Lunes, Miami.

Las chicas se encontraban enfundadas en unos sendos vestidos de playa, Fleur dejaba al descubierto parte de su bikini negro, que contrastaba claramente con el vestido rojo que usaba para aquella fiesta.

Luna usaba un bikini amarillo que competía contra el resplandor del sol, su falda plisada y el top amarillo en conjunto la hacían parecer un rayo de luz caído desde el mismo astro rey.

Hermione por su parte usaba un recatado bikini blanco que solo era cubierto por un ligero vestido azul rey, su cabello caía en cascada y su rostro estaba coronado con una Hermione trenza que Oliver había tardado horas en realizar.

A simple vista podían parecer un trío de jóvenes relajadas y bellas que pasaban una fiesta en la soleada Miami, sin embargo, no era así, estaban ahí por negocios, todo el mundo sabía que esas fiestas en la piscina eran un punto de reunión para los inversionistas y promotores más sofisticados del mundo del modelaje y ellas debían estar ahí, simplemente no podían faltar.

Ahora se encontraban en la negociación con los miembros de Louis Vuitton para su próxima campaña publicitaria, después del éxito con Dior todo parecía ir sobre ruedas, Fleur no podía estar más contenta, su pierna restablecida, su maravilloso novio, sus amigas y sus negocios, perfecto.

Luna se encontraba junto a ella, organizando todo lo referido a las futuras sesiones que se podrían presentar y en la que ella claramente debía participar, era la fotógrafa de cabecera de Hermione y cualquier muestra de fotos debían salir de su estudio.

Hermione, como su papel lo requería, sonreía y asentía a lo que el director, Marc, quisiera, él simplemente estaba encantado con el trabajo de la modelo, ella… se estaba cocinando.

—Señoritas— saludó la siempre afable voz de Bill Malfoy, el primer impulso de Fleur al escuchar la voz de su novio fue saltar a sus brazos y besarlo hasta desmayarse por falta de oxígeno, pero su increíble autocontrol y su patente dificultad a las muestras de afecto en público la hicieron contenerse y solo besarlo castamente delante del diseñador.

Luna se había colocado al lado de Neville imperceptiblemente y sonreía con satisfacción pero sin perder ni un momento la conversación con el hombre frente a ella, Neville por su parte no podía quitarle la vista de encima, se veía tan encantadora a sus ojos que bien podría haberla envuelto en un regalo y contemplarla por siempre.

—Hola, Hermione— saludó Draco, la joven modelo, haciendo acopio de todas sus fuerzas le dirigió la más frías de sus miradas y continuó sonriendo al diseñador, Draco se sintió morir por un momento, al igual que ella, que se estaba derritiendo por dentro al verlo ahí, perfecto en toda su altura y su virilidad y con la camisa abierta.

Para Draco la situación no era mucho mejor, sentía la atracción que el mínimo vestido le estaba causando y adivinaba el color de su bikini por debajo de este, los celos al darse cuenta de las miradas de todos los hombres presentes en aquella fiesta tampoco se lo ponían fácil.

—Será maravilloso tenerte en nuestra casa, Hermione— saludó el hombre, besando la comisura de los labios de Hermione una vez terminó las negociaciones con Fleur y Draco quiso golpearlo hasta que no le quedara dudas de que a su ninfa nadie la tocaba.

—El honor será todo mío, se lo aseguro Marc— el hombre asintió y se dirigió a otro grupo de hermosas modelos.

—Es bueno verte de nuevo, Hermione— susurró Draco, más cerca de su oído de lo que ella hubiera querido, la altura del rubio le permitía una ventaja que la modelo no podía evitar.

—No lamento decirle, señor Malfoy, que para mí es todo lo contrario— ambas miradas, gris y miel, se enfrentaron, Draco notaba que estaba frente a la modelo internacional Hermione Granger en todo su esplendor, Hermione se daba cuenta que se enfrentaba al gran empresario Draco Malfoy.

Ninguno de los dos apartaba la mirada, no estaban dispuestos a ceder ni un segundo, el rubio estaba ahí con un propósito, y la morena no le iba a dejar las cosas tan fáciles.

—Hermione— la voz de Luna llamándola hizo que por fin Hermione apartara la mirada, aunque fue Draco quien se sintió frustrado por ello.

—Nos veremos pronto, Hermione— susurró Draco dulcemente, pero con la amenaza implícita.

—De verdad espero que no sea así— respondió con todo el desdén del que era capaz y se fue seguida de sus amigas y varios colegas del gremio, contoneando sus caderas y con el encanto que robaba más de un suspiro y mirada expresiva de los hombre y mujeres del lugar.

Draco sonrió amargamente, la batalla apenas comenzaba.


Martes, Los Ángeles.

—Muy bien, Hermione, por favor levanta un poco más tu rostro— la fotógrafa de la revista ELLE era una vieja amiga de Luna y era bastante dulce a la hora de trabajar con ella, quizá demasiado dulce. — Perfecta, caramelito, ahora por favor baja tu mano a la derecha e inclina tu cabeza, eso es todo, pastelito.

Fleur y Luna se burlaron calladamente detrás de las cámaras mientras ella hacía lo que la dulce chica la pedía.

—Wow, este lugar es una locura— Hermione se movió abruptamente al escuchar el estruendoso arribo de Bill, generalmente después de la llegada triunfal de éste le seguía Neville que vagaba como una sombra detrás de Luna y finalmente…

—Bill, no sabes cuánto espero el día en que por fin mi madre nos diga que eres adoptado— la voz irritada de Draco solo tensó más a la modelo, lo cual molesto a la fotógrafa, o algo así.

—Corazoncito, te lo suplico mi niña no te muevas y relaja tu rostro, eres la mejor te lo aseguro pero necesito que no te muevas, ¿de acuerdo, muñeca? — Hermione sonrió a modo de disculpa y se volvió a posicionar antes de que la mirada gris la viera retadoramente.

—Perfecto, una última y acabaremos, lindura— por último Hermione se recostó en el blanco sofá donde estaba posando— Ahora necesito que parezcas enojada, con mucho rencor, cariñito— la morena casi sonrió cuando le pidió esto, Draco se puso serio y supo lo que haría Hermione.

Con toda la furia que estaba experimentando de verlo de nuevo ahí, Hermione encarnó en su mirada aquel viejo dicho "Si las miradas matasen" porque Draco se sintió morir al ver el odio exudando de la mirada de su ninfa, que no podía verse más encantadora con el bonito vestido de encaje rosa.

— ¡Eso es excelente, preciosidad! — la fotógrafa se apresuró a capturar las imágenes y dio por terminada la sesión.

Cuando Hermione se alistó de nuevo para salir, Draco ya no estaba ahí.

Miércoles, París, semana de la moda.

—Al fin estamos aquí— suspiró Luna, saludando afablemente a todo el mundo, Neville caminaba tres pasos detrás de ella, Fleur iba prendida del brazo enorme de Bill y Oliver junto con Penelope iban a un lado de Hermione.

—Dentro de dos semanas estaremos aquí promocionando a Dior, Hermione— le recordó Fleur, la morena asintió pero siguió aparentando que escuchaba las payasadas de Oliver; Penelope, mucho más perceptiva que su esposo, se dio cuenta de que la joven no estaba del todo bien.

Y era cierto, Hermione se encontraba alerta, preocupada, Bill y Neville estaban ahí, pero ni rastro de Draco y temía lo peor.

—Tranquila, Hermione, él no está aquí— susurró la joven adivinando lo que atormentaba a la muchacha.

—Eso espero— susurró con aflicción, una parte de ella esperaba que Draco se hubiera alejado por fin de su vida, pero la otra parte…

— ¿Me extrañaste, Hermione? — Susurró una voz a su lado, cuando toda su comitiva se hubo acomodado en las primeras filas de la pasarela, la chica inmediatamente se tensó, "¿De dónde ha salido?" — Yo sé que sí, como yo te he extrañado a ti, me duele no verte cada día, cada hora, cada minuto…

— ¿Puede callarse? Sus penas me son totalmente irrelevantes, y le pido que mantenga su distancia, señor Malfoy, usted y yo no tenemos ninguna relación que pueda permitirle invadir de semejante forma mi espacio personal— a Draco le dieron casi ganas de reír, esa era su Hermione, la que hablaba de una manera que no iba con una chica de su edad y mucho menos de su época, recordaba cuando en la secundaria los maestros la adoraban por considerarla la muchachita más educada del colegio, una chica que parecía más del siglo XVIII que del siglo XXI.

—Me encanta cuando hablas así, me recuerdas a la vieja Hermione— señaló con ternura, las luces comenzaban a bajar gradualmente para anunciar que pronto iniciaría el evento.

— ¿Te recuerdo a "ratonella", Draco? — Por primera vez desde que se habían vuelto a ver lo tuteaba y era para recordarle aquel apodo odioso, la voz de Hermione sonaba tan irónica, tan despectiva y cruel, que a Draco le dolió, le dolió mucho.

—Me recuerda a la chica que amo— sentenció él, acomodándose a su lado mientras las luces terminaban de apagarse, dejando oculta la mueca de dolor que ambos tenían.


Jueves, Londres.

— ¿¡Cómo que el anuncio no estará listo a tiempo?! — Explotó Fleur en su teléfono, se encontraban en el salón de reuniones del hotel Ritz donde se alojaban. — ¡Eso no me interesa! ¡Se supone que por eso estuvieron contactando con nosotras durante una semana entera!

Fleur maldijo en su cabeza a Alec, gracias a sus malos manejos el comercial de Dior no estaba listo para esa noche, cuando se haría la presentación ante los inversionistas antes de la conferencia oficial ante toda la prensa de Londres.

Hermione estaba inmersa en su libro de Albert Camus, poco prestaba atención a todos los improperios que Fleur soltaba por teléfono, Luna estaba casi en la misma situación, tenía una sesión independiente a ella y todo había descuadrado en cuanto a los arreglos para su presentación.

— ¡Chicas, hemos traído municiones! — Gritó Bill, entrando con un fuerte estruendo en la habitación— Te traje tu favorito, Fleur— la mirada de Fleur se suavizo ligeramente mientras tomaba el gran vaso de café.

Inmediatamente después de Bill entraba Neville, como siempre, solo esperaba atenta a que entrara el último y su peor pesadilla, Hermione se preguntaba si lo hacían adrede, el mayor de los Malfoy siempre parecía irrumpir en cualquier lugar con toda la bulla posible, seguidamente Neville se burlaba o se quejaba de él y finalmente Draco entraba con una expresión casi de fastidio.

—Hola, Hermione— saludó él, apartándola de sus pensamientos los cuales la había puesto con la guardia baja e hizo que diera un leve salto— ¿Te asusté? — Preguntó juguetón, sonriendo de una manera que casi derretía el corazón de Hermione, casi.

—Sabe, señor Malfoy, para ser considerado uno de los empresarios más exitosos de su generación debo decir que pasa muy poco tiempo en su oficina— se mofó Hermione, haciendo alusión a todo el tiempo que últimamente pasaba a su alrededor.

—Me alegra saber que estás al tanto de mi vida, Hermione, debo admitir que yo también he estado investigando sobre la tuya— la joven permaneció impasible a sus palabras, pero maldiciendo que hubiera podido tomar en contra suya su comentario, ¡por supuesto que estaba al tanto de su vida! Solo esperaba el día en que encontrara en una de esas revistas sensacionalistas que por fin se había casado y su corazón se rompiera aún más, o que hubiera muerto, en el último de los casos.

— ¿Quieres saber qué he encontrado sobre tu vida en Internet? — Volvió al ataque el rubio, acercándose un poco más a ella, Hermione inmediatamente se tensó, adivinando su proximidad, así que Draco frenó en seco— Dicen que no ha habido una modelo como tú en cien años, que ninguna modelo de tu edad ha reportado tantos contratos con las marcas más reconocidas, que eres la modelo más deseada del mundo y que cada diseñador pelea por una sesión contigo.

Hermione esperaba sin decir nada y aparentando leer su libro, quería saber a dónde quería llegar con todo eso, ella no sabía que Draco conocía aquel viejo truco, ella lo había hecho una o dos veces en la secundaria cuando aun no salía y pretendía estar leyendo cuando todo lo que hacía era estar al pendiente de él.

—Sin embargo— continuó el rubio, sabiéndose dueño de su atención— No mencionan nada de tus padres, ni de tu vida antes de ser modelo, ni de tu amistad con Luna y Fleur, ni de tus noviazgos— llegados a esta parte Hermione saltó— Nadie sabe quién eres realmente, Hermione.

—Veo que ha hecho su tarea, señor Malfoy— dijo la chica con indiferencia, aun no sabía qué buscaba Draco con todo aquello.

—Sigues siendo la misma Hermione de siempre, ¿no es así? — A pesar de que la morena trataba de encontrar la burla en el tono de voz, en sus palabras o en sus ojos hermosamente grises, solo pudo encontrar dulzura y quizás alivio.

—Qué equivocado estás, si crees que sigo siendo la tonta "ratonella" con la que puedes jugar impunemente, Draco— dijo con amargura, cerrando su libro y centrándose en su mirada dolida.

—Nunca me perdonaras, ¿verdad? — El recuerdo de unos ojos amorosos, de un beso en un prado y un pequeño jugando la golpearon en ese momento al ver la mirada arrepentida de Draco, pero sabía, muy en su interior cuál era la respuesta.

—No, nunca— susurró, apenas conteniendo las lágrimas y saliendo del salón.

La mirada colérica de Fleur no se hizo de esperar, Luna lo veía entre el arrepentimiento y el reproche, quizá tenía que bajar el ritmo de sus pasos un poco antes de que terminara lastimándola de verdad.


Viernes, Nueva York, el caos.

— ¡No! — el gritó de Luna resonó por todo el edificio donde se encontraba su estudio.

—Luna, ¿qué ocurre? — Hermione y Fleur, que se encontraban en el camerino privado de la primera, relajándose y haciendo chistes absurdos, acudieron rápidamente al encuentro de su amiga, que se encontraba de rodillas sobre un montón de fotos esparcidas por el suelo.

Los hermanos Malfoy, que subían bromeando por las escaleras llegaron corriendo al estudio donde se encontraron con la misma escena que las chicas.

Neville se abalanzó sobre Luna inmediatamente, llegando a su lado antes que nadie, ni siquiera sus amigas, y la sujetó fuertemente contra su pecho, mientras la rubia sollozaba sin lágrimas en sus brazos.

— ¿Qué ocurre, Luna? — Preguntó Fleur, quien siempre tomaba las riendas de cualquier siniestro.

—Están arruinadas— susurró, apenas conteniendo el llanto la joven rubia.

— ¿Qué cosa, Luna? — preguntó de nuevo la rubia chica impaciente.

—Las fotos— volvió a susurrar, todos, a excepción de Luna y Neville que permanecían abrazados, tomaron una de las fotografías que estaban esparcidas por el piso.

Eran las fotografías de la sesión independiente de Luna, todas estaban o demasiado oscuras o demasiado claras, además de que algunas estaban veladas.

—Oh, Luna— se lamentó la rubia, durante su estancia en Londres ella le había ayudado a solucionar todo lo relacionado con el comercial de Dior, dejando de lado su sesión y encargando a alguien más que rebelara sus fotos, claramente ese alguien había hecho todo mal.

— ¿Qué podemos hacer para ayudarte? — preguntó Hermione, quien se sentía igualmente culpable con la situación.

—No hay nada que se pueda hacer, los modelos no volverán a posar a menos que les pague el doble y no puedo permitirme eso— Neville iba a ofrecer pagar la sesión pero Luna se adelantó y negó, él que sabía que no ganaría nada insistiendo, asintió y la abrazó aun más fuerte.

—Nosotros podemos hacerlo— declaró Draco, todos, incluso Hermione, voltearon a verlo sorprendidos por sus palabras.

— ¿Qué? — Cuestionó, molesto por las miradas de sorpresa— No parecen tan difíciles y hemos estado observando cómo trabaja Luna durante los últimos meses, no puede ser tan difícil.

Los hermanos Malfoy compartieron una mirada de confidencia, después cada uno volteó hacia su chica.

Luna veía con ojos esperanzados a Neville, quien supo no podría negarse a nada que hiciera feliz a su muñeca de porcelana, Bill observó a Fleur quien con la mirada le decía que se olvidara desde ya a negarse, Hermione por su parte veía a Draco entre asombrada y suspicaz, ¿qué ganaba él ayudando a su amiga? Era cierto que Luna y él se habían vuelto muy buenos amigos y que en realidad ella le había ayudado en muchas cosas, pero… ¿tanto como para hacer eso?

— ¿Me ayudarás? — Le preguntó con una mirada cómplice, dándole a entender que en realidad no tenía ni idea de lo que había hecho al proponer aquello.

Hermione observó a los otros dos hermanos, quienes se había visto arrastrados por la proposición de Draco, la verdad le dieron cierta gracia, con su presencia constante y el obvio cariño que sentían por sus amigas, los había llegado a apreciar.

Volviendo su mirada a Draco que no dejó de observar su hermoso perfil ni por un segundo, asintió, el rubio, por primera vez pudo ver a Hermione sin barreras, sin frialdad, no tenía ni aprecio ni mucho menos cariño en sus ojos, pero al menos no lo miraba despectiva como siempre.

Y eso, se dijo Draco con una ligera sonrisa de satisfacción, tenía que significar algo.


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P.D. Ya arreglé los errores, lo siento por las inconveniencias... :D