Correr no era una opción. Si no la acribillaban a tiros, matarían a los demás y ninguno sería capaz de llegar a Peeta antes de que cometiera una locura.
De no ser por eso, ya se habría enfrentado al grupo de gente que les rodeaba.
Eran escoria, no eran exactamente de las tropas de Panem pero como si lo fueran. Se dedicaban a entregarles todo lo que encontraban: bienes, comida o forajidos. No podía culparlos, en tiempos de guerra la gente hacía lo posible por sobrevivir, pero sí podía decirles que habían escogido el bando equivocado.
Los habían atrapado mientras tomaban un descanso, habían caminado (más bien corrido) durante todo el día sin un respiro, al atardecer decidieron parar unos minutos y continuar un par de horas más hasta llegar al río, estaban muy cerca y su intención era aparecer por la mañana.
Sin embargo, mientras algunos limpiaban las heridas de sus pies y otros comían el poco pan duro que les quedaba, un grupo de vagabundos los asaltó. Al principio creyeron que no eran más que unos pobres exiliados, sin embargo cuando sacaron las armas se dieron cuenta de que eran algo más que eso.
-¿No tuviste suficiente, Sinsajo? –bramó uno atragantándose de la risa mientras los arrastraban a saber dónde.
Katniss no contestó pero el vello de su nuca se erizó. Había sobrevivido, pero la sensación de la bala chocando contra su pecho aún latía sobre su piel.
Tres horas después se adentraban en los campamentos del distrito 2. Como se había imaginado, fueron a la zona de los marginados, aquellos que no habían escogido bando en un principio y que ahora se limitaban a servir al que ellos creían el bando ganador: Panem.
Con la culata de sus armas fueron empujando a sus amigos contra uno de los coches reventados que habían en el centro del campamento, a ella, sin embargo la empujaron hacia una de las tiendas.
Cuando entró se encontró con cuatro hombres inclinados sobre un tablero, la peste a humo la hizo toser y todos se giraron hacía ella. El brillo de reconocimiento en los ojos de todos ellos la hizo estremecerse.
-Debo comer más –dijo el de en medio con voz autoritaria mientras giraba alrededor el tablero hasta acercarse a ella-, empiezo a tener alucinaciones, señores.
Los demás se irguieron, pero no rieron ni contestaron, la temperatura del interior de la tienda había bajado dos grados por lo menos.
-Veo que los chalecos antibalas del Distrito 13 deben ser toda una proeza, si no, no entiendo cómo pudiste sobrevivir.
Katniss lo miró con asco pero no contestó, no iba a dar ningún tipo de información a ese ser despreciable.
-Señor, debemos avisar a Striker…-la voz del más joven en torno al tablero, sonó lastimera.
Mirándolo de reojo, el hombre al lado de Katniss suspiró y sin dudarlo medio segundo, disparó a los tres hombres de la mesa.
-Sólo traes problemas, jovencita –y seguidamente se sentó en un sillón, con uno de los muertos a su lado izquierdo y otro entre sus piernas. Sin ningún tipo de remordimiento o culpa. Se apretó el puente de la nariz, cansado, y volvió a suspirar.
-Mi nombre es Henry y hasta hace unos segundos, era el hombre más venerado en el campamento –Katniss tragó, creía saber por qué-. Tu muerte nos ha traído el favor de Striker, comandante de la tropa más letal de Panem, gracias a eso, has podido ver a la gente afuera, antes llegamos a pasar varios días bajo coches, tierra, heces…esperando que Striker se alejara.
Silecio.
-Tu estado actual, nos trae ante una situación bastante complicada. Si Striker lo descubre, se entera de que sigues viva, creerá que los que mentimos, fuimos nosotros…
Katniss se mordió el labio, intentando pensar en algo, si ella moría, Peeta moría y no estaba dispuesta a permitirlo. Con apenas un susurró de voz, añadió:
-Po-podríamos ser aliados…si él aún cree que estoy muerta y me dejas viva, mataré a Snow, a Striker y a todo el que haga falta para acabar con esta situación…y si no, no te pasará nada pues él ya cree que morí.
Con media sonrisa dibujada en su cara, Henry se movió hacía el lado derecho, cogió el paquete de tabaco y con sumo cuidado lo abrió. Sacó un cigarro alargado, lo observó y acarició con pulgar e índice de la mano contraria, después lo subió hasta su boca y volvió a alargar la mano hasta que encontró las cerillas. Repitió el procedimiento del cigarro con sumo cuidado y lo encendió.
Tomo una larga y profunda calada, echando su cabeza hacia atrás y expulsando todo el aire de sus pulmones. Katniss estaba temblando.
-Predecible –y con un gesto mandó a sus dos guardias a que se la llevaran.
Antes debió darles instrucciones porque no la llevaron con los demás, le vendaron los ojos a mitad del camino y tras un buen rato andando escuchó lo que le parecieron las puertas de un gran camión abriéndose. Instantes después la alzaron hacia arriba y la lanzaron de un empujón hacía dentro. Se golpeó la sien izquierda con algo metálico y notó como le resbalaba la sangre caliente por la cara.
Segundos después escuchó cómo cerraban las puertas y, tras eso, nada más que su respiración entrecortada y el pitido en su oído izquierdo que le había provocado el golpe. Sin poder evitarlo, comenzó a llorar. Notó como una a una, todas sus fuerzas la abandonaban. No había comido desde la noche anterior, apenas había dormido en una semana, había andado por un día entero y para colmó se había abierto la cabeza con a saber qué.
Intentó no dormirse, era lo mejor con las heridas de la cabeza, tenía que estar despierta y aguantar hasta que pudiera soltarse y conseguir ir a por Peeta. Pero siendo realista, tenía las manos bien atadas, sus amigos estaban atrapados y ni ella misma sabía dónde estaba.
Podía dejarse morir si quería, la misión se había convertido en un desastre. Como todo lo que tocaba últimamente.
