-¿Así que éste es tu fantástico plan? –la voz de Haymitch le resultó molesta pero éste continuó igualmente- Que muramos bajo la lluvia en medio de un barrizal…

Por toda respuesta Katniss apartó otro árbol y siguió caminando, jamás lo reconocería pero estaba más que perdida, había intentado guiarse con un viejo mapa de su padre pero cuando comenzó a llover el papel quedó hecho un desastre y tuvo que seguir su instinto. Llevaban varias horas caminando y casi podría asegurar que era la tercera vez que veía ese árbol.

El pobre Haymitch pensaba lo mismo pero se sentía tan desgraciado por ella que la seguía sin preguntar. Ese había sido su plan cuando se decidió a seguirla aquella noche, ir con ella al fin del mundo, literalmente, porque allí era donde iban. Cosa de locos, por supuesto, pero Peeta merecía eso y más y Katniss…bueno ella era otro tema, no merecía ni respirar pero le había echado cojones, eso no podía discutírselo.

Hablando del demonio, ésta lo golpeó fuertemente en el estómago y tiró de él hacia el cieno, una de las ramas le cortó en la cara y se giró bruscamente para enfrentarla pero Katniss le tapó la boca y lo hundió aún más mientras señalaba con la cabeza hacia un lado.

Cuando su corazón y su respiración se relajaron pudo escuchar el sonido de unas pisadas a lo lejos, apenas imperceptibles. Miro de reojo a Katniss, la chica lo sorprendía cada vez más, ¿cómo había conseguido oírlas ella?

-¿Y si trepamos como tú en los juegos? –dijo con mofa.

Ella lo taladró con la mirada y antes de que él pudiera reaccionar salió del escondite sorprendiendo a los que les seguían.

-¿A vosotros quién os ha invitado? –preguntó brusca alcanzándolos.

Finnik, Effie, Johanna, Cressida, Messalla y Gale la observaron desde lejos.

-¿Pensabas quedarte toda la diversión para ti sola, Everdeen?

Y durante medio segundo, la voz y el tono casual de Finnik, como si el mundo entero no estuviera en llamas, le encogió el estómago y le recordó a un prado bañado por el sol, a seguridad, a familia, a volver a ser pequeña, algo que había dejado de ser hacía años. Y, ante todo pronóstico, lo abrazó. Hasta Finnik se sorprendió pues pegó un salto a la defensiva.

Horas más tarde mientras descansaban Johanna se acercó a Katniss.

-¿Eres consciente de que es una misión suicida?

Katniss sonrió y asintió sin mirarla.

-Y aún así viniste sin dudarlo…-lanzó una piedra contra el árbol de enfrente- algo curioso esto del amor –concluyó más para ella misma que para Katniss.

-Jamás creí en nada de eso, conocía a Gale durante años y el sentimiento más cercano había sido el de asimilación –sin pensarlo desvió la mirada hacia donde dormía el chico-. Asimile, acepté que ese era mi destino, unirme a alguien para sobrevivir.

Johanna siguió la mirada de Katniss mientras ésta continúo.

-También conocía a Peeta, apenas de vista y la historia del pan que todos conocéis, pero cuando caía la noche y me acurrucaba junto a mi hermana para mantener el calor, cuando había tanto peso sobre mis hombros que apenas podía dormir, me permitía fantasear, soñar con una familia, soñar con un amor como el que mis padres se habían tenido. Intentaba imaginar lo que se sentiría en el estómago al ver despertar a alguien a quien amas con todo tu corazón, intenté imaginar qué era exactamente eso, amar con todo tu corazón y que te correspondieran. Y él, Peeta, era el chico de esas fantasías, jamás pude ver a Gale en ese marco, sin embargo Peeta era como si fuera el perfecto para ese papel…

Johanna apenas pudo contener su asombro y miró fijamente a la otra joven.

-Él es ese último rayo de esperanza que me queda, el último aliento para luchar, no puedo dejarlo morir.

Ambas chicas se miraron con intensidad y tras unos momentos de emoción contenida Johanna asintió. Esperanza, podía luchar por eso.