TRADUCCION: Esta historia no me pertenece, yo nunca la eh escrito ni mucho menos eh aportado con alguna idea o sugerencia, todo este trabajo pertenece a la autora Runandra, quien es la mente maestra tras esta idea, la historia original pueden encontrarla en el siguiente link:
www(punto)fanfiction(punto)net/s/5650325/1/1001_Nights
Aclaración: Hunter x Hunter no me pertenece.
Esto dice Runandra (la autora), puede contener spoiler… por no decir que tiene spoiler del fic XD: Allí esta… estoy segura de que todos saben lo que es una sirena. En cuanto a las sirenas, es una criatura mitológica griega; encantaban a los viajeros con sus canciones hasta asesinarlos (por lo que los barcos naufragaban). Rusalka no es un nombre al azar, por cierto. Es parecido a una sirena pero de mitología eslava. Para más información pueden buscar en la net. Pobre Kurapika, siendo confundida por mujer por todos… (Sonríe maliciosamente)
En el siguiente capítulo: cuando finalmente llegaron al notorio Ryuusai-gai, Kurapika logra tener una visión de la vida en la tan renombrada ciudad de la basura. También, cuando finalmente logra conocer a la mujer llamada Ishtar, ¡por dios!, cuan sorprendido esta cuando se entera de cuál es su relación son Kuroro Lucifer.
La historia hasta ahora: Kuroro y Kurapika llegaron a un acuerdo, y de esa forma continuaron su viaje hacia el hogar de Kuroro, Ryuusei-gai. Aunque en el camino se percatan de que no podrían lograrlo de forma fácil.
CAPITULO 3: Rusalka X Charla del Desierto
"En el momento que se acabe este bosque se presentará el desierto." Kuroro le dijo a Kurapika de buena forma. Para desagrado de Kurapika, parecía estar tomando su actual predicamento de forma ligera.
"¿Cuánto más falta?"
"Un día de camino si seguimos este ritmo."
Habían estado viajando por una semana ya y la animosidad de Kurapika hacia Kuroro había bajado un poco, lo que le permitía respirar un poco más tranquilo. De alguna forma, la hostilidad de Kurapika hacia él lo sofocaba, y era como ir junto a una bomba de tiempo; según Shalnark. Ellos también habían comenzado a conversar un poco más, mayoritariamente sobre libros, política e historia. Kurapika, aunque a regañadientes, tenía que admitir que jamás había tenido un intercambio de opinión de tan alto nivel como le que tenía con Kuroro Lucifer. Normalmente las personas con las que conversaba no tenían ni la más remota idea sobre lo que conversaba, o simplemente no tenían conocimiento suficiente como para tener un duelo intelectual con él. Aún así, no todas sus conversaciones eran tranquilas. Tenían sus discusiones, por supuesto, cuando tenían opiniones contrarias. Los dos eran igual de tercos con respecto a sus opiniones y podían hablar del mismo tema por horas.
Justo después de haber abandonado la última ciudad, entraron al bosque. A mitad del bosque, Kurapika, declaró que debería ser llamado jungla en vez de bosque. Kuroro simplemente rió divertido y continuo guiando el camino para salir del bosque. Se internaron más y más en el bosque, la luz disminuía mientras llegaban al corazón del bosque. Kurapika comenzó a preguntarse si se habían perdido o no, en aquel bosque. Miro de forma dudosa a Kuroro en varias ocasiones, pero el hombre mayor parecía confiado mientras los guiaba por el bosque. Era como si conociera el bosque como la palma de su mano.
"¿Estás seguro de que este es el camino correcto?" finalmente pregunto de forma dudosa Kurapika.
"El bosque no ah cambiado demasiado desde la última vez que lo visite."
"¿Cuándo fue aquello?"
"Como hace diez años atrás."
"Fantástico." Kurapika rodo sus ojos. Continuaron caminando en silencio, cuando repentinamente Kuroro se detuvo y miro su alrededor.
"¿Oíste eso?" le pregunto a Kurapika, mientras sus habilidosos ojos oscuros continuaban escaneando el bosque.
"¿Qué?" Kurapika intento agudizar sus oídos. Todo lo que oía era el sonido de insectos y otras criaturas del bosque, los que hacían ruidos incoherentes a sus oídos. Ocasionalmente escuchaba el sonido de la briza, pero nada más; nada fuera de lo normal, al menos.
"La voz de alguien." Kuroro miró su alrededor de forma cuidadosa, y comenzó a caminar hacia una dirección determinada; la cual Kurapika no podía nombrar como norte, sur, esto u oeste. Había perdido todo sentido de orientación en esa jungla. Apresuro su marcha y Kurapika tuvo que luchar para mantener el ritmo del hombre más experimentado. La esposa continuaba arrastrándolo cerca del hombre mayor. Continuaba tropezando sobre las prominentes raíces mientras Kuroro caminaba cómodamente, lo que molestaba profundamente a Kurapika.
Cuando finalmente lograron salir de un frondoso arbusto, llegaron a un claro con un lago en el centro. Las ramas de los arboles que rodeaban la laguna, se extendían sobre la laguna, formando una cubierta sobre el agua. El agua golpeaba suavemente los troncos de los arboles que rodeaban el lago.
"No escucho ni veo nada extraordinario." Dijo Kurapika mientras observaba el lugar.
Repentinamente, algo atrapo su atención desde el rabillo de sus ojos. Se giro y vio a alguien sobre el agua. Era una mujer de pelo largo, verde y rizado. Su piel era muy pálida, al punto de que se veía casi azul, sus ojos azules eran pequeños y brillantes. Los saludo con la mano y les sonrió de forma seductora. Kurapika le frunció el ceño; había algo extraño en ella. Luego de un minuto de mayor observación, noto que el cabello de mujer estaba seco, a pesar de encontrarse en el agua. Entonces se percato de que la mujer no era humana.
Justo entonces, sintió un fuerte girón en su muñeca izquierda. Miro hacia su izquierda y se sorprendió de ver a Kuroro dirigiéndose directamente al agua. Aturdido por su repentina acción, Kurapika le robo una mirada al rostro de Kuroro y noto que sus ojos, normalmente alerta, estaban desenfocados y estaban fijos en la mujer. La mujer continuaba saludándolos, con placer y excitación plasmada en su rostro etéreo. Alarmado, Kurapika intento jalar a Kuroro de regreso, pero el hombre era mucho más fuerte que él, por lo que ni se inmutaba y continuaba caminando hacia la laguna.
"¿Qué diablos te pasa?" le grito, profundamente irritado. Jalo bruscamente la esposa, pero no tuvo efecto. Kuroro continúo caminando hacia el lago y cuando llegaron al borde de la superficie creada por las ramas, Kurapika comenzó a asustarse. De alguna forma, tenía la mujer había embrujado a Kuroro, pero no lo afectaba a él. Tenía que encontrar una forma de evitar que Kuroro se lanzara de cabeza al lago, arrastrándolo con él.
"Despierta, ¡Bastardo!" volvió a gritar Kurapika, esta vez jalo tan fuerte que Kuroro cayó sobre su espalda, justo en el borde de la plataforma, llevándose consigo a kurapika. El último maldijo por debajo. Se había torcido su muñeca izquierda en la caída, y ahora le dolía como el diablo. Kuroro cambio su postura y se giro a mirar a Kurapika. Tenía una mirada confundida y aturdida en su cara.
"Que…"
"Ya estás en tus cávales, ¿eh?" le dijo de forma irritable Kurapika. "Estabas por hundirte en el lago, cabeza de chorlito."
"Como-"
Antes de que pudiese terminar su oración, un par de brazos salieron del agua y agarraron sus tobillos. Con una increíble fuerza, las manos jalaron de las piernas de Kuroro, logrando arrastrar a los dos en el agua. Con sus suministros de oxigeno siendo arrebatados tan repentinamente, Kurapika, de forma instintiva, entro en un ataque de pánico. Sus ojos ardían por el agua fría y podía sentir como se hundía hasta el fondo del agua. En su ciega lucha contra el agua, sintió una mano agarrando fuertemente su codo derecho. Con un fuerte jalón, Kurapika, sintió como era levantado. Cuando abrió sus ojos, vio la borrosa cara de Kuroro cerca de la suya. De hecho Kuroro lo estaba sosteniendo e intentaba nadar hacia la superficie. A medio camino, justo antes de llegar a la superficie, Kurapika vio algo vago por el rabillo de sus ojos. Girando su cabeza, vio a la mujer nadando hacia ellos a una terrible velocidad.
Antes de que Kurapika pudiese advertir a Kuroro (de todas formas, no sería capaz de hacerlo adecuadamente en el agua), la mujer nado hacia Kuroro con sus manos alrededor de su cuello. Kurapika sintió algo escamosos contra su piel. Tardíamente, Kurapika, se percato de que la mujer era una sirena y había envuelto su escamosa cola azul alrededor de ellos. Presiono su torso desnudo contra el de Kuroro, sus manos sosteniendo el pálido rostro de Kuroro.
Que apuesto hombre. Ven y quédate conmigo, ¿sí? Le ronroneo afectivamente. Su voz de otro mundo reverbero en el agua. Le sonrió seductoramente y Kuroro parecía incapaz de defenderse. Kurapika podía sentir como Kuroro se debilitaba, y para su horror, vio como comenzaba a cerrar sus ojos de forma sumisa. Estaba cayendo bajo su hechizo, de alguna forma Kurapika lo sabía.
Con una nueva resolución, Kurapika formo su dowsing chain con su mano libre y atacó a la sirena. La pelota golpeo directamente a la sirena en su mejilla. Kurapika pudo escuchar su grito ensordecedor, retumbando y perturbando las tranquilas agua. La fuerza que había puesto en la cadena era la suficiente para romper los huesos de una persona, en circunstancias normales. El agua había provisto una resistencia natural, que reducía el impacto del ataque, así que la sirena no se rompió la quijada. Aún así, por reflejo, libero a sus víctimas y nado lejos del peligro. Tomando su oportunidad, Kurapika tomo al inconsciente Kuroro en sus brazos y nado hacia la superficie con todas sus energías. Le tomo bastante esfuerzo hacerla, porque el hombre era demasiado pesado para él.
Diablos, para ser un hombre que parece delgado de seguro pesa bastante… o ¿yo soy demasiado delgado? Se pregunto Kurapika mentalmente, mientras se enfocaba en la superficie que se encontraba sobre él.
Una vez que llegaron a la superficie, rápidamente nado hacia la plataforma y salió del agua, antes de intentar extraer al hombre del agua. Arrastro a Kuroro tan lejos como pudo del lago, y finalmente se detuvo bajo la sombra de un árbol gigante. Se inclino sobre el enorme tronco del árbol, sin aliento y completamente mojado, mientras sus ojos estaban fijos en el lago, buscando a la sirena. Observando que no había señales de ella, Kurapika miro a Kuroro, quien se encontraba desparramado junto a él- se veía como si estuviese plácidamente dormido.
Como te atreves…
Resonó una voz en el aire y alcanzo los oídos de Kurapika. Kurapika alzo la vista y la vio en el borde del lago. Le lanzaba dagas con la mirada a Kurapika, quien lo observaba atentamente. De alguna forma, la magia de la mujer no podía afectarlo. La sirena achico sus pequeño y brillantes ojos de forma peligrosa, escrutándolo. Luego de un tiempo, comprendió algo y sus ojos azules se enancharon, olvidando la hostilidad.
Ah, con razón… eres una chica…
"¡SOY UN CHICO!" le grito enojadamente, encontrando de forma repentina su energía. Incluso la sirena lo confundía con una chica; quería arrancarse el pelo.
¿En serio? La sirena le pregunto de forma incrédula, pero ahora había curiosidad en esos ojos azules. Hmm… ¿Cuántos años tienes?
"Diecisiete." Le respondió de forma cortante.
Mm-hmm… eres un caso tan particular. Pero ese hombre… la mujer le señalo al durmiente Kuroro con un movimiento de su cabeza. El obviamente es afectado por mí. Lo quiero; no eh visto a un hombre tan apuesto en bastante tiempo.
"Desafortunadamente, no te lo puedo dar, por más que lo desee." Suspiro Kurapika. "El está atado a mí por esta estúpida cadena." Levanto su mano esposada, y como resultado, el brazo derecho de Kuroro se alzo ligeramente.
¿Hm? Eso es interesante. La mujer sonrió de forma maliciosa. ¿Cómo terminaste así?
Kurapika le frunció el ceño. De pronto, la sirena estaba teniendo un gran interés en él. "Eso es una larga historia…"
Me gustan las historias largas. Cuéntame, niño. La sirena saco del agua su torso y puso sus brazos en el suelo a la vez que se inclinaba sobre la plataforma, como si se preparará a escuchar una buena historia. Kurapika suspiro, pero sin embargo le conto de forma breve su encuentro con el genio Hassamunnin.
Hassamunnin, ¿Eh? ¿Ese infantil genio esta libre ahora? Las hermosas pestañas de la sirena se acicalaron con esto.
"¿Lo conoces?" de pronto, Kurapika vio un rayo de esperanza.
No, no personalmente. Simplemente se destaca por sus bromas. O quizás no.
"¿Qué eres? ¿Cómo puedes encantar a este… bloque de hielo, que dice ser persona?"
Es mi naturaleza. Soy una sirena. Mi nombre es Rusalka. ¿Cuál es el tuyo, niño?
"Kurapika."
¿Kurapika, no? Dijo el nombre como si lo probara. Me intrigas, Kurapika. Me agradas.
"Uh… ¿Gracias?" Kurapika le sonrió incómodamente.
¿Y él es?
"Kuroro Lucifer." Kurapika dijo el nombre como si fuera tabú.
¿Kuroro Lucifer? El reconocimiento brillo en sus ojos. ¿Eso significa que te diriges a la ciudad que se encuentra al otro lado del desierto?
"¿Cómo sabes eso?" pregunto Kurapika. ¿Sólo con escuchar el nombre era capaz de deducir aquello? ¿Qué tan famoso podía ser el hombre?
Si conoces a una mujer llamada Ishtar, mándale mis saludos. O simplemente le puedes decir a tu novio.
"¡EL NO ES MI NOVIO!" gruño Kurapika, indignado, peor la sirena simplemente rió.
Bueno, hasta que nos veamos de nuevo, Kurapika. Con eso, la sirena volvió a hundirse en el agua, no sin antes reírse alegremente en su cara. Kurapika gruño frustrado. Quería golpear algo y de pronto, el rostro de Kuroro se veía como el objetivo perfecto. Justo mientras pensaba eso, dicho hombre rezongo de dolor. De hecho, los ruidos que Kurapika había hecho habían sido lo suficiente altos como para despertar a los muertos.
"Despierta de una vez." Balbuceo Kurapika mientras veía que el hombre recuperaba la consciencia.
"Dime que paso." Demando de forma directa. Kurapika rodo sus ojos, pero sin embargo le conto sobre Rusalka. Se salto la parte en que lo acusaba de ser una chica y llamaba a Kuroro su novio. Si Kuroro oía eso, Kurapika no vería fin a sus despiadadas bromas.
"Ella menciono a una mujer llamada Ishtar y que le enviásemos su saludo."
"¿Ishtar, eh? Esa es la persona que vamos a ver." Kuroro masajeo sus sienes con su mano izquierda, intentando limpiar su mente de los residuos que quedaban del hechizo de Rusalka.
"Fantástico. Si ella es conocida de un sirena, entonces, ¿Qué es ella? ¿Una sirena también?" espeto Kurapika. Iba a conocer a otro extraño ser.
"No. Definitivamente no es una sirena." Kuroro peino su cabello, como normalmente lo llevaba, hacia tras, y se quito el vendaje que tapaba su frente. En un instante se convirtió en el Danchou e hizo que los puños de Kurapika ardiesen por pegarle.
Kurapika frunció el ceño ante la elección de palabras; para el era como si la mujer llamada Ishtar fuese definitivamente cualquier cosa excepto humano. Kurapika, mientras tanto, todavía tenía su pelo sobre su rostro, completamente revuelto. Kuroro lo miró, divertido de encontrar que el kuruta se veía aún más femenino con ese estilo. Se inclino hacia el para observar su rostro, pero Kurapika se aparto y le gruño.
"¿Qué?" le espetó.
"Vamos, continuemos avanzando. Necesitamos salir pronto de este bosque." Kuroro se paro, jalando a Kurapika para que hiciese lo mismo por la cadena. Debido al movimiento, la muñeca de Kurapika lloro en agonía y él se quedo sin aliento de dolor. Se había olvidado completamente de eso. Kuroro se detuvo y le lanzo una mirada inquisitiva.
"Me torcí la muñeca cuando caímos." Kurapika le señalo la plataforma con su cabeza. "Dame un segundo."
Con eso, Kurapika invoco su holy chain y sano su muñeca torcida en unos segundos. Kuroro le lanzo una interesada mirada y levanto una ceja. Era una habilidad que no había visto usar en el usuario de la cadena. Había visto su judgment chain y chain jail, pero no las otras.
"Esa es una práctica habilidad, la que tienes."
"Gracias." Respondió Kurapika de forma sarcástica, levantándose. Apretó sus ropas para que escurriese el agua en ellas y sacudió su cabeza para quitar la mayoría del agua que tenía en su pelo.
"¿Qué eres, un perro?" comento de forma seca.
"Cállate y metete en tus propios asuntos." Replico de forma fría, Kurapika.
Kuroro simplemente se en congio de hombros y juntos, aunque mojados de pies a cabeza, caminaron fuera del bosque.
"¿Por qué me salvaste?" pregunto de forma repentina Kuroro. Kurapika dejo de atizar el fuego con una astilla y miró a Kuroro con una ceja alzada.
Ambos llegaron al desierto y cuando la noche se aproximaba, Kuroro dijo que acamparían allí, en medio del desierto. Kurapika no protesto ni se quejo, ya que sabía que no había ningún otro lugar más donde acampar. Era pura arena. Hicieron una pequeña hoguera y se sentaron, hombro a hombro (no tenían otra alternativa, ya que la cadena continuaba midiendo 20 cm), cerca del calor que proveía la buena fogata.
"¿Y haber muerto sino lo hubiese hecho? No, gracias." Kurapika bajo la estaca y la regreso a la blanca arena. "A pesar de que estoy dispuesto a morir si puedo asesinarte en el proceso." Le lanzo a Kuroro una rápida mirada pero regreso su atención al cálido fuego.
"¿Así que realmente no tienes ni un reparo si tu tribu se extingue?"
"¡Por supuesto que no! Que te hace pensar-"
"Eres el ultimo kuruta con vida. Si mueres, es el fin de tu tribu. Para siempre." Kuroro miro a Kurapika son sus oscuros ojos. Había seriedad en su mirada, algo que estaba prohibido para Kurapika. Bueno, Kurapika nunca había intentado mirar de forma deliberada esos ojos, pero aún así lo hacían sentir incomodo.
"Lo sé."
"¿No vas a traspasar la línea sucesoria de tu familia?" le pregunto nuevamente Kuroro, de forma casual, como si fuesen amigos y no enemigos.
"¿A qué quieres llegar?" le espeto Kurapika cuando comenzaba a perder su paciencia. A decir verdad, él sabía a lo que se refería Kuroro. Como el último sobreviviente de la tribu kuruta, llevaba consigo la carga de conservar la sangre, y eso sólo podría lograrse a través de descendientes. Sin embargo, eso podía hacerse después. Su venganza contra el Genei Ryodan continuaba siendo prioridad. De todas formas, sólo tenía diecisiete años.
"Al cazarnos, arriesgas tu vida." Susurró Kuroro. "Deberías saber cómo sobrevivir."
"¿Me intentas decir que deje de cazarlos, y en vez, me asiente, me case y tenga hijos? Lo siento mucho, pero eso es imposible. El problema de la conservación de la sangre de mi tribu puede hacerse LUEGO de que haya acabado con cada uno de ustedes." Kurapika se giró y miro con sus ojos escarlatas. Esta vez, el color era leve, pero sin embargo brillaba terroríficamente en la fría oscuridad del desierto.
"Harás que te maten antes de que ocurra eso." Dijo Kuroro de forma indiferente.
"¡No me subestimes!" le gruño Kurapika.
"Lo mismo va para ti." Contesto tranquilamente, a pesar de que había una discreta advertencia en su tono; y kurapika no la dejo pasar. Kuroro continúo antes de que Kurapika pudiese continuar. "Sugiero que una vez se haya terminado esto, tomemos diferentes rumbos y nunca nos relacionemos. Te dejaremos tranquilo y tu harás lo mismo con nosotros."
"¿crees honestamente que PUEDO olvidar mi odio y amargura hacia ti y tu grupo? ¡Tu asesinaste a Toda mi gente!" comenzó a gritarle Kurapika. Sus ojos se volvieron aún más rojos, como si estuvieren sangrando.
"Es por eso que estoy dispuesto a dejarte tranquilo luego de esto." Suspiro Kuroro, como si estuviese cansado de su interminable discusión. "A pesar de haber asesinado a dos de mis camaradas."
"Se lo merecían." Siseo Kurapika, lleno de odio.
Kuroro se giro para encarar a Kurapika, y observarlo con una incomprensible expresión. Kurapika se sintió repentinamente incomodo por la forma en que lo veía. Diablos, cuando fuera que el líder del Genei Ryodan lo mirase de esa forma. Siempre se sentía incomodo, como si intentara ver sus profundidades o penetrar su, cuidadosamente construida, barrera capa por capa. Era una horrible sensación. Lo hacía sentir vulnerable.
"¿Cuan viejo eres?" le pregunto de repente.
"¿Eso que tiene que ver con lo que estamos hablando?" Kurapika lo miro con incrédulos ojos. El hombre podía cambiar el tema con un chasquido de sus dedos, y preguntar cosas tan irrelevantes, como si fueran lo más importante para él.
"Sólo respóndeme." Insistió.
"…diecisiete."
"Todavía demasiado joven para casarse." Kuroro se encogió de hombros. "Con razón."
"¿Por qué demonios estas parloteando sobre mi casamiento? No tiene nada que ver contigo, EN LO ABSOLUTO." Kurapika estaba cerca de levantarse, indignado, y patear al hombre en el rostro, pero recordó la atadura justo a tiempo, aborto la idea y se obligo a permanecer sentado y quieto.
"Sólo tengo curiosidad." Respondió con indiferencia y Kurapika supo que era honesto.
"Curiosea mi pie. Metete en tus asuntos." Kurapika suspiro pesadamente y se quejo mientras apartaba la mirada del hombre mayor. Por instinto, levanto la mano derecha, estirándola hacia su aro y acariciándolo. Continuo acariciándolo mientras veía la fogata. De pronto, ya no tenía ganas de argumentar con Kuroro. Todo aquel asunto parecía ridículo. ¿Por qué demonios estaba discutiendo sobre casarse y todo eso con aquel hombre, de todos?
"Tienes un temperamento tan malo, kuruta." Kuroro rió de buena forma.
"Cállate. ¡Y para de llamarme kuruta! Tengo nombre…" dejo de hablar Kurapika. Estaba dividido entre querer que el hombre lo dejara de llamar por el nombre de su tribu y que lo llamase por su nombre. La idea de que el hombre lo llamará por su nombre era casi entrañable.
"Está bien, Kurapika." Por supuesto que Kuroro sabía su nombre. Durante el breve periodo que permaneció cautivo a manos del kuruta, la pequeña mujer que lo acompañaba lo llamaba de esa forma.
Ignorando la incrédula mirada en el rostro de Kurapika, su boca abierta de forma poco ceremoniosa, Kuroro reajusto su grueso abrigo y descanso sobre la arena y le dio la espalda al chico aún choqueado. Una maliciosa sonrisa repto en sus labios y cerro sus ojos.
Fue despertado nuevamente por los inquietos movimientos del chico junto a él. Kuroro se preguntaba si el chico alguna vez dormía pacíficamente los siete días de la semana. Pensó que el niño, quizá, tenía una de sus frecuentes pesadillas. Si alguna vez quería dormir de forma decente sin ser interrumpido a mitad de la noche, debía lidiar con las pesadillas del chico. Medio dormido, Kuroro se giro para lanzarle una molesta mirada a Kurapika, pero cancelo esa idea cuando vio el estado del chico.
Kurapika estaba durmiendo frente a su espalda, a unos meros veinte centímetros; el espacio permitido por la atadura mágica, encorvado en una pequeña bola y tiritando. Usaba la chaqueta que habían comprado en la pequeña ciudad, hace semanas, pero aparentemente no era suficiente. Bueno, el chico era delgado, así que era fácil adivinar que el despiadado frio del desierto nocturno estaba torturándolo. La temperatura había bajado drásticamente al anochecer, pero Kurapika no había sentido el frío debido a su debate y discusión. Ahora que descansaba sin movimiento alguno sobre el frio suelo, el frió comenzaba a reptar por su cuerpo. Involuntariamente tirito en sus sueños y continúo moviéndose, buscando una cómoda posición y lugar.
Kuroro observo al chico por un rato, antes de suspirar y sentarse finalmente. Sacó su paño Fun Fun y sacó una gruesa manta. Accidentalmente, pasó a jalar a Kurapika por la cadena, despertándolo. Adormecido, Kurapika abrió sus ojos y miró al hombre, interrogándolo con la mirada, "¿Qué quieres?"
Mudo, Kuroro los envolvió con la manta y descanso sobre su espalda, una vez más. Kurapika le dio una sospechosa mirada, pero como el hombre no dijo nada y su gesto tan solo lo había beneficiado, Kurapika no dijo nada y cerro, nuevamente, sus ojos, regresando a un sueño más cómodo y cálido.
Gracioso, pensó Kuroro. Realmente había pensado que el chico lo odiaba con todo su corazón, pero de nuevo, allí estaba él, hecho una bola junto a él, durmiendo plácidamente. Kuroro recordó que el chico estaba durmiendo a veinte centímetros de él, pero cuando despertó, el chico se encontraba hundido en su espalda, su cuerpo de forma inconsciente había buscado calor.
Estaba planeando levantarse y despertar al chico, pero entonces sintió un suave movimiento por parte del chico. Instintivamente, relajo su cuerpo y espero. Quería ver la reacción del chico al ver que se encontraba frotándose contra él; su proclamado némesis. Sinceramente, la reacción del chico merecía ser vista. Los ojos de Kurapika se abrieron adormecida mente. Lo primero que vio fue la espalda, de la chaqueta de cuero. De Kuroro. Permaneció quieto por cinco largo segundos, antes de abrir la boca en shock e intentar saltar lejos de él, como si fuera una plaga.
"¿Despierto, ya?" la voz de Kuroro permaneció inmutable, pero por dentro reía divertidamente.
"Que… yo…" balbuceo Kurapika, su rostro rosa y sonrojado por la comprometida posición en la que se había despertado.
"Parece que no puedes soportar las duras noches del desierto. ¿No estás acostumbrado?" Kuroro se levanto y peino de forma casual su pelo. Cuando no recibió respuesta, se encogió de hombros y guardo la manta. La temperatura había comenzado a elevarse, así que se quito su chaqueta y la guardo junto con su frazada en su paño Fun Fun. Sin palabras le señalo a Kurapika que le entregara su chaqueta, ya que no la necesitaría durante el abrazador día en el desierto. Kurapika se quejo mudamente.
El resto del viaje, a través del desierto, fue suave y monótono, con la rutina diaria de ligero desayuno, detenerse un rato para un rápido almuerzo y en la noche, hacer una fogata y dormir bajo la misma manta. Kurapika ya no hacia mayores protestas cuando se acerba en busca de calor, ya que lo necesitaba realmente. Ocasionalmente, consideraría el rechazar la manta y arriesgarse a congelarse hasta la muerte mientras dormía, y en el proceso, llevarse consigo a Kuroro hasta las puertas de la muerte, y la mayoría del tiempo, haría a un lado esos oscuros pensamientos. Kuroro parecía estar bien por su cuenta, y Kurapika, sabía que el hombre mayor no necesitaba la manta, pero la había utilizado por el bien de Kurapika. Sabía que el hombre hacia eso, porque no tenía intensiones de cuidar de un chico enfermo camino a su destino.
Durante el día nada era fácil ni bueno. Kurapika sudaba profundamente, y varias veces pensó que tendría una gran insolación. No tenía idea de cómo Kuroro lograba sobrevivir cuando usaba esa ropa negra. Debió haber sido tostado hace mucho tiempo. Afortunadamente, logro sobrevivir a los rayos del día sin llamar la atención de Kuroro.
"Esa es la ciudad." Finalmente anunció Kuroro, uno de los días. Permanecían sobre una duna y desde su posición podían observar una porción de la tan renombrada ciudad de la basura. "Deberíamos llegar a las puertas por la noche."
"Bien." Dijo Kurapika, con voz rasposa. El mismo estaba sorprendido de oír su voz. No había bebido una gota de agua desde el almuerzo.
"Aquí." Kuroro le entrego su botella de agua y no dijo nada más. Kurapika lo miro por un momento, antes de tragar una buena porción de cálida agua. Era refrescante como el agua bajaba por su seca garganta. Mientras secaba sus labios, ahora húmedos, con la palma de su mano, Kurapika miro nuevamente la espalda del hombre. Le molestaba como el hombre cada cierto tiempo en tiempo le mostraba pequeños gestos de amabilidad y tolerancia hacia él y Kurapika obtenía seguridad del hecho que el hombre no hubiese hecho ningún esfuerzo para generar una entretenida charla con él. Al menos, sabía que Kuroro continuaba distanciándose de él.
Continuaron su viaje hacia la ciudad, sin intercambio alguno de palabras. Correspondiente a la predicción de Kuroro, llegaron a las puertas de la ciudad al caer la noche. Con renovadas fuerzas, Kurapika camino rápidamente hacia la ciudad. Cuando llegaron a las puertas, un corpulento hombre se encontraba encorvado contra las puertas de concreto. Aparentaba estar durmiendo, pero cuando estaban a diez metros de él, se estiro y levanto la vista. Su curtido rostro se torció en un sospechoso ceño mientras veía agudamente a Kurapika. Kurapika ignoraba su hostil mirada; realmente quería salir de aquel desierto. Kuroro, mientras tanto, tomo su marcha hacia las puertas.
"Tú no eres ciudadano de Ryuusei-gai" declaro el hombre mayor a medida que se enderezaba. Dándole una mirada más cercana, Kurapika podía ver sus músculos bien construidos a lo largo de sus brazos y torso. Él era guardián de las puertas, al menos eso era obvio.
"Relájate, Jan. El chico viene conmigo." Kuroro continúo caminando.
El hombre mayor quito su vista de Kurapika y observo al otro hombre. Una luz de conocimiento ilumino los pequeños y saltones ojos del hombre.
"¿Kuroro? Chico, mírate cómo has crecido. ¿El chico contigo, eh? No hay problema entonces." Repentinamente el hombre fue mucho más amistoso con ellos. Entonces se levanto y reconoció a Kuroro silenciosamente, mientras asentía como si estuviese apreciando una estatua. Kuroro no dijo nada y sólo le dio una pequeña sonrisa al hombre. Entonces se movió hacia la puerta y la abrió.
"¿Ves a la Señora?" le pregunto el hombre mayor a Kuroro mientras los dos traspasaban la puerta.
"Sí. Hay algo que necesito preguntarle." Le respondió de forma política Kuroro. Juzgando por la forma respetuosa en que le hablaba Kuroro, sin nombrar la familiaridad del hombre mayor con él, Kurapika sabía que el guardia lo había conocido desde que era pequeño. Probablemente hasta lo había visto crecer.
"Estará feliz de volverte a ver. Eres su orgullo, ¿sabes?" le sonrió.
Nuevamente, Kuroro le lanzo una cálida sonrisa de agradecimiento, de la clase que no le daría a nadie más. Kurapika levanto una ceja mientras veía el drástico cambio del frío líder del Genei Ryodan desde su habitual indiferencia al cálido personaje. La imagen simplemente no se ajustaba a la foto que Kurapika tenía en su cabeza sobre el líder de la araña.
"¡Asegúrate de que el chico se comporte aquí!" el viejo guardia lo llamo antes de cerrar las puertas tras él.
"Por supuesto." Dijo Kuroro con una ligera risa, y Kurapika se alarmo al oír maldad en ella. Levanto la vista y vio a Kuroro sonriéndole. "El chico se comportará, ya que está en la escondite de su enemigo."
Kurapika trago. Tal vez, haber decidido ir al hogar de Kuroro no había sido muy sabio.
Continuará…
La tipeja que traduce… bueno, eh subido un nuevo capítulo, muchas gracias por tu review…Xd y sip, es fantástica la historia del fic… espero que quienes leen el fic disfruten, estaré traduciendo un poco más lento los capítulos porque estoy de vacaciones y debo terminar otro fic XD… nos vemos ta da~
gracias por leer la traduccion... bye bye
