Cuando volvió a despertar escuchó explosiones, ya no eran árboles cayendo, eran explosiones claras y no muy lejos del camión. Si la infección y la fiebre no la mataban, sería alguna de aquellas bombas.

Si Finnick o alguno de ellos había conseguido escapar iría a por ella, pero demonios, nadie sabía que estaba ahí, estaba segura de que la habían llevado sin que nadie los viera.

Intentó soltarse pero se mareó en cuanto se movió y perdió la consciencia.

Soñó con lluvias torrenciales y guerras sangrientas.

Otro golpe seco sacudió el camión y seguidamente una explosión cercana provocó un ruido estremecedor. Sin estar preparada el camión giró sobre sí, y se estrelló contra sus lados girando con él.

Algo cambió pues notó que había alguien más con ella, haciendo un esfuerzo consiguió distinguir una pelea. Uno de los dos lanzaba al otro contra las paredes del camión. Algo cayó sobre ella golpeándola en las heridas. Gimió de dolor e intentó moverse, pero fue inútil, no le quedaban fuerzas.

Se había dado con algo frío en más partes de su cuerpo al girar el camión y apenas sus piernas respondían.

De repente el cuerpo inerte del hombre fue movido y ella pudo notar el helor del ambiente en cada poro de su piel. Comenzó a llorar sin consuelo, todo se había ido a la mierda y para colmo ella iba a morir.

Unas manos la movían por el camión. Consiguió escupir el trapo de su boca y a gemir contra la tela que le tapaba la cara. Era lo único que podía hacer, intentar pedir ayuda, no iba a poder enfrentarse a su atacante, iban a matarla, estaba segura, iban a callarla antes de que ningún aliado la encontrara.

La sentaron contra un lado del camión, parecía una esquina, sabía que no estaba fuera porque aún no se había mojado y seguía lloviendo. La cara le ardía más que antes y tenía que luchar con todas sus fuerzas para no perder la conciencia.

-Shhh-su atacante le chitaba, quizá se estaban escondiendo, él pensaba usarla de moneda de cambio.

Con cuidado le soltó la tela de la cara y la fue despegando poco a poco, entre la sangre y las lágrimas se había pegado a su cara. Una de las manos de su captor se posó en su brazo mientras con la otra estiraba con cuidado. Cuando al fin notó el frío en su cara, suspiró. La manó de su capto en su brazo se congeló por completo.

Debía haber entrado alguien.

Lentamente y con un pinchazo en su cabeza que casi la manda a la inconsciencia otra vez, consiguió abrir los ojos.

Ninguno de los dos se movió hasta que ella volvió a perder la conciencia.

Los fuertes brazos de Peeta la cogieron antes de que se golpeara con el suelo.