Chicago, once y veintiocho de la mañana, sábado.
Las chicas habían encontrado lugar para viajar hasta la última hora de la noche, después habían tenido que pasar el resto de la madrugada en el aeropuerto, donde habían alquilado ya un auto en el que viajarían la última hora de camino hacia Chicago.
Fleur se había encargado de comunicarse con los padres de Hermione que muy consternados les aseguraron que dejarían su crucero en cuanto pudieran y viajarían hacia Chicago, aunque la joven modelo hubiera querido asegurarles que no era necesario, se encontró deseando ver a sus padres y decirles toda la verdad, así que no los disuadió de sus planes.
Draco no aparecía, no lo habían encontrado ni en el hotel, ni en casa de sus padres ni en su apartamento, estaba desaparecido, pero Luna y Fleur decidieron que esta información solo alteraría más a su amiga, así que callaron.
Al llegar al frente de la casa de sus padres Hermione se sintió terriblemente pequeña, no como la joven de veintitrés años que era, sino como la chica de dieciocho años que se había ido huyendo de un corazón roto.
— ¡Hermione, mi niña! — Mónica Granger salió corriendo hacia los brazos de su hija que ya se extendían para recibirla, en ese momento Hermione agradeció a todos los cielos por la madre que tenía, por ese amor incondicional que siempre le había demostrado y por la calidez que éste siempre le transmitía, estaba en casa.
—Hola, mamá— susurró, conteniendo el llanto, apenas había podido dejar de llorar y no quería volver a hacerlo.
—Entra a casa, hice chocolate caliente— la morena asintió y prácticamente corrió al porche de la casa donde la esperaba Wendell Granger, con el rostro preocupado pero cariñoso de siempre, mientras su madre saludaba a sus amigas.
—Hola, pa'— susurró la muchacha, sintiendo un nudo enrome en su garganta.
—Hola, pequeña— sin poder detenerse se lanzó a los brazos fuertes de su padre y rompió a llorar mientras él, torpemente como a veces le ocurría, la consolaba e intentaba tranquilizarla. —Todo estará bien ahora, chiquilla— Hermione quiso creerle, no deseaba otra cosa que las palabras de su padre fueran verdaderas.
Todos entraron a la casa, agradeciendo que no tuvieran vecinos entrometidos con los que lidiar. Cuando Hermione se hubo recuperado y todas se hubieran cambiado de ropa para tomar chocolate caliente en la mesa de la cocina, la hija de los Granger supo que era la hora de la verdad.
—Te escuchamos, cariño— la alentó su madre, tomando la mano de su esposo, esperando que lo que tuviera que decirle su hija no fuera tan grave.
Hermione, con un gran esfuerzo, comenzó a relatarles toda su historia con Draco Malfoy, por supuesto que las lágrimas no se hicieron esperar, pero pudo continuar y llegar al final de su historia.
—Vaya— exclamó su padre, contrariado— Sabíamos que habías mantenido una relación con ese muchacho pero no nos esperábamos que hubiera sido de esa manera— se lamentó por el terrible desenlace y el dolor que le había causado a su hija, gracias a eso había perdido a su pequeña por largos cinco años, Mónica a su lado lloraba quedamente.
—Oh, mi niña, te hemos fallado— exteriorizó la señora Granger, sentimientos que su esposo seguramente también tenía.
—No mamá, ustedes no me han fallado, son los mejores padres del mundo— les aseguró la chica, tomando las manos de sus padres.
—Pero todo lo que te ocurrió, y nosotros ni siquiera estuvimos cerca de saberlo— continuó su padre, la muchacha volvió a negar.
—He sido yo la responsable de mis propios actos, papá, yo no fui lo suficientemente sincera con ustedes y lo lamento— susurró ella, llorando igual que su madre.
—Y pensar que Narcisa…— Hermione detuvo a su madre.
—Ella no lo sabía— le aseguró, sus padres vieron intermitentemente a sus amigas— Ellas tampoco lo sabían hasta hace poco, de no haber sido por el accidente de Fleur…— Mónica la vio con alarma, Hermione entendió que si había decidido ser sincera con sus padres tendría que ser absolutamente en todo.
Les contó sobre Alec, el accidente de Fleur, su relación con Bill, la relación indefinida de Luna con Neville, las semanas que Draco había pasado a su lado, y finalmente… su despedida del día anterior.
—Pero… ¿no volverás a verlo? — cuestionó su madre, después de recuperarse de su llanto.
Hermione bajó el rostro con aflicción, durante las horas que pasó en el avión, despierta mientras el resto de los pasajeros, incluidas sus amigas, dormían, pudo reflexionar acerca de lo ocurrido en los últimos meses y llegó a la conclusión de que su reencuentro con Draco Malfoy había sido una cruel broma del destino que se había divertido un poco con ella.
Ahora ella y Draco no tenían nada que hacer juntos, en el momento en que habían compartido su dolor y ella le hubiera pedido que se fuera y él se hubiera alejado, todo había acabado.
El dolor, el pasado, las heridas, el rencor… El amor, todo había terminado para ellos.
—No hay nada que nos una ya, mamá, Draco y yo nunca volveremos a estar juntos, ni siquiera como amigos, es imposible— susurró con una triste y dolorosa resignación.
— Cariño…— comenzó su madre, pero el siempre prudente Wendell la detuvo antes.
— ¿Por qué no vas a dormir un rato, pequeña? Te llamaremos para la cena— Hermione asintió, se levantó y besó a sus padres.
—Los amo— sus padres, con un nudo en la garganta, asintieron a sus palabras.
Una vez la joven subió a su habitación los padres se enfrentaron a sus amigas, que no habían querido articular palabra, sabiendo más de lo que Hermione sabía.
—Bien, ¿qué ocurre? — Wendell en toda su autoridad policiaca las haría hablar.
—Cuando Draco y Hermione se despidieron nosotras no estábamos ahí, no supimos lo que pasó con exactitud y ella no ha querido decirnos nada, apenas pudo controlar el llanto en estos días— informó Fleur, viendo insegura a Luna, ella era la que debía seguir.
— ¿Y qué más? — preguntó perceptiva Mónica, si de algo le había servido los veintitrés años de vida junto a Wendell Granger era a leer a las personas.
—Draco no aparece, no sabemos nada de él desde ayer y sus hermanos no lo encuentran— declaró Luna, abatida, la última llamada que había tenido con Neville no había sonado nada bien.
—Draco es un chico sensato y responsable, estoy segura de que sabrá cuidarse— quiso animar Mónica, pero la preocupación en las facciones de la joven Lovegood no cambió.
—Sus hermanos creen que Draco no pudo haber salido mucho mejor del estudio que Hermione, si es así… Bueno, no saben qué podría hacer— respondió Luna, aguantando las lágrimas.
—Me comunicaré con la jefatura, tengo entendido que él vive ahí— Fleur asintió.
Wendell se levantó y se dirigió a su pequeño estudio, no sentía una especial simpatía por el joven que había roto el corazón de su pequeña niña, sin embargo… Ella lo amaba, aun podía notarlo, las personas como ella y como él mismo amaban una sola vez en la vida, él seguía amando como el primer día a aquella jovencita de ojos claros y espíritu vibrante que era Mónica Granger.
—No se lo han dicho a Hermione— sentenció Mónica, al ver a las amigas de su hija.
—No sabemos cuánto puede afectarle, esperábamos saber aunque sea su paradero para no mortificarla—se justificó Fleur, aunque sabía que en algún momento tendrían que decirle.
—Bueno, supongo que es lo más prudente por el momento— la pena por su hija y los años perdidos a su lado le habían conferido un aire demasiado sombrío al fino y hermoso rostro de a la señora Granger, se sentía mal.
La casa de los señores Granger se llenó con una bruma de aflicción que no se podría dispersar hasta varios días después, cuando su hija saliera de su habitación.
Hermione se había refugiado en su vieja alcoba, reconciliándose con aquella parte de ella que pensaba había dejado atrás pero que en realidad no había dejado de estar en su interior todo este tiempo.
Bajó al patio trasero de la casa de sus padres, se sentó en el pequeño columpio y se acurrucó entre las dos gruesas frazadas que había llevado con ella, era más de media noche y en Chicago se sentía inclemente el frio del otoño.
— ¿Hermione? — se volteó hacia sus amigas, que la observaban preocupadas.
—Hola— susurró, intentando no romper el aura de quietud que las rodeaba.
Las tres amigas se arremolinaron en el pequeño columpio y continuaron calladas, abrazadas y sumiéndose cada una en sus pensamientos.
— ¿Ya han encontrado a Draco? — rompió el silencio Hermione, Fleur y Luna se miraron con consternación.
— ¿Lo sabías? — preguntó finalmente Luna, la triste morena asintió.
—Bajaba por un vaso de agua y las escuché cuando se lo decían a mis padres— admitió.
—Llamó a Bill esa misma noche, le aseguró que estaba bien pero no dijo dónde estaba ni cuándo volvería— susurró Fleur.
—Bien, supongo que así es mejor— terminó Hermione, dejando derramar una solitaria y perdida lágrima.
Ese era su adiós a Draco, quizá para siempre.
Súper corto y súper depresivo pero por favor no me maten, así tienen que ser las cosas.
Yo personalmente he pasado por cosas en las que debo alejarme completamente, decir adiós y solo si las cosas resultan ser para bien, regresar, es primordial dejar atrás el pasado para poder tener un presente mejor y no ver el futuro como una amenaza, sino como un nuevo presente lleno de posibilidades extraordinarias.
Confíen en que pase lo que pase con estos dos, tendrán su final feliz, el cómo será, aun nos falta por descubrirlo.
¿Reviews?
Love always, An
Espero que las cosas se mejoren, si quieren saber dónde esta nuestro querido Draco,
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Con amor,
Old Brown Shoe :3
