TRADUCCION: Esta historia no me pertenece, yo nunca la eh escrito ni mucho menos eh aportado con alguna idea o sugerencia, todo este trabajo pertenece a la autora Runandra, quien es la mente maestra tras esta idea, la historia original pueden encontrarla en el siguiente link:
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Aclaración: Hunter x Hunter no me pertenece.
La historia hasta ahora: ¡Ishtar le informo a Kuroro que finalmente había descubierto la manera de romper el lazo! ¿Qué será? Por orden suya, debían regresar a Ryuusei-gai de inmediato. Pero, ¿cómo está la relación entre Kuroro y Kurapika? Kurapika realmente aparto de sus recuerdos el afecto que a ratos compartían.
Capitulo 24
LACRIMOSA
"Lo siento." Susurro Kurapika.
Kuroro, quien caminaba delante de ella, volteo su cabeza y la miro con comprensión en sus ojos.
"¿Por qué?" pregunto, su voz suave.
"Por todo lo que hice en ese entonces…" murmuro con ojos abatidos, y agrego con voz moribunda, "y gracias."
Aparentemente, Kurapika kuruta recordaba cada detalle del incidente. Kuroro intento poner en su rostro su normal mascara estoica, sin embargo, en su interior sintió alegría y calidez al oír esas palabras.
"¿Por qué no curas esas heridas?"
Kurapika había decidido no utilizar su Holy Chain para borrar las cicatrices de sus manos. Y permaneció en silencio sin responder, aunque el sabia el porqué tras eso. Le era un recordatorio de lo estúpida que había sido—y más importante aún, cuan impotente era frente a él. Kuroro no tenía ni idea si aquello era algo saludable o no, pero estaba seguro de que la chica no cambiaria de opinión sin importar lo que dijera. Por lo que permaneció callado.
Lucian les permitió mantener su gracias al no preguntar sobre el asunto. En cambio, se propuso como tarea personal el solucionar la nueva disconformidad que existía entre ellos. Insistiendo en que los seguiría en su viaje de regreso a Ryuusei-gai; quería visitar a Ishtar después de tanto tiempo. No hubo ninguna objeción sobre aquello—salvo una: ¿Cómo viajaría durante el día? Era un vampiro después de todo.
"No es algo de lo que deberían preocuparse. Eso se resolvió hace mucho tiempo: prepárense," dijo orgullosamente el vampiro mientras les mostraba una botella que contenía algo similar a una loción. "¡Bloqueador solar especial para vampiros! Hecho por mí, obviamente."
Más tarde Lucian les demostró la veracidad de su invento durante un abrazador día, haciendo maravillas al permitirle viajar al igual que cualquier otro humano—por lo que el vampiro les siguió el paso.
Al final, el viajar con Lucian Virgilliu agregaba más sabor a su viaje. Ni un solo día era aburrido, aunque la mayoría del tiempo sacaba de quicio a la pobre chica kuruta—kuroro no se irritaba tanto debido a que ya estaba acostumbrado a la actitud del vampiro. Una esas tantas ocasiones fue así:
"Nunca seré tentado por tu sangre, fata (niña)," el vampiro dijo un día mientras caminaban bajo el dosel del bosque, con Una caminando tras ellos, ya nos le era posible tomar las rutas civilizadas.
"Así que relájate, ¿Sí? A mí me huele asquerosa. Pero…" se volteo hacia Kuroro. "Indudablemente puedo disfrutarla físicamente, ¿Cierto?"
Kurapika quedo con la boca abierta.
"…como quieras." Kuroro se encogió de hombros sin darle importancia.
Aquellas palabras acababan de salir de la boca de Kuroro cuando Lucian ya se encontraba siendo abusado físicamente por Kurapika—le pateo la mandíbula.
"Pero quizás, debería advertirte que aun cuando ella no es necesariamente la mujer más fuerte que he conocido, definitivamente tiene el peor temperamento," dijo pensativamente.
"Dios, gracias por la advertencia, amigo." Dijo de forma sarcástica Lucian mientras se sobaba su adolorida mandíbula. "Entonces, ¿Es así de fiera en la cama?"
"¡LUCIAN!" grito Kurapika, su cara roja, y comenzó a golpear incesantemente a Lucian.
Kuroro hizo rodar sus ojos exasperado.
"Estas preguntando cosas imposibles. ¿Cómo se supone que lo sepa cuando nunca me eh acostado con ella? Aunque ella ha dicho que la eh acosado sexualmente en varias ocasiones…"
"¿Y qué tal? ¿Es placentera?" su voz animada.
"Demasiado flaca," dijo Kuroro inexpresivamente.
"¡HOMBRE VULGAR!"
Y entonces Kurapika comenzó a estrangular a Lucian hasta matarlo, aunque el vampiro ya estaba muerto. La hermosura de viajar con un no muerto: uno podía matarlo tantas veces sin tener que realmente matarlo.
En conclusión, Lucian siempre se encontraba en el extremo que recibía el abuso de Kurapika. Era un alivio para Kuroro. Una, por otro lado, mantenía una distancia segura de Lucian, ya que él era una criatura impura.
Para cuando llegaron a Ryuusei-gai, la noche ya caía. Una tuvo que quedar rezagada en el bosque en el que residía Rusalka—las sirenas la acompañarían—siendo que no podría poner ni un pie en la ciudad, ya que era un unicornio. Kuroro había decidido pasar la noche en su cuartel para al otro día a ver a Ishtar. Lucian, de buena gana se ofreció visitar primero a Ishtar, al menos para informarle de su llegada a la ciudad. Kurapika acepto agradecida aquella decisión, aunque no lo dijo en voz alta. Aunque, cuando llegaron al cuartel Kurapika no pudo obtener el descanso que tanto necesitaba.
"¡Yo, Danchou! ¡Te hemos estado esperando!" dijo Phinks con su animado tono.
Las arañas ya se encontraban reunidas allí, todas. De todas formas, lo que perturbo a Kurapika no era—por primera vez—las arañas sino que las increíbles capas de grueso polvo que cubrían todo el lugar. Incluso el aire dentro del edificio era pesado con olor a encierro y moho. Era sofocante para Kurapika, demasiado.
"No recuerdo haberles dicho que se reunieran aquí," dijo Kuroro con un poco de sorpresa en su voz.
Le lanzo una rápida mirada a Shalnark, quien para entonces—comprobando las sospechas de Kuroro—tenía la cabeza gacha en cansancio. Nobunaga tenía un brazo alrededor de su hombro, dando el aspecto de que intimidaba a la araña más joven. Pobre Shalnark, parecía que había sido amenazado para que dijera todo lo que sabía. Kuroro dejo escapar un suspiro ante la infantil y caprichosa conducta de sus arañas. Con ellos cerca de Kurapika, solo dios sabia cuando y como se desataría el infierno.
Kuroro miro a Kurapika, y no se sorprendió al ver como esta comenzaba a erizarse en lo que percibía como rabia reprimida. No iba a esperar a que ella reventara, y estaba por guiarla hacia su cuarto personal cuando Kurapika dejo escapar un tenso y fiero susurro.
"Esto es ridículo."
Kuroro parpadeo una vez.
"¡Este lugar esta ridículamente sucio! Que es esto, ¿un chiquero?" gritó.
Su repentino grito hizo que algunos de los miembros más tranquilos se exaltaran, mientras que otros se retorcieran involuntariamente.
"No me importa si todos ustedes quieren sentarse y dormir sobre esas sucias capas de polvo y ácaros, pero NO HAY FORMA de que yo vaya a hacer eso. Así que, Kuroro Lucifer, me vas a ayudar a limpiar el lugar, o al menos tú cuarto. Y si es que tengo que arrastrarte para que lo hagas, ¡que así sea!"
Kuroro quedo practica, técnica y literalmente mudo por sus demandas y duras palabras. Mientras el seguía con la boca abierta, al igual que las arañas, Kurapika comenzó a caminar arrastrándolo por el lazo que los unía; cumpliendo su palabra.
Y así la chica kuruta en modo de limpieza abrió la ventana del piso superior—que gratamente pertenecía a Kuroro—para airear el lugar, cogió una abandonada escoba, trapeador y cubos—las que Kuroro no sabía que existían—los que lleno de agua, y comenzó a limpiar el piso superior.
"¡Ponte a trabajar!" le ladro mientras le lanzaba el trapeador mojado.
Teniendo poca o nula opción en el asunto, cumplió sus deseos, comenzando a doblar sus mangas, preparándose para el trabajo. Su silenciosa actividad trajo la atención de las arañas, quienes se rehusaban tercamente a limpiar. Luego de un tiempo, Kalluto finalmente se rindió.
"También voy a limpiar el lugar,…" dijo suavemente mientras comenzaba a buscar por herramientas de limpieza.
"¿Por qué? Así esta cómodo." Dijo Phinks mientras golpeaba con su pie el suelo, provocando que se levantara el polvo y que unos cuantos se pusieran toser.
"No, está demasiado sucio." Kalluto sacudió su cabeza, todavía buscando escobas o trapeadores.
"…tienes razón. Han pasado años desde la última vez que usamos este lugar." Finalmente Machi se pudo de pie con un suspiro y se unió a Kalluto en su búsqueda por instrumentos de limpieza.
Los otros se miraron entre ellos, antes de suspirar al unísono y levantarse del sucio suelo.
Luego de una hora—el polvo era tan grueso y viejo que virtualmente estaba pegado y unido a los cuartos, dificultando la tarea de limpiarlo—una cansada Kurapika se derrumbo sobre el suelo. Kuroro observo su ahora limpio cuarto. El no era alguien que no le importaba la higiene como a Phinks, pero jamás en su vida ese cuarto había estado tan limpio—literalmente brillaba. Se pregunto cómo Kurapika pudo limpiar tal lugar en tan corto tiempo. ¿Quizás poder femenino?
"Ugh, ¡estoy sucia, maloliente y pegajosa con sudor!" se quejo miserablemente mientras se rascaba un brazo.
"Date una ducha entonces." Le recomendó mientras se dirigía al baño.
Los ojos de Kurapika brillaron tan pronto como dijo 'ducha'. Kuroro llego al baño y presiono algunos botones en el calentador de agua para que funcionara. La maquina comenzó a hacer un leve sonido.
"¡yo voy primero!" exclamo Kurapika mientras dejaba atrás a Kuroro; en sus brazos llevaba un bulto de ropas limpias.
"…como quieras." Se encogió de hombros.
¿Por qué se demora tanto? Se pregunto Kuroro mientras esperaba afuera, sentado en el piso al lado de la puerta del baño. Había pasado más de una hora desde que Kurapika había entrado al baño. La llamo, pero no recibió respuesta.
"Kurapika, voy a entrar." Anuncio, pero nuevamente no hubo respuesta. Era realmente extraño. Para alguien que valoraba la decencia como ella, en estos momentos debería estarle gritando que se mantuviera lejos del baño.
Tímidamente, quito el seguro de la puerta. Estaba cerrada por dentro, pero él era Kuroro Lucifer y era su propio cuarto; por lo que conocía cada detalle de la habitación, especialmente las cerraduras. Lanzo una mirada hacia el interior y no hubo ningún grito de indignación. Puso un pie en el baño y casi de inmediato quedo empapado por el vapor del agua caliente. Sus ojos rápidamente encontraron lo que estaba buscando.
Como se esperaba, Kurapika se había quedado dormida mientras se daba un baño en la tina. Su cuerpo bajo su cuello estaba sumergido en el agua caliente, mientras su cabeza se encontraba inclinada sobre la suave superficie de porcelana. Estaba completamente inconsciente del hombre que se encontraba frente a la tina, quien estaba en un gran predicamento.
El vapor flotaba sobre la superficie del agua, sin embargo hacia poco para ocultar el cuerpo completamente desnudo. Kuroro aparto la vista de la indecencia que se presentaba frente a él, antes que comenzara a tener ideas vulgares. Suspiro.
¿Qué hago ahora? Se pregunto.
"Todos estamos en una edad en la que deberíamos tener una o dos novias." Murmuro distraídamente Phinks.
Luego de limpiar por dos horas, habían terminado con el penoso trabajo y alegremente habían apartado las herramientas de limpieza. Escogiendo cada uno un lugar de la habitación, poniéndose cómodos.
"¿Deseas una novia, Phinks?" se burlo Feitan.
"Hey, es una necesidad normal de los hombres, saber." Protesto, aunque no pareció ofenderse por la cruda remarcación.
"Hablando de eso…" Shalnark se metió. "¿Me pregunto si el danchou tiene novia?"
Todos los ojos lo observaron, como si le hubiera salido otra cabeza. Shalnark se removió en su lugar, rascándose detrás de su cabeza.
"Bueno…sabes que el danchou siempre desaparece luego de que terminamos las misiones, y ninguno de nosotros sabe a dónde va y que hace."
"Pensándolo, ninguno de nosotros sabe de la vida personal del danchou." Dijo Franklin con su voz normalmente tranquila.
La mayoría asintió en acuerdo. Kuroro Lucifer siempre desaparecía sin decirle a nadie sobre su rumbo o planes. Solo se marchaba y eso era todo. A ninguno realmente le había importado. Cada uno tenía sus propios métodos y formas de vida; algunos preferían la compañía, otros la soledad, y era una regla muda en el grupo de que cada uno se metiera en sus propios negocios cuando no estaban en misiones.
Se podían escuchar como pasos suaves descendían desde el piso superior. Machi bajo la escaleras lanzando miradas titubeantes por sobre su hombro.
"¿Qué pasa Machi?" pregunto Shalnark, al percatarse de mirada ligeramente aproblemada.
"Bueno, fui arriba a preguntarle algo a danchou y…" su voz se apago.
"¿Y?" Nobunaga se puso de pie, con su mano ya sobre la empuñadura de su katana. Machi lo evaluó con sus ojos calculadores; considerando si debía decirle o no al testarudo samurái.
"Parece que están en el baño."
"E-espera. Dijiste…" los ojos de Phinks se abrieron en sorpresa. "¿Los dos?"
Ella asintió.
Se apresuraron al piso superior.
Se despertó con el característico sonido del agua cuando cae de la ducha. Se estiro un poco, todavía un poco adormecida por su pequeña siesta. En un segundo, un rio de palabras apareció en su cabeza como si fuera un telegrama.
Baño. Desnuda. Quedarse dormida. Cuarto de Kuroro. Alguien más bañándose.
Quizás demasiado deprisa se sentó, perturbando el agua y generando ruido cuando el agua chipoteo. A pesar del calor, su cara se pudo pálida y sus venas se pusieron frías, como si su sangre se hubiera congelado.
"¿Despierta?" una voz dolorosamente familiar provino del otro lado de la cortina de baño que separaba la ducha de la tina.
Kurapika no respondió, pero su rostro claramente mostraba todo el horror que aparecía en su corazón.
"No creo que sea sabio de tu parte el salir en este momento." Continúo sutilmente Kuroro.
Las palabras apenas habían llegado a sus oídos cuando un claro desorden podía escucharse fuera del baño.
"¡DANCHOU! ¿TE ENCUENTRAS BIEN?" grito Nobunaga.
"Perdón por interrumpir, Danchou. Lo sacaremos de aquí." Dijo la voz de Phinks con un tinte de malicia.
"Nobu, ¡No entres! ¡No puedes hacerlo!" sonó la asustada voz de Shalnark.
"Arruinaras su momento," fue la ingeniosa respuesta de Kalluto acompañada de risitas.
Kurapika podía sentir como el calor volvía a ella, haciendo hervir su cuerpo y cerebro; de vergüenza y rabia. Kuroro tan solo suspiro de forma cansada.
"No estamos haciendo nada, así que guarden silencio." Les dijo, su voz escuchándose claramente a pesar de los gruñidos de Nobunaga.
Luego de lo que pareció ser una lucha fuera del baño, nuevamente se hizo la calma. De hecho Franklin había llegado al rescate, bloqueando los movimientos de Nobunaga mientras los otros le cerraban la boca. Machi se tomo la libertad de atarlo apretadamente con sus hilos de nen, bastante cabreada por los ruidos que hacía.
"Se están haciendo una idea errónea." Dijo Kuroro con una suave risa.
"Es tu culpa." Dijo fieramente, aunque sonó mas a lamento que a algo dicho con rabia.
"¿Quién es el que se queda dormido mientras toma un baño?" pregunto, sabiendo que sin importar que, el seria el ganador de este debate.
"¡Podrías haberme despertado!" dijo acaloradamente.
"¿Y tenerte queriendo mi cuello, mientras declaras que intente nuevamente acosarte sexualmente? No, gracias."
Kurapika había abierto su boca para protestas, pero dándose cuenta de que no tenía argumentos para utilizar en su contra, sabiamente cerró su boca. En cambio, abrazo sus piernas cerca de su pecho desnudo y se mortifico
Kuroro, a pesar de la cortina que impedía verla, sabía que ella estaba mortificándose por su derrota por lo que permitió una pequeña sonrisa en sus labios.
"Termine. Puedes quedarte con todo el baño."
Escucho el caer del agua, pasos cruzando el suelo mojado, el sonido de la puerta siendo abierta y el sonido al ser cerrada. Tímidamente, Kurapika miro desde atrás de la cortina, y al ver que la ducha estaba desocupada y que el hombre no era visible en ninguna parte, dio un salto desde la tina y apresuradamente termino su baño. Se puso sus ropas limpias, al tiempo que se percataba que todo el tiempo que Kuroro se estuvo bañando, sus ropas—incluidas su ropa interior—estaban colgando en toda su gloria desde uno de los ganchos de la puerta.
Si Kurapika hubiese estado en el agua, quizás el agua hubiese comenzado a burbujear y hervir debido al calor que emitía su cara. Eso era extremadamente vergonzoso. Solo podía significar que Kuroro Lucifer había tenido una vista completa su ripa interior.
Sus piernas se volvieron débiles y comenzó a gimotear patéticamente. No sería capaz de mirar al hombre directamente a los ojos. Luego de varios minutos intentando calmar su espíritu y la vergüenza que se metía con su cabeza, finalmente logro reunir el valor y salió del baño—solo para apartarse tímidamente cuando Kuroro se volteo a mirarla.
Soy patética. Se maldijo.
"Kurapika." Comenzó con voz seria, y ella se congelo en su lugar. No se volteo a mirarlo. "Tus pertenencias desaparecieron."
"¿Qué?"
Mientras tanto, así como era todo ruido en los cuarteles de Kuroro, era más bien solemne en el templo de Ishtar. Lucian se encontraba cómodamente sentado entre los cojines y almohadas de Ishtar y ante él se encontraba la dama de Ryuusei-gai.
"A pasado un tiempo desde la última vez que te vi, Dama. Tu belleza y juventud son realmente eternas." La adulo políticamente.
"Al igual que los tuyos. Ahora, ¿Por qué has venido hasta aquí, joven conde de Wallachia? ¿Has venido nuevamente a reunir ingredientes para tus drogas experimentales?" le pregunto con suaves y divertidas risitas.
"Ah, siempre en lo correcto. Bueno, como has visto, hay algunos ingredientes que solo puedo encontrar aquí. Habiendo dicho eso; ¿Tengo permiso para buscarlos en tu bosque?"
"Sin falta, el bosque está abierto para ti. Tu eres una de las personas en que Kuroro confía, y eso por si mismo ya es algo extraordinario. Hablando de drogas, ¿Cuántas de tus maravillosas drogas han sido patentadas?" pregunto Ishtar con curiosidad.
"No, no. No patentare ninguno de mis remedios; son para uso personal. Así que, ¿lo tomo como que puedo utilizar Basille también?"
Como si respondiendo a su nombre, dicho basilisco se deslizo y trepo por el hombro de Lucian. Con su lengua bífida lamio la mejilla de Lucian, para 'probarlo'.
Han pasado aaaaañosssss… siseo el basilisco en reconocimiento.
"Ah, Basille. ¿Tan linda como siempre, eh? ¿Puedo tomar un poco de tu esencia para mis remedios?" pregunto Lucian mientras acariciaba sus lisas escamas.
Solo le concedo los deseos a mi dama… respondió la serpiente.
"Puedes tenerla." Dijo Ishtar con un asentimiento de cabeza y una amigable sonrisa.
"Muchas gracias por tu generosidad, mi dama." Lucian inclino su cabeza respetosamente. "Oh, dejando eso de lado, Lucifer me pidió que te regresara esto."
Lucian busco en el bolsillo de su traje, finalmente sacando un pequeño huevo de este. Era el huevo que Ishtar le había dado a Kuroro por medio de Suzaku. Ishtar lo recibió y lo puso contra la luz para observarlo de cerca. Lucian no tenía idea de ese gesto, pero si capto la sonrisa que agracio el rostro pálido de la dama.
"Mi dama," la llamo ligeramente Lucian.
Lucian se enderezo e inclino, la juguetona mirada de su cara fue reemplazada por una seria. Ishtar alzo una ceja al ver el cambio de actitud. Lucian trago saliva antes de abrir la boca.
"Tengo que pedir un favor."
"¿Y es?"Pregunto con voz sedosa.
"Es sobre Kuroro y Kurapika."
Kurapika cruzo sus brazos sobre su pecho mientras golpeaba impacientemente el suelo con su pie. Les dio una molesta mirada a todas las arañas que habían sido reunidas por Kuroro.
"¿Quién. Es. El. Culpable?" dijo con voz tensa.
Algunos se miraron entre ellos desconcertados, pero algunos se comportaban de forma extraña—notoriamente Nobunaga, Kalluto, Feitan, Shalnark y Phinks. Los miro con gran sospecha. Kuroro suspiro; era uno de esos crueles días donde Kurapika y las arañas se encontraban bajo el mismo techo.
"¿Bueno?" demando.
Alguno de ellos se encogieron de hombros con indiferencia, sin importarles que Kurapika perdiera todas sus pertenencias; ropas o no. Viendo que las arañas no era cooperativas, Kurapika saco su dowsing chain y comenzó a interrogar a los más sospechosos; Nobunaga, Feitan y Phinks. Dejo afuera a Shalnark porque quizás el estaba saltón solo por los nervios; no era de la clase que hacia tal tipo de bromas. Y por Kalluto, bueno, el chico resentía a todos los amigos de Killua, ¿Pero cuál era el punto en hacer una broma como esa? Si tenía la mente como todos los Zaoldyck, escogería una broma más sádica.
Primero, Feitan—nada. Segundo, Nobunaga—nada. El samurái resoplo triunfal y con desdén. Ella lo ignoro. Finalmente, Phinks—la dowsing chain se estiro y finalmente comenzó a oscilar de forma estable. Escucho como algunos tragaron saliva. Kurapika retiro silenciosamente su dowsing chain. Kuroro levanto una ceja, curioso por ver como se iba a desatar el esperado desastre.
Kurapika alzo la vista y le lanzo dagas con la mirada a Phinks, sus ojos volviéndose escarlatas en menos de una milésima de segundo.
"Gran mentiroso." Dijo intimidantemente. "Ahora devuélveme mi ropa y quizás perdone tu patética vida."
"Feh." Se burlo Phinks. "¿Crees que puedes hacer eso?"
"Oh, sí que puedo." Kurapika canturreo dulcemente con una maliciosa sonrisa que enviaba escalofríos. Solo entonces Phinks se percato de que algo duro se cernía sobre su cuerpo, como una serpiente que atrapaba su presa.
"¿Desde cuándo?"
Kuroro miro maravillado a Kurapika. Ahora sabía porque Uvogin—el monstruoso Uvogin—había sido derrotado por esta flacuchenta niña. Ella era inteligente y astuta para su edad, peligrosamente astuta.
"Ahora…" prosigo con una cruel sonrisa en su maliciosa expresión. "¿Quizás debería usar judgment chain en ti?"
"Inténtalo." La reto Phinks mientras la miraba.
"Phinks." Lo llamo Kuroro, y dicho hombre se volteo a mirar a su Danchou. "Sé bueno. Te aseguro que ser perforado por eso está lejos de ser agradable."
La voz de Kuroro sonó demasiado seria por lo que Phinks no pudo evitar tragar saliva. Sinceramente, Kuroro solo se estaba metiendo con sus arañas después de todo los problemas que el pervertido había provocado, aunque debía admitir que ser restringido por la judgment chain no era agradable en lo más mínimo.
Kurapika invoco su judgment chain, la que flotaba a su alrededor como una cobra preparada para darle una fatal mordida. Las otras arañas observaron la situación de cerca; si sabían de las técnicas y habilidades del bastardo de la cadena, sería una pequeña amenaza en futuro si desidia volver a cazarlos de nuevo—aunque Kuroro insistía en que ella no volvería a hacer tal cosa. Era del tipo que mantenía las promesas, sin importar cuán dolorosas fueran.
"Entonces, la primera condición será—"
"¡entiendo! ¡ya entiendo! ¡Te devolveré tus cosas!" finalmente Phinks cedió.
Nobunaga se rio alegremente al ver a Phinks asustado por una niña pequeña, mientras Feitan se burlaba de él. Phinks solo gruño y se aparto para buscar las cosas de Kurapika, sin embargo regreso quizás demasiado rápido, con sus manos vacías y rostro pálido.
"¿Mis cosas?" demando Kurapika, su voz peligrosamente venenosa.
"No están." Susurro en absoluto horror.
"¿QUE?" grito Kurapika, al tiempo que su rostro se volvía pálido.
"Tonto. Esto es Ryuusei-gai. Las dejaste afuera, deberías saber que te los robarían." Dijo fríamente Machi, sus palabras perforando una y otra vez a Phinks, como el cuchillo de un carnicero que descuartiza un cerdo.
"Mala suerte, Phinks." Sonrió con alegría Feitan.
"Te atrapara." Dijo Shalnark en ligero horror.
"Preparemos tu funeral." Dijo lentamente Franklin.
"Hey ¡Todavía no estoy muerto!" protesto Phinks, aunque sonó mas a un lloriqueo que a otra cosa.
"Serás carne muerta si no las encuentras para mañana por la mañana." Le gruño fieramente Kurapika, sus cadenas moviéndose intranquilamente, como si escocieran por atravesar el corazón de Phinks.
Kuroro suspiro en su interior. Había sido muy afortunado de su parte haberse dejado caer en hospedaje el Pony Encabritado para guardar los ojos escarlatas que habían reunido antes de regresar a Ryuusei-gai. Si no hubiese sido así, los ojos escarlatas estarían perdido suevamente, y definitivamente Kurapika no hubiese dudado en matar a Phinks de la forma más dolorosa y gore que pudiera.
Entonces tomo el brazo del airado kuruta y comenzó a arrastrarla de regreso a su cuarto. "Bueno, buena suerte Phinks."
"Danchou, ¿Cómo puedes?"
"Que te aproveche." hablo fríamente una vez más Machi.
"Machi, ¿Acaso no sientes compasión?"
"Ella no tiene corazón, ok."
"Hmph."
"Mierda. ¡Kalluto! ¡Vienes conmigo, porque fue tu idea!"
"Que—Gyaa"
Y de esa forma Phinks lo arrastro en la búsqueda de las cosas perdidas de Kurapika.
Kurapika seguía lívido cuando llegaron a su cuarto. Seguía alegando sobre las increíbles payasadas de Phinks, y como Kuroro no les había enseñado a sus súbditos modales adecuados, y cosas por el estilo. Kuroro sabía que estaría mejor si tan solo la escuchaba en silencio, en vez de discutir con ella como normalmente hacia.
Incapaz de aguantar sus aprensiones y rabia, Kuroro se rindió. Se levanto de su cama y llamo a Kurapika.
"Ven aquí," asintió con su cabeza a un determinado lugar. "Te enseñare algo."
Kurapika levanto sus cejas, sorprendida de que la cabeza de la araña se ofreciera a mostrarle su 'casa'. Realmente no se encontraba de humor para mirar alrededor, pero de nuevo quizás aliviaría su ansiedad y rabia. Por lo cual, lo siguió mientras abría una determinada puerta y hacia una seña para que entrara. Cuando dio un paso en la oscura habitación, con aire viciado, aunque no tan polvorienta como las otras habitaciones. Kuroro apretó el interruptor de la luz, y la habitación fue bombardeada por una cegadora luz.
En los próximos segundos, Kurapika se encontró literalmente boquiabierta ante la escena que se presentaba frente a ella. En la habitación, de pie contra las gastadas paredes del edificio, había estantes que llegaban hasta el techo, todos repletos de libros de diversos colores y tamaños, sin mencionar los nombres, lenguajes y fechas.
"Mi biblioteca personal." Anuncio orgullosamente Kuroro.
Kurapika se acerco a los estantes y comenzó a escanear los títulos de los libros. Los rastreo tímidamente con sus dedos, como si tuviera miedo que al contacto con sus manos estos se transformaran en polvo.
"Oh. ¡Dios. Mío! ¡Estos son algunos de los libros que eh estado buscando! ¿Cómo lograste conseguir estas copias? ¡Creía que habían desaparecido de la faz de la tierra!"
Kuroro sonrió.
"Bueno, si estas interesado en ellos, puedes tomar algunos. Total, ya los eh leído casi todos."
"¿Esta insana cantidad de libros? Realmente tienes mucho tiempo libre, ¿no?"
"Quizás." Murmuro lentamente. "Pero te envidio."
Los ojos de Kurapika se abrieron tan grandes como platos. "¿Por qué?"
"A ti y a tus amigos realmente les gusta preguntar porque, ¿cierto? Adivina."
Kurapika lo miro con sospecha. Kuroro respondió con una delgada sonrisa.
"Inténtalo. No te va a lastimar."
¿Qué? ¿Qué era tan único en ella que el envidiaría? ¿Cuál era la gran diferencia entre ellos que le provocaba envidia? ¿Consciencia moral? Difícilmente, de pronto, como si hubiera recibido inspiración divina de buda, lo supo.
"…porque tengo metas claras en mi vida."
Últimamente, había llegado a comprender que la vida de Kuroro; devota como era al Genei Ryodan, había sido como una pluma a la deriva en el universo. No tenía ningún propósito, ninguna meta, ningún destino claro, ni siquiera donde quería ir. Quizás fuera la razón del porque su corazón parecía tan vacio y muerto según Senritsu—no tenia vida. Kuroro había pensado en ello. Se pregunto si lo que hacía era su pasión o un deber...un deber que había reclamado años atrás, cuando tan solo quería despreciar a Ishtar.
Kuroro permaneció en silencio por un momento, antes de sonreír en una de sus raras sonrisas. "Estoy impresionado."
Su sonrisa era casi demasiado cariñosa para ella, y casi le dio un ataque cardiaco.
"¿Creerías entonces, que esta librería es mi tesoro?" pregunto suavemente, manteniendo su mirada en ella.
"sí." Su respuesta la pronuncio en un latido. Venia de sus instintos e intuición, y había escapado primero de su boca antes de llegar a su cabeza para ser procesada.
"¿Creerías también que eres la única persona que eh permito entrar a aquí?" era lo que quería haberle preguntado, pero decidió guardárselo para sí.
Algunas veces, algunas cosas era mejor dejarlas ocultas.
"Un Ifrit."
Kurapika y Kuroro miraron estúpidamente a Ishtar, como si estuviera hablando en lengua alienígena. Al día siguiente, tan pronto como había amanecido, se habían dirigido al templo de Ishtar antes de que las arañas pudieran alterar el humor de Kurapika de nuevo. Y en cuanto a las cosas de Kurapika, bueno, Phink prácticamente estaba escaneando la ciudad. Milagrosamente, Kuroro había logrado convencer a Kurapika para que le 'diera más tiempo'.
"¿Perdón?" pregunto Kurapika.
"Deben encontrar a un Ifrit para disolver la maldición de Hassamunnin." Viendo la expresión de Kurapika, una que decía que no comprendía nada, Ishtar suspiro y dijo, "Scheherazade les explicara."
"¿Quién?"
Ishtar alzo una ceja; ella no sabía lo que había pasado anoche, pero los dos jóvenes frente a ella parecían estar ofuscados de alguna forma. Como fuera, era más sano no engañarse y asumir ciertas cosas.
"Scheherazade." Repitió, y al mismo tiempo una figura apareció en la recamara.
Era una mujer de una belleza y perfección divina. Su grueso y rizado cabello rebotaba con gracia mientras caminaba a través de la habitación. Ella estaba vestida con un traje de danza aravico del medio este—el que consistía de un 'bikini' y transparentes y largos pantalones que mostraban la silueta de sus hermosas piernas—con tintineantes ornamentos por todo su cuerpo. Un velo traslucido se encontraba enrollado en la corona de su cabeza, mientras su piel dorada brillaba seductoramente bajo la iluminación de la habitación. De un salto se sentó junto a Ishtar, sus ornamentos tintineando alegremente.
"Hola allí." Los saludo dulcemente, su vos suave y ligera.
Kurapika solo pudo observarla maravillada, mientras Kuroro la miro desinteresado. Otra extraño conocido de ella, se había dicho asimismo.
"Vayamos al grano." Dijo la mujer con una voz cantarina. "Cuando un genio lanza un hechizo, el hechizo se mantiene fiel a las condiciones que el genio proclamo. Solo un genio con gran poder y rango puede ser capa de disolver ese hechizo. Si uno desea disolver el hechizo, entonces uno debe buscar un genio más poderoso que esté dispuesto a darle una mano."
"Lo que no es fácil." Dedujo Kuroro.
"Mmhmm…" le dio una pequeña sonrisa, y levanto cinco largos y delicados dedos. "Ahora, hay cinco clases de genio según su poder, de menos a mayor: Jann, Djinn, Shaitan, Ifrit y Marida. Hassamunnin; a pesar de ser estúpido, sucio y sin sentido, era uno de los más poderosos Shaitan. De hecho está clasificado para ser un Ifrit, pero desafortunadamente le gusta demasiado ser malicioso como para enfocarse en ascender a rango Ifrit."
Kuroro y Kurapika la escucharon con atención, y Scheherazade prosiguió con su explicación.
"Así que, hemos buscado un Ifrit ligeramente más fuerte que Hassamunnin y lo encontramos. Su nombre es deifri y es un Ifrit salvaje, exiliado de nuestra comunidad por su desobediencia y rudeza. Su misión es negociar con este Ifrit para que les disuelva el lazo, pero no será una tarea fácil, considerando que los genios son muy estrictos con sus hechizos es bastante probable que no les conceda lo que le piden. Lo más seguro es que peleara."
"Si es así, entonces porque nos estas asignando a un 'salvaje, desobediente y rudo', o en palabras más sencillas ¿un Ifrit malo?" pregunto cuidadosamente Kurapika.
"Porque si pelean y matan a un genio que pertenece a la comunidad, estarían haciéndose enemigos de toda la comunidad. Por lo que es mejor lidiar con un genio solitario. Toma tiempo encontrar a deifri porque la mayoría de los 'malos' ifrit son mucho más fuertes que Hassamunnin, y no tendrán oportunidad contra ellos."
Kuroro bufo ligeramente ya que se sentía despreciado por el razonamiento de Scheherazade. Se sentía ligeramente ofendido pero sabía que los poderes de los genios eran asunto serio. Por lo que mantuvo su boca cerrada. Scheherazade noto esto y le lanzo una divertida sonrisa.
"Bueno, habiendo dicho eso," dijo Ishtar mientras tomaba el control de la conversación de nuevo, "es tiempo de hacer la prueba."
"¿Prueba?" Kuroro contrajo sus ojos, lanzándole a Ishtar una sospechosa mirada.
"Sí, una prueba para ver cuán compatibles son en batallas de vida y muerte."
Una sonrisa que casi le parecía maligna a Kurapika hizo aparición en el hermoso rostro de Ishtar, mientras quitaba la liga que sostenía el rizado cabello oscuro. Mientras el cabello caía y desplegaba sus curvas, la textura del pelo cambio drásticamente. Los ojos de Kurapika se dilataron drásticamente mientras apreciaba la transformación.
Desde hace tiempo, la agraciada dama de Ryuusei-gai que se encontraba frente ella había sido reemplazada por una criatura femenina con cabellos de serpientes. Esas serpientes siseaban salvaje y venenosamente, mordisqueando en todas direcciones como si quisieran morder algo hasta muerte. Sus ojos negros fueron reemplazados por ojos sangrantes que los observaban hambrientamente, mientras le mostraba sus caninos.
Demasiado atónita con el cambio drástico, Kurapika no noto que un tipo de lanza caía desde el techo, lista para empalarla. Kuroro la sujeto por la cintura—algo que se estaba volviendo un habito—acarreándola desde su lugar y apartándose de un salto. Una gigantesca y masiva lanza penetro profundamente el suelo mientras se ensartaba, abriendo la roca como si fuera un pan.
"¿Qué de—" parpadeo Kurapika mientras colgaba del brazo de Kuroro (esto también se estaba haciendo un habito).
Kuroro alzo la vista para mirar a Ishtar, pero quedo desconcertado al clavar sus ojos en ella.
Ya no era la Ishtar que conocía. Su tamaño se había multiplicado de tal forma que ahora literalmente se imponía sobre ellos como un gigante. La parte inferior de su cuerpo también se había transformado en la de una serpiente; gruesa, resbalosa y escamosa. La parte superior del cuerpo seguía siendo humano, con su piel todavía de un tono blanco lechoso, pero todo su ser irradiaba un aura completamente diferente—un aura monstruosa. Ishtar se encontraba en toda su gloriosa forma de medusa.
¡Lucharan conmigo hasta la muerte antes de que puedan comenzar la búsqueda de este Ifrit! Su voz retumbo en la espaciosa cámara. Kurapika casi había esperado una voz seseante como de serpiente, pero su voz más bien era sedosa.
Sin esperar explicación alguna, la medusa arranco la lanza del suelo con facilidad, y se deslizo rápida y furiosamente fuera dela cámara, hacia el salvaje bosque detrás del templo. Los dos muchachos tan solo pudieron observar boquiabiertos la puerta por la que Ishtar había desaparecido. Scheherazade los observo con una expresión incomprensible, antes de aplaudir para llamar su atención.
"Cuando estén listo para enfrentarla, búsquenme aquí y yo los llevare a ella." Dijo Scheherazade con voz tranquila.
"Realmente tenemos que—" había comenzado Kurapika, pero la mujer levanto una mano para detenerla.
"Demuestren que son capaces de regresar con vida de la muy probable pelea con el ifrit, derrotándola," dijo Scheherazade, su expresión seria. "De otra manera, ni ella ni yo le diremos la manera de encontrar el ifrit, , y pueden pasar toda su vida juntos, si es que no les molesta."
Kurapika dio un divertido sonido al tragar saliva, mientras Kuroro frunció el ceño. Scheherazade les dio una gran sonrisa, como dándoles coraje.
"Así que, la mejor de las suertes."
Ambos estaban en silencio cuando llegaron al cuartel de Kuroro. Ambos ignorando las molestas preguntas de las arañas, las más notables siendo las de Phinks (Quien se removía cada vez que la veía) y Nobunaga, formando una línea ante el cuarto de Kuroro.
"Kuroro," pregunto Kurapika con una pequeña voz tan pronto como se encontraron en el interior del dormitorio.
"¿Hm?" su voz llana, sin dejar ver nada de la pesadez de su corazón.
"¿Realmente la vas a matar?"
"…" Kuroro se detuvo y cerró los ojos. Le gustaría evitar tener que matar a Ishtar, por supuesto, pero sabia mejor que nadie que la mujer lo arrinconaría de tal manera que tendría que verse obligado a matarla para sobrevivir. Simplemente lo sabía.
Kurapika podía sentir su respuesta, por lo cual no siguió presionándolo con sus preguntas. Lanzo una vacilante mirada hacia la puerta que llevaba a su biblioteca personal.
"Deberíamos—"
"No." Le respondió Kuroro incluso antes de que la niña pudiera terminar su pregunta. Su tono era más bien duro y cortante, sorprendiendo levemente a Kurapika. "No, no hay necesidad e investigar." Dijo nuevamente con un tono más gentil.
Kurapika permaneció en silencio mientras esperaba la explicación.
"Solo hay una forma de matar a una medusa."
"¿Esa es?" siendo sinceros, Kurapika no quería saber, pero sentía que estaba obligada a preguntar.
Kuroro volteo para darle una vacía y muerta mirada.
"Decapitándola."
"¿es realmente necesario?"
Lucian se sentó en lo alto de un árbol mientras mantenía sus ojos apartados de la medusa. Basille se enrollo sueltamente alrededor del, como un cuello gigante. Ishtar tenía su espalda hacia el vampiro, por seguridad. No quería matar accidentalmente al amigo de Kuroro con su letal mirada. Sus serpientes se movían y deslizaban en su pelo flojamente, sus siseos mezclándose con la briza.
Sí, fue su única respuesta.
"Realmente no deberías presionarlo tan fuerte, sabes." Dijo nuevamente mientras acariciaba el cuerpo de Basille.
No puedo arriesgarme, razono. Si no pueden vencerme en su estado actual, solo estarán entregando sus almas a la muerte al enfrentarse a Deifri.
"Oh, por favooor." Hizo rodar sus ojos. "Deifri es un jodido ifri. ¡TU eres una diosa caída! Eres mucho mas poderosa que el genio. ¿Qué tal si mueren peleando contra ti?"
¿Realmente crees que los matare? Dijo bruscamente Ishtar.
"Pero dijiste—"
Hasta que logren matarme, solo entonces les permitiré ir a buscar a Deifri.
"Oh, ya veo…" Lucian inclino su espalda contra el frio tronco del árbol. "Pero eso es demasiado cruel. Nunca te lo perdonara."
¿Importa? El ya me odia, esto no hace ninguna diferencia, dijo Ishtar con tristeza.
"Lo hace. Ishtar, lamentaras esto." Dijo silenciosamente mientras contraía sus ojos grises. Lucian sabía que Kuroro había perdonado a Ishtar, después de una breve (forzosa) charla que habían tenido.
Ishtar solo sonrió para ella. Y en cuanto a lo que me pediste, lo están haciendo bien. El camino ya ha sido escrito, todo ha sido aclarado.
"¿Lo están? Eso es algo bueno de oír." Una cálida sonrisa agracio el pálido rostro de Lucian.
Me sorprende que estés tan preocupado por su bienestar. ¿Por qué, joven conde de Wallachia?
La sonrisa de Lucian se ensancho a la vez que cogía una hoja y la daba vuelta con sus dedos.
"Simplemente juntos me gustan."
Los arboles caían con un fuerte sonido. El suelo retumbaba violentamente mientras una gigante entidad luchaba contra dos mortales. Era una larga y ardua lucha—sin mencionar que poseía un fatal destino.
Con el más ligero movimiento de su cintura, Ishtar barría un área completa con su masivo cuerpo de serpiente. Dos figuras aterrizaron sobre el limpio terreno, ambos respirando con fuerza y sudando. Kurapika tenía una de sus mejillas inflamada por un golpe que acababa de recibir, mientras Kuroro—a pesar de estar en una condición mucho mejor—tenía su manga izquierda hecha un harapo. Ambos estaban cubiertos de cortaduras y moretones superficiales, ya que después de todo se encontraban luchando en el bosque.
¿Qué ocurre? ¿Es esto todo lo que pueden hacer? Retumbo mágicamente la voz de Ishtar mientras los observaba desde arriba.
"Tsch, esto no está funcionando." Dijo Kurapika mientras escupía la sangre de su boca y limpiaba los rastros de sangre de sus labios.
"Te dije que solo hay una forma de matar a una medusa." Dijo sombríamente Kuroro mientras flectaba su muñeca.
"¿Lo dices de verdad?" Kurapika hizo una mueca al pensar en decapitar a Ishtar, a pesar de que fuera un monstruo en ese momento.
"¿Tenemos otras opciones?"
"…no."
Ishtar les lanzo su lanza, y ambos saltaron para evitar ser golpeados por la enorme lanza. El lazo entre ellos se había expandido tanto que últimamente ni siquiera se habían molestado en evaluar cuanto. Hasta el momento, no tenían restricciones en sus movimientos. Estaban cómodos con la distancia que mantenían mientras luchaba contra la medusa. Las cosas se veían bien para ellos.
O al menos eso pensaban.
Con un golpe de su cabeza, Ishtar se volteo a mirarlos con sus ojos letales. Justo en ese instante, Kurapika enrollo su cadena alrededor de una rama de árbol pudiendo sacar a ella y a Kuroro—tomandolo de un brazo—de la línea mortal de su mirada. Habían otros rastros de arboles, tierra y otras cosas que se habían vuelto de piedra por la mirada de medusa. Pero al ser transportados en el aire eran incapaces de cambiar de dirección, por lo que cuando Ishtar movió sus manos hacia ellos, no pudieron hacer otra cosa que recibir el golpe por completo.
Se estrellaron contra los arboles. Las hojas caídas junto a las ramas caían como nieve. Un ataque de tos podía oírse tras la cortina de polvo donde ambos habían caído luego del impacto. Por una, Kurapika era quien se yacía sobre Kuroro.
Rápidamente se puso de pie para bajarse de Kuroro, pero se remeció al sentir un agudo dolor golpear sus costillas—sabia que se había roto unas cuantas costillas. Kuroro dejo escapar un suave gruñido mientras se sentaba. Su brazo estaba torcido en un extraño ángulo, haciéndolo ver como si no tuviera huesos. Tímidamente se toco el brazo e hizo una mueca.
"Huesos dislocado y rotos." Anunció, como si no estuviera examinando su propio brazo.
Sin desperdiciar un respiro un segundo, Kurapika invoco su holy chain y comenzó a sanar el brazo de Kuroro. Un gesto netamente instintivo. Mientras se ocupaba de su brazo, Kuroro noto la lanza que venía en su dirección. Rápidamente cogió la cabeza de Kurapika y la empujo hacia el suelo, esquivando la lanza—si no hubiera hecho eso, hubiesen sido ellos los decapitados.
"Vamos." Siseo mientras la cogía en su brazo bueno y saltaba alejándose de la furiosa medusa. Kurapika se enfoco en sanar el brazo de Kuroro a pesar de sus adoloridas costillas.
"Sana tus costillas." Kuroro dijo seriamente tan pronto como su brazo estuvo sano.
Kurapika levanto una ceja. ¿Cómo podía saber que se había fracturado unas cuantas costillas? Aparentemente, cuando presiono su cuerpo contra el suyo mientras la cargaba, pudo sentir la extraña forma que poseían sus costillas. Obedientemente, Kurapika hizo lo que se le dijo.
¡Vamos! ¡Kuroro, Kurapika! ¿Qué están esperando? Grito Ishtar mientras cargaba hacia ellos.
Kuroro hizo una mueca mientras veía como dirigía sus garras hacia su dirección. Cerro sus ojos en un segundo mientras se deicida.
"Kurapika, cuento contigo."
Dicha chica miro al impasible hombre con puro horror en sus ojos escarlatas. Habían discutido sobre esto, y habían creado un plan, pero era su último recurso. Kurapika le frunció el ceño, pero al sentir su determinación, solo pudo tragar y seguir el plan.
Las garras de Ishtar nunca los tocaron, solo el suelo terrestre. Cuando alzo la vista en su búsqueda, Kurapika se encontraba muy por encima de ella, con Kuroro en el perímetro de su lazo. Invocando toda la fuerza que poseía, Kurapika mantuvo sus dos manos frente a ella abriendo sus dedos. Con mucha concentración, mas nen y sus ojos escarlatas más brillantes que nunca—kuroro pensaba que eran dos soles en miniatura—produjo diez cadenas idénticas. Hubiese sido mejor si Kuroro hubiese estado ahí para prestarle nen, pero este era un trabajo que tenía que hacer sola.
Con un movimiento de sus muñecas, dirigió a las cadenas para que se enrollaran alrededor de las extremidades de Ishtar, su cuello y cintura como si fueran hambrientas cadenas; para inmovilizarla mientras ataba el otro extremo de las cadenas a los arboles y el suelo. Sabía que era un truco que solo duraría unos meros segundos, pensando únicamente en la fuerza de Ishtar. Era una apuesta arriesgada; era una técnica que habían creado anoche y si fallaba, su nen se quebraría y eso sería su fin.
Sin desperdiciar un solo segundo, Kuroro hizo su parte del plan; el trabajo sucio—decapitarla.
No era una linda vista; más bien muy lejana a eso. También le daba una nauseabunda sensación. Había visto muchas cabezas rodar por el suelo, el interior de estas, lo gore, cada cosa grotesca que existía sobre la faz de la tierra. Ni siquiera había parpadeado cuando destruyo a un hombre hasta convertirlo, literalmente, en pedazos de carne. Pero no, esta vez era diferente—su estomago se retorció cuando observo el cuerpo de su madre adoptiva.
No, no tenía el corazón para decapitarla. Había cortado lo suficiente profundo para cortar sus venas yugular. Había sido cruel, ya que solo significaba que moriría lenta y dolorosamente.
Pero esa era la única razón por la cual aun podía sostenerla intacta en sus brazos. Ya no podía mover su cabeza, solo podía mover sus ojos. Cuando Kuroro corto su cuello hasta que lloviera sangre, había regresado de forma inmediata a su forma humana, y su cuerpo aterrizo al borde del lago de Morgan le Fay. Kurapika, solemnemente permaneció atrás de Kuroro, dándole privacidad a sus últimos momentos juntos.
"¿Por qué no me dijiste…" susurro Kuroro, "que renunciaste a tu inmortalidad para salvarme?"
Aun sin que él tuviera que especificar el lugar y tiempo, Ishtar sabía a que se refería—el día que le dio su sangre para salvarlo. Ishtar le sonrió casi con tristeza mientras observaba el rostro del hombre. Sus ojos entonces parecieron viajar a un tiempo lejano.
"Ya estoy cansada de vivir. A sido una vida demasiado larga. Ya no me importa," dijo ella, su voz un suave susurro.
"¿Qué hay de Anansi?"
"Sospecho que el ya sabe de esto. Ese hombre es un chismoso, no hay historia en el planeta que se escape de él," dijo Ishtar son lentas y dolorosas carcajadas.
"¿Por qué no me explicaste lo que me hiciste?" preguntó nuevamente Kuroro, su voz aun baja y susurrante.
Ishtar miro en las profundidades de sus oscuros ojos. Ambos tenían ojos oscuros. Ambos tenían cabellos oscuros. Ambos eran pálidos. Ambos eran bonitos; uno extremadamente atractivo y la otra hipnotizantemente bella. No había duda de que algunas personas realmente creyeran que eran madre e hijo.
"Kuroro…" comenzó Ishtar, su voz suave. "Todo lo hice por mi propia seguridad, por mi propia voluntad. El tiempo que pase criándote, palidece en comparación a las centurias en que eh existido, pero son mías por siempre."
Respiro pesadamente, aunque sonó mas como un jadeo de aire seco.
"Eres mi hijo, y siempre lo serás. No espero ni gracias ni gratitud del niño que crie."
Levanto una frágil mano y acaricio la mejilla de Kuroro. Sonrió, alarmándolos ligeramente, tomándolo como la señal de despedida.
"Después de todo, es la naturaleza del amor de madre ¿no?" miro a Kurapika por la ranura de sus ojos, siendo que ya no era capaz de mover su cabeza. "Ven aquí, Kurapika."
En un segundo, Kurapika se encontraba ya arrodillándose junto a ella, con ambas rodillas tocando el ensangrentado suelo. Se veía enfermamente pálida y agotada por la batalla. Ishtar movió su otra mano y Kurapika se apresuro a sostener aquella débil mano—era tan frágil al contacto.
"¿Cuídalo?" le pidió con una débil sonrisa.
El corazón de Kurapika dio dos saltos y mordió fuertemente su labio inferior. Sus ojos taladraban los oscuros ojos de Ishtar, por lo que podía ver la sinceridad y el ruego en ellos. ¿Cómo podía cumplir un pedido tan imposible? ¡Era su enemigo jurado! ¿Pero cómo podía negarle su último deseo? No supo si sus ojos traicionaron sus sentimientos, pero asintió solemnemente su cabeza. Era lo menos que podía hacer para honorarla.
Para demostrar su satisfacción y alegría ante la respuesta de Kurapika, Ishtar cerró sus ojos. Entonces, como respondiendo a su señal, todo su cuerpo pareció adelgazar y se volvió traslucido. Todo su ser se volvió borroso, Kuroro sentía que el peso en sus brazos desaparecía. Abrió sus ojos nuevamente y miro la cara de su querido niño.
Kuroro… la voz de Ishtar era tan delgada como el aire. Quiero oírlo… solo una vez…
Fue su último ruego a Kuroro; el deseo de su vida, ser llamada 'mamá' por su único hijo. Kuroro abrió su boca, pero las palabra pareció atorarse en su garganta.
Kuroro…
Y antes de que Kuroro pudiera cumplir su último deseo, Ishtar de Ryuusei-gai se desintegro en arena.
Primero había sido su mano tocando la mejilla de Kuroro. Entonces, el hechizo desintegrador se extendió por todo su cuerpo como veneno. Aun cuando la suplicante mirada seguía en su hermoso rostro, y desafortunadamente esa mirada perseguiría a Kuroro recordándole su error. Cuando se hubo ido por completo, Kuroro apretó sus manos en puños.
Kurapika ahogo un sollozo cuando vi esto. Para ella, esta clase de muerte era demasiado dolorosa—sin dejar rastro. Su mirada cayó sobre Kuroro.
A los ojos de Kurapika, Kuroro parecía que quería aferrarse a lo que quedaba de Ishtar. Los pocos granos de arena que sostenía en sus manos, los contuvo apretadamente, pero aun así resbalaron entre sus dedos. Al final, ningún rastro de ella quedo atrás. Fueron soplados por el viento y tragados por las profundidades de lago.
La espalda de Kuroro se encontraba encorvada y su cara miraba hacia abajo. Su desordenado flequillo cubría su rostro, y una sombra oscurecía la expresión que tenía en ese momento. Kurapika quería mirar su rostro, pero sentía que era algo inapropiado. En cambio, solo se congelo allí, sentada frente a él como una estatua. El silencio domino su mundo hasta que el suave susurro de Kuroro lo rompió.
"No la llame mamá…"
Pareció que estuvieron una eternidad en esa posición. Finalmente, cuando Kuroro hizo un ligero movimiento, se inclino hacia adelante y suavemente puso su frente sobre el hombro de Kurapika. La niña ni siquiera se estremeció. Solo se sentó quiera, segura y calmada. Le permitiría ser un niño mimado. Después de todo, ¿Qué podía hacer cuando sentía la cálida humedad que caía gota a gota por su brazo, mientras Kuroro se inclinaba en ella? Le permitiría tener su momento de debilidad—esto no era algo que pasaba seguido.
Después de todo, habían compartido los momentos de debilidad.
"Déjame permanecer así…" Sonó su temblorosa voz, "por un tiempo…"
Es mi enemigo. Es mi némesis. Debería matarlo mientras pueda, mientras tengo la oportunidad. Pensó Kurapika para si. Así que ¿Por qué…
Una caliente y húmeda lágrima se derramo por su mejilla.
…estoy llorando?
Levanto sus brazos y puso sus manos en su espalda, abrazándolo en consuelo.
¿Por qué… estoy haciendo esto?
Kurapika enrolló sus manos y agarro un puñado de su polera. Hipando cuando intento ahogar el inminente sollozo. Algo se contrajo en su pecho, sofocándola. Podía sentir su nen, el que se encontraba en su interior removiéndose inquieto, afectándola. Kuroro respondió hundiendo su cara en la curva de su cuello, sin vacilación alguna, permitiéndole sentir sus lágrimas en su piel. Entonces se aferro de igual forma a Kurapika, como si de ella dependiera su vida.
Truenos resonaron en la lejanía, y negras nubes comenzaron a flotar sobre ellos, las que al mismo tiempo ponían una dolorosa sombra sobre las dos figuras que se consolaban mutuamente. Rápidamente, el cielo dejo escapar sus lágrimas para llorar la pérdida de su diosa caída. La lluvia era abundante y fría, sin embargo no perturbo a los dos mortales. El agua del lago chaparreaba gentilmente y entre el sonido de la llovizna que caía sobre la tranquila superficie del lago había un débil susurro:
Seré su escudo Aegis…
La tipeja que traduce… ok… ah pasado un montón de tiempo u.u perdón… no mucho que decir… u.u. excepto… perdón T.T es que me han pasado muchas cosas y se me había olvidado que tenía una responsabilidad acá T,T eso… nos leemos…si es que alguien me sigue leyendo XD T.T mal chiste-
