Un año después.
En la solitaria cafetería de Londres, un joven rubio ojeaba las páginas del periódico de hace unos días, los fines de semana lo ponían un tanto confuso, así que procuraba no leer los periódicos de esos días hasta que fuera lunes nuevamente.
Ahora residía en Londres, en un bastante modesto apartamento de Soho, en donde, de no ser por Benjamín, su socio, no podría dirigir su compañía, la cual aún no terminaba de transferirse a Londres, cierta parte de Draco no estaba preparada aun para dejarlo todo atrás.
Al ver una imagen en la página de espectáculos, su corazón se detuvo, solo para latir tan rápido que seguramente le podría sangrar.
Era ella, y se veía más hermosa que nunca, sonreía mientras caminaba al lado de Fleur, sus ojos castaños estaba cubiertos por unas enormes gafas así que no podía adivinar si aquella sonrisa era sincera o no.
Las letras negras rezaban "HERMIONE S., MODELO ESTRELLA, CAMINO AL ALTAR", con todo su ser contraído el joven se dirigió a la página en la que estaba el artículo completo.
En él hacían mención de la muy exitosa carrera de Hermione, de sus últimos vistazos recorriendo tiendas de vestidos y joyerías, y por último, dos sospechosos del posible enlace.
El primero, su estilista, con quien nunca tuvo reparos en mostrar su afecto al público y lo unidos que eran, Draco aun podía recordar sus miradas envenenadas y el fuerte derechazo que le había dado.
El segundo, y el pelinegro apenas podía creerlo, era su hermano… Neville.
¿Cómo coño había pasado aquello? Era cierto que en el último año solo había hablado con sus hermanos dos o tres veces a lo mucho, pero no creía que hubiera sido para tanto como para que no le mencionaran que Neville y Hermione mantenían una relación, además, la último que supo de su hermano menor era que seguía loco por Luna Lovegood, entonces… ¿Qué carajos?
Sin pensarlo muy bien, terminó su desayuno, tiró el periódico en el primer bote que encontró y tomó un taxi al aeropuerto.
Eran las ocho de la noche de ese día cuando aterrizó, llegó al apartamento que un servicio de limpieza mantenía inmaculado, se cambió de ropa y se subió a su auto que ronroneo como un gatito al ver a su dueño en casa de nuevo.
Condujo como poseso hasta que llegó a Chicago, cerca de las dos de la madrugada, y despertó a todos en la casa de los Malfoy, o bueno, solo a Bill y a sus padres.
— ¿Draco? — preguntó su madre, más despierta que dormida, pero adquiriendo poco a poco un brillo en su mirada al darse cuenta de que en realidad su hijo sí se encontraba ahí.
— ¿Cuándo pensaban decirme lo de Hermione y Neville? — exigió, apartándose furioso de los brazos de su madre.
Durante las horas de su viaje había tenido tiempo de analizar toda la situación y su ira iba en aumento gradualmente hasta el punto en el que se sentía estallar.
—Primero que nada salúdame, jovencito— lo reprendió su madre, completamente despierta, en ese momento descendían Bill y Lucius— Segundo, esas no son maneras de hablarle a tu madre, y tercero, no sé de qué estás hablando— padre y hermano mayor rieron por lo bajo al ver cómo Narcisa Malfoy reprendía a su hijo.
—Disculpa, mamá, ¿cómo has estado? — La mirada de Narcisa se suavizó y asintió— ¿Por qué no me dijeron que Neville y Hermione tenían una relación y que se van a casar? — No fue su madre quien contestó, sino la atronadora risa de su hermano mayor.
— ¡Chico, el clima de donde sea que hayas estado en este año te ha afectado la cabeza! — y prorrumpió en más risa el enorme hijo de los Malfoy, Narcisa y Lucius también intentaban controlar su risa.
—He estado en Londres, Bill— respondió con los labios apretados.
— ¡Pues tanta lluvia ya te aguadó los sesos! — Siguió burlándose su hermano.
—Hijo, lo que Bill quiere decir— intercedió Lucius al ver que uno de sus hijos estaba por perder toda paciencia y el otro no pararía de reír— Es que Neville y Hermione no tienen ninguna relación, en realidad Neville y Luna han estado en Venecia de vacaciones por dos meses ya, hace unos días nos anunciaron su compromiso.
Draco no sabía qué decir, qué hacer, ¿entonces…?
— ¿Qué hay de los rumores de la boda de…Hermione? — Ahora que ni la furia ni el pánico lo controlaban, volvía a sentir ese dolor que el solo pensamiento de la mujer que amaba le provocaba.
—Si no te hubieras esfumado del radar durante casi un año y cambiado tu número cada vez que nos llamabas como si fuéramos la CIA y quisiéramos encarcelarte— comenzó su hermano, recuperado de su ataque de risa y claramente indignado por la actitud de su hermano menor— Te habríamos podido informar que los preparativos que se están haciendo son los de mi boda con Fleur y que cada semana salen nuevos chismes sobre Hermione, el mes pasado la comprometieron con Brad Pitt, esa semana fue un caos total, sobre todo por Angelina que llamó en persona a Hermione para reclamarle todo eso— Draco apenas podía entender lo que su hermano le decía.
— ¿Hermione no está comprometida? — su hermano bufó y sus padres lo vieron con pena.
—Cariño, me temo que Hermione sí está comprometida— replicó su madre, la leve esperanza que hubiera podido renacer en su corazón, fue aniquilada con las sencillas y tristes palabras de su madre.
—Creo que debería irme— susurró él, cabizbajo.
—Hijo, por favor quédate, es tarde y estás cansado— intervino su padre, que lo miraba con dolor en sus ojos claros.
Draco simplemente asintió y subió los escalones ignorando completamente a su hermano, que lo miraba entre abatido y furioso.
Al llegar a su habitación se derrumbó y lloró amargamente por su estupidez y por ese corazón que a pesar del tiempo aun no sanaba, él seguía amando tanto a Hermione, pero ella había pasado la página, se había perdonado por su pasado y había continuado con su vida, y ahora… Estaba comprometida.
Se preguntaba cómo sería ese bastardo que le había robado a su ninfa, quién se había dado cuenta de lo invaluable que era, de lo hermosa por dentro y por fuera, lo única que era.
Y lo odiaba, detestaba que él pudiera tener lo único que Draco anhelaba, el amor de Hermione.
A la mañana siguiente lo despertó un barullo procedente de la cocina de la casa de sus padres, Bill reía como siempre mientras varias voces femeninas se entremezclaban entre sí.
Al bajar y darse cuenta de quienes se trataba casi le da infarto.
— ¡Hubieras visto la cara de ese idiota paparazzi, Emmy! ¡Era digna de un premio! — Chillaba Fleur, mientras todos reían por su broma.
En la cocina de la familia se encontraban todos, Neville, Luna, Bill, sus padres, Mónica, Wendell, un hombre alto y de piel morena a quien reconoció como el estilista de su ninfa, junto con una chica de piel igualmente bronceada que le rodeaba el cuello con sus brazos y estaba sentada en sus piernas, también había un joven de cabello rubio oscuro, alto y pálido, que tenía bien aferrada por la cintura… a su Hermione.
— ¿Draco? — Fue Luna la primera en reconocerlo y en saltar del lado de Neville para colgarse de su cuello y saludarlo efusivamente. — ¡Draco! ¡Qué alegría verte! — De repente se soltó y corrió hacia el montón de papeles que había alrededor de la mesa, en los cuales no había advertido antes. — ¡Ahora todo es perfecto! Tenemos a los padrinos y a las damas de honor en número ideal, qué bueno que las medidas ya las tenía, sí todo saldrá perfecto— Seguía con su perorata la enana hiperactiva.
—Lamento interrumpir— dijo a modo de saludo el rubio, que no podía mirar a un punto fijo por temor a encontrarse de nuevo con la visión de Hermione siendo sujeta por aquel tipo.
—Descuida, cariño, te prepararé el desayuno— se adelantó Narcisa.
—No, no te molestes, mamá, creo que debería irme…
— ¡No! — El grito no podía haber venido de otra persona que no fuera Hermione, se dijo Draco, que permanecía estático.
Todos observaban a Hermione, que comenzaba a colorearse de un fuerte rojo escarlata, pero que no apartaba su mirada de Draco.
—No tienes por qué irte, tus hermanos y tus padres te han echado mucho de menos, quédate— terminó susurrando la morena.
Hermione no sabía qué ocurría con ella, estaba bastante consciente de que todos la miraban atónitos, de que su prometido estaba a su lado, mirándola desconcertado y que Draco ni siquiera la volteaba a ver.
Pero el volver a verlo, especialmente después de no haber sabido más que dos o tres cosas durante todo ese año, y de repente, tenerlo de nuevo frente a ella, había sido demasiado para su pobre corazón.
Hacía tiempo que la joven había aceptado que su amor permanecería siempre con ella, enterrado y olvidado, pero Draco siempre sería parte de su vida quisiera o no, saber que estaba bien, que no era una ilusión verlo ahí, había encendido de nuevo esa llama que creía extinta desde hacía un año, esperanza.
—Yo opino lo mismo— intercedió Neville, apoyando a Hermione en su petición— Hace un año que casi no sabemos nada de ti y tú de nosotros, quédate— Draco fijó su mirada en su hermano, a quien tenía la firme intención de castrar horas antes, ahora le parecía completamente diferente, con una imagen mayor, más madura, podía apostar todo lo que tenía que parte de ello tenía que ver con la duendecilla loca que tenía por prometida.
—No harás que todos te roguemos que te quedes, ¿cierto? — bufó Fleur con irritación pero con cierta alegría de ver al desgraciado de su cuñado de nuevo.
—Por supuesto que no, Fleur, solo haré que tú me ruegues— señaló el rubio, ganándose una señal obscena con su dedo medio por parte de su cuñada.
—Yo que tú no haría eso en frente de mi madre— le respondió el joven Malfoy, adentrándose de nuevo a la cocina, Fleur solo le dio una deslumbrante sonrisa, por las muecas de sus hermanos podía asegurar que Narcisa no le diría nada aun si comenzara a soltar una retahíla completa de maldiciones.
Como el buen hijo de Narcisa y Lucius Malfoy que era, comenzó a saludar a todos apropiadamente, a sus padres primero, después a sus hermanos, a sus cuñadas, a los señores Granger, y Luna se encargó de presentarle a Oliver Wood junto a su esposa Penelope.
Entre Oliver y Draco hubo un raro momento en el que se midieron uno a uno, y concluyeron, para sorpresa de Draco, que entre ellos, aunque no pudiera haber una amistad, tampoco se consideraban rivales, su rival estaba a unos asientos de ellos.
Después, con todo el dolor de su corazón y todas sus fuerzas, se acercó a Hermione.
—Hola, Hermione— saludó cortésmente, pero lo más distante que pudo, tuvo que centrar su mirada en un punto por detrás de su cabeza, pues si veía directamente a esos ojos chocolate que tanto amaba seguramente haría una estupidez como besarla en frente del idiota de su novio y no le importaría ni un poco.
— ¿Cómo has estado, Draco? — preguntó insegura, sin buscar su mirada tampoco.
—Mejor que tú no creo— aseguró el rubio, imprimiendo un tono de sarcasmo que solo Hermione pudo identificar e hizo que su corazón se encogiese en su pecho, un leve carraspeo la regresó de su mundo de miseria.
—Draco, él es Colin Biers— comenzó a presentar Hermione, el joven se acercó con una sonrisa cortés pero un tanto desdeñosa al mismo tiempo.
—Su prometido— concluyó por ella, haciendo que la morena se encogiera un poco más en su lugar— He escuchado mucho sobre ti, Draco.
— ¿Sí? — Cuestionó el rubio, mientras regresaba a su lugar en la mesa y eludía la mano que le había tendido—Me temo que yo no he escuchado nada sobre ti.
El tono de Draco sonaba más bien indiferente, sin embargo, su familia y por supuesto Hermione sabían que detrás de aquel tono se escondía un desdén puro.
—No lo dudo, como todo el mundo, se preguntan quién es el afortunado que ha atrapado a esta hermosa chica— dijo tomando a Hermione de nuevo por la cintura— Pero nunca se podrían imaginar que se trata un soso profesor de historia de la ciudad de Chicago— terminó riendo.
"Maldito hijo de puta", pensó Draco para sus adentros mientras ignoraba la supuesta broma de Colin y bebía impasible su café.
—Muy bien, Draco, tenemos que apresurarnos, solo tenemos tres semanas para el gran acontecimiento y debemos tomarte medidas para el traje, reacomodar sillas, imprimir tu nombre en las invitaciones y en las tarjetas, es demasiado trabajo y muy poco tiempo, así que…— Luna estaba en el centro de la cocina, como una verdadera directora de una gran orquesta— Todos saben qué hacer, ¡a trabajar! — como si de magia se tratara todos se comenzaron a retirar de la cocina y salieron de la gran mansión Malfoy, dejando solamente a Bill, Fleur, Neville, Luna, Draco, Hermione y Colin.
—Bien, será mejor que me vaya antes de que se me haga tarde— anunció Colin, Hermione se levantó a su lado y con la bilis recorriendo la garganta de Draco, observó como lo guiaba hasta la salida y se quedaba con él despidiéndolo.
—Al fin— suspiró Fleur, Draco se preguntaba qué ocurría ahí.
El joven Malfoy continuó degustando su desayuno, esperando a que alguien hablara.
— ¿Y bien? — lo encaró Fleur, roja de furia.
— ¿Y bien qué? — cuestionó él, tomando su café.
—Se los dije— presumió Bill, cruzando sus brazos sobre su pecho— La lluvia le aguó los sesos.
—Hermano, por favor, tú sabes qué— apremió Neville, sin apartar su mirada de la entrada, pendiente de que Hermione regresara. Draco se alzó de hombros.
— ¡Draco Malfoy! ¡No me irás a decir que te quedaras ahí comiendo tranquilamente mientras Hermione se casa con ese zopenco! — estalló Luna.
— ¿Debo presumir que no les agrada mucho quien sería su cuñado? — cuestionó medio divertido.
— ¡Quién eres y qué has hecho con el odioso de mi cuñado! — le recriminó Fleur también.
—Chicos, creo que debo irme ahora— anunció Hermione, regresando en ese momento, Draco continuó bebiendo de su café tranquilamente, sin ver la mirada triste que le dirigía Hermione. —Ha sido bueno verte de nuevo, Draco— el rubio reprimió un estremecimiento y asintió sin verla de nuevo.
La joven morena sintió sus esperanzas morir tan rápidamente como habían llegado y asintiendo salió cabizbaja de la casa Malfoy, con una mirada de reproche y furia dirigida hacia Draco, Luna y Fleur salieron detrás de su amiga.
— ¿Qué ha sido eso, Draco? — Preguntó molesto Bill, Neville lo escrutaba con la mirada, intentando adivinar qué rayos pensaba su hermano mayor— Sabía que eras un idiota pero, ¿llegar a esto? ¿Qué acaso ya no amas a Hermione?
—Bill— intentó Draco cortar la cháchara de su hermano.
—No, dime, ¿dónde quedaron esas ganas de luchar? Sé que no lo han tenido fácil pero ustedes se aman y tú ni pestañeas al verla con ese imbécil— continuó el mayor de los Malfoy sin escuchar a su hermano, Neville se quedaba aparte, ya habiendo adivinado los propósitos de su hermano.
—Bill— intentó de nuevo cortar a su hermano, pero éste no lo escuchaba, seguía con su indignado discurso, cuando estaba a punto de explotar, Draco se puso de pie y colocando sus manos en sus hombros lo detuvo.
— Bill, no dejaré que nadie, y mucho menos ese tipo insignificante, me arrebate a Hermione. — sentenció decidido, sus hermanos, sonrieron orgullosos.
Ya saben dónde estuvo escondido Draco, por todo un año, y ¿cómo ven a Colin? En lo personal él no me molesta en absoluto pero ya veremos.
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Love always, An
Y, bueno, ya ha pasado un año…
¿Qué piensan de Colin?
¿Creen que Draco haga algo para recuperar a Mione?
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Con amor,
Old Brown Shoe :3
