TRADUCCION: Esta historia no me pertenece, yo nunca la eh escrito ni mucho menos eh aportado con alguna idea o sugerencia, todo este trabajo pertenece a la autora Runandra, quien es la mente maestra tras esta idea, la historia original pueden encontrarla en el siguiente link:
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Aclaración: Hunter x Hunter no me pertenece.
La historia hasta ahora: El Ifrit logro matar a Kuroro, en consecuencia, también mato a Kurapika. ¿Qué será de ellos?
Capitulo 26
NOCHE EN VELA
Cuando recobro el sentido, se encontró de espaldas flotando en una fría e interminable oscuridad. Recordaba que su corazón había sido atravesado por la lanza de hielo de Deifri, por lo que debía estar muerto. Observo la vacía oscuridad.
¿Es esto estar muerto? Se pregunto con humor seco. Sí lo es, entonces es enfermantemente aburrido.
"Bueno, bueno, ¿Quién dice que estas definitivamente muerto?" fijo una voz en un tono que le era irritantemente familiar.
Levantando su cabeza, vio que Fenix se le acercaba. Oh más bien, veía que se le acercaba con los pies en el cielo y la cabeza en el suelo. Con un movimiento de sus hombros, Kuroro logro que su cuerpo se pusiera sobre el invisible suelo de la oscuridad, en el mismo nivel en el que se encontraba Fenix. Le dio una inquisidora y fría mirada.
"No me mires así." Le frunció el ceño infelizmente. "Estoy aquí para salvar tu trasero, así que sé un buen niño y escucha lo que te voy a decir."
Kuroro levanto una ceja. Parecía que la dama in Red no se encontraba de buen humor. Con un molesto resoplido, el Fénix cruzo sus brazos sobre su pecho.
"¿Recuerdas cuando estaban en la caverna e intente freírlos con mi fuego?"
"Ciertamente." Respondió con voz llana.
"Bueno,, gracias a eso volverás a vivir."
Kuroro le dio una mirada confundida.
"Como mi fuego de fénix no logro incinerarte hasta la muerte te considero digno, por lo que te concedió la habilidad de engañar a la muerte en una oportunidad. En palabras simples, vas a revivir."
Observo a Kuroro mientras este digería la información, lo que no le tomo mucho.
"Sin embargo, mas te vale actuar rápido, sino quizás la chica muera por segunda vez. Cuando eso ocurra—"
"¿Que quieres decir con 'rápido'?" la interrumpió Kuroro antes de que pudiera terminar su oración.
Al comienzo su rostro se puso rojo de furia al ser interrumpida, pero al entender lo desordenado de su explicación se calmo. Con un movimiento de su brazo, una pantalla que se asemejaba a un holograma apareció en la infinita oscuridad, mostrándole la escena que ocurría en el mundo real.
Kuroro vio su propio cuerpo bañado en el charco de su propia sangre. No muy lejos de su cuerpo se encontraba el de Kurapika, el que se encontraba tan quieto y muerto como el suyo. Era perturbadoramente extraño, ya que sintió una ola de ansiedad cuando vio el cuerpo de ella, pero no sintió nada cuando vio el suyo.
El Ifrit reía feliz ante su estúpida derrota, y entonces, con sus brazos hacia el cielo, hizo explotar el suelo que sostenía los cuerpos de Kuroro y Kurapika. Cuando el polvo se disipo, una columna de hielo se levantaba orgullosamente conteniendo sus cuerpos sin vida.
"No sé qué cosa esa mierda de ifrit está pensando, supongo que planea burlarse de sus cadáveres. Quizá quiere mostrarle al mundo que cualquiera que intente oponérsele terminara de esa forma." El fénix resoplo disgustado. "Que mal gusto."
Ignorando el vulgar y crudo comentario del fénix, Kuroro observo la escena. Algo no encajaba en la imagen. Al observar de cerca, comprendió que lo que no encajaba era que el agujero de su pecho había desaparecido, dejando tras de si solo piel manchada de sangre.
"El instante en que seas revivido, ella también lo será. El problema es que el efecto inmediato de la columna de hielo quizás la mate. Eso no es cualquier hielo, sabes. Ella ya esta inconsciente y si no puedes despertarla, quizás duerma por siempre debido a la extrema temperatura. Mi fuego no puede calentarla, ya que no pertenece a su mundo."
Sin que ella estuviera que explicarle todo, Kuroro lo comprendió. Ese era el porqué las personas no debían dormirse cuando se encontraban en un ambiente demasiado helado. Podían morir en su sueño.
"Si eso ocurre, no habrá forma de salvarla. No tiene la protección del anillo de Salomón. Ese endemoniado anillo solo protege a su maestro, a menos que se le ordene otra cosa. Es una lástima que no sepas como utilizar su ilimitado potencial, siendo que Ishtar sacrifico su vida para entregártelo."
El oír el nombre de Ishtar lo devolvió a la realidad. Se volteo para mirar los ojos dorados del fénix, buscando la verdad en ellos.
"Sabía que iba a pasar esto"
"Porque se lo dije, tontorrón." Carraspeo el fénix. "Tú sabes que no era capaz de ver el futuro, solo podía ver la verdad que había en lo que se presentaba frente a ella."
Quizás el fénix era la primera persona sobre la faz de la tierra que lo llamaba 'tontorrón'.
"Aunque debo admitir que era lo suficiente inteligente como para deducir lo que sucedería." Murmuro y se encogió de hombros. "Como sea…"
Con otro movimiento rápido de su brazo, Kuroro fue devorado por su dorado fuego. Miro a su alrededor y noto que la mujer había desaparecido. Su voz era un distante susurro entre el chirriar de las llamas místicas.
Apresúrate Kuroro… el reloj está avanzando…
Literalmente sentía su enorme sonrisa.
El tiempo no espera a nadie…
Deifri se encontraba más satisfecho que en años. Había pasado tanto tiempo desde la última vez que había asesinado a alguien. Prácticamente estaba bailando alrededor del pilar que contenía los cadáveres. Desde lejos, Scheherezade lo observaba con agudeza.
¡Scheherezade! La llamo el ifrit con una triunfal sonrisa en su rostro. Esa gente que trajiste demostraron no ser suficiente para mi.
"No seas tan arrogante, Deifrit. Si yo fuera tu, todavía no celebraría. La entretención acaba de comenzar," dijo alegremente mientras observaba con emoción las chispas que aparecían al interior del pilar.
El Ifrit solo tuvo tiempo para lanzarle una perpleja mirada, cuando repentinamente el pilar estallo en cientos de piezas, dejando caer dos cuerpos bañados por flamas doradas sobre el duro suelo. Un gruñido escapo de los labios de Kuroro cuando intento moverse hacia una posición más cómoda.
¿QUÉ? Gruño el Ifrit. Juraba que había perforado el corazón de ese hombre, entonces ¿Por qué esa cucaracha seguía viva? ¿Y qué demonios era ese fuego que lo rodeaba a él y a la muchacha?
Ishtar sacrifico su vida para darte ese anillo. Eso era lo que el fénix le había dicho en aquel oscuro limbo, antes de regresar a la vida por su fuego. Kuroro saco el anillo de Salomón de su bolsillo y lo toco con delicadeza.
Si no puedo hacer nada útil con este anillo, es como si el sacrificio de Ishtar no hubiese servido para nada, dijo en su mente con resolución, a la vez que se ponía el anillo en el dedo de al medio, sintiendo el frio contacto del metal contra su piel. Iba a descubrir cómo utilizar el anillo de Salomón—y rápido—antes de que la vida de Kurapika desapareciera.
Entonces, ocurrió un milagro.
"Lemegeton: Ars Goetia." Le murmuro al anillo de Salomón, el que brillaba fuertemente en su dedo.
Un segundo más tarde, un demonio salió del anillo. El demonio era de color rojo sangre, medía unos nueve metros, tenía unas enormes alas rojas y unos brillantes ojos verdes. De inmediato, como si siempre lo hubiera sabido, Kuroro reconoció el nombre del demonio.
"Vassago, un príncipe del infierno." Saludo al demonio en una ahogada pero tranquila voz.
Todo este conocimiento apareció en su cabeza sin previo estimulo. Solo sucedió—este conocimiento simplemente entro en su cabeza, llenándolo con toda la información y destalles de los 72 demonios que se encontraban confinados en el anillo.
El dragón lo observo con curiosidad en sus enormes ojos.
¿Su orden, Maestro? Hablo con una profunda voz masculina, haciendo palidecer la voz de Deifri.
Kuroro señalo al ifrit con un movimiento de su cabeza.
"A él."
En menos de un latido, el enorme demonio dio un salto y cargo despiadadamente contra Deifri. El ifrit, que hace unos minutos atrás parecía ser invencible contra Kuroro y Kurapika, ahora era un juguete del dragón. Solo la oportuna orden de Kuroro detuvo al demonio de hacer pedazos al ifrit. En cambio, Vassago puso un pie sobre la espalda de Deifri, atrapando al pobre ifrit contra el suelo.
Kuroro se tambaleo sobre sus pies y observo su nuevo sujeto con cautela. Era diferente a tener a sus arañas bajo sus órdenes. Este demonio era una fuerza que se encontraba fuera de la normalidad, incluso para su estándar. Debía ser cuidadoso y sabio a la hora de escoger las palabras para dar una orden. Quizás fueran leal a él; el maestro del anillo de Salomón, pero su naturaleza era engañosa. Era mejor prevenir que curar.
Scheherezade lo observo impresionada. Ella había anticipado que mantendría una compostura tranquila, pero no espera que estuviera en completo control de su actitud.
Como era de esperar de un hombre criado por Ishtar, sonrió en aprobación.
En silencio, Scheherezade se levanto de su asiento y comenzó a caminar hacia donde ocurría la acción- Deifri se removía de un lado a otro, intentando escapar del agarre, algo inútil. Todo lo que obtuvo fueron duros resoplidos del dragón.
"Ahora estas a mi merced." Dijo Kuroro. Observo al ifrit con fríos y oscuros ojos mientras se paraba frente al ifrit con una pose todopoderosa, a pesar de su condición actual.
¿Qué vas a hacer? ¿Eliminarme? Le espeto descortésmente el ifrit, y en respuesta aumento la presión del pie sobre su espalda.
"Cálmate, ifrit. No te voy a matar." Dijo lenta y deliberadamente Kuroro. "Pero debes seguir mis reglas."
Ni cagando. Escupió el Ifrit.
"Primero, jamás me perjudicaras, ni tampoco a ella…" Kuroro se detuvo momentáneamente mientras elegía las siguientes palabras. "…ni a nuestros descendientes. No cumplir con ello significara tu inmediata destrucción. Segundo, deberás obedecer todas mis órdenes. Deberás vivir bajo estas reglas por el resto de tu vida. ¿Entendido?"
Le dio una siniestra sonrisa al ifrit.
El rostro del ifrit se arrugo, conteniendo su rabia, hasta convertirse en la cara más fea que hubiese visto Kuroro. Hacer un berrinche ante la presencia del príncipe del infierno y su maestro era la estupidez más grande que podía hacer. No, el todavía apreciaba su vida, aun cuando en el futuro estuviera confinado.
Clarísimo.
"No te voy a encerrar en el anillo, por lo que eres libre de recorrer este planeta como gustes." Agrego Kuroro.
Deifri alzo una escéptica ceja.
Eso es sorpredendetemente generoso de tu parte.
"…Se lo que se siente no ser libre." Respondió con sencillez, a la vez que recordaba el día que fue atrapado por la cadena de Kurapika.
Kuroro se giro hacia el dragón y asintió, con lo que Vassago se movió hacia un costado, dentro de un rango en el que podía saltar sobre el ifrit, si este se proponía atacar a su maestro. Deifri se puso en pie, sin molestarse en quitarse el polvo.
"Jura aquello, sellando este contrato con tu alma."
Kuroro levanto la mano que tenía el anillo de Salomón, mientras Deifri se rasgaba su palma con sus uñas hasta hacerla sangrar. Puso su ensangrentada palma sobre el anillo, y cuando su sangre cayó sobre el sello de Salomón, este brillo.
Juro por mi sangre—la que es mi vida y alma—que obedeceré tus reglas.
El anillo chisporroteo, y finalmente, cuando las llamas murieron, el anillo apareció intacto, sin marca alguna. Kuroro sabía que el contrato estaba sellado y que por ende el Ifrit ya no era una amenaza. Se volteo hacia Vassago.
"Puedes retirarte."
Con un fuerte rugido; sin malicia alguna, el enorme demonio ingreso al anillo sin dejar rastro alguno en el mundo material. Todo quedo en silencio, hasta que este fue roto por Scheherezade.
"¡Maravilloso! ¡Realmente maravilloso!" Scheherezade aplaudió efusivamente, provocando la inmediata sospecha de Kuroro. Esa mujer era peligrosamente impredecible.
"Parece que ya no hay nada que pueda enseñarte. Dime niño, ¿Sentiste una enorme cantidad de información cuando activaste el anillo?"
"Tanta que mi cabeza parecía que iba a estallar." Admitió Kuroro.
"Bien, entonces no tengo nada más que ofrecer." Le dio una sonrisa antes de dar media vuelta. "Diviértete con tu nuevo sirviente."
Habiendo dicho eso, se alejo caminando del lugar. Kuroro la observo brevemente mientras le decía adiós con una mano, sin darse una segunda mirada. Entonces, dirigió su atención a su prioridad número uno: Kurapika.
Se arrodillo junto al quieto cuerpo de Kurapika, y para su espanto, su cuerpo estaba frio como si fuera de hielo. Contrajo su mirada, las tuercas en su cabeza comenzando a moverse mientras pensaba en algo—lo que fuera—para salvar su vida. Una idea apareció en su cabeza y se volteo hacia el ifrit, quien se encontraba flojamente a un pie de distancia.
"Te daré tu primera orden." Dijo seriamente.
El ifrit se arrodillo ante él. Sonriéndole a su nuevo maestro.
Tus deseos son órdenes, mi señor… aunque desde ya tengo que advertirte que no puedo calentarla con mi fuego. La terminare asando si hago eso.
Kuroro achico sus ojos ligeramente. Incluso después de haber hecho el contrato, el Ifrit seguía siendo descortés. Que molesto, haciendo a un lado esos irrelevantes pensamientos se enfoco en la situación más crítica.
"Llévanos al hospedaje el Pony Encabritado."
Fino cerró la puerta tras ella, tan silenciosa como pudo. Cuando la puerta se cerró con un suave click, se inclino sobre ella y dejo escapar un suspiro.
"¿Fino? ¿Querida, que pasa?" la voz de su padre la despertó de su trance.
Hace un rato estaban teniendo un día tranquilo y calmado cuando de pronto la puerta principal del hospedaje se abrió de golpe, dejando pasar a un joven que llevaba a una inconsciente muchacha en sus brazos. Solo esa imagen por si misma había asustado a los huéspedes que se encontraban presentes, pero la situación empeoro cuando dicho hombre llamo a Fino por su nombre. Al comienzo, Fino se había molestado enormemente por la imprudencia de este huésped, pero al ver quién era, un sin número de expresiones atravesó su rostro. Al inicio sorpresa, luego confusión, dando paso a la conmoción y finalmente mortificación. Antes de que se diera cuenta, ya se encontraba tendiendo el frio cuerpo de Kurapika.
"No tengo idea, Kuroro tampoco dice nada al respecto. Solo me pidió que bañara a Kurapika en agua caliente. No sé lo que paso y no creo que quiera saber, porque el cuerpo de Kurapika no es algo que alguna vez haya visto, o más bien, tocado en este caso. ¡Esta tan helado! ¡Es como si su cuerpo estuviera tallado en hielo!" dijo Fino, mientras movía sus manos mientras relataba aquello.
"¿Entonces?" pregunto pacientemente el hombre.
"Bueno… eso no está sirviendo de nada. Y como no es bueno tenerla por mucho tiempo en el agua, la tuvimos que secar y meterla bajo la cama. Eh puesto toda clase de frazadas y plumones sobre ella, las más calientes que encontré. Pero aun así, no creo que sirvan de mucho." La muchacha sacudió su cabeza con tristeza.
"Hmm… ¿Deberé aconsejarlos?" pensó el padre, mientras observaba la puerta como si estuviera mirando a Kuroro y Kurapika.
Sin esperar la respuesta de Fino, el hombre dio unos golpes en la puerta y espero educadamente.
"Pase," dijo la suave voz de Kuroro.
El hombre ingreso. Se les acerco tan tranquilo como pudo, y al ver el lánguido cuerpo de Kurapika—el que prácticamente se veía azul—no pudo evitar que su corazón se apretara. La querida muchacha había sido reducida a este estado, era una lástima.
"No sé lo que ocurrió y no voy a presionarte para que me lo digas. Pero creo que puedo ofrecerte ayuda en cuanto a cómo salvarla," dijo.
Con atención, Kuroro dirigió su cabeza hacia el hombre. Observándolo con intensidad, mientras esperaba que le diera la información que necesitaba.
"Bueno, veras… hay una forma segura de calentar el cuerpo de una persona que se está congelando hasta la muerte. Es por medio del contacto con otra piel."
Kuroro miro con duda al hombre.
"¿contacto a piel desnuda?"
El hombre asintió solemnemente. "Caliéntala con tu cuerpo, esa es la forma más rápida y segura de elevar su temperatura."
Kuroro volvió a mirar a la agonizante kuruta. Su expresión era tan vacía como podía. El dueño del hospedaje lo observo en silencio, antes de poner una mano sobre sus hombros.
"No te voy a presionar a que lo hagas, muchacho. No sé cuál es tu relación con la chica, y no asumiré nada, por lo que entenderé si no quieres hacer esa acción. Pero piénsalo. Su vida depende de ti."
Apretó gentilmente el hombro de Kuroro, dándole fuerza, para luego dejarlo solo con sus pensamientos, cerrando silenciosamente la puerta tras de sí. Kuroro miro el rostro de Kurapika; su piel estaba tan blanca que casi era azul, sus labios ya estaban morados. Frunció el ceño.
¿Por qué estoy dudando? Se regaño asimismo, antes de ponerse rápidamente en pie. Le dije que no la iba a dejar morir, y voy a mantener mi palabra.
Rápidamente se desvistió, quedando solo en ropa interior, e igualmente desvistió a Kurapika hasta dejarla solo en ropa interior. Bajo circunstancias normales, esta escena era algo imposible. Pero no había otra opción. ¿Qué era la decencia frente a asuntos de vida o muerte?
Silenciosamente se deslizo bajo la montaña de frazadas que Fino les había pasado y presiono su cuerpo contra el de ella. Tirito al sentir el primer contacto con su piel helada—era como si estuviera abrazando un trozo de hielo. Entonces Kuroro comenzó a fregar la espalda y brazos de Kurapika, mientras entrelazaba sus piernas con las de ella para darle calor. Enterró su cabeza en la curva de su cuello, mientras dejaba que su aliento calentara su rostro.
Mientras hacía esto jamás tuvo respuesta de Kurapika. Ella simplemente yacía allí, quieta y sin vida, como si no fuera capaz de sentir el tacto. Entonces Kuroro cerró sus ojos y por primera vez en sus 27 años de vida, rezó.
No sé cuantos, ni que dioses ahí allí afuera, pero rezare, susurro vehementemente en su cabeza, para que ella no muera.
Las horas no se detuvieron, y Kuroro temía que al igual que el reloj continuaba avanzando, la vida de Kurapika se extinguía. El frio de su piel no había cambiado y el mismo comenzaba a sentirse helado. No había dejado de refregar su piel, intentando traspasar algo de fuerza a su cuerpo. Respiro en sus oídos, ojos, cuello e incluso su boca—como si estuviera haciendo RPC. Peino sus fríos cabellos rubios, sosteniéndola firme en sus brazos.
Suspiro e inconscientemente dejo que su mirada viajara hasta la ventana de la habitación, donde las cortinas seguían abiertas, por lo que pudo notar que la noche ya caía. Era la primera vez que Kuroro intentaba salvar una vida en vez de destruirla. No había dormido ni un segundo; como podía dormir cuando Kurapika se encontraba así frente a él, su alma en cualquier momento podía salir de su cuerpo. Permanecer en vigilia era lo mínimo que podía hacer para asegurarse de que no muriera—al menos no todavía.
De nuevo intento darle un poco de calor al cuerpo frio de Kurapika. Refregó sus brazos, su espalda, sus muslos, sintiendo las sutiles curvas de su cuerpo. Sonrió. No es que tuviera pensamientos pervertidos—ni siquiera podría tenerlos aunque quisiese, debido a la condición en la que actualmente se encontraban—pero estaba seguro de que algunos pagarían copiosas sumas de dinero para estar en su lugar.
Kurapika no estaba mal como chica, aunque estaba más que calificada para ser clasificada como una niña amachada. Era bonita—no era quisquilloso con las chicas, no es como si le importaran en realidad—y tenía un cuerpo decente, aunque era demasiado delgada para su gusto. Ishtar le había llamado la atención por descuidar su salud, al ver que ambos—sobre todo Kurapika—habían perdido peso.
Lo que apreciaba de las personas no era su apariencia, sino que sus personalidades y características—su belleza interior como solían decir las personas más poéticas.
Kuroro observo con tranquilidad a la inconsciente muchacha en sus brazos; aquella que actualmente se debatía entre la vida y la muerte. A veces Kurapika podía ser una chica intratable, pero cuando tenía que ser madura, lo era en exceso. Sin mencionar su fuerte sentido de la justicia y ética. Casi siempre necesitaba razones lógicas para actuar. Él, en cambio, no pensaba en ninguna razón cuando hacia lo que creía que necesitaba.
Ella era alguien de altos valores morales y una defensora de la justicia—por decirlo de forma cliché. El era una de los criminales más buscado, cabecilla de la notoria banda Genei Ryodan.
Ella había nacido dentro de un perfecto hogar, familia y villa. Había sido criada de forma apropiada. Él había nacido en el lugar más peligroso del mundo, el paraíso de criminales y refugiados, siendo criado por una medusa.
La vida de ella estaba marcada por la masacre de su tribu. El había sido el cerebro tras la masacre de su tribu. Ella juro venganza. El acepto el reto.
Ese era el comienzo de su entretejida historia.
Ambos pertenecían tenían el mismo grupo nen, especialización. Ambos tenían sangre tipo AB. Ambos tenían una inteligencia por sobre el promedio. Ambos eran agiles con sus habilidades de especialización. Ambos eran astutos y buenos estrategas. Ambos tenían su propio grupo de gente confiable—el suyo el Genei Ryodan, ella sus amigos. A pesar de eso…
Kuroro presiono su rostro contra la congelada corona de pelo rubio. Inhalo suavemente, sin captar ni la más mínima pisca de su esencia. El frio había borrado cualquier esencia. Frunció el ceño ante esto, sosteniéndola aun más fuerte, ignorando la peligrosa e intima distancia que había entre ellos.
Ambos estaban solos.
Lo primero que sintió cuando recupero levemente sus sentidos fue el frío. Se sentía mareada y helada, como si hubiese estado sumergida en agua congelada, o quizás en un lago del polo sur. Sus dientes comenzaron a traquetear suavemente en respuesta al frio e involuntariamente comenzó a tiritar. Todavía con sus ojos cerrados, intento moverse en busca de más calor, encontrándolo rápidamente.
Algo solido se apretaba contra su cuerpo desnudo, traspasándole calor a su entumecido cuerpo. Hambrientamente abrazo ciegamente la fuente de calor, rodeando desesperadamente con sus brazos, como si su vida dependiera de ello. Kurapika no sabía cuan cierto era lo último.
Algo se movió a su alrededor y un peso presiono su torso. Sintió como si la estuvieran jalando dentro de un abrazo, agradeciendo aquello. Sin molestarse en abrir sus ojos, Kurapika removió su cabeza, encontrando una posición más cómoda para descansar. Su mente no estaba funcionando, por lo que no podía pensar correctamente. Solo podía pensar en obtener calor.
Movió su cabeza hasta un lugar curvado. Inhalando suavemente, captando el olor de una fragancia masculina que reconocía como familiar. Con un suspiro, Kurapika volvió a quedarse dormida.
Estaba feliz.
Cuando la sintió removerse en sus brazos, casi lo celebro. Si estaba despertando, solo podía significar que había pasado el punto crítico. Ella iba a sobrevivir. De hecho, lo más interesante era que la muchacha se removía buscando acercarse a él. Incluso le devolvió el abrazo, intentando incrementar la temperatura. Su cuerpo actuaba por sí solo, buscando sobrevivir.
Le dejo hacer como quisiese, incluso cuando reacomodo la cabeza en la curva de su cuello para finalmente dejarla descansar allí. Una sonrisa escapo de sus delgados labios, y por primera vez en esa noche, fue capaz de relajarse. Permitiéndose dormir, luego de saber que la kuruta iba a sobrevivir.
Anteriormente solo había sido su sentido del tacto que había aparecido. Esta vez, cuando despertó, sus cinco sentidos se encontraban alerta y en completo funcionamiento. Lo primero que noto fue el calor que vagamente recordaba haber buscado. Lo siguiente era un conocido olor masculino.
¿Masculino? Se repitió alarmada.
Sus oídos captaron la suave y profunda respiración de alguien—un hombre—que dormía muy, demasiado, extremadamente cerca de ella. No se atrevió a abrir sus ojos.
No, no, no… se grito mudamente.
Tímida y cuidadosamente, uso sus brazos para descubrir quien dormía junto a ella. Sus dedos tantearon una suave, aunque firme piel, bajo la cual se encontraban definidos músculos. Su mano empezó a tocar desde la cintura y continúo subiendo. Se detuvo cuando sus dedos tocaron una porción áspera en la espalda. Al sentir aquella textura supo que era una amplia cicatriz, probablemente ubicada detrás de su estomago.
Una cicatriz alrededor de su estomago.
Algo hizo click en su cabeza. La había visto antes, y le habían mostrado como se había hecho esa cicatriz. A Kurapika la recorrió un escalofrió.
Sabía quien era.
Tardíamente, se percato de que su cuerpo se encontraba presionado apretadamente contra su cuerpo. Podía sentir sus piernas entrelazadas a las de ella, sus brazos rodeando su torso. Podía sentir su pecho—moviéndose mientras respiraba—contra su pecho. Y para su horror, se percato de su desnudes—sólo contaba con su ropa interior. Probablemente, él se encontraba igual que ella.
Sin siquiera molestarse en abrir sus ojos para comprobar su sospecha—era innecesario verificarlo—lo empujo y grito.
O al menos, esa había sido su intensión, porque lo único que salió de su boca fue un débil chillido—sonó como un ratoncito asustado. Su atónito grito y duro empujón despertó a Kuroro de su sueño. Sus ojos se abrieron, sus sorprendidos ojos oscuros encontraron los aterrados ojos azules de Kurapika. Viendo que estaba prácticamente desnuda, rápidamente Kurapika agarro la mayor cantidad de frazadas que pudo para cubrir su piel. Atemorizada y consciente de su condición actual, curvo su cuerpo protectoramente, escondiéndose, haciéndose ver más frágil y pequeña que nunca.
Al comienzo se había sorprendido, pero al percatarse de que la kuruta había recobrado la fuerza suficiente para empujarlo, cuando se percato de que estaba semi desnuda, compartiendo una cama con él, se relajo, entendía su frenética reacción. Se tomo su tiempo, observándola.
Su cuerpo temblaba, pero ambos sabían que no era de miedo. Nunca le había temido. Y ahora no era excepción. Estaba sorprendida, sí. Estaba conmocionada y horrorizada, sí. Le tenía miedo, no. De alguna forma, ella confiaba en el, por raro que pareciera. Comenzó a refregar sus brazos con sus manos, intentando aumentar la temperatura de estos.
"Kurapika, estas helada." Le dijo mientras la alcanzaba con una mano. "Ven."
Su voz era suave y gentil, aunque había un tono de cansancio. Kurapika lo miro con duda, apretando las frazadas con sus temblorosas manos. Sus ojos lo decían todo: ¿Qué diablos paso que terminamos en esta comprometedora situación?
Kuroro le conto lo ocurrido con el ifrit y el anillo de Salomón, guardándose los detalles para más tarde. Nuevamente los ojos de Kurapika le dijeron todo: ¿Es realmente necesario?
"No quiero arriesgarme a perderte por culpa de nuestro estúpido orgullo. Eso sería ridículo." Dijo seriamente mientras movía impacientemente su mano.
Kuroro estaba tan cansado, mental y físicamente, que no le importaba elegir con cuidado sus palabras. No le importaba lo que podían implicar; solo le interesaba que cierta niña estuviera a salvo de morir congelada. Kurapika se forzó a hablar, pero sus palabras salieron roncas debido a la falta de uso.
"Pero—"
"Kurapika, si quisiera hacerte algo, lo hubiese hecho hace horas, cuando estabas inconsciente." Dijo Kuroro con exasperación.
Dicha muchacha se sonrojo fuertemente, sintiendo el calor de sus mejillas. Su boca quedo abierta mientras observaba al hombre, con clara incredulidad—porque el hombre de hecho no la había acosado—y avergonzado—porque sabía que tenía razón. Si hubiese sido otro hombre, eso hubiese sido muy diferente. Kuroro levanto una ceja al ver su incomoda reacción, pero sonrió en su interior.
"Ven, Kurapika." Dijo Kuroro mientras intentaba llegar a ella de nuevo.
Esta vez, Kurapika hizo como le dijo, y él la tomo entre sus brazos, jalándola hacia él. Después de todo, ella moría por más calor. Dócilmente dejo que la abrazara, pero se aseguro de que sus brazos estuvieran entre su pecho y el de él. Kuroro no se molesto por eso, solo envolvió su pequeña figura con sus brazos.
Kurapika respiro en silencio, percibiendo con claridad la esencia de Kuroro. Tenía cierto olor a masculinidad, y si bien Kurapika nunca había estudiado las esencias masculinas, estaba segura de que este en particular tenia cierto tinte de seguridad en el.
Si debía compararlo con la de otros hombres que conocía, había una clara diferencia. Leorio siempre usaba colonia, por lo que nunca conoció su real esencia—no era como si quisiera, en realidad. Killua y Gon, apenas acababan de salir de la infancia y entrar a la adolescencia, por lo que suponía que debían oler como niños. Nuevamente, no era como si realmente eso le hubiera interesado.
Dejándose rodear por esa conocida esencia, Kurapika solo pudo rendirse al abrazo de Kuroro, relajándose.
De pronto, la persona que había recibido todo su odio ahora se había transformado en alguien en quien podía confiar.
…al menos puedes confiar en mí. Después de todo, no soy tu amigo, era lo que había dicho. Cuan cierto era. El nunca había sido su amigo. El era… algo más.
Shalnark observo la limpia hostal con interés. Su danchou le había ordenado, particularmente, que fuera al hostal el Pony Encabritado y lo esperara. Curiosamente, cuando acababa de tomar asiento en una mesa, una muchacha de la edad de Kurapika se le acerco. El pelo de su cola de caballo se movía de lado a lado mientras camina, imitando su alegre actitud.
"¿Estas, por casualidad, buscando a Kuroro?"
Correcto, se había sorprendido al oír como la muchacha decía con tal normalidad el nombre de su danchou, como si fuera su amigo—la araña más joven no había sido informado de su relativamente nuevo conocido. Solo pudo responder con un estúpido asentimiento y observarla boquiabierto como ella caminaba alegremente hacia la escalera. Su boca se abrió aun más cuando vio que regresaba con Kuroro.
"¿Quién?" fue todo lo que pudo preguntar en su atónito estado.
"Fino, la hija del dueño. Ella cuida los ojos por nosotros."
"Ah, ya veo." La refrescante sonrisa de Shalnark tomo su puesto, como su la breve explicación de Kuroro aclarara todo.
Alegremente, el muchacho de pelo castaño claro saco un papel y lo abrió sobre la mesa. Sin desperdiciar otro segundo, procedió a decirle sobre los movimientos del mercado negro respecto a los ojos rojos. Por supuesto que Kuroro ya le había informado sobre la desaparición del lazo mágico, por lo que había recuperado su libertad. Shalnark lo noto, y no se sorprendió cuando la cabeza de la araña había retomado la búsqueda de los ojos escarlatas.
Después de todo, Kuroro Lucifer era conocido por ser alguien de palabra. El hecho de que concerniera a cierta Kuruta rubia, era un incentivo agregado—o veneno según el diccionario de Nobunaga.
"Estoy completamente seguro de que no habrá problemas en cuantos a los ojos escarlatas, mientras—" se detuvo por unos milisegundos antes de continuar, "me mantengas informado."
Si Kuroro hubiese tenido orejas de perro o gato, el instante en que se detuvo por unos milisegundos, estas se hubieran levantado en alerta. Shalnark noto ese extraño gesto—rara vez sucedía.
"Danchou, ¿Pasa algo?"
"Se está despertando."
Shalnark observo de cerca el rostro de Kuroro.
"¿Kurapika?" pregunto con lentitud.
Kuroro asintió. "A estado inconsciente por dos días Es hora de que se despierte." Dijo con un gesto despreocupado—o al menos uno que suponía serlo.
Shalnark se removió en su asiento y se inclino hacia adelante, dejando sus codos sobre la mesa, mientras observaba con ojos críticos a Kuroro. Kuroro noto el gesto y miro a la araña de forma inquisitiva. No era frecuente que sus subordinados, lo cuestionaran de esa forma.
"Danchou, ¿Qué vas a hacer después de esto?" pregunto suavemente el hombre más joven, mientras colocaba el dedo índice sobre el papel de la mesa—la lista con la ubicación de los ojos escarlatas.
"Dejarla tranquila. Y ella también nos dejara tranquilos." Fue la respuesta inmediata y automática de Kuroro, como si fuera una respuesta ensayada una y otra vez.
"¡Paz al fin!" era el tipo de respuesta que Kuroro esperaba de Shalnark, pero esa idea escasamente cruzo su mente.
"¿Estás seguro, Danchou?"
Kuroro alzo su cara y le dio una dura mirada. Shalnark se encogió un poco al recibirla.
"¿Cuál es tu punto?"
"De hecho, yo y algunos de nosotros (notoriamente Machi, agrego mentalmente) hemos notado tu…" Shalnark hizo rodar su lengua mientras buscaba la palabra correcta, "…agrado hacia la Kuruta. Dudo que se te haga fácil dejarla sola."
"Lo que sienta no influye sobre lo que debe hacerse por el bien de todos." Declaro con firmeza y con tono desentendido.
Esa apatía de nuevo… noto Shalnark, cuando descubrió la resistencia de Kuroro por descontinuar ese asunto.
Una de las razones por las que decidió unirse al Genei Ryodan hace años atrás, se debía a que se sentía atraído al abandono y devoción que Kuroro Lucifer sentía por el Genei Ryodan y Ryuusei-gai.
Esta es la primera vez que pide asistencia a una araña en un asunto personal. Shalnark detuvo su carril de ideas. Pero de nuevo, el simplemente cree que esto es lo mejor para el Ryodan—para asegurarse de que el bastardo de la cadena no lo vuelva a molestar.
Observo a hurtadillas a su Danchou mientras este se encontraba preocupado diciéndole a Fino que Kurapika había despertado y que la fuera a atender. Todas las acciones que hacía por la Kuruta parecían sinceras y de corazón.
Ya no sé cuál es la verdad. ¿Asuntos personales o lo mejor para el Ryodan? Pensó la joven araña.
Cuando capto la casi imperceptible luz que apareció en los oscuros ojos de Kuroro el instante en que vio a Kurapika al pie de la escalera, Shalnark encontró su respuesta.
Entonces son asuntos personales.
La Kuruta a penas los ubico entre la multitud, se les aproximo de forma inmediata.
Kurapika silenciosamente se ubico a su lado, mientras él la observaba estudiando sus rasgos faciales. Permanecieron de esa forma sin intercambiar palabras. Ya no estaba tan pálida, al menos ahora su rostro tenia color, no estaba tan blanca como una hoja de papel. Podía decir por como había caminado, que sus músculos seguían levemente atrofiados como consecuencia del frio. Sabía que necesitaba caminar y estirarse.
Kuroro alcanzo su mejilla con una mano. Podía sentir cierto calor en ella. En vez de apartarse del contacto, como normalmente haría, Kurapika se inclino hacia este, apreciando el calor de su mano. Anteriormente, al contacto él era frio—neutral. Ahora, no sabía si era por la baja temperatura de su cuerpo o por la cálida actitud de Kuroro hacia ella, pero el contacto con Kuroro le parecía cálido y seguro.
Un tono de calma apareció en los ojos azules de Kurapika, y Shalnark; siendo el hábil observador que era, no lo paso por alto. Sonrió triunfalmente en su interior. Si Nobunaga hubiese visto eso, ahora se encontraría botando saliva por su boca.
"¿Fino viene contigo?" finalmente pregunto.
Como si ella respondiera la pregunta, Fino revoloteo su camino hasta Kurapika, y sostuvo gentilmente su brazo—sabia que la muchacha seguía débil y cansada. Después de la primera noche que Kurapika despertó, Kuroro le comento sobre el incidente, y para su horror ella se hubiese sacado los ojos de tantas lagrimas si Kuroro no le hubiese comentado que se estaba recuperando.
"Me quedare con ella, ¡No te preocupes!" exclamo con felicidad, emocionada con la idea de caminar junto a Kurapika. No era secreto que la niña admiraba a Kurapika.
Luego de asentir en acuerdo y permiso, ambas chicas salieron del hostal, desapareciendo tras su puerta. Shalnark mantenía sus ojos pegados a la puerta, incluso después de segundos.
"Es una niña muy buena." Remarco.
"Tienes oportunidad. Fino es soltera, o al menos eso es lo que sé." Kuroro rio entretenido ante el castaño que lo acompañaba.
"¡Danchou!" Su tono gritaba negación, pero inevitablemente sus mejillas se pintaron de un generoso tono rojo, mientras se sonrojaba. "No estoy pensando en ella."
"Fase de negación." Kuroro asintió de forma sabia, una sonrisa malévola en su rostro.
"C, como , ¡Como sea!" Shalnark deliberadamente aclaro su garganta, mientras intentaba cambiar el tema. "Eh oído que Mammon se está moviendo."
Todo rastro de entretención desapareció del rostro de Kuroro cuando oyó la información de Shalnark, aunque mantuvo una expresión tranquila. Contrajo levemente sus ojos al escuchar el nombre 'Mammon'. Se enderezo, y de pronto el aire a su alrededor se volvió serio.
"¿Qué traman?"
"Todavía no sabemos. Los otro están investigando."
"Mantenme informado sobre sus actividades." Dijo seriamente, como un general que habla con sus tropas.
"Te copio."
"¿Has oído de Mammon?" fue lo primero que le pregunto cuándo regreso al cuarto que compartían, tras una caminata con Fino.
Habían pasado un par de días desde que había sido revivida del frio, y ahora se encontraba en el proceso de recuperar sus energías. Su salud mejoraba de a poco, y para ese entonces estaba CASI tan bien como antes, solo que mas friolenta.
"Por supuesto." Se burlo. "Pase la mayoría de mis días como Hunter, antes de cruzarme con Hassamunnin, como cazadora de listas negras. Los eh visto en las listas de los más buscados. ¿Por qué?"
"Se autoproclaman los rivales del Genei Ryodan, y hacen de todo para superarnos en cualquier negocio que hagamos."
Kurapika le dio un condescendiente resoplido y comenzó a despotricar.
"Cierto. La primera impresión que recibí al leer su descripción fue que eran un grupo de homicidas, suicidas, psicópatas, cabezas de musculo, de cierto modo, poderosos usuarios de nen que simplemente están intentando lucir sus poderes, pero que realmente no reciben ningún reconocimiento por sus actividades. ¡Hah! Estoy casi segura que más de la mitad de los usuarios de nen, mafia, y comunidades Hunter jamás han oído de ellos—a excepción de aquellos que trabajan como cazadores de lista."
"¿En tu opinión qué tan diferente son ellos de nosotros?"
"¿Qué tan diferentes? ¡Oh, por favor!" Kurapika hizo rodar sus ojos, como si acabaran de hacerle la pregunta más estúpida del universo. "¿Realmente debo decirlo?"
"Sí."
Kurapika achico sus ojos un poco disconforme.
"Sí te respondo, solo hare el favor de inflar tu enorme ego."
"Entretenme."
No va a dejarme tranquila sobre este asunto, decidió Kurapika. Suspiro y se sentó al borde de la cama.
"Bueno, primero que todo, los métodos que usan en sus actividades son crudas y poco sofisticadas; sin la distinción que los diferenciaría de otros asesinatos corrientes. No parecen tener ningún propósito como organización—exceptuando, quizás, superar al Genei Ryodan. Y para agregar, es obvio que están intentando hacerse con un nombre, siendo que siempre dejan una sangrienta firma 'M', donde sea que trabajen. No tienen originalidad."
Al terminar su explicación, martillo su lengua contra su paladar, en una clara muestra de disgusto, enfatizando su punto.
"¿Así que crees que el Ryodan tiene métodos sofisticados?" la voz de Kuroro poseía un claro tono de entretención.
"No recuerdo haber dicho eso," le respondió con tono ofendido. "Déjame aclararlo: mientras ustedes son mas sistemáticos en sus acciones, los métodos de Mammon son más que nada al azar. Dudo que tengan algún protocolo establecido dentro de la banda."
La firma del Genei Ryodan era no dejar huellas, desapareciendo tras cada misión. Sus misiones o eran muy sangrientas o extremadamente limpias, sin dejar evidencias. Ninguna banda criminal o individuo había logrado ese tipo de estándar, y Kurapika sabía muy bien que los créditos le pertenecían a Kuroro Lucifer.
Y ese era el mismo hombre que se encontraba sentado de forma civilizada, si es que no familiar, junto a ella. Diablos, incluso compartían, literalmente, la cama—sin implicar nada más que eso.
Pareciera que los dioses estaban realmente aburridos, y decidieron entretenerse con nosotros… pensó Kurapika con un humor seco.
Kuroro la observo por largo tiempo, tanto que Kurapika comenzó a incomodarse. Jamás le había agradado ser observada o escrudiñada, y de entre todas las personas Kuroro debería ser el que más comprendiera eso. La cabeza de la araña se inclino hacia adelante, puso ambos pies sobre el suelo y clavo sus codos sobre su regazo, mientras sus manos seguían entrecruzadas.
"Sabes," comenzó, "puedes decir todo eso, debido al tiempo que has pasado conmigo, porque has estado con nosotros y has visto lo que sucede dentro de la banda—porque estas al tanto de nuestras circunstancias."
Kuroro se detuvo para dejar que sus palabras fueran procesadas por la cabeza de Kurapika.
"El tú de antes del incidente de Hassamunnin probablemente nos hubiera enlistado tan bajo como ellos." Termino con voz calma.
Kurapika lo observo con una mirada que decía 'no me había dado cuenta de ello, pero ahora que lo mencionas es como claro'. Aparto la mirada de su rostro hasta sus juguetones dedos de los pies. Frunció el ceño a la vez que entraba en modo contemplativo.
"Supongo…" murmuro.
El hombre mayor se levanto, acercándose a Kurapika. Se detuvo cuando estuvo a un paso de ella. Ella seguía observando sus dedos; de pronto parecían ser muy interesantes. Dejando escapar una sonrisa, Kuroro revolvió suavemente el pelo rubio.
"No te desanimes, Kurapika." Dijo roncamente. "Las personas siempre tienden a ser mas subjetivas que objetivas cuando dan su opinión, especialmente sobre temas que han influenciado su vida. Tú no eres excepción."
"¿Y tú?" pregunto con voz susurrante, luego de una larga pausa.
"No."
"¿Sobre qué asunto?"
"Tú."
Su respuesta fue tan directa y de improviso que casi se cae de su asiento. Lo miro de prisa, retándolo a que le dijera eso a su cara, pero en cambio solo se encontró con unos oscuros ojos que le decían solo la verdad. Sabía que no estaba mintiendo. Aun así, su revelación—o confesión—no era algo fácil de aceptar.
"¿No el Ryodan? ¿No Ryuusei-gai?"
"No."
"¿Ni siquiera Ishtar?" cruzo los dedos.
Kuroro dio una ligera pausa, antes de sacudir su cabeza.
"No." Porque ya está muerta, agrego mentalmente.
No sabía si sentirse honrada o angustiada.
"¿Por qué?"
Intento buscar una respuesta en sus ojos.
"¿Necesitas razones?"
Kurapika bajo su cabeza, escapando de su mirada y cerro sus ojos. Sería una completa estúpida…
"No."
…si no hubiese notado la intima conexión que compartían. Quizás había nacido de algo extremadamente sangriento y macabro, pero sin embargo era una necesidad que no podían negar.
Kuroro observaba inconscientemente el anillo de Salomón y el otro anillo de su mano en la soledad de su habitación, ambos eran recuerdos de Ishtar, cuando dirigió su mirada a la puerta.
"¿Cuánto rato vas a estar parado como idiota?"
"¡Que grosero!"
Y la puerta se abrió, dejando ver a cierto vampiro, el que llevaba dos cajas en sus brazos. Había irritación en su pálido rostro, cuando ingreso al cuarto y dejo caer las cajas sobre la cama. Kuroro le dio una mirada de desaprobación.
"¿Kurapika no está, supongo?"
"No volverá hasta dentro de dos horas."
"¡Slava Domnului! (¡Gracias a Dios!)" chifló aliviado.
Kuroro levanto una ceja en forma de pregunta.
"No quiero verla toda histérica y frenética por esto." Señalo las cajas con un movimiento de su cabeza.
"Lamento haberte molestado para que las trajeras." Rió Kuroro, poniéndose de pie. Abrió las cajas e inspecciono los ojos escarlatas; uno con la cabeza incluida.
"sí, deberías lamentarte." Balbuceo Lucian, mientras se recostaba sobre la cama.
Luego de decidir que estaba satisfecho con la condición de los ojos, camino hacia una esquina de la habitación. Y comenzó a hacer algo que Lucian no podía ver desde donde se encontraba.
"¿Ce faci? (¿Qué estás haciendo?)"
Ignorándolo por completo, Kuroro continúo con su trabajo. De pronto, se abrió una puerta oculta, revelando la entrada a un ático. Lucian quedo asombrado.
"Wow. Desde afuera, esta hostal se ve normal. No creía que tuviera este tipo de artilugio."
"Fino tiene demasiado tiempo libre." Dijo riéndose ligeramente. "Conoce más lugares secretos en toda la villa."
Ambos rápidamente almacenaron la nueva adición de ojos escarlatas en el ático/cuarto oculto. Justo cuando terminaron y cerraron la puerta, se escucho una conmoción desde la calle. Antes de que pudiesen revisar que ocurría, la puerta de su cuarto se abrió de golpe.
Ante él se encontraba el dueño de la hostal, con su rostro extremadamente pálido.
"F, f, Fino—"
Incapaz de terminar su oración, el dueño se apresuro escaleras abajo. Lucian y Kuroro intercambiaron miradas, sin embargo bajaron la escalera para ver qué era lo que estaba molestando al hombre. Si algo había pasado, Kurapika probablemente la estaba cuidando. Lucian apenas había dado un paso fuera del cuarto cuando su nariz se contrajo y sus ojos de dilataron.
"Sangre." Balbuceo, captando la atención de Kuroro. "Mucha sangre."
Kuroro frunció el ceño. Si Fino estaba herida, Kurapika podría haberla curado con su cadena Holy. ¿Así que porque…
"Oh, Doamne… (Oh Dios) esta no es suya." Le lanzo una horrorizada mirada a Kuroro. "Es de tu fata."
Corrieron escaleras abajo.
Continuara…
La tipeja que traduce… U.U recuerden FATA= NIÑA… por si no se acordaban ;) … eso… ojala les guste lo que leen … tau tau….
