—Muy bien, acomodaremos ese sillón por ahí y después…— Hermione dejó de escuchar la cantarina y alegre voz de Luna, mientras organizaba todo para la nueva sesión fotográfica que harían para la nueva campaña de Chanel.

—Una moneda por tus pensamientos— Fleur, sigilosa como ella sola, se plantó junto a su morena amiga, conocía suficiente a Hermione para saber que en su cabeza se estaba cocinando algo y pronto las miles de cazuelas le explotarían.

—Creo que la luz debería cambiar ligeramente, pero Luna es la experta y confío en que sabrá…— la mirada asesina que la rubia le dirigió cortó su cháchara.

—Y una mierda, dime qué te ocurre— le espetó, la joven modelo supuso que no tenía ningún sentido intentar engañar a su mejor amiga, la conocía mejor que a sí misma.

—Colin ha estado…— comenzó Hermione, su amiga bufó, ahora sabía por dónde iba la cosa más o menos.

— ¿Ha sido toda una molestia en el trasero? — preguntó socarrona.

—Fleur, por favor— se quejó ella, la rubia volvió a bufar.

—Ya sé lo que dirás, "Colin no es una niña llorona, solo es… sensible" — El tono burlón y la representación de Fleur le hizo imposible a Hermione el no reír, era absurdo, todo ello. —Dime ya, ¿tan malo ha sido? — Hermione negó.

—Piensa que en cualquier momento iré corriendo a los brazos de Draco y lo dejaré plantado en el altar— Fleur arqueó una de sus perfectas cejas, instándola a continuar— Quiere adelantar la boda para dentro de un mes.

— ¿¡Qué?! —lo joven Delacour apenas se creía lo que escuchaba.

—Le he dicho que sería todo muy precipitado y una desconsideración contigo y Luna, porque han pasado los últimos meses organizando ambas bodas y además tenemos encima un montón de trabajo, pero me ha dejado bien en claro que no estaría contento hasta que lo hiciéramos.

"Será cabrón." pensó Fleur, pero se guardó su comentario mordaz.

— ¿Y qué harás? — Cuestionó, como quien no quiere la cosa.

—Ir a la fiesta de mañana, tratar de calmar mis nervios crispados y recordar que Colin ha estado para mí siempre que lo he necesitado y no ha pedido otra cosa más que mi amor— Fleur apretó los labios— Se lo debo, Fleur.

—No puedes casarte con él porque sientes que "se lo debes", Hermione, no seas idiota— aquellas duras palabras descolocaron a la modelo.

Desde que conocía a Fleur Delacour siempre se habían apoyado, se querían y estaba completamente segura de que moriría y mataría por su hermana, pues eso era para ella; pero nunca le había hablado de aquella manera, ni la había visto tan molesta por sus decisiones, ni siquiera cuando se había revolcado de dolor por la pérdida de Draco, pero ahora…

—Todo está listo, la sesión la terminaremos hoy y mañana tendremos libre para asistir a la fiesta— le aseguró Luna, desconcertada por la obvia tensión entre sus amigas.

—Entonces comencemos.

La atronadora música resonaba por los altavoces en el pequeño club de Nueva York, las modelos más hermosas, los patrocinadores más cotizados, la gente más exclusiva, y todo con el mismo fin, la belleza.

—Este lugar está a reventar— Se quejó Fleur, pegada al fornido cuerpo de su chico.

—Esto es genial, bebé, vamos a divertirnos—la alentó Bill.

—Mira, ahí está Logan, está muy cotizado esta temporada— Luna saltaba y flotaba entre toda la multitud, viendo gente, saludando y riendo con una bebida en su mano mientras Neville la seguía tranquilamente y se aseguraba de que nadie la molestara— Mira, es Jamie— saltó a los brazos de un alto y delgado rubio quien la saludó afablemente e igualmente a Neville.

Hermione iba detrás de todos ellos, copa en mano y saludando cortésmente a todos.

No fue una mirada, ni una palabra, ni siquiera un aroma, pero ella sabía que Draco estaba ahí, lo sentía en su interior, no era solo la tercera margarita que se había tomado, era su corazón quien lo llamaba.

— ¡Draco! — Llamó Luna, colgándose del cuello del rubio quien llegaba al atestado club en ese momento.

—Parece que alguien ha bebido demasiado ya— se burló el joven, mientras saludaba al resto de la comitiva.

—Y que lo digas, hermano— saludó Neville, abrazando tiernamente a su pequeña hada, ella no dudó en rodear su masculino cuerpo con sus brazos.

Entre más bromas comenzaron a mezclarse con la multitud, Hermione, un tanto aparte, los observaba, el distante saludo que Draco le había brindado la había dejado más descolocada de lo que creía posible. Todos se veían radiantes, sus amigas, achispadas y hermosas con sus vestidos, abrazadas a los hombres que amaban; sus amigos, riendo y haciendo bromas entre ellos, haciendo reír a Draco quien a su vez parecía relajado y muy atractivo.

¿Cómo era posible? ¿Qué había ocurrido? Hasta hace unos días se sentía bien, tranquila con su vida y sus decisiones, era cierto que a veces Colin era un tanto pesado en el asunto de su carrera y sus amistades, pero era solo porque no quería perderla, y ella lo quería, había aprendido a querer su sencillez y su apacibilidad, aunque sus amigas lo llamaran pelele a sus espaldas.

—Draco— Una radiante rubia, a quien Hermione reconoció como Astoria Greengrass, una de sus ex compañeras en las pasarelas, rostro de Carlina Herrera, se acercó rauda y veloz hacia el rubio, quien no dudó en saludarla con mucha efusividad, demasiada quizá, se dijo la morena, sintiendo bullir su interior.

—Cuanto tiempo, Astoria— saludó el rubio, para él, ella era una vieja amiga, bastante amable y divertida, la había conocido gracias a su hermana, con quien no había quedado en tan buenos términos después de un lío de una noche, sin embargo, con su hermana tenía una buena relación.

—Lo mismo digo, muchos han estado comentando que te mudas a Londres en unos meses, con todo y tu empresa, ¿tan mal te ha tratado nuestro país que tienes que irte hasta el otro lado del charco? — Bromeó la modelo, rodeando su cuello y abrazándolo ligeramente— Hay rumores de que es por una chica.

Todos, menos Draco, se tensaron al instante, Hermione quiso tirarse a llorar en ese instante, ¿se iba, de nuevo? No podría soportarlo.

—Por favor, Astoria, esos chismes te comerán la cabeza, deja de meter tu perfecta nariz respingada en donde no te llaman— la rubia rió alegremente por la broma, su relación con aquel empresario guapísimo siempre había sido así, relajada y pícara, siguiendo una costumbre, besó sus labios ligeramente, apenas un roce, a modo de despedida, pero nunca contó con la reacción que esto provocaría.

—Podrías quitar tus perfectas manos de él, si no te importa, Astoria— La voz de Hermione era tensa, fría, afilada como un cuchillo, pero aun así muy hermosa, se convenció Draco— Creía que habías aprendido a no meterte con lo que no es tuyo.

Todos sabían a lo que Hermione se refería, era del dominio público que Astoria se había relacionado con un actor casado, lo cual le acarreó muchos problemas y muchas lágrimas.

—Descuida, Hermione, no me meteré entre tú y tu prometido, quien quiera que sea—le aclaró despectivamente— En cuanto a Draco, bueno… No tenía ni idea de que siquiera se conocieran. — La sonrisa irónica de Astoria fue peor que un golpe en el estómago para Hermione— Nos veremos luego, Draco cariño.

Con un nuevo beso se despidió del rubio y desanduvo su camino por el club, para reunirse con otro grupo de amigos.

— ¿Qué diablos fue eso, Hermione? — Espetó Draco, una vez estuvieran solos y sus hermanos volvieran a estar inmersos en su conversación.

— ¿Qué? — Hermione se sentía confusa y adolorida, no físicamente, era su interior, las margaritas le habían pegado demasiado rápido.

—Lo que le dijiste a Astoria estuvo fuera de lugar y de contexto, no tenías por qué ser tan arpía— una furia ciega comenzó a nacer en el pecho de la morena, ¿por qué la defendía? ¿Qué era ella para él?

—Yo puedo decir lo que se me venga en gana, Malfoy— terció ella.

—Tenemos que hablar— con aire resultó la toma de su pequeña y cálida mano y salió rumbo a una terraza apartada de todo el bullicio del lugar.

—Parece que conoces bien el lugar— comentó como si nada.

—No es la primera vez que viajo a Nueva York para una fiesta como esta— comentó cínico, lo que molestó a Hermione mucho más.

—Ya lo veo.

—Lo que le dijiste a Astoria…— comenzó él, pero Hermione lo detuvo, si volvía a escuchar una sola palabra en defensa de ella no lo soportaría.

—Estuvo mal, ya lo sé, no tienes por qué darme un sermón, eso no le quita lo cierto, se te estaba abalanzando en frente de mí, como si yo no estuviera— le retó, furiosa y completamente celosa.

—Yo no te pertenezco, Hermione— su voz había cambiado ligeramente, aquello no era del todo cierto, pero tampoco era una mentira, ella estaba dispuesta a casarse con alguien que no era él, por mucho que esto le doliera— Fuiste tú quien me pidió que me fuera, eres tú quien está comprometida con otro, tú eres quien decidió no darnos una segunda oportunidad.

Las lágrimas le escocían los ojos y un lastimero sollozo pugnaba por salir de su pecho, pero no podía, o más bien no quería, demostrarle cuanto le dolía todo aquello.

—Te fuiste— susurró, tratado de que no se le rompiera la voz— Un año, Draco.

—Tú me pediste que lo hiciera, Hermione, yo estaba ahí, tratando de luchar, sé que te rompí el corazón pero tú también has roto el mío, más veces de las que podría contar, no soy de piedra, cometí errores y te pedí mil veces perdón por eso, sufrí lo que tú sufriste y ahora estoy aquí, viendo cómo te entregas a un hombre que no amas, ¿y esperas que me quede a tu lado, para lanzarte pétalos de rosa mientras tu caminas por el pasillo hacia el altar?

Las palabras de Draco le dolían, le escocían el corazón y dejaron sus lágrimas en libertad.

—Tú ya… Ya no… Ya no me amas— susurró Hermione, afirmando más que preguntando, aquello le producía un dolor indecible, volvía a ser la chiquilla tonta de Chicago.

Los brazos de Draco la aferraron a él, eso era lo que necesitaba, se dijo Hermione, estar junto a él, había creído que sus heridas podrían sanar solas, o quizá al lado de alguien más, pero no, era él, siempre había sido él el único que podía hacer latir su corazón y regresarlo a la vida.

—Te amo, Hermione, más de lo que creía posible, por eso estoy aquí hoy— se separaron unos centímetros del asfixiante abrazo para poder verse a los ojos, gris y miel, fusionándose— Estoy aquí y quiero que luches por nosotros, yo ya no puedo hacer nada más, es tú turno de luchar, toma una decisión, sea cual sea yo no dejaré de amarte, pero si lo elijes a él… No podré soportarlo, Hermione, así que no me pidas que me quede a tu lado para ver eso.

Ahí estaba, un ultimátum, la última oportunidad, su última oportunidad, él le estaba pidiendo que diera el paso, que se dejara caer, que olvidara todo el pasado y que se aferrara a él.

Por otro lado, si elegía a Colin, a la vida que estaba formando ahora, él lo aceptaría, pero se marcharía, quizá para siempre, esta idea le dolió y le aterró más que cualquier otra cosa, perderlo de nuevo, perderse de nuevo.

Sin pensarlo mucho más, Hermione cortó los cinco centímetros que la altura de Draco aun le llevaba y unió sus labios a los de él.

Fue un beso furioso, anhelante, habían sido seis largos años de no besar esos labios, tibios y suaves que la llevaban al paraíso en la tierra, era él, su esencia, su sabor, el calor de su cuerpo, sus brazos fuertes aferrándola a él, aprisionándola para siempre; la intensidad fue bajando gradualmente hasta volverse un simple roce, pero pareciera que cualquier distancia entre ellos fuera insoportable.

—Te elijo a ti, te elegiré siempre a ti— sollozó, volviendo a unir sus labios.

Draco lo sabía, ahí estaba, su ninfa, su ratoncito, su Hermione. Una parte de su cabeza aun recordaba que no todo estaba arreglado, que no todo sería fácil, pero nada le importaba; estaban, por fin, juntos.

El amor, la tristeza, la soledad, el dolor, el deseo, la ternura y la incertidumbre se mezclaban una con otra en sus bocas, un beso abrazador que borraba de un plumazo todos los años pasados, y solo dejaba fuego a su alrededor.

—Te amo, Draco, te amo tanto que me duele, tengo tanto miedo— con infinita ternura, el rubio limpió las lágrimas que todavía rodaban por el perfecto rostro de Hermione.

—Yo también tengo miedo, no me dejes ir, Hermione, luchemos, luchemos por los dos, te lo suplico— Hermione asintió fervientemente, ya era tiempo, dejarían todo atrás, no habría más excusas ni tonterías, ahora estaba ahí, justo donde debería haber estado siempre y no se iría, ya no más.

—Te amo— susurraron al mismo tiempo antes de volver a besarse profundamente.


¿Ah que les encantó? Se hizo justicia, solo espero que no me maten en el siguiente capítulo, que se subirá el 28.

¿No les pareció de lo más listo? Simplemente tuvo que demostrarle que no todo dura para siempre y que las segundas oportunidades son muy, muy raras, deben tomarse en cuanto se encuentran.

¿Reviews?

Love always, An.


¡PORFIN ESTAN JUNTOS! :D

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Abrazos,

Old Brown Shoe :3