TRADUCCION: Esta historia no me pertenece, yo nunca la eh escrito ni mucho menos eh aportado con alguna idea o sugerencia, todo este trabajo pertenece a la autora Runandra, quien es la mente maestra tras esta idea, la historia original pueden encontrarla en el siguiente link:

www(punto)fanfiction(punto)net/s/5650325/1/1001_Nights

Aclaración: Hunter x Hunter no me pertenece.

Esto dice Runandra (la autora), puede contener spoiler… por no decir que tiene spoiler del fic XD: Gah, tantas cosas que buscar para esta arca. De cualquier forma, la categoría de este fic tendrá que cambiar debido a la grafica violencia que posee. Me disculpo con los que pude ofender, pero por favo0r, no dejen de leer. No habrá tanta violencia en el futuro. Todo esto sucede en la prefectura de kyoto, y el castillo está inspirado en el castillo Fushimi Momoyama de Kyoto. Sé que ver a Kuroro llorando es algo OCC, pero bueno… imagínense el dolor de cuando ustedes se queman con agua hirviendo, o quizás con un corrosivo acido.

Próximo capítulo:Kuroro estaba muriendo y por primera vez en su vida, Kurapika derramaba lagrimas por él. ¿Qué será de ellos? ¿Era este realmente su final?

La historia hasta ahora: Mientras buscaban los ojos escarlatas en una tierra extraña, era su destino conocer otros seres míticos de la región. ¿Pero qué hacer si cierto demonio toma un gran y pernicioso interés en ellos?

Advertencia: habrá violencia explicita en este capítulo. Han sido advertidos. No me culpen si pierden el apetito.


Capitulo 19

LA DAMA ARAÑA


"¿Niño A—Anansi?" Kurapika tartamudeo en confusión. ¿Qué diablos significaba aquello?

Kuroro contrajo aun más sus ojos.

"Jorou-gumo…" dijo con voz glacial. Incluso si era un espíritu maligno de algún tipo, la mujer podía sentir la clara amenaza en esa voz aterciopelada. Era un ultimátum, por lo que comprendía que sería una estupidez no cumplir con los deseos del muchacho; al menos por ahora.

Con un movimiento de la muñeca de Jorou-gumo, Kurapika fue liberada de golpe de las redes de araña, las que la abrazaban como si fuera un escudo. Fue liberada tan de pronto que no se preparo en lo absoluto para el aterrizaje. Cayendo inceremoniosamente con un golpe seco sobre el suave suelo. En ese instante estaba viendo estrellas, antes de sacudir su cabeza para aclararse. Cuando logro levantarse del suelo, Kuroro ya se encontraba frente a ella, dándole la espalda.

"¿Qué es Anansi?" dijo de forma irritada Kurapika.

"Anansi es una persona; o para ser más preciso es la reencarnación del espíritu de la araña." Kuroro se volteo para ver a los ojos a Kurapika. "Él fue quien me dijo sobre la araña de doce patas."

El corazón de Kurapika dejo de latir por un segundo. Comprendía que lo que Kuroro intentaba decirle era que este tal Anansi había sido la inspiración tras el Genei Ryodan; el grupo se basaba en esa idea. Kurapika achico sus ojos cuando una idea cruzo por su cabeza.

"¿También fue tú maestro?" pregunto en voz baja.

"Algo así." Respondió con un movimiento indiferente de hombros. "Pero no se quedo por mucho tiempo. Sólo estuvo conmigo por pocos meses y luego se marcho para nunca volver."

No había tristeza ni lamento en su voz. Era como si no pudiera importarle menos si su maestro lo visitaba o no, como si no importara si su maestro lo recordara o no.

Entonces, chico Anansi… ¿Qué trae hasta estas tierras? Pregunto la mujer mientras se volteaba para quedar cara a cara con Kuroro. La mujer comenzó a moverse sensualmente, mostrando de forma indiscreta su prominente clavícula que aparecía desde debajo de su kimono. Aquella vista molestaba a Kurapika; sin embargo, no dijo nada.

"Estoy aquí por negocios." Dijo brevemente. "Y deja de llamarme así."

¿Por qué? Te asienta… Rió. Después de todo, apestas a él…

Kuroro achico sus ojos hasta volverlas dos pequeñas rendijas, mientras que Kurapika alzo sus cejas. Daba la impresión de que Anansi era el tema sensitivo de Kuroro; por alguna razón que aún no sabía.

De cualquier forma, ¿Qué es lo que estás haciendo aquí? Debo saberlo porque yo soy de aquí y tú eres un extranjero. Debo saber lo que pasa en mi mundo. Prosiguió.

"¿ mundo?" Kuroro se burlo abiertamente. "Hablas como si fueras la dueña de esta tierra, cuando de hecho tan solo eres una bakemono."

Mm-hmm… le sonrió demoniacamente. Y esta bakemono de seguro conoce estas tierras como su palma de la mano. Y quizás… se acerco a él, moviendo su cuerpo de forma tan apasionada que hacía que Kurapika se sintiera avergonzada. Y esta bakemono puede ser de gran ayuda en tu 'negocio'.

"¿Qué ofreces?" dijo Kuroro, volviéndose en un negociador. En todo ese tiempo, jamás se inquieto, incluso cuando el rostro de la mujer se encontraba a cm de la suya.

Hmm… depende de lo que quieras. Se inclino hacia atrás y enderezo su espalda, más bien insultada por el hecho de que no se viera afectado por sus encantos.

"Estamos buscando cierto objeto. Los ojos escarlatas; aunque no sé como lo llaman en este lugar."

¿Un tesoro? Dijo con interés renovado.

"De algún tipo." Asintió. Le robo una mirada a Kurapika, quien había escuchado todo con interés. Comprendía que esos ojos no eran un simple tesoro; significaban el mundo para esa chica.

Ya veo… la mujer tarareo a la vez que daba pequeños golpecitos con su pequeño dedo sobre su mentón. Esa clase de tesoros solo puede estar guardado en el castillo.

"¿Y qué puedes hacer con eso?" Kuroro la desafío con sus brazos cruzados sobre su pecho.

¿Cómo planeas conseguir primero el objeto, muchacho? Jorou-gumo pregunto.

"¿Quién sabe? Vamos a buscar información en la ciudad." Kuroro comenzó a dar firmes pasos.

Kurapika lo siguió en silencio, pero continuo mirando por sobre su hombro a la mujer araña, quien mantenía un ojo vigilante sobre ellos, incluso mientras caminaban hacia la repleta ciudad. Todo en ella era sospechoso, y todo en ella le daba escalofríos. No le gustaba esa mujer, ni un poco.

Desde esa distancia, incluso lo hábiles ojos de Kurapika no lograron detectar la maliciosa sonrisa que la bakemono mostraba y el grotesco gesto que hacia mientras se lamia hambrientamente los labios.


Era sorpresivamente fácil obtener información sobre los ojos escarlatas en la alborotada ciudad. Todo lo que hicieron fue ir a un restaurant, preguntarle fugazmente a la mesera (un trabajo realizado perfectamente por los encantos de Kuroro) sobre cualquier noticia sobre un objeto particular que se encontrara en la ciudad, y ¡voila! La información los inundo como si una represa se hubiese roto.

Aparentemente, los ojos escarlatas habían sido el tema de la vivida ciudad durante estos últimos meses. Al parecer, el señor del castillo desde que había obtenido los ojos había tenido una gran fortuna en sus negocios y políticas. El extraño objeto desde aquel entonces había sido proclamado por el señor como su objeto de la suerte.

"En otras palabras…" dijo Kuroro en voz baja, mientras sostenía el bombón con sus palillos, "Es imposible obtenerlos por medio de la negociación. No hay forma de que el Lord nos entregue aquel querido objeto."

Kurapika solo se sentó frente a él y miro su comida. No la toco, solo la miro con ojos deprimidos. Kuroro eligió dejarla sola; hablaría cuando quisiera hacerlo. Era una costumbre, un hábito que se había impuesto entre ellos.

"No…" comenzó a hablar con voz ronca, la que apenas podría decirse que era un susurro, "supuestamente, no es un hechizo que atrae la suerte…"

Y entonces nuevamente calló en otro pesado silencio. Una gruesa y oscura nube de desaliento colgaba sobre ella, por lo que Kuroro pensó que se quebraría en cualquier momento debido a la profunda desesperación que sentía.

"Supongo que no." Dijo Kuroro con voz suave. "Y es por eso que los recuperaremos…"

Kurapika miro a Kuroro a través de su flequillo. ¿Intentaba animarla? El hombre seguía disfrutando de su comida, como si aquel fugaz comentario hubiese sido un pensamiento sin importancia.

"Come. No puedes pelear con el estomago vacío." Dijo a la vez que señalaba su plato con sus palillos.

Kurapika miro su comida que se enfriaba. De pronto, su olvidada hambre la ataco con furia, pudiendo oír el rugir de su estomago. Con su rostro completamente sonrojado, Kurapika cogió sus palillos y comenzó a comer en silencio su porción de comida.

Las cosas, de alguna forma, habían estado en calma entre ellos y comenzaba a disfrutar ese ambiente.

Rentaron un cuarto en un hospedaje humilde, y para exasperación y desesperación de Kurapika, las mucamas rieron escandalosamente cuando escucharon y vieron que ellos dos compartían una habitación. ¿No podrían haber exagerado las cosas, cierto?

"No se puede evitar." Dijo Kuroro con una suave risa, cuando vio como el rostro de Kurapika se contraía hasta hacer un ceño.

Kurapika le lanzo dagas con la mirada a Kuroro. "Parece que disfrutas de esto." Lo acuso.

"Mm-hmm… quizás." Murmuro suavemente y con una sonrisa burlona en su rostro.

Dios, dame fuerzas. Kurapika masajeo el puente de su nariz, irritada. Este hombre realmente me molesta de manera desmedida, y más encima se divierte a mis expensas.

Por lo que durmieron en diferentes futones sin mencionar un 'buenas noches'.

Kuroro había dormido unas pocas horas cuando comenzó a oír inquietantes crujidos que provenían del futon de Kurapika. Pensó que la chica tenía otra pesadilla; se estaba volviendo un hábito. Al comienzo de su viaje, habían sido tan constantes, que Kuroro había creído que quizás jamás sería capaz de dormir de buena forma mientras ella estuviera con él. Con el tiempo, las pesadillas dejaron de ser tan ocurrente e intensas. A veces, veía que la chica abrazaba sus rodillas silenciosamente al tiempo que sus hombros se sacudían ligeramente.

Decidió dejarla sola, porque tenía la tendencia e hacerlo a un lado bruscamente cuando él le preguntaba sobre ello. No deseaba volver a ser voluntario de su ataque verbal. Sin embargo, los crujidos y sonidos no se detuvieron, al contrario se volvían más ruidosos y perturbantes.

"¿Kuroro?"

Dicho hombre abrió sus ojos. Sabía que su audición seguía siendo perfecta, pero dudo de si, cuando pensó que su voz era suplicante. Esa chica jamás suplicaba. Con recelo, Kuroro se volteo para observar lo que había perturbado de tal forma a la muchacha, y cuando lo vio, se encontró asimismo observando una escena muy particular.

Kurapika se encontraba de pie sobre su futon, su yukata que usaba para dormir abrazaba sueltamente su frágil cuerpo. Pero lo que lo dejaba boca abierta, era la imposible cantidad de pequeñas arañas que rodeaban su futon. Extrañamente, su futon no había sido tocado para su tranquilidad. Miro a Kurapika, y el instante que sus miradas se encontraron, vio directamente sus magnifico ojos escarlatas. Kuroro aprovecho esta oportunidad para observar la belleza de sus ojos; nunca lo aburrían. Estaba convencido de que el pálido rostro de Kuroro y su rubio cabello completaban la invaluable belleza de sus ojos.

"¡Haz algo!" siseo.

Aparentemente, como notaba rápidamente, ella se encontraba luchando contra su urgencia por hacer de la habitación un infierno. No temía a las arañas; luchaba contra sus demonios; su ira y sed de venganza que revivía cada vez que veía una araña. Esta vez, observaba cientos de ellas.

El mismo Kuroro no estaba muy seguro de lo que debía hacer en esa situación. Si hacia un movimiento repentino, esas arañas quizás saltaran sobre la chica kuruta, provocando que se desquiciara. Muy lenta y silenciosamente, Kuroro se sentó y conjuro su hunter book. Volteo las paginas hasta que encontró la página que buscaba, y miro las arañas con cierta incertidumbre.

Nunca eh intentado esto, pero nada se pierde con intentarlo, pensó.

Muy rápidamente, utilizo la tele portación sobre las arañas. Logrando hacer desaparecer una buena cantidad de ellas, pero un buen resto de esas criaturas de ocho patas quedaron atrás. Rápidamente se lanzaron sobre Kurapika, pero la chica velozmente conjuro su cadena dowsing, convirtiendo esos pequeños insectos en jugo. Desafortunadamente, ella no vio una enorme araña arrastrándose detrás de ella. Kuroro la vio y estaba por alertarla cuando repentinamente salto a su espalda. Kuroro enancho sus ojos en horror.

Kurapika grito a todo pulmón; un grito que pudo haber despertado a todos los muertos del cementerio.

"¿Dónde, donde?" chillaba, mientras desesperadamente saltaba, intentando sacudirse la araña que se arrastraba por su cuerpo. "¡Quítamela! ¡Quítamela!"

"Kurapika, ¡Cálmate!" Kuroro rápidamente se paro e intento sostenerla, pero ella hacia a un lado sus manos.

"¡Quítamela!" continuo gritando. "¡AAAAAAH!"

Sus movimientos se volvieron más pujantes mientras la araña se arrastraba por debajo de su yukata. Intentando prevenir que ella destruyera toda la habitación, en su intento de quitarse la criatura de su cuerpo, Kuroro tomo con su brazo izquierdo su cintura, mientras presionaba su cabeza contra el hueco de su cuello con su mano derecha.

"Calma." Le ordeno con firmeza. "Te la estoy quitando."

Kurapika se puso inmediatamente rígida, gimiendo lastimeramente en sus brazos. Agarro dos puñados de su yukata mientras se aferraba a él. Kurapika hundió su rostro en su cuello, intentando suprimir su miedo. Cuidadosamente, Kuroro comenzó a deslizar la yukata de sus hombros, cuidando de no perturbar a la araña que colgaba de su espalda. Encontró en un instante a la araña, ya que contrastaba drásticamente contra la blanca piel de Kurapika.

La mano derecha de Kurapika se acerco a la araña mientras rastreaba la suave piel desde sus hombros hacia su espalda. La muchacha se encontraba tan preocupada con la araña en su espalda, que no noto la mano de Kuroro, la que inadvertidamente acariciaba su espalda.

Tan pronto como la araña estuvo a su alcance, Kuroro la sostuvo y la apretó hasta que solo quedara jugo en su mano, terminando su patética vida de forma casi inmediata. Podía sentir que Kurapika se derretía de alivio en sus brazos, ya que finalmente la araña no estaba en su espalda. Fue tan solo entonces que se percato de que prácticamente estaba denuda ya que la mitad de su torso estaba expuesto.

Espera, todavía no, se dijo repentinamente mientras recordaba algo. Comenzó a rastrear con su mano izquierda la espalda de Kurapika, en busca de mordeduras. sin embargo, la chica se estremeció cuando Kuroro hizo aquello de forma tan delicada que tuvo que empujarlo a un lado y cachetearlo en el rostro.

¡PALMADA!

"¡Acoso sexual!" grito.

"¡No me malentiendas!" Kuroro acaricio su adolorida mejilla mientras protestaba. "¡Estaba intentando averiguar si habías sido o no mordida!"

"¡No me mordió!" respondió, pero su rostro ya estaba rojo de vergüenza, como si fuera una lámpara de neón.

"Uno nunca sabe. Y estabas tan ocupada queriendo quitarte esto," mostrando lo que quedaba en su mano derecha de la araña, "de tu espalda, que no le prestaste atención a nada mas."

"¿Qué ocurre?" La puerta de su habitación ya se encontraba atiborrada con sus vecinos y empleadas.

"Arañas." Kuroro les lanzo los restos de la araña, molesto.

Los invitados y los empleados chillaron al ver los restos de la araña, escapando de aquello grotesca escena velozmente. Kuroro dejo salir un suspiro; de pronto se sentía tan cansado. Camino hasta la ventana que daba al jardín, y lanzo descuidadamente el cadáver por la ventana. Luego limpio sus manos con la toalla que se encontraban en la habitación.

"Vamos, déjame ver." Le dijo suavemente a Kurapika mientras se volteaba hacia ella.

"¿Por qué te importa?"

Kuroro hizo rodar sus ojos hacia el cielo, y en vez de responder su escéptica pregunta, la sostuvo por los hombros y la volteo, dejando su espalda hacia él. Y comenzó a examinar rápidamente su espalda, mientras la rastreaba con sus dedos.

"¡H-hey!" Kurapika comenzó a protestar mientras su rostro comenzaba a sonrojarse. Tubo que reprimir un escalofrió, que amenazaba con surgir cuando los fríos dedos de Kuroro tocaron su blanca piel.

"Nada." Kuroro dijo afiladamente. "Después."

Se enderezo y uso Gyo en Kurapika. La miro muy de cerca, de pies a cabeza, y al ver que no tenía nada, recién en ese instante se permitió relajarse.

"Ahora usa Gyo en mi, y fíjate si hay algo extraño." Le dijo firmemente a Kurapika.

Kurapika pudo sentir la autoridad en su oración, por lo que decidió no desafiarlo por esta vez. Su Kuroro estaba así de serio, era porque de seguro ocurría algo importante. Por lo que Kurapika, obedientemente lo reviso con Gyo, pero solo luego de haber ajustado su yukata; todavía sonrojada. Con toda firmeza pudo observar un delgado hilo que colgaba del hombro de Kuroro.

"¿Un hilo?" murmuro mientras cogía tímidamente el hilo de su hombro.

"Tela de araña." Dijo Kuroro mientras examinaba el hilo con su Gyo. "Esto es de Jorou-gumo."

"¿Pero porque?"

"Un truco sencillo, es una marca registrada de muchos espíritus arácnidos o reencarnaciones." Dijo Kuroro a la vez que lanzaba lejos la telaraña, la que se disolvió rápidamente. "Normalmente distraen sus presas y les ponen esa clases de telarañas, las que les servirán para atraparlas o controlarlas."

Kurapika le lanzo una mirada.

"¿Enseñanzas de Anansi?" pregunto con voz ronca.

Kuroro le dio una mística sonrisa.

"De cualquier forma," dijo con voz silenciosa, "Jorou-gumo nos debe una explicación."


Tenía curiosidad. Les respondió, cuando la interrogaron al día siguiente, en la misma colina en que se habían encontrado. Quería ver como reaccionaria al ver tantas arañas. Tu reacción serpia una aburrida, mi niño, viendo que has pasado bastante tiempo con Anansi-sama, debes estar acostumbrado a ver tantas arañas.

A pesar de su superioridad, Jorou-gumo estaba obligada a respetar a Anansi hasta cierto punto, ya que siendo sinceros, Anansi era un oficial de mayor rango que ella.

Kuroro sabía que la mujer no estaba siendo completamente sincera, pero no dijo nada al respecto. También le había dicho a Kurapika que no dijera nada sobre el hilo, ya que quería pretender no saber sobre aquel asunto y de esta forma pillarla con la guardia baja.

Bueno ¿Y qué hay del objeto que están buscando?

"Esta en el castillo." Dijo Kuroro mientras señalaba el alto castillo que se encontraba en el corazón de la ciudad.

¿Entonces, como pretenden hacerlo? De seguro que no quiere nada publico Jorou-gumo los molesto con una sonrisa sardónica.

"Entramos y lo robamos. Un método bastante directo." Kuroro se encogió de hombros de forma despreocupada.

Kurapika se sentía aprensiva con la idea de degradarse hasta convertirse una vulgar ladrona, pero estaba determinada a robar su corazón si era necesario para cumplir su promesa. Como había dicho Zusaku; el fin justifica los medios.

En ese caso, dijo Jorou-gumo mientras se acercaba y tocaba el hombro de Kuroro. Entonces se inclino sensualmente y le susurro. Te puedo ayudar mucho, pequeño, asegurarte que esos pequeños insectos se encuentren lejos del castillo.

"¿Te refieres a los guardias? De seguro puedes encargarte fácilmente de ellos, viendo que tu consideras que este terreno es tuyo." Dijo Kuroro con una irónica sonrisa, mientras nuevamente parecía no verse afectado por los encantos de la dama arácnida.

El rostro de Jorou-gumo se oscureció mientras fruncía el ceño.

¡Los hubiera convertido en basura inservible si no fuera por esas jodidas maldiciones de papel! Siseo con hostilidad.

"¿Los o-fuda?" hablo Kurapika. "¿Contratan monjes y exorcistas como guardias del castillo?"

Ellos, y gente como 'tú'. El castillo completo está infestado de esos o-fuda, no puedo dar ni un paso dentro del jardín del castillo. Escupió las palabras con odio mientras miraba fijamente el castillo, con sus ojos llenos de rabia e ira.

Cuando la mujer araña dijo 'gente como tú', ambos comprendieron que se refería a usuarios de nen. Sin hablar entre ellos, ambos pensaron lo mismo; se enfrentarían cara a cara con gente bastante peligrosa.

De cualquier forma, chico Anansi. Jorou-gumo se giro hacia Kuroro una vez más, el odio en su mirada se había transformado en una fría luz. Si quieren mi ayuda, pastoreen a quienes los persiguen hasta la cascada del bosque. Me librare de ellos por ustedes.

Kuroro contrajo sus ojos con sospecha. "…ya veo." Dijo luego de una breve pausa.

Entonces, ¿tenemos un trato? Pregunto Jorou-gumo con clara ansiedad en su voz.

"Trato."


Kurapika suspiro pesadamente mientras observaba la torre del castillo que se encontraba frente a ella. Iba a robar nuevamente, pero sin importar cuánto odiase el trabajo, sabía muy bien que poco tenía que decir en el asunto. Quien no se arriesga no cruza el río, como dice el viejo dicho.

"¿Lista?" le pregunto Kuroro junto a ella.

Suspiro una vez más mientras hacía que sus ojos se volvieran escarlata. "supongo."

"Entonces, comencemos."

Con eso, los dos aventureros marcharon hacia las puertas principales del castillo. Los guardias los detuvieron con sus katanas en alto. Para ese entonces, Kurapika tenía los ojos cerrados, como si fuera ciega, mientras Kuroro la guiaba con su mano.

"¡Deténganse! ¡Digan sus nombre y a que vienen!" dijo uno de los guardias en voz alta.

"Estoy aquí para mostrar algo que de seguro es de interés del honorable señor del castillo." Dijo Kuroro perfectamente.

"Muéstranoslo primero." Demandaron.

"Si insisten." Dijo Kuroro con una pequeña sonrisa a la vez que se giraba hacia Kurapika. "Abre tus ojos."

Obedientemente, como si ella fuera la sirvienta y él el maestro, Kurapika abrió sus ojos y observo a los guardias con sus ardientes ojos escarlatas. Los guardias la miraron boquiabiertos, e intercambiaron una rápida mirada entre ellos, antes de enviar mensaje al señor.

En poco tiempo, Kuroro y Kurapika se vieron al interior de los terrenos del castillo, siendo guiados hasta una de la dos torres del castillo. Kuroro miro su alrededor y pudo ver muchos o-fuda pegados por allí y por allá, en cada rincón del castillo. También vio a los monjes y exorcistas, algunos usuarios de nen resguardaban la seguridad. Parecía que Jorou-gumo no bromeaba cuando dijo que la seguridad del castillo era extremadamente cerrada.

Fueron llevados hasta la oficina del señor, para una reunión privado. El señor, un hombre de mediana edad, con una robusta barba en su rostro, se encontraba sentado en un extremo de la enorme mesa de oficina, con dos guardias usuarios de nen a sus costados. Dentro de la oficina había una mezcla de usuarios de nen, monjes y exorcistas, quienes resguardaban las salidas y ventanas. Kuroro noto que todo se encontraba como había predicho.

"¿Mis guardias han dicho que posees algo interesante que mostrar?" pregunto el señor mientras mantenía una aguda y penetrante mirada sobre Kuroro. Sus ojos eran como los de un halcón, pero Kuroro le dio una audaz y cortés sonrisa.

"Ciertamente, mi honorable señor." Hizo una reverencia como lo hacia la mayoría de las personas del lugar.

Sin que se lo hubiera dicho, Kurapika abrió una vez más sus ojos y dirigió su penetrante mirada al señor del castillo. El señor chillo complacido al contemplar esos quemantes orbes en ella. La miro con enormes ojos, sorprendido. Sus ojos incluso ganaron el aprecio por parte de los guardias, al menos de quienes habían logrado verlos.

"¿Qué quieres a cambio de ella?" pregunto el señor, sin quitar sus ojos de Kurapika.

"Primero, ¿Puedo examinar el par de ojos que se encuentra bajo su posesión?" pregunto Kuroro con su cabeza aun inclinada.

Sin dudarlo, el señor ordeno a su esclavo que trajera los ojos escarlatas de la bóveda. El muchacho rápidamente se marcho y regreso con los ojos entre sus pequeñas manos. La mirada de Kurapika se movió al ver esos ojos, pero freno sus emociones con perfecto control, manteniendo su aburrida e inexpresiva mascara de indiferencia.

Kuroro recibió el objeto y en poco tiempo afirmo que era los ojos originales. Sus labios se curvaron en satisfacción, y al ver esto, Kurapika comprendió que era su señal. Tomo los ojos y los resguardo bajo su brazo izquierdo, mientras que su mano derecha era sostenida por la mano izquierda de Kuroro. El señor alzo una ceja al ver su actitud.

"¿Bueno?" pregunto con impaciencia. En su cabeza pensaba que si un par de ojos, por si solos, eran capaces de atraer tal fortuna, entonces que suerte le depararía el futuro cuando tuviera a esa chica bajo su posesión. Esa idea por sí sola, lo distraía de sus sentidos.

"Bueno, entonces creo que es hora de marcharnos."

Habiendo dicho eso, Kuroro invoco su hunter book y lo abrió en la página de teleportación. Antes de que los guardias pudiesen reaccionar, habían desparecido en el aire. En segundos, el castillo se vio envuelto en caos mientras buscaban esos insolentes ladrones, aquellos que no se encontrarían.


"¡La ciudad! ¡Busquen en la ciudad!" gruesas voces podían ser oídas en las calles de la ocupada ciudad de Saikyo.

"Ya vienen." Dijo Kuroro con voz quieta.

Kurapika puso los ojos escarlatas en su mochila, atándola de forma segura. Kuroro ya tenía su mochila consigo y estaba listo para partir en cualquier momento. Se habían transportado directamente hasta la habitación que habían arrendado en el hospedaje. Con gran apuro, Kurapika empaco y cuando estuvo lista, le lanzo a Kuroro una mirada determinada.

"Continuemos."


"¿Delegándome el trabajo sucio, no?" dijo casualmente, mientras despachaba otro hombre a la muerte.

Kurapika frunció el ceño al ver aquello. "Prometí asesinar solo a las arañas." Dijo indiferentemente, mientras noqueaba a otro guardia con su cadena defensiva.

"Hmm…" tarareo de forma Sonsonante. "Pero ya has matado a un hombre, ¿no? El día que recobraste tu identidad real."

La imagen del hombre que había asesinado rápidamente apareció en su cabeza. En su horror, aquella vez, había destrozado accidentalmente el cráneo del hombre. Kurapika se inquieto ante el desagradable recuerdo.

"No fue intencional." Dijo en su defensa.

"Por supuesto." Dijo, burlándose.

Ya se encontraban camino al bosque donde residía Jorou-gumo. Acertando claramente en sus predicciones, los usuarios de nen se encontraban pisando sus talones en su persecución. Los mejores lograban alcanzarlos e intentaban detenerlos, pero en vez de lograr aquello terminaban siendo asesinados por Kuroro. Aquellos que eran afortunados solo terminaban inconsciente y con unas cuantas heridas provocadas por los misericordiosos ataques de Kurapika.

"Deténganse, ¡Ladrones granujas!" Les grito uno de los hombres que los perseguía.

"Cierto. Como si fuéramos a detenernos." Kurapika hizo rodar sus ojos.

En poco tiempo, la cascada estaba a la vista y ambos se apresuraron hacia dicha cascada. Cuando estaban realmente cerca, Kuroro contrajo los ojos y al captar algo crucial, se acerco a Kurapika y estiro su mano izquierda hacia ella.

"Dame tu mano."

Sin pensarlo dos veces; cosa por la cual se reprendería más tarde, por mostrar tanta confianza en él, sostuvo la mano de Kuroro. Justo cuando estaban por saltar a la cascada, Kuroro utilizo la teleportacion. Los hombres que venían tras ellos se detuvieron de golpe cerca de la cascada. Todavía resoplando y gimiendo debido a sus actividades, intentaron rastrear los alrededores de la zona en busca de los ladrones.

Una rama de un árbol cercano a la cascada tembló ligeramente, cuando dos personas aterrizaron sobre las ramas más altas de este árbol. Ambos rápidamente activaron su Zetsu. Kuroro rápidamente se movió de forma cuidadosa para poder observar lo que ocurría debajo de ellos. Kurapika lo miro confundida.

"¿Qué ocurre?" le pregunto en susurros.

"Mira." Le indico que se acercara y observara por sí misma. "Y usa Gyo."

Allí, abajo, cerca de la cascada, justo mientras los hombres los buscaban, finas hebras podrían verse atadas a esos hombres; a sus piernas, o brazos, o cuellos, o cabezas. Kurapika frunció el ceño al ver la escena. De pronto, tuvo un muy mal sentimiento.

Lo cierto es que como si fueran imanes atraídos por un fuerte magneto, esos hombres fueron atraídos a la cristalina agua del pozo justo bajo la cascada. Ellos solo pudieron gritar sorprendidos, y una vez bajo el agua, la cascada silencio los gritos y quejidos. Pronto, cuerpos aparecieron sobre la superficie del agua, siendo llevadas por la corriente.

Con sus hábiles ojos, ambos observaron que los cuerpos no eran cadáveres normales. Se veían como si la esencia de su vida hubiese sido extraída de ellos, dejándolos ásperos como hojas secas. Kurapika se estremeció cuando sintió un revuelo en su estomago. Tuvo que sostener una rama para estabilizarse.

"Que…" comenzó con voz debilitada. "…¿Qué fue eso?"

"Jorou-gumo." Kuroro dijo de forma plana, a pesar de que había brillos de infelicidad en sus oscuros orbes. "les dreno su esencia vital, y también intento drenar la nuestra."

"Pero… ¿Dónde está ella?" Kurapika miro alrededor de la cascada desde su rama, pero la demoniaca mujer araña no se veía en ningún lado.

"Vamos. No tenemos nada más que hacer en este lugar." Dijo Kuroro.

Pensando que lo que decía tenía sentido, Kurapika asintió en silencio y lo siguió mientras el hombre mayor saltaba desde la rama. Tan pronto como sus piernas tocaron el suelo, la horrible realidad la golpeo.

"El castillo." Balbuceo suavemente mientras sus ojos se enanchaban horrorizados.

"Kurapika." Kuroro se volteo para darle una severa mirada, como un padre que advierte a sus hijos. "Nosotros no tenemos nada que ver con esto."

"¡La ciudad!"

Como si no lo hubiera escuchado, Kurapika se lanzo en dirección a la ciudad. Kuroro sacudió su cabeza afligido y la siguió. El no la protegería de la sangrienta escena que se estaba por ver.

Cuando llegaron al borde de la ciudad, las personas ya corrían por sus vidas. El castillo, el cual se erguía orgulloso no hace mucho, ahora se encontraba envuelto en espesas telarañas. Kurapika trago duro al ver esa escena, y sin decirle nada a Kuroro, avanzo hacia el castillo tan rápido como se lo permitían sus piernas. Sin embargo fue detenida de forma brusca por una fuerza invisible, haciendo que no pudiera avanzar. Cuando se volteo, vio a Kuroro con sus piernas firmes contra el suelo, impidiendo que ella pudiera avanzar.

Nunca creí que el lazo podría servir de algo en tales situaciones, pensó irónicamente.

"Sería imprudente entrar allí, Kurapika." le advirtió.

"¡No puedo quedarme mirando sin hacer nada! No es sólo el castillo; ¡Es toda la ciudad la que se encuentra en peligro!" le respondió, su rostro ya estaba rojo de rabia.

Kuroro la miro fríamente; era algo que raramente hacia con ella.

"Lo que sea que encuentres allí, no puedes culpar a nadie." Dijo con voz gélida. "Solo a ti misma."

Kurapika, en ese instante, no comprendió lo que quería decir con eso, por lo que no le prestó mayor atención. Para ella, había muchas vidas en peligro y se sentía obligada a ayudarlos. Hizo a un lado la frase sin sentido de Kuroro; pero eso sería algo que lamentaría mas tarde. Debía haberlo oído.

"Sí, sí." Le dijo con impaciencia.

"Es tu elección." Dijo nuevamente, antes de moverse y seguirla hacia el castillo.


"Oh. Dios. Mío." Tuvo que cubrir su boca con sus manos para reducir la sensación de nausea que recorría su cuerpo. Mientras que Kuroro se encontraba junto a ella, completamente compuesto y con sus manos en los bolsillos. Miro su alrededor con ligero disgusto en su mirada.

Había cuerpos por todas partes, y no se veían para nada bonitos. Alguno de ellos se encontraban enrollados por gruesas y apretadas telarañas, que parecían más bien capullos de oruga. Lo más horrible de la escena eran los cuerpos que habían sido reducido a irreconocibles trozos de carnes o cadáveres con su estomago abierto con las entrañas regadas por la habitación de forma sangrienta.

"Oh Dios…" Kurapika susurro mientras observaba a uno de sus cuerpos. "Como puede…"

"Ella es un bakemono; un espíritu demoniaco. ¿Qué esperabas?" Kuroro dijo con voz plana, su tono era casi burlesco.

Kurapika había abierto su boca para insultarlo, pero se detuvo cuando escucho el enfermizo ruido de una boca que masticaba desde el piso superior. Ignorando a Kuroro y abrazándose para soportar otra escena monstruosa, Kurapika se apresuro hacia el piso superior.

Allí, frente a ella, se encontraba Jorou-gumo inclinada sobre algo. Su kimono de seda negra se encontraba manchado de sangre y su pelo se encontraba casi completamente teñido de carmesí. No parecía prestarle atención alguna a la suciedad, en cambio, parecía prestarle mayor atención a su tarea a mano. La cara de Kurapika palideció cuando observo con mas detención lo que hacia la mujer araña.

Estaba succionando el intestino del señor del castillo; quien se encontraba sobre su espalda, con sus costillas abiertas y sus entrañas expuestas para que el mundo las apreciara. Sus ojos salían de sus cuencas llenas de terror y su boca se encontraba abierta, sin embargo, ningún ruido salía de ella. Cuando Jorou-gumo finalmente noto la presencia de Kurapika, arrojo el intestino y giro lentamente su cabeza para enfrentarla. Le sonrió siniestramente de oreja a oreja, su boca de un extraño color carmesí. Kurapika contuvo el aliento cuando Jorou-gumo la miro con ojos hambrientos.

Pequeña niñaaaaa… siseo y rio misteriosamente.

Aparentemente, estaba más interesada en el horrorizado rostro de Kurapika que el rostro compuesto de Kuroro. Kurapika abrió su boca, pero ninguna silaba salió de ella. Sus palabras se encontraban atascadas en su garganta mientras veía la macabra presencia de Jorou-gumo.

"Eso es muy feo de tu parte, Jorou-gumo." Dijo tranquilamente Kuroro.

Chico Anansiiiii… ella rió aún más fuerte. Mira a la péquela y pobre niñaaa… se ve tan molesta… ¿Por qué estas tan molesta, pequeña niñaa?

Kurapika solo pudo reunir la fuerza suficiente para abrir y cerrar su boca, como si fuera un pez.

¿Por qué estas molesta? ¿Creía que sabias que esta era mi meta desde el comienzo? Su sonrisa se agrandaba con cada palabra que siseaba.

"¿De-desde el comienzo?" Kurapika finalmente fue capaz de decir una oración.

Ahhh… no lo sabes… se volteó hacia Kuroro. Ella no sabe… ¿Por qué chico Anansi?

Kurapika se volteo a ver al hombre con el mismo horror, como si Kuroro se hubiera transformado en un monstruo similar a Jorou-gumo.

"Desde el comienzo, ella nos quiso utilizar como carnada para sacar a esos usuarios de nen fuera del castillo," se volteo para mirarla con esos fríos y oscuros ojos, "para alimentarse de ellos."

Kurapika tomo un fuerte respiro.

"Lo sabías." Susurro fieramente. "Lo sabías desde el comienzo."

"Lo sabía." Asintió con una compostura perfecta.

"¿Por qué no me lo dijiste?" estaba próxima a gritarle, sus ojos volviéndose de un furioso rojo.

"Si lo hubiese hecho, no hubieras cooperado y todo el país estaría buscándote."

"Así que estas intentando deshacerte de todos los testigos." Era más una declaración que una pregunta.

"Dicho en pocas palabras, sí."

"¡TÚ—!"

Tan linda… la terrorífica voz de Jorou-gumo disolvió la ira de Kurapika casi al instante. Se volteo para mirar a la mujer araña, quien la veía con retorcidos celos.

Tienes ojosss tan hermosssosss… siseo mientras comenzaban a arrastrarse hacia ella. Otro par de brazos salió desde sus costados. Me pregunto, si te como viva… otro par de brazos aparecieron. ¿Tendré tusss lindossss ojossss? Nuevamente aparecieron otro par de brazos.

Su aura maligna era tan intensa que parecía destrozar el espíritu de lucha de Kurapika dejándolo en nada. Podía sentir como sus piernas temblaban de miedo.

Niña pequeñaaa… siseo nuevamente, y su rostro comenzó a contorsionarse de forma grotesca.

"Kurapika, contrólate." Le dijo Kuroro mientras tomaba su brazo.

"Yo—yo…"

¡PEQUEÑAAA NIÑAAA! Con un espeluznante chillido, el cuerpo de la mujer araña parecía haber explotado al mismo tiempo que se hinchaba. El espíritu que alguna vez había sido una hermosa y alucinante mujer, se había transformado en una macabra araña de un monstruoso tamaño.

La enorme y monstruosa araña se lanzo hacia Kurapika, pero sus colmillos solo encontraron aire. Kuroro una vez más los había transportado lejos del peligro.

Chicooo Anansi… el demonio arácnido mordió en el aire con sus colmillos, de forma ansiosa e impaciente. Te encontrare… lanzo su enorme cuerpo y se arrastro lentamente hacia la salida del castillo. Y esa pequeña y linda niña…


Kuroro los transporto hasta el bosque. Sabía que se encontraban a salvo del insano demonio arácnido, aunque fuera solo por un rato. Tenía que hacer algo con Kurapika. Parecía derrotada y sin vida; a penas podía mantenerse sobre sus propios pies. Le dio un codazo en el brazo, por lo que fue recompensado con una cachetada en la mejilla.

"¿Cómo pudiste?" siseo venenosamente, sus ojos seguían brillando carmesí.

Kuroro no dijo nada.

"Tanta gente… tanta pero tanta gente inocente…" Kurapika cerró sus ojos y se derrumbo sobre el suelo desamparadamente. "Por mí…"

Kuroro le frunció el ceño, sin embargo no dijo nada.

"Esa era la razón por la que no querías que fuera al castillo… porque no querías que lo supiera…" murmuro débilmente.

"Como dije; solo puedes culparte a ti misma. Si lo hubieses pensado realmente, quizás hubieras descubierto rápidamente su meta." Dijo fríamente.

Kuroro nunca la había tratado tan fríamente. Se sentía casi como si se lo mereciera; porque era demasiado débil, porque era demasiado blanda de corazón, porque no pensaba más allá. El dejo que todo esto pasara, que todas las ventajas se pusieran en su contra, de forma que pudiese aprender.

"Esto puede esperar. Primero debemos movernos." Dijo tranquilamente.

"¿A dónde?" balbuceo.

¿A donde realmente? Pensó amargamente. La Jorou-gumo había incrementado su poder enormemente, luego de devorar todos esos usuarios nen. Esa era la razón por la que logro atravesar la defensa del castillo envestido de o-fuda. Justo en este instante, no tenían oportunidad de escapar de ella. Eventualmente será capaz de rastrearlos, a excepción de si recibían ayuda divina. Esas criaturas celestiales, siempre están ausentes cuando se les necesita. Kuroro chasqueo su lengua.

Vayan al norte, una profunda y suave voz, hablo en la mente de Kuroro. Era la voz de un hombre, uno que no conocía. Alertado, Kuroro movió su cabeza en ambas direcciones, buscando al dueño de esa voz, cosa que no pudo encontrar.

Y repentinamente, algo aterrizo en el suelo con un fuerte temblor, haciendo que los arboles cercanos volaran como hojas secas.

PEQUEÑA NIÑAAA… CHICO ANANSIII… Jorou-gumo chillo vivamente mientras hacía rechinar sus colmillos. LOS ENCONTREEE…

Kuroro chasqueo nuevamente su lengua y agarro bruscamente a Kurapika por el brazo. Entonces comenzó a correr ciegamente, arrastrando a Kurapika consigo.

"¿A dónde vamos?" pregunto Kurapika en su enloquecido escape. La adrenalina parecía haberla curado de su desesperación.

"Norte." Respondió brevemente.


"Oh querida… mira lo que han hecho." Seiryuu suspiro desesperadamente mientras veía la destruida ciudad y castillo. Era una fortuna que la ciudad no sufriera demasiado daño por parte Jorou-gumo.

Seiryuu-sama, deberías estar en el este; su territorio. Pero más importante aún, podrías haberlos ayudado. Sería un juego de niños para usted acabar con Jorou-gumo. Una pequeña niña vestida en un traje blanco de Shikigami, dijo suavemente.

"Bueno…" Seiryuu doblo sus brazos sobre su pecho. "es demasiado interesante observar. Quiero ver cómo pueden manejar a esa terrorífica mujer."

Que cruel de su parte. La Shikigami sacudió su cabeza mientras suspiraba.

"Oh vamos. De hecho ya le di una pista para que llegue a tu lugar. No es como si no los hubiera ayudado para nada, ¿sí?" respondió con un infantil puchero.

Todo lo que hiciste fue decirle a ese niño que fuera al norte, respondió con escepticismo.

"Creo que es suficiente con eso. Además, estoy seguro de que sabrás que hacer, cierto," se volteo para sonreírle a la niña Shikigami, ¿Kuzunoha-chan?"

La Shikigami suspiro una vez más. Eres imposible, Seiryuu-sama.


"¡Ese Suzaku es imposible!"

"¿Por qué?" pregunto Kuroro mientras esquivaba otra ronda de telas de arañas que eran lanzadas hacia él.

"¡El talismán que me dio no sirve para nada!" grito mientras saltaba de un árbol que rápidamente fue envuelto por la red de Jorou-gumo. "¡Es completamente inútil!"

Kurapika invoco su cadena defensiva e intento regresarle los golpes a la araña. La hoja golpeo sus enormes ojos, y ella grito en agonía. Acumulando su fuerza bruta en sus puños mientras los reforzaba con intensificación su nen, Kurapika le lanzo un fuerte golpe al enorme abdomen de la araña. Con un chillido la araña voló lejos, golpeando unos árboles, talando un sector del bosque en poco tiempo.

"Con energía, ¿no?" comento un divertido Kuroro.

"Cállate." Le respondió golpeadamente.

Luego de recolectar su monstruoso cuerpo del suelo, Jorou-gumo bramo de rabia y los baño con telas de araña. Ambos las esquivaron de buena forma, y esta vez Kurapika uso su cadena de contraataque para desmembrar una de los brazos de su cuerpo. El monstruo grito nuevamente de agonía.

¡PEQUEÑAAA NIÑAA! Grito con odio. Con rabia, tomo su brazo y comenzó a devorarlo.

Kurapika se inquieto al ver esa grotesca escena. Cuando Jorou-gumo termino de comer su propia carne, inhalo profundamente y comenzó a toser. Parecía estar luchando por sacar algo de su boca, y cuando finalmente lo logro, era realmente asqueroso. Billones de pequeñas arañas repletaron el suelo y los arboles. El incidente de las arañas del hospedaje no era nada en comparación a esto.

"Muévete." Ordeno Kuroro.

Se puso frente a Kurapika, saco su Skill Book y lo abrió en una nueva página; una página que Kurapika jamás había visto. Kuroro inhalo profundamente y cuando exhalo, fuego salió de su boca, como si fuera un lanzallamas, quemando esas terroríficas arañas. Cuando termino, la mitad del bosque estaba en llamas. Los arboles se habían vuelto carbón vegetal.

Tosió humo cuando acabo.

"Es por esto que prefiero no utilizar esta técnica lanzallamas." Se quejo mientras tosía otra ronda de humo, como si fuera un dragón que había terminado su arsenal.

"Podrías haber usado esta técnica anoche." Remarco Kurapika.

"¿Y arriesgarme a quemar todo el hospedaje?" respondió indiferentemente mientras tosía.

¡COMO TE ATREVESSSS! Grito Jorou-gumo desesperada y furiosa al ver como sus hijos eran rostizados.

Vomito nuevamente un batallón de pequeñas arañas, y Kuroro una vez más utilizo su lanzallamas. Sin embargo, esta vez cayeron en su trampa. Mientras el fuego y el humo opacaban su visión, Jorou-gumo les lanzo sus telarañas especialmente venenosas. Kurapika fue la primera en ver las telarañas, por lo que arrastro a Kuroro por su cuello. Escaparon el primer asalto de esas venenosas telas de arañas; las que derretían incluso el suelo con su corrosivo acido, aunque Kurapika lo pago con su tobillo. Tenía un esguince grave en uno de sus tobillos.

Ellos tropezaron sobre la tierra con un golpe seco, y antes de que pudieran levantarse del suelo, el segundo grupo de redes venenosas nuevamente estaba sobre ellos. Viendo que era imposible protegerse esta vez, Kurapika se preparo para lo que le esperaba.

Lo que no se espero, fue que Kuroro la pusiera bajo su cuerpo, de forma que el recibiera en su espalda el ataque.

Era la primera vez que un grito de dolor escapaba de su boca desde el día que se había 'graduado' de los infernales entrenamientos de Ishtar. El dolor lo estaba llevando al borde de la locura, no se parecía a nada que hubiese experimentado. Incluso cuando reforzó su espalda con Kou, servía de poca ayuda. Sus piernas, las que no se encontraban protegidas en lo absoluto por kou, fueron las que más daño sufrieron. Podía sentir como su carne ardía y corroía, casi alcanzando sus huesos. El dolor recorrió todo su cuerpo, atormentando su cuerpo.

Kurapika, quien se encontraba impactada bajo su cuerpo, tenía una vista completa de su desgarrada expresión. Era un rostro que no creía fuera posible ver, a pesar de que a menudo soñaba con ser capaz de poder infligir ese daño en él.

Sin ser consciente de ello, algo cálido escapo desde la comisura de sus ojos, rodando por su pálido rostro.


La tipeja que traduce… yyyy? Que les parece, espero que bien ^^ empieza a ponerse interesante de ahora en adelante =) nos leemos!