TRADUCCION: Esta historia no me pertenece, yo nunca la eh escrito ni mucho menos eh aportado con alguna idea o sugerencia, todo este trabajo pertenece a la autora Runandra, quien es la mente maestra tras esta idea, la historia original pueden encontrarla en el siguiente link:

www(punto)fanfiction(punto)net/s/5650325/1/1001_Nights

Aclaración: Hunter x Hunter no me pertenece.

Esto dice Runandra (la autora), puede contener spoiler… por no decir que tiene spoiler del fic XD:

Bueno, honestamente me llego a doler la guata de risa cuando escribía esta historia, especialmente la parte en que Kuroro se pone a crear dramáticas historias sobre Kurapika y como ella era su hermana perdida. Creo que este capítulo tiene muy poca conversación y mucha narración, pero no pude evitarlo. No pueden hablar mucho con el otro, considerando su posición, y tampoco quiero que Kuroro sea tan OCC. Así que, sip, a quienes les gustan las conversaciones, aguanten un tiempo. Esperemos a que Kurapika se suavice un poco, ¿sí? (sonrisa sonrisa) y lo siento si este capítulo fue demasiado largo…

Próximo capítulo: están cerca de Ryuusei-gai; el hogar de Kuroro. El camino era largo y tedioso; pero a medio camino, Kurapika nunca hubiese creído que el día en que tuviese que salvar a Kuroro Lucifer se encontrara cerca. Lo que más le molestaba era que debían enfrentar otra criatura mítica.


La historia hasta ahora: Gracias al genio, estaban pegados al otro y no podían matarse entre sí. Kuroro dijo que tenía un conocido en la Ciudad de las Estrellas Fugaces, quien supuestamente sabía cómo lidiar con las esposas mágicas, y por ende decidieron marchar hacia la ciudad dicha. En el camino, sin embargo, deberán hacer un trato.

Capitulo 2: Tregua

Ya se ponía el sol cuando llegaron a la ciudad más cercana, y la lluvia caía como si no existiera mañana. Lo primero que buscaron fue hospedaje y rápidamente encontraron uno. Era un hospedaje pequeño y discreto, con una atmosfera hogareña. El dueño del hospedaje era una cálida, y buena señora; quien fue mortificada el momento en que ellos entraron a la pequeña estancia. Estaban mojados hasta los huesos de pies a cabeza.

"¡Dios mío! ¡Mírelos! Oh queridos, queridos. Vengan y caliéntense junto a la chimenea. Les daré dos toallas limpias." Con eso, la señora de edad se atareo con toallas y tragos calientes para ambos.

Debido a las esposas mágicas aferradas a sus muñecas por el genio Hassamunnin, tuvieron que acurrucarse junto al fuego. El lazo tenía apenas 20 cm de largo. Kurapika se sentó y miro el fuego, evitando los ojos de Kuroro. Le agradeció sinceramente a la mujer mayor, cuando les entrego las toallas y las bebidas calientes, pero sus ojos nunca encontraron los de Kuroro. No era como si Kuroro se molestará por eso. Él quería evitar cualquier argumento o pelea innecesaria, cosa que no habían hecho desde que abandonaron la ruina. Si era algo, estaba agradecido por el auto aislamiento del kuruta.

"Prepararé dos cuartos consecutivos para los dos, si lo desean." Se dirigió hacia ellos la señora de edad.

"Gracias, ¿pero podemos tener un cuartos con dos camas?" le pregunto educadamente Kuroro.

"¿Oh?" la señora repentinamente se animo. "ustedes dos son-"

"Ella es mi pariente." Rápidamente Kuroro fabrico una historia, no queriendo decirle sobre el genio o el lazo, y por sobre todo el malentendido de que el kuruta era su amante. "A ella no le gusta dormir en una habitación sola."

"Oh, ya veo…" la expresión de la señora se suavizo y había cierta desilusión en sus jóvenes ojos. "Bueno, prepararé un cuarto que cumpla sus requisitos."

Con eso, la anciana se escabullo y subió las escaleras para preparar su cuarto. Mientras Kuroro se giraba, encontró a Kurapika lanzándole fieramente dagas mientras lo veía, con ausencia de sus ojos escarlatas. Algunos de los mechones húmedos estaban pegados a su rostro, y la calidez del fuego le había dado cierto color a sus mejillas. Kuroro lo miro y no pudo evitar la fuerte impresión de que el kuruta se veía demasiado afeminado. También se había referido a él, instintivamente, como 'ella', cuando hablaba con la señora.

"¡No soy 'ella'!" le gruño.

"Bueno, te ves como una." Kuroro se encogió de hombros y seco su pelo con su mano libre. "y claramente, la señora cree que eres una mujer ya que nos ofreció cuartos separados."

"Pudiste haberla corregido." Protesto Kurapika.

"Demasiado problemático."

Kurapika se encontraba al límite de ahorcar el hombre mayor hasta asesinarlo, cuando la mujer regreso y se les acerco. Ella alegremente les pidió que la siguieran ya que les iba a mostrar su cuarto. Un enojado Kurapika la siguió tras Kuroro, a poca distancia, ya que las esposas restringían su distancia. Sus manos se rosaban de tiempo en tiempo, y Kurapika saltaba cada vez que pasaba. Kuroro no mostraba reacción alguna, pero se estaba cansando de la nerviosa reacción del muchacho.

"Si necesitan algo, simplemente llámenme. El desayuno es a las siete de la mañana." Les informo la señora de buena forma. "disfruten su estadía. Buenas noches." Se inclino políticamente, lo que Kuroro respondió con un ligero asentimiento.

Kurapika observo el cuarto y por ultimo sus ojos aterrizaron en las camas. El pensamiento de dormir a pocos centímetros del líder del Genei Ryodan hacia que su estomago se retorciera. Cuando Kuroro se giro, noto la mirada de Kurapika sobre sus camas y sonrió arrogantemente. Iba a pasar un buen rato molestando hasta la coronilla al chico kuruta, y el muchacho no podría asesinarlo por hacerlo.

"Las camas no te comerán, Kuruta." Comenzó.

"Eso no es lo que estoy pensando." Kurapika le dijo de forma seca, mientras le lanzaba una afilada mirada.

"¿Un penique por lo que piensas?" continuo sonriendo, imperturbado por su mirada asesina.

"Como te dije." Kurapika aparto la vista y nuevamente su mirada cayó sobre cierto punto de la habitación. Kuroro siguió su mirada y esta vez sabía perfectamente lo que pasaba por la cabeza del chico. Esta vez, estaba igualmente desalentado por el problema.

"Bueno, necesitaremos lidiar con esto tarde o temprano." Suspiro Kuroro.

"…" Kurapika pareció congelarse en aquel lugar. Prefería MORIR que bañarse JUNTO a Kuroro Lucifer.

Fue desastroso. Había sido realmente, realmente, desastroso. La hora del baño sería la hora menos esperada durante su viaje, si es que no era evitada. Kurapika había tenido la esperanza de que la cadena al menos fuese un poco flexible y les entregara, al menos, un poco de privacidad, pero ¡NO! La cadena seguía midiendo 20 cm, y como resultado uno tenía que permanecer afuera con un brazo dentro de la ducha. Kurapika le había advertido varias veces a Kuroro que no mirara, de otra forma, no dudaría en arrancarle los ojos, o decapitarlo. Kuroro había respondido con exasperado "Sí, sí, sí." Y el chico sólo se detuvo cuando dijo, "no soy Hisoka."

Aún peor, el chico kuruta no tenía ninguna ropa limpia, ya que habían decidido no ir a buscar sus pertenencias a la mansión Nostrad. Sería demasiado sospechoso si sus pertenencias desaparecían repentinamente junto con su 'muerte'. Así que, Kuroro tuvo que prestarle sus ropas, las que transportaba en su paño Fun Fun. Las que resultaron demasiado grandes para el niño. Surgió del baño utilizando una polera gris y unos pantalones negros, demasiado grandes.

Cuando fue el turno de Kuroro, el había tomado, a propósito, su dulce tiempo bañándose, únicamente para irritar al chico. Kurapika le dijo en repetida ocaciones que se apresure, porque su brazo izquierdo se estaba cansando de estar suspendido por tanto tiempo. Cuando salió del baño, Kuroro era esperado con su glaciar mirada. Kurapika miro sus empapadas ropas y suspiro. Debían tenerlas secas para mañana, ya que no iba viajar con las ropas de Kuroro. Lo primero que haría mañana, cuando dejaran el hospedaje, sería comprar su propia ropa. Un suave golpe en la puerta rompió los pensamientos de Kurapika. Kuroro le dijo a la persona que entrar, y la señora ingreso, con un canasto de lavado en sus manos.

"Queridos, vine aquí a ayudarlos a lavar sus ropas mojadas. ¡Oh!" la amable señora se detuvo cuando sus ojos cayeron sobre Kurapika. Una cálida sonrisa floreció en su boca, provocando que sus arrugas en la esquina de sus ojos aparecieran. "¿Estas ocupando las ropas de tu hermano? Que tierna."

La primera reacción de Kurapika fue sonrojarse profundamente, mientras Kuroro tuvo que poner todo de su cuenta para no reírse en voz alta. Miro al kuruta de nuevo y se percato de que realmente se veía gracioso con sus ropas, ya que eran una talla más grande para el delgado niño.

"N-¡no! No es eso… no tengo más ropas...así que…" tartamudeo Kurapika avergonzado. Agito su brazo derecho con torpeza; su brazo izquierdo asegurado desde su lado, ya que Kuroro tuvo que detener su brazo derecho de salir volando.

"¿No tienes ni una sola prenda? Oh, querida, pobre cosita." La señora trago aire, mortificada, y sus ojos se ensancharon de horror. "¿Qué ocurrió?"

"De hecho, la encontré a ella sólo hoy día, durante mi viaje hasta acá." Avanzo Kuroro, repentinamente una maléfica idea surgió en su cabeza. "verá, ella es mi hermana perdida. Tenemos madres diferentes; es por eso que nos vemos diferentes. Ella fue tomada por su madre cuando tan solo era una niña. Ahora no posee ninguna pertenencia, ya que era mantenida como una sirvienta." Dijo dramáticamente. "esta traumatizada, así que no quiere abandonar mi lado."

"Oh… pobre niña mía." La señora sollozo con ojos trisados por lágrimas, profundamente tocada por la magnífica mentira de Kuroro. "eres tan afortunada por haber sido encontrada por tu hermano. Mírate, tan pálida y delgada. El dueño debió tratarte mal. ¿Has estado comiendo lo necesario?"

"Y-yo…" cierto, el rostro de Kurapika se había vuelto más pálido, pero por un motivo diferente al que la señora asumía. Se quedo boquiabierto de asombro, demasiado sorprendido y choqueado como para decir algo. Kuroro noto esto y tuvo que reprimir una carcajada.

La dueña de la hostería continúo balbuceando sobre comidas apropiadas y así continuo, a lo cual el kuruta tan sólo escuchaba a medias. Kuroro actuaba como si escuchara a la anciana seriamente, cuando por dentro estaba entreteniéndose a costa de Kurapika. Cuando ya había terminado con su lectura, recogió su ropa sucia y les prometió tenerlas limpias y secas para la mañana siguiente. Les dio las buenas noches, le dio a Kurapica una empática mirada y se excuso asimismo. Cuando la puerta se cerró con un suave clic, el silencio cayó sobre la habitación y Kuroro se preparo asimismo por la tormenta que se desataría.

"¿Hermana perdida? ¿Sirvienta? ¿Traumatizada? ¿NO QUIERO ALEJARME DE TU LADO?" rugió Kurapika. "¿QUE DIABLOS ESTAS DICIENDO? ESTÚPIDO."

"Creando historias para crear nuestra cubierta." Ofreció ligeramente Kuroro, como si la historia que había creado no hubiese violado la integridad de Kurapika, como hombre y como hunter.

"Oh, tu historia en parte es cierta. ESTOY traumatizado por tu habilidad para crear cuentos." Le lanzo dagas por los ojos, sus ojos volviéndose un sangriento carmesí. Brillando en la tenue luz del cuarto, como un par de brazas.

"¿Qué prefieres que le diga, entonces?" lo reto Kuroro, sus oscuros ojos desafiando los escarlatas de Kurapika.

"¡Le podrías haber dicho, sencillamente, que éramos compañeros de viaje, corregirla de que soy un hombre, y que perdimos nuestro equipaje camino hacia aquí! ¡Sin convertirme en una extraña chica!" le grito.

"¿Pero qué tiene de entretenido eso?" le sonrió. La visión del calmado y tranquilo kuruta perdiendo su compostura y vociferarle, era demasiado entretenido. Las bromas y entretenciones con el Genei Ryodan en su mayoría habían sido sangrientas y crueles, y el no tomaba parte activa en ellas. Este era un cambio refrescante y el iba a disfrutarlo.

"Estas entreteniéndote a mis expensas, ¡bastardo!" Kurapika juró que si su mano izquierda no estaba atada a la mano derecha de Kuroro, hubiese aplastado su tráquea hace eones. El hombre estaba alterando sus nervios y los estaba DISFRUTANDO.

"En realidad, lo estoy." Le sonrió de nuevo.

Eso era. Los ojos de Kurapika destellaron en la habitación pobremente iluminada. Sus ojos como ojos de gato, mirándolo con intensidad, que habría hecho atorarse a más de uno. Los oscuros ojos de Kuroro estaban fijos en ellos, el hermosos rojo, el color de la sangre y el fuego. Se inclino hacia delante, para tener una mejor vista de esas orbes, e inconscientemente estiro una mano para tocar el mentón del muchacho y levantar su rostro ligeramente hacia arriba. Sus rostros se acercaron y cuando Kurapika no pudo soportarlo más, su puño; el que había estado temblando de ira, actuó por sí solo.

¡SMACK!

Kuroro tambaleo hacia tras, su mejilla izquierda roja y morada por el abuso de Kurapika. Todavía tenía su puño derecho levantado, sus nudillos rojos por la fuerza del golpe que le había lanzado a Kuroro. No había sido capaz de golpear a Kuroro con toda su fuerza, dada la incómoda y desafortunada posición en la que se encontraban. Aún así, un golpe era un golpe y Kurapika de cierta forma estaba satisfecho de haber golpeado, al irritante hombre, directamente en su cara. Kuroro se estiró, pero ni siquiera se molesto en revisar su morada mejilla. No había sangre derramada y la curiosa mirada de sus ojos oscuros se había evaporado. Sólo había burla en esos opacos ojos.

"Como pensé, tus ojos siguen siendo los mejores de entre todos." Comentó, sonriéndole cruel y fríamente.

"Tú-"

Kurapika intento golpearlo nuevamente, pero esta vez estaba preparado. Atrapo la muñeca de Kurapika y la torció, de forma que el brazo de Kurapika igualmente fue torcido, haciéndolo abrir la boca de dolor y sorpresa. Levanto la vista para observar a Kuroro con su mirada carmesí, y encontró al hombre observándolo con ojos vacios. Estuvieron comprometidos en una lucha de miradas por un tiempo.

"Duerme un poco. Nos marchamos mañana por la mañana." Dijo finalmente de forma seca y libero su agarre sobre la muñeca de Kurapika. Kurapika quito rápidamente su brazo e inspecciono la marca del agarre sobre su delgada muñeca.

Sin esperar respuesta alguna, Kuroro camino hacia las camas, arrastrando consigo a Kurapika, ya que el link continuaba midiendo 20 cm. Junto las camas hasta que formaron una cama de dos plazas. Mudos, escalaron sus camas y reptaron hasta ponerse debajo de las frazadas, incómodamente. Sin decir nada, ni siquiera unas buenas noches, ambos se durmieron en un estado de vigía.

"Despierta." Lo llamo alguien con un tirón de su muñeca. Gruño molesto. Su cuerpo aún necesitaba descansar un poco y sus parpados se encontraban pesados. El tirón volvió a repetirse, esta vez, más fuerte. Kurapika rodo-bueno, lo intento-pero la atadura mágica lo detuvo en una incómoda posición.

"Despierta ya o te arrastrare fuera de la cama." Dijo nuevamente la voz. La voz era placenteramente baja, sin irritación alguna en ella, pero había un indicio de fría entretención. Incluso en su estado semi-dormido, la voz rápidamente fue registrada en el cerebro de Kurapika como molesta.

Cuando los ojos de Kurapika se abrieron, lo primero que vio fue el cielo de madera y el rostro de Kuroro inclinándose sobre él. Se encontraba sentado con las piernas cruzadas, justo a su lado con su mano demasiado cerca de la suya. Kuroro había estado observando al dormido kuruta. Secretamente entretenido por como el chico se había agarrotado el momento que lo vio, cuando abrió sus zafiros. Kurapika aparto la vista y respiro profundamente, antes de finalmente sentarse.

"Cámbiate. La dueña nos entrego temprano por la mañana nuestra ropa seca." Asintió Kuroro hacia la pila de ropa doblada. La tribal túnica azul de Kurapika se encontraba sobre las ropas negras de Kuroro.

Demasiado adormecido como para protestar o tomar represalias, Kurapika siguió ciegamente a Kuroro a través de la habitación. Tomaron turnos para cambiarse en el baño, por insistencia de Kurapika. Kuroro decidió no utilizar su traje de Danchou y opto por algo más normal y menos atractivo; pese a que continuaba siendo negro. Dejo que su cabello cayera libremente y se puso una bandana sobre su frente para cubrir la marca de la cruz. Kurapika lo observo; Kuroro se veía mucho más joven de esa forma. Silenciosamente le devolvió sus ropas a Kuroro, con un mudo y renuente "gracias." Kuroro le dio una divertida mirada, recibió sus ropas de buena forma y los guardo en su paño Fun Fun. Bajaron las escaleras hacia el comedor, caminando lado a lado, siendo saludados por un agradable olor a pan fresco y sopa matutina.

"Ah, ¡Buenos días! ¿Cómo estuvo su noche?" la señora se les acerco desde el mostrador, con una curiosa expresión en su rostro. Kurapika dejo que Kuroro hiciese toda la parte de conversar y bromear, pero le lanzaba ocasionales miradas cada vez que se dirigía a él como 'ella', enfatizando ese hecho. Mentalmente tomo apunte de que Kuroro era un actor realmente bueno, sin duda era capaz de hacer pensar a las personas que era un indefenso caballero. Sabía muy bien que Neon Nostrad había sido una de sus víctimas.

"Por cierto, niña. Espera aquí, tengo algo para ti." La dueña se dirigió a kurapika con su jovial mirada y le señalo que la siguiera. Kurapika miro a Kuroro, buscando una explicación, el cual solo se encogió de hombros. Unos minutos más tarde, la señora, surgió de uno de los cuartos con un bulto en sus brazos. Kurapika sintió una nauseabunda sensación en su estomago.

"Oh, ¡el tamaño es perfecto!" la señor chillo de alegría cuando revelo el bulto que acarreaba. Kurapika se sentía como si se fuera a desmayar en ese mismo instante. La señora sostenía un lindo vestido color crema, su falda pasaba ligeramente sus rodillas. Era un vestido normal, nada muy fastuoso o con volantes. El rostro de Kurapika estaba blanco, mientras Kuroro tuvo que cubrir con una mano su boca, para cubrir su enorme y burlona sonrisa, mientras pretendía observar el vestido con un rostro serio.

"Esto pertenece a mi hija, pera ya que ella está casada y nadie lo utiliza, estaba pensando en votarlo. Pero ya que tu lo necesitas, te lo regalo." La señora le sonrió y comento cuán bien se le vería el vestido, diciendo que el color de su pelo combinaba con el tono del vestido y cosas por el estilo.

"No, no, no me merezco tales cosas. Está bien, mi hermano," le disparo una mirada de odio a Kuroro, quien simplemente le sonrió arrogantemente. "me comprará ropas más tarde, las necesarias, ya que estaremos viajando."

"Oh…" la señora se veía tan abatida que Kurapika, instantáneamente, se sintió culpable por haber rechazado su regalo. Kuroro, nuevamente, tuvo una maliciosa idea. Se encontraba ligeramente tras Kurapika, tan lejos como la atadura les permitía estar sin verse extraños, y se inclino levemente hacia adelante, para susurrar suavemente en el oído del kuruta, de forma que la señora no pudiese oírlo.

"No es amable de tu parte rechazar sus buenas intenciones, kuruta."

Sus palabras hicieron maravillas. Mientras la señora le daba una suplicante mirada, Kurapika no pudo soportar la culpa. Finalmente cedió y acepto el vestido, lo que le dio una resplandeciente sonrisa por parte de la amable señora. Su elevado espíritu regreso y los llevo hacia la mesa mientras pedía su orden para desayunar. No presto atención cuando ambos ubicaron sus manos; la mano izquierda de Kurapika y la derecha de Kuroro, sobre la mesa en un ángulo y posición realmente extraños. Cuando ya habían pedido sus ordenes y la dueña se marcho para buscar sus desayunos, Kurapika se volteo a observar el todavía entretenido Kuroro.

"Acepta tu responsabilidad. Guárdalo tú." Le lanzo el vestido a Kuroro, aunque no de forma descortés por miedo a que la señora lo pudiese ver lanzándole el vestido a Kuroro, como si fuera algo terrible.

"Está bien." Se encogió de hombros Kuroro y guardo el vestido. Toco el vestido con su dedo gordo, sintiendo el material. "Esto está hecho de un buen material. Debería ser más agradecido con ella."

Los ojos de Kurapika se empequeñecieron ante aquel comentario. Kuroro lo había dicho como si realmente supiera de telas y ropas. Pero de nuevo, quizá el fuera del tipo fetichista hacia la ropa. Kuroro dejo a un lado la ropa, decidiendo no guardar el traje ahora, cuando había gente en el comedor. No quería atraer la atención. Cuando llego el desayuno comieron en silencio. Kurapika lo tuvo más fácil ya que podía usar libremente su mano derecha. Kuroro se debía acostumbrar a utilizar su mano izquierda, ya que la estaría utilizando frecuentemente por un tiempo. Mientras cuchareaba su sopa, lo hacía tan incómodamente, que Kurapika se tomo su tiempo para sonreírle burlonamente tan sólo para fastidiarlo.

Cuando se marcharon de la hostería (la duela deseaba que se hubiesen quedado por más tiempo), Kurapika anuncio que iba a comprar sus ropas. Kuroro sólo asintió y juntos buscaron una tienda de ropa. Encontraron una pequeña tienda con un agradable interior. Antes de que Kurapika pudiese ponerse a mirar, Kuroro lo jalo repentinamente de su codo; sintiendo la calidad del material de la ropa del chico.

"¿Qué haces?" le dijo Kurapika molesto.

"Necesitaras algo más grueso que tus ropas tribales. Cruzaremos un desierto camino a Ryuusei-gai." Dijo Kuroro inexpresivamente, liberando el codo de su agarre. No quería tener problemas, no quería cuidar a un chico que se congelara en el desierto por falta de ropa adecuada para el duro ambiente.

Mudamente arrastro al chico hacia la plataforma que albergaba las chaquetas y abrigos. A regañadientes, Kurapika, tuvo que dejar que el hombre mayor escogiera las ropas adecuadas para él, ya que el conocía mejor el medioambiente. Para su alivio, Kuroro escogió las menos llamativas y más practicas. También escogió aquellas de material más ligero para el día, ya que el desierto era abrasadoramente caliente en el día y congelantemente helado de noche. Cuando terminaron, Kuroro sencillamente dejo caer las ropas sobre el mostrador y, de hecho, las pago. Kurapika tuvo que restringir su urgencia de mirar con incrédulos ojos a la cabeza de la araña. Por una, lo observo haciendo algo legal. Kuroro sabía de su incredulidad, suspiro.

"No hare nada ilegal, contigo como carga, ya que tú te pondrías en el camino." Le explico.

"Es bueno oír eso." Pensó honestamente Kurapika. El no permanecería de pie observando a la cabeza de la araña mientras robaba frente a sus narices. Haría todo lo que pudiese para arruinar sus planes. Kuroro era lo suficiente agudo como para deducir eso.

Caminaron alrededor de la ciudad, comprando municiones y otras cosas necesarias para su viaje a Ryuusei-gai. Una vez que estuvieron fuera de la ciudad, Kuroro guardo todo en su paño Fun Fun. Sin decir nada, Kurapika dejo que Kuroro guiara el camino. Y de esa forma comenzaron su viaje hacia la ciudad de Kuroro.

Tan pronto como se ubicaron en los compartimientos del tren, sentados lado a lado, Kuroro sacó un libro y comenzó a leer silenciosamente. Kurapika simplemente miro el espacio, mientras pensaba en todas las posibilidades que lo podrían sacar de esta incomoda y molesta situación. La idea de contactar a Leorio, Killua y Gon para que lo ayudasen cruzo su cabeza varias veces, pero apartaba esa idea. No quería molestar a sus amigos con tales problemas que no tenían nada que ver con ellos. Además, meterse en este asunto significaba meterse con el Genei Ryodan. No quería que sus amigos se metiesen en problemas.

Una vez, Kurapika estuvo lo suficiente curioso como para lanzarle una rápida mirada al título del libro que Kuroro leía silenciosamente. Una pasada y reconoció inmediatamente el libro. Sus ojos se ensancharon ligeramente, pero mantuvo su fría mascara y continuo observando el espacio. Kuroro noto el leve cambio de actitud.

"¿Conoces este libro?" pregunto Kuroro, sin quitar la vista de las hojas del libro.

"Lo eh leído antes." Respondió secamente Kurapika. Sostenía cierto respeto por los libros; especialmente los buenos. Y aparentemente, el libro que Kuroro leía era uno de sus favoritos. Era un libro denso, pero entretenido de leer.

"¿Oh? ¿Y qué piensas del libro?" Kuroro lo miro de reojo.

"Creo…" y de esa forma comenzó a decirle a Kuroro lo que opinaba del libro. Al comienzo estaba reacio a hablar, pero a la vez que Kuroro le iba dando respuesta a sus opiniones y el a las suyas, comenzaron a hablar de otros libros y autores; pero todavía no como se hablarían amigos. Eran, después de todo, enemigos sólo de daba el caso que estaban juntos en este problema.

De su parte, Kuroro realmente creía que el chico kuruta era culto e inteligente; más inteligente que la mayoría de los miembros de la araña; si era posible, rivalizaba con el mismísimo Shalnark y el mismo. Debía admitir que discutir sobre libros con el muchacho era interesante. Shalnark quizá fuese inteligente y de ideas rápidas, pero no estaba interesado en libros. Prefería navegar en internet y hackear en su tiempo libre. Al menos, ahora veía una buena razón en tener como compañero de viaje al kuruta; dejando a un lado su constante repelencia hacia él y molesta tendencia a saltar cada vez que sus manos se rosaban por accidente. En variadas ocasiones había estado a punto de decirle al muchacho que dejara de saltar, pero entonces hacia a un lado esa idea. Si le decía, probablemente el chico comenzaría a rabiar sobre cómo era culpa de Kuroro, que no podía evitar despreciar cualquier contacto, por más leve que fuese, con el líder del Genei Ryodan. El chico tenía una lengua afilada y mordaz, Kuroro sabía mejor que nadie que una vez que comenzara a discutir con el chico, no habría final. Argumento con el chico una vez y al final termino con dolor de cabeza. No quería volver a tener problemas, así que simplemente vivía con eso.

Kurapika miro el escenario fuera del tren. El mundo parecía pasar junto a él, todo nublándose en espectros de colores y siluetas. Kuroro había dicho que el viaje tardaría su tanto, y el ya se encontraba aburrido. Kurapika era un chico paciente, pero la mera presencia de Kuroro Lucifer era suficiente para drenarle toda su paciencia. El hombre había estado leyendo otro libro desde que había terminado su conversación, dejando a Kurapika por su cuenta.

Repentinamente, sintió que un peso había caído sobre su regazo. Kurapika bajo la vista y observo un libro sobre su regazo. Tímidamente tomo el libro con su mano derecha y lo inspecciono. Se giro para observar a Kuroro, pero continuaba leyendo el mismo libro.

"Pareces aburrido. Todavía quedan unas cuantas horas, así que decidí prestarte eso." Dijo como un hecho, sin siquiera quitar su vista del libro.

Kurapika le lanzo una mirada extraña, y luego regreso su vista al libro. Era muy extraño. ¿Kuroro estaba actuando de forma agradable con él? Pensando eso, había estado aguantando su actitud hostil y agresiva. La mayoría del tiempo lo dejaría por su cuenta; el metiéndose en sus propios asuntos mientras Kurapika se preocupaba de los suyos. Abrió las páginas y les dio una curiosa mirada. Lógicamente, no tenía nada más que hacer y Kuroro Lucifer, de todas las personas, le ofrecía algo que hacer. El no quería nada que perteneciera al ladrón maestro, ya que la gran mayoría serían cosas robadas, de todas formas, pero se moría de aburrimiento, así que accedió. Se ajusto a una posición más cómoda y comenzó a leer mudamente.

Ya que Kurapika se encontraba absorto en su lectura, se perdió la ligera sonrisa que agracio los labios de Kuroro.

"¿Sí, Shalnark?"

[Ah, ¿Danchou? Le tengo unas interesantes noticias.]

Kurapika aparto la vista y pretendió no oír. Miro los alrededores de la estación de trenes, y se percato de que la noche estaba cayendo. Se detuvieron en la última estación y luego de eso debían llegar hasta el desierto a pie, para luego cruzarlo igualmente a pie. Kurapika suspiro. Sería un viaje muy largo y muy agotador, agitador de nervios; considerando que viajaría con el líder del Genei Ryodan. Kuroro hablaba silenciosamente y Kurapika no se molesto en oír su conversación. En cambio, pensó en que deberían hacer ahora. Lo primero sería encontrar una hostería.

"Encontremos una hostería primero." Kuroro le dio voz a sus pensamientos.

En silencio, caminaron lado a lado, revisando la ciudad en busca de un lugar decente donde pasar la noche. La ciudad era tranquila y con pocas personas, aunque atardecía temprano. Kurapika levanto la vista y noto como una mansión se mostraba al final de la ciudad, con un conjunto de fincas de altas gamas que la rodeaban. El vacio entre lo rico y lo pobre era visible. Kurapika encontraría uno o dos vagabundos en las esquinas de las calles; ya sea durmiendo sobre una pila de alfombras viejas o pidiendo dinero. Cuando pasaron junto a un niño vagabundo, Kurapika no pudo hacer caso omiso de su pedido por una moneda. Dejo caer una moneda en las manos del pequeño, el cual la recibió alegremente.

"No los ayudas dándole caridad." Remarco fríamente Kuroro.

"Este no es tu problema." Contraataco Kurapika, pese a ver sido molestado por su comentario.

"Sólo son un montón de niños flojos, quienes no se molestan en buscar un trabajo decente. Sólo los estas animando a que continúen siendo los vagos que son." Continuo, sus ojos oscuros observando a otro vago con cierto desprecio.

Kurapika no pudo evitar notar la ligera emoción en sus palabras. Algo pasaba entre el hombre mayor y los vagabundos. Era como si tuviese una mala experiencia con ellos. Kurapika sacudió esa idea, pensando que no tenía nada que ver con él. Era el problema de Kuroro, no era suyo. Era un mudo acuerdo entre ellos: metete en tus propios asuntos.

"¿Ves la mansión de allí?" repentinamente dijo Kuroro de nuevo.

"Sí." Se limitó a responder.

"Allí abra una subasta esta noche." Dijo Kuroro de nuevo, esta vez miro a Kurapika, esperando una respuesta.

"¿Y qué? ¿Tiene algo que ver conmigo?" dijo de forma desinteresada Kurapika, sus ojos continuaban escaneando la ciudad en busca de una hostería.

"Un cierto objeto será subastado." Dejo caer una clara señal. Sabía que el kuruta era lo suficiente listo como para comprender lo que les estaba intentando decirle. Y tenía razón. Kurapika se giro a mirarlo con ojos sospechosos. "Shalnark acaba de informarme."

"Los ojos escarlatas." Balbuceo, un destello de rabia brillo en sus ojos marinos. "¿Por qué me estás diciendo esto? ¿Qué quieres?"

Kuroro se detuvo y se giro para observar al joven kuruta. Observo a Kurapika con ojos calculadores, como si estuviera re-evaluando algo en su cabeza. Kurapika espero pacientemente. Fuese lo que fuese, el líder del Genei Ryodan tenía algo en mente, y lo involucraba a él y a los tesoros de su tribu.

"Te ofrezco un trato."

"Pudiste haber perdonado su vida, al menos." Kurapika frunció el ceño ante el cuerpo inerte desparramado sobre el suelo.

"Si lo dejo con vida, alertara a los guardias cuando despierte. Tú eras el que quería que esto fuese lo más discreto posible." Dijo despreocupadamente Kuroro mientras extraía un sobre blanco del bolsillodel hombre.

"Aún así…"

Kuroro suspiró. Le había ofrecido al kuruta su ayuda para recuperar los ojos escarlatas de la subasta a cambio de su completa cooperación, mientras intentaban romper la estúpida atadura. Un trato entre ellos. Kurapika finalmente había aceptado, pero no sin antes haberlo interrogado en busca de cualquier truco tras su oferta, aparentemente, bien intencionada. Cuando no encontró ninguna, y no habiendo ninguno ya que Kuroro había sido realmente honesto, acepto, aunque con pocas ganas. Kuroro realmente estaba cansado de su inestable situación. No era como si temiera su muerte a manos del kuruta o algo por el estilo. El abrazaba la muerte como parte de la vida. Era el kuruta quien lo cansaba. A Kuroro no le molestaba la presencia del chico. Tampoco lo odiaba, pero el chico sentía lo contrario. Continuaba emitiendo hostilidad y precaución hacia su presencia, lo que había intentado de mejor manera ignorar, pero lo seguía molestando.

Y así, Kuroro le dijo su plan. Era simple: iban a escabullirse, pretendiendo ser invitados (luego de robar la invitación de alguien), acudir a la subasta sólo como espectador, esperar hasta que alguien se hiciese con los ojos, seguir al nuevo dueño, interceptarlo camino a casa y robar los ojos. Kurapika había estado realmente triste con el hecho de que iba a robar, pero cedió cuando Kuroro le dijo que no había otra forma de hacerlo, así que debía soportarlo. Había estado en lo correcto, por supuesto. No era como si Kurapika tuviese el dinero como para comprarlos por sí mismo y de seguro, Kuroro no gastaría una gran suma de dinero en los ojos escarlatas, cuando podía simplemente robarlos, siendo el ladrón que era.

"Vamos."

Con un jalón de su muñeca izquierda, que hizo gruñir a Kurapika, siguió al hombre mayor. Cuando llegaron a las puertas de la mansión, pusieron sus mascaras de indiferencia, pretendiendo el haber sido invitados por el señor de la mansión. Kuroro entrego la invitación y cruzo el umbral con Kurapika siguiéndole. Estaba ligeramente impresionado con el hecho de que el chico pudiese poner una cara tan seria, el se esperaba que el chico, quien poseía un fuerte sentido de la moral y lo ético, se pusiera nervioso e inquieto.

Ocurrió de forma tranquila, como se había planeado. La seguridad era floja y no tuvieron problemas asaltando al tan renombrado nuevo dueño de los ojos escarlatas, emboscándolo camino a su auto. Kuroro asesino rápidamente a todas las personas del lugar, asegurándose de que no quedará ningún testigo. Con su mano libre, tomo los ojos escarlatas con cierta reverencia. A pesar de ser un ladrón, no era uno normal. Era Kuroro Lucifer, líder del Genei Ryodan, quien tenía un gusto por los artefactos invaluables y especiales. Sabía apreciar un trabajo artístico; y los ojos escarlatas eran uno de ellos. Admiro los ojos que flotaban en el contenedor por un tiempo, antes de darse vuelta hacia el Kurapika y entregárselos.

Kurapika tomo el contenedor de las manos de Kuroro con su mano derecha; sus dedos rosando los de Kuroro. Esta vez, Kurapika había estado tan preocupado de los ojos, que no salto cuando toco su piel. Su vista se suavizo y sus oceánicos ojos azules observaron los ojos, con una ola de eterna tristeza y pérdida. Podrían ser los ojos de su padre, los de su madre o los de sus amigos, los que sostenía entre sus manos, pero no había forma de saberlo. Quería llorar, quería abrazar el contenedor como si contuviese su vida, pero se retuvo de hacerlo. Kurapika continuaba estando alerta de la presencia de Kuroro y no mostraría debilidad alguna frente a su enemigo. Endureció su corazón y trago.

"Mantendré mi parte del trato."

"Y también lo haré yo." Balbuceo Kurapika, sus nunca abandonaron los ojos del contenedor, los que parecían observarlo inexpresivamente. Ambos permanecieron en silencio. Kurapika estaba contento de finalmente recuperar un par de ojos escarlatas, pero no sabía qué hacer con ellos. Lo primero era mantenerlos a salvo. Kuroro sintió su predicamento.

"Quieres que yo-"

"¡POR ALLÍ!" resonó un vozarrón en la oscura calle y ambos, Kuroro y Kurapika, movieron sus cabezas en dirección a los gritos.

Los hombres comenzaron a llegar a la calle, antiguamente abandonada, todos armados hasta los dientes. La primera reacción de Kurapika había sido cubrir el contenedor para protegerlo.

"Tsk. Nos encontraron." Con un movimiento de su muñeca, un libro rojo apareció en su mano derecha. Kuroro dejo que las hojas se moviesen hasta que se detuvieron en una determinada página, donde se encontraba guardada la habilidad de tele-transportación. Kurapika, quien estaba sorprendido, no le estaba prestando atención en lo absoluto. Con un movimiento, Kuroro deslizo su brazo izquierdo por el hombro de Kurapika, abrazándolo, con el contenedor bien resguardado entre él y Kurapika. Su libro de nen resplandeció y desaparecieron de vista, dejando a los soldados confundidos y perdidos.

En algún lugar, lejos del alboroto, reaparecieron. Kuroro todavía tenía su brazo izquierdo alrededor de los hombros de Kurapika, y los mantuvo allí mientras observaba los alrededores, asegurándose de que nadie los hubiese visto. Kurapika se había congelado en sus brazos, ambas manos sosteniendo fuertemente contra su pecho el contenedor, mientras sus ojos miraban el pecho de Kuroro. No había anticipado en lo más mínimo el movimiento de Kuroro. Lentamente, su cerebro comenzó a funcionar y su brazo libre actuó por instinto.

"¡Quita tu mano!" gritó e hizo a un lado el brazo de Kuroro, sus ojos destellando fieramente contra el otro hombre.

Kuroro podía ver que el chico estaba azorado por su repentina acción. Le gustaría molestarlo aún más, que le ardiera la mierda, pero ahora, su prioridad era mantener su trato. Levanto su brazo izquierdo a modo de rendición, apartándose del enojado kuruta.

"Bueno, te estaba preguntado si querías que guardara los ojos escarlatas, por su propia seguridad."

Kurapika levanto una ceja y lo miro cautelosamente. No quería confiar su tesoro a un ladrón, no si podía evitarlo. Sin embargo, el paño Fun Fun era la mejor opción para mantener seguros los ojos escarlatas. Además, todas sus pertenencias se encontraban guardadas en el paño Fun Fun de Kuroro y de todas formas, estarían juntos por un buen tiempo. Kuroro no podría huir de él, así que asintió silenciosamente y le entrego el contenedor a Kuroro.

Kuroro parpadeo varias veces de forma cansada. Siempre dormía con la guardia alta mientras dormía con el niño, y esta vez fue despertado por el intranquilo sueño del niño. Kurapika se había estado revolviendo en sus sueños, las pesadillas acosándolo y cuando finalmente no pudo más, se sentó y clavo el rostro en sus rodillas, todo el tiempo tratando de no mover su brazo izquierdo si no era posible. No quería quela cabeza de la araña lo viera en un estado tan patético, pero era demasiado tarde.

Habían aceptado el trato; no intentarían provocar al otro para comprometerse en una pelea innecesaria, que quizá les costará la vida, y meterse en sus propios asuntos. Sin embargo, esa noche Kuroro sintió que debía hablar un poco con el kuruta, de otra forma ninguno de los dos tendría un sueño decente.

"¿Pesadilla?" le pregunto adormecido.

Kurapika se agarroto al escuchar su ronca voz. Quería mentir, gritarle que se metiera en sus propios asuntos, pero estaba demasiado cansado y su corazón se sentía demasiado pesado, tanto que simplemente asintió. Los ojos de Kuroro se ensancharon cuando vio el débil asentimiento del muchacho. Estaba tan seguro de que el chico lo negaría, pensando que querría parecer fuerte frente a él. Probablemente diría unas excusas, pero definitivamente, nunca lo admitiría. Kuroro hizo un mayor esfuerzo para escudriñar al chico. Las cortinas habían sido tiradas, así que la luna penetraba la ventana y caía sobre el muchacho de aspecto triste. Su pelo rubio brillaba suavemente bajo la tenue luz. De pronto, el chico se veía tan pequeño y frágil, todo lo opuesto a la dura persona que se presentaba todo los días.

"¿Quieres hablar de eso?" le pregunto de nuevo.

Repentinamente fue recompensado con una odiosa mirada. "¿Hablarlo contigo? ¡Estoy así por ti!" le grito, sus ojos escarlatas brillaban terroríficamente, en la oscuridad de la noche.

"Tienes razón. Yo soy la razón del porque tú eres huérfano. Peor no soy quien te envía las pesadillas." Dijo Kuroro mientras intentaba retener un bostezo.

"Tú-"

"Vamos, niño. Puedes elegir no ser acosado por las pesadillas. Tú escoges ser acosado por el pasado. Ese es tu problema." Dijo el hombre mayor con un tono aburrido.

"Idiota." Siseo peligrosamente Kurapika, se veía como si fuera escupirle veneno en cualquier momento.

"¿Acaso no soy siempre un idiota a tus ojos, sin importar que haga?"

"Bastardo." Con eso, Kurapika se lanzo nuevamente sobre su cama y cerró fuertemente sus ojos. Le irritaba que el hombre siempre pudiese contraatacar sus ataques verbales. Al final, siempre era quien tenía la última palabra. Resoplo con fastidio antes de volverse a dormir, pero durmió tranquilamente durante toda la noche; su pesadilla olvidada.

Kuroro escucho la respiración de Kurapika hasta que finalmente mantuvo un ritmo sereno, indicando que el chico ya se encontraba dormido. Suspiro suavemente y cerró sus ojos, cansado.

"Tanto por nuestro trato." Balbuceo para sí, antes de volver a dormir con su guardia puesta.

Continuará…

La tipeja que traduce… eh terminado un nuevo capítulo, espero que les guste… bueno allí va… que disfruten, =)