TRADUCCION: Esta historia no me pertenece, yo nunca la eh escrito ni mucho menos eh aportado con alguna idea o sugerencia, todo este trabajo pertenece a la autora Runandra, quien es la mente maestra tras esta idea, la historia original pueden encontrarla en el siguiente link:

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Aclaración: Hunter x Hunter no me pertenece.

Esto dice Runandra (la autora), puede contener spoiler… por no decir que tiene spoiler del fic XD: YYYYY, finalmente los ojos escarlatas del hermano de Kurapika hacen aparición. Perdónenme si hay un malentendido con esas palabras rumanas y francesas. Nunca he estudiado esos idiomas, solo saque las palabras de diccionario. Cenabum es el viejo nombre de Orleans, una provisioncita de Francia. Se data de la época de Julio Cesar. Wallachia es el viejo nombre de una provincia de Rumania, donde se dice que el conde Dracula vivía. El conde Dracula era conde de Wallachia. Así que solo digamos que Lucian es uno de sus sucesores.

Próximo capítulo: Kuroro comienza a abrir sus sentimientos por Kurapika debido a las molestas preguntas de Lucian. La pregunta era: ¿Acaso Kurapika realmente olvidaría la coquetona ternura que los envolvía a los dos? ¿Tenía razón Kuroro después de todo? También, ¿Por qué la imagen de Kuroro Lucifer apareció en la cabeza de Kurapika cuando pensó en la felicidad? ¡Ishtar finalmente a descubierto la forma de romper la maldición! ¿Cómo continuarían las cosas de ahora en adelante?


La historia hasta ahora: Un viejo amigo ha invitado a Kuroro a su fiesta, quien es uno de los dueños de los ojos escarlatas. ¿Qué ocurrirá? Como sospechaba Kurapika, las cosas nunca sucedían de forma tranquila cuando se trataba de ellos. Sin mencionar al rarito que conocerían.


Capitulo 23

LAGRIMAS ESCARLATAS


La llamativa decoración y las iluminadas luces que ocupaban la enorme mansión eran ridículas para Kurapika. Se sentía mareada con los flashes y los brillantes colores. El ruido que hacían los invitados—las conversaciones formales y las calmadas risas—la estaban volviendo loca. Era por eso que le desagradaban tanto las reuniones formales como esta.

"Estoy sorprendido de que todavía no estés acostumbrada a esto," dijo Kuroro mientras se desplazaba fácilmente entre los otros invitados.

Kurapika lo seguía de cerca tras él, disgustada e infeliz. Esta vez, Kuroro había insistido—forzado—en que usara un vestido con forma de tubo. El que exponía sus delgados hombros y la hacían sentir desnuda e insegura.

Por lo que Kurapika desarrollo el hábito de encorvar su espalda debido a su inseguridad. Muchas veces Kuroro debía decirle que no se encorvara porque se vería horrible si lo hacía, pero una y otra vez la muchacha repitió el gesto. Cuando exaspero a Kuroro, este se lo tomo como una tarea personal el erradicar esa tendencia de ella.

Rápidamente camino hacia Kurapika hasta quedar tras ella—quien estaba tan distraída con su traje que no se dio cuenta de la presencia de Kuroro—y jalar sus hombros para atrás, de forma que su espalda tocara su pecho. La muchacha permaneció congelada ante el contacto.

"Ahora mantén esta postura." Le susurro Kuroro en su oído, provocándole una sensación de hormigueo.

Con un rápido movimiento. Kuroro se posesiono junto a ella y deslizo uno de sus brazos por su cintura. En respuesta, Kurapika se enderezo aun más y su espalda se arqueo aun mas para atrás.

"Hasta que recuerdes esta postura hasta sentirla natural, mantendré esta posición." Dijo Kuroro, o más bien, la amenazo.

Oh, sabía que a Kurapika le degustaba cualquier contacto físico con él; una violación de su espacio personal, como decía ella. Kurapika se volteo para fruncirle el ceño, pero la ignoro y comenzó a empujarla hacia adelante. Ella se quejo y camino lado a lado con él, viéndose muy similar a como lo hacía una pareja de recién casados—como desafortunadamente había oído decir a una pareja que los observaba.

Examinaron mudamente la sala, sin molestarse en saludar a los otros invitados, a quienes no conocía. Kuroro le había dicho que observara a un hombre 'gordo, calvo y con peludas cejas', diciéndolo que el duque no había cambiado su apariencia en los últimos años.

"Cuando no tenemos actividades, normalmente paso mi tiempo como un investigador, trabajando para el duque. Invierte en extraños tesoros y cosas por el estilo. Cualquier cosa extraña y exótica atrae su atención." Le informo generosamente a Kurapika, aun cuando lo chica no le había preguntado.

No hay duda de cómo se informa tan bien de esa clases de cosas—tesoros y eso… es un erudito en ese departamento, pensó Kurapika mientras rodaba sus ojos.

Una fugaz sombra se movió con gracia entre la muchedumbre, claramente acercándose a la pareja. Kuroro noto la sombra, pero no hizo intento alguno de poner alguna defensa. Sabía lo que se acercaba.

"Y claro, también hay otros investigadores." Prosiguió Kuroro con una delgada sonrisa en su rostro.

"¡Lucifer!" una jovial voz lo saludo, cuando la sombra se detuvo frente a él, develando a un alto y lánguido joven con largo y liso pelo negro, el que caía como una cortina de seda. Su rostro era delgado y alargado, con prominentes pómulos y con una palidez digna de un muerto. Sus ojos eran los que mas resaltaban en su rostro; eran de un gélido gris, como un azul muy pálido, con una superficie acristalada que les daba vida a esos ojos cadavéricos.

"Chico, ¡No esperaba verte por aquí! Pero, quizás debí hacerlo." Dijo feliz el caballero, con sus brazos abiertos en forma de bienvenida.

Esta vez, a diferencia de lo que paso con Anansi, Kuroro permitió que el hombre lo abrazara fraternalmente. Kurapika alzo sus cejas. Si Kuroro permitía tal familiaridad, solo podía significar que era alguien muy cercano a él. Más cercano que los miembros del Ryodan, o eso parecía; pero si eso era el caso, ¿Por qué nunca había hecho aparición?

"El es uno de esos otros ¿Investigadores?" pregunto Kurapika, aun cuando sabia la respuesta a esa pregunta.

"Sí," respondió Kuroro. Entonces se volteo para dirigirse a su viejo amigo. "Lucian Virgiliu, conde de Wallachia. A pasado tiempo."

Kurapika contrajo sus ojos. ¿Cómo Kuroro Lucifer, de entre todas las personas, podía hacer conocidos de tan alto estatus? Bueno, ahora era un conde. Anteriormente había sido la Dama de Ryuusei-gai (¿lo que era quizás similar a reina?) y luego un duque. ¿Qué sería el próximo? ¿Un emperador?

"Oh, corta las formalidades, amigo." El joven conde comenzó a mover su mano quitándole importancia. Cuando sus ojos aterrizaron sobre Kurapika, una amplia sonrisa adorno su pálido rostro. "¿Y tu compañera femenina?"

"Ella es." Respondió ligeramente mientras tomaba una copa de vino que le ofrecía un mesero.

Deliberadamente no le ofreció de beber a Kurapika; sabía que no podía con el vino o cualquier bebida alcohólica. Ya la conocía demasiado como para arriesgarse a que se embriagara nuevamente. Pero Kurapika no se molesto con ello. De hecho, le agradecía al hombre que no la obligara a actuar de forma formal.

"¿Cuál es su rol?"

"Mi esposa." Dijo de forma tan desinteresada que Kurapika se atraganto con saliva.

"Hooo…" susurro casualmente mientras veía a Kurapika con ojos evaluativos. Era un gesto que ella odiaba; la hacía sentir tan consciente de ella misma. "Nunca pensé que tomarías a una mujer para ser tu soţie (En romano significa esposa). ¿Lucifer, el lobo solitario?"

Kurapika se estremeció un poco a la mención de 'lobo solitario'. Sonaba tan perverso en sus oídos; había un sucio sonido en el. Lucian noto el ligero gesto y lo interpreto como si no hubiera comprendido.

"De hecho fata (muchacha en rumano), supuestamente debo llamarlo Kuroro, ¿no? Pero prefiero llamarlo Lucifer. ¿Sabes por qué?"

Kurapika sacudió lentamente su cabeza, pero sentía que algo extraño iba a suceder.

"Porque de esa forma nuestros nombres suenan similares. Lucian, Lucifer. ¡La pareja Lu-Lu!"

La boca de Kurapika se abrió inconscientemente unos centímetros. ¿Intentaba crear un juego de palabras con 'lulu'?

"Basta de esa estúpida broma, Lucian. No es divertido." Dijo secamente Kuroro.

"Aw, no eres divertido."

"Tal parece que aun te queda mucho para madurar, a pesar d tu edad."

"Pfft. ¿No comenzaras a decirle a la gente mi edad real? ¿Cierto? Eres sorpresivamente rudo" Lucian contrajo sus ojos en juguetón disgusto; sin malos sentimientos. "Y ¿Qué estás haciendo ahora? No eh visto tu sequito alrededor de esta zona."

"Eso no te incumbe."

"Tan molesto." Chasqueo su lengua.

"¿Qué hay de ti?"

"¿Yo? Lo normal. Viajar alrededor del mundo, buscando algo que atraiga mi atención. Buscar tesoros es entretenido." Dijo mientras reía suavemente.

Si es Hunter, entonces debe ser un Hunter de tesoros. Se dijo Kurapika mentalmente. Y no hay duda de porque no había aparecido anteriormente; debe estar ocupado buscando tesoros alrededor del mundo.

"Ah, ¿Y Kurapika?"

Kuroro se volteo para mirarla, y ella levanto la mirada para ver sus ojos. Era algo que ya no era incomodo entre ellos; era algo tan normal como respirar. Anteriormente era tan difícil mirarlo a los ojos sin sentir asco o ira.

"Mantente alejada de él." Dijo llanamente.

"¿Huh?"Pestaño un par de veces. Era muy impropio de él decir tan abiertamente ese tipo de cosas de su amigo cercano—si sentía a Lucian de esa forma.

"Eso es muy feo de tu parte, Lucifer. Hablas mal de mí en mi cara." Dijo con una falsa tristeza. "No te preocupes, no intentare beber la sangre se tu dama."

La cara de Kurapika se puso blanca, de forma tan obvia que Kuroro tenía que reírse.

"Es un vampiro." Le informo.

Ah, ya entiendo porque el color de sus ojos se veían muertos. Aunque este alegre conde le agrega vida en ellos, pensó Kurapika.

"Bueno, naturalmente seria sabio de tu parte el no acercarte a ella." Dijo Kuroro mientras bebía su vino con una divertida sonrisa en su rostro. "Estoy seguro de que su sangre debe saber horrible."

Kurapika no sabía si tomarlo como un cumplido o un insulto. Sin embargo, las cejas de Lucian se alzaron con interés.

"¿Y qué te hace creer eso?" pregunto con curiosidad

"Ella comparte mi sangre." Dijo sencillamente, pero aparentemente era suficiente para el vampiro.

"Eso explica todo." Dijo amargamente. "Es una pena. No, realmente es una lástima; que desperdicio."

Viendo que Kurapika se veía perdida con su conversación, Lucian se tomo la libertad de explicarle.

"Draga ('querida' en rumano), este compañero tuyo tiene una sangre que a mí me sabe a veneno. Realmente asquerosa, porque su sangre está mezclada con al sucio."

"La sangre de Ishtar." Le murmuro Kuroro a ella. "Los vampiros solo se alimentan de la sangre humana o animal. Otras criaturas, especialmente peligrosas como la de su clase, son mayormente venenosas para su especie."

"Ya veo." Murmuro con la esquina de su boca moviéndose nerviosamente. No sabía si debía sentirse complacida o furiosa por esa información.

Ustedes a penas y pueden ser humanos, sonó una vez más la voz de seyruu en su cabeza, poniéndola intranquila al hacerle recordar su extraña sangre.

"Por cierto, ¿Sabes lo que el viejo Abelard nos va a mostrar esta noche?" pregunto emocionado.

"Un par de ojos escarlatas," respondió un impasible Kuroro.

"Como se espera de ti." Le dio un golpecito en el hombro. "Pero de nuevo, estoy seguro de que él mío supera el suyo en hermosura y rareza."

"¿Oh?" Kuroro levanto una intrigante ceja. "¿Y cuál es ese tesoro que supera en rareza y hermosura a los ojos escarlatas?"

Lucian dio una sonrisa semejante a la del gato Cheshire.

"Te lo mostrare. Sígueme."

Lucian acababa de dar vuelta y estaba por comenzar a caminar hacia su cuarto designado, cuando Kuroro lo detuvo.

"Ahora no, Lucian. En estos instantes tenemos asuntos urgentes con el duque."

Si hubiese sido un cachorro de perro, sus ojos hubiesen caído hasta el suelo y hubiese gemido decepcionado.

"¿Lo has visto?" pregunto Kuroro, ignorando lo que hacia Lucian.

"No sé. Debe estar con la muchedumbre, divirtiendo a sus invitados." Respondió mientras hacia un puchero.

Kuroro le dio una péquela y divertida sonrisa. Camino dejándolo atrás y le dio dos palmetadas en el hombro, como para reanímalo. Entonces le paso su vaso de vino medio vacío.

"Te veré pronto."

Su voz sonó tan fraternal y gentil que Kurapika casi se tropieza con sus tacos. Kuroro la miro con una ceja alzada, a lo cual Kurapika le respondió con una perforadora mirada que le decía 'metete en tus propios asuntos'. El rostro de Lucian se ilumino y le grito felizmente a Kuroro, aun cuando dicho hombre ya caminaba a una distancia de él, con Kurapika siguiéndole.

"¡Te amor, hermano!" gritos desde su lugar.

Esta vez, fue Kuroro quien casi tropieza. Unas cuantas cabezas lo miraban de forma extraña, a las que ignoro sin mayor esfuerzo, pero de alguna forma la divertida mirada de Kurapika tenía un mayor impacto que esas numerosas miradas.

"Te amo, hermano." Kurapika le imito con alegría.

Kuroro le lanzo una molesta mirada, la cual ignoro y siguió intentando acallar su risa. Una cosa era segura, a Kurapika le gustaba el sentido de humor de Lucian.


"Lucifer, ¡Mi apreciado joven! ¿Cómo te ha ido?" el gordo y alegre hombre les dio la bienvenida con sus brazos abiertos tan pronto como vio a Kuroro.

"Muy bien, duque. ¿Cómo le ha ido a usted?"

"Mejor imposible." Dijo mientras reía con alegría. Para Kurapika, era el ejemplo perfecto de un hombre dichoso. "Oh, miren aquí. Tu acompañante ¿cierto?"

Hizo una educada reverencia y tomo su mano para besar el reverso de esta. Kurapika hizo su máximo esfuerzo para no temblar cuando sus labios tocaron su piel.

Es un conocido mujeriego, sonaron las palabras de Kuroro en su cabeza—le daba escalofríos pensar que ese tipo de hombre estaba coqueteando con ella.

"Mi esposa." Corrigió Kuroro.

"Ah…" el duque apresuradamente soltó la mano de Kurapika, enviándole una apologética sonrisa mientras se aclaraba la garganta. "Ya veo."

"¿Cómo está usted, honorable duque de Cenabum?" Kurapika se inclino cortésmente, intentando ser educada. Aunque si noto el ligero cambio cuando Kuroro dijo 'mi esposa'.

"Ohoho, una joven muy encantadora ¿no es así?" reino el duque, "¿cuán joven es, mademoiselle (Mi pequeña niña en francés)?

Kurapika se congelo y se volteo hacia Kuroro para hacer un gesto de duda. ¿Debía mentir o decir su verdadera edad? Kuroro solo la vio inexpresivamente, sin ayudarla en lo absoluto. Kurapika lucho para no fruncirle el ceño, porque era impropio de una esposa hacer tal con su marido.

"Em… ¿Diecisiete?" confeso al tiempo que el borde de su boca temblaba nerviosamente.

"¿Diecisiete?" exclamo el duque, pero por gracias de dios no lo grito en voz alta.

"¡Lucifer! Ella es demasiado joven para ser tu épouse (consorte en francés)" protesto el duque, acalorado por la decisión aparentemente escandalosa de casarse con alguien tan joven.

Kurapika se sonrojo profundamente, perdida sobre que hacer o decir. Kuroro solo le sonrió encantadoramente a su antiguo empleador.

"¿Por qué no? Legalmente es posible."

"Pero—"

"Duque, no importa cuánto proteste en contra, eso no cambiara nada. Lo hecho esta hecho, ella es mi esposa." Había seriedad en su voz, indicando que no soportaría más argumentos sobre el asunto.

"Bueno, supongo que tienes razón…" suspiro el duque. Entonces decidió cambiar el tema de su conversación. "Entonces, Lucifer, ¿Qué clase de tesoro traes contigo?"

"Hmmm…" Kuroro hizo un gesto pensante. "¿Qué hay de mi esposa aquí presente? Ella es un buen tesoro, ¿no?"

Kuroro solo bromeaba a medias. Sinceramente, Kurapika era un verdadero tesoro; el ultimo kuruta vivo. Por supuesto que no le iba a decir aquello al duque, pero sin embargo pensaba en ella como un tesoro de algún tipo.

El duque, quien no sabía aquello, se rio abiertamente. Por otro lado, Kurapika, sentía ganas de vomitar.

"Nunca pensé en ti como alguien romántico." Comento.

"Eh oído que las personas cambian con el matrimonio." Dijo humildemente Kuroro.

Ah, realmente quería vomitar en estos instantes.

"Oh, oh. Veo que tu esposa realmente a tenido un gran impacto en ti."

Ahora el duque la veía con un renovado sentido de respeto y apreciación. Kurapika se removió incómodamente bajo su escrutinio. Nunca le agrado que la observaran tan cercana e intensamente. Al mismo tiempo, sentía ganas de abofetear a su deslenguado 'esposo'.

"Bueno, duque." Kuroro se le acerco y hablo en voz baja, al tiempo que decidía hacer negocios. "Este tesoro mío es algo muy extraño, por lo que se me paso por la cabeza intercambiarlo por uno tuyo."

"¿Intercambiarlo? Oh, oh, eso es algo que vale la pena ser considerando, ya que provine de ti." El viejo duque levanto una gruesa y peluda ceja y les señalo que lo siguieran.

Les dijo que lo esperaran en su cuarto privado mientras personalmente iba a buscar los ojos escarlatas. Ambos se sentaron en el sillón. Kurapika examinaba maravillada la habitación; estaba tan decorada, sin mencionar los objetos de valor que poseía el cuarto.

"Me sorprende que nunca hayas intentado robarle." Comento con voz suave.

"Lo respeto, y es por eso que no voy a robarle nada, especialmente en esta ocasión. Hacer aquello embarraría su nombre y no deseo que aquello pase." Dijo Kuroro.

"Bienaventurados sean aquellos que respetas," dijo Kurapika con mofa, "Porque serán perdonados de ser robados tontamente por el Genei Ryodan."

Kuroro simplemente se encogió de hombros, sin ser afectado por su desprecio. Rápidamente, el duque volvió a entrar al cuarto con una caja en sus manos. La puso tan cuidadosamente como pudo sobre la mesa, ante la pareja. Abrió dramáticamente la caja y, finalmente, revelo los ojos escarlatas.

Kuroro no estaba impresionado en lo más mínimo; él había tenido su tiempo para observar aquello ojos, pero evidentemente, Kurapika nunca se cansaba de emocionarse cuando veía esos apreciados ojos. Se enderezo y se inclino para mirar más de cerca esos ojos. Eran los verdaderos.

"¿Y? ¿Qué piensas? ¿Qué me ofreces como intercambio de estos ojos?" pregunto el duque mientras se inclinaba contra el respaldo de su silla.

Con una enigmática sonrisa, Kuroro se movió y saco algo de su bolsillo. Poso el objeto que clamaba ser 'su más preciada posesión'—algo que era falso—cuidadosamente sobre la mesa. Siendo sinceros, realmente no le importaba en lo absoluto. Abelard Constantin solo pudo mirar boquiabierto el objeto que quería intercambiar Kuroro.

"¿Co-como lo conseguiste?" exclamo el duque, todavía incapaz de tragar la verdad, que sostenía una pluma de fénix.

Kuroro sonrió triunfalmente. A juzgar por la expresión del duque, sabía que estaba ganando con el intercambio.

"No importa como obtuve el objeto. Solo estoy interesado en saber si estás dispuesto a intercambiar tus ojos escarlatas por esta pluma." Dijo flojamente.

"Permíteme examinarlo primero," rogo el duque.

Kuroro hizo un gesto que decía 'haz lo que desees' y el duque ansiosamente comenzó a examinar la pluma, como si fuera un pequeño cristal que podía romperse si no se sostenía con cuidado.

"Es verdadero." Susurro el duque maravillado y encantado.

"Por supuesto que lo es. ¿Dudas mi credibilidad?" dijo Kuroro, demasiado altivo en la opinión de Kurapika.

"No, no, claro que no."

"¿Entonces?"

"Los ojos son tuyos." Decidió el duque en menos de un segundo, sus hambrientos ojos jamás abandonaban la pluma en sus manos.

"Bien. Haré que Lucian me los traiga." Dijo Kuroro mientras se levantaba de la mesa, seguido de Kurapika; quien había sido una muda espectadora durante toda la conversación.

Habiendo hecho todas las formalidades, Kuroro y Kurapika se marcharon y entraron en la habitación en la que estaban el resto de invitados, quienes se indulgian asimismo con tragos y conversaciones. Los dos habían comprendido la importancia de la pluma cuando Kuroro recibió el mensaje de texto de Abelard Constantin. Era claro que no necesitaban confirmarlo; por lo que Kurapika no se sorprendió cuando Kuroro le ofreció la pluma.

Además, no había nada que discutir. Todo había transcurrido tan tranquilamente como habían planeado. Bueno, quizás Lucian era la excepción.


"¿Diablos? ¿Qué soy? ¿El chico de los pedidos?" protesto Lucian tan pronto como Kuroro le dijo su promesa al duque de que él le traería los ojos.

"Has esto como un pequeño favor, Lucian. Después de todo, me debes uno." Dijo Kuroro con una maliciosa sonrisa.

"¡Bueno, bueno! Lo haré, ¡Pero no me recuerdes ese 'favor'!" Lucian hizo un gesto de rendición y comenzó a murmurar quejas para sí.

Los guio hasta su cuarto designado, donde les prometió mostrarles su preciado tesoro, el que 'excedía la rareza y hermosura de los ojos escarlatas'. Cuando llegaron al cuarto, Kuroro miro el cuarto y noto que faltaba algo.

"¿Creía que también debías traer un acompañante femenina?"

"Oh, la traje." Sonrió Lucian.

Silbo y en un segundo un gato negro apareció en el aire. Ronroneando amorosamente mientras restregaba su peludo cuerpo contra las botas de Lucian. Este recogió la gata y comenzó a acariciarla con cariño.

"Allí esta. Su nombre es Stella, porque tiene una estrella dibujada en su pelaje."

"¿Un gato?" Kurapika hablo su confusión.

"¿Por qué?, draga, la invitación no especificaba si debía ser un compañero humano." Le sonrió, recordándole a Killua de cierta forma. Quizás, cuando Killua creciera, se vería similar a Lucian.

"Tú y tu extraña interpretación." Dijo Kuroro entretenido.

"Hace que las cosas sean más interesantes, creído." Lucian saco le saco la lengua a Kuroro, antes de liberar al gato de su brazos, este entro a otra habitación, despareciendo tras la puerta.

"De cualquier forma, mi 'tesoro'…" dijo distraídamente mientras caminaba hacia su habitación. "Sabes, Lucifer. Cuando vi tu soţie, quede realmente impactado…"

"Lucian," dijo repentinamente Kuroro con afilada voz. "Creo saber que es tu 'tesoro'."

"Oh." Lucian parpadeo unas cuantas veces mientras se detenía a medio camino. Entonces le dio un vistazo a la agitada Kurapika. "Bueno, si tú crees eso…"

"Quiero verlo." Dijo repentinamente Kurapika. "Deseo verlo." Repitió enfatizando.

"Fata, querida, no creo que sea una linda imagen para ti…"

"¿Por qué razón?"

"Bueno…"

"Muéstrame, por favor."

Lucian miró a Kuroro, quien asintió, derrotado. Con incertidumbre, Lucian saco la caja que contenía su tesoro de su habitación; una caja lo suficiente grande como para que guardar una cabeza humana. Lentamente la abrió y efectivamente, un contenedor con una cabeza flotante se su interior fue revelada—una cabeza que le era familiar a Kurapika.

Sus ojos azules inmediatamente se tornaron de un rojo escarlata.

"Aniki—"

Y se desmayo, no por el impacto de la situación sino por el fuerte golpe que le dio Kuroro en su nuca, dejándola inconsciente. Lucian observo asustado toda esa escena.

"¿Ella es un kuruta?"

"El ultimo." Dijo brevemente Kuroro mientras acarreaba el inconsciente cuerpo de Kurapika en sus brazos, como si fuera una novia.

"Creía que tu habías sido él que… entonces como ella…" Lucian se veía perplejo, como si acabara de ver la cosa más peculiar de su vida.

"Es una larga y complicada historia."

"Me gustan las historias largas. Dime, Lucifer."

En otra ocasión, Lucian. Hay cosas más apremiantes en estos instantes. ¿Qué cosa hará que estés de acuerdo con entregarme esos ojos escarlatas?"

"¿Qué me ofreces?" pregunto el vampiro mientras cruzaba sus brazos sobre su pecho.

"Un favor. ¿Es aceptable?"

"Hmm…" Lucian se volteo lentamente a mirar a Kurapika con una extraña luz en sus ojos.

"Ella está fuera de tu alcance, Lucian."

A pesar de que la voz de Kuroro era calmada y clara, Lucian sabía que el hombre hablaba seriamente. Entonces hizo un gesto de rendición—era mejor no tontear con las posesiones de Kuroro Lucifer.

"Supongo que es un buen intercambio. Un favor tuyo, el líder del notorio Genei Ryodan, es semejante a un favor de todo el grupo. Quizás me pueda servir de algo." Se encogió casualmente.

"Bien. Enviare a mis hombre a buscar los ojos mas tarde."

"Dirás la cabeza." Lucian rio siniestramente. "oh, ¿Y envíame a Paku, si? Ella es la más sana entre tus arañas."

"Hace mucho que falleció." Dijo planamente Kuroro, su voz sin emoción alguna.

Lucian quedo atónito, su boca formando una gran O.

"Ella la mato." Señalo con su cabeza a la inconsciente Kurapika en sus brazos.

"Oh, ya veo." Dijo incómodamente Lucian. Ahora una nueva y gran pregunta aparecía en su cabeza; ¿Cómo diablos podía viajar con la asesina de sus arañas? Pero por otro lado, lo mismo le podría preguntar a Kurapika: ¿Cómo diablos podía viajar con el asesino de su tribu?

"Enviare a Machi."

Antes de que Lucian pudiese protestar o decir otra cosa, Kuroro se marcho.


"Oh. Dios. Mío." Lucian se rasco la cabeza, inseguro sobre qué hacer en esta situación.

Frente a él se encontraba la habitación que había sido designada para Kuroro y Kurapika, pero estaba vacía Y casi destruida. Para ser exactos, no había nada desde la puerta al balcón, además de unos cuantos agujeros en la pared. Lucian solo podía sacudir su cabeza maravillado.

"Que pareja más violenta." Suspiro y se dirigió a informarle a Abelard Constantin sobre la causa tras el mini terremoto y los ruidosos sonidos de hace un momento. Por supuesto que se inventaría la causa, porque no tenía idea de que había ocurrido.

El real incidente se origino con la explosiva respuesta de Kurapika cuando despertó.

Lo primero que recordó cuando abrió sus ojos fueron los ojos escarlatas de su hermano—un tono que era segundo en calidad si se comparaban con los de Kurapika, como creía Kuroro en secreto. Parecían hablarle sobre una urgente venganza, reviviendo su dormida sed de venganza.

Antes de que se diera cuenta, se había puesto furiosa—ciega y maniáticamente ataco a Kuroro, dejando de lado el hecho de que ocupaba un vestido y que se encontraba en la vivienda de otra persona. Después de que destruyera maravillosamente desde la puerta al balcón, Kuroro la guio hacia afuera, no queriendo llamar la atención de los otros invitados.

De esta forma, su lucha había tomado lugar en un bosque cercano a la residencia del conde Abelard Constantin.

Kuroro debía admitir que era una agotadora lucha. Por la información que sus arañas le habían entregado; aquella que Pakunoda le había regalado a sus compañeros antes de que cayera victima de la cadena del juicio, sabía que podía ocultar sus cadenas con nen. Por lo mismo, durante la batalla debía desplegar constantemente el En—y no un trabajo sencillo.

Los ataques de Kurapika eran fieros e incesantes. No vacilaba ni se detenía, sin darle respiro. Continuaba atacando como un toro demente, sin pensar en detenerse hasta que sacara la vida y alma de ese cuerpo. Su determinación lo desconcertaba. Su fuerza de intensificación lo confundía—era capaz de derribar un árbol con sus manos desnudas. Le recordaba a Uvogin, pero lo que le causaba mas admiración era su resistencia y su capacidad para recuperarse—debía usar una enorme cantidad de nen para mantener todos los tipos de nen al mismo tiempo, por un extenso periodo de tiempo y sin mencionar su rigoroso uso.

Su cadena Jail realizo su mortal y hermoso baile a su alrededor, intentando morderlo de muerte con su gancho. No era difícil esquivarla, pero debía estar atento a los diversos trucos que sacara bajo su manga—era una astuta luchadora.

Mientras Kurapika solo se basaba en su cadena Jail, Kuroro tenía a su cuchillo Benz—aquel que tenía suficiente veneno como para paralizar a una ballena. Solo debía cortarla levemente y la batalla terminaría. El problema era que hacia un magnífico trabajo esquivando sus golpes.

En un momento, Kuroro vio la perfecta oportunidad para inmovilizar a la muchacha—cuando atrás de ella se encontraba un grueso y viejo árbol. Con rápidos movimientos de muñeca, Kuroro le lanzo sus enormes agujas y aparentemente la suerte estaba de su parte.

Sus enormes alfileres atravesaron la carne de sus palmas, por lo que literalmente estaba clavada al tronco. Kuroro estaba seguro de haberla clavado al tronco, ya que la fuerza que puso en el lanzamiento de esas agujas era suficiente como para enterrarlas profundamente en el árbol. Su posición en esos momentos era semejante al de un crucificado.

Pero para su sorpresa, y quizás horror, la rebeldía de Kurapika no tenia limites. Con un gruñido y grito, que era semejante al de un animal herido, Kurapika intento liberarse de las agujas. Lanzo su cuerpo hacia adelante, ignorando que sus palmas sangraban y la carne comenzaba a desprenderse del hueso.

"¡Detente Kurapika!" le grito, pero ella no se detuvo. Nunca pensó que la muchacha fuera tan lejos como para rasgar su propia carne para llegar a él. ¿Cuánto se extendía su odio?

Luego de un tiempo, con un grito final, Kurapika logro liberar sus palmas de las agujas. Estas permanecieron en su posición, clavadas al tronco, cubiertas con su sangre y las heridas abiertas de sus palmas sangraban furiosamente, como un río. Si no era tratada, quizás muriera desangrada. Kurapika se tropezó en el suelo, pero cuando se levanto con el apoyo de sus lastimadas manos, ni siquiera se estremeció con el dolor. Como si fuera un demonio poseído, Kurapika ignoro las sangrientas heridas y se lanzo hacia Kuroro.

Nuevamente Kuroro tuvo que mantener cierta distancia con la chica al tiempo que desplegaba una barrera de En. Esto le estaba drenando su nen y él sabía que no podía continuar así. Debía detener a Kurapika sin asesinarla—era la cosa más complicada que le había tocado hacer durante su vida. Esto se debía a que testarudamente se negaba a dejar morir a la chica.

"¡Kurapika, contrólate!"

Su voz nunca llego a la parte consciente de la mente de Kurapika, ya que estaba siendo bloqueada por su parte tumultuosa. Luego de unos cuantos minutos del mismo juego, Kuroro realmente se aburrió de este; sin mencionar que la enorme cantidad de sangre que brotaba de ella solo provocaba que Kuroro frunciera aun más el ceño.

Finalmente, Kuroro decidió que suficiente era suficiente. Se teleporto frente a ella—asustándola de muerte. Y en el milisegundo que pareció ser eterno, Kuroro sujeto sus hombros y puso su rodilla en su plexo solar. Mientras Kurapika se curvaba, Kuroro asistió el golpe final—un corte sobre su brazo. El corte era ligeramente profundo, por lo que más sangre broto, pero Kuroro estaba seguro de que el veneno había invadido su sistema. Otro problema hizo aparición; ella persistió.

Mientras caía secamente sobre el suelo, comprendió que era su derrota definitiva. Kuroro se acuclillo junto a ella, observándola maravillado—era la primera persona 'normal'—Silva Zaoldyck definitivamente era una persona sobrehumana—que era capaz de soportar su venenoso cuchillo Benz. De un tirón sujeto su camisa con sus ensangrentadas manos. Al mismo tiempo que temblorosamente intentaba levantarse y Kuroro la sostuvo cuidadosamente entre sus brazos.

Lo miro fieramente, pero rápidamente sus ojos se volvieron llorosos. Lágrimas comenzaron a fluir sobre sus pálidas mejillas como si no hubiese mañana. Las delicadas gotas saladas reflejaban el tono escarlata de sus ojos rojos, jugándole trucos a la visión de Kuroro. Por un segundo creyó que lloraba sangre, pero velozmente corrigió ese estúpido pensamiento.

Lagrimas escarlatas… pensó.

Sollozos comenzaron a salir de su boca, entonces, enterró su rostro en su camisa. Era un gesto tan fuera de lugar para alguien que había fallado en derrotar nuevamente a su enemigo.

Prontamente comenzó a gimotear y llorar como un bebé, sacando la tristeza de su interior. Cuan irritada se sintió cuando comprendió que sin importar que hiciera no podría derrotar a Kuroro Lucifer. Seguía fuera de su alcance. No tenía ni la más remota oportunidad de derrotarlo y lo sabía. Quizás fuera capaz de vencer otras arañas como Uvogin, pero no Kuroro Lucifer. Era demasiado bueno. Aun cuando ella había arriesgado su vida para conseguir más poder él seguía siendo demasiado bueno.

"¡Te maldigo! ¡Te maldigo…!" balbuceo entre sus sollozos. Más que maldiciones a Kuroro le sonaban a ruegos.

Poco después, el veneno finalmente hizo efecto sobre su cuerpo y ella finalmente sucumbió al olvido. Mientras el cuerpo de ella se relajaba en sus brazos, él la sostuvo; abrazando su frágil cuerpo apretadamente, como si su cuerpo se fuera a desintegrar si él la soltaba. Podía sentir su camisa húmeda con su sangre y lágrimas. La cantidad de sangre que había perdido lo perturbaba. Sus latidos se volvían erráticos y una pequeña vocecilla le hablo en su cabeza:

Está muriendo…

No sabía si la voz provenía del lazo formado por la sangre que compartían o por los residuos de su nen que ella tenía en su interior. De lo único que estaba seguro era que la voz tenía la razón. Ella realmente estaba muriendo. Por primera vez en su vida, Kuroro sintió pánico. No sabía qué hacer.

"Ay, ay, que pelea de esposos más violenta. Dios, nunca había visto una tan sangrienta como esta." Dijo una voz desde un arbusto cercano.

Lucian se encontraba allí, con un brazo soportando su peso contra un árbol. Su postura y voz eran relajada y tranquilas, como si toda esa sangre no lo afectara, a pesar de que fuera un vampiro.

"Y tienes razón Kuroro. Su sangre huele ligeramente parecida a la tuya. Apesta a veneno." Arrugo su nariz. "No me gustaría beberla."

"¿Estás aquí solo para decir eso?" pregunto impacientemente.

"Nop. Estoy aquí para ayudar, prietenul meu. (Mi amigo en rumano)" se enderezo y le mostro una dientuda sonrisa. "Ven conmigo y trae a tu draga."

Sin tener mejores opciones, Kuroro cargo el relajado cuerpo de Kurapika en sus brazos y siguió a Lucian.


"Usa esta habitación como plazca. Pero no la destruyas como lo hiciste con la habitación de Abelard." Dijo ligeramente, intentando alivianar la tensión de Kuroro. Bueno, al menos lo intento aunque poco hizo.

Los llevo hasta su mansión privada y les prestó una habitación para que la usasen como quisieran. Guardándose el educado 'muchas gracias' para más tarde, Kuroro se apresuro al cuarto y la puso sobre la cama, antes de comenzar su ardua labor de detener su sangrado y vendar los agujeros de sus palmas. En poco tiempo, las blancas sabanas de la cama se encontraban teñidas de roja y fresca sangre.

Lucian se arrugo al sentir el metálico y venenoso olor de su extraña sangre. Olía asqueroso en su opinión. Se alejo y regreso rápidamente con un paquete de drogas en su mano. Las drogas eran pastillas de color marrón y tenía la forma de un glóbulo rojo.

"Dale esto. Esto detendrá inmediatamente su sangrado," dijo mientras le entregaba una pastilla a Kuroro.

Kuroro le dio la píldora, y de forma maravillosa logro su objetivo tan pronto como fue digerida y su contenido absorbido por el cuerpo.

"¿Y esto es?"

"Drogas contra la hemorragia, claramente. La hice yo mismo. Vampiro viajeros como yo necesitan tales drogas, ¿no? Después de todo, la perdidas de sangres es nuestro mayor enemigo."

"Oh," fue su mera respuesta, aunque estaba interesado en el pequeño invento de Lucian.

"Te puedo dar algunas si quieres." Le ofreció generosamente Lucian.

"Gracias."

"Cuando quieras, frater. (Hermano en rumano)" Lucian se encogió de hombros. "Entonces, te dejo con tu fata."


Kurapika se sentía como si flotara sobre aguas oscuras. Todo era negro y ella estaba cansada. Sentía que sucumbía a la infinita oscuridad, mezclándose con ella y olvidando todo lo que era un peso en su mente y alma. Estaba cansada y quería descansar y olvidar. Kurapika cerro solemnemente sus ojos y dejo que su cuerpo cayera libremente a voluntad de la oscuridad.

Estas cansada.

Una insoportable y familiar voz la despertó. Cuando abrió sus ojos, un rostro ya se encontraba sobre ella.

"Aniki." Su voz era el leve susurro de un fantasma.

Kairi, tú misma te has esclavizado de forma demasiado dura. Déjalo. Dijo el fantasma mientras acariciaba el pelo de Kurapika con su traslucida mano. Su hermano estaba intacto; su cabeza estaba allí, junto con sus ojos—esos hermosos y calmos ojos.

"Pedro aniki… si no te eh vengado ni a ti ni a la tribu…"

Nadie te pidió que nos vengaras, dijo la sombría figura, su voz no era nada más que una vacía briza de invierno.

"Pero—"

Kairi, encuentra tu propia razón para vivir. Tu razón de ser, le suplico el fantasma de su hermano fallecido, sus ojos de otro mundo brillaban terrorífica pero tristemente en la oscuridad.

Tu sufrimiento nos entristece más que cualquier cosa. Eres nuestra última esperanza, la ultima de nuestra raza. Vive, Kairi. Vive felizmente. Eso es lo último que puedes hacer por nosotros. No queremos venganza, la figura sacudió lentamente su cabeza.

"¿Vivir felizmente?" repitió la muchacha lo dicho por su hermano. "Eh olvidado… como es vivir así."

¿De verdad? Por primera vez, la voz sombría no estaba tan triste sino más bien esperanzada. Mira tú alrededor, Kairi. Hay felicidad en abundancia a tu alrededor.

Con eso, la vaga sombra comenzó a desaparecer. Alarmado, Kurapika levanto su mano para tocar a su hermano, pero su mano solo atrapo aire y oscuridad. Un mudo silencio lleno todo su ser y una vez más estuvo sola. Y Miro la profunda oscuridad.

¿Felicidad en abundancia? ¿Dónde? Se pregunto desesperadamente.

Imágenes aparecieron ante sus ojos Gon, Killua, Leorio, Senritsu, Bashou.

Kuroro Lucifer.


Cuando abrió sus ojos, un techo desconocido le dio la bienvenida y se encontró asimismo acostada sobre una desconocida cama. Se sentía tímida y desorientada, sin embargo pudo sentir la aburrida mirada enfocada en ella. Se volteo para observar al dueño de la mirada, quien no era nadie más que Kuroro Lucifer.

Estaba estudiando su apariencia, y ella la suya. Había ligeros anillos negros bajo sus ojos, la clara historia de que no había dormido—o descansado—apropiadamente. Seguía usando la misma camisa que había utilizado en la fiesta del duque, la que había terminado el día anterior. Su rostro era más pálido de lo normal, casi de un tono enfermizo. El rostro de Kurapika estaba igualmente pálido, sin color en lo absoluto. Su cara era como un papel blanco; blanco y plano con ninguna forma o profundidad.

Finalmente llevo su atención nuevamente al techo sobre ella, mientras que la mirada de Kuroro jamás la abandono.

"¿Eh sido feliz alguna vez?" le pregunto a nadie en particular, su voz era un débil susurro.

Kuroro la observo intensamente, intentando descifrar su distante mirada. Todo su lenguaje corporal era lánguido y aletargado, sin signo alguno de enloquecer a una asesina velocidad.

"Nunca te eh visto reír." Admitió Kuroro—solo sabía de una vez que Kurapika se había reído. Fue una suave risa la que dio Kurapika cuando estaba borracha en su misión de los ojos escarlatas—incluso esa vez Shalnark y Phinx habían tenido algo que ver. Agrego silenciosamente, "extrañamente te veo sonreír, excepto cuando estas con esos amigos tuyos."

Kurapika siguió sin moverse en su cama, sus oceánicos ojos azules siguieron observando el vacio techo.

"¿Quieres verlos?" le pregunto con suavidad.

Claro que quería, pero no quería que la vieran en esta condición. Ellos la fastidiarían al respecto y más problemas aparecerían, especialmente entre ellos y Kuroro. Estaba harta de ese tipo de problemas. Pero aun así, los extrañaba profundamente… especialmente a Senritsu; la maternal Senritsu.

Y ahora sentía ganas de llorar. Genial.

Viendo el brillo de lágrimas contenidas, Kuroro se levanto de su asiento y se sentó junto a ella. Si era posible, prefería no ver esas lágrimas. Era… desgarrador. Entonces curvo su mano sobre la de ella, envolviendo por completo la pequeña mano. Ella se estremeció cuando su mano toco la suya, pero se relajo cuando mudamente él le dio un apretón de consuelo sobre sus vendadas manos—con cuidado de no lastimar sus heridas.

Ese pequeño gesto libero el constrictor sentimiento en su pecho. Inhalo profundamente y dejo escapar la presión de su pecho lenta pero tranquilamente. Kurapika cerró sus ojos y sostuvo la mano de Kuroro; devolviéndole su bondadoso gesto.

"Gracias."


"Sabes, Lucifer. Abelard no especifico que trajeras una esposa. Solo te dijo que trajera un acompañante femenino. ¿Por qué insistir en que era tu esposa?"

Kurapika nuevamente estaba dormida y Lucian se ayudo asimismo, teniendo una pequeña conversación con su amigo. Le ofreció una fría bebida y Kuroro felizmente acepto.

"Una buena precaución. A pesar de lo mujeriego que es Abelard, todavía sabe cómo comportarse. No intentaría coquetear con la esposa de alguien."

"En pocas palabras, no querías que tu Kurapika atrajese la atención del viejo; lo que es bastante probable si se entera de su estado de soltería."

Kuroro asintió.

"Que devoción tienes por ella. Estoy atónito" por primera vez, Lucian sonaba serio, mientras enfatizaba sus palabras.

"Olvidara esto, tarde o temprano." Declaro Kuroro.

"¿Qué te hace pensar eso?"

"Porque la conozco," dijo con seguridad.

Lo pasaría por alto, como un 'momento de locura' debido a su fatiga y desorientación, y retomara su vida normal, eso pensó para sí, mientras observaba inconscientemente su vaso medio vacío, los cubos de hielo sonando delicadamente.

"Eso es muy pesimista de tu parte, algo inusual en ti." Lucian levanto sus cejas.

Kuroro cerró sus ojos y suspiro en su interior.

"Se llama ser realista."

Lucian fue muy infeliz con la respuesta de Kuroro, pero no tuvo tiempo de refutar aquello ya que el teléfono de Kuroro comenzó a sonar. Dicho hombre abrió y leyó el mensaje que acababa de recibir y no pudo evitar mirar tontamente el mensaje.

"¿Qué pasa?" pregunto Lucian al ver esa mirada en el estoico rostro de su amigo.

Sin responderle, Kuroro le entrego su celular, diciéndolo que lo leyera por sí mismo. Cuando Lucian termino de leer y abrió estúpidamente la boca. El mensaje era breve:

Remitente: Ishtar

REGRESA RÁPIDAMENTE. He descubierto como disolver el lazo.


La tipeja que traduce