TRADUCCION: Esta historia no me pertenece, yo nunca la eh escrito ni mucho menos eh aportado con alguna idea o sugerencia, todo este trabajo pertenece a la autora Runandra, quien es la mente maestra tras esta idea, la historia original pueden encontrarla en el siguiente link:

www(punto)fanfiction(punto)net/s/5650325/1/1001_Nights

Aclaración: Hunter x Hunter no me pertenece.

Esto dice Runandra (la autora), puede contener spoiler… por no decir que tiene spoiler del fic XD: Para aquellos que esperaban situaciones graciosas, lo siento por si este capítulo es demasiado oscuros y le falta esos actos. Estamos hablando de Ryuusei-gai, así que creo que no podía evitarse (¿supongo?). Hay mucho que explicar aquí. Primero, lo que escavan los niños recibe el nombre de 'lugar de excavación', que es el nombre del botadero, donde las personas de Ryuusei escavan en busca de objetos. Así lo llame yo =P También, Ishtar es el nombre de una diosa, pero ella no es una diosa en esta historia. Se dice que la fragancia de sándalo atrae a las serpientes, así que sip, creía que calzaba, ya que Ishtar es una medusa y tiene un basilisco como mascota. El pasado de Kuroro ha sido inventado completamente por mí, así que quienes no estén de acuerdo con esto, perdónenme… -_- Ishtar es un enigma ¿no? Hehehehe… en cuanto a su primer encuentro con Kuroro, lo escribiré en otro capítulo. La visión verdadera también a sido inventada por mí.

Próximo capítulo: Ishtar advierte a Kuroro de que quizá una anormalidad de ocurra Kurapika, pero no le dice que exactamente. Lo que deja a Kuroro cavilando sobre aquello. ¿Quién hubiese adivinado que sus preguntas serían respondidas tan pronto y tan accidentalmente?


La historia hasta ahora: Kuroro y Kurapika llegaron a un acuerdo, y de esa forma continuaron su viaje hacia el hogar de Kuroro, Ryuusei-gai. Aunque en el camino se percatan de que no podrían lograrlo de forma fácil.

CAPITULO 4: Ishtar

El sol se ponía cuando llegaron a la ciudad de las Estrellas Fugaces. El cielo estaba teñido naranjo, proyectando una inquietante sombra sobre la ciudad. Kurapika camino más cerca de Kuroro (no por gusto) mientras observaba la vida de la ciudad. Esperaba que la ciudad fuera desfavorecida y muy pobre, llena de matones y criminales. Se imaginaba una ciudad sucia, con basura en todas partes, el asqueroso olor de basura podrida colgando en el ore, como una densa nube. Lo que vio poco tenía que ver con su imaginación.

Ciertamente las estructuras eran pobres y todos los edificios se encontraban en ruinas, algunos de habían derrumbado convirtiéndose en una pila de escombros, pero las calles se encontraban relativamente limpias, con unas cuantas basurillas por allí y por ahí. Aun cuando el aire si se sentía un poco más contaminado que el del desierto, no existía un hedor sofocante. Kurapika no estaba muy claro con respecto a las personas, pero si noto unas cuantas reacciones en respuesta a su caminata por la calle. Los chicos, generalmente, se reunían en grupos, observando cuidadosamente al dúo. Los más pequeños se escondían tras los más grandes, mientras que los más grandes; en su mayoría, líderes de los grupos, los observaban con sospecha. Los ancianos de la aldea o saludaban a Kuroro o asentían en reconocimiento. Incuso, algunos de ellos compartían saludos con él. Los más jóvenes; aquellos que tenían la edad de Kuroro, lo miraban con una mezcla de envidia, alegría y admiración. Kuroro ignoraba a la mayoría de las personas, solo devolviendo los saludos cuando lo saludaban, y caminaba por la calle con un paso firme.

Kurapika, por otro lado, sentía como su estomago se retorcía de forma incomoda. Había estado recibiendo miradas sospechosas y de hostilidad por parte de los ciudadanos, intentando ignorarlas con todo su esfuerzo. En cambio, intento memorizar el camino que habían tomado; los giros, los edificios, las calles. Se estremeció cuando repentinamente alguien grito, y quedo impresionado al ver como un niño era perseguido por un adulto. El chico sostenía algo cerca de su pecho, con ambas manos. Kurapika abrió sus labios ante tal escena tan escandalosa, y por reflejo, intento ayudar al niño pero Kuroro lo retuvo.

"No es tu problema. Después de todo, así es como es la vida en este lugar." Kuroro le señalo la persecución del gato y el ratón, la del niño y el adulto. "Los niños son los más productivos en este lugar, encontrando muchas cosas de las que pueden sacar un buen botín de dinero, mientras que algunos adultos prefieren robarles en vez de buscar sus propios botines."

"¿No tienen vergüenza? ¡Robarle a un niño de esa forma!" Kurapika se estaba agitando. Sus ojos continuaban fijos en el oscuro callejón, donde el niño y el hombre que lo perseguía habían desaparecido.

"¿Notaste que todos los niños estaban en grupos?" pregunto nuevamente Kuroro.

"Sí. Pero-" de pronto, un estallido y el grito de un hombre se escucharon desde el callejón. Pronto, Kurapika escucho el grito de los niños; gritos diferentes a aquellos que hacían los niños de su aldea cuando jugaban. Los pequeños comenzaron a salir del callejón, el niño pequeño silenciado por un niño mucho mayor, con una triunfal sonrisa en su rostro.

"Ninguno de los niños trabaja solo en este lugar. Por su seguridad y sobrevivencia, forman grupos. Cuando uno está en peligro, los otros vendrán en su auxilio." Dijo Kuroro con un aburrido tono, como si no fuera nada remarcable.

Kurapika solo escuchaba a medias las explicaciones de Kuroro, mientras observaba a los niños. Todos vestían planos y, sorpresivamente, limpias ropas. Los mayores estaban mejor vestidos. Era difícil creer que esos niños debían aprender a sobrevivir siendo tan pequeños, su clara infancia arrebatada.

"¿Dónde están sus padres?" pregunto Kurapika, sus ojos continuaban pegados en la celebración de los niños por su gran botín del día.

"En ningún lugar. O más bien, nadie clama ser sus padres. Los padres abandonan a sus hijos tan pronto como son capaces de caminar y hablar."

"¿QUÉ? Como pueden-" Kurapika se giró para encarar a Kuroro, para ver si tan sólo le estaba tomando el pelo o le decía la verdad. Para su pesar, Kuroro no estaba bromeando.

"Es por su bien, para que puedan sobrevivir." Continúo Kuroro. "Aquellos niños refugiados y cuidados por sus padres no tienen posibilidades de llegar a la adultez. Los niños de aquí crecen de la forma difícil. La regla de esta ciudad es simple: la supervivencia de los más fuertes-e inteligentes."

Kurapika quedo boquiabierto frente a Kuroro. Se dio vuelta y volvió a observar a los niños. Noto que a pesar de su dura infancia, esos niños continuaban riendo y sonriendo. Se suponía que debían estar jugando y divirtiéndose, pero en cambio debían escavar la basura; como había dicho Kuroro, de sus vivencias, tenían que eludir, correr más rápido y ser más astutos que los adultos matones, debían trabajar para sobrevivir. Crecían sin saber quiénes eran sus padres. Comparado con su infancia, Kurapika se sentía tan bendecido por haber tenido una fácil infancia, haciendo a un lado la masacre de su tribu. De pronto, algo cruzo su mente.

"¿El Genei Ryodan se formo de la misma manera?" su pregunta fue solo un susurro, peor Kuroro la escucho perfectamente.

"De cierto modo."

No continuaron hablando. Kurapika no quería hacer otra pregunta sobre el horrible estilo de vida de la ciudad de las Estrellas Fugaces. Había visto suficiente, y no deseaba mirar más profundamente. Kuroro, por su parte, no tenía intenciones de educar de forma activa al chico sobre su hogar. Creía que el chico era lo suficiente inteligente como para comprender la situación solo con observar. Si había algo que realmente necesitaba preguntar o confirmar, preguntaría. Si no había preguntado, entonces todo estaba bien. No iba a jugar el rol del buen profesor; ya que creía que no tenía por qué hacerlo, a menos que el chico preguntará primero.

Otro pensamiento perturbo a Kurapika. Si lo que Kuroro decía era verdad, entonces Kuroro había tenido la misma infancia. Tal infeliz y dura infancia, Kurapika no podía evitar comprender el porqué las personas del Genei Ryodan; al menos quienes aclamaban venir de Ryuusei-gai, eran personas desalmadas y rudas. Habían sido entrenados desde el momento que comenzaron a caminar. Kurapika intento no simpatizar con la horrible infancia del enemigo, sino que intento enfocarse en los atroces actos que habían cometido. Sin embargo, la imagen de Kuroro como un niño, pasando su infancia como un niño de la calle, siempre aparecía en su cabeza, cada vez que veía a un niño frente a él.

"Ya estamos aquí." Anuncio Kuroro, sacando a Kurapika de sus profundos y oscuros pensamientos. Kurapika alzo la vista y se percato de se encontraban frente a un edificio en ruinas, que parecía un templo abandonado.

Kuroro se detuvo brevemente, observando los edificios con una mirada a la que Kurapika sólo podía llamar nostálgica. Dedujo que el lugar tenía alguna relación con la infancia de Kuroro, pero no dijo ni pregunto nada de eso. No quería saber más de su enemigo. Mientras más sabía, mejor los comprendía. Le asustaba que pudiese llegar a dejar de odiar al hombre. Si llegaba tal día, sería el día en que perdería todo el sentido de su existencia. Mudo, Kuroro volvió a caminar y Kurapika lo siguió, a no más de 20 centímetros.

Entro por la puerta principal, en un espacioso hall. En sus días de gloria el templo había sido grandioso, pero ahora era solo escombros de mármol y paredes destrosadas, que permanecían para hablar de su abandono. Con paso seguro, Kuroro cruzó el hall y se detuvo frente a una estatua. Kurapika estudio la estatua de mármol. Había sido desgastada por el clima, haciéndola casi irreconocible. Partes de ella faltaban, y Kurapika no podía saber a ciencia cierta cuál era la forma original de la estatua. Se inclino hacia delante, lleno de curiosidad; sus ojos capturaron un par de brillante gemas rojas pegadas a la estatua. Parecían extrañamente limpias y nuevas; como si el clima y el tiempo no lo hubiesen alcanzado. Kuroro lo observo entretenido.

"No te acerques demasiado, o te morderá hasta matarte." Dijo Kuroro, su tono muy alejado de ser una advertencia.

Antes de que Kurapika pudiese digerir el significado de sus palabras, las piedras de rubí repentinamente parpadearon. Kurapika dejo escapar un suspiro de sorpresa y dio un salto hacia tras, lejos de la estatua. Miro el par de gemas y se sintió estúpido. Las gemas habían sido un par de ojos; los ojos de una serpiente. La gigantesca serpiente de deslizo lentamente por la estatua, el color de sus escamas se mezclaba con los colores de fondo como si fuera camuflaje. Alzo su masiva cabeza y la movió flojamente en el aire, mientras olía el aire con su larga y bífida lengua. Cambio su atención sobre Kuroro, quien se encontraba cerca de ella. Kuroro permaneció tranquilo mientras la peligrosa serpiente lo miro con sus pequeños y brillantes ojos.

Estas de regressooossss… dijo la serpiente en un siseo.

Los ojos de Kurapika se agrandaron en sorpresa y horror. No de nuevo, pensó a la vez que gruñía, exasperado en su interior. Otra criatura mágica. Hasta ahora había encontrado un genio, una sirena y ahora, una serpiente parlanchina. ¿Qué más vería en el futuro? Quizá la próxima vez vería un dragón, no se sorprendería mucho. Repentinamente, el mundo pareció más grande y nuevo para el joven Kuruta.

"Déjanos pasar, Basille. Deseamos ver a la Dama." Dijo Kuroro a la serpiente.

Cierrtamenteeessss… La Dama ya me ah informado de su arrivooossss… la serpiente le chasqueo su lengua bífida a Kuroro, quien se encontraba imperturbado por su desconcertante comportamiento.

La serpiente se desenrollo de la estatua y se dejo caer sonoramente en el polvoriento suelo. Enrollo su cuerpo alrededor de la estatua, y con una fuerza de otro mundo, arrastro la estatua desde su puesto, revelando un agujero tras ella. El olor a polvo se precipito desde el agujero.

Entreensss… La Dama losss essperaass… siseo nuevamente, la serpiente observaba curiosamente a Kurapika. Sin ganas de ser visto como un cobarde, Kurapika se preparo y se paro firmemente. La serpiente lo miro brevemente y lamio el aire que rodeaba al chico, antes de apartar finalmente su vista y lanzarse hacia el agujero.

"Vamos." Kuroro jalo de la esposa.

"¿Vamos a entrar ahí?" Pregunto de forma insegura Kurapika.

"¿Asustado?" lo molesto Kuroro, una maliciosa sonrisa en sus labios.

"No." Dijo irritadamente el muchacho al otro hombre mayor.

Kuroro solo rió. Permanecieron junto al agujero y en perfecta sincronía saltaron en el. Inmediatamente, aire frío golpeo el rostro de Kurapika mientras descendían en la espesa oscuridad. Perdiendo todo sentido de dirección y vista, solo supo que continuaban cayendo. Kuroro parecía completamente relajado junto a él, y Kurapika sabía que el hombre lo observaba a pesar de la enceguecedora oscuridad. La caída libre continuo por lo que pareció la eternidad, antes de que Kuroro hablase sorpresivamente.

"Ahora."

Comprendiendo tardíamente el significado de su única palabra, Kurapika preparo sus piernas para el repentino aterrizaje. Los pies de Kuroro tocaron suavemente el suelo, como un gato, pero el aterrizaje de Kurapika fue sonoro. Sus piernas gritaron de dolor a la vez que un golpe paralizador corría por sus piernas, mientras se atragantaba un fuerte resoplido cuando sintió como sus piernas se comprimían por el impacto. Se tambaleo peor la cadena que unía su muñeca con la de Kuroro le dio el apoyo que necesitaba para no caer al suelo. Kuroro noto el fuerte jalón de su muñeca derecha y miro a Kurapika con una ceja alzada; un gesto que comenzaba a molestar a Kuroro.

"¿Estás bien?" le preguntó. Su voz retumbaba suavemente en la húmeda oscuridad.

"¿Y qué te importa?" balbuceo groseramente Kurapika, sintiendo sus piernas a la vez que el dolor desaparecía. En secreto le agradeció a la oscuridad, porque si hubiese estado tan iluminado como el día, Kuroro hubiese visto la expresión de su rostro; de la cual estaba segurísimo que era la de un completo estúpido.

Kuroro se encogió de hombros y espero a que Kurapika pareciera estar bien de sus piernas. Continuaron caminando en la oscuridad, juntos, el único sonido que se oía era el de sus pasos. El fondo negro le recordaba a Kurapika la cueva subterránea en la ruina donde el genio Hassamunnin estaba sellado; y donde su trágico destino de permanecer junto al maldito líder del Genei Ryodan comenzó. Luego de unos minutos, Kuroro finalmente rompió el silencio.

"Parece que le agradas a Basille." Le dijo distraídamente.

"¿Quién?"

"Basille. La serpiente. Ella es un basilisco, designado a ser el guardia de este lugar, y normalmente no deja que nadie entre, a excepción de aquello que conoce. Pero te dejo pasar sin siquiera interrogarte o ponerte a prueba."

"Oh, estoy tan honrado." Dijo sarcásticamente Kurapika. "Pero a quien veremos, ¿Quién tiene un basilisco como mascota?"

Las sospechas de Kurapika volvieron a aparecer. Fuera quien fuera a quien iban a ver, debía ser alguien poderoso. Los basiliscos son la gran cosa. Una vez escucho por casualidad a los jefes de la mafia retándose entre ellos a capturar un basilisco vivo. Kurapika había pensado que sólo era una leyenda, siendo que nunca nadie había capturado uno. Porque quienes encontraban uno, mayoritariamente morían por causa de su mortal aliento y mirada.

"Ishtar, la Dama de Ryuusai-gai."

A la vez que mencionaba el nombre, ellos alcanzaban de forma repentina el final del oscuro túnel. Una imponente puerta se encontraba frente a ellos; alivio se encontraba tallado en la puerta, contando una vieja historia olvidada por los hombres. Kuroro golpeo la puerta y espero. Los golpes resonaron en la fría oscuridad.

"Pasen." Una suave voz se escucho claramente desde la cámara tras la puerta, como si la puerta no existiera y la persona les estuviese hablando directamente a ellos. Kuroro abrió la puerta, y aire limpio y fresco salió de la cámara. El aroma de una dulce fragancia escapo de la sellada cámara, relajando inmediatamente el tenso cuerpo de Kurapika.

Kuroro entro en la cámara, arrastrando al relajado kuruta con él. Mientras ingresaban, la enorme puerta se cerró por si sola tras ellos. Kurapika miro los alrededores de la cámara. Era un cuarto grande, espacioso y con escasos muebles. De hecho, los únicos muebles de la habitación eran los numerosos cojines de varios tamaños, colores y formas, apilados en el suelo, y cortinas de color granate de diferentes tamaños y grosores. Allí, al final de la cámara, entre dos enormes cortinas, una señora se encontraba tranquilamente sentada sobre una pila de almohada y cojines gigantescos.

La mujer tenía un aire majestuoso a su alrededor, con una masa de cabello negro enrulado enmarcando su rostro etéreo. El pelo caía sobre sus hombros y cubría la mitad de su rostro, el color de su cabello contrastaba contra su pálida piel. Sostenía una pipa de agua en su mano derecha, pequeñas volutas de humo escapaban de la pipa que parecía ser antigua. Sus ojos eran un par de orbes de una oscuridad impenetrable, con una profundidad sin final. Usaba un vestido negro con caída de tubo, con un pañuelo de seda que cubría delicadamente sus hombros. La falda de su vestido caía sobre el suelo, escondiendo sus piernas. Los observo con ojos interesados.

Kuroro continúo caminando tranquilamente a través de la cámara. Sus negros ojos estaban fijos en la mujer. Kurapika lo siguió de cerca tras el, inseguro de cómo debía comportarse. Una mirada, y supo que la mujer no era alguien con quien uno debía meterse. Quizás, era mejor dejar que Kuroro manejara la situación desde ahora. Kuroro se detuvo cuando estuvo frente a ella, y ahora, que se encontraban a tan solo unos cuantos metros de ella, Kurapika se percato de que la débil fragancia que había sentido en un comienzo ahora era mucho más fuerte. La reconocía como la fragancia de sándalo.

"¿Qué estas esperando? Busca una almohada y siéntate. Este es tu hogar, después de todo." Dijo la mujer mientras señalaba la pila de cojines desparramados en el suelo mientras ladeaba su cabeza, con diversión en su rostro. La divertida sonrisa era tan semejante a la de Kuroro, que Kurapika casi se encogió irrespetuosamente ante tal visión.

Sin decir nada, Kuroro tomo rápidamente una de las almohadas y se sentó. Con mala gana, Kurapika, hizo lo mismo y se sentó. Miro a Kuroro y luego a la mujer. La mujer lo observo con gran interés, evidenciado en sus negros ojos.

"Es altamente inusual el que vengas con un compañero. Y una persona inusual, no menos." Dijo con voz alta y agradable.

"Es Kurapika, el ultimo de la tribu kuruta." Introdujo Kuroro al muchacho, la primera vez que hablo desde que entraron en la cámara. Kurapika se estremeció cuando menciono su tribu, pero el hecho de que Kuroro sonara cuidadoso, no se le pasó por alto a Kurapika.

"¿Oh? ¿Él es el último sobreviviente?" hubo un ligero énfasis en la oración. "Escuche que hiciste todo un viaje hasta la región de Rukuso para lograr exterminar la tribu para lograr recolectar sus preciados ojos. ¿Qué intentas hacer? ¿Tomar responsabilidad?" deslizo la pipa dentro de su boca e inhalo el incienso con fragancia sándalo.

Sus palabras golpearon a Kurapika como si fueran un martillo. Se tenso y so rostro se blanqueo. Kuroro permaneció sentado sin moverse a su lado, sin molestarse por los rígidos modos de Kurapika. Le frunció ligeramente el ceño a ella, como si no le alegrara su breve charla.

"Ishtar, sabes porque estoy aquí. Con tu real visión…" dijo con voz calma.

"Por supuesto, Kuroro. Por supuesto que sé." Movió una mano de forma impaciente. "¿Éntrenme un rato, quieres?" espero una respuesta, pero cuando vio que no iba a decir nada, suspiro "¿Quién lo hizo?"

"Un genio llamado Hassamunnin."

"¿Hassamunnin?" frunció el ceño. "Supuestamente debe estar sellado. Ustedes rompieron la reliquia." Los acuso.

"Lo hicimos." Asintió Kuroro. Hubo una breve pausa antes de agregar, "mientras peleábamos." Mientras le lanzaba una rápida mirada al kuruta sentado junto a él. Kurapika lo ignoro y observo a la mujer, con una incomprensible expresión.

"Ya veo." De nuevo, inhalo el incienso. El humo escapo de sus delgados labios, como una delgada cortina de humo. "Quieres que disuelva el hechizo." Era más una pregunta qué una declaración.

"Sí." Respondió de forma cortante. Kurapika lo miro con inquietud. De alguna forma, tenía la impresión de que Kuroro no estaba muy contento de estar en ese cuarto con esa mujer, aún cuando se veía tan calmado y compuesto como siempre. Era como si quisiese alejarse de su presencia tan pronto como pudiese. Nunca había visto ese lado del frio y siempre compuesto hombre. ¿Estaba aterrado de ella? ¿El, el molesto e invencible líder del Genei Ryodan?

"Kuroro, mi niño, no es tan fácil. Hay reglas que debemos seguir; reglas que ni siquiera yo puedo violar." Dijo dramáticamente, con molesta exasperación. "Pero puedo hacer que las condiciones sean menos… estrictas."

"Eso ya es bueno. Y necesito información…"

"Sobre como hallar Hassamunnin y obligarlo a remover su hechizo." Termino la frase por él, "por supuesto. Te daré eso." Asintió de forma impaciente. "Ahora ustedes se van al mundo de los sueños."

Con eso, soplo un espeso humo de su incienso de sándalo hacia ellos. El humo los rodeo, y ambos se atoraron y tosieron mientras inhalaban involuntariamente la fuerte fragancia. En nada de tiempo, Kurapika se sintió mareado, su cabeza daba vueltas, pero al mismo tiempo se sentía bien; como si estuviera flotando.

"Que-" perdió su cautela y se derrumbo sobre suaves almohadas. Kuroro tocio y le dio una molesta mirada a Ishtar, antes de sucumbir finalmente a la oscuridad.

Ishtar los miró por un momento, observándolos con solemnes ojos. Su mirada se fijo sobre un dormido Kuroro y suspiro pesadamente. Toco el puente de su nariz y lo masajeo apaciblemente. Un suave y sisiante sonido se escucho y una gigantesca serpiente se enrosco alrededor de la mujer. Su enorme cabeza floto frente a su rostro, sus pequeños y brillantes ojos de rubí parpadearon curiosamente.

¿Por qué essstass molesstaass? Siseo, mientras lamia el aire con su bífida lengua.

"Desearía que no me tratara como su fuera una plaga…" acaricio cariñosamente la cabeza de la serpiente. "Pero es mi culpa el que ahora me odie." Dijo silenciosamente.

Basille la miró con sus enormes ojos y entonces se giro hacia las dos figuras que dormían.

¿Qué hay de él chico que lo acompaña? Pregunto mientras se deslizaba hacia ellos. Con un rápido movimiento, Basille, los enrollo con su cuerpo. Se inclino sobre Kurapika y los observo mudamente.

"Ah, si… Basille, tráelos hacia mí." Ishtar bajo su pipa de agua y se enderezo. La serpiente obedientemente los arrastro; a los dos junto a las almohadas que los rodeaba, cerca de Ishtar, de forma que la última no tuviese que levantarse para tocarlos. Se inclino hacia Kurapika y toco delicadamente el rostro de Kurapika. Rastreó la línea de su mentón con un delgado dedo, hasta que su atención cayó sobre su aro. Lo toco tímidamente, observándolo de cerca. Cuando estuvo satisfecha, se enderezo e inhalo profundamente de su incienso de sándalo. A medida que dejaba escapar unas pequeñas volutas de su humo, sacó una pequeña caja de entre la pila de cojines. La abrió y saco de ella un pequeño frasco que contenía un líquido azul marino. Se inclino nuevamente hacia delante y abrió la boca de Kurapika. Con una pequeña pipeta, puso una gota de aquel líquido sobre su lengua.

"Despierta, niño." Le susurro. Sin mayor espera, Kurapika comenzó a moverse y gruñir.

Sus ojos se abrieron y sostuvo su cabeza. Aun permanecía la sensación vertiginosa y su cuerpo se sentía extrañamente relajado. Se sentía como si hubiese sido despertado de un sueño muy profundo, y estuviese teniendo una resaca de sueño. Kurapika sacudió su cabeza para librarse de las nueves que la inundaban, pero continuaron allí. El incienso de sándalo, a su vez, le producía sueño.

"¿Por qué estás haciendo esto?" dijo la agradable voz que se encontraba justo frente a él.

Cuando Kurapika alzo la vista, se encontró con el pálido rostro de Ishtar. Había curiosidad en esos enormes ojos, observándolo de cerca.

"¿Hacer qué?" les pregunto de nuevo Kurapika.

"Asumir ser otra persona, en vez de vivir siendo tu mismo. ¿Qué planeas hacer?"

Los ojos de Kurapika se agrandaron, impresionado. Observo el interminable abismo de sus ojos, lo succionaban, empujándolo a decir a la verdad, diciéndole que mentir era inútil. Los labios de Kurapika se abrieron ligeramente, pero ninguna palabra salió de ellos.

"Puedo ver la verdad, niño. Mi visión verdadera nunca me engaña." Se enderezo y recogió la cortina de cabello que cubría su otro ojo. Revelando un ojo completamente blanco, con tenues hilos de plata que giraban, como el color del mármol. El color parecía vivir por su cuenta, espirales que giraban sin descanso, revelando otra dimensión. Kurapika trago saliva cuando lo vio; sabía que la mujer frente a él era alguien que se encontraba en un nivel completamente diferente. E Inhumana.

"¿Qué eres?" pregunto en un suave susurro.

Ishtar le dio una mística sonrisa, pero no le respondió. "Eso debes descubrirlo tú. Aunque dudo que puedas hacerlo por tu cuenta." Rió divertida. "Pero de vuelta a mi pregunta, ¿estás realmente bien con esto?"

Kurapika la miro cuidadosamente. Sabiendo que la mujer podía ver la verdad, sin importar cuán elocuentemente uno pudiese mentir, realmente lo ponía bajo presión. Especialmente cuando ella preguntaba por un secreto clasificado. De alguna forma, comprendía el porqué a Kuroro no le agradaba estar cerca de ella. Cuando lo miraba, se sentía como si lo estuviera desnudando capa por capa, como si fuera una cebolla, todas sus defensas eran inútiles frente a ella, hasta que finalmente alcanzo su alma, donde todas las verdades se encontraban enterradas. Su alma sentía desnuda frente a ella. Cuando miró esos ojos de color mármol, el sentimiento de haber sido desnudado se intensifico. Tubo que apartar la vista de ella.

"Disculpa mi intrusión." Ishtar quito su mano y su cabello volvió a cubrir su lechoso ojo. Entonces permanecieron en un ensordecedor silencio. Ishtar se tomo su tiempo para observar la reacción del kuruta luego de oír sus palabras.

"Te estás mintiendo a ti mismo y no creo que sea saludable. ¿Qué te llevo a cometer tan lamentable acto?" le pregunto nuevamente, esta vez su voz era mucho más gentil, y había un asomo de preocupación.

"¿Lamentable? Esto es por mi propia seguridad." Respondió Kurapika. Oh, el incienso lo estaba adormeciendo.

"¿Seguridad? ¿De forma que pudieses sobrevivir para conseguir tu venganza contra el Genei Ryodan?" Ishtar tomo su pipa e inhalo nuevamente.

"Sí. Necesito hacerles pagar por haber asesinado a todo mi clan. Sin eso, nunca podre descansar en paz." Respondió de forma monótona, como un discurso ensayado.

"Hmm… ¿Incluso sacrificando tu verdadero yo? ¿No es eso lo mismo que matar tu propio yo? Tu alma esta torturada por la sombra de tu pasado, por el odio que te persigue como si fuera una plaga y por la negación de tu yo. ¿Por qué niegas tu propio yo? Lamentarás esto en el futuro." Dijo en una tranquila y serena voz. Cerró sus ojos brevemente. "Tu cuerpo quizá siga vivo, pero tu alma puede que muera en un momento. ¿Estás bien con eso?"

"…ya eh tomado una decisión." Kurapika apretó sus ojos y dientes. Sabía que el precio era pesado, pero no era como si tuviera alguna mejor opción. Ishtar lo observo por un momento, juzgándolo en silencio.

"Ya veo." Dijo a la vez que soplo una gruesa cortina de humo.

"No le digas a nadie." Dijo repentinamente Kurapika. "Especialmente a él." Dijo con una voz mucho más silenciosa a la vez que miraba al dormido Kuroro. Ishtar dejo que sus ojos permanecieran en Kurapika por un tiempo antes de asentir.

"Muy bien."

"¿Puedo preguntarte algo?" pregunto nuevamente Kurapika con voz insegura.

"Pregúntame, responderé si es que puedo o veo que es adecuado." Dijo con un tono que hablaba de autoridad. Kurapika dudo por un segundo, y entonces miro de forma tentativa a Kuroro.

"¿Eres su madre?"

Ishtar parpadeo con la pregunta, permaneció muda por unos cuantos segundos antes de quebrarlo con una cautivadora sonrisa y sin embargo era la sonrisa más triste que había visto. Sonrió suavemente.

"Desearía serlo." Dijo casi en susurros. "Lo crie, pero el chico no me llama madre. No creo que lo haga alguna vez." Sacudió su hermosa cabeza y sus rulos negros rebotaron dulcemente alrededor de su rostro.

"¿Lo criaste? Pero dijo que los niños en Ryuusei-gai eran abandonados." Kurapika frunció el ceño ante tal contradicción.

"Ciertamente esa es la innombrada ley que los mismos ciudadanos han puesto. En su caso…" su voz se silencio y su mirada cayó sobre Kuroro. Lo miró con ojos nostálgicos, pero suspirando una vez más. "No te diré nada más."

"¿Huh?" Kurapika había creído que la dama estaba dispuesta a contarle sobre su relación con Kuroro, pero algo había ocurrido y ella había cambiado de opinión.

"A pesar de su pasado, su infancia, su historia, no tengo derecho para contarte eso. Si quieres saber, pregúntale a él." Dijo firmemente, su tono era definitivo.

"Oh…"

De alguna forma, Kurapika estaba más bien desilusionado. No era como si deseara conocer más sobre Kuroro, pero había sido confuso, precipitado. Aquí, frente a él, había una mujer, una refinada dama, que era inhumana (por lo menos podía decir eso), aún así era bastante gentil y maternal con Kuroro, el despiadado y sanguinario asesino, quien había asesinado su clan sólo para obtener sus ojos. La presencia de una figura materna no calzaba con la naturaleza sangrienta y asesina de Kuroro. Había algo que no calzaba en su desarrollo y su pasado, eso le molestaba. Quería saber por qué. ¿Qué lo había transformado en el asesino que era? También noto el esfuerzo de Kuroro para poner distancia entre él y la dama, mientras que la dama intentaba salvarlo del abismo. Era irónico y definitivamente lo irritaba. Kuroro la había dado por sentado, mientras Kurapika anhelaba tener una figura maternal; porque su madre había sido brutalmente asesinada hace cinco años atrás, por ordenes de Kuroro.

"Bueno, acabo mi conversación contigo." Ishtar inhalo otra bocanada de humo y lo soplo hacia Kurapika. Nuevamente, el humo rodeo su cabeza y lo engatuso en un vertiginoso sueño. Antes de sucumbir en un profundo sueño, escucho la distante voz de Ishtar.

"No te preocupes, no le diré nada sobre nuestra pequeña y secreta charla."

"¿Cuántos años han pasado?" se inclino sobre la suave almohada que se encontraba detrás de ella y cerro sus ojos. "¿Diez?"

"Aproximadamente." Respondió fríamente Kuroro. Se había sorprendido de encontrarse tan cerca de ella cuando despertó de su sueño inducido. Pero de nuevo, realmente no debía estar sorprendido.

"Y nunca me visitaste, ni siquiera me contactaste, aunque fuese una vez." Suspiro.

Kuroro no dijo nada, simplemente miró al dormido kuruta. Nunca había observado de cerca al chico cuando dormía, pero esta vez, noto algo. O el alucinaba por culpa del incienso o él lo veía por primera vez. El chico se veía muy femenino cuando dormía; sin ceños fruncidos o cejas enojadas, solo el inocente rostro de un chico de 17 años. Era como si se hubiese transformado en una persona completamente diferente. Ishtar noto su repentino interés en el chico y rió.

"Dime más sobre aquel chico."

"…no hay nada más que pueda contarte sobre él. Te dije todo lo que sabía. Basta de esta pequeña charla." Demando de forma impaciente.

"¿Impaciente como siempre, Kuroro?" sacudió dramáticamente su cabeza. Kuroro le dio una glacial mirada peor no dijo nada. Ella volvió a suspirar. "Bueno, bueno. Eres un niño tan complicado."

Antes de que Kuroro pudiese protestar, Ishtar soplo otra bocanada de incienso para inducirlo al sueño. Tan pronto como Kuroro había caído en un profundo e imperturbable sueño, Ishtar se enderezo. Miro las esposas mágicas que unían a los dos enemigos jurados.

"Sal, Hassamunnin. Sé que estas ahí."

Me atrapaste, Dama. Eres tan aguda como siempre. Tienes todos mis respetos. Una bola de luz, de color azul pálido, salió de las cadenas mágicas y floto en el aire. El pequeño genio apareció con una voluta de humo, un humo azul, y se inclino ante ella, mostrando sus respetos. Ishtar rió frente a su actuación.

"No intentes enamorarme, Hassamunnin. Sabes que no te funcionara conmigo." Le sonrió. "Ahora, vayamos al grano, ¿sí? Sabes lo que quiero."

Tsk, apuesto que el chico aprendió los modales de ti. El genio hizo una mueca y cruzo sus brazos sobre su pecho, no muy contento.

"¿Eso crees?" Ishtar se inclino hacia tras, contra las almohadas, pero en su interior se alegraba de haber oído aquello. "Ahora al grano."

No romperé la unión. Quiero ver cómo termina su historia. Declaro firmemente el genio, y nada haría cambiar su decisión. Además, ¡Mantengo mis hechizos!

"Eso lo sé, chico." Ishtar inhalo y boto el incienso. "Pero incluso yo estoy interesada en cómo se desarrollara su relación. Enemigos jurados, unidos por una cadena que une sus vidas. Si uno muere el otro también. Que irónico."

¿Así que, que es específicamente lo que quieres que haga?

"¿Qué puedes hacer por mi?"

Hmm… el genio se giro y observo los dos cuerpos que dormían. Quizá, puedo hacer algo con respecto a la cadena.

Ishtar levanto una ceja. "Elabora."

Verás. Señalo la cadena mágica. Se encuentran restringidos por la cadena en su muñeca. Puedo cambiar la restricción para que involucre todo su cuerpo, no sólo sus muñecas.

"Lo que significa que podrían mover sus manos de forma libre, aunque sigue restringiendo la distancia entre ellos, pero de una forma más flexible."

Sí. Sean sus piernas, brazos o incluso su pelo, mientras se encuentren dentro del espacio que les permite la cadena, estará bien. Asintió el genio.

"Hmm… eso es suficiente. Hazlo."

Con una mueca, debido a que era ordenado, el genio se volteo e hizo su trabajo con un rápido movimiento de su mano. La cadena desapareció, pero en repuesto, todo su cuerpo se encontraba rodeado por una delgada capa del aura de Hassamunnin (o maldición, aunque lo dudaban). Satisfecho con su trabajo, el genio se giro hacia Ishtar en espera de unas alabanzas.

"Bien hecho." Dijo. "Gracias por responder mi pedido."

Oh, no es nada realmente. Haría lo que fuera para complacerla, mi dama. Nuevamente, se inclino respetuosamente. Pero realmente no tengo la más mínima idea de porque alguien de tu oficio querría invertir la mayoría de su tiempo y energía para criar a un niño mortal. Dijo nuevamente, mientras veía a Kuroro con renovado interés. ¿Por qué?

"¿Ciertamente, porque?" levanto una mano e inclino su rostro contra su palma, su codo descansaba sobre la suave almohada, mientras su otra mano continuaba sosteniendo la pipa. Cerró sus ojos y recordó la noche en que había conocido a Kuroro por primera vez. La lluvia, los cuerpos sin vida, la sangre, la sangre en su rostro, esos ojos. Todavía lo recordaba de forma vivida, como si tan solo hubiese ocurrido ayer.

"Quizá me enamore de él a primera vista." Le susurro.

¿De un niño? Ahora Hassamunnin sonaba realmente sorprendido, sino mortificado. Nunca pensé que fueses una pedófila.

"No en ese sentido, idiota." Ishtar le lanzó dagas por medio de sus ojos. El genio sintió un escalofrió a la vez que sus ojos lo penetraban. Si las miradas pudiesen matar, hubiese sido mutilado hasta convertirse en irreconocibles pedazos.

Bueno… sino tienes nada más que hacer conmigo, me marcho…

"¿Hassamunnin?" llamó al genio antes de que se disolviera en una voluta de humo azul.

¿Sí?

"¿Mantendrás un ojo en ellos?"

Por supuesto.

"Regresa inmediatamente a mi…" dudo por un segundo. "…si es que pasa…"

El genio observo a la dama por un momento. La dama real, Dama de Ryuusai-gai, observo al dormido Kuroro Lucifer, cabeza del Genei Ryodan, con una mirada maternal. Y ni siquiera era humana. El rostro del genio se suavizo.

Comprendo. ¿Realmente te importa el chico, no?

"El es mi niño." Sonrió dulcemente.

Digamos… el genio miro de forma dudosa a Kuroro. ¿Sabe realmente lo que eres?

"No, no lo sabe."

Me pregunto qué sentirá… una maliciosa y pensativa sonrisa adorno su travieso rostro. ¿Si se enterará de que ha sido criado por una medusa?

Continuará…


La tipeja que traduce… bueno otro capítulo traducido…de ahora en adelante todo es diversión…=)… por lo menso eso es lo que me paso a mí con este fic, siempre esperando una actualización… espero que ustedes lo disfruten tanto como yo =)… nos leemos.

Violett: no, gracias a ti por leer esta traducción, y sip, la historia es bastante entretenida y ahora tiene una secuela…yeyyy! Por mi XD, porque puedo seguir leyendo jijiji… u.u… ya verás… ya verás…ajajajaj… nos leemos. xauuuss