TRADUCCION: Esta historia no me pertenece, yo nunca la eh escrito ni mucho menos eh aportado con alguna idea o sugerencia, todo este trabajo pertenece a la autora Runandra, quien es la mente maestra tras esta idea, la historia original pueden encontrarla en el siguiente link:
www(punto)fanfiction(punto)net/s/5650325/1/1001_Nights
Aclaración: Hunter x Hunter no me pertenece.
La historia hasta ahora: Era inevitable; Ishtar debía morir a manos de Kuroro. Con su muerte, tenían permiso para buscar el Ifrit. ¿Cómo terminaría? ¿Realmente recuperarían su libertad?
Capitulo 24
INTERSECCION
Se encontraban lado a lado en cordial silencio, ambos observaban la pequeña tumba que acababan de hacer para mostrar sus respetos a Ishtar. Era una tumba sencilla, ubicada cerca del lago de Morgan le Fay, donde sus restos se habían hundido, y en una pequeña piedra estaba escrito el nombre de Ishtar.
Luego de la tormenta, ambos permanecieron en el templo, sin molestarse en cambiar sus ropas mojadas, en cambio se encerraron en el cuarto de Ishtar que olía a sándalo. Era el mudo deseo de Kuroro y Kurapika consintió aquello. Lo había tolerado, incluso cuando puso su cabeza en su hombro una vez más mientras comenzaba a quedarse dormido, a la vez que ambos se encontraban sentados en un oscuro rincón de la habitación con sus espaldas contra la pared.
"¿Quieres que te diga donde enterré a Uvogin?" pregunto repentinamente Kurapika, con voz pequeña mientras sus ojos se viajaban en la pequeña piedra cerca del lago.
"¿Lo enterraste?"
Asintió.
"Gracias."
Le dio una fina sonrisa y su rostro nuevamente no revelo nada de la inmensa perdida que sentía. Sin embargo, Kurapika había logrado controlar el arte de ver a través de la infinita oscuridad de sus ojos; ahora era capaz de leer lo que pasaba detrás de ese rostro impávido. Aunque eso daba una perturbante implicación por parte de Kurapika, ella no lucho contra aquello como era habitual. Estaba cansada de luchar inútilmente contra lo inevitable.
Mudamente, Kuroro dio media vuelta y comenzó a alejarse. Kurapika lo siguió en silencio, solo se detuvo a dar una última mirada a la humilde tumba de Ishtar. Ishtar era la 'madre' de su enemigo, aun así fue capaz de sentir una tremenda perdida en su corazón cuando murió—como si Ishtar también fuera su madre. Se estremeció al pensar aquello. ¿Se debía a que ella también tenía sangre de Ishtar?; la que había recibido a través de Kuroro.
Kurapika miro la espalda de Kuroro. ¿Sentiría lo mismo cuando él muriera? Después de todo, compartían la misma sangre, sin mencionar que tenía una porción de su nen en ella.
Cerró sus ojos, intentando imaginar el día en que Kuroro muriera—y el resultado era terrorífico. Su corazón por un segundo dejo de latir, mientras una solitaria imagen de ella en la oscuridad apareció en su cabeza. Con prisa y temor, Kurapika abrió de golpe sus ojos, para nuevamente mirar la espalda de Kuroro. La sensación había sido enervante. La sensación de estar sola, sin él…
Era terrorífico… admitió. Entonces una verdad mucha más terrorífica la golpeo con fuerza, como si le echarán sal a una herida abierta. ¿Jamás seré capaz de matarlo, no? Pensó amargamente, lo que era cierto en todo los sentidos; habilidad, poder y emoción. La conexión que los unía era demasiado profunda, por culpa del maldito lazo, aunque prontamente lo iban a cortar. Intento sonreír con satisfacción al pensar aquello, aunque no lo logro.
Repentinamente Kuroro aminoro la marcha al observar a Scheherazade esperándolos en las puertas del templo, inconsciente de la lucha mental que llevaba a cabo Kurapika a unos cuantos pasos de él. Kuroro contrajo sus ojos y continúo caminando hacia la puerta.
En cuanto Kuroro estuvo lo suficiente cerca, la mujer se enderezo y bloqueo el camino hacia la puerta. Le sonrió, levanto un brazo y apunto su puño cerrado hacia Kuroro.
"Toma, para ti." Dijo la mujer con voz ronca, mientras abría su puño, dejando ver un pequeño huevo en su palma. "Su recompensa, de parte de Ishtar."
Kurapika se sobresalto al oír el nombre, pero Kuroro tan solo cogió con delicadeza el huevo. Lo examino brevemente, antes de alzar la vista y observar a la mujer con ojos acusadores.
"Este es el huevo que le regresamos," siseo.
"E Ishtar se los está regresando." Scheherazade le dijo fríamente.
Tan pronto como Kuroro abría su boca para protestar, el huevo se triso ligeramente. Kuroro y Kurapika lo observaron maravillados. Antes, sin importar cuán duro o fuerte fuera tratado el huevo, no le ocurría nada. Cuando finalmente termino de romperse revelo lo que tenía en su interior—un anillo.
Tímidamente, Kuroro saco el anillo y lo examino. Era un anillo hecho de plata y hierro, poseía unas incomprensibles palabras talladas en el, además de cuatro joyas y un prominente símbolo de la estrella de David. Los ojos de Kuroro se dilataron ligeramente cuando comprendió que era.
"El anillo de Salomón," susurro incapaz de creerlo.
"El único." La mujer asintió. "Un anillo legendario que contiene 72 demonios. Será tú última y solida defensa contra Deifri. Sin embargo, el problema está en que todavía no dominas el poder del anillo."
"¿Dominar?" craqueo Kurapika. Nunca pensó que fuera a tropezarse con el anillo de Salomón.
"Si lo dominas, tendrás 72 demonios a tu disposición, listos a cumplir tus deseos." Sheherezade les sonrió, pareciendo más un demonio que los tentaba.
Kuroro no dijo nada por un tiempo, solo miro el anillo hasta que finalmente levanto la mirada y con dureza observo a la mujer.
"¿Qué tienes que decir sobre este anillo?" le pregunto con cautela.
Scheherezade le sonrió—tal como le había dicho Ishtar, el muchacho tenía una mente muy afilada y perspectiva.
"El anillo perdió su antiguo dueño—Ishtar—por lo que te reconoce a ti como su nuevo dueño."
"No creí que fuera tan fácil y rápido para el anillo reconocer a su nuevo dueño." Kuroro achico sus ojos con sospecha, sintiendo que la mujer había omitida cierta información.
Sheherezade ahora sonrió con picardía.
"Oho… niño listo." Sonrió aprobando su comportamiento. "Cierto. El huevo con el que viajaste, analizo y absorbió tu energía, acumulando información sobre tu personalidad, ideales, forma de pensar y otras cosas. Esa energía e información fue procesada por el anillo para determinar si eres o no digno de ser su dueño. Sabes el resto de la historia."
Sheherezade respondió las preguntas con voz suave, ronca y llana; de forma sencilla pero distante. Los ojos de Kurapika se abrieron cuando comprendió aquello: Ishtar quizás había hecho que la asesinaran para poder pasarle el anillo de Salomón a Kuroro, para protegerlo. Miro a Kuroro, quien comprendía todo aquello y se comportaba terriblemente tranquilo. No había ninguna expresión en su rostro; solo una blanca e incomprensible cara. Era como observar la antigua cara de Kuroro Lucifer—aquel que era el cruel y descorazonado líder del Genei Ryodan.
"Ya veo." Dijo finalmente, su tono perfectamente compuesto.
"Espera un segundo." Repentinamente lo cortó Kurapika. Dirigió su vista a Sheherezade con dureza en su mirada. "Suzaku dijo que un niño nacería de él, no un anillo."
Kuroro levanto una ceja. Sí, casi había olvidado aquello. Se volteo para observar a la mujer con duda. Dicha mujer alzo una perfecta ceja y cruzo sus brazos sobre su amplio pecho. Entonces frunció el ceño. Y finalmente dio una torcida sonrisa.
"Los engaño." Dijo con una ligera carcajada. "No, desde que comienzo no había ningún niño que fuera a salir de él."
"¿QUÉ?" Kurapika chillo, con un tono similar al de un ratoncito.
Oh, Kurapika sentía ganas de ser teleportada hasta donde se encontraba Suzaku y golpearlo hasta dejarlo inconsciente. ¡Como podía mentir de esa forma! ¡Él y su primo, el Fénix—ambos eran unos peligrosos mentirosos! Kurapika ya hervía de rabia y apretaba sus puños airada, pero Kuroro se veía tan placido como siempre.
"¿Y?" pregunto con tranquilidad.
"Seré su guía a la escondite de Defiri. Díganme cuando quieran partir."
Habiendo dicho esto, Scheherezade dio media vuelta y los abandono.
La noche estaba muerta. La briza era fría, pero eso era justo lo que necesitaban. La ventana del cuarto de Kuroro estaba abierta, permitiendo el ingreso de aire fresco, mientras Kuroro se encontraba junto a esta, abrazando el frio viento. Sintió un escalofrió, el que poca ayuda puedo ofrecer para aliviar su pensativa cabeza. Nunca se había sentido tan emocional y al mismo tiempo tan inexpresivo.
Kurapika lo observo silenciosamente desde la cama que compartían. Por embarazoso que fuese, debían compartir la cama porque no tenían más, aunque dormían dándose la espalda. De pronto, el problema sobre su equipaje perdido ya no era importante, solo le había dado una despreocupada mirada a Phinks cuando balbuceo algo sobre el asunto. Mantenía sus ojos pegados a la espalda de Kuroro.
Mientras más inquieto se sintiera, más inquieta se sentía ella. Se rio ante la ironía. ¿Por qué debía verse afectada por lo que el sintiera? Él, astutamente había sellado su destino; nunca, en toda su vida, sería capaz de asesinarlo. Recordó el momento que se vio aterrorizada de verse sola, sin él. Solo ese recuerdo la mortificaba, a tal punto que le helaba la sangre.
¿Por qué me está pasando esto? ¿Qué me pasa? Gimoteo patéticamente para si, mientras enterraba su cabeza entre sus piernas. Se sentía tan indefensa.
¿Es por su nen que tengo en mi? ¿Puedo… se puso reacia. …quitarlo de mi sistema?
No, en realidad la pregunta debía ser: ¿Quiero quitarlo?
"Kurapika."
Su suave voz la desconecto de su tumultuosa mente y se susurro, para alzar la vista azules ojos se encontraron con oscuros. Estaba cansado, lo sabía, así que sin decir nada cambio de posición para despejar su porción de la cama. Mudamente, se recostó sobre la cama, pero esta vez no le dio la espalda. En cambio, se recostó de forma que pudiera mirarla a la cara. Tenía una pregunta que lo había estado molestando desde la muerte de Ishtar.
¿Valía realmente la muerte de Ishtar a cambio de romper el lazo?
Honestamente, si debía evaluar los pros y contras, realmente no le importaba aguantar a Kurapika. Ella hasta era agradable últimamente, algo que cambio notablemente después del incidente de las 'lagrimas escarlatas'. ¿Era un trato justo el perder a su única 'madre' para poder alejarse de Kurapika? Esa idea nunca había cruzado su mente hasta la confrontación y muerte de Ishtar.
¿Realmente valía la pena? Lidio internamente.
Al comienzo, Kurapika ignoro su incesante mirada y prosiguió con sus perturbantes pensamientos, pero luego de un tiempo no podía soportarla.
"¿Qué?" le espeto descortésmente. El no se molesto.
"Háblame." Le dijo.
"¿Huh?" abrió y cerró sus ojos.
"Distráeme." Parafraseo sus palabras.
Los ojos de Kurapika se suavizaron y aparto la mirada. Bueno, al menos era lo suficiente humano como para necesitar que lo distrajeran de sus emociones, y lo aguantaría solo por eso. Trago ligeramente e intento pensar sobre que hablar. Jugueteo con los dedos de sus pies mientras él la continuaba observando.
"Me pregunto cómo has mantenido contacto con esos viejos conocidos tuyos." Dijo finalmente con una pregunta.
"¿Cuál? ¿Lucian? El va i viene como una sombra, no hay necesidad de que yo lo rastree. Normalmente viene a molestarme antes de que lo extrañe. ¿Abelard Constantin? Intercambiamos teléfonos, tan simple como eso." Respondió llanamente Kuroro. Se detuvo y agrego:
"Y una cosa más. Él fue uno de los clientes que pagaron por los ojos escarlatas."
Cuando Kuroro dijo esto, su voz era baja y como una briza pasajera, como si no quisiera decirlo pero estaba obligado a decírselo. Kurapika se congelo por un segundo, cuando oyó la revelación.
"Pero fue Shalnark quien hizo tratos con él. El nunca supo que yo estuve tras la masacre."
Kurapika se volteo a mirarlo con una expresión ilegible, y lentamente, pero con seguridad, se recostó sobre la cama junto a él, encarándolo. Kuroro sonó como si le hubiese confesado sus pecados. Se miraron a los ojos por un tiempo indefinido, hasta que Kurapika pregunto suavemente.
"Dime como llegaste a la idea de las 12 patas del Genei Ryodan."
Los ojos de Kuroro se abrieron ligeramente—nunca había esperado que ella, de todas las personas, estuviera interesada en la historia del Genei Ryodan—sin embargo, se compuso rápidamente. Y obedientemente respondió su curiosidad.
Un Kuroro de diez años vagaba por el bosque que se encontraba detrás del templo, lo que en ese tiempo llamaba 'hogar'. Estaba golpeado y amoreteado, el resultado de otro endemoniado entrenamiento con Ishtar. Jadeo molesto ante la idea de ser apaleado por una mujer de apariencia tan frágil. Sin embargo, sabía que de alguna forma no era humana, a pesar de negarse a revelar su verdadera naturaleza.
Tan distraído se encontraba, que no noto la bestia en cerca de él. A pesar de encontrarse en el territorio de Ishtar, el bosque seguía siendo un hábitat amenazado por crueles bestias. De hecho, era la protección de Ishtar lo que permitía que prosperara el número de estas bestias.
El muchacho solo noto el crujir de las hojas cuando al segundo siguiente se encontró apiñado contra el suelo, una callosa y peluda mano sostenía su cuello como si fuera una ramita. Sus ojos registraron a la perfección lo que veía: un gigante lobo que se sostenía sobre sus patas traseras—un hombre lobo.
Los ojos rojos del hombre lobo brillaron con hambre, deseando devorarlo. Siendo el niño con inexperiencia que era, Kuroro solo pudo encogerse de miedo. Aun le aguardaban más peligros en su vida. La bestia levanto una mano y la dejo caer con la fuerza necesaria para reventar su cabeza, pero nunca ocurrió.
En cambio, vio como el lobo era pateado en el costado y salía volando para golpearse contra un árbol. Kuroro tosió mientras se refregaba su moreteado cuello, dando un leve salto de sorpresa ante el dolor. Cuando alzo la vista, noto la espalda del extraño que había llegado hace pocos días, y se había acercado a Ishtar desvergonzadamente, tratándola de forma casual, como si fueran viejos amigos.
El hombre giro su cabeza para observarlo.
"¿Sin huesos rotos, niño? Que sorpresa." Dijo el extraño con una sonrisa, mientras sus oscuros ojos brillaban entretenidos.
Kuroro solo le dio un hostil siseo. El hombre lobo dejo escapar un furiosos aullido y cargo contra el extraño como si fuera un toro enloquecido. El extraño, tenía el pelo de una longitud media, de color plateado y dorado, su piel era ocre, se volteo hacia el hombre lobo y dejo salir un suspiro exasperado.
"Los hombre lobos son tan molestos. Recuerda eso, chico."
Sin advertencia alguna, el hombre comenzó a sacar otras extremidades—diez brazos de arañas, para ser exactos—desde sus costados. El joven Kuroro tan solo pudo observarlo con la boca abierta en horror y asombro. Nunca había visto algo tan, tan… ¿Extraño? No, eso sería sobrevalorarlo.
"La plata es la mejor arma contra ellos, pero ya que no tengo nada de plata tendrá que bastar con mi veneno."
Cuando el hombre lobo estuvo lo suficiente cerca, lo sostuvo con sus manos humanas y entonces, clavo sus diez extremidades arácnidas en la carne del hombre lobo. La bestia aulló de dolor, el veneno haciendo rápido efecto. El hombre lobo se debilitaba visiblemente, pero no caería sin luchar.
Quitando uno de sus brazos del agarre del otro hombre, sujeto la cabeza de este, arrancándola de sus hombros.
Kurapika se encogió e hizo una mueca al oír la historia de Kuroro. Ser expuesto a tanta violencia a tan temprana edad, no había dudas de porque su corazón se había vuelto tan insensible. Kuroro solo le sonrió sombríamente y continúo con su historia.
Un Kuroro de diez años grito sorprendido cuando la cabeza del hombre cayó sobre su regazo, mientras su sangre lo bañaba casi completamente. Los oscuros ojos del hombre lo miraron con una expresión de sorpresa. El hombre lobo gruño mientras se quitaba el cuerpo sin cabeza, su pelaje brillaba de rabia y dolor. El joven Kuroro intento huir del peligro, pero estaba demasiado asustado para moverse.
"Relájate, chiquillo. No morirás o si no ella me mutilara hasta matarme." Hablo repentinamente la cabeza sobre su regazo, sin perder su tono de fácil trato.
Nuevamente Kuroro se inquieto al oír hablar la cabeza. Casi la hubiese arrojado hacia un lado, si su lado lógico no lo hubiera convencido de mantenerse quieto.
"Ahora, observa como acabo con esa perra," dijo la cabeza mientras sonreía de oreja a oreja.
Kuroro levanto la vista y vio como el cuerpo decapitado se levantaba de la tierra y avanzaba hacia el hombre lobo, con paso quieto y seguro. Diez extremidades arácnidas se clavaron nuevamente en la carne de la bestia, inyectando una dosis letal de veneno en su sistema. Casi de forma inmediata, el hombre lobo cayó al suelo sin siquiera un movimiento.
El chico observo todo aquello con la boca abierta. La cabeza rio con satisfacción al ver esa invaluable expresión en el rostro impasible del chico que apenas conocía. Su cuerpo decapitado camino hacia el chico y cogió su cabeza. Con facilidad, como si estuviera instalando la cabeza a una muñeca, se puso su cabeza. Miro hacia arriba luego de probar sus músculos y vio a Ishtar no muy lejos de ellos, con una mirada asesina en su hermoso rostro. Sus manos en su cadera.
"Hubiese sido mejor si no le enseñaras insolencias," Ishtar le lanzo una dura mirada, "Anansi."
"Nunca te eh oído decir groserías." Kurapika le dijo de forma acusatoria.
"¿Por qué debería? Ese no es mi estilo." Kuroro se encogió de hombros, todavía recostado.
Eres un terco educado, Kurapika se mofo mientras hacía rodar sus ojos.
"Así es como conocí la araña de 12 patas, quien es el mismísimo Anansi."
"¿Y ese es el comienzo de él autodenominándose 'papi' y llamándote su 'pequeño niño'?" pregunto Kurapika con una amplia sonrisa.
Kuroro le frunció el ceño—o para ser más exactos hizo un mohín. No le gustaba ser tratado como un niño pequeño y, por dios santo, menos por Kurapika ya que era nueve años menor. Acababa de abrir su boca para decir algo, cuando un fuerte golpe de la ventana al ser abierta lo detuvo.
"Hey, chicos, yo—" Lucian se congelo en su lugar, cuando vio que estaban abrazados—o al menos eso dijo más tarde—en la cama. Con una maliciosa sonrisa, lentamente se volteo y sonrió, "Scuze ('Lo siento' en rumano), parece que interrumpo –AHHHHH!"
Cayo sobre su trasero mientras su cuello estaba sujeto por las frías cadenas de Kurapika, siendo forzado de vuelta a la habitación. Cuando se volteo mientras acariciaba su dolorido trasero, vio brillar el rostro rojo de Kurapika en toda su gloria en la oscura habitación. Ambos ya se encontraban sentados sobre la cama. Ella se veía claramente acalorada, pero Kuroro se veía cómodo e inafectado. Si era algo, podía sentir su irritación ante su 'interrupción'.
"Q, ¿Qué te trae aquí?" pregunto Kurapika, pero su voz sonó mas como un graznido, todavía avergonzada, como si fuera una adolecente que ha sido pillada observando la foto de su amado.
"¿Hm? Oh, bueno… yo…" Lucian jugueteo con sus dedos, de pronto inseguro sobre cuál era el propósito de haber interrumpido su 'momento privado'.
"Lucian." Demando Kuroro con un tono helado.
Si no conociera a Kuroro todos estos años quizás hubiese chillado al oír su tono. El humor de Kuroro definitivamente había tomado un afilado rumbo debido a su descuido.
"Bueno… solo quería decirles que no los seguiré en su viaje hacia mas peligros…" dijo finalmente, mientras se rascaba la nuca.
"Hmm… Todavía el viejo cobarde que conozco." Dijo Kuroro con una sonrisa.
El rostro de Lucian se arrugo al oír la deliberada mofa a su orgullo. Sin embargo, se estremeció al recordar lo que enfrentarían esos dos.
"Ei bine, ¡îmipare rău! ('Bueno, lo siento.' En rumano) llámame prudente," jadeo molesto y cruzo sus brasos sobre su pecho. "Pero todavía amo esta vida que tengo, así que no quiero desperdiciarla contra un Ifrit salvaje—¡Oh! " algo hizo click en su cabeza. "Hablando de eso…"
Lucian se giro hacia Kurapika, quien para ese entonces había vuelto a asumir una expresión neutral.
"Acabo de recordar," una pequeña sonrisa surgió en el rostro de porcelana de Lucian, "puedo ofrecerte la eternidad, sabias… fata."
Kurapika parpadeo.
"¿Disculpa?" pregunto con el ceño fruncido.
"De esa forma, puedes tomarte todo el dulce tiempo que quiera recolectando eso ojos que deseas. Por supuesto que estoy dispuesto a ayudarte en lugar de este cabrón." Dijo mientras señalaba con un dedo a Kuroro.
Kuroro resoplo ante su estúpida proposición y se volteo para dirigirse a Kurapika. "Mantengo mi promesa, pero si quieres que no lo haga, no tengo objeciones. Solo que ¿Estas dispuesta a abandonar tu humanidad a cambio de la eternidad? Personalmente, eso es un precio demasiado alto."
"Eres demasiado tacaño." Dijo Lucian con un puchero.
Kurapika permaneció en silencio por un tiempo, antes de responder con seguridad.
"Gracias por tu propuesta, pero no. Tengo mi propio orgullo y dignidad. Nacido como humana, muerta como humana; esas son mis creencias."
Lucian soltó un chiflido de admiración.
"Que bizarro. Eso es exactamente lo que me dijo este tipo hace unos años cuando le hice esa oferta."
El Fenix golpeo un pie impacientemente, mientras estaba frente a la tumba de Ishtar. Su rostro estaba contraído de rabia e insatisfacción. El agua del lago se movía inquieta, respondiendo a la agitación del Fenix.
"Tu," apunto un acusador dedo hacia la tumba, "eres un completa idiota, ¿Sabias eso?"
Fenix, cálmate… dijo el agua, intentando consolar la ira de la Dama in Red.
"¿Cómo puedo?" escupió. "Que me maldigan si puedo calmarme cuando esta, esta estúpida mujer a tirado a la basura su oportunidad de recobrar su antigua gloria e inmortalidad, al reemplazar el contenido del huevo por el anillo de Salomón."
A pesar de su abrumadora ira, había un dejo de tristeza en su iracunda voz. Fenix mordió su labio inferior y aparto la vista, su pie todavía golpeaba el suelo.
Esa es su decisión, y deberías conocerla lo suficiente, dijo el agua en un tono purificador, como para saber que ya tenía suficiente de esta vida.
"¡Mierda! ¡Ella hizo todo esto para proteger ese mocoso consentido y él ni siquiera es de su sangre!"
Él es su sangre, eso es cierto, Fenix. Le dio su sangre. Morgan le Fay dijo afiladamente a la vez que el agua comenzaba a asumir su forma humana. Le frunció el ceño a la dama in Red.
"Ese huevo… absorbió los sentimientos que el chico sentía hacia ella…" dijo el Fenix con voz trémula. "Y sorprendentemente, tenía la energía suficiente para revivirla en este instante, si usara mi fuego en el. Pero no… mierda…"
Era sabido que alguien bañado por el fuego del Fenix era capaz de desafiar a la muerte solo una vez, o eso decían. Había planeado bañar el huevo con su fuego y de esa forma, si todo resultaba bien, darle una segunda oportunidad para vivir, pero no.
"Ella escogió proteger a su pequeño niño," una voz masculina dijo de atrás de Fenix.
Fenix giro en sus talones para ser confrontada por Anansi. Tenía una aire de abatimiento a su alrededor, mientras que su severo rostro se veía más angustiado que nunca. Por una, Ging no estaba con él. Fenix le lanzo una acalorada mirada, pero no dijo nada. Solo lo observo mientras él se arrodillaba frente a la pequeña tumba y ponía una botella de inciensos de sándalo sobre pequeña piedra. El sándalo siempre fue su favorito.
"Ahora que no puede regresar, ¿Qué vas a hacer? ¿Recuperar tu antigua gloria como dios?" Fenix le pregunto calmadamente.
Solo unas pocas personas—o criaturas—sabían de la historia de Ishtar y Anansi. Antiguamente eran dioses que se encontraban por sobre el reinado de la humanidad. Sin embargo, incluso menos personas sabían que la razón de su caída había sido que ellos se habían enamorado—era el crimen mayor en su mundo.
"Esa es una desagradable y estúpida regla," había dicho Fenix cuando se entero por primera vez, e Ishtar tan solo se había reído al ver su reacción.
"No sé. No tengo ninguna razón para regresar allí." Se encogió de hombros Anansi. "No cuando se que Ishtar tampoco estará allí."
¿Seguirás cuidando al muchacho? Pregunto Morgan le Fay. Anansi le sonrió.
"Eso no hay que decirlo."
"Nacido como humano, muerto como humano, ¿Huh?" dijo al azar Kuroro, con un poco de diversión al recordar la pequeña conversación que habían tenido con Lucian antes de finalmente dejar Ryuusei-gai.
Actualmente, se encontraban atravesando otro bosque mientras viajaban hacia la guarida de Deifri, el salvaje Ifrit, con Scheherezade como su guía. La enigmática mujer rara vez hablaba e incluso cuando lo hacía, sus palabras eran directas y de alguna forma distante, a pesar de su consonante voz, como si no tuviera deseo alguno de asociarse a ellos más de lo necesario. Aunque eso les sentaba bien.
"¿Qué? ¿Tienes un problema con eso?" le pregunto cortantemente. Su humor había descendido a lo peor cuando se entero de que su equipaje había desaparecido para siempre, y le había tomado casi toda su fuerza y la de Kuroro, para impedir que mutilara al hombre sin cejas. "Y no es como si tu no estuvieras de acuerdo con ello. Después de todo—"
"No somos solo humanos, sabes eso." Continúo Kuroro, mientras ignoraba las palabras de Kurapika.
Sus palabras la golpearon fuerte y quedo pasmada, pero al comprender lo cierto de sus palabras, sabiamente cerró su boca. No serviría de nada argumentar sobre ello—eso era un tema pasado de todas formas.
"Pero todavía se pueden considerar humanos." Repentinamente Sheherezade se entrometió con su descuidado tono. A pesar de su fácil manera de tratar, usualmente se guardaba todo para sí—era incluso peor su actitud de me-guardo-mis-consejos-para-mi que la que inicialmente tenía Kuroro. Por supuesto que a estas alturas Kuroro era mucho más abierto a Kurapika, si es que no se encontraba más cómodo a su lado.
Ambos, Kurapika y Kuroro, la miraron con ojos vacilantes en su rostro. A pesar de ser una conocida de Ishtar, seguía siendo una figura sospechosa. Sin importar que, ella parecía ser el tipo de persona en la cual jamás podrías confiar. Les dio una sonrisa de costado y resoplo.
"¿Nunca le han prestado atención a esos anillos que tienen que Ishtar les dio desde el comienzo? No están de bonitos, sabían. Si el chico aquí," señalo hacia Kuroro con un asentimiento de su bonita cabeza, "no es considerado humano, debería brillar todo el tiempo. Después de todo desde pequeño recibió la sangre de Ishtar."
Eso tiene sentido, pensó Kurapika, mientras miraba el brillante anillo que señalaba que había una criatura mágica cerca.
"¿Entonces que eres tú?" pregunto.
Scheherezade balanceo su cuerpo sobre un pie y cruzo sus brazos sobre su pecho. "Quizás parezca humanoide, pero no soy humana. Soy una criatura que vivirá mientras allá cuentos que contar. Soy una cuenta cuentos por decirlo de alguna manera."
"Entonces existirás mientras exista la humanidad." Concluyo Kuroro.
Ella le dio a Kuroro una sonrisa conocedora. "Touché."
Cuando llego la noche, se detuvieron a hacer un campamento y descansar sus adoloridos pies, luego de caminar sin descanso todo el día. Convenientemente, el lugar que escogieron estaba cerca de un arroyo, por lo que era más facial para ellos limpiarse o hacer otra cosa que requiriera agua. La noche caía y todo estaba ocurriendo de forma agradable. Habían cenado y se dispusieron a dormir. Sin embargo, Kurapika no podía encontrar la comodidad del sueño.
Seguía removiéndose, sin conseguir una pestaña de sueño.
Algo te está molestando. Eso sonaba más a pregunta por parte de Una.
Kurapika levanto su cabeza y vio al unicornio observándola con sus redondos y curiosos ojos. Se sentó y se inclino hacia Una para acariciar suavemente su mejilla. Entonces Una noto las relativamente nuevas cicatrices en sus palmas.
Tienes cicatrices.
"Mmhmm." Asintió distraídamente.
Podrías curarlas. ¿Por qué no?
"No quiero. Dejemos que sean un recordatorio de lo débil que soy." Le respondió Kurapika, encogiendo sus hombros descuidadamente, como si no importara mucho.
Una le dio una mirada que decía "No sé de qué estás hablando. ¿Quieres iluminarme?" así que Kurapika le dijo brevemente lo que había sucedido durante el incidente de las 'lagrimas escarlatas'. Claro que le explico el origen de la siniestra relación entre Kuroro y ella, la que nacía con la masacre de su tribu.
"Por más que quiera negarlo," concluyo al finalizar su historia, "sigue siendo cierto que él está fuera de mi liga. Dolorosamente. Intentar matarlo, quizás sea tan fútil como intentar sostener el viento con las manos."
Es muy inusual de tu parte ser tan pesimista, comento suavemente Una.
Kurapika le dio una pequeña sonrisa. "Llámalo realista. Eh aprendido mis lecciones, y suficiente es suficiente." Dijo mientras alzaba sus manos contra el fondo de la noche, observando las cicatrices de sus palmas; recordatorio de su debilidad.
"Quizás invierta mi tiempo y esfuerzo en algo que sea más productivo y saludable," agrego.
Una verdadera sonrisa agracio el rostro del unicornio. ¿Y eso sería?
"No sé." Kurapika rió suavemente. "Creo que es una de esas veremos-cuando-llegue-el-momento situaciones."
Kurapika entonces se encontró asimismo suspirando con alegría. Era sorprendentemente tranquilizador; finalmente ser capaz de concluir verbalmente sus pensamientos e ideas. Era como si finalmente aceptara el hecho de que había llegado a aceptar su pasado y podía comenzar a seguir con su vida.
"Gracias, Una, por escuchar mis balbuceos." Dijo suavemente Kurapika, mientras rosaba su nariz contra su cálido costado.
Una solo acaricio su hombro ligeramente con la punta de su nariz, feliz de haber sido de ayuda.
"¿Qué hay de ti? ¿Quieres sacarte algún peso?"
Kurapika se volteo a mirar a Una, y el unicornio la miro con una quebrada y significativa mirada. Para Kurapika, Una parecía que estuviera aguantándose las lágrimas.
"¿Quieres, no es así?" pregunto con clara preocupación.
Sobre la historia de Una…
Los ojos de Kurapika se suavizaron, y se movió para observar todo el rostro del unicornio, mientras seguía inclinada sobre un costado.
Una fue capturada por humanos de potrilla, pero el viejo y amable Chiron salvo a Una. Mis compañeros me abandonaron, ya que el permanecer junto a humanos a manchado mi pureza a sus ojos, explico tristemente Una.
"¡Que—eso es ridículo!" exclamo Kurapika lo más suave que pudo, con sus ojos abierto en shock.
Está bien. Es una de esas viejas tradiciones que algunas tribus tienen. ¿Recuerdas que algunas tribus todavía practican canibalismo? Dijo dulcemente el unicornio. Pero Una está feliz con ustedes dos, dijo rápidamente el unicornio a la vez que acariciaba a Kurapika con su nariz.
Rápidamente la ira de Kurapika se apaciguo y solo pudo suspirar derrotada. Una había aceptado su destino y había seguido adelante. Kurapika le dio una mirada de acero a la quieta figura de Kuroro.
¿El también a seguido adelante? Tras la muerte de Ishtar, parece un poco roto… pensó Kurapika.
Poco sabía que Kuroro seguía siendo torturado por no haber cumplido el último deseo de Ishtar—llamarla 'mamá'.
Era normal para las personas normales soñar o tener pesadillas. Kuroro, por otro lado, nunca había sido considerado alguien normal. El mismo no se consideraba ni cerca a ser normal, y de alguna forma estaba orgulloso de eso. Aun así, aquí estaba el teniendo un particular sueño.
Estaba en la oscuridad—la típica puesta en escena para una pesadilla normal. No estaba molesto con eso. Estaba más preocupado porque—o más bien a quien—estaba enfrentando.
"Ishtar…" sus susurros sonaban tan fuerte y claros en el ensordecedor silencio de aquel vacio mundo.
El fantasma de su madre adoptiva le sonrió amable y cálidamente. Aunque esta vez su sonrisa tenia muestras de arrepentimiento y pena.
Incluso en mi muerte, te sigues rehusando a llamarme mamá, ¿Kuroro?
Kuroro solo pudo apartar la vista. No podía mirar a Ishtar a los ojos, no cuando había sido incapaz de cumplir con su último deseo—y era un deseo tan sencillo. Sinceramente, se sentía avergonzado. Toda su vida, nunca había comprendido el concepto de vergüenza. Todo lo hacía por propio interés y por los intereses de Ryuusei-gay y el Genei Ryodan. Nunca había considerado la situación de las otras personas, y la mayoría de las veces obtenía lo que quería.
Aunque, esta actitud había comenzado a cambiar desde el momento en que fue maldecido a viajar con una cierta kuruta rubia.
El fantasma de Ishtar flotaba terroríficamente en el aire, todo su ser brillaba de forma oscilante, como una vela al viento.
Kuroro…
El hombre alzo la vista hacia ella, solo para ser confrontado por lo último que quería ver de su madre adoptiva. Se estaba desintegrando en pequeños granos de arena, al igual que cuando había muerto en sus brazos. La expresión que tenia, incluso la sangre—que de alguna forma se había materializado—eran la réplica exacta de aquel momento.
Kuroro…
Por instinto, Kuroro dio un salto e intento sostener a Ishtar, pero solo sostuvo aire y unos cuantos granos de arena que habían sido el fantasma de Ishtar. Cuando abrió su puño, esos minúsculos granos se vaporizaron haciéndose nada. Sin embargo, su voz permaneció para asecharlo.
Mi niño…
Si le daban a escoger, Kuroro prefería ser perseguido por una pesadilla sangrienta, con asesinatos y otras cosas a las que ya estaba acostumbrado. Si podía elegir, prefería no dormir, así no sería forzado a revivir la muerte de Ishtar—cuando había sido incapaz de cumplir su último deseo. Le recordaba de la única falla que había hecho en su vida.
Prefería no dormir, si es que iba a tener esta pesadilla.
Sus ojos se abrieron de golpe cuando un extraño aullido lo despertó de su sueño—o pesadilla—y de alguna forma, estaba agradecido por eso. Sus ojos se hundían en las hojas del follaje de los arboles sobre él, observándolos confundido y perdido.
"¿Kuroro?" dijo la voz de Kurapika, llena de incertitud y confusión.
Miro a su alrededor y la encontró observándolo, mientras seguía pegada a Una, aunque el unicornio ya estaba durmiendo. La muchacha parecía como si estuviera a punto de quedarse dormida. El viento era frio, misteriosamente con un aire espectral en el. Kuroro afilo sus oídos y pudo oír esos aullidos más claros. No se encontraban ni cerca de los aullidos de lobos; sonaban más a gemidos de las mujeres, y provenían del arroyo.
"¿Lo oyes?" pregunto suavemente, para no perturbar la tranquilidad de la noche.
Kurapika frunció el ceño.
"¿Oír qué?"
"Los gemidos."
Curiosa, Kurapika se sentó e intento ubicar los tan mencionados gemidos. No escucho nada, a excepción del seco sonido de la briza nocturna. Miro a Kuroro completamente desconcertada, y movió lentamente su cabeza. Esta vez fue Kuroro quien frunció el ceño; ¿como no podía oírlo, cuando era tan claro? Contra su buen genio, Kuroro cuidadosamente se puso en pie y comenzó a caminar en dirección al arroyo.
"¿A dónde vas?" pregunto Kurapika en un apretado susurro.
"El sonido viene del arroyo." Le informo mientras continuaba caminando silenciosamente.
Sabiendo que el hombre no se detendría hasta terminar con su curiosidad, Kurapika se puso en pie y lo siguió. En silencio atravesaron el bosque hasta alcanzar el borde de este, el que quedaba frente al arroyo. Y entonces, lo vieron.
La Banshee.
"Que de—" Kurapika se encogió cuando sus ojos cayeron sobre la extraña criatura.
La criatura se veía como una mujer anciana con perlo desordenado. Casi podían ver el cráneo de la mujer bajo sus hebras grises de cabello. La mujer chillo lastimeramente, su agudo grito retumbo en la noche, mientras intentaba quitar unas manchas de sangre del trapo que sostenía. Continuo refregándola y aullando, pero cuando los agujeros de su nariz se abrieron, se detuvo y se giro directamente hacia ellos.
Sus pechos parecían péndulos oscilantes y tenía un solo diente. Su cara se veía esquelética, casi como si fuera literalmente carne y huesos. Su piel era grisácea con manchas negras de carne podrida. Para ese entonces Kurapika ya no tenía aire. Ella comenzó a retroceder, y ni siquiera se estremeció cuando su espalda choco contra el pecho de Kuroro. De hecho, se sentía más segura así.
"Banshee." Kuroro susurro con incredulidad.
¿Por qué tenemos que encontrarnos con una Banshee justo esta noche? Kuroro sentía ganas de maldecir, pero se mordió la lengua.
"Ni de broma…" Kurapika balbuceo por debajo de su aliento. Levanto la vista para mirar a Kuroro.
Una Banshee era algo que ambos intentarían evitar a cualquier costo. Ver una banshee solo podía significar DESASTRE y PERDICION, si es que no MUERTE en el peor de los casos. Usualmente una banshee aparece cuando alguien amado esta por morir. Peor aún, era Kuroro quien había oído a la banshee. Solo podía significar una cosa: Kuroro era el dueño del mal presagio.
Kuroro miro hacia abajo para encontrar su mirada. Por su expresión, supo que el había pensado lo mismo que ella. Kurapika mordió su labio inferior, nervioso, mientras los labios de Kuroro mostraban una siniestra sonrisa. Un pensamiento cruzo su cabeza:
Él va a morir.
Como había dicho Sheherezade, el ifrit que respondía al nombre de Deifri, era un espíritu salvaje. El instante en que pusieron un pie cerca de su morada—la que se encontraba a cientos de metros de distancia de su real morada—el ifrit hizo su dramática aparición.
Con una fuerte explosión y varios fuegos artificiales, el ifrit mostro su real forma. Era un gigante cubierto de fuego, de tres metros de alto, con grandes músculos y una cabeza aguda y calva. Arrogantemente cruzo sus brazos sobre su pecho y levanto su mentón con una presumida expresión en su rostro. La primera idea que cruzo la cabeza de Kurapika era que quería borrar esa expresión de su rostro—verán, ella tenía 'algo' contra ese tipo de expresiones.
Veamos, veamos, ¿Por qué hay unas cucarachas merodeando mi morada? ¿ah? Demando con voz resonante, intentando intimidarlos.
Sheherezade solo carraspeo y cruzo de forma desafiante sus brazos sobre su pecho, ignorando la amenazante voz mientras le envía una sucia mirada al genio.
"Están aquí para pedir tu asistencia—"
Bruja, sabes muy bien que no ofrezco mi ayuda a estos… miro a los mortales con claro disgusto en su rostro, débiles, ¡Prefiero aplastarlos hasta la muerte!
"Pensé eso." La mujer solo se encogió de hombros y se volteo hacia los dos. "Bueno, es todo suyo."
Les dio su acostumbrada sonrisa, antes de dirigirse hacia un determinado árbol y tomar un asiento como espectadora a su sombra. Entonces se inclino contra el gordo tronco y observo a los tres, esperando que los juegos comiencen.
Ahora, veamos como lidio con estos dos gusanos… Deifri contrajo sus ojos hasta no ser más que dos rendijas, antes de lanzar un devastador golpe a Kurapika—supuestamente.
Antes de que se diera cuenta, su mejilla recibió el más duro y sucio golpe que había recibido durante el tiempo de 'paz'. Deifri trastabillo, pero rápidamente recupero su postura, solo para recibir un gancho en el mentón. Kurapika aterrizo en el suelo, pero rápidamente agito su pierna y brazo, los que estaban ligeramente quemados—los que había utilizado para lastimar al Ifrit.
"Eso es fuego real." Siseo, mientras intentaba aliviar la molesta sensación de su piel.
"Eres realmente descuidada." Se burlo Kuroro, al ver su rápido pero no muy pensado ataque.
"Bueno, señor, ¿Por qué no lo haces tú?" Kurapika le respondió de mala gana, queriendo terminar rápido.
Les habían dicho tempranamente, que si la persuasión verbal no funcionaba, debían golpear al Ifrit lo suficiente para que sucumbiera a sus deseos. Scheherezade también les había dicho de forma generosa un hecho sobre este ifrit en particular: el controlaba tanto el fuego como el hielo.
Como si estuviera intentando probar esa información, el ifrit arqueo su espalda y al segundo siguiente, se encontraba vomitando espadas de hielo. Kuroro abrió su libro de habilidades y utilizo su lanzallamas. Su intención era derretir esas espadas de hielo, pero el efecto fue casi nulo. Por fortuna lograron evitar ser atravesados por esas espadas en una milésima de segundo.
"¿Bueno?" dijo Kurapika, mientras le lanzaba una mirada inquisitiva.
"Diré que estamos en problemas," replico Kuroro con una siniestra sonrisa.
Y realmente se encontraban en problemas—en una gran mierda, de hecho. Intentaron dañar de cualquier forma al ifrit, pero el maldito espíritu parecía insensible a toda clase de ataques. Scheherezade, mientras tanto, era un inútil espectador a la vez que continuaba viendo desde la periferia. Incluso la cadena de Kurapika era infructuosa contra el ifrit. El ifrit, por otro lado, disfrutaba de cada momento, mientras los escocía con su fuego, o bañándolos con hielo. ¡Acababa de recibir nuevos juguetes!
Scheherezade resoplo en seco entretenimiento.
"¿El muchacho todavía no sabe cómo controlar el anillo de salomón, eh?" torció su cabello inconscientemente.
A menos que lo controle, no tienen posibilidad de derrotar al ifrit, pensó mientras observaba el cielo azul; era algo inconsciente en la batalla que se llevaba a cabo allí. Ishtar, ¿en que estabas pensando? Darle indirectamente el anillo de Salomón, cuando ni siquiera le enseñaste como manejarlo. Ni siquiera le dejaste una pista.
Scheherezade solo se encogió de hombros y continuo observando la batalla. Si Ishtar tenía otro plan en mente, que así sea. Ella solo era Scheherezade, nada más. No tenía derecho alguno a juzgar el plan de una diosa caída sobre el futuro de su hijo adoptivo. Scheherezade había cumplido con su deber, y eso era todo. Ahora, mientras era libre de irse, sabía que algo estaba por pasar—y anticipaba que pronto ocurriría.
La batalla, como había predicho Scheherezade, no duro mucho. Con un limpio movimiento, Deifri golpeo duramente a Kuroro contra el suelo, haciéndolo toser sangre—la clara historia de hemorragia interna. De su hombro derecho salía vapor, ya que no había evitado por completo una bola de fuego. Sin mencionar otros cortes en todo su cuerpo, los que había obtenido de las barras de hielo. Kurapika no se encontraba en mejor condición. Las puntas de su ahora pelo largo estaban quemadas y su pierna tenía una quemadura mediana, mientras uno de sus brazos estaba completamente cubierto por moretones.
Kurapika intento bloquear los movimientos del ifrit enrollando su cadena alrededor de su brazo, pero su plan la mordió de vuelta, ya que el ifrit—sin olvidar su siniestra sonrisa—congelo sus cadenas hasta sus manos. Ella estaba prácticamente unida a Deifri por sus cadenas. Con una sonrisa, Deifri reunió su fría energía sobre su palma abierta. Entonces Kuroro se percato de lo que el ifrit iba a hacer.
"¡Kurapika, aléjate!" le grito mientras se tropezaba a ponerse de pie.
"¡No puedo!" grito Kurapika.
Ella intento quitar sus manos del hielo de Deifri, pero sin resultado. Solo pudo observar horrorizada como una lanza de hielo se formaba sobre la mano de ifrit y cuando la lanzo en su dirección. Sin perder el sentido y habilidad, a pesar del daño interno que sufría, Kuroro salto y decidió romper las cadenas congeladas de Kurapika. Era mejor fragmentar un poco su nen que perderla.
Debido al impacto al romper su nen, Kurapika se doblo y por un cabello esquivo la lanza de hielo. Se retorció en agonía e intento reunir rápidamente su nen. Kuroro la miro un poco aliviado, al ver que no había sido atravesado por la lanza aun.
¿Hacia dónde estás mirando, niño? La fiera voz de Deifri lo desconecto de su alivio y cuando se volteo para enfrentarlo, ya era demasiado tarde.
Kurapika jadeo y resoplo fuertemente. Gruñendo mientras intentaba materializar sus cadenas de nuevo. Era insoportablemente difícil y doloroso. Apretó sus dientes mientras alzaba la vista, preparada para gritarle a Kuroro por actuar tan descuidado. Sin embargo, cuando lo vio, toda su rabia se evaporo.
Con sus propios ojos, vio otra lanza de hielo atravesando el pecho de Kuroro, haciendo trizas su corazón.
Solo tuvo tiempo para dejos salir un quejido cuando la lanza atravesó su pecho, dejando tras ella un horrible agujero en el cuerpo de Kuroro. La mirada en su rostro era de conmoción, sin rastro de miedo. Aparentemente, no tuvo tiempo para dejar que el miedo se instalara en su corazón, antes de que este fuera destruido.
El impacto fue tan fuerte que los pies de Kuroro se alzaron del suelo. Había sangre por todas partes, saliendo libremente de la espantosa herida de su pecho. La gruesa y rica esencia de sangre fresca lleno el aire y asalto el olfato de Kurapika. Era una esencia que aprendió a aborrecer en su sangrienta vida.
Y entonces, lo sintió—la ausencia de sus propios latidos.
La malvada risa de Deifri resonó como fondo en su adormecida mente, mientras ella sucumbía en la infinita oscuridad. Lo último que recordó fueron las palabras de Hassamunnin;
Cuando uno muera, el otro también lo hará…
Lo último que escucho Kuroro antes de que la oscuridad lo consumiera, fue otra familiar voz:
A pasado un tiempo, Kuroro…
La tipeja que traduce… O.O no tengo mucho que decir, salvo…gracias por el comentario =)… me dejo muy happy…. Por cierto… O.O a Brasil le dieron 7-1 … pobres brasileños….nada más que decir… mañana el partido de argentina-holanda a esperar que pasa…. Nos leemos en el siguiente capítulo ;)
