-No tengo hambre

La patada que le propinó a la lata que una de las voluntarias le ofrecía, quizá fue demasiado fuerte pero no le importaba. Solo intentaban que comiera e intentara hacer como si nada hubiera pasado.

Como si ella no hubiera respirado por última vez a unos metros de allí.

Había intentado entregarse a las tropas cuatro veces, cuatro veces en cuatro días, cuatro palizas por parte de los rebeldes. Y no porque fueran en su contra, si no porque cuando lo alcanzaban se resistía como si su vida dependiese de ello, como de hecho pasaba.

Quería volver a las tropas, quería que le dispararan como hicieron con ella, quería arrancar una a una las uñas del que le disparó. Quería que lo llevaran ante Snow después, herido y medio muerto, para utilizar su último aliento llevándose consigo a aquel demonio que le había arrebatado su mundo entero.

Porque eso era Katniss, su mundo. El simple recuerdo de la bala entrando en su pecho lo volvía loco…y no sólo eso, el simple recuerdo de la bala hiriéndola mientras ella creía que él quería matarla, que era una desconocida para él…lo trastornaba, hacía que cada gota de sangre hirviera en su cuerpo.

No podía cambiar lo que había pasado, no podía besarla y susurrarle que estaba aquí, que algo había pasado en su mente mientras ella daba el discurso, que el experimento de Snow estaba en un segundo plano, que las ganas de apretarla contra su piel y ponerla a salvo habían ganado al odio cegador, que la reconocía, que sabía QUIÉN ERA, y QUÉ habían vivido juntos.

Se levantó con cuidado de no despertar a uno de los guardias que aún lo vigilaban desde su intento de huida la noche anterior. No había sido buena idea dejarse ver por los seguidores del Sinsajo que aún seguían en el Distrito 2, pero creyó que sería una buena idea. Ahora que se habían vuelto "demasiado protectores" con él, entorpeciendo sus planes, necesitaba alejarse de ellos lo antes posible antes de que Coín mandara al Distrito 13 a por él.

Caminó hasta una de las fábricas y tras trepar al tejado miró a su alrededor. Devastación y muerte fueron las únicas palabras que le vinieron a la mente, ya no había futuro para nadie, la esperanza había muerto con ella, con el Sinsajo.

Estaba seguro de que ella odiaba ese título. Se imaginaba con ella en el prado, mirando al frente, sentado a su lado mientras ella tumbada pensaba en voz alta.

-¿Enserio Peeta, de verdad pueden creer que yo valgo para motivar a las masas?

Y ambos morirían de risa imaginando a todos esos necios creyendo que alguien que lo único que sabía hacer en público era ponerse en ridículo a sí misma iba a conducirlos a la victoria. Pero él la miraría con los ojos entrecerrados e intentaría ponerle flores en el pelo, decirle que ellos quizá habían intuido lo que él sabía desde siempre, que era maravillosa e increíble, capaz de cambiar el mundo por completo.

Tragó y se pasó una mano por el pelo. Aunque pareciera una locura los juegos habían sido lo peor y lo mejor que le había pasado nunca, si tuviera que volver a pasar por eso para acercarse así a ella, lo haría.

A la hora de la cena se sentó con uno de los chicos que "mejor" le había caído, si a "menos" le había pegado, podía llamársele así.

-¿Sabes por qué estoy aquí?

El chico lo miró ceñudo.

-¿Hablas? Pensaba que te habían dejado KO en Panem…

Peeta movió con rapidez la mano derecha y atrapó el dedo meñique de su interlocutor, con fuerza lo agacho donde nadie más pudiera ver sus manos entre lazadas y estiró con fuerza hasta escuchar un crujido.

-Estoy dispuesto a romperlo si no terminas con las bromas a la de ya. Tengo un poco de prisa y no voy a perder el tiempo con niñatos. No repetiré la pregunta.

-Creemos –la voz de él se cortó por el dolor pero siguió hablando- …creemos que quieres intercambiar información con Snow, o que quieres volver, la tropa esta dividida…no sabemos qué creer, algunos creen que estás de nuestro lado.

Sin contestar se puso en pie con el muchacho y lo retuvo con una rápida maniobra poniendo en su cuello uno de los cuchillos que llevaba escondidos.

El resto del grupo dejó inmediatamente de hablar y se giró hacia él.

-Bien, ahora que tengo vuestra atención, me gustaría contaros cual es el plan.

-¿Y por qué crees que vamos a colaborar? –preguntó el más alto a modo de amenaza.

-Porque si no lo degollaré aquí y ahora…-suspiró- y porque ambos queremos lo mismo, vengar la muerte del Sinsajo y acabar con Snow.

El que le había contestado antes se posicionó para atacar y otro a su lado contestó: -No te creemos, sabemos que intentaste matarla…lo de vengar al Sinsajo y matar a Snow no es más que una tapadera para que te dejemos volver a Panem.

Peeta suspiró y su corazón le pesó durante unos segundos: -Sé lo que parece, pero no es así. Por eso estoy aquí, la vi morir desde el distrito 13 y desde el instante en que la vi caer no he podido dormir ni comer, no hasta que mate al desgraciado que me torturó hasta convertirla en mi enemiga.

Sonaba tan desquiciado que nadie habló, se limitaron a mirarse y observarlo.

-No me creáis si no queréis, Snow jugó con mi mente para creerla culpable de mis desgracias, para convertirla en mi enemiga, pero hace tres noches y cuatro días, cuando la vi caer sin vida el velo que Snow había puesto, cayó. No puedo devolverle la vida, pero puedo vengarla y acabar lo que ella empezó.

Varios se pusieron en pie a modo de apoyo.

-Mirad si no me creéis, podemos trazar un plan, acabar con Snow entre todos, y después me matáis vosotros. Tampoco tiene mucho sentido seguir una guerra sin la razón por la que se lucha y la esperanza, para mí, murió con ella.

El tipo alto de antes avanzó y alargó la mano hacia él para sellar el trato. Lentamente bajó el cuchillo y dejó libre al chico. Los demás asintieron e intentaron seguir con su cena.

Peeta se pasó la mano por la cara, agotado, y se dejó caer contra uno de los muros que los guarecían.

Pensó en aquella vez que le dijo que siempre estaría ahí, y en cómo había fallado estrepitosamente.

-Pronto, Katniss, muy pronto… -susurró.

Y no sabía cuánto.