantos años, él es la razón principal para que mi amiga se mantenga lejos de sus padres y del lugar en que nació, ¡su hijo! — Narcisa estaba lívida, no podía creer lo que aquella muchachita le decía, ¿Draco? ¿Su tierno niño? Aquel que defendía a las ardillas del bosque de las manos traviesas de su hermano mayor, aquel que protegía con su vida a sus hermanos, aquel que le daba cartas con soles y girasoles y besaba tiernamente su mejilla cuando tenía el rostro cubierto de chocolate.
—Es imposible, lo que dices no tiene sentido, ¡Draco es incapaz de hacer aquello! — La incredulidad en las palabras de la mujer y su actitud claramente a la defensiva confirmaron lo que ella se negaba a creer y Oliver le había dicho, ella protegería a sus hijos, no la iba a ayudar.
—Lamento haber sido yo la que desenmascarara a su hijo, no le quito más su tiempo— se levantó estoicamente del sofá en el que estaba sentada hace más de media hora y salió sin esperar a que la despidiera, Fleur no sabía qué hacer, se sentía perdida.
Subió a su auto alquilado y condujo de vuelta al pueblo para tomar su avioneta al aeropuerto, la joven rubia no sabía qué hacer, en su torpe intento por proteger a su mejor amiga, a la chica que consideraba su hermana y su familia desde hacía cinco años, había enredado todo más aun y la había puesto en un riesgo innecesario, trayendo viejos fantasmas del pasado e involucrando a más gente de la que hubiera querido, sólo esperaba que las cosas terminaran bien.
Tan ensimismada estaba en sus pensamientos que no notó al camión que cargaba madera dirigiéndose hacia ella, había tomado mal el camino y la colisión era inevitable, o chocaba de frente con el conductor que tocaba su bocina frenéticamente, o chocaba contra los arboles del bosque que rodeaba el camino, optó por lo que pensó más viable, dio un giro a su volante y el auto quedó incrustado entre los árboles antes de que la chica perdiera el conocimiento.
El tránsito en Chicago se le hacía de lo más relajado para Bill Malfoy, había tan pocos habitantes que rara vez había un congestionamiento vehicular, no había bocinas sonando ni accidentes en las calles, pero ese día, algo había ocurrido, una hilera de al menos cinco autos estaba detenido en una de las calles que conectaba con la carretera dirigida hacia su casa y le impedía el paso.
Más por curiosidad que por molestia Bill se bajó del auto para saber qué había ocurrido y si podía ayudar en algo, al cercarse se percató de que hasta la policía se encontraba ahí y justamente una ambulancia estaba llegando en ese momento.
Tuvo que hacerse camino entre las personas para poder hablar con el oficial y que desalojara el lugar para continuar su camino, pero cuando vio una rubia cabellera y un rostro de ángel manchado de sangre y siendo rescatada del auto que se encontraba destrozado, su corazón se detuvo.
Bill no sabía lo que era el miedo, nunca lo tuvo cuando lo inyectaron por primera vez a los cinco años, no lo tuvo cuando bajó su primera colina en bicicleta a los siete, no cuando escaló los tres metros de un árbol, cuando practicaba un deporte extremo, no cuando invitó a salir a su primera novia a los catorce años, no cuando tuvo su primera relación sexual y se olvidó del preservativo, no cuando se peleaba con los chicos del instituto, no cuando se graduó y se mudó de la casa de sus padres, no cuando corría a toda velocidad por las calles de Seattle.
Su tamaño, su fuerza, su actitud, su carisma, su familia, su dinero, su seguridad en sí mismo, todo eso y más lo había protegido desde la infancia para no tenerle miedo a nada, pero ahí, frente a un auto despedazado y una chica inconsciente, se sintió morir, la sangre de sus venas so volvió sólida y su corazón dejó de latir por un segundo, su rostro se volvió pálido, casi tanto como el de la chica que sostenían los camilleros.
Por primera vez en veintiséis años, Bill Malfoy sintió miedo.
Sin pensarlo dos veces se abalanzó sobre la chica que ya se encontraba en una camilla lista para ser trasladada al hospital.
—Fleur, preciosa niña, por favor, háblame, ¡Fleur! — Un nudo más grande que una bola de boliche se iba formando en su garganta al sentir su mano fría y ver su rostro amoratado y cubierto de la sangre que salía de su cabeza.
—Señor, debemos llevarnos a la joven o morirá— ordenó el camillero, la sola mención de esa palabra le erizó hasta el último vello de su cuerpo.
— ¡No! Déjenme ir con ella, por favor— le suplicó al hombre con la voz rota de dolor.
— ¿Es pariente suyo? — El cerebro de Bill comenzó a trabajar a mil por hora, después de su aletargamiento.
Si decía que era su novio, lo más probable era que no le dejaran acercarse y le darían la información mínima, sin embargo, tampoco podía decir que era su hermano, tenía unas ganas tremendas de besarla, aun así como estaba.
—Soy su esposo— el compañero del camillero asintió y permitieron que el mayor de los Malfoy subiera a la ambulancia con ellos.
Durante todo el camino no soltó su mano, a pesar de que los camilleros trabajaban sobre el cuerpo inerte de la chica, no la soltaba.
Según lo que escuchaba y lo poco que recordaba de su curso de medicina, sus signos vitales eran muy débiles, había estado perdiendo una cantidad considerable de sangre, tenía muchas fracturas y hasta era posible que tuviera una contusión en la cabeza.
—Todo va a estar bien, todo va a estar, vas a estar bien— rezaba como un mantra el joven, los paramédicos habían visto incantables veces la misma escena, sin embargo, había algo en la manera en que sostenía la mano de la chica, en su mirada, que los hacía sentir pena, mucha pena por aquel hombretón de casi dos metros y mucha masa muscular, en ese momento parecía más un niño perdido que el hombre que era.
Llegaron como un rayo al hospital de Chicago donde lo separaron de su chica, conocía a Grace, la jefa de enfermeras del área de urgencias, una mujer implacable y además sabía que no era pariente de la chica, así que no le quedó más remedio que quedarse fuera en la sala de espera.
Corrió por los pasillos evitando a varias personas que le gritaban que no lo hiciera, pero estaba desesperado, debía encontrar a Carlisle, su padre la salvaría. Maldijo su suerte por interesarse más en ganar un montón de dinero que por continuar con el legado familiar y ser médico, él hubiera podido hacer algo, pero no, estaba ahí, desesperado corriendo por entre los pasillos para hallar a su padre.
—Papá— llegó sin aire y con la cara crispada por los nervios.
—Hijo, ¿qué ocurre? — Lucius Malfoy nunca había visto en su vida a su hijo tan alterado, no era propio de su carácter.
—Sálvala, sálvala, sálvala— comenzó a pedirle frenéticamente, el hombre no entendía nada, ¿salvar a quién? ¿De qué?
—En urgencias, ve, rápido, sálvala— fue lo último que dijo antes de romper en llanto, el hombre no necesitó más, se aseguró de que el ataque de su hijo sólo fuera una acceso de nervios que pronto pasaría y salió rumbo a la sala de urgencias.
Reconoció de inmediato a la chica, Fleur Delacour, la amiga de Hermione Granger, era la única persona recién ingresada a emergencias, después Grace le confirmó que su hijo había llegado con la chica.
Después de que le dictaran el diagnóstico y él mismo pudiera revisarla, ordenó todo.
—Preparen para cirugía— "No te preocupes hijo, voy a salvarla".
El aeropuerto de Milán era un caos total, gente iba y venía por todas partes, Hermione no se había sentido así de perdida desde que llegó a Nueva York cuando tenía sólo dieciocho años.
¿Dónde diablos estaba Fleur? Se suponía que debía estar allí, se lo había asegurado en la pequeña nota que había dejado en su apartamento, se había ido como a las cinco de la mañana por lo que podía notar y le había asegurado que la encontraría ahí.
Su teléfono comenzó a sonar y rogó porque fuera ella, pero era Alec, desde su cena su relación había avanzado, él le había pedido la oportunidad de formar parte de su vida y ganarse su confianza, ella había aceptado, por supuesto.
—Alec.
—Hola preciosa, ¿aterrizaron bien? — su voz afable y coqueta la tranquilizó un poco.
—Fleur no está, Oliver tiene una sesión fotográfica y no llega hasta dentro de dos días y estoy sola en el aeropuerto, no sé qué hacer, Fleur es quien se encarga de hablar con los ejecutivos yo no tengo ni idea de cómo se llaman, estoy desesperada— Alec, notando el tono nervioso de la chica se apresuró a calmarla.
—Hermi, tranquila, respira profundo— Hermione hizo lo que le pedía aunque detestaba con toda su alma que la llamara Hermi— Ahora dime, ¿has intentado llamarla?
—Veinte veces y no contesta— la morena comenzaba a sentirse más y más desamparada.
—De acuerdo, sabes qué, iré a Milán.
— ¿Qué? — La chica apenas podía creérselo.
—Conozco a los productores y ejecutivos, sé manejarlos y todo lo relacionado con el comercial, yo podría ayudarte, Hermi.
—Alec… ¿Harías eso por mí? —Hermione apenas lo podía creer.
—Haría eso y más por ti, baby— aseguró el joven novio de la chica—Toma tu equipaje, yo llamaré para que pasen por ti y te lleven a tu hotel, pediré que cambien la hora de la junta hasta que yo llegue, tomaré el primer vuelo a Milán.
—Alec, yo… No sé qué decir, eres increíble.
—Te veré pronto, preciosa.
Después de cortar la llamada, Hermione hizo lo que el joven le dijo, tomó su equipaje y veinte minutos después un auto estaba afuera esperando por ella, en su camino al hotel sólo podía pensar en una cosa.
"Fleur, ¿dónde demonios estás?".
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Old Brown Shoe :3
