TRADUCCION: Esta historia no me pertenece, yo nunca la eh escrito ni mucho menos eh aportado con alguna idea o sugerencia, todo este trabajo pertenece a la autora Runandra, quien es la mente maestra tras esta idea, la historia original pueden encontrarla en el siguiente link:

www(punto)fanfiction(punto)net/s/5650325/1/1001_Nights

Aclaración: Hunter x Hunter no me pertenece.

Esto dice Runandra (la autora), puede contener spoiler… por no decir que tiene spoiler del fic XD: Muchas gracias a todas las personas que dejan comentarios por su invaluable apoyo; ayudan a mi moral *reverencia* para rin_4869, por favor no es que no quiera responderte, pero no tienes cuenta. Si lo deseas, puedes enviarme un mail (fíjate nuevamente en mi perfil). Vemos muchas conversaciones y pensamientos de nuestros personajes centrales. ¿Alguna queja por sus pensamientos y sentimientos? Hehehe… de alguna forma, Kuroro se parece a Sensui de Yu Yu Hakusho; por lo que pensé que le gustarían los animales también. La conclusión de Kuroro es más bien simple, pero en cuando a todo lo que corresponde sus pensamientos hacia Kurapika, eso lo veremos en el próximo capítulo. No quiero mostrar todo en un solo capitulo. Supongo que la primera parte es realmente una sorpresa para los lectores, ¿no? Kurapika embarazada de Kuroro, ¿Quién quiere ver eso? ¡Arriba esas manos! XD

Próximo capítulo: Así que ya habían decidido asistir a la apertura del museo nacional en el país de Hanzo. Y decidieron pedirle ayuda al ninja con su alojamiento, pero ¿quién hubiese pensado que los pondría en un onsen (agua termal)?


La historia hasta ahora: Kurapika y Kuroro se encuentran atrapados en el mundo que Lady in Red creo, obligados a revivir su pasado. Han visto la pesadilla de Kurapika y ahora estaban por ver el oscuro pasado de Kuroro, desde su niñez.

Capítulo 15

CONCLUSIONES DEL PASADO

Kuroro gruño mientras intentaba mover su adolorido cuerpo. Era como si hubiera estado recostado sobre un solo lado por anda a saber cuánto tiempo y ahora estaba completamente adolorido. Abrió sus ojos y lo primero que vio fue el rostro de una dormida Kurapika. Por reflejo se puso de pie, ignorando las protestas de sus adoloridos músculos y ligamentos.

Percatándose de que se encontraban en la orilla en la que habían estado, antes de haber cruzado el lago sobre la espalda de Una. Levanto la vista y vio que la isla había desaparecido junto al fénix. Luego miro la dormida figura de Kurapika. Y por como ella estaba durmiendo y él había estado recostado junto a ella, podía ver como desde el exterior ellos parecían más una pareja que viajeros extraviados. Agradecía haber despertado primero que ella. ¿Quién podía decir lo que haría la chica si se encontraba nuevamente en una comprometida posición? Provocaría el Armagedón.

Sintió un golpecito sobre su hombro y cuando se giró, se encontró cara a cara con Una, su unicornio potrillo.

"¿Nos estuviste esperando? Buena chica." La dio unas suaves palmaditas.

La briza que soplaba era fría y la noche ya caía. Necesitaba despertar a la muchacha para caminar hacia el bosque más cercano. No deseaba pasar la noche a campo abierto, vulnerable a la briza nocturna y a todo lo demás.

"Kurapika, despierta." Movió suavemente su hombro.

Kurapika, teniendo el sueño ligero, rápidamente respondió. Gruño adormecida y rodo sobre un costado. Abrió sus ojos y parpadeo unas cuantas veces. Su cabeza estaba en un remolina, completamente aturdida, como si acabara de atravesar un grueso muro de lodo. Miro su alrededor y cuando sus ojos cayeron sobre Kuroro, una voz sonó en su cabeza.

Cuando el niño nazca, llévalo a Ishtar.

"¿Niño? ¿Qué niño?" grito sorpresivamente y ganando una inesperada fuerza, considerando que acababa de despertar. De un salto se sentó.

Kurapika se volteó hacia Kuroro con enojo, acusándolo con la mirada. El mismísimo Kuroro estaba llevándose el susto de su vida, ya que la chica de la nada dio un grito saltando de la arena, como si hubiera sido electrocutada. Kurapika sujeto el cuello de su camisa, sacudiéndolo violentamente.

"¿Qué me hiciste? ¿Cuándo—"

"¡No te eh puesto un dedo encima!" protestó tan pronto como comprendió él porque estaba asustada. "¡Mucho menos te eh embarazado! ¡Ten un poco de lógica, Kurapika! ¿Solo hemos estado unas cuantas horas fuera de la cueva y realmente crees que puedas estar embarazada en tan poco tiempo?"

"Por la cresta Kuroro. ¡Desde que viajo contigo que las cosas dejaron de ser lógicas!"

"Por primera vez concuerdo contigo." Se quejó mientras quitaba los puños de Kurapika sobre su camisa. "Ves, Una todavía permite que la toques, lo que obviamente significa que sigues siendo inocente. Así que deja de desquitarte conmigo."

Ciertamente, a penas Kurapika comenzó con sus gritos histéricos Una se le había acercado, acariciándola con su nariz, como si intentara consolarla. Cuando Kurapika miro sus pequeños y brillantes ojos su miedo se esfumo, y sus caderas se transformaron en gelatina. Suspiro aliviada, abrazando la cabeza del unicornio, como si con eso se convenciera aún más. Kuroro entonces arreglo su camisa arruinada por el abuso de Kurapika. Luego de unos minutos, cuando Kurapika se había tranquilizado, Kuroro se levantó y despolvo sus pantalones.

"Estoy cansada." Dijo de pronto.

"Sí, sorpresivamente" admitió.

"¿Deberíamos parar por hoy?"

Kuroro levanto una ceja, "siendo civilizados, ¿no?"

"Como dije, estoy demasiada cansada para discutir contigo. Bajo circunstancias normales, seguiría el juego."

"…no pareces tan cansada. Ya estas discutiendo."

"Cállate" le frunció el ceño abiertamente.

"Vamos, primero lleguemos al bosque." Dijo mientras ponía su mochila sobre sus hombros. "No podemos acampar en un lugar abierto como este. Sin mencionar la briza nocturna. Nos enfermaremos si dormimos aquí."

"Concuerdo."

Nos… ¿desde cuándo esa palabra suena tan normal entre nosotros? Pensó Kurapika mientras se ponía su mochila y seguía a Kuroro hacia el bosque, no muy lejano de allí. Una vez llegaron al bosque dejo de prestarle atención al asunto.


Hicieron una hoguera para mantenerse calientes. Y se sentaron uno frente al otro; el lazo se había extendido nuevamente, permitiéndoles sentarse de esta forma. Antes, tal lujo estaba fuera de duda, debido al espacio restringido. Kurapika seguía sintiéndose incomoda por que el lazo se hubiera expandido, debido a todo lo que implicaba. Pero aun así, agradecía el espacio extra que ahora tenía. Una se sentó cerca de Kurapika, quien aún se veía un poco inquieta. Esta se inclinó contra el unicornio, como si fuera su almohada. Rápidamente el unicornio se durmió, al igual que Kuroro, pero ella sabía mejor que nadie, que mientras el último dormía estaba más consciente que nadie sobre lo que rodeaba.

Kurapika observo el crujiente fuego; el color le recordaba los ojos de sus camaradas. Y apretó sus dientes, escondiendo su rostro entre sus rodillas. Quería llorar, realmente quería llorar y más aún cuando había sido obligada a ver las pesadillas de su pasado. Si el asunto del niño no la hubiera distraído, probablemente, lo primero que hubiese hecho tras despertar hubiera sido llorar hasta cansarse. Pero había prometido ser fuerte, por lo que intento mantener su promesa.

Vale la pena aprender del pasado… era lo que había dicho el Fénix antes de arrojarlos a sus pasados.

¿Qué debo aprender de mi pasado? Solo hay odio, amargura y perdida… pensó ásperamente Kurapika.

"Aniki…" susurro con voz triste.

Su hermano había sido la persona más cercana a ella. Incluso si el mundo desaparecía, mientras su hermano estuviera con ella todo estaría bien. Por supuesto que ella amaba a sus padres, pero no tanto como quería a su hermano. Habían sido literalmente inseparables, y ella siempre había aspirado a ser como él. Soñaba con viajar por el mundo junto a su hermano, pero aquel sueño había sido cruelmente aplastado y pisoteado… por ese hombre.

Kurapika levanto su mirada lo suficiente para observar la figura dormida del hombre. El hombre de pelo negro y fríos ojos oscuros; el demonio que azoto su villa y le robo la vida a su gente junto con su orgullo; sus ojos escarlatas. Sus ojos ardieron ferozmente, su brillo casi excedía al de la hoguera. El crujido de la fogata ocultaba el tintineo de sus cadenas, mientras que con In ocultaba el nen de sus cadenas. Cerniéndose peligrosamente a su alrededor, como una cobra lista para atacar.

Puedo hacerlo ahora. Susurro su mente. Ahora puedo matarlo. La sed de sangre comenzó a envolverla, y sus ojos escarlatas brillaron con el odio que cuidadosamente había cultivado durante sus años de viaje desde la montaña Rukuso.

Si él muere, tú igual morirás. Hoy no hay luna nueva. Una pequeña voz susurro en su cabeza; una que susurraba en las profundidades de su mente.

No importa. Dilato sus ojos y la Jail Chain se elevó celestialmente, lista para atacar en cualquier momento.

Nunca obtendrás salvación de la venganza. La voz del Fénix resonó en su cabeza.

No necesito salvación. Sacudió la voz de su cabeza. Mi vida ha sido dedicada a la venganza de mi tribu.

Sobrevivir y seguir viviendo. Kurapika parpadeo. La voz de su maestro de artes marciales sonó en su cabeza como si fuera una campana.

Preserva nuestra orgullosa sangre kuruta.

Morirás si el muere.

Kurapika dejó caer su mano y la cadena se desvaneció en el aire. Inclinándose nuevamente contra Una. Mientras su hombro temblaba, sintió que la previa determinación de asesinar la cabeza de la araña se vaporizo. Entonces la sed de sangre fue reemplazada por confusión.

¿Qué se supone que debo hacer ahora? ¿Qué debo hacer? Se preguntó con consternación en su rostro. De pronto, todo concluyo en dos decisiones: vivir o morir. Si lo asesinaba ahora, asumiendo que lograba hacerlo, cumpliría una de sus promesas aunque a costa de su vida, mientras que los preciados ojos de su tribu se perderían para siempre. Si decidía no asesinarlo, podía continuar viviendo para recolectar los ojos y cumplir los deseos de su moribundo maestro, pero quisiera la oportunidad de su vida para matar al elusivo hombre.

¿Prometí ayudarte a recolectar los ojos de tu gente, no? La voz de Kuroro resonó en su cabeza.

Como si fuera a cumplir su promesa. Por amor de dios, es un criminal. Se burló mentalmente Kurapika.

Yo mantengo mis palabras, Kurapika. De nuevo esa voz llego a su cabeza.

¿Por qué debería confiar en él? Intento convencerse asimisma.

Primero soy humano, luego una araña. Hablo de nuevo esa voz.

¡Los humanos no siempre mantienen sus promesas! Casi grito en su cabeza, deseando que la insistente voz desapareciera. Las personas rompen sus promesas…

Hasta ahora, nunca te ha mentido. Otra vocecita hablo en su mente; la misma vocecita de las profundidades.

¡No importa! ¡No importa! Apretó su cabeza con desesperación. Yo tan solo vivo por este propósito. Debo vengar a mis camaradas o sino—

No desperdicies tu vida en venganzas.

Contuvo su aliento. ¿Estoy…desperdiciando mi vida?

Una vez que obtengas tu venganza, solo te quedara un frio vacío. La voz de su maestro nen retumbo en su cabeza.

Nunca obtendrás salvación de la venganza. Una vez más la voz del Fénix invadió su cabeza.

¿Necesito realmente la salvación? Kurapika se hizo un ovillo. No entiendo. No comprendo…

Kurapika se encogió mientras comenzaba a ahogarse en su confusión. ¿Qué… supuestamente debo hacer?


Las hojas muertas crujieron bajo sus pies. Sabían que seguían en las profundidades del bosque y que probablemente necesitarían de unas noches más antes de alcanzar la civilización. Kurapika levanto la vista y miro la espalda de Kuroro, quien caminaba frente a ella. No hablaron demasiado durante el día. Daba la impresión de que ambos estaban igualmente ocupados con sus pensamientos. Dejaron que Una los guiara ciegamente hacia la salida del bosque, ya que ninguno conocía lo conocía.

"No dormiste bien." Era más una declaración que una pregunta.

Kurapika salió de su ensueño y alzo la vista, tan solo para ver directamente dentro de esas oscuras orbes suyas. Algo había en ellas, pero no sabía que. Era cierto que apenas había dormido ayer debido a las indeseables preguntas en su cabeza, y no sabía que era visible en su pálido rostro y los oscuros círculos de sus ojos.

"Metete en tus propios asuntos." Dijo claramente mientras apartaba la mirada.

Kuroro la miro unos segundos, antes de apartar la mirada y continuar atravesando el bosque. Realmente tenía que pensar en sus propios asuntos. Todo los hechos que había descubierto en las grabaciones de su pasado; era perturbante.

Para cuando cayó la noche, seguían sin salir del bosque, por lo que una vez más tuvieron que dormir a la intemperie. Distribuyeron el campamento de la misma forma que la noche anterior, y se sentaron frente al fuego en silencio.

"Días de ensaladas… cuando mi juicio aun no maduraba…" balbuceo repentinamente Kurapika sin prestar atención. Su voz era un susurro entre el crispante fuego. Viendo verde y hojas todo el día, eso fue lo primero que pensó, y al pensar en ensaladas; esa fue la primera frase que surgió en su cabeza.

"¿Una cita de cleopatra? ¿Qué hay con eso?" pregunto Kuroro, intrigado por su repentino y caprichoso comentario. Kurapika rara vez había sido caprichosa. Sabía que era como él; calculadora y estratégica.

Se encogió de hombros. "Luego de revisitar nuestro pasado, eso es lo que se vino a mi cabeza."

"Eso se aplica a mí, pero no a ti. Tú sigues en tus días de ensaladas (NT: días de juventud)." Rió divertido. "Honestamente, eres una niña tan prematura."

"¿De quién es la culpa?" dijo irritada, aun así podía sentir como su cara ardía de vergüenza.

Kuroro sonrió ante su reacción infantil, pero no dijo nada más. El silencio lleno el vacío entre ellos. Kurapika tenía razón de cierta forma. Kuroro había sido quien inconscientemente había creado una situación, en la cual Kurapika fue condicionado a crecer de forma prematura para lograr sobrevivir y tomar venganza. Kuroro, por una, no paso su tiempo libre leyendo algún libro sino que miro el fuego con una distante mirada en su apuesto rostro. Kurapika le lanzo una mirada y al ver esa mirada en Kuroro, no pudo evitar sentir curiosidad.

"¿Cómo te sientes después de todo eso?" pregunto finalmente.

"¿Por qué la repentina preocupación?" pregunto mientras miraba sus ojos, suspicazmente. Kurapika nunca le había preguntado por cómo se sentía.

"Llámalo curiosidad." Se encogió de hombros. Sinceramente, solo quería comparar su sentir. Si ella se sentía confundida, entonces ¿Qué sentía él?

"Desorientado." Admitió con franquead mientras veía el fuego. "Es desconcertante… descubrir que habían tantas cosas a mi alrededor de las cuales no era consciente. No, no es como si no lo supiera. Solo no quería saberlo."

Kurapika estaba sorprendida, a decir verdad, de que Kuroro le respondiera siquiera. Conociéndolo (a regañadientes, ya que no se podía evitar mientras viajaban), era del tipo que se guardaba todo para sí y muy rara vez le decía a alguien sobre sus sentimientos. Eso la alarmaba ligeramente, pero a pesar de eso, Kurapika no dijo nada sobre eso y prosiguió con sus preguntas.

"¿Te arrepientes?"

Se encogió de hombros. "Ni idea." Si era sincero. Esperaba hacerlo a un lado y seguir con su modo de vida, pero simplemente no podía; y esto lo confundía.

"…¿qué es peor; revivir las pesadillas de tu pasado o descubrir que hay partes cruciales de tu pasado que no conocías?" pregunto de nuevo.

"¿Quién sabe? Pero si me preguntas a mí, ambos son desagradables…" se detuvo, antes de agregar: "…Kairi."

"No comiences a llamarme así." Kurapika dijo de forma abrupta. "Abandoné ese nombre hace 6 años atrás." Dijo mientras apartaba su mirada.

"No te preocupes. Ese nombre ya no te queda. Sin importar que, siempre serás Kurapika para mí. No conozco a ningún otro Kurapika." dijo llanamente sin mirarla a los ojos.

Y yo… ¿me estoy justificando? Por el crimen que cometí… detuvo su línea de pensamiento. ¿Crimen? Feh… estoy volviéndome un extraño.

Kurapika, por otro lado, se sentía muy extraña al oír tales cosas de Kuroro Lucifer. Si era interpretado de forma incorrecta, esa oración podía tener muchas implicaciones. Indispuesta a añadir más cosas a su lista para pensar, dejo de lado sus pensamientos. Si era posible, no quería asumir cosas que tuvieran que ver con lo que la cabeza de araña decía o hacia alrededor de ella. Eso era simple y llanamente, dañino para su salud.

El silencio volvió a ocupar el espacio. Solo el sonido de los insectos que los rodeaba era oído. Y de la nada Kurapika hablo; o más bien susurro.

"Todo este tiempo, eh estado cultivando mi odio hacia ti y tus arañas. Ahora que visite mi pasado… recordé…"

Se detuvo, como si dudase continuar. Kuroro espero pacientemente a que ella se sintiera lista para terminar su oración, pero las palabras nunca abandonaron su boca. En cambio, solo abrazo sus piernas y recostó su frente en sus rodillas.

"…no importa…" dijo con voz pequeñita mientras cerraba sus ojos. Kuroro levanto una ceja, en forma de pregunta, pero viendo que Kurapika no tenía deseo de continuar su oración, decidió no presionarla. Ella ignoro completamente a Kuroro por el resto de la noche.

Solo quiero saciar mis ansias de venganza. No es tan solo por respeto a mi difunto pueblo. Sino por mis sentimientos personales. Solo quiero estar a mano con el hombre que me daño…

Esa fue a la conclusión que llego. Pero luego agrego otro pensamiento,

Pero no es eso lo que supuestamente debo hacer. Mi prioridad es recolectar los ojos de mi pueblo… y continuar viviendo.


El fuego crujía dulcemente en medio de su humilde campamento. Kurapika observaba ausentemente el fuego.

No lo tolerare. No nacimos para ser el oscuro rebaño de esos codiciosos bastardos. ¿Necesitan dinero? Está bien, yo les daré dinero.

Kurapika contrajo sus ojos. Así que esa era la razón del porque el Genei Ryodan iba por el mundo asaltando y robando los tesoros de las demás personas; para financiar toda la ciudad. Pero aun así, esa no era una razón para asesinar personas. Asesinar era innecesario en su trabajo para lograr ese objetivo, ¿no? Resoplo suavemente y sacudió su cabeza. Si esa era la idea del Fénix; convencerla de que perdonara a Kuroro por lo hecho hace 6 años atrás al mostrarle su pasado, entonces no lo había logrado.

Sin importar que, su crimen es imperdonable. Pero…

Las escenas del pasado de Kuroro fluyeron en su mente. Todos los horribles recuerdos del pasado de Kuroro, no podía olvidar el momento en que sus padres se habían asesinado entre ellos. Recordó cuando Kuroro le conto que sus habilidades psicológicas se habían desarrollado atrasadamente.

¿Entonces es su naturaleza no temerle a la muerte?

Movió su cabeza hacia un costado, recostándola sobre su hombro.

¿Y supuestamente debo perdonarlo por ser quién es?

Kurapika se movió y busco los ojos escarlatas entre su equipaje. Miro mudamente las orbes escarlatas. Debía admitir que era terrorífico ver dentro de esos ojos muertos, aun cuando brillaban como si estuvieran vivos. No tenía idea de a quien le pertenecían los ojos que estaba viendo. Sin que ella lo notara, algo cálido se deslizo por su mejilla. A ella le parecía que esos ojos le decían que estaban solos; que querían ser reunidos con los otros pares.

"Prometo…" susurro con una voz casi inaudible, mientras cerraba fuertemente sus ojos, intentando contener sus lágrimas. "Prometo que volveré a reunirlos."

Prometí que te ayudaría a recolectar los ojos de tu gente, ¿no? Las palabras de Kuroro sonaron nuevamente en su cabeza. Suprimió las ganas de sollozar. No lloraría, no frente a ese hombre. Seria fuerte, sin embargo pensó en esas palabras.

"Más te vale mantener tus palabras." Susurro suavemente.

Mantengo mis palabras, Kurapika.

"…idiota." Enterró su rostro entre sus piernas.

Sin saberlo, Kuroro la había estado observando sigilosamente mientras se inclinaba contra el tronco de un gigantesco árbol tras él. Sabía que había estado luchando con sus demonios; su sed de venganza, odio y todas las emociones negativas que había estado 'criando'; desde hace 6 años como había informado. Era casi demasiado simple saber en qué estaba pensando. Pero quizás, su problema fuera más simple que el de ella.

Había sido un ignorante durante todo este tiempo. Su desprecio por Ishtar; la mujer que lo había criado, se había basado en su rechazo a conocer la verdad. ¿En que pesaba en ese entonces? Cerro sus oídos negándose a escuchar la respuesta. No, ni siquiera les había dado la oportunidad de explicarse; a Hatsubaba e Ishtar. Las dejo atrás, antes de que pudieran defenderse de sus acusaciones. Que penoso de su parte.

Kuroro miro el cálido fuego de su campamento. A pesar de toda su culpa e incredulidad hacia sus estúpidos días como adolecente, todavía no quería ver a Ishtar en estos momentos. Normalmente eso era lo que hacían las personas; regresar a sus padres y reconciliarse. No, no haría eso. Habían asuntos más importantes en estos instantes, y el problema entre Ishtar y él podía esperar un poco más. Después de todo, Ishtar había esperado por 10 años. Un poco más no la mataría.

Detuvo la línea de sus ideas y resoplo divertido.

Sigo siendo el mismo mocoso egoísta de siempre, ¿no? Pensó.

No puedo aceptar que seas tan malagradecido con tu madre adoptiva. La irritante voz de Kurapika lo volvió a reprender. Kuroro cerró sus ojos y pensó en ello.

Supongo que lo di por sentado. Se encogió mentalmente.

Su corazón… es irreparable. La triste voz de Ishtar resonó en su cabeza. Kuroro, con sus ojos aun cerrados, frunció el ceño ligeramente, mientras recordaba esas palabras. Lo había dicho como si realmente fuera imposible. Cuando lo oyó, le dio la impresión de que era un juguete roto. No le gustaba. Le probaría que ese no era su caso.

De pronto, sintió una mirada sobre él. Ni siquiera tenía que abrir sus ojos para ver quien lo veía. No era tan solo porque Kurapika era el único humano del área, sino que ya estaba acostumbrado con sus miradas, sin mencionar aquellas oscuras.

"¿Sí, Kurapika?" pregunto, sin tener ganas de mirar esos inquisidores ojos. Asimismo, el no deseaba ver esos ojos inyectados en sangre; que eran la prueba viviente de que había estado llorando en silencio. Se sentía mal cada vez que veía esa clase de miradas en ella; pero de eso nunca se percató.

Kurapika estuvo callada por un momento, dudando aun si debía o no hacer esa pregunta. En estos últimos días, de alguna forma el tema de sus pasados era algo incómodo. Kuroro parecía dispuesto a escucharla, por lo que ella le pregunto.

"¿No habías sabido eso hasta ahora?" pregunto con tranquilidad.

"No." Fue su única respuesta. Sabía que ella le preguntaba sobre el hecho de que Ishtar jamás lo había criado para que se convirtiera una soldado de elite.

"Apuesto a que nunca quisiste enterarte."

Nunca respondió; lo que ella tomo como un no.

"Saltando sobre conclusiones. Incluso Kuroro lucifer comete esa clase de errores." Dijo burlonamente, solo para molestarlo. "Y encima de todo eso, le romo 10 año arreglar ese error."

"Las personas cometen errores, Kurapika." dijo con voz monótona.

"Eso es lo que llamamos 'bondad pagado con desprecio' y pagaras por eso." Comento abiertamente.

Ya estoy pagando por ello, al tenerte como mi atormentador personal. Peno amargamente, Kuroro, mientras rodaba sus ojos.

"Ahora que sabes la verdad, ¿vas a cambiar tú actitud hacia ella?"

"Honestamente, deja de meter tu nariz donde no te llaman." Kuroro ni siquiera se molestó en esconder lo cansado que estaba de su testarudez, al masajear abiertamente el puente de su nariz. "Este asunto no te concierne en lo absoluto."

"Cierto, pero me molesta. Yo… siento pena por ella."

Su voz se acallo cuando noto su irritación. Entonces un profundo silencio cayó entre ellos. Kurapika se acercó más al calor que Una emitía. Kuroro, por otro lado, permaneció rígido en su lugar.

"Pienso que deberías disculparte con ella." Dijo de la nada.

"…pensare en ello."

Kurapika se giró hacia él y lo recompenso con su mejor expresión de sorpresa. Había esperado que la ignorara o le lanzara una mirada asesina, advirtiéndole que no se metiera en sus asuntos. Nunca había esperado que dijera algo tan humilde (considerando que provenía de Kuroro).

"¿Entonces la aceptaras como tu madre?" le pregunto.

"No juegues con tu suerte, niña." Dijo con un molesto 'tsk'. Esta vez abrió sus ojos, fulminándola suavemente con su mirada.

"¡Deja de decirme niña! Ya tengo 17, ¡Voy a cumplir 18!" protesto con una ligera mueca.

"Cierto, se me olvido. Eres una niña precoz, después de todo." Le sonrió sarcásticamente mientras arrojaba una rama seca al fuego. "Hora de ir a la cama, niñita."

"Oh, ¡Eres realmente molesto!" exclamo Kurapika, mientras sacaba su frazada de su mochila, obedeciéndolo a pesar de su enojo. Y sin mayor argumento o discusión, los dos decidieron dormir y descansar.


Solo durmió unas cuantas horas, cuando una presencia lo despertó de su sueño. Kuroro se levantó e instantáneamente entro en Zetsu. Examino sus alrededores, sin encontrar nada sospechoso. La hoguera se había reducida a brazas, mientras que la noche estaba muerta, solo el sonido de los grillos e insectos la perturbaba.

Kurapika seguía profundamente dormida, pero Kuroro vio que Una se encontraba completamente despierta. Estaba tan inquieta como el, sin embargo no se atrevía a moverse por miedo a despertar a Kurapika, considerando que dormía muy cerca del potro de unicornio.

Y justo cuando Kuroro había decidido que solo era paranoia la sintió. La creciente presión proveniente de una dirección, la que se aproximaba rápidamente hacia ellos. Se sentía familiarizado con aquella particular presencia y su instinto asesino. Rápidamente le lanzo una mirada Una y el potro ya se encontraba preparada para defenderse. Kuroro sentía el poder que emanaba, cubriendo el campamento y creando una barrera de protección a su alrededor.

No debe respirar… ni hablar… dijo Una.

Kuroro miro a Kurapika, quien estaba milagrosamente inconsciente de lo que ocurría, pero sin embargo comenzaba a despertarse. Aparentemente, la voz de Una la había despertado de su sueño. Y en cuanto abrió sus ojos, Kuroro salto a su lado, cubriendo su nariz y boca con una mano. Sorprendida, Kurapika intento defenderse pero Kuroro ya tenía su otra mano en ella, posesionándose sobre ella, inmovilizándola. Su fuerza era superior a la de ella, por lo que su defensa era cercana a inútil.

"No respires." Le susurro en su oído, su cara solo a centímetros de la suya.

Aún sin comprender la situación, sintió la tensión de Kuroro y Una, por lo que intento relajarse pero sin dejar su cautela. Era difícil de cierta forma, porque extrañamente la ronca voz de Kuroro sonaba demasiado atrayente a sus oídos, a pesar de toda la tensión que había. Comprendiendo lo que estaba sucediendo, Kurapika se reprendió por sus pensamientos. Obedientemente contuvo su respiración, pero aun así, Kuroro no quito su mano de su rostro. Pronto, escucharon crujir los arbustos y una figura emergió de la oscuridad. Oh por dios, cuan sorprendida estaba Kurapika cuando vio la figura.

¡Hisoka! Grito en su cabeza.

El solo encontrarse con ese hombre era malo, pero toparse con su sed de sangre y deseos asesinos, gritaban APOCALISPSIS. Kurapika ahora aguantaba lo mejor que podía su respiración. Ni siquiera se atrevía a moverse. Kuroro lo miro mientras veía como Hizoka observaba el lugar con perturbados ojos. Esos ojos se veían como si estuviera alucinando debido a las drogas; típico de Hizoka cuando estaba con sus deseos de sangre.

"Extraño…" murmuro el frenético payaso con su voz entremezclada. "…juro que los sentí hace unos segundos…"

Camino por el lugar, como si intentara comprender que ocurría. Su posición era espeluznante; encorvándose de forma bestial y su rostro estaba tan torcida que Kurapika no pudo evitar el escalofrió que corrió por su espalda cuando lo miro. Se veía como una bestia, listo para atacar a la presa en la que había puesto sus ojos.

"Era… aquí…" murmuro mientras se ponía justo frente al trio.

Los pies de Hizoka se encontraban casi tocando el pelo rubio de Kurapika, y su mirada parecía haber encontrado la de Kuroro. Pero para Hizoka, el solo veía el suelo vacío bajo él. Por largos segundos escruto el lugar hasta que finalmente decidió marcharse, murmurando decepcionadamente.

"Y creía haber encontrado diversión…" susurro mientras se marchaba.

El trio permaneció en esa posición por unos cuantos segundos, hasta estar seguros de que la presencia de Hizoka había abandonado sus alrededores y que se encontraba fuera del rango auditivo.

Se fue… finalmente susurro Una, bajando sus barreras.

"¿Qué hacía Hizoka en este lugar?" susurró Kurapika, temerosa de que Hizoka la oyera y cargara nuevamente contra ellos.

"A mí también me gustaría saberlo." Respondió Kuroro mientras apartaba la mano de su cara.

Incluso sin que ellos lo dijeran, ambos sabían la clase de desastre que caería sobre ellos si se encontraban con un Hizoka en tal humor. Ignoraría sus explicaciones y solo insistiría en luchar. Y dada sus circunstancias, definitivamente tendrían la desventaja. Hizoka era la clase de oponente contra él cual uno debía luchar con todo lo que tenía si quería sobrevivir. Incluso Kuroro sabía eso.

"¡Quita tus manos!" siseo Kurapika.

Obedientemente, Kuroro se levantó y dejo que Kurapika se sentara. Ella relajo sus adoloridos músculos, ya que literalmente había estado todo el tiempo sobre ella mientras Hizoka revisaba el lugar.

"Me saldrán moretones." Balbuceo mientras masajeaba sus magullados hombros y brazos.

Mientras Kuroro se tranquilizaba, noto que Una seguía temblando debido al stress provocado por la abrumadora aura asesina de Hizoka. Se inclinó hacia ella y acaricio sus hombros. Ella relincho suavemente a la vez que acercaba su nariz a él.

"Hizoka debe haberla asustado." Comento Kurapika mientras veía lo nerviosa eh inquieta que se encontraba Una.

"Cualquier niño hubiera mojado sus pantalones al ver en ese estado a Hizoka." Dijo casualmente Kuroro mientras continuaba acariciando la melena de Una.

"Incluso yo debo admitir que Hizoka me asusta de tiempo en tiempo." Kurapika tirito inconscientemente, al recordar esos hambrientos ojos que a veces la miraban.

"No te consolare como lo hago con Una." Dijo Kuroro con una maliciosa sonrisa mientras se inclinaba hacia el potro que disfrutaba su cariño.

"Guárdatelo para ella. ¡No lo necesito!" le dijo bruscamente.

"¿En serio?" continuo molestándola con una sonrisa en su apuesto rostro.

Sin nada mejor que decir, el hombre se calló, mientras que Kurapika decidió cerrar su boca y maldecir en su cabeza. Eso la salvaría de la humillación, como había aprendido con la experiencia. De pronto, un pensamiento cruzo su cabeza.

"Hablando de Hizoka…" comenzó. "Gon y Killua me contaron algo sobre Hizoka en Greed Island, buscando a un removedor de nene para ti. ¿Eso lo tomo como que obtuvo su oportunidad para luchar contigo?"

"La tuvo." Le respondió amablemente.

"¿Quién perdió?" pregunto de forma directa.

En su interior sabía quién había vencido. Hizoka mataba a sus oponentes cuando dejaba de jugar con ellos, por lo que si Kuroro seguía vivo, bueno… solo podía significar una cosa. Sin embargo, era lógico que Kuroro también acabara con Hizoka, ya que ese payaso demente en repetidas ocasiones lo ponía en situaciones desfavorables. Por decir una, había traicionado al Genei Ryodan por Kurapika y hubiera perdido su vida si Gon y Killua no hubieran caído en manos de la araña. Pero de nuevo, Kuroro podía ser impredecible a veces. ¿Quién sabía lo que pensaba?

"¿Necesitas preguntar?" dijo de forma llana.

Kurapika le frunció el ceño ante su irritante satisfacción. Y repentinamente, perdió el interés en ese asunto.

"Creo que voy a dormir." Dijo con un suspiro. Realmente, discutir con Kuroro lucifer solo la agotaba.

"Bien por mí." Se encogió de hombros, pero no regreso a su antiguo posición. En cambio, Kuroro se recostó junto a Una luego de acariciar su suave cabellera; como si reasegurándola.

Duerme cerca de mí. Le rogo el potro de unicornio, con su voz disminuida y débil.

Ciertamente, Kurapika estaba lista a cambiar su lugar y dormir en alguna otra parte, lejos del hombre, pero al oír el ruego de Una, no tuvo corazón para rechazarla. Después de todo, había sido la magia de Una la que los había salvado de un gran problema. Por lo que Kurapika soporto la presencia cercana de Kuroro mientras dormía, y paso la noche descansando cerca de Una, consolándola, ya que seguía traumatizada con la amenazadora presencia de Hizoka.


"Todavía me molesta…" comenzó Kurapika con voz baja. "…lo del niño…" dijo con voz aún más baja.

Seguían caminando por el bosque, pero mientras el sendero se angostaba, sabían que se acercaban a la salida y a la civilización.

"…estoy muy seguro de que no estas embarazada." Le respondió torpemente mientras miraba a Una. Quien seguía comportándose normalmente alrededor de Kurapika, lo que significaba que debían estar en lo correcto.

"…Aun así…" Kurapika agacho su cabeza en un intento por esconder sonrojo que amenaza quemar su rostro.

"Ella dijo 'cuando el niño nazca' sin decir cuándo o como. Relájate un poco, Kurapika. NO estas embarazada." Dejo salir un suspiro. "Ni siquiera dijo que serías tu quien daría a luz."

¿Pero en que más había podía pensar? ¿Cómo podía nacer un niño sin una madre? Si pasaba algo, ella sería quien tendría el niño ya que era la única mujer allí… espera un segundo.

"¿Podía ser Una…?"

"Ella es solo un potrillo, no esperes demasiado."

"Está bien, quizás sea yo quien dé a luz un niño, cruzare mis dedos pero, ¿Pero quién serpa el padre? No soy la virgen María." Exclamo Kurapika mientras lanzaba sus brazos al cielo, exasperada.

Kuroro se voltio a mirarla y entonces le dio una sonrisa burlona. Era una sonrisa que producía escalofríos, no por algo maligno o peligroso, sino que por algo más.

"Tú no." Dijo con un susurro apenas audible, llena de horror.

"Nadie dijo eso." Le respondió mientras le volvía a dar la espalda, con la sonrisa aun en su rostro.

"Prefiero la muerte antes de engendrar a tu hijo." Siseo beligerantemente.

"¿En serio? Ten cuidado con lo que dices. Que puede hacerse realidad." La molesto maliciosamente.

Oh, realmente estaba tentada a invocar sus cadenas y hundir la espada en su corazón, para terminar con él. En cambio, inhalo profundamente dejando salir sonoramente el aire. Repitió eso hasta que sintió que su cabeza se había calmado. Kuroro, por otro lado, mantuvo su sonrisa en su rostro normalmente estoico.

Salida. Una dijo repentinamente.

Fiel a su palabra, cuando Kurapika levanto la vista pudo ver la salida del bosque solo a unos cuantos metros. Incluso podían ver las afueras de la ciudad. Entonces apuraron su marcha hacia la salida, con renovada fuerza que provenía de la idea que volverían a reunirse con la civilización.

"Kurapika." dijo de pronto Kuroro, mientras caminaban hacia la salida.

Ella lo miro directamente a los ojos. Cuando hablaba con un tono tan serio, sabía que debía prestar atención.

"Cuando terminemos con todo esto… el asunto del lazo, eres libre de solicitar tu venganza por mi parte."

"¿Qué?" Kurapika se había congelado al escuchar eso por lo que Kuroro se vio obligado a detenerse. Se voltio y la miro. Kurapika lo observaba con su mirada más incrédula, aquella que decía no puedo creer lo que oí aunque estoy segura de que realmente dijo eso.

"Estas en tu derecho." Dijo sin vacilar. "Después de todo, quizás hubiera hecho lo mismo si fuera tú."

Kurapika lo miro con el ceño fruncido. Últimamente, para ser más específicos, luego de haberse encontrado con Fénix, el hombre se había estado comportando extraño y diciendo cosas raras. Por fin, era más sincero con ella, especialmente sobre sus pensamientos y sentimientos. Eso la inquietaba, porque significaba que se estaba abriendo con ella. Y no quería eso. Eso la asustaba; Kurapika temía terminar aceptando a ese hombre. ¿El visitar su pasado había tenido algún efecto en él?

"Pero cuando llegue el momento, no creas que seré suave contigo." Le dio una sonrisa de costado y se giró para comenzar a caminar.

"¡Hmph! Como quieras." Resoplo mientras marchaba hacia la ciudad.

Siendo honestas, ella prefería a este Kuroro. Al menos, ahora sabía lo que ese impredecible hombre pensaba.


El alboroto de la ciudad, de alguna forma, era alienígeno para Kurapika. Había pasado meses viajando por desconocidos lugares con Kuroro, áreas desoladas con el único propósito de encontrar una criatura mágica. Esta vez, debían abastecerse ya que no les quedaba casi nada. Una permaneció en el bosque, ya que no podía entrar a la ciudad que era un lugar impuro. Allí los esperaría pacientemente.

"Eh pensado." Dijo repentinamente Kurapika.

"¿En qué?" pregunto casualmente. Recientemente, la atmosfera que los rodeaba se había tranquilizado, por lo que conversaban con más frecuencia y de forma más civilizada.

"Si vamos a reunir los ojos escarlatas, ¿no deberíamos buscar un lugar donde guardarlos? Después de todo son 36 pares.

"Cierto." Asintió Kuroro. El también había estado pensando en ello. "Tenemos unas cuantas opciones para eso. Los podemos dejar con las otras arañas—"

"No. Tacha eso." Kurapika lo interrumpió.

"O podemos buscar nuestro propio lugar donde guardarlos, pero la seguridad es dudosa, por lo que deberíamos tachar esa. O podemos dejarlos en Ryuusei-gai."

"No quiero ir y volver todo el tiempo a ese aislado lugar." Sacudió su cabeza. "Es demasiado complicado."

"Tampoco quiero hacerlo. La última opción es… que los dejemos en el Poni Encabritado."

"¿Dónde Fino? Ya le hemos pedido demasiado, no podemos crearle más problemas de los que ya le hemos dado." Comenzó a protestar Kurapika.

"¿Entonces que opciones tienes ?" le respondió.

Kurapika guardo silencio, ya que no tenía ninguna opción que fuera mejor a las que había dicho. Y de todas esas opciones, el hogar de Fino parecía ser la mejor opción.

"Bueno…" ella comenzó, pero una voz conocida interfirió.

"¿Kurapika?"

Miro su alrededor, intentado descubrir al dueño de esa voz. Extraño, sentía que había oído esa voz hace mucho tiempo atrás.

"Kurapika, ¿Eres tu realmente?" ahora la voz era más cercana.

Cuando Kurapika se giró y dejo caer su mirada sobre el dueño de la voz, no pudo evitar palidecer. Kuroro noto esto y levanto una curiosa ceja.

"¿Ha-Hanzo?"

De todas las personas que conocía, debía encontrarse con el deslenguado Hanzo Hattori.

"Hey, ¡No esperaba encontrarte aquí! ¿Cómo te va? Eh intentado comunicarme contigo desde hace mucho tiempo, pero tu línea estaba muerta. ¿Qué paso? ¿Estás bien? Te vez pálido." Le dio un baño de preguntas y oraciones, mientras se acercaba con una sonrisa puesta en su juvenil rostro.

"E—estoy bien." Tartamudeo, fallando en demostrar lo que decía.

"Hmmm… te ves diferente… tu voz es…" sus cejas se juntaron mientras comenzaba a pensar. Observo a Kurapika buscando detalles, percatándose finalmente: "¡Estas usando ropas de chica!"

"Soy mujer, Hanzo. Me vi obligada a disfrazarme de chico durante el examen Hunter, y bajo ninguna circunstancia te contare de las razones tras ese hecho. Así que, dices que me estabas buscando, ¿no? ¿Para qué sería?" le informo rápidamente.

"¿Huh? ¡Ah, sí! Casi lo olvido. Veras, hay un nuevo museo nacional en mi país. Sabes, es realmente increíble. Debería venir y verlo por ti mismo. Conociéndote, pensé que te gustaría conocerlo. Por lo que te quería dar un invitación." Parecía haberse olvidado por completo sobre Kurapika siendo mujer, hablando solo del museo nacional.

Busco en su bolsillo y saco una tarjeta de invitación. Se la paso a Kurapika, quien seguía preocupada pero se había relajado un poco.

"¿Realmente se necesita una invitación? ¿Tan prestigioso es el evento?" Kurapika reviso brevemente la invitación.

"¡Por supuesto! ¡Será uno de los museos más importantes del mundo! Tiene muchas antigüedades y artefactos extraños es su bodega; esos que no veras en ningún otro lugar. Debes verlo por ti misma, ¡En serio!" dijo entusiasmado.

"Entonces, ¿me puedes dar una?" de pronto hablo Kuroro.

Kurapika se giró para darle una mirada inquisitiva al hombre mayor. Hanzo, por otro lado, miraba al hombre como si lo hubiera visto por primera vez.

"Tú eres… ¿amigo tuyo, Kurapika?" le pregunto a ella.

"Erhm… ¿puedes decir eso?" respondió reluctantemente, entre dientes apretados, siendo que podía sentir, literalmente, la divertida sonrisa de Kuroro.

"Estoy interesado en objetos y artefactos extraños. Si no te importa, me gustaría admirar los tesoros de tu país. Sería un placer." Dijo Kuroro con naturalidad.

"Oh, ¡el placer es mío! ¡Toma, aquí tienes una!" Hanzo rápidamente saco otra invitación y se la dio a Kuroro.

"La fecha y lugar están ahí. Si necesitan ayuda con el hospedaje, me lo pueden dejar a mí. Bueno, ya debo irme. Tengo otros asuntos que hacer. Nos vemos, Kurapika." Hanzo ya se había girado para tomar su camino, pero se detuvo a medio camino y agrego. "Oh, por cierto, creo que Gon, Killua y Leorio tan bien van a venir. Parece que tendremos una linda reunión, ¿no? Nos vemos."

Con eso, se despidió con la mano y despareció entre la gente. Mientras que Kurapika permaneció congelada en su lugar, sin saber que hacer a continuación.

"No pareces muy feliz de verlo." Comento Kuroro.

"Hanzo es deslenguado; sus labios son realmente sueltos. No quiero que sepa nada sobre nuestra circunstancia." Dijo secamente Kurapika. "Se abrirá el infierno si Hanzo riega la noticia de nosotros."

"Supongo." Kuroro se encogió de hombros, y continuaron caminando entre las personas. Personalmente, era del tipo que prefería evitar cualquier chismorreo innecesario. Valoraba mucho la privacidad, y estaba seguro de que Kurapika también lo hacía.

"Tenía razón. Nostrad no anuncio mi muerte." Balbuceo.

"Ya veo porque no se sorprendió al encontrarte aquí, viva." Kuroro asintió. Eso lo había estado molestando desde el comienzo.

"No creo…" dijo con voz baja. "Que sea buena idea asistir, invitados o no."

"¿Por qué no? Creo que es una buena idea ir a otro país." Dijo Kuroro fácilmente.

"Lo oiste. Gon, Killua y LEORIO también estarán allí. Harán un gran alboroto cuando nos encontremos. DE NUEVO."

"¿Todavía piensas en el incidente del Poni Encabritado?" le pregunto.

"… sí… además, no tenemos tiempo de andar dando visitas. Tenemos cosas más urgentes que hacer." Dijo firmemente con determinación.

"Cierto. Entonces, ¿habrá alguna diferencia si te digo que nuestro próximo destino es su país?"

Kurapika roto su cabeza para lanzarle una mirada asesina al hombre. Aun sin que se lo preguntara verbalmente, sabía lo que inquiría con su azulada mirada.

"El museo nacional del que hablaba tu amigo," Kuroro le explico casualmente, "Guarda el objeto de tus deseos."

Los ojos de Kurapika se dilataron. Sus labios se abrieron ligeramente, solo para dejar salir tres palabras-

"Los Ojos Escarlatas."


LA tipeja que traduce… ;) otro capitulito…. jijijijiji