TRADUCCION: Esta historia no me pertenece, yo nunca la eh escrito ni mucho menos eh aportado con alguna idea o sugerencia, todo este trabajo pertenece a la autora Runandra, quien es la mente maestra tras esta idea, la historia original pueden encontrarla en el siguiente link:

www(punto)fanfiction(punto)net/s/5650325/1/1001_Nights

Aclaración: Hunter x Hunter no me pertenece.

Esto dice Runandra (la autora), puede contener spoiler… por no decir que tiene spoiler del fic XD:

Sé que los dos son un poco OCC, ¡pero no pude evitarlo! Solo quería soltar su pasado de a poquito, especialmente el de Kuroro. Honestamente, este capítulo fue particularmente inspirado por una escena en Blade of the Immortal manga (diciendo la verdad, siento como si hubiese cometido plagio.) aunque Kuroro todo el tiempo parece fuerte, deben haber momentos en los que sea débil, ¿cierto? Es solo que no se lo demuestra a nadie más. Y Kurapika tiene que tener suerte (¿O mala suerte?) eso hay que verlo. Y ya que en el manga se enfatiza que Kurapika es alguien de una alta moral , pensé que no soportaría ver a alguien muriendo frente a ella y no poder hacer nada para ayudarla. Bueno, quizá me equivoco porque hablamos de Kuroro aquí. Lo sé, así que no torturen por un trabajo penca.

Próximo capítulo: Shalnark arriba con la medicina prometida y funciona de las mil maravillas. Y cuando Kuroro se está mejorando, tienen una pequeña conversación. Y Kurapika es sorprendido por Kuroro.


La historia hasta ahora: Luego de una serie de problemas, finalmente pueden continuar su viaje. Pero la mala suerte siempre los sigue y nuevamente se vieron involucrados en más problemas. ¿Quién hubiese pensado que en medio de sus problemas recordarían un fragmento del pasado?

GRAN NOTA de la autora: Lamento la discrepancia con la historia en el capítulo anterior, ya que el Injuu que era el dueño original del paño Fun Fun supuestamente fue asesinado en el capítulo anterior. Verán, el capitulo anterior fue agregado a último minuto, por capricho… así que… sip. Dicho de forma clara, se me olvido re-editar este capítulo…

CAPITULO 8: Un Toque Del Pasado.

"¿Qué le paso a tu cadena?"

Kurapika dejo de lado lo que hacía y se giro para mirar a Kuroro con ojos desconcertados, pidiendo que se expresara mejor. Ella lavaba las manchas de sangre sobre sus ropas; nuevamente se habían encontrado con bounty hunters que iban tras la cabeza de Kuroro. Para su molestia, las ropas del último se mantenían limpia se inmaculadas.

"¿Por qué no usaste las cadenas que usaste contra mí en Yorkshin?" aclaró.

"Oh." Dejo salir y continúo refregando sus ropas. "No puedo. Hay condiciones en ella. Ya deberías saber esto."

"¿Qué tan solo puedes utilizarlos en los miembros del Genei Ryodan porque sino morirás?"

"Sí." Respondió de forma constante. Se puso de pie y quito las hojas secas de su pantalón, Kuroro también se levanto.

Desde el incidente en el Pony Encabritado, donde había sufrido de fiebre y delirios, de alguna forma Kurapika se había vuelto menos conflictivo con él, a pesar de que continuaba manteniendo distancia. Kuroro seguía siendo quien era, introvertido y distante, pero comenzó a ser más cálido y a conversar más con ella. Normalmente le preguntaba por curiosidad, y a veces, de forma frecuente, sus preguntas ganarían miradas de advertencia; aunque sin el carmesí.

"¿Por qué no cambias las condiciones? Se está volviendo un problema en combate. No puedes pelear con toda tu fuerza."

Kurapika resopló suavemente. Por supuesto que sabía aquello. No era como si fuera una ignorante o algo por el estilo, pero eso no era algo fácil de hacer. Su corazón estaba envuelto por la cadena del juicio, y no podía removerla cuando quisiera. Alguien debía hacerlo por ella. Le dijo esto con un tono indiferente, como si no le importara en lo más mínimo.

"Hmm…" Kuroro cubrió su boca con su mano, mientras caminaban lado a lado por el bosque. "Si la cadena del juicio es removida, las cadenas también desaparecerán. Pero puedes crear una nueva condición y un nuevo compromiso ¿no?"

"Cierto. Pero sinceramente, aun cuando logrará remover la cadena del juicio, no tengo idea de cuál serían las nuevas condiciones. Al menos, una que le entregue a mis cadenas la misma fuerza que poseen ahora." Dijo Kurapika.

Para ella, capturar al Genei Ryodan era la meta de su vida. Estaba dispuesta a dejar todo de lado para cumplirlo; no tenía otra razón para que sus cadenas tuviesen aquella fuerza, sólo la búsqueda de su vendetta. Sus ojos se achicaron al pensar esto y nuevamente se vio aproblemada. Aun cuando había jurado exterminar las arañas para vengar a su pueblo, allí se encontraba, caminando por el bosque junto al lider de la araña, muy cerca de él (no era como su pudiese evitarlo). Kurapika bajo su mirada y sin pensar, comenzó a jugar con el anillo de su dedo índice. Anteriormente, nunca le prestaba atención, pero últimamente, siempre tenía la oportunidad de observar el anillo y contemplaba sus detalles, tanto que terminaron grabándose en su memoria.

El anillo era simple. Era de plata y en la mitad tenía una piedra aguamarina. Ishtar le había entregado adrede el que poseía la piedra aguamarina, porque combinaba con sus ojos, eso había dicho. Alrededor del anillo había unos sutiles escritos en lengua antigua; la de aquellos tiempos en que no existían libros, por lo que el conocimiento se había perdido para siempre. Cuando Kurapika refregaba la superficie del anillo, podía sentir la suavidad y la lisura, perfectamente moldeada por el creador. Podía sentir la sutil aura que emanaba el anillo, pero eso era todo. Ishtar le había dicho que la piedra cambiaria del color si detectaba algún ser mágico en su proximidad, pero hasta el momento nada había pasado.

Kuroro observo a Kurapika por el rabillo del ojo. La chica de alguna forma se había acallado, deteniendo sus palabras duras. Cada vez que hablaba con él, siempre había irritación en su voz, como si estuviera haciendo un gran esfuerzo solo para hablar con él. Estos días, notablemente luego de los incidentes en el hostal, le hablaba con lo que quizás podía llamar voz normal. Kuroro también noto su nuevo hábito de jugar con el anillo, como si intentara distraerse de pensamientos oscuros. Miró su anillo; era idéntico al de Kurapika, exceptuando la piedra, la suya era un ónix.

Sin importar cuánto quiera negarlo, el tiene razón. No puedo continuar así. Necesito hacer algo con mis cadenas de Nen. Hasta el momento, los hunters que han estado tras nosotros han sido pequeños peces, pero si vienen hunters y usuarios de Nen más poderosos… no quiero depender de él. Necesito ser independiente y para eso debo ser capaz de protegerme por mi misma sin la necesidad de que él me proteja… pensó profundamente Kurapika. Frunció el ceño con amargura. Y parece que no vamos a acabar con este asunto de forma rápida.

"Prepárate." Le dijo repentinamente Kuroro, con voz suave.

Kurapika se estremeció cuando escucho su voz tan cerca de su oído y le agradeció a dios que no se sonrojará (no quería burlas innecesarias por parte de Kuroro, bastaba con las que hacía de forma rutinaria, siendo que el tipo mayor parecía tener el don para desquiciarla). Sus instintos de hunter aparecieron y sintió la presencia de los hunters que los rodeaban, esperando emboscarlos.

"Tres al frente, dos detrás, dos a cada lado." Murmuro por debajo.

"Muy bien. Veo que eres una pro hunter por algo."

"No te burles de mi." Le frunció el ceño, pero mantuvo su cuerpo relajado, pretendiendo que no había notado la presencia de los otros hunters. "Te capture una vez."

"Tienes razón, incluso me quitaste mis poderes por semanas." Rió divertido. Kurapika hizo rodar sus ojos, exasperado.

Justo cuando estaba por lanzar unos insultos, sintió movimiento a su derecha. Kurapika flectó sus muñecas y dedos, pero continuo caminando de forma tranquila, como si no hubiese notado nada.

"Primero es de los lados." Dijo Kuroro a la vez que los arbustos se removían. Como Kurapika había predicho, dos hombres salieron desde los lados, sus armas listas para atacar a los dos. Kuroro movió sus muñecas y rápidamente, dos de sus alfileres especiales estaban profundamente clavados en las frentes de los hombres, quitándoles la vida en un instante. Kurapika invoco su cadena dowsing y lanzo la bola dowsing hacia sus rostros; dejándolos inconscientes. Kuroro suspiro.

"El segundo ataque viene desde atrás." Murmuro y lanzo dos de sus alfileres sobre sus hombros sin siquiera ver su objetivo. Los dos alfileres encontraron de forma asertiva sus blancos, asesinando dos más. Kurapika se estremeció ante la demostración de sus fríos asesinatos. Miró los cadáveres con una mezcla de lastima y disgusto.

"¿Guardar lo mejor para el final, no?" Kuroro sonrió y puso su peso sobre su pierna izquierda.

En respuesta, tres hombres saltaron desde los arboles, aterrizando sobre el suelo con un suave golpe. Kurapika reconoció de forma inmediata que eran usuarios de Nen. Realmente quería gruñir. Problemas era lo último que quería, pero el que usuarios Nen estuvieran tras ellos, sumado la endemoniada situación en la que se encontraban, simplemente gritaba grandes P-R-O-B-L-E-M-A-S.

"Eres muy bueno, como dicen los rumores." Uno de ellos dijo, un hombre musculoso con voz ronca.

"¿Cómo se esperaba del jefe del Genei Ryodan, eh?" un hombre de barba que parecía vikingo dijo.

"Pero no esperaba que estuvieses viajando con un chica. Creía que eras del tipo solitario. ¿Tu novia?" se burlo el más pequeño, con cara ladina.

"Entonces estas a punto de sorprenderte." Respondió brevemente Kuroro, a la vez que alcanzaba y sostenía los delgados dedos de Kurapika entre los suyos. "Mi novia, es tan fuerte como cualquiera de ustedes." Sonrió de forma burlesca, pero su sonrisa estaba dirigida hacia la molesta kuruta junto a él.

"Idiota-" Kurapika apretó sus dientes, intentando tragarse el grito que estaba por explotar en su garganta. Discutir con él, en estos momentos no era la mejor opción, dado que había usuarios Nen tras ellos. Hablaría de ello más tarde.

La lucha comenzó cuando el hombre musculoso se arrojo hacia ellos, su puño alzado para golpearlos. El puño se encontró el suelo vacio y lo aplasto como si fuera barro. Al segundo siguiente, su sien se encontró con un fuerte golpe de rodilla, que lo lanzo volando por sobre el campo. La pareja aterrizo tranquilamente sobre el suelo arruinado.

"Veo que no bromeaba cuando decía que la chica era fuerte." Rió traviesamente el hombre. "Interesante, realmente interesante." Rió a la vez que veía de forma lasciva a Kurapika, dándole escalofríos a la última.

El hombre vikingo dejo salir un fuerte rugido y cargo hacia ellos, su gigantesca hacha lista en sus manos. Movió el hacha hacia ellos, pero Kuroro la detuvo con una mano, aunque el sueño bajo el se removió debido al impacto. El vikingo gruño y puso más fuerza en el hacha, pero no se movió. Kuroro levanto una ceja.

"Esto no es nada en comparación a la fuerza bruta de Uvo." Comentó. Vio un borroso movimiento a su derecha y observo una patada voladora. El talón de Kurapika golpeo la mandíbula del vikingo, fuertemente, enviándolo a volar, su hacha siendo olvidada en el agarre de Kuroro.

"Realmente tienes un humor amargo hoy día." Dijo Kuroro, a la vez que lanzaba el hacha hacia un lado.

"¿Y de quién crees que es la culpa?" le gruño de forma desgraciada, pero mantuvo su atención en el hombre.

El hombre le sonrió malévolamente y rápidamente, ella sintió un rápido movimiento en el suelo. Antes de que pudiese responder, el suelo bajo ella colapso y fue tragada por el agujero del suelo. Ella dejo escapar aire en sorpresa, pero el agarre de Kuroro se apretó y sintió un fuerte tirón hacia arriba. Al instante, Kuroro tenía su brazo alrededor de su delgada cintura, y salto hacia tras para crear una distancia entre el hombre y ellos.

"Oh, qué pena. Casi la tengo." Dijo el hombre. Una enorme criatura que parecía un escarabajo-cangrejo chilló desde la apertura del suelo y se retiro a la oscuridad de la tierra. "Pero mientras te encuentres en el suelo, te puedo coger."

EL suelo volvió a temblar y Kuroro salto a una rama, todavía con Kurapika en sus brazos, justo cuando el suelo colapso. La criatura de la tierra chillo molesta al haber perdido nuevamente su objetivo. Mientras Kuroro aterrizaba sobre la rama, Kurapika escucho un afilado objeto cortando el aire, dirigiéndose hacia ellos. Ella invoco su cadena dowsing y repelió el proyectil que se dirigía hacia ella. Un par de discos que parecían hachas, manipulados con Nen, flotaron por un momento en el aire antes de volar de vuelta a su dueño. El hombre que parecía vikingo sostuvo las dos hachas y lamió sus labios sangrantes. Antes de que los dos que se encontraban sobre él árbol pudiesen responder, el árbol tembló violentamente. De hecho, el árbol se derrumbaba, ya que el hombre musculoso había golpeado el tronco, rompiéndolo; el definitivamente pertenecía al grupo intensificación.

Kuroro salto desde el árbol que se derrumbaba; llevando a Kurapika en sus brazos, y estaba por aterrizar en el suelo, cuando el suelo se abrió y la mascota del hombre pequeño los estaba esperando, para tragarlos. Kurapika respondió rápidamente, extendiendo su cadena dowsing alrededor de otra rama, jalándolos lejos de la criatura; esta vez Kuroro colgaba de su cintura. Aprovechando el momento, los dos se balancearon y aterrizaron sobre la rama.

"¡Manos afuera!" siseo Kurapika y golpeo con fuerza sus manos, tan pronto como sus pies tocaron la rama. Kuroro sólo se encogió de hombros y obedeció.

"¡No puedes escapar!" rugió el vikingo y lanzó sus hachas contra ellos. Esta vez, Kurapika no tan solo esquivo las hachas sino que las envolvió con sus cadenas y las lanzó hacia la criatura escarabajo-cangrejo, que todavía era visible en el agujero del suelo. Rápidamente el bosque fue invadido por los desgarradores gritos moribundos de la criatura; la que tan solo resistió unos cuantos segundos.

"Tu-¡Como te atreves a asesinar mi amada mascota!" el pequeño hombre chilló indignado y al mismo tiempo el hombre fornido corto el árbol sobre el cual se encontraban.

Esta vez, aterrizaron sobre el suelo, solo para ser bienvenidos por los cortantes movimientos del vikingo. Ambos desviaron los ataques del vikingo a su propio ritmo, danzando alrededor del hombre más pesado. Por el rabillo de sus ojos vio que algo se acercaba a ella y con su cadena dowsing la intercepto. Atrapo unas cuantas agujas que poseían veneno en la puntas. El hombre enano continuo lanzando esas agujas envenenadas y Kurapika tuvo que continuar esquivándolas. Mientras tanto, Kuroro enfrentaba a los dos hombres por su cuenta. Ambos solo podían usar una de sus manos, debido al espacio que los restringía gracias al lazo de Hassamunnin, lo que realmente limitaba su rango de ataque y defensa.

Kuroro lanzo uno de sus alfileres al vikingo, clavándolo profundamente en su frente, matándolo al instante. Al mismo tiempo, el hombre fornido cambio su objetivo y se lanzo hacia la indefensa cabeza de Kurapika, ya que la chica se encontraba esquivando el torrente de agujas que le lanzaba el hombre pequeño. Kurapika noto su ataque y se arriesgo un segundo para patear la cabeza del hombre fornido y esquivar su puño antes de que aplastara su cabeza. En ese segundo, el hombre pequeño aprovecho la oportunidad para lanzarle otro torrente de agujas envenenadas, y Kurapika no tuvo tiempo para esquivarlas. Kuroro vio las agujas.

Desvió la mayoría de las gujas con sus alfileres, pero algunas todavía se dirigían a la desprotegida cabeza de Kurapika. Si perforaban su cabeza, moriría de forma instantánea; lo que significaría su propia muerte. Arriesgando su brazo, lo utilizo como escudo. Las agujas perforaron de forma profunda su piel y su rostro se contorsiono de dolor, pero no pronuncio sonido alguno. Ignorando el dolor, lanzo su propio alfiler y golpeando certeramente su blanco; la cabeza del enano. El hombre cayó muerte al instante.

Un sonido de algo quebrado retumbo y el hombre fornido cayó al suelo, con su mandíbula rota por el golpe Kurapika. Kurapika se giro cuando Kuroro soltó su mano y lo vio quitándose las agujas de su lánguido brazo que colgaba de su hombro. Sabía que debía agradecerle, pero la idea de que Kuroro la hubiese protegido, al punto de sacrificar su brazo era demasiado para ella. Se sintió un poco culpable, pero rápidamente aparto ese sentimiento.

"Tu brazo." Logro decir.

"Acaba con él." Fue lo único que dijo Kuroro. Kurapika levanto una ceja ante su orden. Kuroro la miro y le señalo con su cabeza al hombre inconsciente. "Mátalo."

"No." Respondió rápidamente.

"Acaba con él como lo hiciste con Uvo." Repitió, esta vez su tono era más frío.

"No, no tengo resentimiento alguno contra él." Dijo nuevamente Kurapika, de forma testaruda. Kuroro resoplo con desprecio ante su testarudez; era la primera vez que lo hacía, lo que la sorprendió. Estaba tan acostumbrada a la fácil actitud de Kuroro hacia ella, nunca lo había visto siendo tan duro con ella.

"Así que vas a esperar a que mate a uno de tus amigos, ¿sólo entonces lo asesinaras?" la desafío, con clara molestia.

Kurapika contuvo el aliento, impresionada. Kuroro le lanzo dagas con sus profundos ojos negros, esos fríos ojos que desaprobaban su actitud. Sus palabras tenían sentido. Qué tal si el hombre despertaba furioso por la humillación y decidía tomar venganza. ¿Qué tal si decidía seguir a sus amigos y los mataba para torturarla? No, Gon, Killua y Leorio no eran fáciles de derrotar, ¿pero qué tal si caían en un sucio truco? Sabía que Kuroro solo estaba siendo cuidadoso y precavido. Ella simplemente no quería matar… tenía miedo de matar; ensuciar sus manos con la sangre de sus oponentes. Pero ella ya había matado. Uvogin y Pakunoda, ella los había asesinado.

Kuroro la miró por un tiempo, hasta que finalmente suspiro y mato al hombre por su cuenta; perforando la cabeza con uno de sus alfileres. Kurapika noto que usaba su brazo izquierdo. Frunció el ceño ligeramente.

"Tu brazo." Comenzó de nuevo.

"No te molestes. Las agujas estaban envenenadas con veneno paralizante, deberé estar bien luego de dos o tres horas." Dijo, con un deje de irritación en su profunda voz.

Mudamente, continuaron su viaje. Por medio día caminaron lado a lado, incómodos. De hecho, era Kurapika quien se sentía más incomodo. Se sentía avergonzada de sí misma; de su egoísmo, de su infantilismo. Pensó en aquel tiempo durante el Examen Hunter, cuando estuvieron en la torre del engaño y tuvieron que pasar un torneo contra criminales. Se había rehusado al miembro-del-Ryodan-Wannabe, porque no quería lastimar a una persona indefensa. Recordó las palabras de Leorio; quien amablemente se había encargado de él por ella.

"Me eh hecho cargo de la carga que tu orgullo ah dejado atrás."

Eso era cierto. Aferrándose a su orgullo kuruta, se rehusaba a matarlo sin razón alguna. Killua lo había confrontado.

"Temes asesinar, ¿no?"

Sí, tenía miedo, pero tenía escusas que llamaba 'creencias'. Sin importar cuánto quisiera negarlo, la verdad era la verdad. Sostenía de forma alta el orgullo kuruta, pero al final, ella era simplemente una persona irresponsable. Su orgullo no le permitía matar al hombre, pero debió haber pensado en algo más para terminar el duelo. Al final, Leorio tuvo que hacerlo por ella. Estaba avergonzada de sí misma.

Truenos rugieron a lo lejos y el cielo comenzaba a oscurecerse. Kuroro levanto la vista y olio el aire. Nuevamente el sonido de los truenos invadieron el cielo.

"Va a llov-llover…" le murmuro a Kurapika sin darse vuelta.

Kurapika frunció el ceño al oír su voz. Pareció tartamudear, pero Kuroro Lucifer nunca tartamudeaba. Era tan confiado como un gallo podía ser y nunca demostraba algo que implicara falta de confianza. Miro la espalda de Kuroro por un segundo, pero sacudió ligeramente su cabeza. Quizá se lo había imaginado y Kuroro nunca había tartamudeado. No estaba realmente pendiente en ese instante, así que Kurapika desecho la idea.

La lluvia los mojo de pies a cabezas y ellos continuaron buscando un refugio. Incluso la cubierta del bosque no era suficiente para protegerlos de la fuerte lluvia. Luego de permanecer mojado en la fría lluvia por unos minutos, Kurapika finalmente logro encontrar una caverna. Ellos corrieron hacia la caverna, pero en el camino Kuroro tropezó en unas cuantas ocasiones, lo que no paso por alto Kurapika. Aunque no dijo nada al respecto.

Una vez estuvieron en la caverna, rápidamente se internaron más en ella, lejos de la lluvia que golpeaba la boca de la cueva. Kuroro se sentó con gracia, aunque Kurapika noto el ligero agarrotamiento de sus movimientos que normalmente eran agiles. Antes de que Kurapika pudiese sentarse, Kuroro habló.

"Cámbiate."

Kurapika lo miro con el ceño ligeramente fruncido, mientras el hombre se volteaba, dándole la espalda. Quería que se secara y cambiará sus ropas por unas secas. Ninguno de los dos deseaba coger un resfriado, ya que ninguno de los dos quería cuidar al otro. Mudamente, Kurapika le dio la espalda a él y busco entre su mojado equipaje ropas adecuadas y una toalla. Por suerte la mochila era a prueba de agua, así que su contenido estaba seco. Rápidamente, Kurapika se cambio de ropa. Ya no amenazaba a Kuroro por si se le ocurría mirar, porque de alguna forma, confiaba suficiente en él como para saber que no haría algo tan bajo. Kurapika se percato de lo que pensaba y se reprendió por ello. ¿Por qué pensaba tan bien del enemigo? Peor de nuevo, su enemigo no era uno cualquiera. Era, después de todo, Kuroro Lucifer.

"Termine." Murmuro y mantuvo su espalda hacia Kuroro. Escucho el sonido de la ropa que era sacada y puesta, y el sonido de la toalla contra la piel.

Cuando terminaron de cambiarse la ropa, pusieron su ropa sobre el suelo para secarla. Kurapika se ubica a la distancia más lejana que el lazo le permitía, percatándose finalmente de que el lazo nuevamente se había expandido; se sentó, con sus rodillas cerca de su pecho para retener el calor que la caverna les proveía. Kuroro se sentó con una pierna flectada y otra extendida sobre el suelo. Apretaba y soltaba su puño y se percato de que su puño temblaba. Sus ojos se dilataron en lo que podía ser interpretado como molestia. Kurapika lo miro por unos segundos, discutiendo en su interior si debía o no hablar.

"¿Qué te pasa?" finalmente pregunto, la curiosidad sacando lo peor de él. Kuroro se giro a mirarla y alzo una ceja inquisidora.

"No estoy ciega. Sé que algo pasa en tu cuerpo." Dijo silenciosamente Kurapika. Kuroro la miro intensamente por un momento, como si estuviese juzgando si debía o no decirle lo que le ocurría.

"Tétanos." Dijo finalmente.

"¿Qué?" Kurapika parpadeo.

"Creo que quizá tengo tétanos." Dijo nuevamente Kuroro, con voz monótona, como si no fuera gran cosa.

"¿Tienes tétanos?" Kurapika se removió en su posición para enfrentar a Kuroro. "¿Pero cómo-las agujas?"

"Tal vez." Kuroro se encogió de hombros.

"¿Cómo puedes estar seguro?"

"Todavía no estoy seguro. Pero los músculos de la mandíbula comenzaron a agarrotarse desde hace unas horas. Si es realmente tétanos, la bacteria probablemente a sido modificada para hacerla más poderosa de lo normal… el trismo generalmente se presenta a los 7 días, pero en este caso, solo tomo medio día que se presentara." Explico Kuroro. "Lo que significa… quizá solo tome unos cuantos días para que sea fatal."

"¿Cómo puedes decirlo tan relajadamente cuando eres el enfermo?" le espeto Kurapika. Entonces recordó la descripción del corazón de Kuroro hecha por Senritsu. Vive lado a lado con la muerte, aceptándolo como uno acepta la vida. No le teme a la muerte, e incluso la acepta. Kurapika tembló involuntariamente y dio gracias por que la caverna era oscura, ya que de esta forma Kuroro no noto el pequeño gesto.

"¿Hace alguna diferencia? No moriré por esto." Encogió los hombros, de forma indiferente. "Además, quizás no sea tétanos. Todavía es un supuesto."

"Sí, claro. Por supuesto que no morirás." Dijo Kurapika, con voz llena de sarcasmo. "Si realmente mueres, imagina cómo reaccionará el mundo. Kuroro Lucifer muere de tétanos."

Kuroro levanto una ceja. "Realmente hoy no estás de humor."

"¿Y por qué crees tú?" le espeto. "Dios, de seguro que hablas demasiado para ser alguien con tétanos."

"¿Por qué te llamarón mi novia?"

"Eso y porque TU me llamaste tu novia." Kurapika le lanzo dagas con la mirada; sus ojos escarlatas brillaban misteriosamente en la oscuridad de la caverna. Parecían un par de rubíes flotando en el aire. "Como si eso alguna vez fuese a ocurrir. Ni en un millón de años. Sobre mi cadáver."

"Phinx tiene razón. Realmente no tienes sentido del humor." Suspiro Kuroro.

"¿Disculpa? ¿Por qué debería fraternizar contigo y tener sentido del humor cuando estas cerca? Además, no tengo tiempo para desarrollar un extraño sentido del humor, ¡Cuando debería estar recolectando los ojos de mis camaradas y asesinar a cada uno de ustedes!"

Su voz retumbo en la pequeña caverna. Kuroro la miro directamente a los ojos, pero no dijo nada. Kurapika apretó sus dientes, cerró sus ojos y se dio vuelta. Apretó sus rodillas contra su pecho y las abrazó. Enterró su cabeza en ella, intentando calmar su rabia y enojo. Dios, sentía como si quisiera llorar y gritar de rabia, pero nunca haría eso.

Kuroro miro de cerca a la chica. La kuruta estaba siendo más abierta con sus sentimientos; aunque la mayoría de ellos consistía en el desprecio y odio hacia él y su banda. Aun así, no podía evitar percatarse de lo destruida que estaba. Allí, a menos de un metro de él, la chica se estaba abrazando, intentando contener sus emociones, luchando contra el mundo por su cuenta. Si tuviera que compararla con, digamos que con Machi; no eran del mismo nivel. Machi nació en Ryuusei-gai, expuesta a la violencia desde el día que pudo caminar y hablar. A Kurapika, por otro lado, su pacifico mundo le fue arrebatado de la forma más violenta posible; y el fue la mente maestra tras él. El evento la traumatizo hasta el punto de que ya no le importaba nada, solo seguir el camino de su venganza.

"Kurapika." Se escucho asimismo decir. La chica se congelo cuando lo escucho llamarla. "Te he hecho un gran daño." Dijo con voz pequeña y gentil.

Kurapika levanto la vista y lo miró con ojos incrédulos. Y por un segundo, creyó ver sorpresa en sus ojos; pero estaba enormemente equivocado. Sus ojos se volvieron escarlatas al instante, el odio sobrecogía a ese hermoso par de rubí, los más brillantes que había visto en su vida. En un parpadear de ojos, ella se levanto y lo pateo fuertemente en la cara. Kuroro se tambaleo y cayó sobre su espalda. Su cabeza era un remolino y sus ojos estaban desenfocados, pero Kurapika lo sostuvo por el cuello de su polerón y lo golpeo con su puño. Podía decir que ella había puesto toda su fuerza en ese golpe, y dolía más que la cresta.

"¿Gran daño? ¡NO TE BURLES!" gritó. "¡Lo que has hecho ni se acerca a daño! ¡ARRUINASTE mi mundo! ¡Mataste a toda mi familia y les robaste sus ojos, tan solo para observarlos cuando tuvieras ganas y luego los vendiste, como si no fueran nada más que una cosa inútil!"

Lo sacudió violentamente, pero Kuroro no dijo nada. Él observo esos ojos abrasadores, recibiendo todo el odio y desprecio que sentía ella por él. No negó nada.

"¡Si estas intentando disculparte, no te molestes! ¡Nunca, jamás te perdonare, no mientras viva! ¡Que sea condenado si alguna vez te perdono! ¡Mi alma jamás descansar en paz si no vengo a toda mi tribu!" continuo gritándole.

Con cada palabra que gritaba, el iris de sus ojos se volvía de un tono más profundo de rojo, como si estuvieran desangrándose al mismo tiempo que ardían. Kurapika dejo de grita en algún momento y solo podía escucharse el sonido de su trabajada respiración. Kuroro aún no pronunciaba palabra alguna, a pesar de que sus labios sangraban y su rostro se encontraba morado por el abuso. Kurapika apretó sus dientes, irritada y enojada, al ver a su enemigo de esa forma tan indiferente. Tan enojada y quebrantada estaba, que no pudo seguir conteniendo sus lágrimas.

"Maldito seas, bastardo…" sollozo. "Tus palabras no tienen significado… nunca lo tendrán… los muertos nunca regresaran… Mi familia seguirá muerta… diablos…"

Los puños que sostenían el poleron de Kuroro ahora temblaban. Agacho la cabeza para evitar su mirada, mientras continuaba derramando lagrimas. Kuroro se mantuvo callado y solo la observo de cerca. Sus hombros temblaban visiblemente y su voz se había vuelto muy débil.

"No tienes ni idea de cómo me sentí en ese entonces…" balbuceo entre sollozos, sus puños todavía apretaban el poleron de Kuroro.

La pesada voz de la lluvia inundo la caverna, acallando sus sollozos. Kuroro se imagino en sus zapatos. ¿Qué pasaría si todo Ryuusei-gai fuese exterminado y el fuera el único sobreviviente? ¿Qué pasaría si todo los miembros del Genei Ryodan fueran masacrados y el fuera el único que quedará? ¿Cómo se sentiría? ¿Qué pasaría si supiera quienes eran los asesinos y supiera que estaban en alguna parte, libres y sin ser castigados?

Sí.

Igual como se había sentido con Uvogin en Yorkshin.

Kuroro se enderezo hasta sentarse y quito las manos de Kurapika de su poleron. Sus manos continuaban temblando en su agarre. No tenía idea de que lo había poseído en ese momento, pero empujo a la chica más cerca de él y hundió su rostro en su pecho, dejándola llorar. Kurapika había estado demasiado desorientada y sobrecogida por sus emociones, que ni siquiera se molesto en poner resistencia. Continúo llorando, ignorando el hecho de que era su enemigo quien la sostenía.

"Aniki…" Kuroro la escucho murmurar unas cuantas veces entre sus sollozos. La sintió inclinarse contra él y continúo con sus murmullos. Quizá lo había vuelto a confundir con su hermano, pero estaba bien. Lo toleraría de nuevo.

El hombre mayor miró la oscuridad de la caverna. El mismo no tenía ni la menor idea de por qué estaba haciendo lo que hacía. Pero una cosa sabía; de alguna forma podía entender los sentimientos de perdida que la chica sentía por la masacre de su pueblo. Él había llorado cuando leyó la muerte de Uvogin en la predicción de Neon Nostrad. Él había sostenido especialmente un réquiem por la muerte de Uvogin en una forma que agradaba su paladar. Esa fue su venganza por la muerte de Uvogin. Quizás fuera el frío y calculador Danchou del Genei Ryodan, pero era un ser humano capaz de sentir.

La chica quería tener su venganza por la muerte de su gente. Él sabía mejor que nadie que era su derecho, sin importar cuán egoísta pareciera ser. Él también era egoísta. La diferencia era que el no la odiaba, pero ella lo odiaba con todo su ser. Ese odio era tan grande que no podía ser ahogado; e irónicamente esa fuerte y negativa emoción era la que los unía, no solo los unía físicamente sino que también unía sus vidas.

Permanecieron en aquella posición por un tiempo, hasta que Kurapika finalmente se calmo. Ella se enderezo y evito su mirada. Se aparto de él y regreso a su antiguo lugar, sosteniendo nuevamente sus rodillas cerca de su pecho. Kurapika aparto la vista y no dijo palabra alguna. Kuroro la observo todo el tiempo, pero no hizo ni dijo nada.

Se inclino contra la fría roca de la caverna, sentado con una rodilla hacia arriba, y giro su cabeza para observar la cortina de lluvia que caía fuera de la caverna. Empequeñeció sus ojos y repentinamente un recuerdo regreso a su memoria. Era uno que deseaba haber olvidado hace mucho, pero que simplemente no podía. Siempre resurgía cuando estaba por olvidarlo. La presencia de ese recuerdo se mantuvo rondando su cabeza.

"También había estado lloviendo…" se encontró asimismo murmurando. "…cuando Ishtar me encontró por primera vez." Kurapika se removió, pero continúo sin observarlo.

"Solo tenía tres años… me encontró entre los cuerpo sin vida de mis padres. Se habían matado entre ellos; mi padre intento asesinarme, mi madre intento protegerme." Se detuvo por un tiempo, para volver a hablar con el mismo tomo indiferente. "Basille me encontró primero, fue atraída por el olor de la sangre. Ishtar llego brevemente tras ella y de esa forma fue como ella me adopto."

Kurapika miro la oscuridad, las palabras de Kuroro inundaban su cabeza. "Dijiste que los niños que eran criados por sus padres tenían poca probabilidades de llegar a la adultez."

"Ella también me entreno; en lo físico y con el Nen. Supe que ella no era humana el día que comenzó a entrenarme. Su fuerza y habilidad son sobrehumanas. No lo comprenderás hasta que te enfrentes a ella."

Kurapika lo escucho atentamente. Kuroro no detallo el cómo lo entreno, pero se imaginaba que Ishtar lo había hecho duramente y con gran disciplina, a pesar de su dulce y gentil apariencia. De alguna forma, no era difícil imaginarla como una guerrera.

"¿Por qué la odias?"

Kuroro giro su cabeza y encontró a Kurapika observándolo con sus ojos azules oceánicos. Había curiosidad en ellos y un deje de cólera. No sabía que la había molestado, peo su pregunta era demasiado personal. No iba a responder a su pregunta, no aún. En cambio Kuroro tan solo le dio una misteriosa sonrisa y no dijo nada más. Aparto la vista y cerró sus ojos, terminando su breve relato. Kurapika frunció el ceño ante su actitud, pero no continuo presionándolo. Ella sabía, de alguna forma, que si quería hablar lo haría. Solo debía esperar.

Shalnark miro por la ventana del dirigible. Dejo su mandíbula sobre su palma y suspiro. Su danchou lo había llamado repentinamente hace un día, diciéndole que le consiguiera una determinada medicina y se la llevará rápidamente. Había notado rara y rígida la voz de Kuroro, el había hablado brevemente con él; lo que le había hecho concluir que la enfermedad estaba consumiendo al hombre. Próximamente, Kuroro no podría ser capaz de hablar. Debía llegar lo más rápido posible. Pero había un pequeño problema.

"¡Yo, shal!" ¿Qué miras?" Phinx golpeo fuertemente su hombro.

Shalnark solo se volteo y lo miro dócilmente, o más precisamente le hizo un mohín, mientras sobaba su adolorido hombro donde el hombre lo había golpeado anteriormente. Kuroro le había dicho que fuera solo, ya que no quería llamar la atención. Sin embargo, esos cabezas de cubo habían insistido en acompañarlo, siendo que querían ver a su Danchou.

"Hey, ¿Por qué el mal humor? No es como si Danchou hubiese prohibido que fuéramos. El dijo: 'si es posible', ¿correcto?" dijo Phinx en defensa.

"Y es posible que ustedes no vayan conmigo." Dijo Shalnark, todavía enfadado.

"Hey, vamos. Además, no somos todos los que vamos; sólo yo, tú, Nobunaga, Machi y Feitan."

Sí, todos los problemáticos… Shalnark lucho contra la urgencia de clavar sus uñas en sus mejillas, exasperado.

"Queremos ver como esta Danchou, ¿Qué tiene de malo aquello?" se les unió Nobunaga. De hecho, el había sido quien más insistió en venir. "Nunca sabremos lo que ese tipo de la cadena puede hacer cuando Danchou está enfermo." Arrugo su nariz en disgusto.

Shalknark suspiro y no dijo nada más. Si era algo, podía decir que el bastardo de la cadena no le había hecho nada a Danchou. Sin embargo, si lo confundía el hecho de cómo Kuroro Lucifer había llegado a ese estado por tal enfermedad. La posibilidad de que alguien adquiriera esa enfermedad era realmente pequeña, a menos que la bacteria hubiese sido modificada. Incluso si fuera ese el caso, era una minúscula posibilidad el que él hubiese sido lastimado por un arma envenenada. Su Danchou era una persona muy cuidadosa, y no se arriesgaría a ser cortado tan solo para demostrar su fuerza y resistencia. Shalnark había sospechado que quizá Kuroro había sido herido intentando proteger al bastardo de la cadena, pero rápidamente aparto esa idea. Su Danchou no era del tipo que protegía a otro, mucho menos a su enemigo. Además, el tipo de la cadena no era alguien que necesitara protección.

Unas cuantas horas más tarde, finalmente llegaron al aeropuerto. Una vez que estuvieron fuera del dirigible, Shalnark abrió su celular y digito el número de Kuroro. Paso un tiempo antes de que el celular fuera respondido, lo que era inusual. Kuroro normalmente respondía rápidamente las llamadas. Lo que era más, cuando la llamada fue respondida, no hubo ningún tipo de saludo. Comúnmente Kuroro se dirigiría a ellos por sus nombres, pero esta vez no dijo nada.

"¿Danchou?" pregunto de forma insegura, Shalnark.

[…No puede hablar en estos momentos.] Respondió una voz femenina en vez de la voz baja de Kuroro. Shalnark se congelo por un segundo, pero antes de que pudiese decir nada, la voz continuó. [Estamos en una caverna, en alguna parte del bosque, al este del aeropuerto. ¿Creo que estas en Lucca Port?]

"Sí. Iré enseguida." Dijo, intentando sonar lo más normal posible.

[Espera.] Lo llamo la voz antes de que Shalnark pudiese colgar. La voz dudo por un segundo. [Antes de que te vayas, trae agua y comida. Si es posible, aquella que sean fáciles de digerir.]

Shalnark se sorprendió bastante por su petición, pero sin embargo asintió. "Está bien, tendré eso en mente."

[Bien.]

"¡Espera!" pero era demasiado tarde, la línea ya había sido cortada. Suspiró y guardo su celular.

"¿Qué dijo el Danchou?" preguntó Machi cuando se acerco a él. Los hombres, notablemente Nobunaga, Phinx y Feitan, debatían y apostaban sobre qué dirección tomarían.

"…Machi, ¿Tienes alguna intención?" preguntó inocentemente Shalnark. Machi empequeñeció sus ojos.

"Dime que ocurre primero."

"Bueno… alguien respondió la llamada, pero no era Danchou."

"¿El bastardo de la cadena?"

Shalnark le dio una pequeña sonrisa y Machi alzo una ceja. "¿El bastardo de la cadena es una chica?"

"No lo sé aún, pero quien respondió era definitivamente una mujer. Y ya que Danchou no es del tipo que viaja con una chica, podemos asumir que el bastardo de la cadena es mujer. Ya que están unidos de todas formas…"

"¿Y ahora qué?"

"Supongo que primero debemos comprar agua y comida para Danchou." Shalnark se encogió de hombros. "Oh ella me matará…" murmuro para sí y tembló ante la idea de Kurapika torturándolo con su cadena del juicio.

Machi levanto una perfecta ceja, pero antes de que pudiese preguntar, Shalnark fue atacado por Phinx y Nobunaga. Preguntándole que dirección debían tomar y comenzaron a molestar como niños pequeños. Machi suspiro, y se adelanto, ignorando a los chicos. Si Shalnark en estos momentos le preguntaba por su intuición, ella tenía una.

Y no era uno malo. En lo más mínimo.

Kurapika dejo el celular sobre el frío suelo y suspiro. Le tomo un gran esfuerzo hablar con un miembro del Genei Ryodan de forma civilizada. Por suerte con el que habló era el que parecía más normal. Se inclino contra la dura pared de la caverna y miró al hombre que dormía sobre su regazo. Recordó el evento de ayer, cuando Kuroro repentinamente comenzó a convulsionar.

Cuando Kurapika despertó el otro día, la lluvia finalmente había terminado. Miro a su compañero, quien seguía durmiendo con su cabeza gacha, sentado con las piernas cruzadas y con sus brazos cruzados frente a su pecho. Miro su rostro y noto que se encontraba más pálido de lo normal. Sin molestarse en despertarlo, Kurapika nuevamente había sido envuelto en un ligero sueño, pero fue despertado al poco tiempo por movimientos cerca de ella. Cuando abrió sus ojos, vio a Kuroro sobre el suelo, su espalda curvada hacia tras, con todo su cuerpo formando un arco agarrotado. La caverna era oscura y Kurapika no podía ver su rostro desde el lugar en el que se encontraba. Noto que su brazo se movía de forma involuntaria. Kurapika sabía que la enfermedad casi alcanzaba su cúspide. En poco tiempo colapso en el suelo y permaneció inmóvil.

Demasiado sorprendido para recordar que Kuroro Lucifer era su enemigo jurado, su instinto entró en escena y se apresuro hacia su lado. Reviso su pulso por hábito, lo que era innecesario. Ella seguía viva, lo que significaba que él seguía vivo. Sin embargo, cuando toco su piel, noto que estaba ligeramente cálida. Estaba teniendo fiebre. Sus cejas estaban arrugadas en lo que uno deduciría como dolor.

"Kuroro." Lo llamó, intentando despertarlo. El nombre le sabia raro en sus labios, pero ignoro aquello. El hombre se movió ligeramente y abrió sus ojos con esfuerzos. Gruño suavemente y rodo hacia un lado. Uso su codo para apoyar su cuerpo y utilizo su otra mano para sobar su adolorida sien. Kurapika lo observo de cerca, buscando algún daño o algún síntoma nuevo.

"Tuviste convulsiones." Le informo de forma deliberada.

"Lo sé." Levanto la vista y su vita se encontró con la de Kurapika. Entonces balbuceo algo que podrían haber sido maldiciones e intento sentarse. Kurapika no hizo nada para ayudarlo, pero en cambio clavo sus manos en su regazo. Observo todos los movimientos de Kuroro. Kuroro saco su bolsillo y digito un número. Cuando Shalnark finalmente contesto, brevemente le dijo que le consiguiera medicinas para el tétanos y se las trajera.

Sin decirle a Shalnark donde se encontraba, Kuroro cortó la llamada y dejo que su brazo cayera a uno de los lados. Suspiro suavemente y se inclino contra la fría piedra de la caverna. Kurapika seguía mirándolo, como si anticipara sus movimientos.

"También tienes fiebre." Finalmente habló de nuevo, su voz era pequeña. Kuroro la miro pero no dijo nada.

Kurapika sabía lo que pensaba. No había nada que pudiesen hacer para bajar la fiebre. No tenían agua limpia y fría para darle compresas de agua fría. No tenían medicinas para la fiebre. Todo lo que podían hacer era esperar que Shalnark trajera la medicina. Aun así, la hacía sentir incomoda. Había una persona enferma y el sentarse y no hacer nada era casi insoportable para ella. ¡Pero era Kuroro Lucifer!

Repentinamente, lo sintió moverse junto a ella. Antes de que pudiese hacer algo, se había desmoronado y su cabeza, de entre todos los lugares, cayó sobre su regazo. Se puso rígida, por un momento y casi lo golpea hasta la inconsciencia, cuando se percato que ya se encontraba en ese estado. Parecía que su cuerpo comenzaba a ceder ante la enfermedad. Viendo que no había nada más que pudiese hacer, dejo que estuviera cómodo por esta vez.

De esa forma fue que terminaron en esa posición. Kurapika podía sentir el calor que emitía el cuerpo febril, incluso cuando ya habían transcurrido varias horas. Ella sentía que su fiebre se había ido incrementando. De forma inconsciente reviso su temperatura con su mano y sintió que su cabeza ardía. Kurapika frunció el ceño, inquieta. Si el hombre estaba durmiendo y no se veía perturbado por su fiebre, pero su rostro se veía pálido y sin vida, como si ya estuviera muerto, aunque ella sabía mejor que nadie que estaba vivo. Kurapika aparto unas cuantas hebras de pelo negro de su pálido rostro y su mirada cayó sobre la marca de su frente. Sus pensamientos vagaron hacia la conversación que habían tenido hace unas horas atrás.

Kurapika miro su vendaje y se sintió obligado a quitárselo. Empeoraría la fiebre. Intento hacerlo lo más suavemente posible, pero su toque lo despertó. La miro cuidadosamente, pero sin sospechas. Sin explicar nada, quito el vendaje de su cabeza y limpio el sudor de su frente. El se agarroto por un momento, lo que solo provoco que sonriera entretenida. No tenía idea del porque sonreía, pero suponía a que simplemente era divertido verlo a él estremecerse por su toque, generalmente era ella quien se estremecía.

Ahora que veía su rostro más de cerca, se percataba de que se veía más joven de lo que realmente era, especialmente con su pelo hacia abajo. Recordaba la charla de Neon sobre un particular caballero de 26 años, quien la había ayudado a entrar al edificio del cementerio para asistir a la subasta, y Kurapika sabía que hablaba de Kuroro. Noto que el pelo de Kuroro se humedecía por el sudor y su mano actuó por sí sola. Peino el cabello oscuro, arreglándolo; solo segundos más tarde se percato de la estúpida acción que estaba haciendo. Sus ojos se ensancharon de incredulidad por su parte, y se reto internamente por hacer tal cosa. ¿Por qué lo hacía en primer lugar?

Una fría mano sostuvo su muñeca. Kurapika noto la mirada de Kuroro sobre la suya, había algo en su mirada, pero no podía leer lo que era. Abrió su palma y le escribió algo con sus dedos. Ya no podía hablar, no con el trismo. Kurapika frunció el ceño e intento comprender lo que escribía.

"¿Qué… estas… haciendo? ¿Qué estoy haciendo? ¿Me estas preguntando eso?" le pregunto, y el soltó su mano. Las cejas de Kurapika se arrugaron ligeramente y miro la oscuridad de la caverna. ¿Por qué? Su cuerpo recordaba, pero su mente no recordaba. ¿Por qué lo había hecho?

"Aniki…" finalmente balbuceo, de detuvo y trago. Kuroro continuaba con la mirada fija en Kurapika. "…solía hacer eso cada vez que tenía fiebre."

Kuroro sostuvo su mirada firme en su rostro, leyendo sus pensamientos por medio de sus expresiones faciales. Sus ojos azules brillaban con amarga nostalgia. Kurapika movió ligeramente hacia su lado, como si intentara recordar algo. "…decía que me hacía sentir."

Y su conversación termino de aquella forma. A decir verdad, Kuroro si se sintió mejor cuando su mano refregaba su caliente frente. Más aun, era algo… ¿reasegurador? En su estado semi inconsciente y febril, Kuroro recordó-su cuerpo recordó-el suave toque de alguien más; otra mujer, sus manos eran más grandes que la de ella, más maduras. Su cuerpo recordaba dormir sobre el regazo de otra persona, su cuerpo recordaba que su pelo era dulcemente peinado, su cuerpo recordaba la voz de otra persona, reasegurándolo, diciéndole que estaría mejor al día siguiente. Ahora, Kuroro no podía diferenciar entre memorias y realidad. La chica realmente le estaba hablando o ¿simplemente escuchaba la voz de alguien de su niñez? De cualquier forma, realmente no le importaba. Se sentía lo suficiente feliz en esta posición y a pesar de su enfermedad, se sentía cómodo en sus sueños.


La tipeja que traduce… ahora si… nuevo capítulo traducido… aprobecho para decir… feliz 18 de septiempre a todos mis compatriotas! Que son doscientos años! A celebrar … tiqui tiqui ti!