La lluvia golpeaba con fuerza el camión, debía estar diluviando, sólo esperaba que el resto estuviera bajo resguardo, porque aquello parecía más un huracán que un simple chaparrón.

De vez en cuando un golpe seco sacudía el camión inclinándolo y haciéndola rodar bruscamente mientras dormitaba. Debían ser las ramas de los árboles cayendo.

Toda la cara le ardía y el dolor punzante no había cesado en las horas que llevaba allí, que debieron ser unas seis o siete según sus cálculos, los juegos le habían regalado eso también, un maravilloso don para contar el tiempo.

Su conciencia había ido y venido pero debía estar yendo a peor porque ya pasaba más tiempo ensoñando que despierta. Además tenía toda la pinta de que la herida de su sien se había infectado y que eso estaba agravando la situación. Intentó preocuparse pero hasta se rió, los delirios eran lo mejor del mundo.

A veces se imaginaba llegando al campamento donde supuestamente se encontraba Peeta y sonriéndole desde lejos llegaba bailando hasta él. ¿Bailando? Volvió a reír, desde luego ese estado físico suyo era muy divertido.

Imaginó a Gale con Johanna, cogidos de la mano y mirándose el uno al otro como si llevaran toda la vida buscándose, algo en su estómago se removió, por un momento creyó que eran celos, pero entonces se dio cuenta de que solo era ese miedo de hermana cuando crees que una chica te robará a tu hermano mayor, ese protector incondicional mezclado con mejor amigo. Sonrió con cariño, cómo no lo había pensado antes, eran tan parecidos, ambos con todo ese rencor y esas ganas de lucha. Y volvió a bailar, cogiendo a Johanna de la mano la llevo con ella al centro del prado y bailaron como locas de alegría, de vida.

Haymitch también estaba por allí con Effie brindando por el nuevo tiempo de dicha y Finnick y Annie contaban a Peeta cómo iban a construir su casa. Pero Peeta no prestaba mucha atención, no le quitaba la vista de encima.

Una explosión sonó cerca de allí y todos corrieron a refugiarse. Otro tronco, o lo que ella creía que había sido un tronco, había vuelto a estrellarse contra el camión y la había sacado de su sueño. La cabeza le dolía más que nunca y el pitido del oído era tan brutal que apenas conseguía escuchar su propia voz o respiración.

De repente notó que la luz cambiaba, que entraba un poco de frío y el camión se movía un poco al subir alguien. No consiguió ver de quién se trataba, solo notó como la movían más al fondo del camión y le metían algo en la boca.

Intentó gritar pero sólo escuchó cómo decían algo sobre no descubrirlos. Inmediatamente después le taparon la cabeza con una tela, dejándole espacio en la nariz para respirar. Estaba fresquita y durante algunos minutos incluso sintió alivio, seguidamente se desmayó y esta vez ni siquiera soñó.