Volvió a leer por décima quinta vez el diagnóstico de la prueba que se había hecho unas semanas atrás. El resultado solo confirmaba lo que ya sospechaba desde hace varios meses.
Desesperado,arrugó el papel, se levantó de la silla y la golpeó enviándola contra la pared con un gran estruendo. La miró con ira, cómo si aquel pobre ser inerte tuviera la culpa de todo lo que le ocurría en ese instante.
Irritado dirigió la mirada hacia el escritorio para que, segundos más tarde este terminara patas arriba varios metros lejos de su posición original. Cómo consecuencia, todos los papeles, tubos de ensayo, etc. yacían regados por el suelo.
Oyó cómo aporreaban la puerta y gritaban del otro lado
-¡Dulce Príncipe! ¿¡Se encuentra bien!? ¿¡Fue la Reina Helada!?
Fionna había derribado la puerta del laboratorio gritando asustada al ver el destrozo que había causado en su arrebato de ira. Sin que la rubia lo notara escondió el papel en un bolsillo de su bata de laboratorio y rápidamente se inventó una escusa para aquel desastre
-Tranqui Fio...-Fingió un tono despreocupado y amable, como si nada hubiese pasado-...un experimento, que se me fue de las manos. Lamento haberlas preocupado chicas- Odiaba hablar con aquella formalidad programada que,como monarca, estaba obligado a utilizar.
-¡Ves Fionna!-exclamó Cake haciendo un mohín a la heroína-Te dije que no ocurría nada. ¡Mi cola se hubiera encrespado niña!-chilló acariciando su cola.
-Bueno Príncipe si la Reina helada intenta algo avísanos- La chica salió corriendo seguida de Cake. Seguramente llegará tarde a su cita con el Príncipe Flama por verme obligado a que crean que necesito protección porque ''soy débil''
Soltó un suspiro aburrido. Estaba cansado de todo el mundo creyera que era un estúpido y débil Príncipe que no podía valerse por si mismo por culpa del Código Monarca que sus padres se habían esforzado en inculcarle a él y al pueblo. Puede que estuviese hecho de dulce pero odiaba comportarse cómo tal.
Suspiró de nuevo derrotado mirando el escritorio y la silla olvidados en el suelo. Se recogió las mangas de la bata y se dispuso a recogerlo todo. Al terminar empezó a notar un pequeño picor en su antebrazo. Miró el reloj a un lado de la puerta y embozó una extraña sonrisa, se quitó la bata la colgó del perchero de la puerta y salió casi corriendo de la habitación.
¡Wow! Cuanta prisa llevaba el Príncipe Rosita Pensó Marshall volviéndose visible de nuevo, bajándose del techo. Cuando Fionna abrió ''delicadamente'' la puerta el había entrado en su forma invisible-¿Qué es lo que escondiste Rosita? - Husmeó en los bolsillos de la bata sacando el misterioso papel que había visto como el príncipe escondía- Blah Blah Blah...No lo entiendo...No me importa...No se lo que significa...Blah Blah...Mejor leo el final que acabaré antes...¿¡PERO QUÉ DEMONIOS?!-Abrió los ojos al entender el significado de lo que ponía en el papel.
Se sentó encima del escritorio, mientras volvía a leerlo esta vez con una sonrisa en sus labios, mordiéndolos en señal de malicia. No perdería oportunidad, se aprovecharía de esto y manipularía al Dulce Príncipe a su antojo.
Después de todo... seguro que el Príncipe de Chuchelandia no quería que los Chuches se enterara de que su querido monarca era ''ese tipo'' de hombre.
