TRADUCCION: Esta historia no me pertenece, yo nunca la eh escrito ni mucho menos eh aportado con alguna idea o sugerencia, todo este trabajo pertenece a la autora Runandra, quien es la mente maestra tras esta idea, la historia original pueden encontrarla en el siguiente link:
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Aclaración: Hunter x Hunter no me pertenece.
Esto dice Runandra (la autora), puede contener spoiler… por no decir que tiene spoiler del fic XD: Sí, Sí, sé que el pasado de Kurapika es más o menos típico aquí. Y para aquellas personas que no les guste la idea de que Kairi sea el nombre real de Kurapika, no me maten. Cuando retorcía mi cerebro buscando un nombre, Kairi fue el único nombre que era válido en mi cabeza. Y pro el fénix, no sé porque, pero su imagen es como el tipo de mujer que abiertamente puede decir: "Me importa una mierda, así que púdrete."
Próximo capítulo:El doloroso pasado de Kurapika ha sido revelado y ahora es el turno de que Kuroro revele su pasado. Entonces Kurapika es forzada a ver con sus propios ojos como Kuroro se transformo en el hombre que era, mientras que Kuroro se percata de una información de la cual no sabía.
La historia hasta ahora: Luego de su pequeña 'interrupción y dilatación', prosiguieron su camino original hacia la Dama in Red. Con suerte lograron llegar al lugar. Sin embargo, nuevamente se encontraron con otra criatura mítica, que quería indagar sobre su lado más desagradable: su pasado.
CAPITULO 13: Mirando Hacia Atrás parte 1 — Cielo Carmesí
"Hoy es el primer día de la cuarta semana desde que salimos del bosque de Chiron, hemos estado caminando sin descansar, y ¿Todavía no llegamos?" murmuro Kurapika mientras ponía su frazada dentro de su mochila.
"No me preguntes. El único guía que tenemos es ese potrillo de unicornio, y por el momento, todo lo que podemos hacer es seguirlo." Kuroro se encogió de hombros mientras hacía lo mismo.
Cuando lograron salir del bosque encantado, se percataron de que habían llegado a un bosque completamente desconocido. Era muy probable que hubieran terminado al otro lado del mundo, considerando todas las cosas sobre las criaturas mágicas. Después de todo, la Arpía no les había dado tiempo de observar donde estaban, cuando fueron transportado rápidamente al bosque de Chiron. Caminaron por una semana antes de que Kurapika fuera asaltado por su menstruación, por lo que debieron detenerse por una semana en alguna ciudad cercana, y desde entonces habían estado andando sin parar por otra semana.
"Deberíamos darle un nombre. Es demasiado inconveniente seguir llamándola como 'potro de unicornio'." Dijo Kurapika a la vez que peinaba su pelo plateado. El potrillo acaricio suavemente su mano.
"Ese será tu trabajo." Dijo despreocupadamente, Kuroro. Y puso su mochila sobre sus hombros.
Kurapika le lanzo una peligrosa mirada, pero no dijo nada como respuesta. Mientras viajaban por el bosque, con el unicornio ligeramente al frente haciendo de guía, Kurapika reflexiono aquello. De alguna forma, no podía pensar en un nombre para el potrillo. Era como si su mente estuviera bloqueada. Luego de un tiempo, cuando estaba a punto de rendirse escucho una voz.
Una…
"¿Huh? ¿Dijiste algo?" la cabeza de Kurapika se levanto y miro a Kuroro.
Kuroro la recompenso con una mirada ligeramente sorprendida. Levanto una ceja y continúo caminando tranquilamente.
"Creí que eras tú." Respondió.
Una… yo…
Al unisonó, los dos dirigieron su vista hacia el potro de unicornio, quien se había detenido y girado su cuello para observarlos con sus pequeños y redondos ojos. Entonces refregó ligeramente la mejilla de Kurapika con su nariz.
"Eras tú." Exclamo mientras daba unos toquecitos en la cabeza del unicornio. "¿Así que Una es tu nombre?"
Nuevamente, el unicornio acaricio con su nariz contra la palma de Kurapika, respirando suavemente, como aprobando lo que había dicho. Kuroro miro al unicornio con un renovado interés.
"Entonces, ¿Por qué no nos habías dicho?" pregunto Kurapika con un leve ronroneo en su voz, mientras acariciaba dulcemente al potrillo.
"Supongo que eso se debe a que todavía es un potrillo. En nuestros términos, apenas y es un niño." Sugirió Kuroro. "Apenas puede formar oraciones."
Kurapika no dijo nada con respecto a la hipótesis de Kuroro y solo se dedico a ver el corcel blanco con admiración. Era tan joven, y aun así se atrevía a aventurarse al mundo para acompañarlos. Eso era muy valiente de su parte. Eso hizo reflexionar a Kurapika sobre su familia. ¿Por qué no habían visto a sus compañeros en el bosque de Chiron?
"Y hablando de eso, deberíamos ver nuestra suerte."
Kurapika lo observo, dándole una confundida mirada.
"Una, ¿Puedes decirnos cuanto más nos falta para llegar al lugar de la Dama in Red?" Kuroro dio un paso y miró directamente los ojos del potrillo. Solo podía desear que el potrillo lograra hacer una oración coherente, ya que parecía que podía comprender el lenguaje de los humanos.
No muy lejos… dijo telepáticamente.
"¿Así que ya estamos cerca?" pregunto Kurapika con altas esperanzas.
No muy cerca… volvió a decir Una, respondió de forma contradictoria.
"¿Qué?" los hombros de Kurapika visiblemente se encogieron. "¿Y entonces cual es?"
"Ambos. No muy lejos, pero tampoco muy cerca. Lo que significa que deberíamos seguir caminando y de esa forma, probablemente, hoy llegaremos a nuestro destino." El hombre se encogió de hombros, como si no existiera un mañana.
"De mucha ayuda." Dijo sarcásticamente; lo que Kuroro ignoro. Ya estaba acostumbrado a sus comentarios constantes.
"Y muy seguro de tu parte." Kurapika contrajo sus ojos con una ligera mueca; a lo que Kuroro respondió con sonrisa socarrona.
Eso la sorprendió ligeramente, ya que raramente lo veía sonreír de una forma tan juguetona.
Normalmente actuaba de forma fría o maliciosa, engreída, pero no juguetona. Por una decima de segundo estuvo tan impactada que quedo congelada en aquel lugar. Kuroro se giró y retomo su marcha, arrastrándola en el proceso por medio del lazo siempre presente. Cierto era que el lazo se había extendido de forma significativa, y Kurapika no podía cerrar los ojos frente a ello. Y aún así, prefería no sacar aquel tema si era posible. Sólo haría que la situación se volviera más incomoda; y ya estaba harta de verse envuelta en tantas situaciones embarazosas e incomodas con la cabeza de la araña.
"¿Es ese el lugar, Una?" Kurapika acaricio el crin del potro mientras observaba la solitaria isla que flotaba en el océano, no muy lejos de la costa.
"Encontramos el lugar, pero el problema de ahora es ¿Cómo llegamos allí? Esta fuera de la costa y no hay forma de llegar allí." Kuroro camino hacia delante, llegando al borde del precipicio, donde se detuvieron y examinaron el entorno.
No había ni ciudades o rastros de civilización en las cercanías, y era muy improbable que hubiese pescadores en aquella zona, ya que la costa en su mayoría era de roca. Nadar hacia la isla era algo imposible, si no suicida. Kuroro no podía usar su habilidad para teleportarse, porque la habilidad requería que hubiese estado en el lugar de destino, al menos una vez. No podía teletransportarse a un lugar desconocido. Una de las formas para cruzar el océano y lograr llegar allí, era volando, pero ninguno de ellos tenía tal habilidad. Si la arpía de antes hubiese estado allí para transportarlo, no hubiera sido problema. Era desafortunado que un unicornio fuera con ellos y no un pegasus.
Monta a Una… le dijo de forma repentina el unicornio a Kurapika, mientras la olfateaba con su nariz. Una camina sobre el agua…
"¿Montarte? ¿Puedes hacerlo? Todavía eres un potrillo."
"No debería haber problema, considerando que eres pequeña. Después de todo, no es un potro común." Kuroro se encogió de hombro. "Sin embargo, el problema es que solo tú puedes montarla."
"¿Por qué?" parpadeo Kurapika.
"Se considera un sacrilegio que un hombre monte a un unicornio." Dijo Kuroro de forma plana, como si no le interesa.
Una se acerco a Kuroro y entonces, golpeo suavemente su hombro. Móntame… dijo de nuevo, pero esta vez a Kuroro. Kuroro se volteo hacia ella y acaricio su pelaje, pero en su rostro había una dura expresión.
"Serás desterrado por tu gente." Declaro, como si se lo estuviera recordando. Mientras Kurapika los observaba.
Compañeros abandonan Una… Una sola… dijo tristemente a la vez que inclinaba su cabeza contra Kuroro, disfrutando de su atención.
Kurapika se estremeció cuando oyó aquello. De alguna forma se sentía mal por el potro y enojada con su gente. ¿Por qué la abandonaron? A una cosita tan inocente y linda. Pero cuando el potro dijo que estaba sola, el corazón de Kurapika dolió. Sintió como si su corazón se apretara; aquello le recordaba el tiempo cuando había viajado desde la montaña de Rukuso, sola. Esa vez, se había sentido completamente sola en este mundo.
"¿Es por eso que vienes con nosotros?" pregunto, una vez más, Kuroro.
Una ir con ustedes… Una ayudarlos… ella cambio de posición de forma que Kuroro enfrentara su costado; señalándole que estaba lista para que el la montara. No le preocupaba que su pueblo la desterrara; porque ellos ya la habían abandonado. Kuroro la miro por un momento, antes de darle unas palmaditas en su espalda y con un salto, sentarse sobre su espalda. Cuando Kuroro la monto, ella no salto o flaqueo; como si Kuroro no estuviera en su espalda, como si no pesara nada.
"Vamos." Kuroro le señalo a Kurapika que se sentara detrás de él.
"¿Ella va a estar bien? Digo, si dos personas la montan…" Kurapika miro con duda al potro. Kuroro hizo rodar sus ojos con exasperación.
Una fuerte… Una puede llevar a Kuroro y Kurapika…
"Hey, recuerda nuestros nombres." Dijo Kurapika con ojos enormes.
"Apúrate, niña." dijo Kurapika con tono de burla.
"¡No soy una niña!" Con el entrecejo fruncido, Kurapika monto a Una y se sentó tras Kurapika.
"Entonces actúa como se debe," dijo Kuroro con un suave resoplido, todavía burlándose de ella.
De pronto, sin ningún tipo de advertencia, Una comenzó a galopar hacia el mar rocoso. Asustada, Kurapika dio un grito y se aferro fuertemente contra lo primero que estuviera al alcance de sus brazos; la cintura de Kuroro. Cuando ella repentinamente se aferro a él como si no hubiera un mañana, Kuroro se agarroto pero no dijo nada. Sostuvo el crin de Una, con cuidado de no agarrar con demasiada fuerza los cabellos plateados para no provocarle dolor. Y de esa forma comenzaron a galopar hacia la isla, sobre el unicornio.
Kurapika lanzo una rápida mirada sobre su hombro. Podía ver la costa no muy lejos de allí; y ahora se encontraban cabalgando un unicornio a través de un pequeño golfo entre la isla y la costa. Noto que se formaban ondas sobre la superficie del agua en la que Una pisaba, pero sabía que el unicornio no tocaba la superficie del agua; ella flotaba sobre ella. Sin mayores dificultades ni problemas, llegaron sanos y salvos a la isla. Ambos se bajaron rápidamente del unicornio tan pronto como tocaron suelo seco.
Justo frente a ellos había una caverna; y por su apariencia, una cueva submarina. El camino de la caverna descendía y estaba tan oscura como una boca de lobo. El viento no soplaba desde la caverna y por lo mismo, la caverna en si era un punto muerto.
"Así que abajo vamos, ¿Eh?" murmuro con voz baja Kurapika.
"¿Qué más?" el hombre se encogió de hombros.
Una los guiara… el unicornio camino adelante y entro a la caverna. Tan pronto como fue tragada por la oscuridad, su cuerno comenzó a brillar como si fuera una antorcha de ámbar. Previéndoles una iluminación adecuada para caminar sin tropezar. Y de esa forma, el trió avanzo por el terreno rocoso, descendiendo hacia el estomago de la caverna.
Por varios minutos continuaron caminando por el recto y rocoso camino. Una parecía no tener problemas descendiendo por aquella cuesta. Luego de unos minutos, vieron una luz al final del frío y oscuro túnel.
"Los eh estado esperando." Una aterciopelada y tersa voz femenina los saludo. Kuroro se estremeció levemente. La voz le recordaba a la misma Ishtar.
Cuando finalmente emergieron en un espacioso cuarto al final del túnel, se vieron frente a una mujer con una extraordinaria apariencia. Tenía unos penetrantes ojos dorados y su cabellos eran dorados y del color del fuego. Su atuendo era de seda y satín, con tonos rojizos y brillos dorados. Sobre su cabeza había un anillo de oro con una solitaria piedra de rubí que se ubicaba sobre una enormes y escandalosa pluma. La pluma parecía brillar como polvo de hadas; su rojo era sutil como un tierno fuego. Ella se encontraba sobre un sillón cubierto con seda roja.
"Un fénix." Murmuro Kuroro tan pronto como sus ojos cayeron sobre ella. No podía equivocarse. La Dama in Red, sí, debía haberlo sospechado.
"Eso es lo que soy. Ahora niños, vengan a aquí. Eh oído por Chiron e Ishtar de sus circunstancias." Les señalo que se acercaran.
Sólo Una se acerco a ella. El fénix, entonces, la arrullo y acaricio su plateado crin.
"Ooh, que cosita más linda eres. Y posees un nombre igualmente lindo. No es así, ¿Una?" miro al unicornio con cariñosos ojos. El unicornio lamio su mano, apreciando la atención que le daba.
"¿Vas ayudarnos con eso?" Pregunto Kurapika con ligera sospecha.
"¿Qué más voy a hacer? Mis buenos y viejos amigos los han enviado a mí, contándome todo esto. Por supuesto que no puedo rechazarlos. Además, hicieron el medio viaje desde el bosque del viejo."
Kurapika miro a Kuroro, y el también hizo lo mismo. Pensaban lo mismo: considerando que eran viejos amigos, de seguro que hablaban de forma muy diferente. Mientras Ishtar era educada y formal, Chiron era arcaico y este fénix, era bastante moderno y entretenido.
"A pesar de todo eso…" los miro con ojos interesados. "Yo misma estoy bastante curiosa."
Dejando de lado su orgullo, Kurapika hubiera retrocedido cuando el fénix la miro de esa forma. Le daba escalofríos. Se veía como si fuera a divertirse a sus expensas.
"Bueno, ¿Qué esperan? Acérquense, que no muerdo."
Ninguno de ellos se movió, por lo que el fénix suspiro.
"Está bien, si no quieren acercarse. No importa." Hizo rodar sus ojos. "Igual puedo hacerlo de aquí." Se encogió de hombros de forma indiferente.
De pronto, fuego comenzó a esparcirse desde donde estaba sentada la Dama in Red. Por instinto y reflejo, los dos intentaron evitar el fuego, sin embargo fueron demasiado lentos. O mas bien, el fuego se movía demasiado rápido. En poco tiempo el fuego los rodeo completamente, lamiendo sus ropas y piel. Asustada, Kurapika intento apartar las llamas, pero Kuroro la detuvo.
"No te preocupes, las llamas de un fénix no queman." Le dijo con su agarre firme sobre su brazo. "…a menos que no seas una virgen, claro está." Dijo mientras apartaba la vista.
Kurapika podía sentir que su cara ardía de vergüenza. ¿Por qué ese hombre debía decir tales cosas en momentos tan críticos?
"Como se esperaba del querido 'hijo' de Ishtar." Sonrió, ignorando la sutil mirada asesina de Kuroro. "entonces, ¿Vamos?"
"¿Dónde?" pregunto Kuroro entre el ardiente fuego.
"Al espacio virtual que es mi mundo." Les sonrió con su característica sonrisa. "Al cinematográfico video de su pasado."
Antes de que pudiesen murmurar una sola silaba de sorpresa y protesta, las llamas los devoraron por completo, enviándolos a las oscuras profundidades del abismo. Kuroro continuó sosteniendo el brazo de Kurapika mientras caían.
"El pasado… es necesario aprender de él."
Y los dos cayeron en los brazos del olvido.
Cuando recupero sus sentidos se encontraba solo en la oscuridad. Ya no sostenía el brazo de Kurapika y ella no era visible en ninguna parte. No sabía donde era arriba y abajo, derecha o izquierda. Simplemente… flotaba en la oscuridad. Sin saber qué hacer, Kuroro espero. Era un hombre cuidadoso, es por eso que esperaría a ver lo que ocurriría. Por sus palabras, el fénix no parecía querer dañarlos. De pronto, por la esquina de sus ojos pudo ver una pequeña luz. Se volteo y vio una luz en la lejanía. Bueno, en realidad no sabía si estaba lejos o cerca debido al tamaño que tenía la luz. De cualquier forma esa luz resplandeció con más fuerza y aumento su tamaño, y rápidamente se vio abrumado por ello. Y actuando por reflejo, Kuroro cubrió sus ojos con sus manos. Cuando sintió que la luz había disminuido su brillo, abrió cuidadosamente sus ojos, descubriendo que había aterrizado sobre un lugar completamente desconocido. Un bosque.
"¡Aniki! Aniki, ¿Dónde estás?"
Kuroro oyó la voz de una niña pequeña. Se volteo en alerta, sin embargo había casi anticipado lo que se encontraría. Claramente vio a una pequeña niña; rubia, de ojos azul marinos y de apenas 13 años, tropezándose con unos arbustos cercanos a él. Había esperado ver una versión más joven de Kurapika, pero no se había esperado ver a una niña tan pequeña, tierna y linda. Se veía igual que una muñeca; e incluso Kuroro Lucifer no podía negarlo.
"¡Aniki!" la chica continuó gritando mientras buscaba entre los arbustos a su hermano mayor.
"Por aquí, Kairi." Otra voz se escucho de uno de los arbustos; obviamente pertenecía a la de un hombre, sin embargo en ella se notaba un tono infantil.
Kuroro pensó haber oído mal, pero sabía que sus oídos estaban perfectos. Justo cuando creía ver a Kurapika en su infancia, la chica poseía un nombre diferente. Kairi. Era un niño diferente o… ¿Era lo que sospechaba?
Un cuerpo apareció detrás de los arbustos. Kuroro se volteo y miro aquella particular figura. Raramente demostraba cuando estaba sorprendido o desconcertado; levantar una ceja era lo más que podía hacer. Sin embargo, no sabía si se debía a que se encontraba solo en ese lugar, pero mostro una clara expresión de sorpresa cuando vio una copia exacta de Kurapika; el actual Kurapika; su Kurapika.
Como pensaba… pensó en silencio. Un hermano idéntico de unos cinco años mayor que ella… y su nombre real es Kairi, no Kurapika.
"Kairi, de nuevo estas saltándote las clases, ¿no es así? ¡Se supone que deberías estar en clases!" la versión varonil de Kurapika; aquel al cual Kuroro estaba acostumbrado cuando Kurapika se disfrazaba de hombre, sus manos estaban en su cadera y sobrepasaba en altura a Kurapika, intentando verse tan intimidante como pudiese.
"Pero las clases son aburrriiiiiiiiidas, puedo morir de aburrimiento." La niña hizo un puchero y puso una mano detrás de su cabeza, claramente no intimidada. Conocía demasiado bien a su hermano como para sentirse asustada por él.
"Crees que eres demasiado lista, ¿no? Pensando que ya sabes todo lo que enseñan en clases." El niño mayor achico sus ojos.
"Pero tú me enseñas más de lo que ellos enseñan en clases. ¡Y sé que tú también te saltabas las clases cuando tenías mi edad! ¡Eso dijeron papá y mamá! Ellos me dijeron 'no seas como tu hermano, siempre se saltaba las clases y vagaba por el bosque, haciendo anda-a-saber-que-cosas.' Vez. Aprendiste más fuera que dentro de clases, ¿no? Y yo también lo haré."
Kuroro resoplo divertido. Había dicho todo eso con sus brazos cruzados sobre su pecho y su cabeza en alta, desafiando a su hermano. Era tan propio de ella. Sin embargo, el hermano mayor masajeo el puente de su nariz y suspiro pesadamente. Miro a su pequeña hermanita y eventualmente, sacudió su cabeza con otro pesado suspiro.
"¿Por qué estas suspirando? Eres igual que in viejo amargado, abuelito Kurapika." La pequeña niña le sonrió de oreja a oreja a su hermano; el verdadero Kurapika.
"Oh, cállate, Kairi. O no te enseñaré nada hoy." La amenazo, y esta vez funciono.
"No te molestes, Aniki. ¡Eres el mejor!" rápidamente se colgó a su cuello y lo beso en la mejilla. Kuroro se congelo por un segundo; eso era exactamente lo que le había hecho la vez que se embriago. "Vamos, Vamos, sigamos."
"Antes de que te pillen, ¿no?" el hombre mayor le sonrió con burla, sin embargo sostuvo sus brazos y se interno en el bosque, arrastrando a la niña con él.
De pronto, todo entro en estática y el aire comenzó a silbar suavemente. Era como si las moléculas del aire vibraran. Kuroro podía sentir como el tiempo y espacio se distorsionaban, y cuando todo se calmo, y el silbido y las vibraciones se detuvieron, el se encontraba en otra parte del bosque.
"Kairi, te tengo un regalo."
Kuroro se volteo y pudo ver a los dos de nuevo. Estaban tumbados sobre la hierba en una ladera frente al mar. El clima era cálido y el sol no calcinaba. Era un día perfecto para no hacer nada.
"¿En serio? ¿Qué regalo?" se sentó de golpe y miro a su hermano con sus enormes ojos azules. Era una expresión que Kuroro jamás vería en su vida.
"esto." El chico saco algo de su pillo; algo pequeño y brillante. Lo puso en la mano de su hermana, apretándola, y le dio una tonta sonrisa. Ella abrió su mano y miro el objeto sobre su palma. Era un aro; no, era EL aro. Los ojos de Kuroro se dilataron ligeramente. Era el aro que su Kurapika atesoraba, y al mismo tiempo era él la había disfrazado de forma mágica por un largo tiempo.
Así que era de su hermano. El ultimo recuerdo…
"Sé que no te gustan las cosas de niña y todo eso, pero creo que necesitas, al menos, un aro. Así que te conseguí el más simple y plano de todos." El chico se rasco la nuca, avergonzado.
"¿Por qué solo uno? ¿Creía que los aros iban de dos?" la chica levanto el aro y lo sostuvo contra la luz. Brillo débilmente, mientras la luz jugaba contra la superficie cristalina.
"Porque ese es mágico; el único de su clase. Así que no lo pierdas, ¿sí?"
Ella no dijo nada, pero en cambio ella se lanzo hacia él, tacleándolo y haciéndolo caer. Lo abrazo hasta casi sofocarlo.
"—no puedo—respirar—" le dio unos golpecitos sobre su hombro, indicándole que mejor dejara de asfixiarlo hasta matarlo.
"Gracias, Aniki." Le susurró mientras aflojaba su abrazo alrededor de su cuello. "Te amo."
El chico le dio unas palmaditas en su cabecita rubia; una idéntica a la suya. En su rostro había una tierna sonrisa, una reservada solo a sus amados. "Lo mismo digo yo."
La cara de Kuroro se oscureció cuando vio la encantadora escena frente a él; aunque no noto el cambio. Era algo completamente alienígena para él, y se sentía incomodo con aquello. De alguna forma, tenía un mal presentimiento sobre todo este asunto; ver el pasado de su Kurapika. Lo que fuera que estuviera planeando el fénix, no podía ser beneficioso para él.
Repentinamente, la perturbación del aire regreso, y nuevamente, termino en otra parte del mismo bosque. Miro su alrededor y en poco tiempo los vio acurrucados tras un arbusto; el hermano le estaba enseñando sobre plantas, arboles y algunos insectos. Kuroro miro su contorno. Incluso cuando el no pertenecía a ese lugar y ni siquiera algo real en ese pasado virtual que había hecho el fénix, podía sentir que el aire del bosque estaba estancado, y tenía una mala espina sobre aquello.
Y de repente, como Kuroro de cierta forma había anticipado, se podía oír un alboroto no muy lejos de allí. Por curiosidad de la chica y alerta por parte del niño, los dos se levantaron y avanzaron hacia el camino principal. Kuroro los siguió, intrigado sobre lo que pasaba. Por el camino principal, un grupo de personas corrían en estampida hacia la choza, donde se encontraba su tan renombrado muelle.
"¿Kurapika? ¿Kairi? Gracias a Dios se encuentran aquí. ¡Apúrense, corran!" una señora de media edad los vio, acercándose de buena forma.
"¿Tía, que ocurre? ¿Por qué todos corren de la villa?" el muchacho miro la conmoción con un poco de miedo. Lo que fuese que estuviera ocurriendo, definitivamente era algo desastroso. Para que las personas kurutas corrieran de esa forma; ellos, los orgullosos guerreros de la montaña Rukuso, corrían como conejos asustados. Debía haber algo en la villa. Y tenía que averiguarlo por su cuenta.
"Yo…" la señora vio a su pequeña hermana, la que se encontraba cerca de allí. Pensando que era mejor evitarle las malas noticias a la niña, le susurro en voz baja al chico. "La villa está siendo atacada por un grupo de personas. Tienen una fuerza inhumana, incluso los guerreros tienen problemas manejándolos. Y lo que es peor, parece que van tras los ojos rojos."
Nosotros… pensó Kuroro, sus ojos negros brillaron peligrosamente.
En ese instante, los ojos del chico se incendiaron y lanzo una mirada en dirección a la Villa. Sus hombros se sacudían por la rabia contenida, pero no se atrevía a voltear su mirada hacia su hermanita, quien permanecía sin saber lo que estaba pasando.
"¿Están… Padre y madre luchando?" pregunto en susurros.
"Ah… sí, por supuesto…" respondió con vacilación la mujer.
"Tía, por favor, cuide de Kairi por mí. Iré a ayudarlos."
"¡Kurapika, eso sería un suicidio! ¡KURAPIKA!" antes de que la señora pudiese agarrar el brazo del chico, previniendo que corriera hacia su muerte, el chico desapareció tras unos arbustos, tomando un atajo hacia la villa.
"Tía, ¿A dónde va Aniki? ¿Por qué todos corren? ¿Debería ir tras él?" la chica, atemorizada y perdida, apretó la falda de la señora y examino su alrededor con sus enormes ojos azules.
"No, Kairi, tu vienes conmigo."
Antes de que pudiera escabullirse como lo hizo su hermano, la señora agarro la muñeca de la niña y la llevo consigo, aunque la chica estaba reticente a ir. Kuroro siguió el grupo de personas que corrían por su vida hacia el océano, pero lanzo una mirada en dirección a la villa, hacia donde el niño había corrido. Recordaba muy bien a ese niño.
Se sentó sobre una roca seca, esperando a que la niña mojada e inconsciente se despertara. Levanto la vista y vio que el cielo gris seguía teñido de rojo por el fuego que había quemado toda la villa. No era como si su grupo lo hubiese planeado; solo sucedió en medio del caos, cuando todos peleaban y lanzaban todo; resultando en fuego.
Kuroro observo a la niña inconsciente. Antes, la chica había sido forzada a subirse al barco que se embarcaba hacia el océano, huyendo de la masacre. Ella los había combatido, insistiendo en que quería esperar a su hermano. Ellos le aseguraron que el próximo grupo los seguiría y era seguro que su hermano estuviera en ese, por lo que en ese momento ella acepto. Sin embargo, se volvió completamente incontrolable el instante que vio el rojizo cielo sobre la villa. De inmediato, sus oceánicos ojos fueron envueltos por el profundo rojo del ardiente cielo que se reflejaba. Dándole un aspecto intrigante, y aun así, Kuroro no podía negar que era un tono realmente hermoso. Nunca había visto tal color.
En ese entonces, ella se había arrojado al agua, nadando hasta la orilla. Desafortunadamente, era demasiado pequeña para soportar las fuertes corrientes, siendo arrastrada por esta y en el proceso perdiendo la consciencia. La corriente la llevo hasta la orilla, por lo que ahora Kuroro debía esperar a que despertara para poder continuar. Bueno, podía esperar. Después de todo, Kuroro Lucifer era una persona paciente.
Justo cuando se inclinaba contra una roca, la chica comenzó a moverse. Kuroro levanto una ceja. Cuando y como fuera, la chica siempre haría algo para molestarlo, ¿no? Justo cuando estaba relajándose tenía que despertarse.
"…A… niki…" murmuro.
Lenta, pero segura, se despertó, sacudiendo su cabeza para despejar su mente. Miro al cielo, y cuando vio el grisáceo y rojizo cielo, sus ojos se enancharon lo más que podían. Rápidamente se puso en pie e intento correr por el cerro en dirección a la villa. Al comienzo se tambaleo y tropezó, pero mientras se movía, comenzó a recuperar sus fuerzas, corriendo hacia su villa. Pero cuando llego, ya era demasiado tarde.
Todo había sido reducido a personas sin ojos, algunos sin cabeza y cadáveres. Las cuencas de sus ojos se encontraban vacias, mirando el lugar a la vez que contaban el horror que habían experimentado. Sus piernas sedieron y ella cayó al suelo. Su garganta se seco, incapacitándola de pronunciar una sola palabra. Kuroro camino hacia ella y de forma casual, examino su alrededor. Sí, era tal y como recordaba. La masacre de la tribu kuruta por el bien de los invaluables ojos rojos; eso era. Incluso podía reconocer las marcas que sus arañas habían dejado; la depresión del suelo era la firma de Uvogin, las heridas de bala pertenecían a Pakunoda. Viendo todo esto lo hacía sentir raro; casi… nostálgico. Vertió nuevamente su mirada hacia la chica que era dueña de este pasado. Seguía en el suelo con toda su fuerza vaciada en ese pequeño cuerpo.
"La villa… todos…" finalmente murmuro.
Sus caderas todavía no recuperaban su fuerza, por lo que se arrastro entre los cadáveres. Sobresaltándose cada vez que su mirada caía sobre un cuerpo. Los reconocía en un instante, a pesar de encontrarse sin ojos. Un par de veces vomito, su estomago era incapaz de soportar el horror que acunaba aquel lugar. Entonces, finalmente encontró lo que buscaba.
"…Aniki…"
Allí, en medio de un área relativamente limpia se encontraba un cadáver sin cabeza. Las ropas triviales estaban limpias, aun cuando existía uno que otro corte en ella. Kuroro contrajo sus ojos. Sí, por supuesto que lo recordaba. Se preguntaba cómo lo había olvidado, cuando había visto el rostro de Kurapika por primera vez en YorkShin. Debería haber recordado aquel rostro. Después de todo, había sido él quien asesinó al legítimo dueño del nombre 'Kurapika'.
"¡ANIKIIII!"
Con un brinco de sus pies, salto hacia el cadáver de su hermano y gimió como un animal herido. Puso su cabeza sobre su pecho; ahora sus latidos eran inexistentes. Apretó sus ropas con sus temblorosas manos. Gimió y sollozo, sin prestarle atención a nada que no fuera su dolor o perdida. Kuroro continúo observando mientras se ponía tras ella. Lo recordaba, en aquel entonces, el había estado justo en ese lugar, mirando a sus subordinados mientras se 'divertían'. Y de la nada aquel chico rubio había cargado contra él. Recordaba haber observado esos ojos escarlatas, lo más hermosos que hubieras visto hasta ese entonces. Había deseado esos ojos y cuando vio ese lindo rostro, repentinamente, sintió que sería una perdida si los ojos se separaran de su rostro; correspondía por completo a los ojos.
"Tú no… tú no…" continuo sollozando. "¿Qué… voy… a hacer… sin… ti?" balbuceo. "Idiota…"
Kuroro suspiro. Que cliché…
"¿Kai… ri…?"
Sus ojos se enancharon. Creyó haber oído su voz; la voz de un hombre mayor. En ese entonces, le había dicho a sus arañas que se aseguraran de asesinar a todos.
"Kairi… ¿Eres tú realmente?"
La voz se hacía más fuerte, como si la voz hubiera encontrado un rayo de esperanza en la oscuridad más profunda. Instantáneamente detuvo su llanto y miro su alrededor en busca de aquella voz. Entonces vio a un cuerpo que se estremecía no muy lejos de ella, refugiado bajo la sombra de un techo caído. Rápidamente fue hacia el cuerpo, haciendo a un lado los restos. Un hombre musculoso, de un tamaño similar al de Uvogin, se encontraba agonizando en ese lugar. Se encontraba, literalmente, bañado en sangre, pero seguía aferrándose a la vida.
Que hombre más pertinaz… pensó Kuroro.
"¡Maestro Senso! ¡Estás vivo!" lo abrazo cuidadosamente para no agraviar sus heridas.
"No me queda mucho, Kairi… la muerte viene por mi… es inevitable…" dijo en forma de un doloroso suspiro, girándose para tener una mejor vista de la pequeña niña. Se veía pálida y enferma. "Estoy muy feliz… de ver que estas viva… eres mi mejor estudiante, Kairi…"
"No, Aniki es…" se detuvo y entonces agacho la cabeza. "…era tu mejor estudiante."
"Ah…" si sus ojos siguieran allí, Senso hubiera contraído sus ojos, mostrándose gran perdida en ellos. "Ya veo…"
De pronto, un ataque de toz lo golpeo y sangre corrió por su boca.
"¡Maestro Senso!"
"¡Kairi—!" dijo con una respiración ronca. Era el signo de que pronto moriría. "Sobrevive y continua… No pierdas tu vida en venganzas… no vayas… tras la araña…"
"¿A—arañas?"
Ah, así que fue él quien sobrevivió para decirle… Kuroro asintió en deleite. Había tenido curiosidad de aquello por mucho tiempo.
"Vive, Kairi… preserva nuestra orgullosa sangre kuruta…"
Y entonces, el hombre dio su último respiro.
La niña miro las tumbas, las que con esmero habían hecho para sus camaradas caídos. Sus manos tenían ampollas, hematomas cubrían sus brazos y piernas, ya que continuaba cayéndose mientras arrastraba los pesados cuerpos. Sus ojos seguían húmedos e hinchados por el incesante llanto que la acompaño durante todo el proceso de recolectar y enterrar los cuerpos. Sentía como sus lágrimas se habían secado. Apretó su banano y mandíbula con determinación.
Kuroro se paro tras ella, mirando como intentaba recolectarse y preparase para su próximo viaje. La chica se puso el aro mágico que su hermano le había regalado, asumiendo la personalidad del muchacho; el Kurapika que Kuroro siempre había conocido. No, estaba tomando la personalidad de su hermano. Ahora vivía como él, por lo que había asumido su nombre.
Kurapika se puso de pie, observando su villa destruida y las tumbas. Su rostro era sombrío y sin vida. La única emoción que sentía era la de una determinada venganza.
"Mi nombre es Kurapika Kuruta. Buscaré los ojos de mis camaradas y los vengaré. Los seguiré y matare a cada una de las arañas, incluso si me cuesta la vida." Susurró en voz baja, como si ensayara una línea.
Lo susurró unas cuantas veces, como si estuviera convenciéndose y asegurándose asimismo. Entonces, se volteo y comenzó a andar por su sendero de venganza sin mirar atrás.
Y entonces, el tiempo se detuvo.
"Siempre te has preguntado cuál es la fuerza de su poder, ¿no?"
La voz se arrastro hasta sus oídos, era aterciopelada y suave, como un flujo de aguas calmas. Repentinamente, sintió su presencia, justo tras el. Diablos, incluso podía sentir sus ojos dorados, aquellos siempre entretenidos, a su espalda, al igual que su sonrisa socarrona. Se rehusó a observarla.
"¿Quieres la respuesta?"
Le dio una mirada de costado. Justo cuando giraba su cabeza, la oscuridad lo invadió y una vez más fue envuelto por infinita oscuridad. Kuroro miro su alrededor en alerta, pero recordando que no podía hacer nada en su mundo, se relajo. Lo que pasaría, pasaría. Solo esperaría a ver.
"Ella comenzó su viaje con la cabeza en alto, llena del orgullo kuruta; como el ultimo kuruta. Y ahora…"
La Dama in Red movió sus ropas hacia adelante, revelando algo tras ella.
"…mira la realidad."
En el suelo; o lo que parecía ser el suelo en esa interminable oscuridad, era Kurapika. Apretaba su cabeza como si temiera que el cielo cayera sobre ella. Sus hombros temblaban de forma frenética, seguida por sollozos. Gemía incoherentemente y su cuerpo estaba hecho un apretado y frágil ovillo. Le recordó el incidente de la caverna, cuando le dio una paliza y lloro abiertamente frente a él. Sin embargo, esta vez estaba más quebrada que nunca.
"Su motivo la desesperación. Y su combustible el odio. Ambos, sin embargo…"
Kuroro escucho el golpeteo de cadenas, arrastrándose y deslizándose alrededor. Últimamente, cada vez que oía el ruido de las cadenas, lo primero que se le venía a la cabeza era Kurapika. Cuando levanto la vista, Kurapika ya se encontraba rodeada y atada por las cadenas; estas estaban sobre ella. Aunque ella parecía no notar aquello.
"…se han transformado en los grilletes que la atan. Comenzó contigo…"
De pronto, sintió que algo frió tocaba su mano izquierda; la mano que usaba para robar las vida de las personas. Cuando bajo la vista, vio que su mano sostenía una cadena metálica.
"…y termina…"
Entonces sintió que algo frío y agudo, la punta de una espada tocaba su nuca. Solo lo tocaba, pero podía sentir su filo. Incluso sin mirar, sabía que era la hoja de la cadena del juicio.
"…contigo de nuevo."
"¿Y cuál es el punto de todo esto?" pregunto fría e inemocionalmente, mostrando un aburrida mirada en su rostro inexpresivo.
La fénix lo miro directamente a los ojos. Había frialdad y reproche en el brillo de sus fieros ojos. Incluso Kuroro Lucifer sentía escalofríos cuando recibía esa clase de miradas por una de las criaturas mitológicas más renombradas.
"Ella cree que mientras vivas, Kuroro Lucifer, esa carga jamás desaparecerá. Así que depende de ti si la liberas de las cadenas que la atan o no."
"¿Me estás diciendo que yo soy responsable por lo que ha sido de ella? No seas ridícula. Ese es el camino que ella ha escogido por su propia cuenta." Respondió con ojos tan pequeño como rendijas.
"No te preocupes, querrás liberarla." Le dio la sonrisa más astuta que tenia. Kuroro ni siquiera tuvo tiempo de replicar, cuando de pronto toco su frente marcada con la punta de su dedo índice. "Ahora te vas. Tu turno es el que sigue."
Repentinamente, fue arrojado a una negrura mucho más profunda que la anterior, donde no sentía ni veía su cuerpo.
"¿Cuánto tiempo te la vas a pasar allí llorando como una tonta? Ya no eres un bebe." Dijo con tono firme pero gentil.
Kurapika no le respondió. Ni siquiera se sobresalto cuando la Dama in Red la llamo. Era como si su alma hubiese abandonado su cuerpo, dejando solo una cascara vacía. El fénix se le acerco en silencio. No hubo un solo paso en la infinita oscuridad; un espacio que había creado con su poder, como si estuvieran en el espacio, vacio y sin aire. El fénix se acuclillo ante ella y alcanzo a la niña. Sostuvo su mentón la mano izquierda y tomo un mechón de pelo dorado con su mano derecha, jugando con él.
"¿Cuánto tiempo más vas a dejar que tu pasado te aseché?" ella le pregunto nuevamente, pero con voz mucha más suave.
Antes, cuando la grabación cinematográfica de su pasado alcanzo el climax; cuando la chica de 13 años que era en ese entonces ingreso a la villa y encontró el cuerpo decapitado de su hermano, se había quebrado. El fénix había puesto en espacios separados a Kuroro y Kurapika, para evitar cualquier conflicto que pudiera estallar en el proceso. Había hecho lo correcto. Si Kuroro hubiese estado ahí cuando ella se quebró, definitivamente hubiese cargado hacia él con todo su intento asesino. Ella le había rogado que detuviera esa locura y la liberara de esa tortura. No deseaba ver nuevamente esa pesadilla, mucho menos con esa precisión.
"Es necesario aprender del pasado, pero nunca es sano aferrarse a él. Puede destruirte."
"Debo vengarlos… o sino, jamás descansaran en paz…" por primera vez en mucho tiempo, Kurapika dijo lo que pensaba. Su voz era ronca y seca.
"Dame un respiro." El fénix hizo rodar sus ojos, como si estuviera cansada de la testarudez de Kurapika. "Esa es tu opinión. ¿Acaso te lo dijeron literalmente?"
Ella no respondió.
"Recuerda lo que te dijo tu maestro antes de que la muerte se lo llevará."
Vive, Kairi. Sobrevive y continúa. No pierdas tu vida en venganzas. Preserva nuestra orgullosa sangre kuruta.
"Nunca obtendrás la salvación en la venganza."
"…Salvación…" de alguna forma, esa palabra logro tocar la fibra más profunda de su corazón; una pequeña porción que estaba lejos de su alcance.
"Ahora prepárate para ver lo que veras, ya que es otro doloroso pasado, el de él sujeto de tu odio e impotencia."
Kurapika levanto la vista y vio los dorados ojos por primera vez desde que había sido enviada al espacio virtual de su pasado. Había excitación en esos ojos; era inconfundible, pero había otra emoción allí: curiosidad. El fénix alargo una mano hacia ella y toco su frente con la punta de su dedo índice; de la misma forma que había hecho con Kuroro. En un instante, antes de que Kurapika pudiera prepararse, fue arrojada dentro de la absoluta oscuridad. Podía sentir que se movía, pero no tenía sentido de la dirección. Fuera arriba o abajo, izquierda o derecha, no tenía idea. Pero de pronto, el tiempo cambio alrededor de ella y el espacio se distorsiono.
El cuerpo de Kurapika sintió que su espalda era golpeada contra algo duro y solido. Sus ojos se ofuscaron por un momento, y cuando aclaro su vista, se encontró observando el cielo de una casa.
La tipeja que traduce… otro capítulo ;)
