—Así que se fugarán juntos— comentó Bill, despreocupado como siempre, mientras su hermano menor terminaba de empacar unas cuantas pertenencias para su viaje.

—No, Bill, te lo digo de nuevo, no vamos a fugarnos— corrigió por cuarta vez, con voz cansina, Draco— Mamá y papá saben que estaremos en Londres, ustedes también, Luna, Fleur y los padres de Hermione también están al tanto, no es ninguna fuga.

—Te llevas a una chica comprometida, hasta donde yo sé Hermione sigue comprometida con Colin, a otro continente, inesperadamente— apuntó el mayor de los Malfoy—Eso me suena como una fuga.

—Piensa lo que quieras— terminó rindiéndose el rubio, mientras Neville los veía desde el marco de la puerta divertido.

—Su vuelo sale a las cuatro— le recordó el menor de sus hermanos, Draco asintió y con una sensación de vértigo terminó de hacer su equipaje.

Dos días antes, después de la gran fiesta que se realizó en Nueva York, Hermione y Draco habían acordado que hablarían con sus familias, ella terminaría con Colin y pasarían una temporada solos y alejados de todos y de todo, además de que por su experiencia, y basado en que en el club había más de mil fotógrafos de la prensa, no tardarían en salir cientos de publicaciones en las que aparecieran ellos dos, si habían logrado tomarles alguna foto, claro está.

El joven Malfoy salió con resolución de aquel apartamento, no había nada en él que lo atara sentimentalmente, por otro lado, en Londres había encontrado calma y la madurez suficiente para convertirse en la persona que era en esos momentos, estaba más que convencido de que Hermione encontraría el lugar más que pintoresco, ambos habían compartido una historia de amor en Chicago y el clima de Londres era bastante parecido a este, era el lugar ideal.

Con sus hermanos flanqueándolo, se dirigió al auto en el que viajaría a Chicago, donde se encontraría con Hermione, hablaría con los señores Granger y después partirían hacia su nueva vida, Draco casi podía saltar de la anticipación y la dicha.

Bill y Neville se montaron en el Jeep del primero y siguieron a su hermano todo el camino.

Se presentó a la una en punto frente a la casa de los Granger, apenas tenía el tiempo justo para hablar con los padres de Hermione, despedirse de su familia y llegar a tiempo al aeropuerto, habría sido más fácil que ambos se reunieran directamente en el aeropuerto, pero él no quería parecer un cobarde frente a quienes sería sus suegros en un futuro y no quería abandonar de nuevo a sus padres, se los debía.

—Estamos contigo, hermano— le aseguró Bill, ambos hermanos se colocaron junto a él en señal de apoyo.

—Creo que deberían ir a casa y calmar a Luna y Fleur antes de que yo vaya hacia allá, no quiero que me saquen los ojos antes de irme. —Aunque algo reticentes, los hermanos entendieron que Draco tenía razón, en cuanto pusiera un pie en la mansión las chicas se le irían al cuello, y lo asesinarían, mejor calmar los ánimos por anticipado.

—Suerte— le gritaron a coro, el joven rubio los despidió con un gesto de mano y se encaminó a la entra de la residencia.

Todo se encontraba justo como lo recordaba, el jardín que Mónica se empeñaba en mantener pulcramente cuidado, el porche lleno de adornos playeros, desde caracolas de mar, estrellas y todo tipo de flores de brillantes colores.

Tocó el timbre y sintió que se desvanecía, una cosa era tener diecisiete años y ser el novio baboso de una chica, y otra muy diferente era estar en su casa, frente a sus padres, diciéndoles que se la llevaría a otro continente por tiempo indefinido.

La puerta la abrió quien menos esperaba, Colin Biers.

—Draco, qué sorpresa— un brillo de odio puro surcaba los ojos claros de Colin, su voz destilaba veneno y en su postura se podía adivinar las ganas que tenía de asestarle un puñetazo.

— ¿Está Hermione? — Preguntó fríamente, ignorando su saludo y a él, cuestionándose el por qué seguía ahí y no llorando a moco tendido en donde quiera que viviera, una idea le cruzó en ese instante la cabeza y lo dejó paralizado, el brillo de la victoria empañaba los ojos del joven Biers.

—Está adentro, pero no creo que pueda verte, está un poco indispuesta, ¿es algo acerca de la boda de tu hermano? — "Maldito idiota", pensó Draco.

—Quiero hablar con ella— la molestia del joven Malfoy aumentaba gradualmente, hasta convertirse en una furia ciega, tenía un mal presentimiento de esto, un muy mal presentimiento.

—No quería ser yo quien te dijera esto, Draco— el falso pesar de Colin no engañó ni por un segundo al rubio—Ella no quiere verte, nunca más, ella me ama y debes aceptar eso, nos casaremos la próxima semana, hasta nunca. — Colin hizo amago de cerrar la puerta, pero Draco se lo impidió dándole un empujón y metiendo la mitad de su cuerpo entre la puerta.

—Voy a ver a Hermione te guste o no.

—Ella no quiere verte— entre los dos comenzaron a forcejear, haciendo chirriar la puerta dolorosamente y fulminándose con la mirada, tratando de controlarse para no soltarse a golpes de una vez por todas.

—Draco— la voz de Hermione apenas había sido un susurro, pero pareciera que hubiera resonado como un trueno en el lugar.

Estaba al pie de la escalera, con sus padres a cada lado, tenía el cabello revuelto y el rostro hinchado, seguro de tanto llorar, Colin se apartó inmediatamente de la puerta, provocando que Draco casi cayera al piso.

Hermione se acercó y se detuvo unos segundos junto a Colin, que al joven Malfoy le parecieron una eternidad, una dolorosa y muy horrible eternidad.

Colin besó su cabello y le acarició la cabeza delicadamente, ella le respondió con una sonrisa pequeña y un asentimiento.

—Hermione, ¿qué está ocurriendo? — Draco se sentía como en un universo alterno, aberrante y sin sentido.

—Hablemos afuera, por favor— le pidió la morena, cerrando la puerta detrás de ella y parándose justo en frente del auto.

— ¿Qué demonios ocurre, Hermione? Me estás matando— el tono de voz lastimero de Draco hicieron que la castaña comenzara a temblar por controlar los sollozos.

—Lo que pasó hace unos días fue un error, Draco— aquellas simples palabras hicieron comprender a Draco Malfoy, que todo había acabado— Yo estaba muy tomada y molesta porque Colin y yo habíamos estado discutiendo, todo esto ha sido una locura.

Las lágrimas corrían libremente por el rostro de Hermione, al igual que en el de Draco.

—Para— susurró él, con las mínimas fuerzas, aun no sabía cómo seguía en pie, pero Hermione no lo escuchó.

—Nosotros nunca debimos hacer esto, yo amo a Colin, y él me ama lo suficiente como para perdonar la locura que estaba por cometer, me casaré con él la próxima semana, por favor olvida todo lo que te dije y perdóname por causar todo esto, yo… soy una horrible persona— se lamentó ella— Primero lastimo a Colin, y ahora te lastimo a ti, yo…— el llanto cortó sus miserables lamentaciones.

—Es cierto— Draco había recuperado su voz y las duras palabras que había pronunciado descolocaron a Hermione— Eres una horrible persona, y lo más trágico de todo esto es que aun así te amo con todo mi ser.

—Draco…—Hermione quiso decirle tantas cosas en ese momento, lo mucho que lo quería, lo mucho que le debía a Colin, lo estúpida que había sido y cuánto lamentaba haberle causado algún daño, pero él negaba, evitándole hablar y comenzando a alejarse de ella, como si su sola presencia le hiriera en lo más hondo, necesitaba alejarse, irse de ahí.

Se subió al auto y condujo al único lugar en el que era capaz de estar, en donde necesitaba estar.

Detuvo el auto frente a la casa de sus padres, donde una Narcisa con el rostro compungido y un Lucius acongojado lo esperaban.

Como era de suponer, las chicas ya los habían puesto al tanto de toda la situación, solo esperaban que su hijo no estuviera tan destrozado como lo imaginaban, pero al ver su rostro, sus ojos vacios y su presencia en general, sabían que ya era demasiado tarde, su hijo se había perdido.

—Draco, mi bebé— sollozó Narcisa, en el brazo de su esposo, quien lloraba en su interior y en silencio por el hijo que había perdido en vida.

Se quedaron así por horas, ellos en el porche y él en su auto, con el rostro inexpresivo y los ojos vacios.

Dentro de la casa las chicas, Luna y Fleur, descargaban su furia entre ellas.

— ¡Cómo puede ser tan tonta! ¡Es que no lo entiendo! — Luna gritaba a diestra y siniestra, amaba a Hermione con locura, era su mejor amiga, pero no entendía lo que le pasaba por la cabeza, y por supuesto no lo aprobaba.

—Debe tenerla amenazada, debió chantajearla con algo o debe estar manipulándola— Fleur intentaba convencerse de esto, sin embargo… No podía, sabía que había sido Hermione, y solo ella, quien había tomado aquella decisión.

Los hermanos no decían nada, sabían que no deberían haberlo dejado solo, su hermano, aquel que siempre los apoyó y ayudó en todo, le habían fallado.

Cuando sus prometidas estuvieron tranquilas y pudieron llevar a su hermano a su antigua habitación, el silencio sumió a la mansión Malfoy en una pena gris, profunda y devastadora.


Por la mañana las cosas no estaban mucho mejor, deliberaban, argumentaban y no llegaban a ningún acuerdo, la invitación para la boda que se realizaría dentro de unos pocos días había llegado esa misma mañana.

—No puedo creer que se digne a invitarnos, después de todo lo que ha pasado— Narcisa Malfoy era dulce por naturaleza, bondadosa y comprensiva, conocía a Hermione y la quería y apreciaba, pero había dañado a su hijo, a uno de sus pequeños, y eso no podía soportarlo.

—Hemos sido amigos de los Granger por muchos años, son amigos íntimos— Lucius intentaba calamar a su esposa, pero podía entender su indignación, y la compartía.

—Ella es mi mejor amiga, casi mi hermana— susurró Fleur al oído de Bill, él lo entendía, se trataba de la hermana de su Fleur, pero también hablaban de su hermano, su sangre.

— ¿Deberíamos preguntarle a Draco? — Comentó Luna, sin saber qué hacer, se sentía cansada y triste, demasiado como para seguir con aquella refriega.

— ¿Preguntarme qué? — La voz de Draco alertó a todos, pero él seguía ahí, impasible, su voz venía de algún lugar lejano y oscuro, sus ojos no portaban ningún tipo de brillo, sin darles tiempo de contestar, se acercó a la mesa de la cocina donde se encontraba el fino papel de invitación.

Leyó y releyó por al menos cinco minutos, dándose cuenta de que ya no podía sentir nada.

—Supongo que tendré que ir por algún traje a mi casa, no tengo ropa de etiqueta aquí— comentó como si se tratase del clima, se sentó y comió de todo lo que había preparado su madre para desayunar.

Aunque estupefactos y sin saber bien qué hacer, continuaron desayunando.


La mañana era clara y sin amenazas de lluvia, aunque en el interior de Hermione la tormenta permaneciera.

Aquello era lo correcto, Colin era la elección correcta, trataba de repetirse, él era bueno y la quería, le daba la paz que buscaba, que necesitaba, con Draco todo habría sido demasiado, demasiadas cámaras a su alrededor, demasiado dolor y pasado entre los dos, y eso no era lo que ella quería, con esos pensamientos comenzó a arreglarse ayudada por su madre, no había sabido nada de sus amigas desde hacía días, no le sorprendía, pero no por eso dejaba de dolerle.

—Estás preciosa, cariño— susurró su madre, besó su mejilla y salió de su habitación, llorando calladamente.

Y era verdad, estaba fabulosa, el cabello recogido, un vestido blanco y vaporoso, el rostro bien maquillado.

—Es la hora, hija— su padre, con un traje de etiqueta la esperaba para bajar con ella y llevarla hasta el jardín, donde se celebraría la boda de su única y amada hija, con un hombre que no amaba.

—Creo que…— la voz de Wendell era un susurro, bajo y triste, pero resignado— Bueno, supongo que Colin no está mal, espero que seas muy feliz, cariño, todo lo feliz que puedas ser con alguien como él.

— ¿Cómo él, papá? — El rostro de su padre era serio.

—Como alguien que no sea Draco Malfoy— Wendell dirigió su mirada hacia un grupo de personas, entre las que se encontraba una cabellera rubia que sobresalía de las demás, y que miraba hacia el frente, sin expresión alguna, el pecho de Hermione se comprimió al entender que él estaba ahí.

La marcha nupcial comenzó a sonar antes de que se diera cuenta y ella procuró sentirse dichosa y alegre, aunque estuviera muriendo por dentro.

Cuando Draco la vio, supo que su interior no estaba muerto del todo, estaba tan bella que lo había dejado sin respiración, y esa era el punto.

Mientras siguiera vivo, cada respiro, pensamiento, sueño, sería por Hermione, por el amor de su vida, que iba a casarse dentro de unos minutos. Sin fijarse en nada más, se levantó de su asiento dispuesto a irse.

Lucius intentó detenerlo, pero el crudo y amargo dolor que vio reflejado en los ojos de su hijo no pudo hacer mucho más que dejarlo marchar.

Aquello había sido una estupidez, se dijo Draco, mientras andaba hacia su auto y comenzaba a manejar furiosamente. Dentro del jardín, Hermione escuchaba el chirrido de unas llantas y supo que todo había terminado por fin, con un trémulo "Acepto", tendió su mano para que Colin colocara una alianza dorada en su dedo, uniéndola a él para siempre.

Draco manejaba como un poseso, no veía nada, no sentía nada más que dolor y pena, los rostros sonrientes y amorosos de sus padres, de sus hermanos, de sus novias, y de Hermione, desfilaron por su cabeza.

Sobre todo el de Hermione, cuando tenía escasos dieciséis años y lo había amado con todo su corazón y su alma, esa imagen era la que quería, se convenció, ese rostro era el que amaba, e iría por ella.

Condujo sin rumbo hasta que encontró el camino que lo llevaría hacia su Hermione, aceleró a fondo y rompiendo la banda de seguridad que separaba la carretera del acantilado, se dejó llevar al vacio dentro de su auto.

La última imagen que evocó su mente fue la de Hermione, a su lado, prometiéndole amarlo para todo la eternidad antes de cerrar los ojos y terminar con todo su dolor.