¡Hola de nuevo!
Gracias a las personas que se tomaron el tiempo de escribirme. De verdad es emocionante saber que les va agradando mi historia.
Debo confesar que lo hago pensando en como me gustaría que fuera el romance de Hermione y Fleur.
Llegando a otro punto, honestamente no pensé que fuera a actualizar tan pronto, pero he podido encontrar ratitos de inspiración y bueno, me va agradando como se esta dirigiendo la historia así que aquí esta el segundo capítulo.
¡Muchas gracias otra vez!
Espero disfruten leyendo tanto como yo al escribir y adelanto mis disculpas por las faltas ortográficas que puedan encontrar.
Los personajes son propiedad de JK Rowling.
A la mañana siguiente una hermosa rubia despertaba plácidamente en su habitación en una de las torres. Miro a la ventana y gruño al notar que aún estaba oscuro, no podía seguir durmiendo, sentía unos nervios inusuales. Recordó la última vez que se había sentido tan nerviosa. Casualmente había sido ahí mismo en Hogwarts, delante de un enorme y fiero dragón, durante la primera prueba del Torneo de los tres Magos. Pero ahora era porque iba a dar su primera clase delante de un montón de alumnos. ¿Qué tan difícil podía ser? Si había sobrevivido al dragón, sin duda aquello era pan comido.
Pero entonces recordó el real motivo de su nerviosismo. La razón que la había traído de vuelta a Inglaterra, y por la cual había aceptado con entusiasmo el puesto de docente en Hogwarts.
Hacía 4 años había llegado al Reino Unido para participar en el famoso Torneo de los tres Magos representando a la academia de magia Beauxbatons y siendo elegida había competido en busca de la gloria para su escuela. Sin embargo, había encontrado más que eso, había encontrado el amor y no podía ser cualquier persona, no, era la mejor amiga del famoso Harry Potter y la mejor estudiante de Hogwarts.
Recordó la primera vez que la vio, durante el banquete de bienvenida a los representantes de Beauxbatons y Durmstrang. Ella, Fleur se había percatado de la presencia de la chica como si esta tuviera dentro un imán para atraerla, se había sorprendido mirándola y de lo bella que era, su melena tan llamativa, sus ojos color miel que podía distinguir desde la mesa donde estaba sentada. Un cosquilleo se instaló en su vientre desde ese momento. Y sin poder contener el impulso, se puso de pie y se acercó a la mesa de la chica con el pretexto de tomar un platillo.
Se sorprendió mucho cuando escucho que la castaña conocía La Bullabesa, qué era un platillo francés, fue entonces cuando sus miradas se cruzaron y sintió como todo a su alrededor se detenía.
¿Era posible transmitir tantos sentimientos con tan sólo una mirada? Sentía que el aire se le iba de los pulmones, La Veela en su interior despertó al instante al ver la curiosidad en los ojos de la otra, su Veela la insto a abalanzarse sobre la castaña.
Fleur dándose cuenta de que estaba perdiendo el control de sí, pregunto apresuradamente si no iban a tomar más Bullabesa y después de que un chico con gafas y cabello negro negará y le dijera amablemente que se la llevará, ella se dio la vuelta y volvió a ocupar su asiento en la mesa de Revenclaw.
El resto de la cena apenas y podía despegar la mirada de esos rizos castaños… Los días posteriores había averiguado su nombre sin tener que preguntarlo directamente. La castaña era popular por ser la mejor amiga del Chico que vivió, Hermione Jean Granger, la chica de mirada profunda, la chica que a sus 14 años le había robado el corazón a Fleur Delacour.
Durante el resto de ese curso, trato de acercarse a Hermione, pero esta la miraba de una manera suspicaz, como si Fleur le desagradará. La rubia no entendía cuál había sido su error ya que no recordaba haber hecho algo mal después de su primer encuentro. Sin embargo no se atrevió a hablarle de nuevo aunque se moría por hacerlo lo disimulaba muy bien detrás de una máscara de prepotencia y desprecio hacia los demás y nunca se dio cuenta de que en realidad eso era lo que la castaña detestaba de ella. Después llego el baile de navidad y durante ese periodo había intentado encontrar de nuevo la forma de hablar con Hermione, hacerse su amiga y como quién no quiere la cosa pedirle que asistiera al baile con ella. Pero de nuevo Fleur Delacour cometió el error de despreciar a uno de los mejores amigos de la castaña, negándose de una manera burlona a asistir al baile con él. Ronald Weasley tardo décadas en volver a mirarla a la cara. Claro que Fleur al instante se arrepintió de haberle tratado así, pero cuando vio a su castaña del brazo de Viktor Krum en el baile de navidad, todo su arrepentimiento desapareció sustituyéndolo por un resentimiento irracional hacia la joven pareja.
Conforme los días pasaban ese sentimiento se había esfumado y Fleur había entrado en una depresión que se hacía más fuerte cada vez que leía ese estúpida revista de Rita Skeeter, donde informaba que Hermione Granger vivía un triángulo amoroso, con Viktor Krum y Harry Potter.
A ellos si los consideraba sus rivales, así que al único que le dirigía la palabra de los otros campeones era a Cedric Diggory. Hasta que llego la segunda prueba del torneo y Harry Potter ayudado por Ron Weasley salvaron del lago negro a su pequeña hermana Gabrielle. Ganándose el respeto y el cariño de Fleur.
A partir de entonces las cosas entre ella y ambos chicos cambiaron, pero aun así la castaña no parecía tener interés en hablarle.
Resignada Fleur, tomo la decisión de olvidar a la joven bruja, definitivamente Hermione no era para ella, pese a que su terco corazón le decía lo contrario ella podía darse cuenta de la indiferencia de la castaña. Quiso arrancarse todos esos sentimientos del corazón, olvidarse de todo y disfrutar como sus amigas de Beauxbatons de la compañía de otros chicos, pero por mucho que lo intento no pudo y rechazaba a todo aquel que le pedía salir con ella. Pese a la incredulidad de sus amigas las cuáles no entendían que le ocurría a Fleur, la líder, la que tenía que tener a un chico o una chica hermosa a su lado siempre, ahora no hacía más que estar con su hermana. Nadie supo en realidad que no era que quisiera estar sola, simplemente que la única persona con la que deseaba estar, la ignoraba por completo, llenando de tristeza a Fleur.
Pero al fin, tras concluir el Torneo de los tres Magos, mientras se despedía de sus nuevos amigos, acumulando todo el valor y coraje que pudo e impulsada por su corazón que le gritaba que quizá nunca más volvería a ver a Hermione, la rubia tomo la decisión de acercarse por última vez.
Espero con un molesto dolor en el estómago a que la chica se despidiera de Viktor Krum y con el pretexto de despedirse de Harry y Ron se acercó.
-A sido un placer conocerlos – Se inclinó con una sonrisa a besar las mejillas de Harry y Ron y tomando aire miro a Hermione, la chica le mostro una tímida sonrisa y fue la señal que Fleur necesito. Sin importarle lo que los otros pensarán se acercó a ella y la abrazo.
Sentía como le recorría un escalofrío en el cuerpo, aspiro todo lo que pudo el olor de los rizos castaños, rosas, mora y arándanos… Guardaría ese aroma para siempre en su mente.
Luchando contra el impulso de retenerla más tiempo así y muy a su pesar, se separó de ella y la miro una vez más a los ojos tratando de transmitirle sus sentimientos a través de la mirada. La castaña no parpadeaba, tenía los labios entre abiertos y una mirada de sorpresa.
-Au revoir – Dijo Fleur sonriendo por última vez a la chica de sus sueños y a sus mejores amigos. Se dio la vuelta caminando con elegancia hacia el carruaje de Beauxbatons donde su hermana la esperaba con una sonrisa.
Un año después, volvió al Reino Unido para trabajar en Gringgots, el banco mágico. Para su suerte, allí conoció a Bill Weasley, el hermano mayor de Ron. Un chico bastante guapo y caballeroso. La había invitado a salir infinidad de veces, hasta que al final Fleur por cortesía había aceptado, descubriendo en el a un gran amigo. Pese a que Bill había pretendido algo más que una amistad con ella, desistió, ya que la rubia le había confesado estar enamorada de otra persona. Sin embargo su amistad incremento con el paso del tiempo y aquel verano la invito a cenar a casa de sus padres. Fleur se había negado, no quería que los padres de Bill pensaran que entre ellos había algo más que una amistad, pero cuando este le contó que en su casa se hospedaban Harry Potter y Hermione Granger, los mejores amigos de su hermano pequeño. Había aceptado de inmediato.
Esa noche, se arreglo con especial esmero, se puso un hermoso vestido que le llegaba un poco más arriba de las rodillas, era color crema, con estampado de pequeñas flores azules, dejo que su cabello callera suelto sobre sus hombros y tras calzarse con unas lindas zapatillas de tacón azules a juego con el tono de su vestido, sonrió al mirar el espejo. Sus ojos brillaban de una manera incontrolable, trataba de contenerse las ganas de gritar de felicidad, iba a volver a ver a Hermione, su castaña, la chica que le robo el corazón hacía ya dos años y a la que no había podido sacar de su mente ni un solo día.
Cuando Bill paso a recogerla a su apartamento casi se quedó sin habla al verla.
-Estás hermosa – Susurro el pelirrojo con las mejillas levemente ruborizadas y sin apartar la mirada de la chica que lo miraba algo incomoda.
- Oh… Lo siento – Murmuro el chico – No quería incomodarte, es sólo que es inevitable no apreciar tu belleza.
Dijo aquello mirando al piso, algo que a Fleur le pareció tierno, pero no se lo dijo, no quería que el pelirrojo confundiera las cosas entre ellos.
-No te preocupes William, ¿Nos vamos? – Le sonrió la rubia.
Se aparecieron frente a La Madriguera, el lugar le pareció una maravilla, habían gallinas corriendo a sus anchas de aquí y allá, cacharros viejos y amontonados por doquier.
-Tú casa es hermosa – Murmuro Fleur con una sonrisa sin apartar la mirada del edificio que estaba algo chueco pero eso le daba aún más un aire encantador.
-Seguro no es para nada parecido a tu hogar en Francia pero es lo que hay – Dijo Bill con orgullo y con las manos en los bolsillos.
Fleur le dio un juguetón golpe en el hombro sin dejar de sonreír.
-Después de usted mademoiselle – Dijo Bill inclinándose y haciendo una reverencia.
Fleur soltó una risita y tras negar con la cabeza camino hacia la casa.
El chico se adelantó para tocar la puerta, Fleur se sentía impaciente y nerviosa.
La puerta se abrió y una mujer bajita y regordeta apareció en el marco.
-¡Cariño! – Exclamo al ver a su hijo mayor y se abalanzo a sus brazos.
- Mamá, ella es Fleur Delacour, mi amiga del trabajo – Dijo Bill separándose de su madre y jalando a Fleur de la mano. La señora Weasley la miro con suspicacia y tras un momento de silencio le sonrió y la estrecho en brazos con cariño.
- Mucho gusto Fleur, yo soy Molly. Mi hijo Bill nos ha hablado mucho de ti, espero te sientas cómoda con nosotros – Le sonrió la mujer.
- Muchas gracias señora Weasley, el placer es todo mío – Respondió la rubia devolviéndole la sonrisa.
-Entren, entren, ya estamos a punto de servir la cena – La mujer se hizo a un lado para que los chicos pasaran.
Cruzaron el pequeño vestíbulo que tenía en las paredes un montón de fotografías de personas pelirrojas que les sonreían y saludaban con la mano al pasar.
Entraron a la pequeña cocina que tenía todos los muebles apretujados y en medio había una mesa para diez personas, en la cual se encontraban sentados varios hombres pelirrojos charlando animadamente.
Todos se quedaron callados cuando la señora Weasley, Bill y Fleur entraron a la cocina.
-Buenas noches, soy Fleur Delacour – Dijo con cortesía la joven Veela.
El hombre mayor, que tenía menos pelo que el resto, le sonrió y se puso de pie para estrecharle la mano.
-Mucho gusto Fleur, soy Arthur Weasley, padre de William – Saludo con entusiasmo el mayor.
Los otros se pusieron de pie con una sonrisa y se acercaron.
-¡Oh lalá!, pero que hermosa dama nos visita en nuestra humilde morada – Dijo uno de los pelirrojos más jóvenes y con mirada picara se acercó a Fleur y le deposito un sonoro beso en la palma de la mano – Soy Fred Weasley, aunque ya nos habíamos visto en Hogwarts.
-Mucho gusto Fred, si te recuerdo bien – Dijo la rubia soltando una risita.
En ese momento otro chico pelirrojo qué Fleur reconoció era el gemelo de Fred, le dio un empujón a su hermano y se plantó frente a ella para darle dos besos en las mejillas.
-Yo soy George Weasley, el guapo de la familia – Dijo el gemelo guiñándole un ojo a Fleur.
La chica no pudo más y soltó una carcajada, que intento ahogar tapándose la boca con la mano.
-Ni con las visitas pueden comportarse como es debido – Dijo otro de los pelirrojos mirando a los gemelos con el entrecejo fruncido.
-Percy Weasley, un placer conocerla – Dijo el joven y le estrecho la mano.
-Yo soy Charlie, nos alegra mucho tenerte en casa Fleur – Dijo el último de los hombres acercándose también a Fleur y estrechándole la mano.
-Toma asiento querida, cenaremos en el jardín, como podrás notar aquí no cabemos y aún faltan los demás – Le dijo la señora Weasley.
Fleur asintió y tomo asiento entre los gemelos Weasley. Sentía vértigo en el estómago, no sabía que esperar. ¿Habrían cambiado sus sentimientos hacía la castaña? Hacia tanto que no la veía, su Veela estaba expectante, como si supiera que la persona que la había hecho sentir todo con tan sólo una mirada estaba cerca.
Se escucharon voces que provenían de la escalera y pasos que se acercaban. Fleur sintió un vuelco en el estómago y miro a la puerta. Esta se abrió y por ella entraron Harry y Ron que charlaban animadamente.
-Te digo que me va a volver loco… - Ron se detuvo en seco al ver a la joven rubia que estaba sentada en la mesa y al instante sus orejas se le pusieron coloradas.
-¡Harry! – Exclamo Fleur poniéndose de pie y acercándose apresuradamente para estrechar a Harry en brazos.
-¡Fleur! ¡Pero que sorpresa tan agradable! – Dijo el moreno sonriéndole mientras se separaba de ella.
-También a ti me da gusto verte otra vez Ronald – Dijo Fleur y se acercó al pelirrojo para plantarle dos besos en las mejillas. A este ya no se le podía diferenciar el color de su rostro con el de su cabello.
-Hola – Saludo débilmente el chico.
En ese instante la puerta se abrió de nuevo y por ella entraron dos chicas.
Ginny Weasley venía delante de Hermione Granger, ambas se detuvieron en la puerta sorprendidas al ver a la joven rubia. Y como aquella primera, Fleur sintió como todo a su alrededor se congelaba.
Hermione estaba más hermosa de como la recordaba. Sin duda la castaña había dejado de ser una niña, su cabello alborotado que tanto le encantaba a Fleur seguía igual, pero su rostro estaba más fino y delicado le daban un aire de sofisticación que a Fleur le quito la respiración.
Sus miradas se cruzaron y fue entonces cuando comprendió que sus sentimientos ahí seguían, tan vivos como la primera vez.
-Hola – Saludo Ginny agitando la mano frente al rostro de la rubia que miraba sin pestañear a Hermione.
-¡Hola! – Respondió Fleur. Irguiéndose por completo y apartando los ojos de los de color miel. No quería que alguien sospechara de sus sentimientos hacia Hermione. No quería asustar a la castaña.
Se acercó a la pelirroja y le dio un par de besos en las mejillas.
Y después sin mirarla, se acercó a Hermione y coloco sus labios en las suaves mejillas de la castaña.
-Bill me invitó a cenar esta noche en su casa – Les dijo la rubia mirando a los chicos.
Ron asintió con cara de embobado.
-Bienvenida entonces Fleur – Le dijo Hermione con una sonrisa que dejo anonadada a la francesa.
-Ya que estamos todos, nos podemos ir dirigiendo al jardín. Ginny, Hermione, por favor ayúdenme a llevar los cubiertos – Dijo la señora Weasley mirando a las chicas. Todos los demás se ponían de pie y salían por otra puerta.
-¿Puedo ayudarles? – Pregunto Fleur acercándose también detrás de las jóvenes.
-Oh, eres muy amable querida. Mira, toma la ensalada, y sigue a las chicas – Le dijo amablemente Molly.
Fleur hizo lo que le pedía, tomo la ensaladera y se apresuró a salir detrás de Hermione.
-Este lugar es muy hermoso – Murmuro Fleur mirando maravillada el paisaje que se apreciaba gracias a la luz de la luna y las estrellas y las miles de luciérnagas que parecían pequeños destellos de luz que volaban por sobre sus cabezas. El jardín estaba iluminado con unas alegres antorchas que decoraban el lugar.
-Sí. La madriguera es de mis lugares favoritos – Le sonrió Hermione.
Fleur le devolvió la sonrisa, y sintió un cosquilleo en la panza, como si aquellas luciérnagas se hubiesen metido dentro de ella.
Caminaron en silencio hacía una enorme mesa que estaba colocada en medio del jardín, donde ya se encontraba el resto.
Detrás de ellas apareció Molly Weasley dejando los últimos platillos sobre la mesa y sentándose en su lugar alado de su esposo.
Fleur miro insegura los asientos que quedaban disponibles, uno era alado de Bill, supuso que era ahí donde debía sentarse ella, soltó un suspiro y se adelantó.
Bill en cuanto la vio acercarse, se puso en pie de inmediato y jalo la silla para que ella se pudiera sentar, Fleur disimulo su incomodidad sonriéndole y tomando asiento con elegancia.
Para su suerte, Hermione se había sentado justo en frente de ella, entre Harry y Ron. La miro pero la otra no le devolvió la mirada.
-¿Quieres sopa Fleur? – Le dijo amablemente Bill acercándole la sopera.
-Sí, gracias – Dijo la rubia distraídamente. Todos habían empezado a charlar animadamente de cualquier cosa.
-Entonces, Fleur – El señor Weasley la miraba con una sonrisa - ¿De que parte de Francia eres?
-Oh, nací en París, pero mi infancia la pase en Montpellier al sur de Francia – Le respondió amablemente Fleur.
-La hermosa Francia – Suspiro Molly Weasley con ojos soñadores – Nosotros pasamos nuestra luna de miel en París ¿Verdad Arthur? No dudaría que Bill tuviera un poco de francés gracias a ello.
-¡MAMÁ! – Se escandalizó el pelirrojo que en ese momento estaba tan rojo como su cabello.
El resto soltó una carcajada general mientras continuaban con su cena.
-¿Y porque trabajas en Inglaterra Fleur? – Pregunto con curiosidad Percy.
Fleur sintió nervios al oír aquello y no pudo evitar mirar de reojo a Hermione que en ese momento se llevaba una cucharada de sopa a la boca.
-Pues… Cuando termine mis estudios en Beauxbatons, comencé a trabajar de rompedora de maldiciones en el ministerio francés, allí conocí al director de su banco mágico, que en esos momentos se encontraba en una diligencia en Francia y me invito a trabajar aquí en Gringgots – Explico la rubia.
-¿Y tus padres? – Pregunto Molly sorprendida – A nosotros nos costó tanto dejar que Bill y Charlie se marcharán al extranjero. Debe ser aún más difícil con una hija.
-Bueno, a mis padres siempre les ha gustado que sea independiente, por eso participe en el Torneo de los tres Magos – Comento Fleur.
-Con clase y atrevidas, así como le gustan a Bill – Soltó Fred Weasley pícaramente.
La rubia casi se atraganta con su sopa, miro a Hermione que en esos momentos tenía una mueca en los labios pero no la miraba.
-Controla tus bromas Fred, ¿Quieres? –Dijo Bill molesto mirando a su hermano. Este sonrió con suficiencia mientras se metía un bollo a la boca.
El resto de la cena continuo con charlas agradables en las que el resto de los Weasley le hacían preguntas a Fleur queriendo conocerla. Y en los momentos que nadie la miraba, ella aprovechaba para admirar a la hermosa castaña. Quién charlaba animadamente con sus mejores amigos y cada tanto soltaba carcajadas que hacían que a Fleur se le agitará el corazón.
Aquella fue la última vez que la vio. Pese a que Molly Weasley la seguía invitando a su casa, Fleur había rechazado amablemente la invitación, poniendo como pretexto que tenía demasiado trabajo. Sin embargo ese no era el verdadero motivo. Hermione y sus amigos ya habían vuelto a Hogwarts y no veía razón para volver a casa de Bill y que su familia pensará que entre ellos había algo más que una amistad.
Tiempo después las cosas empezaron a ponerse feas en Inglaterra y sus padres le exigieron volver a Francia. Sabían que en cualquier momento se desataría una guerra y no querían que Fleur corriera peligro.
Ese fue el año más agonizante para la rubia, sabía que Harry Potter era un elemento principal en aquella lucha y que su mejor amiga se encontraba con él. Había guardado las esperanzas de que Hermione se escondiera y mantuviera segura, ya que era una presa irresistible para los que odiaban su sangre.
Pero sus temores más grandes se volvieron realidad cuando en una de sus cartas Bill le conto que su pequeño hermano no había vuelto a Hogwarts para su último curso y que se había marchado con Harry y Hermione a buscar algo que desconocían pero que tenía que ver con derrotar a Voldemort.
La rubia lloro de desesperación aquella vez y sin poder aguantarlo más busco refugio en su pequeña hermana Gabrielle, le confeso estar enamorada de Hermione Granger y su hermana la consoló. Ella recordaba al trío dorado y durante el tiempo que estuvieron en Hogwarts escucho muchas historias sorprendentes de ellos luchando contra Basiliscos, arañas gigantes, perros de tres cabezas, hombres lobo, Dementores y en todas habían salido ilesos. Pero aquello era diferente le decía Fleur, el peligro de Voldemort no tenía comparación.
La pequeña Delacour le aseguro que la castaña estaría bien y durante la primavera, meses después de que ellos habían desaparecido, le llego una carta de Bill, diciéndole que la guerra había terminado, que todos estaban sanos y salvos.
Fleur grito de alegría, corrió a enseñarle la carta a su hermana y esta la abrazo con una sonrisa enorme en el rostro.
-Ahora tienes que ir por ella – Dijo con el semblante serio Gabrielle – Ahora te toca luchar a ti.
-Pero… Si ella no me quiere – Susurro la mayor con la mirada en el suelo.
-Te amará, tienes que dejar que te conozca de verdad – Gabrielle la abrazo con delicadeza.
-Tengo miedo pero, lo intentaré – Dijo Fleur con una débil sonrisa.
-Nada de intentarlo, lo harás de verdad. Y esta vez, por favor controla tus malos impulsos – Le dijo la pequeña rubia mirando con severidad a su hermana.
- No sé de qué me hablas – Dijo Fleur haciéndose la desentendida y lanzándose a la cama mientras abrazaba la carta de Bill.
Poco después había recibido una invitación de su ex directora Madame Maxime, en donde le pedía asistir a una cena a la que irían personas importantes y de renombre.
Fleur por cariño y respeto a su antigua directora fue a aquella cena. Allí se encontraban personas de diferentes países y para su sorpresa también estaba la actual directora de Hogwarts. Quién como le conto Madame Maxime, andaba buscando docente para Defensa Contra las Artes Oscuras en el colegio británico.
Fue entonces cuando Fleur vio su oportunidad, y alentada por Madame Maxime, solicito una entrevista con Minerva McGonagall para hacer una prueba y obtener el puesto. Fleur había dejado maravillada a la mujer y a otros más que habían estado presentes, ganando así la plaza en Hogwarts por sobre otras personas que también aspiraban a obtenerla.
Parecía que todo estaba a su favor para que fuera en busca de su antiguo amor.
Así al concluir ese verano, volvió al Reino Unido y ocupo la plaza de docente en Hogwarts.
Y en la cena de bienvenida a los estudiantes volvió a ver por tercera vez en su vida a la mujer que ocupaba la mayor parte de sus pensamientos.
Las ya conocidas cosquillas se instalaron en su estómago, mientras veía junto a sus compañeros docentes como los alumnos iban llenando el gran comedor. Murmurando entusiasmados y señalando hacia la mesa de los profesores, en especial a Fleur. La joven bruja ignoro las miradas lascivas de los varones y espero inquiera a que apareciera un grupo en especial.
Al fin, seis personas atravesaron las enormes puertas del Gran Comedor, dejando a Fleur con la boca abierta y no sólo a ella, la mayoría de los alumnos, suspiraban al ver al grupo pasar a su lado.
Eran totalmente diferentes a como los recordaba, hasta Ronald Weasley siempre tan desaliñado y encorvado ahora se le veía más seguro y atractivo. Harry Potter tenía un cuerpo escultural, su rostro antes inseguro e infantil ahora era varonil y bello. Y para completar ese cuadro de perfección venía tomado de la mano de Ginny Weasley, la hermosa pelirroja, era alta y delgada, su rostro tan delicado ya no era para nada lo que recordaba la francesa, y a su lado se encontraba la persona más hermosa que Fleur había visto en su vida.
Su castaña, ¡Por merlín! Aquello era demasiado para Fleur, no podía ni quería parpadear, recorrió de arriba abajo a la hermosa mujer que caminaba hacia la mesa de los leones. Hermione definitivamente ya no era una niña, su habitual melena enmarañada, ahora eran unos hermosos y brillantes rizos que caían en cascada sobre sus hombros, su hermosa piel se podía apreciar bronceada, como si hubiera pasado aquel verano en la playa. Fleur sintió un escalofrió cuando le vino a la mente una imagen de la castaña en un pequeño traje de baño. Sacudió su cabeza alejando todo pensamiento que la distrajera de la hermosa visión que tenía, había crecido bastante, incluso se podía apreciar casi tan alta como Fleur.
La francesa ni siquiera se fijó en los otros dos chicos que les acompañaban, una rubia preciosa que se separó de ellos y se sentó en la mesa de Revenclaw y otro chico igual de atractivo que ocupaba un asiento en la mesa de Gryffindor junto a los demás.
El resto de la velada, Fleur evito mirar de más a la castaña. Quería, necesitaba hacer las cosas bien si quería acercarse a ella. Sin embargo cuando la cena concluyó y la profesora McGonagall los envío a la cama, Fleur con sus ya conocidos impulsos no pudo evitar disculparse con la directora y se acercó a los chicos antes de que salieran del Gran Comedor.
Los saludo a todos con un par de besos en las mejillas y los chicos la recibieron con una sonrisa para alegría de Fleur. Mientras estaba allí con ellos, sus fosas nasales parecía que solo podían aspirar el aroma de la castaña.
Muy contenta y satisfecha les deseo buenas noches y rogando con todo su ser que a partir de entonces las cosas salieran bien entre ella y Hermione. Tenía que luchar de verdad como le había dicho Gabrielle, era tal vez su última oportunidad.
Soltó un suspiro y miro de nuevo a la ventana donde ya se veía la luz del día. Salió de la cama y se adentró al baño.
Su sensible corazón en esos momentos hacía equipo con la Veela en su interior, ambos le exigían tomar acción inmediata e ir detrás de Hermione, pero su conciencia le decía que no se precipitará, los miedos se apoderaron de ella, era tan probable que la chica la rechazará, tenía pánico de enterarse que ella ya estaba con otra persona. No, no podía ser cierto aquello, lo sabría. Hermione ya no sólo era famosa en Hogwarts, ahora lo era en el resto del mundo mágico y su nombre aparecía en los periódicos y las revistas tanto como el de Harry Potter.
Con ese pensamiento sonrió tranquila mientras se daba una relajante ducha.
Salió para ponerse su túnica, había optado usar ropas elegantes pero sin precipitarse a lo formal, era cierto que ahora era profesora y debía diferenciarse de los alumnos, pero no por ello dejaba de ser joven y bella. Su puso una túnica azul cielo, coloco una mascada a juego en su hermoso cuello y amarro su rubio cabello en una coleta alta. Calzo sus pies con unas zapatillas altas y negras, su hermoso rostro no necesitaba maquillaje. Después de mirarse al espejo una última vez sonrió satisfecha, cogió su portafolio y su varita y salió de la habitación.
Lamento que ese capítulo no tenga tantos diálogos, pero era importante que supieran de que manera se enamoro Fleur de Hermione.
Y sin más me despido.
¡Espero sus comentarios!
