TRADUCCION: Esta historia no me pertenece, yo nunca la eh escrito ni mucho menos eh aportado con alguna idea o sugerencia, todo este trabajo pertenece a la autora Runandra, quien es la mente maestra tras esta idea, la historia original pueden encontrarla en el siguiente link:
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Aclaración: Hunter x Hunter no me pertenece.
Esto dice Runandra (la autora), puede contener spoiler… por no decir que tiene spoiler del fic XD: El pasado de Kuroro fue creado completamente por mí. Así que para todos aquellos que le disguste, bueno es una lástima. Además, (especialmente para yuriyurishii) si encuentras que este capítulo es otro aburrido, perdóname. Estoy intentando hacerlo entretenido, pero no puedo evitarlo. Sentía que había mucho del pasado de Kuroro que debía mostrarse, para que los capítulos pasados y los que seguirán calcen perfectamente. Disculpas, por si falle -_- ¿Y de que niño está hablando el Fénix? Taa-daa… Nyhahaha… *sonrisa maliciosa*
Próximo capítulo:Las palabras de despedida del fénix, se transformó en una gran pregunta para ambos. Pero a pesar de ello, les gustara o no, tenían una tarea que debían terminar. Entonces Kurapika debía decidir si perdonaba a Kuroro por ser quien era o no. Por otro lado, Kuroro debía decidir si perdonaba a o no a Ishtar. Y accidentalmente terminan encontrándose con personas que no querían ver en ese instante.
La historia hasta ahora: Kurapika y Kuroro se encuentran atrapados en el mundo que Lady in Red creo, obligados a revivir su pasado. Han visto la pesadilla de Kurapika y ahora estaban por ver el oscuro pasado de Kuroro, desde su niñez.
CAPITULO 14: Mirando hacia atrás parte 2—viejas cicatrices e ignorancia
Miro cautelosamente su entorno. Con una sola mirada, podía decir que la casa estaba escasamente amoblada y que sus ocupantes eran pobres. Solo existían los muebles para las necesidades básicas. Tenía un dormitorio con una sola cama y un solitario velador. El living se mezclaba con el comedor, el que solo tenía una mesa y dos sillas. La cocina daba pena. Se ubicaba tras la casa, a la intemperie. Solo tenía una vieja estufa, con una cacerola utilizada para cocinar casi todo lo que la familia comía. La pintura de la casa se estaba cayendo y el cielo daba la impresión de que en cualquier momento caería. A pesar de la pobre condición, seguía siendo una de las mejores casas de la ciudad de las estrellas fugases. Kurapika sacudió su cabeza con incredulidad; no podía creer que esta casa era el lugar donde Kuroro Lucifer había nacido hace más de 26 años.
Kurapika permaneció un rato en el dormitorio. No había casi nada más en el dormitorio para mirar, pero de alguna forma, estando de pie, en medio del abandonado cuarto le permitía absorber la realidad en el. Era como si realmente estuviera en ese lugar. Como si el cuarto fuera real. No había ni siquiera una pintura de la familia para ver.
Bruscamente fue sacudida de su ensueño cuando un repentino grito se escucho desde el living. Apuradamente, Kurapika se dirigió hacia aquel cuarto, completamente consciente de que no podía ser vista por las personas del pasado. Sin embargo, ella no estaba preparada para lo que vería.
Allí, en el living, el hombre quien ella suponía era el padre, agitaba maniáticamente una barra metálica. Él le grito unas vulgaridades a la mujer con la que argumentaba. La mujer tenía pelo negro y era realmente hermosa. Era una pena que sus ropas no pudieran acentuar su belleza.
"¡Es tú hijo!" grito la mujer mientras abría sus brazos creando un escudo, como un pájaro protegiendo sus huevos.
"¡Ese bastardo no es mi hijo! ¡Dámelo!" abofeteo fuertemente el rostro de la mujer hasta hacerla caer.
Cuando la mujer cayó al suelo, un pequeño niño pudo ser visto. Apenas tenía tres años, y miraba con enormes ojos a su endemoniado padre. Inocentemente, se estiro hacia su padre con sus pequeñas manos. Kurapika se cubrió la boca con su mano. El pequeño era inconfundiblemente Kuroro Lucifer; el símbolo en su rostro lo decía. No podía describir como se sentía en aquel momento; viendo a su enemigo en su infancia, tan vulnerable y débil. Sólo había conocido el lado invencible y poderoso del hombre.
"Tú, pequeño demonio. ¡Regresa a donde perteneces!" grito el hombre y batió la barra metálica, listo para golpear al niño hasta matarlo.
"¡NOO!" la madre, su rostro lleno de lagrimas, agarro un pedazo de vidrio roto y se lanzo hacia el hombro.
El afilado vidrio penetro profundamente en el costado del hombre, hiriéndolo de forma fatal. Dio un agónico grito mientras se derrumbaba, su mujer se encontraba sobre él, sus manos manchadas en sangre. Ella se arrastro lejos del cuerpo de su esposo y comenzaba a avanzar hacia su hijo, cuando el hombre la golpeo con la barra metálica como venganza, rompiéndole el cráneo en el proceso. La sangre se desparramo por el niño, pintándolo de rojo.
"¡Oh!" Kurapika se sorprendió y tapo su boca apretadamente, intentando no vomitar mientras escuchaba el enfermo ruido del cráneo roto. Tambaleándose hacia tras, tubo que apoyarse en la mesa mientras continuaba observando el terrible asesinato.
"Kuro… ro…" susurró la mujer, sus ojos llenos de terror mientras observaba el inocente rostro de su hijo.
Ella cayó muerta, la madera bajo ella se empapo del líquido carmesí que salía de su cabeza. Su mirada seguía fija en el pequeño niño, incluso mientras la luz abandonaba los oscuros ojos. El hombre escupió un poco más de sangre, antes de seguir a su mujer y encontrar finalmente su muerte. El niño miro la miro indiferentemente, demasiado joven para comprender la muerte. Ni siquiera le prestó atención a la cálida sangre de su madre que lo cubría. El se arrastro hacia ella y toco su rostro aun tibio, mirando sus ojos.
"¿Mami?" la llamo, su voz aguda e infantil.
Sacudió su cuero un par de veces, pensando que quizás estaba dormida y debía despertarla. Y sin recibir respuesta de su madre, el niño se tumbo junto a su madre y se hizo un ovillo. Era como si tan solo fuera a tomar una siesta con su madre durmiendo a su lado.
Si el pequeño no hubiera sido Kuroro Lucifer, quizás hubiera llorado por él. Sin embargo, sabiendo que era Kuroro Lucifer, lo máximo que podía hacer era compadecerlo.
"Mi padre creía que yo era hijo del demonio… debido a la marca en mi frente."
Con un fuerte respiro, Kurapika se giro sobre sus talones solo para encontrarse mirando a un crecido Kuroro Lucifer, quien se encontraba de pie junto a la entrada del living. Estaba inclinado contra el marco de la puerta, con sus manos casualmente en sus bolsillos, como si no estuviera viendo los horrores de su familia. Sus ojos miraban directamente los suyos, desafiándola a decir algo.
"Adicionalmente, mis habilidades psicológicas se desarrollaron tardíamente. Apenas y respondía a lo que mis padres hacían o decían." Se enderezo y se acerco a Kurapika hasta estar a su lado. La muchacha se mantuvo cautelosa de sus movimientos, mientras Kuroro observaba los cadáveres de sus padres sobre el suelo.
"Sin mencionar que mi madre insistió en quedarse conmigo en vez de abandonarme en las calles debido a mis desventajas. Supongo que todo esto llevo a mi padre hasta el borde de la locura." Se encogió despreocupadamente.
"¿Por qué estás aquí?" pregunto en un bajo susurro.
"No le temo a mi pasado… a diferencia de cierta persona." Agrego con una pequeña sonrisa burlona dirigida a la chica.
Kurapika aparto la vista, sintiendo vergüenza de que el hombre estuviera en lo correcto. Habia temido enfrentar nuevamente la masacre de su tribu. Habían sido ubicados en separados espacios de tiempo por el Fenix, ya que era completamente consciente de que la fuerza mental de Kurapika era tan frágil como un cristal. Kuroro estaba presente en esta grabación cinematográfica de su pasado, porque no había huido de él. El abrazaba su pasado, sin importar cuán trágico o monstruoso fuera.
Por un segundo, el escenario se volvió estático y borroso, como si se acelerara el tiempo, y al siguiente instante regreso a la normalidad. Sin embargo, esta vez el cielo ya era oscuro y oscuras nubes comenzaban a reunirse. El sonido de truenos azotó la desolada casa, despertando al pequeño niño de su siesta. Miro su alrededor con adormilados ojos y luego observo el inmóvil cuerpo de su madre. El cadáver ya se encontraba frio y rígido debido al rigor mortis. Él la volvió a sacudir y continúo sin recibir respuesta. Una pesada lluvia comenzó a caer fuera de la casa. Kurapika lanzo una mirada hacia su lado y encontró a Kuroro mirando a su infantil forma con un apático rostro.
"Y allí vienen." Dijo con voz que se semejaba a un susurro.
Ciertamente, Kurapika en poco tiempo escucho la característica voz siseante de la serpiente. Miro con anticipación la puerta, conteniendo el aliento como si esperara a que un monstruo apareciera. Entonces una enorme serpiente hizo aparición por la puerta principal, su escala verde oscura mojada por la lluvia. Olfateo el aire con su lengua bípeda mientras intentaba encontrar la fuente de la dulce y metálica fragancia de la sangre.
El pequeño Kuroro se giro y vio a la gigantesca serpiente mientras se deslizaba hacia el, su enorme cabeza tan solo a unos cuantos metros de él. Quien no mostraba temor o sorpresa, solo curiosidad, el niño intento alcanzar a la serpiente con sus pequeñas manos. Divertida, la serpiente lamio sus manos con su bípeda lengua. El niño rió, como si fuera un perro lo que lo había lamido; no una monstruosa serpiente. Kurapika se encogió mientras veía la perturbante escena. Kuroro había dicho la verdad; sus habilidades psicológicas realmente eran retardadas. Incluso desde su niñez, el miedo había estado ausente en su corazón.
"¿Qué encontraste, Basille?" entonces, Kurapika escucho la familiar voz. Kuroro contrajo ligeramente sus ojos mientras oía la voz.
Entonces, Ishtar emergió por la puerta que había entrado Basille. Kurapika noto que no había cambiado ni en lo más mínimo, aún cuando hubieran pasado 20 años. Su cabellos seguía siendo la misma masa de rizos negros, su piel continuaba siendo tan blanca como la leche. La única diferencia, quizás, fuera la frialdad en su rostro. Kurapika nunca había visto su rostro con tanta frialdad en el. Miro el cuarto con tal normalidad, como si la horrible masacre no significara nada para ella. Sin embargo, cuando miro al pequeño niño, se detuvo por un minuto y finalmente sus labios se curvaron hacia arriba.
"Vaya, vaya… mira lo que tenemos aquí." Su voz sonaba como un río y se acerco al niño. Se acuclillo ante él y miro su rostro con lo que parecía fría entretención para Kurapika.
Lleno de curiosidad, el pequeño Kuroro toco su rostro con sus pequeñas manos. Ishtar parecía ligeramente sorprendida, pero dejo que el niño siguiera curioseando. Él sintió su rostro, toco su pelo y entonces miro a su madre muerta.
"Mami…"
"Tu madre está muerta, cariño. Y también tu padre." Ishtar acaricio tiernamente su pelo húmedo. De pronto su ojo negro miro hacia arriba, como si acabara de tener una grandiosa idea. "¿Así que porque no vienes conmigo?"
Lady, ¿essta sseguraaaa? Seseo la serpiente. Era muy impropio de ella adoptar a un humano.
"Está bien, Basille. Este niño… es especial."
¿Por la extraña marca de su frente?
"No. Eso es solo un asunto de apariencia física. No tiene otro significado." Su rizado cabello reboto mientras sacudía su cabeza. Toco el rostro del niño con la punta de sus dedos. "Pero puedo verlo… él es más de lo que jamás eh visto…"
El niño la miro con sus enormes ojos, y entonces intento alcanzarla, como si abrazara la oferta. Con una suave sonrisa, Ishtar lo tomo y levanto, llevándolo como una madre lleva a su hijo.
"¿Cuál es tu nombre, niño?" le pregunto suavemente.
"…Kuro… ro…"
"¿Kuroro?" repitió el nombre, como si lo saboreara. Entonces miro los cuerpos de sus padres muertos. "¿Y tu padre creía que era un hijo del demonio? Ya veo…"
Kurapika frunció el ceño al oír sus palabras. ¿Cómo podía decir aquello? Ella no estaba allí cuando su padre había dicho aquello.
"Su visión verdadera puede ver todo lo ocurrido en un lugar." Le explico Kuroro mientras sus ojos estaban pegados a la mujer. Kurapika creía poder ver una mezcla de decepción y algo más en las profundidades de sus ojos.
"Entonces, te daré un nombre." Ishtar se giro con el niño en sus brazos. "Tu serás Lucifer. El majestuoso ángel que cayó del cielo para dominar el infierno. Serás fuerte como él, quien sobrevivió a pesar de estar privado de su fuerza y gloria."
Beso la frente del niño y el pequeño río. Entonces él se inclino hacia ella y envolvió con sus brazos el delgado cuello. Con una maternal sonrisa, Ishtar se alejo de los cadáveres hacia la puerta principal y la lluvia. Entonces, desapareció tras la cortina de lluvia, junto al basilisco y el niño en sus brazos.
Todo se volvió estático nuevamente y Kurapika podía sentir que el aire vibraba. El zumbido que retumbaba en el caos, pero pronto se encontró asimismo en otro lugar. Kuroro continuaba junto a ella, el ya estaba acostumbrado al cambio de tiempo y espacio de la grabación cinematográfica de su pasado.
"Donde… ¿Cuándo?" pregunto, todavía mareada y desorientada por el cambio.
Kuroro miro su alrededor, intentando recordar en que época y a donde habían llegado. Cuando escucho ruidos metálicos y el sonido de un niño sollozando, supo instantáneamente.
"Párate, Kuroro. Un luchador jamás llora."
Una familiar voz agracio sus oídos, pero cuando levanto la vista, no podía creer lo que veía. En el suelo había un niño, mucho más grande que antes, pero sin embargo seguía siendo un niño. Estaba cubierto por moretones y cortes. Sus ojos estaban llenos de lágrimas que amenazaban con caer. En el suelo, junto a él, había una espada. Frente a él estaba Ishtar, su espada en alto y su rostro rígido. Más que una madre, parecía un estricto mentor y una luchadora.
Con un gruñido y un ahogado sollozo, el chico se puso en pie y recogió su espada. Tomando una estancia de pelea, aun cuando su rostro mostraba cuanto estaba sufriendo por el abuso. Entonces Kurapika supo que en este punto de su vida, Kuroro aún no manejaba el arte de ponerse una máscara de indiferencia, aquella que solía utilizar la mayor parte del tiempo.
"Fue cinco años después de que me llevará. Desde el día en que pude correr por mi cuenta, ella me entreno para luchar." Explico Kuroro, su voz monótona y su rostro más impasible que nunca.
Kurapika miro su cara. Parecía una estatua de piedra, mirando fijamente a todo lo que estuviera frente a él, desligado de cualquier emoción. Para ella, parecía que el hombre había endurecido su corazón al ponerlo en otro lugar, de forma que no pudiera sentir nada. De alguna forma, luego de dar un vistazo en su pasado, sentía lastima por él. Que hombre más desdichado.
¡CLANK!
Nuevamente, con una ráfaga lo había desarmado. Había una furiosa marca rojiza en su muñeca, donde Ishtar lo había golpeado con el lado plano de su espada. El niño solo pudo gritar de dolor.
"De nuevo." Ishtar sacudió su espada y en un segundo la tenía en posición.
Continuaron con la sesión hasta que algo terrible ocurrió. Exhausto, el niño bajo su guardia y en ese instante, Ishtar cargo contra él. Con enormes ojos, Kurapika fue testigo del instante en que el arma de Ishtar perforo el pequeño cuerpo.
Ishtar dejó escapar un respiro, sorprendida por lo que había hecho. El chico ni siquiera había podido llorar o gritar de dolor. Rápidamente dejo de empuñar la espada y atrapo al moribundo niño en sus brazos.
"¡Kuroro, Kuroro!" lo acuno cuidadosamente y sacudió ligeramente su cuerpo para despertarlo. Los ojos del muchacho ya se encontraban cerrados, como si estuviera rindiéndose a la muerte.
"¿Qué es este alboroto, Lady?" una encorvada figura se tambaleo por el pasillo y hacia ellos, todavía inconsciente de la sangrienta escena. Cuando Hatsubaba alzo la vista, sus ojos estaban tan grandes como los de un búho. "¡Por amor de Dios!"
La vieja doctora se acercó rápidamente y reviso al niño. Su pulso todavía era perceptible, aunque bastante débil, pero su respiración era superficial. La vieja dijo que si no encontraban un donador de sangre el chico podía darse por muerto.
"Dale mi sangre." Ishtar insistió firmemente.
"Pero, Lady, ¡estas bromeando! Al hacer eso, ¡ya no serás inmortal!" Hatsubaba comenzó a protestar. "¡Esa es la regla de tu especie! ¡No debes compartir tu sangre con nadie!"
Los ojos de Kuroro se enancharon. No recordaba esta escena.
"¡No me importa!" los negros ojos de Ishtar estaban fijos en Kuroro, el que apenas tenía aliento. "Si eso salva su vida, no me importa. Además, ya eh vivido suficiente…"
"Lady…" Hatsuababa la miro con una mezcla de lastima y angustia.
De pronto, todo se volvió estático y el aire volvió a vibrar. Aunque se sentía incomoda con el tintineo en sus oídos, Kurapika hizo el esfuerzo de mirar el rostro de Kuroro. Su expresión era la de alguien choqueado. Kurapika recordó la gran cicatriz de su estómago que había visto hace unas semanas en el bosque de Chiron. Por lo que esa cicatriz era de ese accidente. Frunció el entrecejo incomoda.
"No recuerdo…" susurró para si. Kurapika parpadeo ante sus repentinas dudas. Para ella, el parecía sorprendido por aquel particular trozo de su pasado.
La estática prosiguió por un tiempo, antes de que repentinamente antes de que todo se aclarara en una gran luz blanca. Kurapika instintivamente cubrió sus ojos de la luz.
"¿A dónde vamos?" una infantil voz alerto a Kurapika sobre las grabaciones del pasado de Kuroro.
Se obligó a abrir sus ojos y se encontró en un denso bosque. Cuando se giró, pudo ver la sima del templo donde vivía Ishtar. Lo más probable, era que fuese el bosque tras el templo, aquel del que le había hablado cuando había sido salvada del veneno de la quimera. Cuando se giró, vio a un niño de diez años detrás de Ishtar. El niño miraba su alrededor con curiosidad, como si fuera la primera vez que pisaba un bosque.
"Deberás sobrevivir en este lugar por una semana, busca tu comida y lucha contra los animales salvajes de este lugar. Luego de una semana, regresa al templo."
Ishtar dejo de caminar y giro sobre sus talones y giro sobre sus talones. Su traje oscuro se movió agraciadamente a su alrededor, mientras brillaba por la bendita luz del sol. El chico tenía los ojos muy abiertos en sorpresa. Sin esperar respuesta alguna, Ishtar se alejó y desapareció en las profundidades del bosque. El chico permaneció en medio del bosque, perdido y confundido.
"Fue en esta época…"murmuro Kuroro. "…cuando me envenene por primera vez."
Como si respondiera sus dichos, la escena frente a ellos se adelantó rápidamente. Y en el remolino, Kurapika logro captar unas breves imágenes donde el niño buscaba comida, matando animales para alimentarse y defenderse, buscando agua limpia para beber, y cosas por el estilo. El tiempo se detuvo de golpe al llegar al sexto día de la semana. El niño, para ese entonces ya estaba sucio, y se encontraba caminando entre bayas y arbustos. Felizmente sacaba las frutas y se las comía, inconsciente de que una criatura se escondía entre los arbustos.
"¡Ay!" grito cuando sintió un agudo dolor en su pantorrilla. Pateo lo que fuera que se aferraba a su carne, y encontró un lagarto de apariencia venenosa en el suelo. El lagarto rápidamente se escabullo ya que por instinto era una criatura tímida, sin embargo su veneno era poderoso.
Su pantorrilla rápidamente se volvió azul y en poco tiempo la pierna del muchacho se paralizo. El saco su cuchilla y rasgo la marca donde había sido mordido, sin molestarse en limpiar primero la hoja. Apretó la sangre enferma, pero era demasiado lento. El veneno ya estaba en su cuerpo. Maldiciendo por lo bajo, ya que perdía el aliento, el chico se arrastró hacia el claro, intentando llegar a un lago que había encontrado hace unos días. El lago estaba a unos cuantos metros, pero su cuerpo simplemente no podía más.
Kurapika permaneció clavada al suelo junto al crecido Kuroro. Se sentía obligada a llevar al niño hasta el lago, a pesar de que fuera Kuroro lucifer. En un instante, recordó el incidente de la caverna, cuando Kuroro se contagió de tétano. Cuando era completamente consciente de que era el asesino de su gente y aun así lo había ayudado. Los ojos de Kurapika se dilataron.
¿Qué estaba pensando? Aparto su vista hacia el moribundo niño frente a ella. ¿Qué estoy pensando?
Por un instante, todo fue blanco para ella. No podía pensar en nada, como si los circuitos de su cerebro hubiesen dejado de funcionar.
El es Kuroro lucifer, el asesino de mi pueblo. ¿Por qué… estoy pensando todo esto? ¿Por qué estoy junto a él? No debería…
Kurapika invoco su cadena para que apareciera, y sus ojos ya eran escarlata. Sin embargo, nada ocurrió. El tintineo de sus cadenas jamás se escuchó, la frialdad del metal jamás se materializo en sus manos. Solo entonces, luego de varios segundos de lucha, comprendió que su nen había sido sellado. Después de todo, se encontraban en la realidad del Fénix. Estaba literalmente sin poderes en ese lugar. A regañadientes, Kurapika empuño y soltó sus puños, soltando estridente bocanadas de aire para calmarse. Cuando volvió a sus sentidos, vio a Ishtar acunando al niño en sus brazos. Camino hacia el lago y se mantuvo en el borde.
"Lamento molestarte, Morgan, pero por favor préstame una mano," le pidió tranquilamente al lago.
Y de pronto, el agua se revolvió y comenzó a moverse hasta formar una traslucida figura femenina. La figura se solidifico en una encantadora mujer con pálido cabello azul. Su entretenida risa sonaba agradablemente.
Cuan preciado es el niño para ti, dígame por favor, mi dama, ¿hasta el punto de pedir ayuda? Le pregunto, con sus delgados labios en forma de sonrisa.
"Más preciado que mi inmortalidad. ¿Por lo que tomo esto como que estas dispuesta a ayudarlo?" pregunto Ishtar con serenidad.
Como puedo negar tu pedido, ¿Cuándo ese lindo niño me recuerda tanto a mi Lancelot? La dama del lago floto sobre el lago con ligera agitación y se acercó a Ishtar.
"Morgan, todavía lloras la muerte de Lancelot." Le dijo Ishtar con un ligero ceño.
Los ojos de Kurapika se dilataron.
"¡Ella es Morgan Le Fay! ¡La dama del lago!" exclamo a la vez que comprendía todo.
"Aquella misma que quito el veneno de tu sistema sanguíneo." Agrego Kuroro.
Así que esa es su real forma. Reflexiono Kuroro. No se había percatado de que su rostro se había ablandado un poco. Nuevamente, esta era una escena que no recordaba. No era que lo hubiese olvidado; simplemente era inconsciente de ello. Después de todo, en ese instante se encontraba al borde de la muerte.
Ahora que posees a tu propio Lancelot, sabrás la magnitud de mi pena al perder el mío cuando sea tu turno… señora Medusa… susurro la dama del lago, mientras tomaba al moribundo Kuroro de los brazos de Ishtar.
Los dos, Kuroro y Kurapika se pusieron rígidos por un instante. Finalmente, sabían la verdadera identidad de Ishtar.
"Una Medusa… con que eso es." Murmuro Kuroro.
"¿No lo sabías?"
Sacudió lentamente su cabeza. "Nunca quise saberlo."
Kurapika la miro con el ceño fruncido. Y decidió ignorar su claro antagonismo contra Ishtar. Eso era problema suyo, no de ella. Intentaba no pensar demasiado en sus asuntos personales, ya que no deseaba verse en vuelta a un más en su vida.
"¿Qué significa esto?" le lanzo bruscamente un video frente a Ishtar, quien inhalaba normalmente su pipa.
"¿Qué?" le pregunto, como si su rabia no fuera nada especial.
Kurapika continuo observando mientras veía la creación del Genei Ryodan; al menos eso le había dicho Kuroro. Anteriormente, cuando se encontraban unos cuantos años después del incidente con la dama del lago, terminaron en una choza donde un puñado de niños; incluyendo a un Kuroro lucifer de aproximadamente 16 años, se reunían.
"Sólo tenía unos cuantos amigos." Kuroro le informo deliberadamente. "Ya que todos creían que era un niño protegido, por lo que no valía nada en la pandilla. En otras palabras: era inútil."
"¿El poder de los estereotipos, ¿no? Tan sólo porque Ishtar te cuidará." Kurapika había balbuceado ligeramente molesta. Odiaba por sobre todo los estereotipos. Kuroro no comento nada, por lo cual observaron mudamente los hechos que se desarrollaban.
"En este video se encuentra la grabación de un jefe de la mafia externa, conversando con quien supongo eran los ancianos." Dijo con tensa voz el Kuroro adolecente, como si intentara esconder su rabia.
"…¿Y?" le pregunto perezosamente mientras botaba una bocanada de humo.
"Demanda la fuerza elite de este lugar. Los soldados especialmente entrenados para hacer su trabajo sucio." Continúo el muchacho, sus ojos ardían de rabia.
Ishtar no dijo nada, y espero a que Kuroro continuara con su 'demanda'. El chico apretó fuertemente sus puños, mientras sus hombros temblaban de rabia.
"¿Soy uno de ellos, no?" dijo finalmente.
Ishtar permaneció muda por un largo tiempo, pero al ver que ninguna palabra salía del adolecente, exhalo y se puso en pie.
"¿Tienes miedo, Kuroro?"
El chico se puso pálido, como si la sangre hubiera dejado de correr por su rostro, y la abrazadora rabia se desvaneció en un segundo. Kurapika frunció el ceño confundida, no entendía lo que estaba sucediendo. Junto a ella, Kuroro no dijo nada, lo que significaba que no quería conversar de aquello. Le explicaría cuando sintiera deseos; cuan malhumorado. Claramente el Kuroro adolecente no sabía que decir, por lo que Ishtar prosiguió.
"Temes de que toda la atención que te eh entregado hasta ahora sea solo por este propósito; por el bien de que seas moldeado dentro de la tan renombrada fuerza elite. No quiere ser usado, ¿no? Eres demasiado orgulloso para ser el peón de alguien." Se detuvo y movió su cabeza hacia un lado, como si escuchara una pequeña voz. "¿Te sientes engañado? ¿Sientes que todo este endemoniado entrenamiento ha sido para nada? Por favor, Kuroro, sé lógico."
"¡CALLATE!" grito el muchacho, pero era innegable el pánico en su voz.
Kuroro, el que estaba junto a Kurapika, le frunció el ceño a su yo adolecente. Cuan emocional y joven había sido en ese entonces, tan influenciable por sus sentimientos, que se sentía avergonzado de tan solo verlo.
"Acaso no tienes modales, ¿mirando mi corazón sin permiso?" gruño entre apretados dientes. "Y esta ni siquiera es la primera vez."
"Oh…" Ishtar parecía un poco sorprendida. Había sentido el filo del odio y desprecio en el corazón del niño mientras mencionaba lo de mirar su corazón sin permiso.
"¡Deberías tener vergüenza!" le grito una vez más Kuroro, y abandono apresuradamente su habitación, lleno de rabia.
Y de pronto, tras todo el ruido que el chico había provocado, el silencio de la habitación se volvió sofocante. El embotellado silencio era insoportable, y la misma Ishtar estaba ahogada en reflexiones y perspectivas. Aun sin que nadie le dijera, Kurapika supo que este había sido el punto sin retorno para Kuroro; el momento en que había elegido ponerse esa fría expresión en su rostro. Había sido para protegerse de las personas como Ishtar; cosa que eventualmente se transformó en un hábito.
"Eso no fue bonito de su parte." Una anciana voz llego desde una esquina del cuarto. "Y eso tampoco fue bueno de tu parte."
Hatsubaba apareció desde el cuarto adyacente y se acercó a la mujer.
"No debería haber dicho lo que sentía en ese momento. Esos son temas muy sensibles. No creí que fueras tan densa, Lady." Dijo la anciana con tono de regaño.
"Yo—" quería protestar, pero mientras pensaba admitió su error. "Sí… fue un error de mi parte…"
"Aun así, podías haberle dicho que nunca fue tu intención criarlo para que fuera parte de la fuerza elite." La vieja frunció el ceño, como si no la comprendiera. "Diablos, Lady, incluso te opusiste a Los Ancianos cuando te pidieron tomar la custodia del chico."
Esta vez, fue el Kuroro del presente quien se volvió más pálido de lo que era. Sus ojos se dilataron ligeramente, pero el shock en su rostro era más que evidente por lo que Kurapika no pudo evitar notarlo. Viendo que la dama no respondería, la anciana continúo con su discurso.
"Lo criaste solo por el afecto que sentías por él. Incluso todo ese entrenamiento fue por su bienestar, para que pueda sobrevivir este duro mundo. Una vez me dijiste que deseabas que el fuera lo mejor, ¿no es cierto? Por su potencial, su latente nen, y cosas como esas… seriamente, mi dama, eres una gran madre adoptiva."
"¿No tuve ninguna oportunidad, no?" dijo sorpresivamente, con una triste sonrisa en su pálido rostro. "pero, creo que no se lo hubiera dicho aunque hubiese tenido la oportunidad. Dadas las circunstancias, no me creería nada de lo que le dijera."
Correcto… pensó amargamente Kuroro. De pronto se sintió tan estúpido e ignorante. Ahora que tenía 26 años, se percataba de cuan impulsivo era a los 16 años.
"Tarde o temprano, se enterara por su cuenta." Dijo con un tono esperanzador.
Oh, él se enterara después de 10 años, Ishtar. Pensó Kurapika mientras hacía rodar sus ojos hacia el cielo.
Un pesado silencio volvió a llenar el cuarto. La mirada de la anciana cayó al suelo, donde el adolecente Kuroro había entrado y salido. Había una distante mirada en sus ancianos ojos.
"Nunca había visto tan enojado al muchacho." Murmuro.
"Está más que enojado, Hatsubaba. Su corazón…" Ishtar calló por un instante. "…es irreparable."
Su voz se redujo a un pequeño susurro, pero tanto Kuroro como Kurapika lograron escuchar cada palabra. El aire volvió a vibrar, pero un instante antes de cambiar de periodo, Kuroro creyó ver las lágrimas de la mujer.
Cuando la turbulencia del aire ceso, Kurapika y Kuroro se encontraban aún en Ryuusei-gai, pero otro lugar de la ciudad. Kuroro miro su alrededor e inmediatamente reconoció el lugar.
"La oficina de los ancianos." Declaro.
"¿Ancianos?" parpadeo Kurapika.
"En Ryuusei-gai, Los Ancianos son algo así como los comandantes de la ciudad. Como los gobernadores. Pero honestamente, todo lo que hacían era estar en contacto con el mundo exterior. Nada más." Kuroro encogió sus hombros.
"¿Así que realmente han preparado a otros niños como yo para ser criado como la fuerza elite?"
Una voz familiar atrajo su atención, y mientras veían la fuente de la voz, vieron a un Kuroro adolecente enfrentando a unos cuantos ancianos. Los ancianos parecían dudar, sintiéndose de alguna forma cautelosos con Kuroro. Era como si no quisieran decirle nada, pero se vieran obligados a decir todo.
"Sí, hay otros niños, pero—" dijo uno de ellos, pero fue rápidamente interceptado por Kuroro.
"Quiero los nombres." El adolecente levanto su brazo e hizo un gesto de demanda. "El nombre de esos niños."
"¿Qué vas a hacer con eso niño? ¿Intentar liberarlos? No seas ingenuo." El más intrépido dio un paso hacia adelante y encaro al niño. "Escucha. Esta ciudad fue fundada por la mafia." Sin ellos, hubiésemos perecido hace mucho tiempo."
Kuroro resoplo con desdén. "Así que somos como sus perros, hacemos el trabajo sucio pero se nos paga con basura y desperdicios. ¿Crees que no lo sé? ¿Cuándo dejen de ocuparnos, que crees que harán? Nos culparan de todo, diciendo que somos una pila de delincuentes provenientes de una ciudad infestada por el exilio y personas en la lista negra. ¿No es así?"
Los Ancianos parecían sorprendidos por la inteligencia del chico, la que era suficiente para deducir aquello. Y comenzaron a inquietarse, mientras que el Kuroro adolecente contraía sus ojos hasta volverse pequeñas rendijas.
"Que montón de perdedores son ustedes." Les escupió. "Mo lo toleraré. Nosotros no nacimos para ser los borregos oscuros de esos codiciosos bastardos. ¿Necesitan dinero? Está bien, yo te daré dinero. Pero a cambio, aquellos que fueron criados para convertirse en la fuerza elite, serán puestos a mi disposición."
"¿Qué—qué rayos estas diciendo?" uno de los Ancianos casi se desmaya al escuchar una idea tan alocada.
"Nombres." Demando el Kuroro adolecente, su mano estirada.
De pronto, una descojonada sonrisa inundo la habitación. Los Ancianos parecían confundidos, antes de girarse hacia una dirección. Una sabia anciana acababa de ingresar en la habitación, y se reía divertidamente. Se inclinaba ligeramente hacia atrás mientras lo hacía. Dio unas cuantas zancadas y se acercó al muchacho. Observo las profundidades de sus ojos y al ver la determinación en aquellos oscuros ojos, tomo una decisión.
"Aquí tienes." Busco entre sus bolsillos y dejo un pedazo de papel sobre las manos de Kuroro.
"Con que eres uno de ellos." Kuroro dijo con fría y desconfiada voz. "Hatsubaba."
La vieja doctora resoplo. "No me malinterpretes niño. Estoy contra ellos, ¿pero qué puede hacer una vieja como yo contra todos estos cabezas de rocas? Ellos son duros de roer."
Kuroro no dijo nada, simplemente se giró para marcharse. Y cuando alcanzo la puerta, Hatsubaba lo volvió a llamar.
"Kuroro. Sobre Ishtar—"
Y sin siquiera prestar oído hasta que terminara, Kuroro abandono la habitación. La anciana solo sacudió su cabeza y suspiro.
"¿huyendo, no?"
"Exacto…" balbuceo divertidamente Kurapika. El Kuroro junto a ella la agracio con una molesta mirada, pero no dijo nada para negarlo. Siendo honestos, el admitía haber sido un estúpido e infantil niño.
"Entonces… ¿Los otros niños son tus otras arañas?" pregunto Kurapika, pero no había duda de la bilis en su voz cuando menciono la palabra arañas.
"Sí, los que provienen directamente Ryuusei-gai." Le respondió brevemente Kuroro. Sí, originalmente erramos ocho: Machi, Uvo, Nobu, Paku, Feitan, Phinx, Franklin y yo. Recordó.
Nuevamente y por enésima vez, el aire volvió a vibrar y tintineante sonido volvió a golpear sus oídos. Esta vez, en vez de encontrarse con distorsiones del tiempo mientras el espacio cambiaba, eran lanzados dentro de la abismal oscuridad.
Cuando ambos estuvieron conscientes de su entorno, se encontraron envueltos una vez más por la oscuridad. Una luz roja brillaba en la lejanía, pareciendo crecer gradualmente. Incluso sin pensarlo dos veces, sabían que era el fénix que venía por ellos. Ciertamente, la luz se transformó en la de Lady in Red.
"Sintiéndose ignorantes, ¿no?" pregunto con la diversión siempre presente en su voz.
"¿Ahora qué?" pregunto Kuroro, algo cansado con el juego de Lady in Red.
"Bueno, para tu información, ahora me voy. Tengo asuntos que hacer, así que los dejo. Además, mi trabajo ya está hecho. Su tarea es darle una segunda vuelta a todo el pasado que visitaron. Fácil, ¿no?"
Seriamente, su forma de hablar estaba comenzando a crispar sus nervios. Su aspecto real y su forma de hablar no calzaban. Era como ver a una reina que fue criada en una choza por delincuentes.
De pronto, la oscuridad desapareció por las destellantes flamas del Fénix. Mientras eran engullidos por las llamas, Lady in Red se mostró por última vez frente a ellos. Seguía vestida con su exótico atuendo, pero su apariencia era más bien traslucida. Les sonrió con la misma sonrisa juguetona y entonces, su forma comenzó a variar. Su vestido bailo entre las flamas, transformándose en plumas de fuego. Kuroro y Kurapika no desperdiciaron ni un segundo al observar la magnífica transformación del Fénix.
Bueno… ahora me marcharé. Kurapika… se giró para mirar a Kurapika; quien pensaba que mientras ella se transformaba en un fénix, su forma de hablar mejoraba.
Cuando nazca el niño, llévalo a Ishtar.
Sin darle la más mínima información, el ave de llamas eternas desapareció. Dejando un sofocante silencio entre ellos, antes de que el grito de Kurapika rompiera bruscamente la paz.
"¿QUÉEEE?"
Y entonces, las llamas los consumieron por completo.
LA tipeja que traduce… u.u… años sin traducir, pero me confieso, estoy floja aproveche de dormir y descansar, ver tele y estupideces por el compu u.u… pero termine =)… así que , aquí otro capítulo de este fic… espero que la traducción no esté muy rasquita… ;) nos leemos, gracias por el review … muchas gracias… te pasaste…. Y me hiciste sentir culpable u.u
