TRADUCCION: Esta historia no me pertenece, yo nunca la eh escrito ni mucho menos eh aportado con alguna idea o sugerencia, todo este trabajo pertenece a la autora Runandra, quien es la mente maestra tras esta idea, la historia original pueden encontrarla en el siguiente link:

www(punto)fanfiction(punto)net/s/5650325/1/1001_Nights

Aclaración: Hunter x Hunter no me pertenece.

Esto dice Runandra (la autora), puede contener spoiler… por no decir que tiene spoiler del fic XD: Primero, no pude encontrar ningún sitio que me pudiera dar la lista de las convocaciones shinto, perdonen… si hay alguna practicante de Shinto que se sintió ofendido por mi mal uso de encantos, perdonen porque no las conozco… otra trivia, Kuzunoha es el nombre de la madre del famoso Kyuubi onmyouji Abe-no-Seimei's. y en cuanto a Tamamo-no Mae, oirán mas de ello en el próximo capítulo. Este capítulo pretendía ser breve, pero cuando me fije, ya era demasiado tarde…

Próximo capítulo: ¡Seiryuu acaba de decir que difícilmente pueden ser llamados humanos! ¿Qué quiere decir con eso? Por otro lado, justo cuando creían que la crisis había terminado nuevamente se verán envueltos en problemas.


La historia hasta ahora: Se encontraban en una posición muy difícil, al borde de la muerte. Sin decir que Kuroro estaba agonizando. Pero cuando las cosas parecían guiarlos a un inminente fin, apareció una ayuda inesperada.


Capitulo 19

UN BREVE RESPIRO

Todo se encontraba en caos y la cacofonía de varios ruidos y sonidos llenaban el aire. Jorou-gumo chillaba de rabia. A la vez que Kuroro gritaba de dolor mientras su carne era corroída por el acido de la telaraña de Jorou-gumo. Kurapika estaba bajo él, resguardada y segura, pero desamparada. El olor acre de la carne quemada invadió sus sentidos, haciendo gatillar sus instintos; de forma desesperada, Kurapika expandió su nen, cobijándolo. Parecía que aquello lo alivio un poco, ya que sus gritos se volvieron gruñidos de agonía. Abrió levemente sus ojos y por unos segundos sus miradas se encontraron. Habían miles de emociones en esos ojos normalmente fríos, mientras se volvían turbulentos los ojos azules, los que se habían vueltos de un brillante rojos.

El repentino tintineo de metal fue oído en medio de la conmoción.

"¡Rin byo tou sha kai jin retsu zai zen! ¡Márchense, espíritus malignos!" gritaron dos voces sincronizadas a la perfección.

De pronto, los dos se vieron envueltos por una cálida luz blanca y cuando aquella luz se retiro, las letales telarañas habían desaparecido. Kuroro colapso sobre Kurapika, aunque manteniendo con dificultad la consciencia. La sangre comenzó a brotar libremente desde la quemada carne de su espalda; su piel se había corroído por el acido. Lo que quedaba de su polera se encontraba empapada en sangre.

Kurapika se volteo para darle una rápida mirada a su salvador, las que resultaron ser dos niñas adolecentes. Ellas se encontraban en el camino con sus tintineantes Shakujyo; un bastón de seis anillos dorados hecho de madera y acero en sus manos. Se encontraban vestidas con un traje completamente blanco de sacerdotisa Shinto. Una tenía el pelo negro hasta los hombros, mientras que otra tenía un oscuro y largo cabello negro.

PEQUEÑO PEDAZO DE—chilló Jorou-gumo, indignada , mientras se lanzaba con todas sus fuerzas contra ellos, pero la chica de pelo más corto, sostuvo su rosario y comenzó a rezar.

"¡Rin byo tou sha kai jin retsu zai zen noumaku senmanda masara dan sen da makaraosha da sowata ya un tarata kan man—! Su boca se movía rápidamente de acuerdo a las invocaciones que balbuceaba con clara experticia. Una ola de poder arraso sobre el terreno y un personaje apareció frente a la monstruosa araña.

"¡d—on Kiri Kiri on Kiri Kiri!" continuo balbuceando, mientras que Jurou-gumo se encontraba paralizado por su mantra. Ella lucho contra el encanto y consecutivamente heridas aparecieron por todo su cuerpo.

¡TE—TE MALDIGO! Chillo con rabia, y nuevamente lanzo un puñado de su ejército arácnido. Las que se lanzaron ciegamente contra la niña.

"¡Tan persistente!" grito la muchacha y cambio la posición de sus dedos. "On Kiri Kiri bazaraa bajiri hora manda manda un hatta, on kiri kiri bazara bajiri hora manda manda un hatta—"

Las cientos de arañas se paralizaron, haciendo una sola y repugnante masa de arañas. Cuatro pilares de luz aparecieron, bloqueando sus movimientos.

"¡On sara sara basara hara kyara un hatta on agyana wei senji kya sowaka!" sus dedos y manos se movieron rápidamente, formando varios símbolos que para las personas normales no tenían significado alguno. Y con un movimiento final de sus manos, las arañas se incendiaron, ardiendo hasta desaparecer.

"Vamos, prosigamos." La otra chica sujeto a Kuroro y a Kurapika del suelo, y le prestó su hombro para ayudarla a cargar a Kuroro.

"¿Pero qué hay de ella?"

"Tara estará bien. Nuestra prioridad son ustedes."

Justo cuando dijo eso, pudo oírse un golpe y un cuerpo aterrizo sobre el suelo. Tara tenía una horrible herida en su brazo, y pero aún así se puso de pie y sosteniendo fuertemente su Shakujyo se preparo para enfrentar a la monstruosa araña. Con un rugido Jorou-gumo se acerco furiosamente a Tara.

La niña de pelo largo parecía dividida entre ayudar a su amiga o cumplir con su deber.

"Ayúdala." Dijo firmemente Kurapika, mientras se daba la libertad de cargar con todo el peso de Kuroro sobre sus hombros.

"Pero—"

Miho. Una suave voz de mujer reverbero en su cabeza. Kurapika se congelo cuando escucho esa voz, pero la muchacha frente a ella parecía aliviada de oírla. Cuando volteo su cara, un Kyuubi (un zorro de nueve colas) albino se encontraba a poca distancia de ellos. Sus pequeños y saltones ojos dorados la miraron con una gentil expresión, mientras que en su frente tenía una gema dorada; la que casi parecía ser su tercer ojo.

Ve y ayuda a Tara. Los llevare yo mismo, ordeno el Kyuubi.

"¡Sí! ¡Muchas gracias, daisaiin-sama!"

Entonces Miho se inclino ante el Kyuubi y rápidamente se apresuro a ayudar a su amiga.

Ven, pequeña. En mi actual forma no puedo ayudarte. Pero una vez estén en mi morada, tendrán toda la ayuda que necesiten.

Con eso, el zorro se volteo y comenzó a caminar nuevamente. Kurapika trago su saliva y miro por sobre su hombro la batalla que actualmente era entre las dos adolecentes y la furiosa araña. Encajo su mandíbula con decisión, tomo todo el peso de Kuroro con un gruñido mientras enrollaba sus brazos alrededor de sus hombros y, suprimiendo el dolor de su tobillo, comenzó a arrastrarlo mientras seguía al Kyuubi.


Ingresaron lentamente al bosque. De tiempo en tiempo el Kyuubi albino se detenía para esperarlos en silencio, sus ojos centelleaban en el oscuro bosque, mientras que la gema incrustada en su frente parecía una estrella solitaria que alumbraba el camino. El atardecer ya caía sobre el bosque, volviéndolo más silencioso y quieto con cada segundo que pasaba. La respiración de Kurapika se agito al tiempo que comenzaban a trepar una colina, esto debido a todo el esfuerzo que empleaba al cargar el peso de Kuroro. El hombre apenas lograba sostenerse sobre sus pies, con toda su espalda y parte de sus extremidades escaldadas y corroídas de forma crítica. Respetivamente debía detenerse y tomar un poco de aire, al mismo tiempo que ajustaba la posición de Kuroro, a la vez que daba alivio a su tobillo torcido.

"¿Porque…" comenzó repentinamente Kuroro, pero su débil voz era un mero gruñido. "…estabas llorando?"

En realidad, él había estado observando sus lágrimas por un largo tiempo. Quería preguntar, pero sentía tanto dolor que era incapaz de decir palabra alguna. Kurapika parpadeo una vez. Levanto una mano y toco una de sus mejillas; la que estaba cálida y húmeda por sus lágrimas. Con cara atónita, se limpio las lágrimas restantes de su rostro.

"¿No lo sé?" dijo débilmente, su voz no traicionaba su propia confusión, a pesar de sus lágrimas involuntarias.

Prosiguieron su viaje en silencio. Luego de un tiempo, finalmente llegaron a su destino, atravesando la puerta principal del templo. Entonces, el kyuubi atravesó el grandioso túnel creado por cientos de puertas de bermellón torii, que guiaban hacia el templo principal.

Convenciéndose asimismo que se encontraban cerca, Kurapika se preparo para soportar unos cuantos minutos de caminata bajo la serena sombra de las puertas de torii. Cuando salió finalmente del túnel, se encontró frente al templo principal. Era un tranquilo y pacifico lugar; un lugar perfecto para descansar.

Antes de que pudiera darse cuenta, el lugar zumbaba en actividades. Jóvenes sacerdotisas se aproximaron a ella, ayudándola con Kuroro, acarreando su cuerpo hacia el 'ala del hospital', dentro del templo. Gentilmente guiaron a la confundida Kurapika, diciéndole que estaría a salvo en los terrenos del templo Inari. Cuando llegaron al cuarto y comenzaron a quitarle la desgarrada ropa a Kuroro, una de las jóvenes miko toco la estropeada espalda de Kuroro y grito inmediatamente de dolor. Su mano se quemo al instante; el veneno continuaba haciendo efecto en la espalda de Kuroro.

"Yo lo sanaré." Insistió Kurapika, porque sabía que esas miko no podían tocar de forma descuidada la herida de Kuroro, a menos que quisieran ser quemadas por el terrible veneno.

Kuroro solo alzo una ceja, pero no hizo comentario alguno. A regañadientes, las muchachas se hicieron a un lado para darle espacio. Kurapika se movió para observar su quemada espalda mientras se sentaba frente a él, encogiéndose cuando sintió sus ojos en su herida. En un segundo, transformo el color de sus ojos a uno escarlata y la cadena Holy bailo en sus dedos. Con un movimiento de su muñeca, la cadena Holy se enrollo de forma suave alrededor del cuerpo de Kuroro, dejando fluir el Nen que abrazo a Kuroro.

Lo que Kurapika no se había esperado era que necesitara tanta energía para curar las heridas de Kuroro. No eran heridas normales. Eran tan persistentes, que Kurapika se vio obligada a utilizar sus reservas de Nen. Comenzó a perder el aliento mientras su cuerpo se debilitaba, pero persistió. Una vez termino con su espalda, se movió a sus piernas. Para ese entonces, Kuroro ya había notado su laboriosa respiración, junto con la palidez en su rostro.

"Kurapika, te estás sobre exigiendo." Le advirtió, pero ella no le prestó atención.

"Un… poco… más…" dijo con voz ronca.

Tan pronto como vio que la herida de su pierna se cerraba, había entregado todo lo que tenia y rápidamente todo se volvió abismalmente negro. Colapsando. Pero Kuroro rápidamente la atrapo, evitando que se fuera de cara al suelo de tatami. Inmediatamente examino su pulso y respiración, percatándose prontamente que se había desmayado de cansancio. Suspiro aliviado.

"¡Daisaiin-sama! (Altísima sacerdotisa)" todas las sacerdotisas se sentaron de forma política, inclinándose hacia la persona que se e4ncontraba en la entrada de la habitación.

Allí, en el marco de la puerta, se encontraba una mujer majestuosa de cabello blanco como la nieve que llegaba hasta el suelo de tatami. A diferencia de las otras miko, ella usaba el traje de una sacerdotisa de alto rango; su traje era un haori blanco decorado con hilos de plata y oro, con un velo que caía sobre sus hombros y cabello, y un hakama purpura que simbolizaba su alto rango. Sobre su frente se encontraba el orbe dorado que Kuroro recordaba haber visto en la frente del kyuubi.

En silencio, la mujer se acerco a él y a la inconsciente Kurapika. Se sentó con gracia frente a él, y levantando una mano, hizo que las sacerdotisas se marcharan de la habitación. Un sofocante silencio lleno la habitación.

"Bienvenidos al templo Fushimi Inari Taisha. Yo soy Kuzunoha, la sacerdotisa a cargo de este templo." Se inclino educadamente hacia sus invitados.

Kuroro no dijo nada porque aun estaba cansado y Kurapika seguía inconsciente en sus brazos.

"Por favor, siéntase como si estuviera en su casa, querido huésped. Es una petición de Shinshin; la cuatro bestias guardianas de los cuatro vientos. Mientras permanezcan en el interior de estos terrenos, ningún daño podrá caer sobre usted o su acompañante." Prosiguió.

"Tú era el zorro de nueve colas." Dijo Kuroro de forma repentina.

La mujer de cabello como la nieve le sonrió cálidamente. "Ciertamente lo soy." Se giro para observar el tobillo de Kurapika, el que para ese entonces estaba morado e hinchado. "Pobre niña, se hirió asimisma."

Kuzunoha alcanzo el primer kit de primeros auxilios que las miko habían olvidado en el cuarto, cuando se habían marchado. Refregó una especie de sabia sobre el tobillo de Kurapika, para luego vendarlo suavemente. Kuroro solo observo el proceso en silencio.

"Podría haber curado su tobillo primero en vez de arrastrarme." Murmuro Kuroro.

"Quizás aquella idea no paso por su cabeza, ya que estaba distraída." Una gentil sonrisa apareció en su rostro. "O quizás no pensó que fuera una buena idea con Jorou-gumo tan cerca."

La mujer-zorro empaco todos los componentes de kit en su lugar, cuando termino aquello se enderezo para darle una rápida mirada a Kuroro.

"Normalmente," dijo calmadamente, "los humanos comunes mueren al tocar las envenenadas redes de Jorou-gumo, sin decir que aquel estaba especialmente concentrado. Pero fuiste capaz de soportar el shock y la tortura, e incluso el veneno."

Kuroro la escucho en silencio. Sabía lo que inevitablemente preguntaría.

"Por el olor de tu sangre," prosiguió, "se que no eres un humano de cualquier linaje. ¿Qué eres?" le pregunto. Nunca había visto a alguien tan extraordinario. Le asustaba; él la asustaba.

El hombre de pelo oscuro la miro con ojos calculadores. Sabía que ella estaba perturbada por su increíble resistencia. Quizás fuera tan grandioso como fenomenal, pero no podía evitar aquello.

"Nací humano." Finalmente respondió Kuroro. "Pero mi sangre ha sido mesclada con la de una medusa."

Los colores se drenaron del rostro de Kuzunoha. Aun cuando ella no conocía muy bien las criaturas fuera de los límites de su territorio, había oído algunas historias sobre medusa; la furiosa medusa.

Kuroro se giro para mirar a la inconsciente Kurapika.

"Al igual que ella."

Kuzunoha contuvo el aliento por un instante.

"Ya veo." Dijo finalmente con voz quieta. "Hay tantas cosas que quiero decirles, pero me temo que tendrá que esperar hasta que tu compañera recobre la consciencia."

Con la gracia de alguien que pertenece a la realeza, Kuzunoha se levanto y camino hasta la puerta. Antes de excusarse le dijo que sus necesidades; tales como baños y comida, les serian entregadas, por lo que no debían preocuparse. Cuando la puerta corrediza se cerró con suave golpe, Kuroro se volvió a observar nuevamente a Kurapika. Su pálido rostro se veía tan frio como una piedra. Cuidadosamente acaricio la pálida mejilla con el reverso de sus dedos, como si fuera a quebrarse al contacto. Un recuerdo reverbero en su mente:

¿Por qué lloras?


Kuzunoha se encerró en su cuarto privado. Tomo un particular papel con un dibujo de un tigre albino, ubicándolo frente a ella. Lo observo con reverencia, y tras unos cuantos segundos puso sus tres dedos; el índice, el del medio y anular, de ambas manos sobre el suelo de tatami, frente a su rostro mientras inclinaba profundamente su cabeza.

En respuesta a su silencioso pedido, el dibujo del tigre sobre la hoja recobro vida y salió del plano de dos dimensiones al mundo real. El tigre camino hasta Kuzunoha y se sentó frente a ella.

Has cumplido con tu trabajo como se esperaba, dijo el tigre con una profunda y ronca voz.

"En un placer, Byakko-sama." Dijo suavemente Kuzunoha.

Cuando la mujer de cabellos blancos levanto la mirada, luego de haber recibido permiso de Byakko, el tigre blanco había recobrado su forma humana. Ante kuzunoha se encontraba un enorme hombre que usaba un caso de tigre adornado con una piedra jade en la frente al tiempo que usaba una armadura dorada. Sostenía una lanza en su mano, lista para golpear a cualquier enemigo en cualquier momento.

"Suzaku debió haberme informado antes de su llegada. De esa forma, esos dos jóvenes no se hubieran topado con Jorou-gumo, por ende no hubieran terminado metiéndose en un problema tan profundo como en el que se encuentran." Byakko sacudió su enorme cabeza de tigre con leve exasperación. "realmente, ¡No tiene nombre!"

Kuzunoha no dijo nada, simplemente permaneció dulcemente sentada mientras Byakko balbuceaba en contra de la simplicidad de Suzaku, lo que había provocado tantos problemas. Luego de un tiempo, solo entonces la mujer de apariencia frágil se preparo para traer a colación cierto tema.

"Byakko-sama, ese hombre…" comenzó con duda en su voz. "Dijo que comparte sangre con una medusa. ¿Podría ser…?"

"Sí. Es el hijo adoptivo de Ishtar. ¿Has oído de ella?" asintió, levemente sorprendido por lo nerviosa y sumisa que se encontraba cuando hizo aquella pregunta, siempre había sido confiada y reservada.

"Sí. ¿Quién no ha oído…" levanto la vista para observar el estrellado cielo. "…la historia de la diosa caída?"


Ella raramente soñaba. Y Si alguna vez soñaba, eran pesadillas, y estas generalmente era la misma que se repetía una y otra vez; la masacre de su tribu y la cabeza decapitada de su hermano. Sin embargo, esta vez se encontraba soñando algo muy incomodo y peculiar.

Kurapika se encontraba en la más profunda oscuridad. Tan oscuro estaba que no podía ver lo que estaba bajo, sobre o al lado de ella. Extrañamente no sentía miedo alguno. No era una oscuridad fría; parecía darle la bienvenida de forma afectuosa, abrazándola con su ubicua constancia y su perpetuo ambiente. Era tranquilo, acogedor.

Pudo ver un poco de luz por el rabillo del ojo. Parpadeaba débilmente en la distancia, instándola a acercarse. Con curiosidad, Kurapika camino lentamente hasta acercarse a esa débil luz. Mientras más se acercaba a aquella luz, mas aproblemado y pesado sentía el corazón; sin embargo la luz la urgía a acercarse. De pronto algo detuvo sus piernas. Cuando bajo la mirada, pudo observar una criatura extraña pero de apariencia inofensiva.

Se veía como un tapir, pero sin embargo no lo era. Tenía cabeza de elefante, colmillos y patas, mientras que sus cuernos y garras pertenecían a los de un tigre. Su cuerpo estaba cubierto por un delgado cabello blanco. Era un Baku. La pequeña criatura se enrollo alrededor de su pierna, pidiéndole que no fuera hacia la fuente de luz. Kurapika miro la débil luz, y luego al Baku. Repitió aquella acción por un tiempo, antes de finalmente sentarse junto a la extraña criatura.

"Es extraño, pero siento que debería quedarme contigo." Dijo con voz débil.

Con un brillo de felicidad en sus pequeños ojos, el Baku se froto contra el brazo de Kurapika, rogándole que lo cargara. Entretenida con su comportamiento, Kurapika cumplió sus deseos. Acaricio suavemente su pequeña cabeza, como si fuera un perro. Con un feliz suspiro, el Baku descanso su cabeza sobre el regazo de Kurapika.

Nuevamente la invadió la paz y antes de que se diese cuenta, fue devorada por el olvido.


"¿Finalmente despierta?" fueron las primeras palabras de Kuroro cuando ella abrió sus ojos.

Giro su cabeza para mirar a Kuroro, quien se veía sano y con energías, como si nunca hubiese sido herido de gravedad. Se encontraba sentado sobre su futon, con su yukata para dormir. Observo el bajo techo sobre ella. Apenas podía reconocer el lugar, pero sabía que de seguro se sentía extrañamente llena de energía; como si fuera la primera vez que tenía un sueño realmente pacifico y tranquilizador.

"¿Dónde?"

"El templo Fushimi Inari Taisha." Respondió. "Has dormido por dos días completos."

"¿QUÉ?" Kurapika chilló de horror mientras se reincorporaba del futon.

"Relájate, niña." Kuroro dejo escapar un despreocupado bostezo. "Yo mismo me desperté hace tan solo unos minutos."

"¿Huh?" Kurapika parpadeo al verlo hacer un gesto tan normal; ¿El dejando escapar un bostezo despreocupadamente? "Entonces, ¿Cómo sabes que han pasado dos días?"

"Este pequeño amigo me lo dijo." Kuroro levanto su brazo que se encontraba oscurecido por su cuerpo, y aferrado a él se encontraba otra criatura curiosa.

Kurapika frunció el ceño y se inclino hacia él, para observar de mejor forma la criatura. Se veía como un zorro en miniatura, del porte de una rata o una comadreja. Miro a Kurapika con sus pequeños ojos, observándola con la misma curiosidad con la que ella lo observaba. Luego de un tiempo, logro reconocer que clase de criatura era.

"¡Un kuda-kitsune!" exclamo con alegría.

"¿Por qué tan feliz de ver uno?" Kuroro le pregunto con una ceja en alto.

"Siempre quise tener uno." Dijo, demasiada feliz como para actuar indiferente hacia él, como comúnmente hacia. "Ven aquí, pequeñito." Dijo mientras estiraba un brazo hacia él, mientras que la otra sostenía el peso de su cuerpo.

El kuda-kitsune olfateo su mano de forma tímida al comienzo, antes de saltar del brazo de Kuroro a la mano de Kurapika. Entonces trepo por su brazo hasta su hombro de forma energética, oliendo su mejilla con su pequeña nariz.

"Como un niño chico." La molesto.

"¿Disculpa?" le lanzo una mirada de furia.

"Claramente soy nueve años mayor que tu, por lo que está bien sí te digo así."

"¡Tengo diecisiete! ¡Ya no soy una niña pequeña!"

"¿Acaso no es tiempo de que cures tu tobillo torcido?"

Kurapika parpadeo. ¿Por qué el hombre cambiaba repentinamente de tema?

"No, no tengo nen." Respondió de forma cortés.

"Has dormido como tronco por dos días."

"¿Tienes alguna idea de cuanto nen ocupe para curar tu espalda y piernas?" le respondió, girándose para lanzarle un mirada fea, pero cuando sus ojos se encontraron, no pudo ser capaz de siquiera lanzar una mirada hostil. Tan solo lo observo. Luego de un tiempo aparto la mirada.

"De cualquier forma, no quiero desperdiciar mi nen en cosas tan tribales. Para cuando salgamos de este lugar, mi pie ya estará bien."

"¿Cuánto nen te queda?"

"Lo mínimo." Se encogió de hombros. "se acumulara con el tiempo."

"No podemos permitirnos aquello." Dijo con determinación, sin embargo había cierta tensión en esa frase, como si estuviera enfatizando algo.

"¿Entonces qué sugieres?" pregunto con molestia. Sabía a lo que se refería; el instante que pusieran un pie fuera del templo, Jorou-gumo estaría tras ellos, por lo que debían estar en perfectas condiciones para enfrentarla.

Kuroro permaneció en silencio por un tiempo, cubriendo su boca con una mano, en su característico gesto de estar pensando en algo. Luego de un tiempo, miro a Kurapika con tanta intensidad que la chica se sintió incomoda.

"Tengo una teoría, pero más vale intentarlo."

"¿Qué teoría?"

"El nen se clasifica en diferentes categorías, lo que significa que cada tipo debe tener un propiedad similar. Si es ese el caso, entonces debe ser posible transferir nen de una persona a otra, para alimentar su nen. Después de todo, hay tratamientos donde se usa el nen como forma de sanación, especialmente para el grupo de reforzamiento. Tu cadena Holy es un buen ejemplo de ello."

Kurapika frunció el ceño. "Tienes sentido, pero incluso si la propiedad es similar, quizás aun así no sea compatible para todos, ¿no?"

"Cierto. Sin embargo en nuestro caso, puedo apostar que nuestro nen es compatible."

"¿Qué te hace pensar eso?" pregunto con incredulidad, Kurapika. El hombre estaba lleno de sorpresas.

"Ambos pertenecemos al grupo especialización y nuestro tipo de sangre es la misma; AB. Dicen que la personalidad de las personas puede agruparse por el tipo de sangre, lo que significa que nuestras personalidades se asemejan hasta cierto punto."

"No veo semejanza entre nosotros." Remarco llana e inexpresivamente.

"Más aún, compartes mi sangre desde la transfusión de sangre. Todo esto debería incrementar las posibilidades de compatibilidad entre nuestros nen." Dijo ignorando lo dicho.

Kurapika frunció el ceño. "¿Y a que quieres llegar?"

"Conectar nuestro nen y ver si tu puedes acceder mi nen y usarlo como si fuera tuyo o no." Dijo con voz indiferente.

A Kurapika no le agradaba la idea; le desagradaba bastante. El nen era algo privado y personal para ella; era como un símbolo de identificación de cada persona, desde su perspectiva. Pensar que su nen pudiera ser compatible con el de este hombre, el de un criminal, que accediera a él y utilizarlo como si fuera suyo le causaba miedo, perturbándola ligeramente. No quería admitirlo, pero temia que si este experimento funcionaba, entonces esto sería como un sello que demostraba que habían compartido su yo interior con él.

"Vamos." Le gesticulo para que se acercara y sostuviera su mano.

No parecía molesto con ello; no, parecía no importarle. No le interesaba. Kurapika trago saliva. A pesar de su miedo tenia curiosidad. Sentía gran curiosidad; quería saber más sobre el nen, saber cuán lejos podía ir su poder. Sin molestarse en luchar contra su consciencia, tomo su mano en la suya.

El nene de Kuroro se incremento suavemente, fluyendo llanamente mientras llegaba a Kurapika. Cuando su nen rodeo por completo a Kurapika, ella se sintió abrumada por una extraña sensación. Se sentía como si se estuviera ahogando en alguna clase de líquido, produciéndole cosquillas por todo su cuerpo. Podía sentir como su nen entraba en ella por los poros de su piel, hundiéndose profundamente en su interior, intentando conectarse con su nen. Mientras sus nen colisionaban, dejo escapar una bocanada de aire ya que sentía su pecho contraído y pesado.

Él sostuvo firmemente sus manos, observando su sutil expresión en silencio. Podía sentir como su nene se encontraba con el de ella; al comienzo era como una tormenta, su nen rechazando el suyo, pero con el tiempo el caos fue gradualmente apaciguándose hasta fusionarse en uno. Kurapika cerró sus ojos, enfocando su atención en el nuevo nen que se encontraba en ella. Se sentía como un recién nacido. Quito una de sus manos del agarre de Kuroro; aquella que sostenía las cadenas e intento convocar sus cadenas. Funcionando.

El familiar sonido de la cadena de nen lleno el cuarto y Kuroro observo aquello dichoso. La cadena Holy había hecho aparición, zumbando como si fuera una abeja. Entonces la cruz fluyo hacia el tobillo de Kurapika, flotando sobre él, emitiendo una luz clara mientras sanaba la herida. En poco tiempo, el tobillo de Kurapika había regresado a la normalidad.

Kuroro Lucifer estaba excitado. Nunca había creído que su teoría lograría ser demostrada.

Kurapika retiro sus cadenas y guardo su nen. Mientras su nen regresaba a su santuario en su interior, Kuroro retiro su nen de ella. Lo retiro lentamente, de forma que no le diera un impacto que pudiera provocarle la muerte. Sin embargo, de forma deliberada dejo pequeños residuos de su nen. Cuando termino todo el proceso, ambos colapsaron sobre el piso de tatami.

"Funciono." Dijo Kurapika de forma incrédula entre resoplidos.

"Tenía razón." Murmuro Kuroro, sus ojos brillaban excitados.

De pronto, comenzó a reír. Lo hizo como los niños pequeños que reciben el regalo que han deseado, mientras descansaba de forma floja en el suelo. Kurapika lo miro con curiosidad en sus ojo; ¿Qué le había pasado al hombre?"

"Tenía razón." Dijo nuevamente mientras se giraba para mirar a Kurapika con ojos llenos de emoción.

Kurapika contuvo el aliento. Su repentina felicidad era contagiosa. Kuroro le estaba mostrando su lado infantil; algo que muy raramente hacia de forma tan abierta y quizás fuera uno de sus verdaderos yo. Viendo una parte de eso e intoxicándose con su encanto infantil, Kurapika no pudo evitar dejarse llevar. Ella le sonrió.

Eso lo tomo por sorpresa, pero no lo dejo ver. En cambio, se permitió el rebozarse en ese fugaz momento. Rodo hasta quedar sobre su estomago y tomo unos mechones de cabello rubio con sus delgados dedos. Kurapika lo observo mientras torció su pelo despreocupadamente, sin molestarle aquel gesto.

"¿Cómo te sientes?" pregunto con una mirada distante.

Kurapika rodo hasta queda de espaldas sobre el piso de tatami. Respiro y expiro de forma quieta, intentando comprender las sensaciones de su propio cuerpo.

"Me siento como si tuviera más nen." Dijo finalmente mientras giraba lentamente su cabeza hacia él. "¿Acaso…?"

Asintió, un brillo de satisfacción apareció en sus ojos. Su teoría era realmente correcta; realmente podía alimentar el nen de otros mientras los nen fueran compatibles y las condiciones estuvieran dadas.

En vez de sentirse eufórica, como estaba el, o feliz por tener más nen, Kurapika sintió que la sangre de sus venas se congelaba. Primero, su sangre era la que había sido mezclada con la suya y ahora su nen. Se sentía como si la estuviera invadiendo de forma muy sutil. Dejo señales de él en su interior; dándole un trozo de él desde diferentes perspectivas.

Lenta pero claramente, el estaba entrando a su propio ser.


"Yo, Ishtar. Parece que las cosas van sin problema entre ellos."

"¿Es así?" la dama sonrió ante el reflejo del fénix sobre la superficie de su agua mágica. Servía como un sistema de comunicación de largo alcance.

"Definitivamente. E oído de mi primo que en estos momentos se encuentran con la mierda hasta el cuello, pero es eso lo que lo hace bueno."

"Fénix, tu lenguaje por favor." Ishtar se masajeo delicadamente el puente de su nariz.

"Molesto." La dama in Red hizo rodar sus ojos. "De cualquier forma, han hecho un experimento muy entretenido y resulta que pueden acceder al nene del otro, e incluso transferir su nen entre ellos. Extraño, ¿no? Nunca había oído de esto."

Ishtar rió. "No me esperaba que fueran así de compatibles."

"¿Qué quieres decir?"

"El nen es un asunto muy delicado y serio." Dijo mientras enrollaba su pelo con sus delgados dedos. "No es juego de niño, especialmente cuando envuelve la interconexión entre nen. Representa al yo interior y al alma misma. ¿Qué crees que implica el hecho de que estén entregando su nen entre ellos? ¿Incluso utilizando el nen del otro como si fuera el suyo?"

"¿Entregando su alma al otro? Dios, eso es como si fueran uno."

"Precisamente."

"Juee. Solo diles que se casen de una." Dijo mientras cruzaba los brazos, como un padre exasperado por su hijo.

Ishtar sonrió tiernamente al legendario y exaltado pájaro. "Desearía que fuese así de fácil, amigo mío."


Kurapika se sentó en el balcón de su cuarto, el que daba al lago tras el templo. Todavía se sentía incomoda tras su pequeño experimento con su nen. A veces sentía que su estomago se revolvía cuando recordaba que Kuroro le había dado un pedazo de su nen a ella. Sentía vértigo. Se sentía violada. Tragando la bilis, Kurapika alzo la vista y comenzó a recitar sus líneas favoritas.

"El Sol brilla en el cielo,

La hierba crece en el suelo…

Mi carne se ha levantado del estanque,

Mi alma ha descendido del Cielo.

Mi cuerpo se beneficia de las bendiciones de las praderas,

Que brillan bajo los rayos del Sol,

Confío mi cuerpo al viento que sopla desde la Tierra.

Les expreso mi gratitud a mis ancestros.

Por el milagro de la Vida en cualquier momento o cualquier circunstancia, con el sonido de mi mente

Compartiré la alegría y la tristeza con mis compañeros.

Para alabar la existencia de la Tribu Kuruta por siempre,

Juro esto por mis ojos rojos…"

"¿Una oración kuruta?" Kuroro pregunto de forma despreocupada.

Ya la había oído anteriormente; en el hospedaje de Fino, cuando Kurapika aun era extremadamente hostil con él. Pensando en ello, Kuroro se percato de cuan cómoda las cosas habían sido entre ellos. Anteriormente, la kuruta tomaría cualquier oportunidad que tuviera para despreciarlo, ridiculizarlo e insultarlo. Ahora estaban tan en paz que hacía que Kuroro se preguntase; ¿Qué estaba pasando en estos momentos por la cabeza de la chica?

Kurapika no había respondido su antojadiza pregunta, como si no lo hubiera oído. Entonces, Kuroro deliberadamente se le acerco y se sentó junto a ella. La luna ya se encontraba en lo alto, colgando como un solitario farol. Kurapika se permaneció quieta y tensa, a pesar del inofensivo ambiente. Esto lo desconcertó, por lo que estiro su brazo para tocarla.

En cuanto vio por el rabillo del ojo que se acercaba su mano, rápidamente la hizo a un lado. Kuroro parecía semi sorprendido ante esta renovada hostilidad; había pasado mucho tiempo desde la última vez que había evitado su contacto. Miro muy de cerca su rostro. Le intrigaba. La chica era fácil de leer, al menos para el. Esta vez, sin embargo, Kuroro no podía comprender que era lo que se escondía tras esa expresión. ¿Desprecio? ¿Odio? ¿Ofensa? ¿Pena? ¿Arrepentimiento? ¿Asco?

"¿Qué pasa por tu cabeza?" pregunto con curiosidad.

Quizás su rostro mostraba abiertamente su curiosidad, ya que Kurapika se sentía como si fuera un sujeto del experimento que era interrogado. Aparto la vista, sin responder a su pregunta. Sin pensárselo dos veces, Kuroro estiro rápidamente su mano y sostuvo su mentón con su mano, forzándola a tener que mirarlo.

"¿Cuál es tu problema?" pregunto de forma directa.

Kurapika se encogió cuando la confronto, como si fuera herida o dañada con su charla. Ella se zafo de su agarre de un tirón y nuevamente aparto su vista. Kuroro le frunció el ceño.

"Si tanto me desprecias, entonces, ¿Por qué me sanaste?"

"¿Por qué me salvaste?"

Kuroro suspiro.

"Primero, te he dicho tantas veces que no tengo la mas mínima intensión de dejarte morir por una razón que todavía no sé. Segundo, una persona herida es mejor que dos heridas. ¿No es así?"

Kurapika busco un discurso en respuesta, pero no encontró ninguno.

"¿Mi respuesta?" demando.

"No quiero deberte nada. Así que considéranos a mano." Dijo de forma plana, su voz desprovista de cualquier emoción. Se detuvo por un tiempo, sus ojos radiaban duda. Cuando finalmente logro preguntar lo que la estaba molestando por dios sabe cuándo, su era más bien débil. "¿Por qué haces todo esto por mi? No ganas nada de esto."

"No se trata de beneficios personales." Respondió con tranquilidad, casi con reverencia.

"¿Entonces?"

"No te lo diré." Le sonrió con sarcasmo.

"Apestoso." Hizo una mueca.

"Di lo que quieras, eso no cambia nada." Rió.

La razón tras el porqué Kuroro era capaz de arriesgarse hasta tales límites por ella, sería un misterio por mucho tiempo más. Sería solo entonces, años más tarde, que alguien daría respuesta a su pregunta.


En un cómodo silencio caminaron a través del túnel de torii, hacia la gran escalera de piedra que llevaba a la entrada del templo Fuchimi Inari. Ni siquiera dieron una última mirada al templo que los había resguardado en los últimos días.

"Kuroro, Kurapika."

Una suave voz los llamo antes de dar un paso fuera del templo. Cuando se voltearon a mirar, pudieron observar la sacerdotisa de apariencia frágil, Kuzunoha, se les acerco con rapidez y a cada uno le dio un talismán protector; an o-mamori. Era pequeño y simple, de forma rectangular y anudada en la punta, sirviendo como sello. El mismo nudo se encontraba unido a un hilo, el que era lo suficientemente largo como para usarlo de collar.

"Este es mi regalo de despedidas. Me es muy difícil abandonar el templo, solo en ocasiones determinadas, por lo que volvernos a ver fuera de este templo es realmente improbable." Les dijo con suavidad. "Sin embargo, permítanme obsequiarles un último consejo. Tengan cuidado de Tamamo-no-Mae."

Kurapika se inquieto al oír tal nombre. Sí, claro que conocía aquel nombre y Kuzunoha pareció ver aquello en su mirada.

"Puedo asegurarte que ella es mas malvada que Jorou-gumo. Si se encuentran con ella, intenten arrebatarle su Hoshi no Tama; es una joya que cada uno de nosotros, kistune, lleva consigo." Dijo mientras señalaba su orbe dorada. "Contiene nuestro propio ser; nuestra alma. Una vez lo tengan en sus manos, pueden hacer que ella haga todo lo que ustedes desean."

"Asumiendo que pudiésemos quitárselo." Dijo Kurapika con apatía. Era una labor casi imposible.

Kuzunoha solo le sonrió débilmente. "Tengan buen viaje," dijo mientras apretaba la mano de Kurapika para ofrecerle confianza.

"Gracias." Respondió educadamente Kurapika. Aunque dudo que sea un buen viaje en lo más mínimo¸ se dijo asimisma.


"¿Quién es Tamamo-no-Mae?" pregunto Kuroro.

Ella le lanzo una mirada de extrañeza. "Me sorprende que no lo sepas."

"¿Acaso soy una enciclopedia andante?" dijo inexpresivamente, sin embargo divertido.

"Pero—"

"¡Silencio!"

Antes de que Kurapika siquiera pudiese terminar su oración, el rostro de Kuroro se puso en alerta y la empujo por el costado; al menos lo intento. Ya que no la estaba mirando, su amplia mano aterrizo por casualidad sobre el pecho de Kurapika; o para ser exactos su seno. Kurapika se congelo, al igual que el. Luego de eternos segundos, un enojado grito sacudió el bosque por completo, tan así que las aves salieron volando, abandonando sus nidos.

"¡TÚ! ¡ #$%^&*()!"

"¡No fue a propósito!" se defendió.

Para su desdicha, el grito de Kurapika atrajo el problema que él había intentado evitar hace unos segundos. El bosque volvió a sacudirse y algo aterrizo ruidosamente frente a ellos.

¡PEQUEÑA NIÑA! ¡CHICO ANANSI! Grito Jorou-gumo. Su ojo seguía desaparecidos, al igual que pierna.

Como un demonio poseído, cargo contra ellos, sus colmillos abriendo y cerrándose furiosamente, llenos de deseos por saborear su carne y sangre. Nuevamente, el golpe de adrenalina borro cualquier rastro de vergüenza en la cabeza de Kurapika, entrando rápidamente en modo de combate. Ahora que estaban preparados para enfrentarla, no había nada que los detuviera. Ambos saltaron al unisonó, Kurapika uso su cadena de contraataque para restringir sus movimientos por el cuello. Kuroro aprovecho la oportunidad para abalanzarse sobre y ella y sacarle el otro ojo. Aullando de rabia y dolor, Jorou-gumo contraataco con toda su fuerza, hasta finalmente liberarse de las cadenas, en consecuencia haciendo añicos la cadena.

En ese instante, Kurapika sintió por una centésima de segundo que su corazón era apretado firmemente. Soltó una bocanada de aire y cayó de rodillas mientras apretaba su corazón. Era la primera vez que alguien rompía sus cadenas y nunca anticipo que fuese tan abrumador aquel dolor.

Sin decir palabra alguna, Kuroro la tomo por la cintura y la puso sobre sus hombros, cargándola como si fuera una saco de papas. Salto hacia la rama más cercana al tiempo que Jorou-gumo lanzaba una de sus redes venenosas.

"¿Estás bien?" pregunto con calma, mientras observaba al rabioso y ciego monstruo.

"Estaré bien, pero…" respiro profundamente. "Mi nen está fragmentado… nunca me imagine que pudiera ser tan doloroso."

ALLÍ… chilló Jorou-gumo y se lanzo hacia ellos a pesar de su enorme tamaño.

Kuroro acababa de quitar sus brazos de Kurapika, para mantenerse fuera de cualquier problema, cuando el cuerpo de la araña sorpresivamente se partió en dos. Con un sonido sordo, las dos partes de Jorou-gumo cayeron libremente sobre el suelo, tiempo después de tocar el suelo su cuerpo se convirtió en arena, siendo soplada por el viento.

Los dos observaron desde la rama, inseguros de lo que acababa de ocurrir. Descendieron e inspeccionaron el lugar. No había rastro alguno de los restos de Jorou-gumo, solo el desastre que había dejado en el bosque.

"¿Quién eres?" pregunto repentinamente Kurapika con recelo en su voz, al ver a un extraño hombre a pocos pasos de ellos.

El hombre se encontraba bajo la oscura sombra de los arboles, su rostro oculto entre las sombras. Sin embargo podían ver la enorme armadura que utilizaba. El hombre permaneció en silencio por un tiempo, antes de decidirse a caminar hacia la débil luz que penetraba el ancho follaje del bosque.

Kurapika sintió como su boca se abría al ver a un hombre con cabeza de tigre. Continuaba viendo una y otra vez extrañas criaturas con cada día que pasaba viajando.

"Soy Byakko, el tigre blanco del oeste. Estoy complacido de conocer al hijo adoptivo de Lady Ishtar y su consorte."

"¿Co-consorte?" Kurapika se sonrojo nuevamente. Kuroro contrajo muy levemente sus ojos al oír el nombre de Ishtar; su nombre y fama parecían haberse desparramado a lo largo del mundo.

"Pero debo decir, que no debisteis envolveros tanto en los asuntos de estos territorios, sin mencionar el hecho de meterse en problemas con uno de los youkai de la zona. Eso es altamente poco recomendable y juicioso." Dijo con tono escandaloso.

Kurapika iba a protestar, cuando una tintineante voz la interrumpió.

"Eso es tan cruel de su parte, Byakko-saaaan…" dijo la voz que provenía desde el cielo.

Los tres alzaron la mirada y observaron a un hombre de pelo azul marino y vestido con un traje oriental azul, sentado flojamente sobre una rama, observándolos divertido.

"¡Seiryuu!" ladro el hombre con cabeza de tigre.

"Desde el comienzo Jorou-gumo planeo involucrarse y ahora los culpas a ellos. Que mal de ti. Además, podrías haberlos ayudado desde hace un tiempo, no lo crees." Dijo Seiryuu con una juguetona sonrisa.

"¿Con que moral dices aquello? Todo lo que has hecho es observar desde ese lugar como peleaban contra esa endemoniada youkai, sin hacer nada." Byakko dijo con ferocidad.

Kuroro frunció el ceño al oír sus palabras. ¿Era cierto que Seiryuu los había estado observando desde el comienzo sin que él pudiera notar su presencia? Eso le hizo recordar lo sucedido en el Ryokan en ese entonces, cuando Suzaku se anuncio sin que él pudiera percatarse.

"Bueno…" Seiryuu dio pequeños golpecitos con sus largos dedos sobre su mentón. "¿Acaso no es una de esas liosas leyes en las que no puedo involucrarme en asuntos en tu territorio? Ver es todo lo que puedo hacer, y es tan jodidamente aburrido…"

"Es un antiguo decreto al igual que aquel que dice sobre no ayudar a los humanos todo el tiempo. Nosotros existimos para ser reverenciados, no para involucrarnos en los asuntos de los humanos, de otro modo perderían el respeto hacia nosotros."

"Ah." Seiryuu le sonrió con burla. "eso puede ser cierto, pero acaso se te olvida que además de ser un extranjero en estas tierras…"

Se volteo para observar a Kuroro y Kurapika con un extraño brillo en sus ojos. Viendo esos ojos, Kuroro se percato de inmediato que él los veía de una forma diferente a los humanos comunes y corrientes.

"¿Esos dos difícilmente pueden ser llamados humanos puros?"


La tipeja que traduce… =) otrooooo… toy que salgo de vacaciones yuju! =P