TRADUCCION: Esta historia no me pertenece, yo nunca la eh escrito ni mucho menos eh aportado con alguna idea o sugerencia, todo este trabajo pertenece a la autora Runandra, quien es la mente maestra tras esta idea, la historia original pueden encontrarla en el siguiente link:

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Aclaración: Hunter x Hunter no me pertenece.

Esto dice Runandra (la autora), puede contener spoiler… por no decir que tiene spoiler del fic XD: Yeah, este capítulo es una mezcla de comedia y tragedia (¿Quizás?). Heh… supongo que es bastante claro que el hermano de Kurapika es muy importante. Y no hay mucho que decir en cuanto a este capítulo, de otra forma les arruinaría la historia. Hehehe… anticipando el próximo capítulo, el que estará lleno de comedia, alrededor del hospedaje el Pony encabritado.

Próximo capítulo: estaban por continuar en su viaje, revisando el mundo en busca de una solución para su 'problema', pero los problemas simplemente debían ocurrir.


La historia hasta ahora: Finalmente se rebeló que Kurapika de hecho es, y ciertamente lo es, una chica. Por la forma en que estaban las cosas, las cosas estaban destinadas a ocurrir entre ellos. ¿Cómo se adaptaran a la nueva situación?


CAPÍTULO 6: DELIRIO

"¡Bienvenidos! ¿Qué clase de habitación desean?" una adolecente, tendría más o menos la edad de Kurapika, pelirroja y con su cabello tomado en una cola, los recibió con una enorme sonrisa, tan pronto como ellos entraron al hospedaje. Miro a Kuroro y se sonrojo ligeramente, al ver su apuesto rostro; lo que provoco que Kurapika rodase sus ojos, molesta. Sin embargo, cuando los observo más de cerca, parecía sorprendida y los miro, por tres largos segundos, antes de sonreírles abiertamente. Kurapika sintió mariposas en su estomago.

"Una pieza con dos camas." dijo inexpresivamente Kuroro. Su impasible rostro recorrió la sala del hospedaje.

"¿Dos camas?" la chica ahora sonaba confundida. Kurapika quería golpearse su cabeza. "Oh, está bien. Siéntanse como si estuviesen en casa, les arreglare su cuarto."

Se dio media vuelta y dando saltitos, fue hasta el mostrador, donde su padre estaba ocupado con un libro de visitas. Ahora Kurapika sabía porque el hospedaje se llamaba el Poni Encabritado; la hija era uno. Noto unas cuantas miradas curiosas, todas dirigidas hacia ellos, sin que su sonrisa abandonara los labios. Le susurró algo a su padre, lo que provoco que el hombre levantara la vista y los mirara, regañando levemente y enviándola a hacer su trabajo. Les robo nuevamente una mirada, antes de sacudir su cabeza y volver a poner su atención sobre el libro de clientes. Para ese entonces, a Kurapika ya le ardían las manos por ahorcar al hombre junto a ella. Siguió a Kuroro, mientras se acercaba al mostrador, a la vez que ella intentaba controlar su temperamento.

"Buenas noches. ¿Cuánto tiempo planean hospedarse?" los miro y sonrió cálidamente el hombre mayor.

"Buenas noches para usted también. Nos hospedaremos por una sola noche." Les respondió educadamente, mientras le daba una pequeña sonrisa. El hombre miro detenidamente su rostro y se giro hacia Kurapika.

"¿Se encuentra bien la señorita? Se ve un poco pálida." Pregunto, preocupado.

"Mi compañera simplemente está agotada. Verá, acabamos de salir del bosque." Dijo fácilmente Kuroro, mientras ponía una de sus manos sobre su cabeza. Kurapika se agarroto cuando sintió su mano, pero el dueño no noto aquello.

"Oh, pobre niña. Si quieres, puedo hacer que mi hija te vaya a dejar la cena a tu cuarto. ¿Qué te parece eso?" ofreció amablemente el hombre mayor.

"Eso es muy amable de su parte. Muchas gracias, apreciaríamos aquello." Kuroro inclino su cabeza ligeramente, en un gesto agradecimiento, mientras Kurapika continuaba congelado, a pesar de que Kuroro había quitado su mano de los cabellos dorados.

"¡El cuarto está listo! Suban, los llevare a su cuarto." La chica de antes bajo la escalera y corrió hacia ellos. Kuroro se excuso del hombre, y siguió a la energética muchacha hacia el segundo piso. Mientras subían las escaleras, Kurapika miro fieramente a Kuroro, pero no permitió que sus ojos se pusiesen escarlatas. Kuroro todavía mostraba su máscara de indiferencia, y no dejaba ver nada de su alegría por la situación.

"Entren, entren. La ventana esta frente al bosque que se encuentra sobre la colina. El baño esta allí. Si necesitan algo, pueden llamarme. Mi nombre es Fino, por cierto." Se movió la muchacha y les presento su cuarto con un balbuceante discurso. Kurapika reviso el cuarto, cansadamente. Ella solo quería lanzarse a la cama y nunca volver a levantarse.

"¿Las camas se pueden mover?" pregunto Kuroro mientras observaba las camas joven se sonrojo y sus ojos se enancharon, ante la supuesta pregunta inocente. Kurapika la miro horrorizada.

"P, po-por supuesto que pueden." Tartamudeo, su rostro se sonrojaba salvajemente. "Pero podían haber pedido una habitación con una cama de dos plazas." Continuo Fino, mientras su mirada cambiaba hacia Kurapika. Kurapika se cubría el rostro con una mano, intentando no matar a la muchacha con la mirada, quien no tenía ni la más remota idea de la complejidad de la relación con el bastardo.

"No, incomodaría a mi acompañante. Tomaremos este cuarto, gracias." Kuroro le sonrió cálidamente a Fino. Y ella por poco y se desmaya del encanto. Afortunadamente, Kurapika no vio aquello.

"Yo, Y-di-¡disfruten su estadía!" se inclino profundamente Fino y salió arrancando del cuarto, su rostro tan rojo como un tomate.

El cuarto cayó en un profundo silencio, mientras Fino cerraba con un suave clic, la puerta. El silencio fue roto más tarde, por la suave risa de Kuroro.

"Y así resulta si utilizas la opción 'compañera'." dijo mientras observaba a la aún mortificada, chica kuruta. Kurapika en respuesta sostuvo bruscamente el frente de su abrigo.

"¡Sabias que pasaría esto!" le siseo vehementemente.

"Tú también deberías saberlo. ¿Se te olvido que ahora eres una chica?" Kuroro le sonrió burlescamente.

Los ojos de Kurapika se dilataron con aquella pregunta, la rabia siendo reemplazada por el vértigo. Cierto, el segundo en que se encontraba frente al hospedaje, antes de entrar, en su mente ella pensó que seguía siendo el Kurapika chico, así que había pensado que ser compañeros era mejor. Tener a una chica como compañera de viaje, era obvio que iba a levantar sospechas indeseadas por parte del dueño. Kurapika se congelo frente a su propia estupidez, mientras Kuroro rió nuevamente y tomo sus manos, para quitarlas de su abrigo. Justo entonces, y sin esperar respuesta alguna, la puerta se abrió.

"La cena esta aquí-¡Oh!" Fino ingreso con una bandeja con comida en sus manos, pero se detuvo a medio camino cuando los vio. Desde su perspectiva, parecía que Kuroro sostenía cariñosamente las manos de la chica, dándole seguridad, ya que la chica se veía más pálida que antes; lo que en realidad era el resultado de que Fino entrara, mientras ellos se encontraban en tan comprometedora posición. Aún más, ella observo los anillos idénticos en sus dedos; el de Kuroro en el dedo del medio de su mano derecha, y el de Kurapika en el dedo índice de su mano izquierda. Nuevamente Fino se sonrojo de forma salvaje, Kurapika suspiro profundamente antes de apartar sus manos del agarre de Kuroro.

"Gracias. Puedes ponerla sobre aquella mesa." Kuroro se movió hacia la mesa.

"¡Ah! ¡S-sí!" rápidamente puso la bandeja sobre la mesa y se inclino como disculpa. "Lamento tanto haberlos interrumpido. Por favor, continúen."

Con eso, ella corrió fuera del cuarto y cerro, más fuerte que antes, la puerta. Pudieron escucharla bajar la escalera, emocionada. Kurapika se sentía realmente mareada y se dejo caer sobre el suelo, enterrando su rostro en sus piernas, con un profundo y largo suspiro. Kuroro la miro con mirada inquisidora.

"Vamos, cenemos."

"Estoy cansada, no tengo hambre." Dijo Kurapika, con voz ahogada.

"Pero aún así debes comer." Insistió Kuroro.

"No quiero comer." Respondió, tercamente.

"Bueno, si no vas a comer, yo voy a comer, así que levántate." Kuroro se acuclillo y la tomo de su codo, haciendo que se levantara. Con un grito Kurapika estuvo de pie, sorprendida por la fuerza que había utilizado el hombre para levantarla. Kuroro le frunció el ceño. "Realmente creo que deberías a comer más. Eres demasiado liviana."

"No es de tu incumbencia." Dijo de nuevo, un color rojo comenzaba a pintar sus pálidas mejillas. Kuroro suspiró.

"Mira, Kurapika. Viajamos juntos, pero no por gusto, así que no quiero desperdiciar mi tiempo y energía cuidando a una chica enferma. ¿Comprendido?" le dijo de forma severa mientras veía directamente dentro de esos ojos azules con sus enormes ojos negros.

"No me enfermaré." Le contesto, reatándolo a que mirara sus ojos. Pasando por alto que era la segunda vez que Kuroro la llamaba por su nombre, desde que ella le había insistido que no la llamara por el nombre de su tribu.

"Lo harás si no comes." Dijo despectivamente y la arrastro por su codo hacia la mesa, sentándola frente a él. "Ahora, come."

Kurapika miró a Kuroro con mirada más molesta, lanzándole dagas con la mirada. ¿Por qué el hombre estaba siendo tan mamita? Ella era su enemigo, no debería importarle ni un poco. Aunque era cierto, que importunarían al otro si se enfermara uno de los dos. Ella misma no quería cuidarlo si él se enfermaba.

Miro su comida; el calor del arroz junto a su fragancia, hicieron que su boca se hiciese agua. De pronto escucho como su estomago gruñía de hambre. Reticentemente, cogió los servicios y puso un poco de comida en su boca. Mastico lentamente, mientras saboreaba la comida, olvidándose de su primera intención, no comer. Sus hombros de desplomaron, relajándose, y comenzó a comer de forma constante, aunque lentamente. Cuando Kuroro estuvo satisfecho y seguro de que se comería toda su comida, comenzó a comer la suya. Comieron en silencio y ambos terminaron de comer sin problemas.

"¿Quieres bañarte ahora?" le ofreció Kuroro, cuando vio que el sueño comenzaba a envolver a la cansada chica.

Kurapika, demasiado cansada para ser odiosa con él, asintió mudamente. Kuroro saco su paño Fun Fun, le entrego su pijama junto con su paquete 'especial' y caminaron hacia el baño. Mientras Kurapika se bañaba en su interior, él se sentó en el suelo a la vez que apoyaba su espalda contra el muro. Luego de un tiempo, la chica salió del baño ocupando su nuevo pijama, abrazando fuertemente su paquete. Sin intercambio alguno de palabras, Kuroro entro al baño, mientras Kurapika se sentó contra el muro. Intento secar su pelo húmedo con la toalla, pero pronto comenzó a bostezar y el sueño se apropio de ella. Uno o dos minutos de sueño no lastimarían a nadie.

Hasta el momento había estado bien. Al menos, todavía estaba en control de la situación. A pesar de que el kuruta hubiese regresado a su género original, todavía no hacia ningún alboroto por ello. Kuroro miro hacia arriba y dejo, que el agua caliente de la ducha, golpeara su rostro. No podía imaginarse cómo sería el resto de su viaje, con el kuruta siendo chica. Una cosa era segura, no podía dejar que aquellas noticas llegaran a oídos de sus camaradas. Ellos harían un embrollo de ello, provocándole otra jaqueca. Especialmente Nobunaga; oh, que pesadilla sería.

Cuando termino, se seco y puso su traje nocturno. Abrió la puerta y salió, solo para encontrar a Kurapika durmiendo, recostada contra el muro, la toalla aún envuelta en su cabello. El paquete se encontraba olvidado a su lado, sus piernas desparramadas sobre el piso de madera. Kuroro frunció el ceño ante su descuidada actitud y se agacho junto a ella. Aprovecho la oportunidad para estudiar el rostro de la chica, sin ganarse una mirada de odio por parte de ella.

Su piel era increíblemente lisa y suave, aunque era demasiado pálida. También noto que tenía largas pestañas, formando una gruesa y oscura cortina en sus parpados. Sus labios eran más bien delgados y pálidos, y se veía terriblemente cansada. Cuando dormía, sin ceños fruncidos y miradas de consternación, era bastante linda; incluso angelical. Kuroro golpeo suavemente su hombro, para despertarla, pero ella no se movió.

"Kurapika." La llamo suavemente, para que no se asustara. No obtuvo respuesta. "Kurapika." Esta vez, la llamo y golpeo suavemente. Aún no había respuesta.

Kuroro levanto una ceja. Era realmente anormal que la kuruta durmiese tan profundamente, normalmente el más leve rose de su parte la despertaba. La chica realmente estaba llena de sorpresas; en un momento era muy cautelosa y sospechosa de él, desconfiando de todo lo que hacía; y al siguiente, bajaba completamente su guardia, revelando la verdadera muchacha que era. Riéndose suavemente, entretenido, Kuroro deslizo una mano bajo sus rodillas y otra bajo sus hombros. Gentilmente, la levanto del suelo y camino hacia la cama, pretendiendo votarla allí, cuando un golpe la detuvo. Sin pensarlo dos veces, le dijo a la persona que entrara.

"Disculpen, estoy aquí pa-" Fino, por enésima vez en el día, se congelo en el lugar, mientras se detenía a media oración. Vio al hombre mayor cargando hacia la cama, como lo hacen los recién casados, a la muchacha dormida, ambos frescos luego de un baño. Se sonrojo profundamente y comenzó a tartamudear incoherentemente.

"Y-Yo-bandeja-" comenzó a buscar palabras, pero su lengua parecía traposa.

"Estas aquí para llevarte la bandeja." Dijo Kuroro por ella. Fino asintió enérgicamente. Sin perder el tiempo como un idiota, agarro la bandeja con los platos vacios y se precipito fuera de la habitación, sus pasos resonando en la escalera.

Kuroro negó con su cabeza, frente a las payasadas de la chica. Se veía como si hubiese visto algo escandaloso, pero de nuevo, si supiera el contexto de su relación, pero claro, debía ser más que escandaloso. Por lo menos para Kurapika. Se volteo y volvió a mirar a la chica dormida en sus brazos. Dormía plácidamente, como si el pequeño show de la hija del dueño no hubiese existido. Kuroro realmente se preguntaba como la muchacha era tan liviana. Casi no le tomaba esfuerzo el levantarla del suelo.

La dejo en la cama, pero noto que su pelo continuaba mojado. Hizo un 'tsk' ante su descuido, pero sin embargo la sentó contra la pared y comenzó a secar su pelo con la toalla. Si la dejaba dormir con el pelo mojado, al día siguiente despertaría con un dolor de cabeza o peor, se resfriaría. Honestamente, no quería que una chica enferma anduviera junto a él. Lo hizo lo más suave posible, para no despertar a la cansada muchacha. La chica, ni siquiera reacciono cuando sacudió su cabello para secarlo. Realmente se preguntaba cuan cansada estaba la chica; física y mentalmente. Debía estar realmente cansada, ya que era inconsciente de que tan renombrado némesis le secaba su pelo. Kuroro incluso sorbió por la nariz, entretenido. Imaginen cómo reaccionarían sus camaradas si veían a su Danchou hacer un gesto tan civilizado y humanitario. Nobunaga probablemente se desmayaría, botando burbujas por la boca.

Cuando termino; el pelo seguía húmedo, pero por lo menos no estaba mojado, lanzó la toalla hacia una silla cercana y recostó a la chica sobre su espalda. Volvió a mirar a la muchacha, sintiéndose inquieto. De alguna forma, Kurapika se veía muy cansado aquel día, mientras él no lo estaba en lo más mínimo. Sabía que la chica tenía buena resistencia, así que no debería estar agotada. Su cara también se veía más pálida de lo normal.

Asiendo a un lado esas ideas, pensando que se estaba poniendo blando con ella, Kuroro junto las camas y se sentó sobre su cama. Todavía sin sueño, tomo su libro y comenzó a leer, mientras permanecía cerca de la muchacha, debido a el lazo.

Kurapika sentía que su cabeza giraba, todo su cuerpo ardía incómodamente, su estomago se revolvía de forma inquieta. Intento apartar esos sensaciones, pero no pudo. Sintió que alguien se sentaba junto a ella, como si la vigilara. Abriendo sus ojos, a pesar de que se sentían pesados, vio la borrosa figura de un hombre. Tenía un libro abierto en sus manos y lo leía. El hombre parecía haber notado que se había despertado, y dijo algo. No podía comprender lo que decía, así que no dijo nada en respuesta. Luego de unos segundos, el hombre se giro para observarla. Bajo su libro y se inclino sobre ella, puso su mano sobre su frente caliente y dijo nuevamente algo.

Su fría mano calmo su adolorida cabeza, y sintió que recordaba aquella mano. Grande y amable, recordaba al dueño de esa mano. Era hace tanto tiempo, su corazón dolía tanto que no pudo evitar que sus lágrimas fluyeran.

"A… aniki… (Significa hermano mayor en japonés)" trago aquella palabra. Repentinamente, el rostro del hombre se hizo visible, y una vez más veía el rostro de su hermano. Su cálida sonrisa alegraba su corazón, su mano sobre su frente. Su pelo; los mechones rubios, idénticos a los suyos, encuadraban su apuesto rostro. "Aniki, estas aquí…" agarro su mano.

"Kurapika, estoy muerto." Le susurró, su sonrisa se volvió triste.

"Pe-pero, estas aquí." Comenzó a asustarse. Ella atrapo su brazo firmemente, pero él se aparto de ella.

"No, Kurapika. Morí hace cinco años atrás." Dijo nuevamente, intentando quitar sus manos de su brazo. Comenzó a apartarse y el corazón de Kurapika se retorció de miedo, el mismo terror que la había golpeado hace cinco años atrás, cuando vio como ardía su villa y sus habitantes se transformaban en cadáveres sin ojos. El miedo de ser abandonada.

"¡No!" gritó, aferrando su brazo desesperadamente. "¡No, no te vayas! ¡No me abandones!" comenzó a llorar sin control alguno.

"Kurapika, no puedes hacer esto." Dijo nuevamente su hermano, sin embargo, esta vez no se hizo a un lado. "Debes ser fuerte."

"No… no me dejes… seré fuerte, lo prometo… así que no me abandones…" sollozo miserablemente. Su hermano la miro con ojos tristes, pero suavemente acaricio su cabeza con una mano.

"No te abandonare, Kurapika." Le susurro para darle seguridad.

"¿Lo prometes?" pregunto entre sollozos. Levanto la vista hacia su hermano, pero su visión se veía oscurecida por las lágrimas.

"Lo prometo." Asintió y continúo acariciando la cabeza de Kurapika. "Ahora, recuéstate y descansa."

Sintiéndose más segura con sus palabras y reconfortantes caricias, Kurapika asintió débilmente y le sonrió infantilmente. Aún sin soltar su mano, Kurapika se recostó y volvió a quedarse dormida.

Kuroro leía un libro cuando sintió débiles movimientos junto a él. Aun sin mirar, sabía que la chica se había despertado. Podía, literalmente, sentir como lo miraba.

"¿Despierta?" le pregunto fácilmente. Sin recibir ninguna respuesta mordaz de su parte, como era habitual, se giró y la miro inquisitivamente. Sólo entonces, se percato de que su rostro se había vuelto ligeramente roja. Bajando su libro, estiro una de sus manos, alcanzando su frente y la toco. Como sospechaba, tenía fiebre.

"Tienes fiebre." Se lo dijo con el tono de –te—lo—dije. Sabía que iba a pasar, ya que había notado como se veía más débil con el paso de los últimos días. Quería castigarla de inmediato, pero eso no le haría ningún bien. Y por como tenía de caliente la cabeza, no comprendía ni la mitad de lo que le decía. Entonces, de la nada surgió.

"A… Aniki…" susurró. Kuroro se congelo. La miro con enormes ojos. Los llorosos ojos de la chica se veían esperanzados. "Aniki, estas aquí…" le sostuvo firmemente su mano. Kuroro le frunció el ceño.

"Kurapika, tu hermano está muerto." Intento hacerla entrar en razón.

"Pe-pero, estas aquí…" respondió, sus ojos se abrieron, llenos de miedo. Kuroro levanto una de sus cejas. De alguna forma, ella comprendía lo que le decía, pero de alguna retorcida forma, creía que con quien hablaba, Kuroro, era su hermano.

"No, Kurapika. El murió hace cinco años." Razono nuevamente con ella. Y probablemente fui yo quien lo mato, agrego en su mente. Sintiéndose incomodo al mismo tiempo que molesto, Kuroro se aparto de ella, mientras intentaba zafar el agarre que tenia sobre él. Puro horror invadió los azules ojos de la chica, repentinamente, se sentó y abrazo su brazo. Él se agarroto con su contacto, pero ella comenzó a gritar, negando aquello y rogándole para que no la abandonara.

"No soy tu hermano. Estas alucinando debido a la fiebre." Le dijo con voz tensa, pero ella continuo rogándole para que no la abandonara, sus palabras ya no llegaban a sus oídos. Se aferraba a él como si se tratara de su propia vida, al mismo tiempo que sollozaba miserablemente, hundiéndose en una histeria. Dejo que llorara hasta que sus ojos no tuvieran lágrimas, esperando que cuando se cansara, se durmiese, dejándolo en paz.

"… seré fuerte, lo prometo… así que no me abandones…" rogó nuevamente, su voz quebrada por sus sollozos. Sujeto firmemente el brazo de Kuroro, temiendo que desapareciera o se evaporara en el aire.

Repentinamente, ella se veía como un muñeco roto ante los ojos de Kuroro. Tan débil y frágil, asechaba por el fantasma de su hermano. Sus temblorosos hombros no daban signos de su antigua fuerza, a la que silenciosa y secretamente habían aprobado. Se veía tan pequeña, aferrándose desesperadamente a él. Había querido apartarla, dejar que lidiara con sus problemas por su cuenta. El mismo, nunca tuvo una infancia bendecida, como los niños normales. Crecer en Ryuusei-gai nunca había contado como normal para la gente de Ryuusei-gai. Había pensado que no sería capaz de simpatizar con la chica, hacia que había decidido dejarla por su cuenta ya que no sería capaz de entregarla ninguna clase de consuelo. Pero luego de escuchar sus ruegos, su promesa de ser más fuerte, repentinamente Kuroro se percato de que, si bien parecía fuerte, había una gran cicatriz en su corazón, en su alma. Era una cicatriz que no podía ser sanada, que siempre la lastimaría a menos de que alguien la curara. Y era él quien había dejado esa cicatriz hace cinco años atrás.

Kuroro sacudió ligeramente su cabeza, para disolver tales ideas. No era propio de él pensar de esa forma. De cualquier forma, la muchacha parecía inquieta y no descansaría, a menos que el hiciese algo para calmarla.

"No te abandonare, Kurapika." Le susurro, intentando sonar lo más confortante posible; aunque creía haber fallado miserablemente.

"¿Lo prometes?" le pregunto entre sollozos.

"Lo prometo." Asintió y acaricio su cabeza. "Ahora, recuéstate y descansa."

Asintió débilmente y le dio una infantil sonrisa, lo que lo tomo por sorpresa. Aun cuando dormía profundamente, no soltaba el agarre sobre su mano. Kuroro la miro cuidadosamente, pero no intento extraer su mano de las suyas. Suspiro profundamente e inmediatamente sus pensamientos se dirigieron a su celular.

"Cuando ocurra un cambio anormal en el muchacho, llámame inmediatamente. ¿Entendido?"

Eso era lo que había dicho Ishtar. ¿Se refería a las reacciones de delirio? Kuroro cubrió su boca con su mano libre y pensó aquello. Ahora que lo pensaba, la energía de Kurapika había disminuido luego de que el aro fuera destruido y regresara a su forma original. Cuando corrieron por la colina para ahorrar tiempo, había notado que sus respiraciones eran más forzosas. Había creído que estaba perdiendo su toque porque se había transformado en chica, y por eso, la estamina que había retenido cundo todavía era hombre se había esfumado. Era muy probable que la causa de su fiebre y delirio fuera el efecto secundario de la destrucción del aro. Su Nen continuaba siendo el mismo que poseía cuando era un chico, pero el cambio físico por el que pasaba su cuerpo, quizá fuese mucho como para soportarlo, provocando finalmente que su cuerpo y mente repercutieran luego de dos días.

Miro nuevamente a la muchacha dormida. No, no podía llamar en estos momentos a Ishtar. No si podía evitarlo. Si realmente la fiebre se debía a la repentina liberación del disfraz, la fiebre pasaría cuando su mente y cuerpo hubiesen descansado lo suficiente. Si para mañana su fiebre aún no disminuía, entonces acudiría a la medicina. Si para mañana en la noche continuaba así, solo entonces llamaría a Ishtar.

Sintiéndose cansado por tener que manejar a una delirante e histérica muchacha, Kuroro decidió dormir. Se recostó sobre su cama y se giro para ver a la chica que dormía. Tímidamente toco su frente; la fiebre continuaba allí, pero de alguna forma Kurapika lograba dormir pacíficamente. Quito su mano y solo pudo desear que se mejorara pronto. No quería ser el enfermero de una muchacha delirante. Era un asesino, un ladrón, no un enfermero.

Un suave golpe en la puerta lo despertó. Se sentó y lo primero que hizo fue revisar a Kurapika. Ella seguida durmiendo, sosteniendo su mano. Reviso su temperatura, pero para su decepción, continuaba afiebrada. La persona tras la puerta volvió a golpear y Kuroro le dijo a la persona que ingresara. La puerta se abrió ligeramente y una cabeza se asomo cuidadosamente. Fino los miro curiosamente; Kuroro todavía tenía su mano sobre su frente, y no levanto la vista.

"Em… mi mamá dice que el desayuno ya está listo." Dijo tímidamente.

"¿Puedes traerlo a aquí?" pregunto Kuroro, directamente, sus cejas fruncidas mientras intentaba pensar en una forma de mejorar rápidamente a la chica. Sería muy inconveniente que continuara afiebrada. Tampoco tenía deseos de contactar a Ishtar.

"Seguro. Pero, umm…" Fino miro a la dormida kuruta. "¿Es…¿Ella se encuentra bien?"

Kuroro levanto la vista y miro a Fino, quien trago saliva y se sonrojo. Incluso cuando recién se había levantado, Kuroro se veía terriblemente apuesto.

"Tiene fiebre." Dijo mientras observaba su reacción.

"¿Fiebre? Oh, no." Repentinamente Fino se volvió audaz e ingreso al cuarto, apresurándose rápidamente a la cama de Kurapika. Reviso su temperatura tocando sus mejillas, sorprendiéndose al sentir su piel caliente. "¡Está ardiendo! ¿Cuándo empezó la fiebre?"

"Anoche."

"¿Anoche?" exclamo. "¿Le pusiste compresas frías?"

"No." Admitió. De alguna forma, no había pensado en aquello.

"¿NO?" Fino se encontraba al borde de ponerse a gritar. "¡Así no funcionan las cosas! ¡Espera aquí!" se levanto y se lanzo hacia el baño. Kuroro escucho como la muchacha se movía en el baño, escucho el sonido del agua que caía sobre un recipiente, y en poco tiempo, Fino emergió del baño sosteniendo un balde de agua fría. Traía una péquela toalla y la sumergió en el agua, estrujo el exceso de agua y puso la toalla sobre la frente de Kurapika.

"Cuando la toalla se caliente, sumérjala en el agua fría y vuelva a ponérsela." Le ordeno, mientras Kuroro asentía silenciosamente.

"Traeré el desayuno a su cuarto." Se levanto y lo volvió a mirar. "¿Va a pasar el resto del día a su lado?"

"Sí." No era como si tuviera otra opción. El lazo lo unía a ella, así que mientras ella permaneciera en cama, el estaría en el cuarto. Aunque no se molesto en elaborar un poco más.

"Entonces también le traeré el almuerzo y la cena." Dijo nuevamente Fino. Había una mirada de admiración en su rostro; ella se había hecho una idea completamente errónea. Se retiro silenciosamente del cuarto, dejando a Kuroro con el afiebrado Kurapika. Ella solo regreso para entregarle el almuerzo y se marcho mudamente del cuarto. Sentía que debía respetar la devoción de Kuroro por Kurapika; un completo malentendido.

Fue alrededor de las nueve que Kurapika abrió los ojos nuevamente. Parpadeo dos veces, sus ojos hinchados ajustándose a la luz del cuarto. No tenía idea del porque sus ojos estaban hinchados, y del porque había una toalla húmeda en su frente. Miro hacia el lado y vio a Kuroro, sentado junto a ella y leyendo tranquilamente su libro, sus dedos entrelazados con los de ella. Sus ojos se abrieron de horror al verse asimismo sosteniendo la mano de Kuroro.

"¿Despierta? ¿Eres tú nuevamente?" pregunto imperturbablemente, sin demostrar la dulzura que había (simulado) mostrado cuando se encontraba en su estado delirante.

"¿Qué quieres decir?" pregunto Kurapika con voz rasposa, mientras soltaba el agarre sobre la mano de Kuroro, rápidamente, como si su mano estuviese infectada. Ignorando su rudeza, Kuroro se giro y la observo con unos curiosos ojos negros.

"¿No recuerdas?"

"¿Qué ocurrió mientras dormía? ¿Qué es esta compresa fría?" pregunto con irritación en su voz, mientras se sentaba y dejaba que la toalla húmeda cayese sobre su regazo.

Kuroro bajo su libro y dirigió una de sus manos hacia su frente, para tocar su frente. Su temperatura, milagrosamente, había vuelto a la normalidad, cuando todo lo que había hecho fue cambiar la toalla cuando se ponía tibia, y solo eran pasadas las nueve. Kurapika se estremeció cuando Kuroro había tocado, descaradamente, su frente; y no se olvido de lanzarle una mirada asesina, la que simplemente ignoro. Frunció el ceño cuando sintió su temperatura; era demasiado buena para ser real. Pero de nuevo, asumiendo que su fiebre había sido provocada por la repentina eliminación de su disfraz, tenía sentido que su fiebre disminuyese cuando descansara lo suficiente. Miro su rostro; continuaba sonrojado por la fiebre, pero sin duda se veía sano. Kurapika se aparto de su escrutinio.

"¿Disculpa? ¿Te molestaría decirme que ocurre?" demando Kurapika, infeliz de encontrarse perdida en aquella situación.

"Tuviste fiebre anoche." Dijo inexpresivamente. Hubo una suerte de pausa antes de que agregara, "Y deliraste."

"¿Fiebre? ¿Delirar? Yo-¿Dije algo extraño?" su rostro se volvió rojo.

"¿Extraño?" Kuroro sonrió socarronamente. Kurapika le frunció el ceño, con un ligero retorcijo en su estomago. Para ese entonces, podía decir que si el hombre comenzaba a sonreír de esa forma, era porque había algo maldadoso hacia ella.

"¿Sobre qué balbucee?" demando, preparándose para recibir una vergonzosa recopilación de sus balbuceos.

"No mucho. Alucinaste sobre tu hermano." Su rostro se volvió opaco y mordió su labio inferior.

"¿Y?"

"Le rogabas para que no te dejara sola." Dijo, mientras observaba muy de cerca sus reacciones.

"¿Hice alguna cosa?"

Kuroro levanto una ceja. Bueno, esa es una pregunta interesante y justo en el blanco, pensó. Intento esconder lo más que pudo su feliz y socarrona sonrisa, quería ver su reacción.

"Abrazaste mi brazo."

"¿Hice qué?"

"Abrazaste mi brazo." Repitió, intentando no reírse de forma sonora. "Y no me soltaste la mano en toda la noche."

Kurapika se lanzo sobre la cama, como si se hubiera desmayado. Gruño sonoramente y cubrió su rostro con las manos, avergonzada. Su rostro se sonrojaba furiosamente, y escuchaba la risa de Kuroro.

"Estas mintiendo." Lo acuso.

"No, estoy diciendo la verdad." Se defendió tranquilamente.

"¡Nunca haría eso!"

"Me confundiste con tu hermano."

Eso dejo a la chica en un estado de silencio. Detuvo su negación, miro por entre sus dedos y vio a Kuroro que la observaba. Se miraron por unos segundos, antes de que ella apartara la vista.

"Lo siento." Murmuro, avergonzada de sí misma.

"¿Por qué?" pregunto Kuroro, sin comprender su repentina disculpa.

"Me enferme."

"No puede evitarse. Tu cuerpo se encuentra perturbado por tu repentino cambio, necesita ajustarse, al igual que tu mente." Se detuvo por un instante, antes de continuar. "Hablando de eso, ¿Cómo te sientes ahora?"

Kurapika lo observo desconcertadamente; sin comprender su repentina preocupación, sin embargo, puso sus manos sobre su pecho, mientras sentía los latidos de su corazón y cerraba sus ojos. Sentía que sus latidos eran mucho más tranquilos que antes; los últimos días, sus latidos habían sido más bien erráticos y se encontraba constantemente agitada. Ahora, se sentía extrañamente relajada y en paz.

"Estoy bien." Dijo finalmente, abriendo sus ojos, sólo para encontrar a Kuroro inclinándose sobre ella. La miro con curiosidad en sus enormes y desalmados ojos. "¿Qué?" le pregunto con nerviosismo.

"¿Quieres descansar un día más? O ¿quieres continuar hoy mismo con nuestro viaje?" le pregunto mientras se retiraba hacia su antigua posición.

Kurapika lo miro con confusión. Una vez más, frunció el ceño, ante la repentina preocupación por su bienestar. La perturbaba. "¿Por qué la repentina preocupación?"

Kuroro pensó en aquella pregunta. Ciertamente, ¿Por qué se preocupaba por ella? Hasta el momento ella había sido un dolor de cabeza. Estaba ese escurridizo sentimiento de que debía hacer algo por ella. ¿Se estaba sintiendo responsable? Después de todo, ella era claramente 9 años menor que él. Aún cuando estaba aproblemado en su interior se puso su máscara de indiferencia. Y se giro para mirar a Kurapika, quien seguía anticipando su respuesta.

"Por razones prácticas, no quiero andar con una chica media enferma siguiéndome." Dijo, sin rastro de emoción alguno.

"Ya veo." Respondió Kurapika, de alguna forma aliviada de que fuera realmente por una razón práctica. Si hubiese recibido una respuesta diferente a esa, no sabía como habría reaccionado. No quería que la cabeza de la araña comenzara a mostrar una genuina preocupación y amabilidad por ella. "Creo que aun quiero descansar."

"Adelante." Dijo Kuroro y regreso a su libro.

Kurapika cerró sus ojos e intento ignorar la presencia cercana de Kuroro. En poco tiempo, ella se vio envuelta en la agradable oscuridad de su sueño.

Débiles sonidos de los utensilios para comer sonaron en su mente adormecida. Escucho voces distantes, hablando en susurros, como si temieran despertarla. Una era una mujer, el otro era hombre. Estaba familiarizada con el hombre, su voz era profunda y agradable a sus oídos. Su voz era suave, pero aún así estaba controlada, como si estuviese actuando. Se percato de que pocas veces había captado ese tono en su voz, cuando hablaba con ella. Para su pesar, él siempre había sido honesto con ella, aunque se rehusara a decirle algunas cosas, nunca mentía. Simplemente no le decía. Cuando hablaba con ella sonaba más… genuino.

"…cuando despierte." Lo escucho decir.

Sus ojos se abrieron en respuesta a sus palabras. Lo primero que vio fue su espalda, ya que estaba sentado al borde de su cama. Una chica con un moño, la que reconocía como la hija del dueño del hospedaje, se encontraba frente a él, sosteniendo una bandeja con una mano y entregándole un plato de comida con la otra. Fino fue la primera en notar que estaba despierta y rápidamente imprimió una sonrisa en su rostro.

"¡Oh! ¡Esta despierta!" chilló felizmente.

Kuroro se giro, sorprendido. Reviso rápidamente su temperatura con su mano, e inconscientemente, se sintió aliviado al sentir su temperatura normal. Al menos su condición ya era estable. Una vez más, Kurapika se congelo ante su contacto; su mano estaba fría.

"¿Cómo te sientes?" pregunto amablemente, la hija del dueño del hospedaje, a la vez que ponía sobre la cama la bandeja.

"Estoy bien." Respondió Kurapika, con voz ronca debido a la falta de humedad. La alegre muchacha se reclino hacia Kurapika, su rostro a pocas pulgadas de la de ella.

"Tu novio se mantuvo todo el tiempo a tu lado, cuidándote." Le susurro Fino a Kurapika, cerrándole juguetonamente un ojo. Kurapika quería hacer rodar sus ojos, pero se contuvo; eso sería grosero. Además, Fino, era una simple niña de pueblo.

"El no es mi novio." Le susurro de regreso, molesta por la falsa suposición.

"¿En serio?" Fino le susurro fieramente en respuesta, sin creer la negación de Kurapika.

"Honestamente, no es asunto tuyo." Dijo Kurapika de forma cortante. Dándole una dura mirada a la muchacha, haciendo que Fino retrocediera nerviosamente.

"Oh… y-yo tengo que irme. Disfruten su cena." Hizo una educada reverencia y rápidamente salió del cuarto, con su rostro completamente sonrojado.

Kurapika dejo salir un suspiro y se inclino hacia atrás, revisando distraídamente con su mirada el cielo sobre ella. Kuroro la miro con ojos curiosos. La chica kuruta generalmente era bastante educada con las otras personas.

"Eso no fue algo muy agradable." Comento a la vez que bajaba su plato de comida.

"Se anda metiendo en los asuntos de las demás personas." Razono Kurapika.

"¿Qué te dijo?"

"Ella dijo que habías estado a mi lado todo el día, cuidándome. Sí, seguro, todo lo que hiciste fue ponerme un paño frío y continuar leyendo. Además, está el estúpido lazo. Por supuesto que no podías abandonarme, de ninguna forma." Dijo Kurapika, irritada.

"¿Qué más te dijo?"

Kurapika se giro para observarlo bruscamente. Ella había dejado adrede una pequeña parte de las palabras de Fino, porque quería evitar la vergüenza, pero de alguna forma, el molesto tipo lo sabía. Kuroro sabía que ella no estaría tan molesta si la chica hubiese dicho esas cosas triviales; debía haber algo más que la había molestado.

"Dijo que eras mi novio." Balbuceo, con un cierto sonrojo sobre sus mejillas.

"Ah…" Kuroro se rió de sus palabras.

Kurapika le lanzo dagas con la mirada, pero se había dado vuelta, su espalda hacia ella. Mientras llegaba la noche, la sala se había vuelto oscura, la única luz provenía de la pequeña lámpara junto a sus camas. Kurapika observo la espalda de Kuroro. Llevaba tan solo una camisa completamente negra. Podía ver sus pesados hombros, fuertes e independientes. Sin embargo, ella también podía observar la soledad en ellos; una solitaria espalda. Repentinamente, la voz de Ishtar retumbo en su cabeza.

"Yo lo crie, pero el muchacho no me llama madre. No creo que alguna vez lo haga… en cuanto a su pasado, su niñez, su historia, no tengo derecho a contártelo. Si quieres saber, pregúntaselo."

Kurapika frunció el ceño. Como si fuese tan fácil preguntárselo. Pensaba que el hombre simplemente se volvería mudo y le daría la espalda, o simplemente cambiaria el tema. No era como si fuera un gran asunto para ella, simplemente sentía curiosidad… Kuroro Lucifer era un hombre misterioso, demasiado misterioso como para dejarlo estar. Se veía atraída a él; para su descontento. Las cosas eran contradictorias cuando se trataba de él. Era frío y calculador; capaz de matar sin pensárselo dos veces, sin culpas ni remordimientos. No sentía nada cuando mataba, como le había dicho cuando se lo había preguntado.

"¿No sientes nada cuando matas?" le había preguntado con repulsión, mientras veía el sangriento desorden; el resultado de la represalias de algunos bounty hunters que estaban tras la cabeza de Kuroro.

"Nada." Respondió sin mover una pestaña.

"¿No tienes corazón? ¿Cómo puedes acabar con una vida sin sentir nada?" le pregunto de forma burlona.

"Me preguntas lo mismo que tu pequeño amigo." Le dijo con una divertida sonrisa. Se refería a Gon, pero por supuesto, Kurapika no tenía idea de a quién se refería. "Porque no me preocupan. No son nada para mí, por lo que no tengo problemas en asesinarlos. ¿Satisfecha?"

Sin notarlo, sus ojos se habían vuelto rojos, brillando suavemente en la oscura habitación. Estaba molesta por su respuesta tan indiferente. Era demasiado frío, demasiado inhumano. No podía relacionarse con él, pero justamente por eso quería saber el porqué. ¿Por qué se había transformado en lo que era? Tenía una figura materna, así que ¿Por qué? ¿Solo por haber crecido en Ryuusei-gai se había transformado automáticamente en un asesino tan frío y sin sentimientos?

"Kurapika."

Parpadeo, sorprendida, y se giro para percatarse de que Kuroro la observaba, su expresión era ininteligible. Parecía fruncir el ceño, pero era demasiado oscuro como para saberlo a ciencia cierta. Sus ojos volvieron a su normal tono azul. Sus ojos encontraron a los negros. Se veía como si quisiera preguntar algo, decidiendo no hacerlo. Le paso un plato de comida.

"Tu cena." Dijo sencillamente y se giro para comer su propia comida.

Sin decir una palabra, la muchacha se sentó y comenzó a comer silenciosamente. Si volvía a rehusarse a comer, Kuroro simplemente la sermonearía de nuevo, y ya tenía bastante de eso. Lo que no sabía era que Kuroro, de forma deliberada, no menciono el hecho de que su lazo una vez más se había expandido. Lo había intentado comprobar mientras ella dormía, y para su sorpresa, se había expandido unos 60 cm. Había pensado que si se lo mencionaba, la rubia pensaría que se estaba ablandando, por consecuencia volvería a alejarse del él, una vez más. No quería que el lazo se volviese a encoger, era demasiado incomodo.

¿O simplemente se sentía cómodo de tenerla cerca?


La tipeja que traduce… mm… mucho tiempo sin traducir, con el frío que cala mis huesos, espero que les guste el capítulo, porque de veras que esta helado para traducir… TT-TT no siento mis dedos… ni mis manos… por eso puede que haya unas cuantas (bastantes) faltas ortográficas, desde ya disculpas por eso, espero que les guste este capítulo, prometo subir otro en cuanto pueda traducir… muchas gracias por pasarse y leer esta traducción, y a las personas que comentan un millón de gracias… bye