— ¿Y ese es tu gran plan? — Bufó Luna, mientras tomaba su café.
— ¿Y qué quieres que haga? Hermione no cree que la ame y no la culpo por no hacerlo, tengo que demostrarle lo contrario— atacó Draco.
Se encontraban a unas calles del estudio de Luna, en una pequeña cafetería que le encantaba y era de una amiga cercana a ella, Draco le había pedido verse horas atrás, cuando recién había llegado, quería poder conversar antes de que sus hermanos llegasen y de que Fleur tuviera tiempo para estropearlo todo.
—Hostigarla hasta que interponga una demanda por acoso sexual no es una buena manera de demostrarle que la amas— bufó de nuevo la rubia, sorbiendo de su tasa.
— ¿Y según tú qué es lo mejor? ¿Qué la deje en paz como ella quiere? Si lo hago solo se convencerá de que no la amo y no voy a perderla de nuevo, Luna— El rubio estaba comenzando a desesperarse, esperaba que la rubia le apoyara en aquel plan que había tramado, pero solo se encontró con una barrera de cemento que intentaba frenarlo.
—Escúchame Draco, te diré la realidad, no puedes perder a Hermione en estos momentos porque no es tuya, no lo ha sido por cinco años, así que no tienes nada que perder— a pesar de la dureza de las palabras, del dolor que éstas le provocaban y de lo mucho que quería gritarle a Luna, sabía que tenía razón.
— ¿Entonces qué hago? — Aceptó derrotado, la chica se alzó de hombros.
—Dices que Narcisa llega mañana con tus hermanos— Draco asintió— Sal con ella, invítala a cenar y cuéntale la verdad de lo que pasó, estoy segura como que soy rubia natural que tu madre aun no sabe lo qué pasó entre Hermione y tú años atrás.
Para aflicción de Draco la duendecilla tenía razón, Narcisa seguía alegremente ignorante de toda la situación de su canallada.
—Creo que me odiará— Luna sonrió.
—No lo hará, lo único bueno de hombres como tú, Draco Malfoy, es que tienen la suficiente suerte como para encontrarse con mujeres tan maravillosas que aceptan lo idiotas que son y aun así los aman— Draco suponía que se refería a Hermione y a su madre, y en eso volvía a tener razón.
— ¿Por qué me estás ayudando, Luna? — El rubio exteriorizó la pregunta que tenía desde hacía mucho tiempo.
—Creo en las segundas oportunidades, Draco, si ahora te das cuenta de que Hermione es y siempre ha sido el amor de tu vida, mereces tratar de enmendar tu pasado, lo que hagas de ahí será tu responsabilidad y yo no podré hacer nada de ahí en adelante— el joven se dio cuenta de lo diferente que parecía Luna, de un momento a otro su rostro había cambiado, no era solo esa chiquilla loca que bailoteaba de un lado a otro sonriendo y chillando, también era una mujer inteligente y sensible que llevaba una historia acuestas y de la cual había adquirido mucha sabiduría, sabiduría que ahora le estaba siendo de gran ayuda a él.
—Neville está enamorado de ti— le soltó, después de llegar a esta conclusión, Luna suspiró, negando tristemente.
—Deja que yo me encargue de Neville, tú solo preocúpate por Hermione— él asintió, aceptando que la chica lo hubiera dejado fuera de sus asuntos con su hermano.
—Entonces, ¿ahora qué? — Luna rodó los ojos, "¡Hombres!" bufó para sus adentros.
—Ahora te vas a tu casa, esperas a tus hermanos y a tu madre y ya veremos luego, Hermione ha estado muy ocupada con toda la campaña de Dior y hasta la semana entrante no tiene ni un solo descanso, no necesita presiones extra en estos momentos, ni siquiera me ha reprochado lo del estudio, aunque debe saber que yo te ayudé— Draco aun se estremecía con los recuerdos de aquel día, había estado tan cerca de poder tocarla de nuevo, y después… ella se había ido.
Por prudencia o adivinando que Luna lo sabría de una manera u otra, le había pedido poder asistir al desfile de Dior, iría con Narcisa para dejarla más tranquila, además de que sus hermanos irían de todas formas.
—Por cierto, hace poco Fleur me comentó que Alec fue arrestado y enjuiciado por no sé cuantos crímenes en su contra— la chica veía con una ceja alzada al hombre que le respondía con una sonrisa de satisfacción en el rostro.
—Me alegro, es una buena noticia— los ojos escépticos de la joven Lovegood relampaguearon.
—Fuiste tú quien lo acusó— sentenció, no le había preguntando, Draco solo se alzó de hombros.
Claro que había sido él, después de su reunión con Jane se había convencido de que a pesar de sus influencias y su poder, los cargos que le harían solo podría meterlo en unos cuantos líos que podrían saldarse con una fianza y algún trabajo comunitario, y Draco lo quería encerrado, quizá no de por vida, pero sí fuera del alcance de Hermione, cierta parte de él también lo hacía por celos, porque él estuvo cerca de ella cuando a él no podía siquiera verlo.
—Así que nos dejaste fuera de las acusaciones— volvió a afirmar la joven.
Eso también lo había hecho, él no era para nada tonto y por como conocía a Jane, Alec era aun peor que ella, el implicar a Hermione o a sus amigas solo podría hacer que al salir de su encierro fuera a por ellas, buscaría dañarlas y sobre su cadáver permitiría que eso sucediera, cualquier cosa que quisiera hacerle a él le importaba un comino, un hombre como Alec poco podía en contra de un Malfoy, pero Hermione era su punto débil y la mantendría protegida costara lo que costara.
—Bien, mejor así— se encogió de hombros la rubia terminando su café, Draco no había emitido ni una sola palabra pero parecía como si la joven amiga de su amada pudiera leer su mente. — Será mejor que me vaya, Fleur sospecha que me reúno contigo y no le da mucha gracia.
— ¿Por qué me odia tanto? Se supone que seremos familia— Luna sonrió.
—Aunque no lo creas Fleur y tú son muy parecidos, ella lo sabe y no lo tolera— rió la chica— Teme por Hermione, ella no ha tenido una vida fácil, ninguna la hemos tenido— los ojos claros de Luna se oscurecieron por un momento— Lo único que quiere es ver a Hermione feliz, porque ella ha hecho feliz a Fleur.
— ¿Cómo? — a Draco le intrigaban esas dos chicas que estaban dispuestas a darlo todo por Hermione, por su ninfa.
—No es algo de lo que yo te pueda hablar, quizá algún día lo comprendas, pero por lo pronto, no luches contra Fleur, cuando se dé cuenta de lo mucho que de verdad amas a nuestra amiga sabrá qué es lo correcto— Luna se despidió con un beso en su mejilla y salió de la cafetería despidiéndose alegremente de todos los empleados.
Draco permaneció ahí por un momento más, intrigado por todo lo que era Hermione y la gente que la rodeaba.
—Qué locura— suspiró el joven y salió del lugar.
Caminó por un rato entre las calles de Nueva York, asombrándose por la inmensidad de esa ciudad que antes no había notado y preguntándose cómo había logrado Hermione convertirse en la reina de aquel lugar caótico.
En ese momento al alzar la vista pudo contemplar un anuncio en donde salía ella en toda su belleza de modelo, no observaba a la cámara, dándole un aire distante de todo aquello.
Finalmente se dio cuenta de eso, Hermione nunca había buscado aquello, dentro de sí permanecía la autentica Hermione, a la que él había conocido y… la que lo había amado, entonces Luna tenía razón, siempre la había tenido.
—Con que ese es tu secreto, Luna, siempre tener la razón— susurró para sí y continuó caminando, tomó un taxi después de un rato y esperó en su hotel a su madre, sus hermanos seguramente no llegarían hasta muy entrada la noche, Bill iría corriendo a los brazos de Fleur y Neville lo seguiría con las esperanza de encontrar a Luna, él era el único que tenía vedado ese lugar.
Tenía ya varias horas soñando con Hermione y un futuro a su lado cuando llegaron sus hermanos, que diligentemente habían acompañado a su madre hasta el hotel en el que se hospedarían por al menos unas semanas.
— ¿Creíste que sería tan irresponsable como para mandar a mi madre sola en Nueva York? — preguntó fingiendo indignación el mayor de los Malfoy, el silencio fue su respuesta— ¿Madre? — La siempre dulce y cariñosa Narcisa se adelantó y besó en la mejilla a su enorme hijo, pero tampoco respondió.
—Creo que eso responde tu pregunta— se mofó el menor de los hermanos.
—No me provoques ricitos, que puedo dejarte aquí y no verías a Luna— la sonrisa burlona se esfumó del rostro de Neville y Bill, junto con Draco y Narcisa soltaron la carcajada.
— ¡Mamá! — se quejó el joven rubio al ver riendo ligeramente a su madre.
Por primera vez en muchos años Narcisa Malfoy podía reír con todas las locuras de sus hijos, por un tiempo se preguntó si sus pequeños llegarían a madurar lo suficiente para encontrar a una buena mujer que les diera lo que realmente importaba en la vida: amor y una familia.
Después de conocer a Luna y a Fleur no tenía más esa preocupación, Fleur amaba a su enorme niño Bill y éste pronto le propondría matrimonio, según le había confesado. Neville aun no le proponía nada a Luna pero cuando veía el rostro sereno de la chica y su brillo pícaro en los ojos podía asegurar que ella tenía todo bajo control.
Quien más le preocupaba era Draco, cuando conoció a Hermione incluso podía firmar por escrito que terminarían juntos, en ese aspecto no se había preocupado pero después de todo ese tiempo y de lo mucho que ambos habían cambiado… Ahora no estaba tan segura de que se resolviera todo tan fácilmente, y por eso estaba ahí.
Su familia era lo más valioso que tenía y lucharía porque sus hijos fueran felices, y las únicas que podían darles esa felicidad eran Fleur Hale, Luna Lovegood… e Hermione Granger.
A la media hora sus dos hijos salieron disparados rumbo al apartamento de Luna, dejando solos a madre e hijo Malfoy.
—Cuéntame lo que te aflige, cariño— Draco suspiró, quién sino su madre podría conocerlo de aquella manera.
—Voy a luchar por Hermione— los ojos grises de Narcisa, esos que todos sus hijos habían heredado, brillaron con júbilo— Y no tengo la menor idea de cómo hacerlo, tenía un plan, pero Luna me ha asegurado que eso solo arruinaría más las cosas, quiero estar cerca de ella, mamá, que sepa que puede contar conmigo y que no me iré.
Fue el turno de Narcisa para suspirar, era hora de la verdad.
—Dime qué ocurrió con ella— Draco asintió, esperando que su madre no lo odiara demasiado y procedió a contarle toda la verdad. — Draco, Draco, Draco, ¿qué has hecho, cariño? — en el tono de su madre no había reproche, o molestia, solo preocupación.
—Lo he arruinado todo, mamá— Narcisa asintió.
—Lo has hecho, cariño, pero… Debo contarte un secreto— Draco se había colocado a los pies de su madre, como cuando tenía diez años y había roto un juguete de Neville y debía confesárselo, desde su lugar observó con curiosidad a su madre.
—Tu padre era un verdadero bárbaro cuando lo conocí en la universidad— el joven Malfoy se sorprendió por esto, su padre era el hombre más sensato que pudiera conocer— No siempre fue el hombre que conocen hoy, siempre fue bueno pero… Es humano, y como todos comete errores.
— ¿Qué hizo papá? — Cuestionó el joven.
— ¡Qué no hizo! — Exclamó su madre con ironía— Cuando creí que ya no tenía salvación lo nuestro, pues nunca esperé que cambiara, me comprometí con otro hombre, supongo que esto fue lo que le hizo reaccionar. Se centró en sus estudios, dejó las fiestas y sus múltiples citas, y una semana antes de mi boda… Estrelló su auto en frente de la casa de mis padres, cuando se recobró del impacto me pidió que me casara con él—la risa suave y cariñosa de Narcisa tocó el corazón de su hijo— Como te podrás imaginar dejé a mi prometido por pasar un mes cuidando de la conmoción que sufrió tu padre por el golpe y al mes siguiente decía "sí acepto" en el altar— Draco desencajó los ojos ante esta última frase.
¿Carlisle? ¿Su padre? ¿Haciendo semejantes locuras?
—Lo que quiero explicar con esto, Draco, es que los hombres Malfoy hacen locuras por amor, cometen errores y luchan, no se rinden, y finalmente dan lo mejor de sí— el rubio asintió, entendiendo su punto.
— ¿Así que debo estrellar mi auto en la casa de Hermione? — Narcisa rió y negó levemente.
—No tan radicalmente, pero sí debes esforzarte, antes de estrellar tu auto debes salir adelante, mejorar, eres un buen hombre, lo sé porque yo te he criado, y Hermione en su interior debe saberlo también— Entonces Draco recordó las palabras de Luna "lo único bueno de hombres como tú, Draco Malfoy, es que tienen la suficiente suerte como para encontrarse con mujeres tan maravillosas que aceptan lo idiotas que son y aun así los aman".
—Gracias, mamá— Narcisa sonrió y asintió.
—Así que iremos a un desfile de modas— él asintió a su vez.
—Ese será el primer paso— determinó.
Después de una cena tranquila con su madre en la que el centro de la conversación fue Hermione y él cuando estuvieron juntos, Draco sintió sus ánimos crecer, ahora podía tener casi la certeza de que podía lograrlo.
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