TRADUCCION: Esta historia no me pertenece, yo nunca la eh escrito ni mucho menos eh aportado con alguna idea o sugerencia, todo este trabajo pertenece a la autora Runandra, quien es la mente maestra tras esta idea, la historia original pueden encontrarla en el siguiente link:
www(punto)fanfiction(punto)net/s/5650325/1/1001_Nights
Aclaración: Hunter x Hunter no me pertenece.
Esto dice Runandra (la autora), puede contener spoiler… por no decir que tiene spoiler del fic XD: me apresure para poder terminar a tiempo, en serio. Así que discúlpenme por la falta de calidad. De hecho, Perussa es el nombre que altere de Prussia, que es el viejo nombre de Alemania. Erin es el antiguo de nombre de Irlanda, respectivamente. Déjenme saber lo que piensan sobre la escena del 'beso' ok. Les apuesto que no están satisfechas. Después de todo, ¿a quién le gustaría un beso forzado? Pero por ahora, tendrán que aguantarse con eso. No esperen que Kurapika de la nada agarre a besos a Kuroro. Eso sería muy OCC. Si quieren, pueden responder la pregunta de Kuroro '¿Necesitas preguntar?'. Estoy curiosa por saber lo que piensan ^^
Próximo capítulo:Kuroro llevara a Kurapika a conocer a su viejo amigo. Pero ya que era su viejo amigo, ¿cómo conseguirá que este amigo suyo, un duque, que abandone los ojos escarlatas? Además, el destino parece tener más cosas guardadas para este par, cuando se encuentran con otra extraña persona en la fiesta.
La historia hasta ahora: Habiendo terminado sus asuntos en el país de Hanzo, avanzaron hacia su próximo destino. ¿Quién hubiese creído que se encontrarían con Ging y Anansi? ¿Qué eventos ocurrirían de ahora en adelante?
Capitulo 22
LOS CUENTOS DE HADAS SE HACEN REALIDAD
"Kuroro, ¡Mi niño! Oh dios, ¡Cuánto has crecido!"
El lánguido hombre de piel oscura y cabellos rubios platinado, se lanzo con los brazos abiertos hacia Kuroro, pero como era de esperar, solo pudo abrazar el aire. En el último segundo, Kuroro había esquivado su 'abrazo'. El hombre solo le dio una mirada de cachorro perdido.
"Han pasado casi 15 años desde la última vez que te vi y ¿Así tratas a tu papi?"
La boca de Kurapika se abrió de forma inceremoniosa, mientras Kuroro frunció profundamente su ceño.
"¿Pa—papi?" exclamo Kurapika con cierto grado de horror en su voz.
"Para, Anansi. No andes por allí diciendo cosas falsas, especialmente esa de que eres mi padre. Es molesto." Dijo Kuroro inexpresivamente.
El hombre hizo un puchero.
"Ya no eres tierno. Solías ser tan adorable." Se acerco a Kuroro lentamente y, de hecho, logro despeinar su oscuro y húmedo pelo (Si, seguían mojados de pies a cabeza). "Pero siempre serás mi niño pequeño, ¿eh?"
"Para. Yo ya no soy tu niño pequeño." Kuroro aparto a Anansi. "Tendré 27 este año."
Hablando de edad, Kurapika se acordó del cumpleaños. Y refiriéndose a cumpleaños, se recordó que su cumpleaños se acercaba. Bueno, tampoco hacia diferencia alguna si su cumpleaños se acercaba o no, ¿cierto? Después de todo, su cumpleaños era algo insignificante en su vida. ¿Cuál era el punto de celebrarlo cuando la gente envuelta en su nacimiento ya no existía? De hecho, hace mucho ya que habían fallecido.
Por un fugaz instante, sus pensamientos fueron hacia sus amigos; Leorio, Gon, Killua y Senritsu. Incluso Bashou. Sería bonito celebrar su cumpleaños con ellos. Sin embargo, rápidamente aparto esa idea, sabiendo muy bien que era un error esperar que ese deseo se cumpliera.
"¡Veintisiete! ¡Dios mío! Entonces, ¿Esta es tu novia, no? Porque, esta es la edad en que comienzas a buscar una."
Rápidamente Anansi se giro para observar a Kurapika; o para ser más exactos, como creía Kuroro, su próxima víctima.
"Hola, querida. Encantado de conocerte. Bueno, bueno, mi niño tiene buen ojo con las mujeres, ¿no?"
"Anansi, a juzgar por cómo nos está mirando, no creo que sea su novia. Si tengo que decir algo, pienso que ella no es nada por el estilo." Dijo Ging mientras se acercaba a su extraño compañero, mientras reprimía una divertida risa.
"¿En serio? Aw, es una lástima. ¿No es ella la cosa más linda que existe?" dijo Anansi mientras pinchaba con su dedo la mejilla de Kurapika con clara emoción.
Kurapika estaba demasiada impactada con ver a una persona tan extraña como Anansi, sin que nadie le hubiese advertido sobre su persona, por lo que aun era incapaz de dar respuesta al trato infantil que le daba Anansi. Bajo circunstancias normales, le hubiese gruñido y dicho que no la tratara como un niño.
"Francamente, creo que eres tu quien necesita crecer." Dijo Ging, mientras apuntaba un dedo acusador al pecho de Anansi.
"No seas malo conmigo, Ging." Anansi le hizo un puchero; algo que parecía ser normal en él.
Al oír el nombre 'Ging', inmediatamente una imagen de Gon apareció en la mente de Kurapika. Olvidando todo lo ocurrido, bruscamente le lanzo una mirada afilada a Ging.
"Eres el padre de Gon Freecs, ¿cierto?"
Ging levanto una ceja, al igual que Kuroro. Anansi, por otro lado, estaba tan perdido como un niño.
"¿Es el padre de Gon? Ya comprendo el parecido." Kuroro asintió lentamente, como si finalmente le hubiesen explicado algo.
"¿Conocen a mi hijo?" pregunto Ging con clara emoción, sus ojos brillando de alegría.
"¡Gon te está buscando por todo el mundo!" exclamo, sintiendo cierta repelencia hacia el injusto trato de Ging hacia su propio hijo.
"¿Entonces, acepto mi reto?" de hecho, Ging, sonaba complacido por aquello.
"¿Por qué complicas tanto su vida?" Kurapika casi golpeo su pie contra el suelo en molestia, pero se freno por respeto al padre de Gon.
Ging le dio una pequeña sonrisa.
"Jovencita, por favor comprenda nuestra situación. Esto es un acuerdo que hicimos de forma indirecta. Le he dicho en mis mensajes, que si realmente quiere verme, entonces, tiene que alcanzarme. De otra forma, no lo reconoceré como un real hunter."
El hombre, quien se veía como una versión crecida de Gon, miro distantemente el horizonte, una mirada de añoranza en sus ojos.
"Además, eh renunciado a ser un padre. Siento que no estoy calificado para verlo."
Su voz y palabras eran tan serias que Kurapika no tuvo más opción que empalizar con él.
"Pero Gon tiene tantas ganas de verte." Dijo con voz suave.
"Entonces, deberá rastrearme con el mismo fervor." Ging le sonrió de la misma forma que lo haría Gon. La similitud entre ellos casi le producía escalofríos.
La cabeza de Kurapika se agacho, desmoronada; no comprendía su razonamiento. Frio viento soplo en la costa, haciendo que involuntariamente estornudara y tiritara; seguía completamente mojada.
"Oh, disculpen. Debí hacer algo al respecto." Entonces, Anansi agito su mano y, repentinamente, estaban secos.
"¿Qué fue eso?" pregunto Kurapika mientras se maravillaba por limpia y seca que se encontraba; cuando hace solo unos segundos había sido un completo desastre.
"Secreto." Le giño un ojo.
"Y, ¿Qué les trae por aquí? De seguro no nos vienen solo a saludar." Dijo Kuroro mientras los observaba con cierto cuidado.
"Eso es precisamente lo que intentábamos hacer. Nos has cambiado, Kuroro. Sigues siendo el mismo niño cínico de siempre; dudando de la buena fe de las personas." Ging le sonrió, pero había algo parecido al arrepentimiento en su sonrisa. Era como si se sintiera mal de que se comportara así."
Kuroro no respondió a los dichos de Ging.
"Después de todo, ¿somos tus maestros de nen, no? Es natural que los maestros revisen a sus pupilos, ¿no?" continuo Ging.
Los ojos de Kurapika se abrieron. Ella había investigado un poco sobre Ging para Gon, y de su investigación y los horribles resultados de esta, solo podía concluir que Ging era poderoso y lo suficiente poderoso como para ocupar el puesto presidencial de un país. Anansi era una criatura mágica, siendo prueba de eso la magia que había realizado hace unos segundos. Pensando que Kuroro había tenido a este tipo de personas como sus maestros, no cavia duda de porque era tan poderoso y hábil como lo era.
De cierta forma la ponía nerviosa. Ella había tenido un maestro promedio como su mentor; uno que podía tratar con poco respeto.
"Con eso listo, ¿Qué van a hacer?"
"Hmm… ¿Qué vamos a hacer, Ging?" Anansi se volteo para preguntarle a su compañero.
"Intenta recordar mejor, ¿bueno?" Ging rodo sus ojos hacia el cielo. "Oímos que estabas recolectando los ojos escarlatas."
"¿Y?" Kuroro sabía hacia donde se dirigía esto.
Los sentidos de Kurapika se pudieron en alerta cuando escucho sobre los ojos escarlatas. De pronto, el peso de los tres pares de ojos escarlatas que llevaba en su equipaje parecía evidente. Los otros tres pares de ojos los llevaba Kuroro; habían logrado recolectar los seis pares de ojos del país de Hanzo.
"Y supongo que esta chica es una Kuruta. ¿Le haces ese favor?"
"¿Tu punto?" Kuroro se estaba impacientando. Por la forma en que hablaba, sabía que habían sido informados por las otras criaturas mágicas; Una era de quien más sospechaba. Aunque no le importara en realidad. Por otro lado, no le había negado lo dicho por Ging, que le estaba haciendo un gran favor a Kurapika.
"Los llevaremos hasta los ojos escarlatas mas cercanos."
"¿Perdón?" esta vez, fue Kurapika quien respondió. Para ser más exactos, más bien exclamo.
"Los llevaremos hasta los ojos escarlatas más cercanos." Ging le repitió generosamente a Kurapika, a quien ya le brillaban sus ojos con esperanza y gratitud hacia ellos. "Pero se encuentran en Perussa."
"Eso está muy lejos de aquí. Esta al otro lado del continente; mas precisamente, en el borde." Kuroro frunció el ceño mientras calculaba la distancia que deberían recorrer. Les tomaría semanas en llegas allí.
"Por lo que tomaremos un atajo; ¡El circulo de las Hadas!" declaro Anansi con orgullo. "Después de todo, Perussa se encuentra dentro del continente Erin."
"¿El circulo de las Hadas?" la voz de Kuroro y Kurapika repitieron al mismo tiempo.
"Vengan con nosotros, lo verán con sus propios ojos."
Por lo que marcharon hacia las profundidades del bosque.
Prontamente, descubrieron que el círculo de Hadas era literalmente un círculo dibujado en el suelo con poderes de otro mundo. El círculo brillaba débilmente de día, mientras que de noche brillaba un poco más.
"Párense en medio del circulo y preocúpense de que ninguna parte de su cuerpo se encuentre fuera del circulo. No quieren dejar una pierna o un brazo aquí, ¿no?" dijo Anansi en una Sonsonante voz.
Y así, se apretaron en el interior del círculo, intentando mantener una distancia segura con el perímetro del tan renombrado Circulo de las Hadas.
"¿Y?" Kurapika pregunto con incertidumbre. No le agradaba demasiado la idea de encontrarse tan cerca de Kuroro; no cuando habían pasado por tantas cosas para que el lazo se expandiera lo suficiente como para entregarles algo de espacio personal.
"Ahora, ¿Dónde está esa pequeña cosita?" murmuro Anansi mientras miraba su alrededor.
"¡Encuéntrala!" exclamo Ging, mientras se movía para atrapar algo que parecía flotar en el aire.
¡KYAAAAAAH!
Una pequeña vocecita lleno el aire como el pequeño tintineo de una campana.
¡Barbaros! ¡Quítenme las manos! ¡Esperen a que reporte estos horribles abusos a mi reina Titania!
Su chillido era tan débil que si Kuroro y Kurapika no hubiese prestado extra atención, no la hubiesen notado. Atrapada en la mano de Ging se encontraba una brillante y pequeña niña con alas de mariposa y ojos lilas. Lucho por liberarse del agarre de Ging, pero sus esfuerzos eran fútiles.
"Relájate, Lilias. Soy yo." Dijo suavemente Ging, mientras intentaba calmar a la pequeña niña, pero la muchacha que medía un dedo continuo gritando, ignorando lo dicho por Ging.
Por supuesto que Kurapika y Kuroro se percataron a primera vista que la diminuta muchacha era un hada. Lo que tenía sentido; si iban a usar el círculo de las hadas era obvio que necesitaban un hada.
Lilias… Una se acerco a la enojada hada y su voz fue oída por Lilias.
¡Una! ¡Ayúdame! Le imploro con lagrimones a Una.
Pero Lilias, ellos no son peligrosos. Mira con cuidado. Le dijo Una suave y gentilmente.
Entre sollozos y gimoteos, Lilias, finalmente levanto la vista y vio el sonriente rostro de Ging. En cosa de segundos, su lastimera expresión se transformo en una de furia.
¡TÚ! Como te atreves a tratarme de esta forma, ¡Rufián! ¡Bufón!
"Mi error, pero necesitamos tú ayuda." Se excuso Ging, mientras liberaba a la molesta hada. Tan pronto estuvo libre de su agarre, se dirigió hacia Una, reposando sobre su pelo plateado.
¿Piensas que los ayudare luego de sus horribles tratos? Dijo la pequeña hada con sus mejillas sonrojadas.
"Como dije, mi error. Por favor perdóname, Lilias, pero realmente necesitamos tu ayuda. Veras, solo tú puedes ayudarnos."
Lilias volvió a sonrojarse al oír aquello.
"Modo piropero on. Eso es. Ella va a ceder. Se los digo amigo, Ging puede meterse sin mucho esfuerzo a la cama de muchas mujeres solo con hablar." Anansi le dijo a Kuroro y Kurapika mientras sacudía suavemente su cabeza, claramente incrédulo ante la extraña habilidad de Ging.
Por supuesto, ninguno de ellos sabía que su hijo; Gon Freecs, había heredado la misma habilidad natural.
El camino de círculo de las hadas era tan etéreo como podía ser. Todo parecía ser traslucido y resplandecer; era como si estuvieran cabalgando una aurora. No existía un camino claro. Tan lejos como sus ojos podían ver, solo existían interminables caminos resplandecientes, entrelazándose entre sí, curvándose allí y allá. Era imposible ver el final de esos senderos.
Con la guía de Lilias, caminaban por sobre uno de esos senderos. Para las hadas, el círculo de las hadas era un camino tan recto como cualquier autopista según sus estándares. Sus ojos podían ver cual camino los llevaba hasta el círculo de hadas que ellas querían. Había otras hadas que cruzaban ese camino, riendo y conversando con sus voces chillonas. La lista de círculos de las hadas que se encontraban esparcidos alrededor del mundo eran casi infinitos. Era muy parecido al camino fantasmal en el territorio de Suzaku y amigos; era un atajo que los podía llevar a cualquier lugar del continente Erin.
Anansi camino junto a Kuroro, interrogándolo sobre lo que había estado haciendo en los últimos 15 años. Al final, Kuroro logro decir la pregunta que lo había estado molestando desde que Anansi y Ging le habían ofrecido su ayuda.
"¿Nos estas ayudando por consejo de Ishtar?"
Anansi lo miro con enormes ojos y una boca muy abierta.
"¡Cielos, no! Ella nunca me pide nada; como siempre. De hecho, yo fui el primero que pregunto por ti."
Cayeron en un profundo silencio mientras atravesaban el camino de otro mundo, de la realidad de las hadas. Los pequeños elfos y hadas reían felizmente alrededor de ellos, comentando su extraña apariencia y del extraño suceso, una banda de humanos viajando por el sendero de las hadas.
"Ishtar y yo te criamos como si fueras nuestro hijo." Dijo despreocupadamente Anansi.
"Juega con ella a ser marido y mujer, yo no interferiré en ello." Dijo Kuroro, más bien fríamente.
"¿Sigues peleado con ella?"
Kuroro no respondió. De hecho, muy profundo en su corazón, ya no sentía resentimiento alguno contra su madre adoptiva. En vez de decírselo a Anansi, Kuroro se lo guardo para si y dejo la pregunta de Anansi sin responder.
Muchos pasos tras ellos, Ging caminaba a un ritmo que lo hacía ir junto a Kurapika.
"Anansi me dijo que Kuroro no había tenido una buena infancia."
"Si, así es." Susurro Kurapika, su voz ronca y calma.
"Y eh oído que has tenido un amargo pasado, y la causa no ha sido otra que Kuroro."
"No te equivocas." Respondió Kurapika con voz uniforme.
"…has pasado por mucho, ¿no?" le sonrió cálidamente y le dio una palmadita sobre su pelo. "Eres fuerte."
El corazón de Kurapika pareció congelarse y detenerse por un segundo. Esas mismas palabras, 'eres fuerte'; le recordó la promesa que le había hecho a su hermano muerto, ella sería fuerte. Alzo la vista y su mirada aterrizo sobre la espalda de Kuroro; una espalda a la que ya estaba acostumbrada a mirar.
¿Soy realmente fuerte? Se pregunto, y sus dudas volvieron a resurgirse. ¿o simplemente eh perdido mi camino?
"Tus ojos escarlatas están en una mansión de esta ciudad. Pidan nuestra ayuda si la necesitan, los esperaremos en este lugar." Dijo Anansi mientras señalando la ciudad frente a ellos.
Con eso, Anansi y Ging desaparecieron. Una permanecería en la seguridad del bosque; nunca era lo suficiente seguro para una criatura como ella vagar dentro de los terrenos humanos. Además, permanecer entre cosas impuras por mucho tiempo no era sano para un unicornio como ella.
"¿Ahora qué?" Pregunto Kurapika mientras transitaba el camino que los llevaba hacia la entrada de la ciudad.
"Primero es lo primero, reunamos un poco de información. El normal procedimiento."
En su interior, Kurapika se sintió aprensiva. Seguía planeando el robo a otra casa. Aun cuando el objeto que iban a robar le pertenecía realmente a ella; o eso creía, pero aún así no se sentía bien con su consciencia. Robar era malo y siempre lo sería para ella.
Su incomodidad no paso inadvertida por la diestra observación de Kuroro. Le lanzo una mirada de reojo.
"Te acostumbraras."
Kurapika le frunció el ceño. "No quiero acostumbrarme."
"Como gustes." Kuroro solo encogió los hombros.
Si ella no quería acostumbrarse a robar no era su problema. No le impondría sus ideales; por lo que podía hacer como quisiese. Era un mudo acuerdo entre ellos; un acuerdo sin un comienzo claro. Había un montón de cosas entre ellos que se habían vuelto tan naturales, por lo que nunca se molestaban en continuar. 'Cuidar los asuntos del otro' era uno de los acuerdos más viejos que habían hecho.
Al mismo tiempo, ninguno de los dos pensó en las implicaciones de estos mudos acuerdos; se estaban aceptando.
A varias leguas de distancia, Ishtar nuevamente observaba su cristal mágico, hablando con alguien más, al otro lado del mundo.
"Estoy sorprendida de que le prestaras ayuda," dijo con voz ronca, "Kirin-sama."
Luego de la lucha con Tamamo-no-Mae, el Kyuubi dorado que estaba obsesionado con los ojos escarlatas de Kurapika, fue obligado a rendirse por Kirin y a regresar los otros pares de ojos a Kurapika. De esa forma fue como Kurapika logro reunir los seis pares de ojos escarlatas en un breve periodo.
Lo hice por el bien de mi país y no por el bien de usted ni el de su hijo. Esos ojos escarlatas estaban malditos. Es mejor perdonar a mi pueblo de tal calamidad. El Kirin hablo con majestuosidad.
"¿Malditos? Quizás, considerando su trágico origen." Ishtar asintió con sabiduría.
Tu hijo y su consorte, caminan por un sendero espinado. Perdona mi ruda intrusión, señora mía, pero dígame por favor su historia. Me intriga, el reflejo de Kirin sobre la superficie acuosa de Ishtar se movio ligeramente, como si el mismo no estuviera muy a gusto con el tema, pero sin embargo sentía demasiada curiosidad como para dejarlo pasar.
Ishtar solo le sonrió.
"Temo que no puedo darte ese favor, mi querido Kirin. No deseo crear una grieta más profunda entre él y yo. Con respecto a su historia y a él, tendrás que preguntárselo personalmente."
Poco sabía Kirin que esa misma respuesta había sido entregada a Kurapika hace unos meses atrás. Al mismo tiempo, parecía que Kurapika comenzaba a tener las respuestas que buscaba, aunque la chica parecía inconsciente de sus 'ansias' por saber más sobre su renombrado enemigo.
"Entonces, ¿Sera lo suficiente generoso como para darnos alojamientos por esta noche?" pregunto educadamente Anansi.
El señor de la mansión; quien era demasiado insignificante para ser nombrado, los observo con recelo, sin embargo, asintió al grupo en aprobación. Después de todo, el harapiento cuarteto parecía tener interesantes historias, y esas historias lo divertían.
"Muchas gracias gran señor. Que los dioses le sonrían." Anansi le hizo una reverencia al señor, pero sonrió para sí, ya que sabía que al señor le esperaba todo lo contrario.
Y sin mayores formalidades, los invitados fueron llevados a sus respectivas habitaciones. Siendo que Kuroro y Kurapika dijeron ser marido y mujer; algo que Kurapika había intentado impedir con vehemencia, pero había sido una causa perdida, porque Ging y Anansi apoyaron la idea de Kuroro por razones que no se atrevía a preguntar. De hecho, podía literalmente ver el brillo de maldad en los ojos de Ging y Anansi; esos raros.
El plan era tan sencillo que Kurapika casi no lo creía. Kuroro y Kurapika pretenderían ser una desafortunada pareja noble, que había resultado robada en su viaje, y que eran acompañados más tarde por Ging y Anansi; viajeros que se habían cruzado en su camino y ofrecieron ayudarlos. Anansi se encargaría de la seguridad, mientras Kuroro y Kurapika se encargarían de buscar los ojos.
"¿Ahora qué?" pregunto cortantemente Kurapika, ya que seguía molesta con la idea de aparentar ser la esposa de ese hombre. ¡Qué horrible plan!
Se dejo caer sobre una silla de la habitación, su rostro amargado. Peor aún, ¡debía utilizar vestido! Un jodido vestido, como lo había llamado. Era el vestido de cuello alto que había utilizado cuando asistió a la fiesta con unos miembros del Ryodan como sus guardias, para robar los ojos escarlatas. Era la desafortunada noche en que se había emborrachado debido al alcohol.
Kuroro simplemente ignoro sus quejas y se dirigió al balcón de la habitación. Examino brevemente el patio, decidiendo finalmente que sería más sencillo, entrar desde la misma mansión.
"Nos moveremos cuando caiga la noche. El señor y los sirvientes estarán dormidos para ese entonces, quedando solo los guardias. Creo que ellos serán fáciles de quitar." Dijo su plan.
Kurapika solo gruño infelizmente, dando a entender que lo había oído y no tenía objeciones.
Cuando cayó la noche, Kuroro y Kurapika salieron de su habitación y se colaron en la de Anansi. Kuroro se asomo a la habitación, e hizo un rápido gesto a sus dos 'mentores' indicándoles que el plan estaba iniciando. Anansi solo asintió.
Kuroro y Kurapika caminaron brevemente, tan silenciosos como podían a través del corredor de la mansión. No era una mansión tan grande como para que Kuroro se pudiese perder. Una mirada rápida desde el exterior y una breve mirada del interior del edifico, y podía determinar con claridad las capas del edifico. Era una habilidad que había logrado luego de años de robo.
En la vuelta del corredor, Kuroro se detuvo. Se volteo para verle la cara a Kurapika y le entrego un pequeño envase de perfume. Kurapika solo le dio una burlona mirada.
"Sabes que hacer." Dijo al tiempo que le señalaba la vuelta del corredor con su cabeza.
Kurapika frunció el ceño, infeliz. A decir verdad, Kuroro acababa de enseñarle a cómo usar su 'encanto femenino' para hacer que las cosas salieran como quisiera. Kurapika se arrugo al oír esas palabras; no sonaba bien en sus oídos. Sin embargo, ante la insistencia de Kuroro, no le quedo otra que rendirse.
Inhalando profundamente, Kurapika se preparo para lo que le deparaba; más bien preparo su orgullo para lo peor.
El hombre de uniforme bostezo mientras el aburrimiento lo estaba comiendo. El trabajo era muy bien pagado, pero era enervantemente aburrido. Cuando volvió a bostezar por enésima vez en esa noche, un suave sonido atrajo su atención.
Al menos, ¡Finalmente está pasando algo! Exclamo con añoranza en sus pensamientos.
Cuando se volteo, vio a la rubia invitada acuclillándose sobre el suelo, sosteniendo tímidamente sus tobillos. Sin pensárselo dos veces, se acerco a la muchacha.
"Oye, muchacha. ¿Qué haces a estas horas de la noche así?" pregunto mientras intentaba sonar tan gentil como podía.
"¿Oh? Perdón. Mi tobillo duele." Dijo la rubia invitada con una voz ronca que se burlaba en sus oídos. ¡Qué voz más dulce!
Se acuclillo para observar con mayor claridad cual era su problema. Ella sostenía su tobillo como si le doliera. La rubia se movía incómodamente, el vestido que tenía un escote al costado que nacía desde su muslo, se abría revelando una buena porción de su agraciada pierna.
"¿Te torciste el tobillo, muchacha?" le sonrió cálidamente, pero sus ojos viajaron desde su tobillo a su muslo.
Ohh dios. Peso mientras comenzaba a babear con su liso, largo y lechoso muslo. Diablos, sus piernas son hermosamente largas. Maldijo felizmente, mientras su lobo interior comenzaba a despertar. Bueno, siendo soltero la mayor parte de su vida, no había duda que el guardia guardaba enormes deseos de piel femenina.
"¿Señor?" La rubia pregunto con pequeña e insinuante voz.
"¿Uh? Oh, ah, ¿Sí?" el guardia volvió la atención incómodamente.
Cuando se volteo para ver a la rubia nuevamente, en vez de mirar hambrientamente sus piernas, la rubia ya se encontraba sosteniendo una pequeña botella de perfume dirigido a su rostro y le sonrió cálidamente.
"Buenas noches."
Y algo frio fue lanzado sobre su cara.
Y de pronto se sintió mareado y adormecido.
Y beso sonoramente el suelo con su rostro.
Kurapika suspiro pesadamente mientras se apartaba cuando el guardia comenzaba a caer hacia ella, de forma que besara el suelo y no la golpeara a ella. Todo ese proceso había sido una horrenda tortura para ella. Sentía como si su dignidad se hubiera hecho polvo, siendo soplada por el viento.
Esto es demasiado, gruño amargamente mientras se ponía de pie y desempolvaba sus piernas.
Una seguidilla de aplausos la distrajeron de sus rencorosos pensamientos. Cuando se volteo, se vio frente a un muy complacido y divertido Kuroro.
"Eso fue ejecutado maravillosamente."
"Si eso fue dicho a forma de cumplido, no lo siento así en lo absoluto." Dijo secamente mientras le lanzaba una sucia mirada.
"No quieres derramar sangre, por lo que tienes que trabajar." Le sonrió nuevamente, claramente complacido con que escuchara realmente sus concejos sobre 'encanto femenino' y que de hecho los pusiera en práctica.
Kurapika chasqueo bruscamente su lengua antes de regresar su atención al guardia en el suelo, y luego a la botella de su mano.
"De cualquier modo, ¿qué es esto?"
"Una pócima especial de Anansi. Solo dios sabe lo que tiene adentro y tengo la sensación que estamos mejor sin saber los ingredientes que utilizo en ella." Kuroro se encogió de hombros mientras caminaba dejando atrás al guardia. "Dijo que la persona que fuera roseado con eso, olvidaría todo lo ocurrido desde el momento en que fue roseado por el spray; lo que significa que no recordara en lo absoluto que lo engañaste."
O que le mostrara mis piernas. Gruño mentalmente, pero decidió no expresarlo por miedo a que se mofase eternamente de su agitación. El hombre realmente estaba sacando ventaja y eso la enervaba hasta los nervios.
Y de esa forma, el proceso fue repetido unas cuantas veces más hasta que Kurapika casi se quiebra por la vergüenza.
"¿Cuántas veces más tengo que hacer esto?" Exclamo en un duro susurro mientras se inclinaba en el suelo y cubría su rostro con ambas manos.
Sus palabras parecían más una queja que otra cosa a los oídos de Kuroro. El hombre mayor la miro con un poco de lastima, parecía que realmente se estaba tomando mal este tipo de cosas. Bueno, dada su educación y crianza, estaba acostumbrado a utilizar cualquier recurso para lograr sus objetivos, pero la chica no estaba expuesta en lo absoluto a usar este tipo de 'trucos sucios'.
"Kurapika." Acababa de comenzar a hablar, cuando por el rabillo de sus ojos vio que algo se aproximaba hacia ellos.
Más bien rudamente, Kuroro la sujeto por el brazo y la puso de pie con una fuerza que la agarro con la guardia baja. Sin haber hecho advertencia alguna, la tomo por la cintura y apretó contra él. Impactada, Kurapika abrió la boca atónita, pero el hombre aprovecho esa oportunidad para sellar sus labios con los suyos.
Kurapika sentía que su cabeza había enloquecido y no podía pensar con claridad. No podía hacer nada, permaneciendo congelada en sus brazos. Sus manos involuntariamente soltaron la botella que sostenía, cayendo sobre el suelo alfombrado con un suave golpe. Cuando la lengua de Kuroro accidentalmente choco con su lengua, ella sintió que una corriente eléctrica recorrió su cuerpo y sintió un profundo hormigueo correr por su columna. Anulando sus sentidos y convirtiéndola en gelatina.
Kuroro no sabía si era su subconsciente o sus instintos masculinos, pero sintiéndola tan sumisa en sus brazos, se sintió obligado a ir más lejos. Esta vez, deliberadamente lamio el labio interior de su boca. Este acto, desafortunadamente, sirvió para despertar a Kurapika de su trance.
Comenzó a oponer resistencia mientras intentaba apartarse. Kuroro, igualmente persistente, la contuvo, sosteniendo su cuello bajo su nuca con una mano y empujándola hacia el. Entonces comenzaron un estúpido juego de tira y afloja. Kurapika, desesperada, sujeto los costados de la cara de Kuroro e intento físicamente separar su cara. Desafortunadamente, tal gesto solo hizo parecer su beso más apasionado aún.
Aunque su beso parecía haber sido eterno, en realidad solo duro unos pocos segundos antes de que alguien bruscamente los interrumpiera.
"¡Oigan, ustedes! ¿Qué están ha-"
Aparentemente, el guardia comprendió que se estaba inmiscuyendo en un momento muy inoportuno cuando sus ojos aterrizaron sobre esa 'pareja'. Se sonrojo inmediatamente y por instinto se giro para darles la espalda.
"P, p, pe, perdón por mi intrusión." Tartáreo incómodamente. "No sabía que estaban ocupados." Susurro mientras comenzaba a caminar hasta su punto de guardia.
Justo cuando daba un paso, su visión se oscureció y sucumbió al olvido. Poco sabia que la razón tras su repentino desmayo no era otro que Kuroro, quien ya se encontraba en toda su gloria tras él. Había golpeado su nuca con la suficiente fuerza para noquearlo sin tener que matarlo.
Tras él, Kurapika inclinaba su espalda contra la pared mientras respiraba agitadamente. Le lanzo una enojada mirada a Kuroro, pero extrañamente sus ojos no se volvieron escarlatas. De hecho, no dieron impresión alguna de querer volverse escarlatas en el tiempo que le siguió.
Enojada, Kurapika dio un determinado paso hacia Kuroro, con su mano lista para golpear su rostro, pero su movimiento fue detenido cuando Kuroro sujeto su muñeca.
"¿Una buena esposa no golpea a su esposo luego de un beso, no?" le sonrió.
"Quizás no." Dijo entre dientes apretados, sin embargo, su rostro brillaba de un tono rojo. "Pero dime, querido esposo, ¿Qué te hace pensar que puedes hacer eso cuando y donde quieras?"
"¿Acaso no es normal que esposo y esposa se den apasionados besos?" la molesto nuevamente.
A la mención de 'apasionado beso', la cara de Kurapika se puso roja como un cangrejo.
"quizás ese sea el caso." Siseo furiosamente y acerco su rostro a él, hasta casi tocar sus narices. Sus ojos ardían con ira mientras observaba las profundidades de esos oscuros ojos. "Pero recuerda, Kuroro Lucifer, no soy una mujer barata que puedas usar de esa forma y en la realidad, YO NO SOY y NUNCA seré tu esposa."
Kuroro sonrió e inclino su cabeza hacia adelante, de forma que su frente tocaba la suya. Ella se inquieto cuando hizo aquello.
"Bueno, en ese caso, puedes considerar esto como un entrenamiento para tu futura vida como esposa." Dijo en voz baja y seductora.
Su voz le provoco escalofríos, pero lucho para no dejar ver aquello. De hecho pensaba que esa voz era muy agradable de oír. Poniendo eso aparte, visualizarse asimismo como esposa, era algo muy difícil de hacer.
"¡Pero ese fue mi primer beso!" le siseo en protesta, mientras lo apartaba de un brusco empujón.
"¿Oh?" sus cejas se arquearon con maldad. "Bueno, es una lástima."
Kurapika le frunció oscuramente su ceño, quien se agachaba para recoger la botella del suelo. Se alzo sobre el inconsciente guardia y lo roció con esa loción, para asegurarse de que el guardia olvidara hasta haberlos visto en su 'momento privado'. Cuando termino, se levanto y guardo la botella en su bolsillo, viendo que ya se encontraban muy cerca de la cámara de tesoros. Le lanzo una rápida mirada a Kurapika, pero fue saludado por una muy molesta mirada.
Kurapika permanecía firme, pero cuando Kuroro llego hasta ella en un segundo y enrollo sus brazos alrededor de sus delgados hombros, no pudo evitar volverse rígida.
"Vamos, supuestamente somos marido y mujer. Actúa." Le susurro con una voz llena de amor, realmente metido en su papel.
"No te dejare divertirte a mis expensas." Le susurro con molestia.
Kuroro le dio una de sus extrañas sonrisas de niño. "¿hará alguna diferencia si te digo que ese también fue mi primer beso?"
Olvidando todo su equilibrio y manierismo, Kurapika lo miro con un rostro atónito.
"Mientes." Dijo llanamente con duda en su voz.
"No." Dijo con voz Sonsonante. "De hecho, es la primera vez que sostengo a alguien de esa forma."
Como si quisiera enfatizar su punto, apretó su agarre sobre sus hombros. El gesto revivió la sensación de hormigueo sobre su espalda y profundizo aun más su sonrojo.
"No lo parece…" reflexiono.
"Bueno, ¿continuamos?" dijo mientras la empujaba hacia adelante con sus fuertes brazos.
Kurapika estaba por darle una buena reprimenda cuando el suave giro de una del corredor llamo su atención.
"¿Qué haremos con los circuitos cerrados de cámaras?" pregunto con inseguridad.
"Oh, Anansi se encarga de eso." Dijo con confianza.
Ging miro a su compañero con ojos llenos de curiosidad. Se encontraba descansando sobre su estomago, mirando fraternalmente a su amigo, en uno de sus raros momentos en que dejaba ver su misteriosa herencia.
Anansi se encontraba sentando sobre la cama, sus piernas cruzadas y sus SEIS brazos extendidos, que lo hacían verse como el dios hindú con sus muchos brazos. Todos los dedos de todas sus manos se encontraban extendidos, pero su rostro no dejaba ver nada del gran esfuerzo que debía hacer para realizar tal actividad.
"¿Qué estás haciendo?" pregunto Ging.
"Saboteando las cámaras de vigilancia. No grabaran nada que concierne a Kuroro o a su chica." Sonrió.
"Hmm… realmente harás cualquier cosa por él, ¿cierto?" pregunto Ging mientras rodaba flojamente en su cama.
"Bueno, es mi niño." Anansi rió suavemente. "Y siempre será mi pequeño niño, a pesar de todo."
"Tú e Ishtar." Ging susurro. "Ustedes dos son tales padres adoptivos. Estoy sorprendido que no resultara ser un niño malcriado."
"Y es por eso que es especial."
Ging achico sus ojos y sacudio su cabeza divertido.
"Padres adoptivos, ¡ja!"
"Dime de nuevo, ¿Cuál es el propósito de que yo haya hecho todos esos desvergonzados actos si al final igual íbamos a entrar por la fuerza?" pregunto Kurapika, mientras noqueaba a otro guardia, su vestido moviéndose y fluyendo a su alrededor como luces rojizas. No digas que simplemente querías acosarme, pensó a regañadientes.
"Para evitar cualquier confrontación innecesaria antes de llegar al área indicada." Respondió sencillamente, mientras asesinaba a otro guardia.
Sus métodos eran diferentes a la hora de lidiar con sus oponentes, sin embargo, ambas eran casi iguales en cuanto a su eficiencia. Casi, porque aquellos de los que se había encargado Kuroro, estaban tan bien como muertos y no despertarían para darles nuevamente problemas.
"Me ha estado molestando. ¿Cómo conociste a Ging?" pregunto en voz baja mientras se acercaban al tesoro.
"Hace quince años atrás, unos pocos meses después que Anansi se fue, Ging llego a Ryuuseigai en busca de ruinas."
Kuroro golpeo la enorme puerta que llevaba a los tesoros, abriendo los tesoros para ellos.
Ah, sí. Gon menciono que su padre era un hunter arqueólogo. Kurapika hizo una nota mental.
"Quizás Ging atrajo la atención de Anansi por su particularidad, no sé. Pero rápidamente se hicieron amigos y en poco tiempo parecían viejos amigos. Cuando Ging decidió marcharse en busca de nuevas ruinas, Anansi decidió viajar con el."
"Dejándote a ti y a Ishtar." Agrego Kurapika con indecisión.
Kuroro asintió. Camino por el cuarto de los tesoros, ignorando todos los otros objetos de valor, dirigiéndose directamente hacia los ojos escarlatas, que destacaban entre todos los objetos que se encontraban allí.
"Anansi siempre ha sido una persona curiosa. Acostumbraba viajar por largo periodos de tiempo. Esa decisión no era diferente." Kuroro se encogió de hombros, como su no pudiese importarle menos.
A pesar de su calma externa, en su interior, Kuroro, tenía muchas cosas en las que pensar. Recordando como se había reído y sonreído infantilmente con Kurapika cuando hicieron su pequeño experimento con nen, Kuroro se preguntaba porque se sentía tan, extrañamente, a gusto con Kurapika. Ella sentía bilis por él, lo odiaba, lo insultaba, pero ¿Por qué se sentía tan extrañamente agradado con su compañía? Nunca actuaba de esa forma, incluso frente a su familia, el Genei Ryodan.
Ella era la primera que había oído sobre su infancia, y aquello no le molestaba en lo absoluto.
Las bruscas voces de guardias lo despertaron de su ensueño. Rápidamente Kuroro agarro los ojos y le señalo a Kurapika que se dirigiera hacia la ventana. Y Kurapika tuvo un mal presentimiento cuando Kuroro abrió la ventana.
"Salta."
Su horror fue conocido tan pronto como esas palabras salieron de los labios de Kuroro.
"¡Ni loca! ¡Estoy usando un jodido vestido!"
"Puedes pelear cuando lo ocupad, ¿Cuál es la diferencia si saltas desde esta altura?"
"Pero—"
Fuertes voces podían escucharse al final del corredor. Sin deseo alguno de desperdiciar su preciado tiempo, Kuroro decidió hacer las cosas a su modo. Sin mayor advertencia, puso los ojos escarlatas en las seguras manos de Kurapika, levanto el liviano cuerpo de la muchacha kuruta y la cargo como novia. Kurapika solo tuvo tiempo de dar un chillido y sostener su vestido en su lugar con una de sus manos, mientras Kuroro saltaba desde la ventana rota. Su falda titileo alocadamente mientras caían libremente al suelo. Le tomo todo lo que tenia para mantener su falda en su lugar, e impedir exponer sus piernas y ropa interior.
Tan pronto como los pies de Kuroro tocaron el sólido suelo, pudieron oír el galopante sonido de un caballo. En poco tiempo, Una hizo su gran entrada; brillando y reluciendo en la oscuridad de la noche. Ella cargo hacia ellos, sin detenerse, ni siquiera cuando Kuroro salto para montarla. Con una velocidad inimaginable para los dos, Una los alejo del lugar.
Desafortunadamente, había unos usuarios de nen que lograron alcanzarlos. Kurapika fue la primera en notarlo.
"Detrás—"
"No hables, o te morderás la lengua." Kuroro le dijo con firmeza, sus ojos fijos en lo que los esperaba más adelante.
Pondré una barrera. ¡Contengan su respiración! Dijo Una mientras se apresuraba hacia el bosque.
Bajo la perspectiva de los perseguidores, los ladrones habían desaparecido en el aire, como si no pertenecieran a este mundo. Los otros dos invitados que habían llegado con ellos, también desaparecieron sin dejar rastro alguno, como si nunca hubiesen estado en la mansión. Luego se transformo en una especie de leyenda; que el príncipe y la princesa de un cuento de hadas habían recobrado la vida y que regresaron a su mundo cabalgando sobre un unicornio.
Anansi se mataba de la risa.
"¡Eso realmente fue memorable! ¡Hoo, dios! Nunca había visto un robo tan divertido."
"¿Lo fue?" pregunto Kuroro, desinteresado, mientras desempolvaba sus ropas luego de desmontar a Una. Luego de la loca cabalgata a través del bosque, polvo y hojas secas se encontraban pegados en su ropa.
Ging se acerco a Kurapika y le entrego sus equipajes que habían dejado bajo el cuidado de ellos. Brevemente observo a Kurapika con una expresión desgarrada en su rostro. Parecía luchar consigo mismo sobre un asunto, por lo que Kurapika espero hasta que pareció preparado para decir lo que fuese que tuviera en su cabeza.
"Kurapika, cuando veas a Gon—"
"Le diré que padre es un dolor de cabeza." Dijo Kurapika con determinación.
Mientras Ging pareció desconcertado por unos segundos por la fiera respuesta de Kurapika, rápidamente recupero su compostura y le dio una amable sonrisa.
"Has eso por mí."
Y con eso, tomaron caminos separados. No obstante, eso sucedió solo después que Anansi le diera un beso en la mejilla a Kuroro; lo que lo dejo con un escalofrió corriendo su cuerpo.
Los dos acababan de llegar a un hotel en la ciudad vecina, cuando el celular de Kuroro comenzó a sonar. Cogió su teléfono, pero sus cejas se arquearon cuando vio el nombre de la persona que le enviaba el mensaje, y sus cejas se elevaron un poco mas mientras terminaba de leer el mensaje.
Lentamente guardo el celular en su bolsillo y se volteo para mirar a Kurapika.
"Acabo de recibir un mensaje muy interesante."
"¿Y qué?" pregunto Kurapika con desinterés, mientras bruscamente se sacaba el maquillaje; de todas formas nunca le había gustado el maquillaje. Siendo sinceros, nunca le había interesado.
"Un viejo conocido intentara exponer su más valioso tesoro; los ojos escarlatas."
La cabeza de Kurapika rápidamente se volteo para mirarlo a la mención del objeto que por derecho eran solo suyo.
"Y me ha invitado al evento, siempre que lleve a una compañera femenina conmigo."
Kurapika levanto una delgada ceja. "¿Por qué?"
"¿Has oído de Abelard Constantin?"
"No."
Kuroro le dio una torcida sonrisa. "Es el duque de Cenabum; un famoso mujeriego."
Un músculo, en el rostro de Kurapika, se movió involuntariamente a la mención de 'mujeriego'. Sabía que probablemente Kuroro ya había planeado algo que se aprovechara de su estado femenino; y nunca era algo bueno. Solo esperaba que no le pidiera nuevamente que fuera por el mundo mostrando sus piernas. Prefería suicidarse antes de volver a hacer algo como eso.
"¿Qué estas planeando?"
"Te llevare a la fiesta, por supuesto." Dijo con voz tranquila, como si fuera la cosa más obvia del mundo.
"¿Otra fiesta?" dijo Kurapika con voz horrorizada.
"Sí. Supongo que tendremos que comprarte otro vestido. El ultimo ya no sirve." Dijo mientras miraba el andrajoso vestido que usaba. Todos los cortes en el traje eran el resultado de su cabalgata por el bosque.
"¿Acaso no eres un poco descuidado al gastar tu dinero?" Kurapika contrajo sus ojos infelizmente. Y no es tu necesidad, sino que la de alguien más. Gastar dinero en frivolidades, realmente esto no es mi estilo.
"Esto es realmente refrescante." Rió.
"¿Qué? ¿Comprar vestidos?"
"Vestirte." La corrigió.
El rostro de Kurapika se sonrojo levemente. "¡No soy tu muñeca!"
"De hecho, te estoy ayudando a mejorar tu sentido del estilo." Se detuvo por un segundo y agrego, "y te ayudo a ser mas femenina. O algo por el estilo."
"Muchas gracias." Dijo con claro sarcasmo. "Suenas como si no pudiera encargarme de mi misma."
"Así lo veo yo." Dijo Kuroro entre risas, y así continuaron debatiendo sobre cosas triviales. Al final, decidieron asistir a la fiesta.
"De cualquier forma," dijo finalmente Kuroro. Aburriéndose con sus interminables argumentos que no iban a ninguna parte, "no tienes que preocuparte por ser acosada por este Abelard Constantin."
"No me convences." Le frunció el ceño.
"¿Qué tengo que hacer para convencerte?"
"¿Por qué necesitas convencerme?" le pregunto irritada.
"Porque pareces molesta con ese prospecto." Dijo incrédulamente Kuroro, como si, nuevamente, fuera la cosa más obvia del mundo.
"¿Por qué te preocupas, de todas formas?" Kurapika, todavía incapaz de aceptar su genuina preocupación respondió de malas ganas.
"¿Necesitas preguntar?" Kuroro le pregunto de vuelta.
Kurapika solo lo pudo mirar atónita.
La tipeja que traduce… =) traduje otro capítulo ojala sea de su agrado y les guste =P de a poquito voy avanzando =O … quienes serán esas personas que conocerán en el próximo capitulo ¿? =O … =D gracias por leer la traducción ;)
