Prim le curó con cuidado el corte de la muñeca y el moratón del brazo. Hacía su trabajo meticulosamente, como si llevara toda la vida haciéndolo.

Realmente lleva toda la vida haciéndolo, pensó Katniss. Desde que ella se presentase voluntaria en los Juegos del Hambre, su hermana y su madre habían salido adelante ofreciendo curas a sus vecinos y ahora, en aquel nauseabundo lugar, lo hacían de forma oficial con el uniforme de enfermeras.

A ella no le hacía mucha gracia que a su hermanita pequeña se la tratara ya como adulta pero aún no había tenido el valor de decírselo, aunque lo cierto es que parecía como si Prim hubiese envejecido veinte años en dos.

Prim, por su parte, observaba a su hermana sin la menor sorpresa, desinfectaba los cortes sin inmutarse si quiera, no tenía ni idea de cómo ni por qué había desaparecido Peeta pero sabía, desde el momento en que se enteró, cual iba a ser la reacción de su hermana. Y no se había equivocado.

Dos golpes secos sonaron en la puerta justo antes de abrirse y que Gale la cubriera por completo. Prim le sonrió brevemente pero Katniss no levantó la mirada del suelo.

-Apuesto a que estás contento.

Gale mantuvo la compostura pero apretó los puños con fuerza, se movió hacia un lado y un vacilante Haymitch con el ojo morado y un corte en la mandíbula ocupó su lugar.

No duró ni un minuto antes de que Katniss lo inmovilizara contra la pared respirando con fuerza por la boca.

-¿Cómo pasó? –la voz de Prim sonó como un grito en medio de tanta tensión. Estaba buscando una forma de calmarla.

La conocía bien, sabía que repasando los pasos del joven antes de su desaparición la ayudarían a pensar, a calmarse para trazar un plan.

Haymitch continuó mirando a Katniss sin moverse mientras ésta lo soltaba lentamente, asintiendo. No estaba segura de que quisiera que su hermana escuchara toda la historia, pero ella misma necesitaba aferrarse a esas palabras, necesitaba encontrar a Peeta en esa historia y conseguir la paz que necesitaba para trazar un plan de búsqueda.

Se llevó una mano a los labios y caminó hacia atrás en busca de la cama para sentarse.

-Cuando Coin observó que Peeta ya no era un peligro, que simplemente no soportaba a tu hermana pero que era indiferente a todo lo demás, decidió que podía serle beneficioso –comenzó Haymitch sin preámbulos -. Se lo comentó a Plutarg y ambos estuvieron de acuerdo en que Peeta haciendo propos sería una buena provocación a Snow.

Respiró hondo y observó a Katniss, que agarraba con fuerza el borde de la cama.

-El día que tu hermana se enfrentó a los rebeldes, Peeta estaba en el puesto de mando –Katniss respiró en alto, llegaba la parte que más la cabreaba-. Nos pidió estar presente en la zona de mando mientras se realizaba la operación y ninguno creyó que aquello fuera a suponer un problema. Una hora después de comenzar con la operación nos avisaron de que Katniss estaba dando uno de sus discursos…

Katniss se levantó y comenzó a dar vueltas por la habitación. Gale salió de la habitación y cerró tras de sí. Haymitch dudó antes de continuar pero lo hizo.

-La pusimos en directo, íbamos a pincharla en el capitolio. Peeta había estado espléndido toda la tarde, incluso había dado ideas e información extra que recordaba…Pero cuando tu hermana apareció en pantalla…lo perdimos…lo perdimos por completo. Se quedó como en trance y cuando le dispararon se volvió loco, salió de la sala de mando llevándose por delante a varios guardias.

-No debiste dejarlo Haymitch, sabes que necesita tiempo, que aún no es él…

-Esto es una guerra, no hay tiempo Katniss... –guardó silencio durante un rato y terminó- Aquella noche conseguimos pararle, pero para cuando Katniss regresó, él había encontrado la forma de marcharse, lleva desaparecido unas 24h, nos lleva un día de ventaja.

Katniss se dirigió a la puerta pero su hermana la frenó agarrándola por el brazo. Ella miró la mano de su hermana y suspiró, levantó la mirada y la dirigió hacia Haymitch:

-Salgo en dos horas, te veo en el puente si quieres acompañarme.