Epilogo.
Más que una modelo.
La pequeña niña de dulces ojos miel y risos rubios bailaba en el prado-jardín lleno de luz y flores, pasando sus pequeñas manos de bebé por entre las flores que rodeaban el lugar, el vestido flotaba con cada vuelta que daba, al ritmo de su propia música, una dulce nana que había escuchado de los labios de su madre en cientos de ocasiones.
El perfecto círculo rodeado por una imperceptible cerca de madera brillaba con luz propia, a pesar del clima del lugar, y también resplandecía a los ojos de la pequeña, como solo ese lugar lleno de magia para ella podía hacerlo.
— ¿Rose? ¿Dónde estás, mi amor? — La voz de su madre la llamó desde un lugar no muy apartado, en cuanto escuchó esa tierna voz la niña abrió los ojos deteniendo su danza para salir corriendo en busca de la dueña de aquella voz.
Hermione Malfoy, antes Hermione Granger, antiguamente modelo internacional y ahora una sobresaliente maestra de literatura inglesa, entró al prado en el momento en que su pequeña de tan solo cuatro años saltaba a sus brazos, era tan ligera y pequeña aun, Hermione no podía evitar querer tenerla en sus brazos todo el tiempo.
Para ella su hija era simplemente perfecta, piel de porcelana con un leve tono rosáceo en sus mejillas regordetas, rulos perfectamente definidos del tono más peculiar y único, que solo compartía con su padre, sus ojitos grandes y juguetones, su nariz respingada sobresaliendo del rostro, todo en un pequeña paquete, liviano y siempre alegre.
— ¡Hermione! — la morena ahogó el gruñido que pugnaba por salir de su boca, al escuchar la voz alarmada, y hasta cierto punto histérica, de su esposo— Amor, por favor, sabes que no debes hacer grandes esfuerzos, yo sostendré a Rose. — Draco Malfoy, mucho más maduro, guapo y sobreprotector esposo de la joven, ahora miraba con aprensión hacia la enfurruñada morena, ahí se encontraban los tres tesoros de su vida, su esposa, su hija y el bebé que estaba en camino.
—Draco, solo tengo tres meses, además caminé todo ese sendero hasta aquí— la joven señaló el camino marcado que conectaba aquel prado particular con su residencia—Para estar junto a mi pequeña y eso haré. —Concluyó Hermione, aferrando a su hija.
La pequeña, divertida por el rostro compungido de su padre, la reprimenda de su madre y la calidez que le proporcionaba su abrazo, rió alegremente, sujetándose del cuello de Hermione.
—Muy bien— cedió Draco, sabiendo que no había ser más testarudo en la tierra que su esposa. Su teléfono sonó en ese momento con una canción chillona y alegre que hizo saltar a Rose, se trataba de Luna, todo estaba listo para la fiesta de cumpleaños. — Será mejor que volvamos.
Regresaron por el mismo sendero marcado que conducía a la casa del matrimonio Malfoy- Granger.
A pesar de las protestas de sus familiares y amigos, Draco y Hermione se había habituado tanto a Londres que se habían instalado indefinidamente ahí, tanto que habían conseguido una casa la cual conectara a un pequeño prado cercado, la reproducción exacta del suyo en Chicago, donde su pequeña adoraba jugar.
—Será la mejor fiesta de cumpleaños para Rose— aseguró Hermione, sonriendo satisfecha, eso mismo había dicho acerca de las tres anteriores, pensó divertido Draco.
Todos sus familiares se encontraban en el jardín de la residencia, copia de la de sus padres en Chicago, les daba un sentimiento de seguridad y confianza el tener ese tipo de conexión con su hogar.
Luna y Neville, con sus gemelas de cinco años, Mackenzie y Emmaline, se encontraban ahí. Ambas niñas eran muy bellas, rubias por parte de su madre ya que todos sabían que Luna era rubia natural, excepto Mackenzie tenía los ojos azules de Luna y Emmaline los ojos grises de la familia, activas y talentosas como Luna, y traviesas y encantadoras como Neville.
También estaban Bill y Fleur, con el pequeño Louis en brazos, de tan solo siete meses.
Para ellos había sido realmente difícil quedar embarazados, finalmente lo habían logrado, dando a la enamorada pareja un bebé grande y hermoso, con el cabello como el de Bill y los ojos celestes de Fleur, junto con unos hoyuelos que lo hacían irresistible a quien lo viera. La pequeña familia vivía en un tranquilo suburbio donde Louis podría jugar y montar bicicleta cuando creciera, incluso podría tener un cachorro; después de que Hermione se retirara Fleur tomó las riendas de las relaciones públicas en la empresa de Bill, cosa que le había resultado maravilloso, la compañía crecía cada día más y más.
Lucius y Narcisa estaban también ahí, sonrientes y amorosos, al igual que Mónica y Wendell Granger, los primeros, viviendo sus años juntos, viendo cómo sus hijos habían encontrado el amor verdadero y éste daba sus frutos en unos hermosos nietos para el matrimonio Malfoy; los señores Granger veían complacidos cómo su hija había encontrado al fin el lugar al que pertenecía, además de la preciosa nieta que les había brindado y el que venía en camino. "Esa es mi niña", pensó con orgullo Charlie Granger al ver llegar a Hermione con Rose en brazos, junto a Draco.
Oliver se encontraba jugando con el pequeño niño de siete años que era su hijo, mientras Penelope sostenía a una bebé de dos años en brazos.
—Aquí está la cumpleañera— canturreó Luna, mientras saltaba hasta Hermione y le daba una ligera mirada reprobatoria al verla con Rose, pero la morena solo se alzó de hombros y continuó su camino hasta situarse al lado de sus padres, quienes se apoderaron de Rose al instante.
—Ya que estamos todos, creo que es hora de dar un anuncio— todos prestaron atención a Luna, quien sujetaba de la mano a una de sus niñas a la vez que Neville se situaba a su lado y sujetaba a su otra hija— Neville y yo hemos decidido mudarnos a Londres, donde recibiremos a nuestro próximo bebé.
Todos felicitaron a la pareja, que rebosaba felicidad, Mackenzie y Emmaline también estaban felices por recibir a un nuevo integrante en su familia, un pequeño hermanito con el que jugar y al cual molestar justo como su papá había molestado de pequeño a sus tíos.
Sus amigas estaban tan felices por ella, después de haber vivido por años con James y haberse perdido casi por completo, verla tan dichosa, con una familia al lado del hombre que realmente amaba era lo mejor.
La fiesta se llevó a cabo como estaba planeado, juegos para los pequeños, bebidas para los adultos, un poco de baile y comida preparada por todas las integrantes de la familia.
Cuando todos se hubieron retirado a sus habitaciones, ya fuera en la casa o en algún hotel, Draco y Hermione se quedaron observando a su pequeña mientras dormía después de un día largo y lleno de amor para ella, su cabello broncíneo se desparramaba por la almohada azul de su cama, mientras las mantas blancas con decorados la cubría hasta la barbilla.
— ¿Eres feliz, amor? — preguntó Draco, susurrando en el oído de su esposa, abrazando y acariciando su casi imperceptible vientre.
Hermione lo observó apartando sus ojos de Rose, realmente la tenía hipnotizada.
Al ver los ojos de Draco recordó la mirada penetrante de unos ojos grises cuando tenía tan solo dieciséis años, sus palabras de amor, sus besos, el dolor, los años siguientes, su vida como modelo, su reencuentro con aquellos ojos, su confusión y desdicha, su amor, su boda, su embarazo, su vida como maestra de literatura en Londres, su hija, su hogar, Draco, su próximo bebé.
—Soy muy feliz, Draco— contestó ella, segura totalmente de eso, todo había valido la pena, todo por ese momento en el que su hija dormía tranquila y feliz a unos metros de ella, su único y verdadero amor la sujetaba contra él y un pequeño yacía dentro de su vientre.
—Yo también— aseguró el cobrizo, al sentirla junto a él, con su hijo en camino, con la hija que habían tenido juntos, con su matrimonio, su empresa, su familia, sus hermanos felices y sus padres junto a él, el amor que veía en los ojos chocolates de Hermione, sabía que el pasado nunca podría ser cambiado, pero siempre tendría el presente y un futuro, junto a la única mujer que había amado nunca, su Hermione, quien seguía siendo su ninfa y algunas veces su ratoncito tímido, quien alguna vez fue una modelo.
Espero que les agrade el epílogo, para las que hayan leído alguna de mis otras historias terminadas sabrán que los epílogos siempre son dulces y alegres, llenos de la felicidad que siempre debería haber en cada final.
Incluso cuando hay cambios no deben olvidar quienes son; siempre escuchen a su corazón, la mayoría de las veces uno no sabe qué hacer, cómo actuar o qué decir, pero su corazón siempre les mostrará el camino, un camino que los llevará justo a donde quieren estar.
¡Las amo, mis hermosas! ¡Muchas gracias!
Love always, An.
Bueno, aquí está el último capítulo…
¡No puedo creer que ya acabe este fic…!
Me encantó, es uno de los mejores que he leído… :D
Con amor,
Old Brown Shoe :3
