Capítulo III
En el mismo momento en el que dijo en voz alta lo que pensaba, dictó su sentencia de muerte, aunque irónicamente, él ya estaba muerto.
La mirada, primero sorprendida después llorosa y por última de completo odio que le dedicó antes de montarse en Mañana y dejarlo solo, le dejó con un dolor insoportable en el pecho que le molestaba de sobremanera, un nudo en la garganta y una sensación de vacío . En medio del bosque. Abandonado.
Dio un paso hacia delante mirando en la dirección en la que se había ido Gumball.¿Por qué le he dicho eso?Mierda...Gumball significas mucho para mí...¡Soy un estúpido! ¿Cómo se me ocurre?Se tiró de los pelos desesperado recapacitando lo que había hecho.
¿Mi amistad para ti vale tan poco cómo para hacerme esto?
Y él...muy inteligente : ¡Sí, yo de ti no quiero tu amistad! le había contestado sin pensarlo arrepintiéndose de inmediato de su estupidez. Al decir aquello no había pensado como sonaría, simplemente dijo lo que le pasó aquel momento por su cabeza.
Lo que había dicho era verdad, él no deseaba la amistad que tenía con el Dulce Príncipe, de hecho la odiaba, desde que Gumball había cumplido los 187 años y el solo tenía 813, había quedado totalmente prendado del chico, y al haberse enterado de la ninfomanía que padecía el príncipe, había querido sobornarle para poder tener una oportunidad con él, una oportunidad que Gumball se había encargado de rechazar hace unos 100 años atrás cuando se había atrevido a confesarse.
Enfadado consigo mismo, voló hasta su casa, estaba a punto de amanecer y si se quedaba allí, pensando en los problemas que le iba a traer esa respuesta, moriría calcinado por los crueles rayos del sol. Maldito día, maldita luz, maldito Gumball, estúpido yo...
-Ese mismo día a las 6 de la mañana en el Palacio de Chuchelandia.-
El príncipe caminaba de un lado a otro maldiciendo e insultando a todo lo que había en su habitación: su silla, su cama, el armario, la telaraña de nube de azúcar que había tejido alguna chuche-araña; la camisa que Marshall le había dado cuando se presentó en su cuarto hace, exactamente, 93 años atrás para confesarse...Miró ese último objeto tirado en el suelo, lo cogió y sin piedad lo lanzó al cubo de basura con odio.
Marshall es más estúpido y no nace...estúpido...¿Será gilipollas?¿Tan poco le importaba mi amistad que prefiere humillarme qué seguir siendo mi amigo?...Pensaba que me amaba y que no sería capaz de eso. ¿Tanto le dolió que le rechazara aquel entonces como para llegar a estos extremos? ¡Joder!
Se sentó al borde de la cama y agachó la cabeza enfadado a más no poder. No paraba de insultar al vampiro en su cabeza cuando se fijó en que aún llevaba puesto el suéter negro que le había dado algún cliente de anoche. Se lo quitó y lo observó, era completamente negro y tenía un bolsillo delantero, la verdad era muy simple pero muy cómodo a su parecer.
Se fijó que dentro de la capucha había una pequeña tela cosida que tenía un nombre , el nombre del dueño. Abrió los ojos lo más que pudo, negándose a creer de quien era aquella capucha.
Hunson Abadeer
De su mente se borró todo pensamiento durante 3 minutos hasta que la bomba imaginaria en su cabeza explotó ¿¡ME HE ACOSTADO CON EL PADRE DE MARSHALL!? ¡Oh my Glob! ¡No por favor!... ¡no me jodas!, ¡Marshall no se puede enterar! Se tiró en la cama de espaldas aún en estado de shock ¡Mierda! ¿Y ahora qué hago?A ver...piensa Gumball...Primero: Yo no le tengo que dar explicaciones a nadie ni decirle a Marshall con quien me acuesto ¿Verdad? Él no tiene por qué enterarse de nada en lo referente a mi vida ; Segundo: El Sr. Abadeer ni siquiera sabe con quien estuvo, no me vio la cara así que no tengo que alterarme tanto ¿No? Asintió intentando convencerse. Ahora lo único de lo que tenía que preocupare era del odioso Marshall y su horrible trato que el vampiro le había obligado aceptar aún a sabiendas de que perdería su amistad.
¡Sí, yo de ti no quiero tu amistad!
Se agarró la cabeza, había demasiado en lo que pensar, estaba hecho un lio total y dentro de unos minutos vendría el mayordomo Menta para ''despertarlo'' para que empezar sus labores como príncipe, y lo último que necesitaba era que el mayordomo se enterara de su doble vida y de que se había acostado con el Rey de los Demonios.
-¿Señor ya está despierto?-Casi le dio un infarto al oírle ya dentro de la habitación.
-Menta...-escondió el suéter bajo la almohada mientras pensaba en una excusa- Hoy me he despertado algo temprano pero ¿Qué haces aquí a esta hora? Aún es temprano para levantarme- El reloj de la mesita de noche marcaba las 6:48 a.m. Y a él le despertaban exactamente a las 7:00 a.m.
-P-pues...-Estaba nervioso, no sabía como darle la noticia a su señor-Tiene visita
-¿Quién viene de visitas a estas horas?-Cubrió su tono irritado con un tono dulce y curioso perfectamente ensayado. Odiaba empezar a fingir desde tan temprano
-¡Su hermana!-¡No más problemas no! Glob di la verdad, me odias- La princesa Bubblegum ha venido desde Ooo a verle ¿No es se alegra?
-¡Por supuesto!-que no-¿Por que no me iba a alegrar? Estoy encantado de que mi hermana venga a visitarme ¡La he echado de menos!- Nunca antes había dicho tanta mentira junta. Ya me lo había dicho mi madre: los problemas vienen de dos en dos-Menta necesito asearme ¿Podrías dejarme solo, por favor?
-¡Oh Lo siento mi señor! Le diré a la Princesa que en 20 minutos baja- Se fue
La ira que sintió en el momento de Menta cerrar la puerta no podía describirse con palabras. Ahora su mente no solo tenía que lidiar con Marshall Lee y su estúpido trato, o de que se había acostado con el Rey De Los Demonios si no que, para rematar, tenía que aguantar a su hermana y no es que la odiara, la quería mucho era su hermana después de todo, pero que ella estuviese en el castillo significaba abstinencia y digamos que la última vez que me mantuvo en abstinencia acabó destrozando su cuarto y casi se acuesta con el mayordomo.
Se fue al baño a bañarse para librarse del sudor mezclado con agua de lluvia y los restos de semen que no había conseguido quitarse. Al terminar se vistió y salió del baño completamente aseado. Cogió la camisa de Marshall de la basura y la guardó en su armario, odiaba al vampiro pero le gustaba demasiado esa camisa como para tirarla. Sacó de debajo de la almohada el suéter, lo dobló y lo escondió en una caja de tamaño medio junto a sus ''juguetitos'' que había escondida bajo la cama y cerrada con candado; el hecho de tener esa caja en el palacio ya era peligroso.
Menta vino a buscarlo y se aproximaron al Salón Real para recibir a su hermana quien venía acompañada de un niño parecido a Fionna que se había como Finn. Saludó a su hermana con autentica alegría aunque esa alegría se fue pasando al igual que el día.
A las 7 de la tarde empezaba a sentir el ''mono'' por la abstinencia. Se le hacía más difícil fingir ser dulce y amable cuando por dentro estaba irritado y con un dolor de cabeza insoportable, necesitaba tocarse, ir a su habitación y utilizar sus juguetitos para aliviarse aunque sea un poco pero su hermana no le dejaba solo y no tenía pinta de querer dejarlo solo ni un segundo, y se estaba agobiando demasiado .
Necesitaba satisfacerse ¡y ya!.
Consiguió deshacerse de su hermana y de que su mayordomo Menta le permitiera 30 minutos en solitario así que salió prácticamente corriendo a su habitación, se encerró con llave y sacó su caja de debajo de la cama ¡Por fin!
-¡Hermanito!-Chilló una voz detrás de él asustándole de sobremanera. ¿Por qué? ¡Mierda! Había abierto la caja y su hermana había visto su contenido !Rápido! Necesito una excusa...
-He-Hermana...yo...no tengo excusa...¡Joder!-Nunca antes se había sentido tan avergonzado y humillado en sus 300 años de vida.
Su hermana era incapaz de soltar palabra alguna, se tapó la boca aún sorprendida no sabía como reaccionar. Gumball tenía una pelea de mente contra cuerpo, su cuerpo suplicaba por placer aunque tuviera que obtenerlo de su hermana o satisfacerse delante de ella, y su mente...se había rendido y solamente pensaba que opción elegir de las anteriores. Estaba desesperado y eligió al azar, cerrando la caja.
La guardó y se acercó a su hermana, quien todavía no se podía creer lo que había visto; su lindo y siempre tierno hermano pequeño era en realidad un maldito pervertido al que le encantaba esos juegos fetichistas.
Sintió como el príncipe le sujetaba por los hombros y le miraba directamente a los ojos
-Por favor hermana, no le digas de esto a nadie ¿Vale? Te lo suplico, sabes las consecuencias que esto supondría. Si alguien más se entera de esto...-Apretó más fuerte el agarre sobre los hombros de su hermana.
Cuando volvió a hablar fue interrumpido, pero no por su hermana.
-Bubba ¿Puedo hablar contigo?- Era Marshall
A Gumball ya no le quedaban insultos ni maldiciones que dedicar a su suerte por lo que solo se quedo quieto y callado, sin saber que hacer, provocando un silencio incómodo en la habitación.
-Yo...-interrumpió la pelirosada separándose de su hermano incomodada- Será mejor...Será que me vaya...le diré a Menta de que no venga a molestarte- Gumball la miró suplicante- Hablamos luego...-Salió de la habitación
Gumball miró la puerta con preocupación y suspiró Esto solo me traerá más problemas. Lo siento hermanita.
Marshall le miraba a sus espaldas asomando la cabeza por la puerta del balcón con un paraguas para protegerle del sol.
Había llegado hace nada y se había encontrado un incómodo silencio entre ambos hermanos. Él había ido a pedirle perdón e intentarle explicar el porqué de su respuesta de por la madrugada, decirle que a pesar de los siglos aún seguía amándole y que en realidad quería el trato para acercarse a él.
-Parece que he llegado en mal momento. Hablaremos más tarde Bubba- terminó diciendo al ver que el príncipe no le hablaba, solo se había cruzado los brazos sin voltear a verle. Salió al balcón.
-Marshall-Llamó el Dulce Príncipe. El vampiro se dio la vuelta quedando sorprendido cuando sintió los labios del otro sobre los suyos en un beso lujurioso- Ven entra-jaló de él hacia dentro de la habitación mientras el vampiro se dejaba llevar.
El de cabello rosa había dejado de pensar, solo quería librarse de toda esa molestia y confusión que había acumulado en todo el dia: Marshall le había descubierto y le había dicho que su amistad para él no era importante, que prefería humillarle; Había descubierto que uno de los ''clientes'', por llamarlos de alguna manera, era el padre del vampiro y Rey de los Demonios; y encima su hermana se había enterado, no de todo, pero sí de una parte de su secreto. Necesitaba librarse de toda la tensión y, para él, no había mejor opción que tener sexo con alguien.
-Has llegado en el momento que más necesitaba. ¡Y no me llames Bubba!-Volvió a besar al vampiro tirándolo a la cama mientras este solo se sonrojaba por lo que sabía iba a pasar.
Vaya lo que me vaya a pasar yo no pienso ser el pasivo. Ese fue el último pensamiento racional que pasó por la mente del vampiro antes de que se volvieran a besar. Al final había olvidado para que había venido.
