Gracias por sus reviews, los amo, en serio, son un amor (notecese el sarcasmo por que no me dejaron ninguno ;_; )

Ojalá les guste este cap nwn


Kaiba hablaba por su celular mientras que Yami solo miraba por la ventana. El ambiente era algo tenso ya que ninguno cambiaba palabra.

– Y que Mokuba ya esté acostado cuando llegue, rodaran cabezas si no es así –ordenaba el castaño.

– ¿No quieres que tu hermanito me vea? –comentó el tricolor.

Kaiba cortó su llamada y solo le dio una mirada de molestia.

– Si, se supone, que no eres Yugi… –comentó despectivo– ¿Quién demonios eres?

– Dime Yami, recuérdalo bien… Odio que digan otro nombre cuando… Tú sabes –a Kaiba le salió una enorme vena en la sien.

Sin medir su fuerza, tomó al menor del brazo y lo atrajo ante si bruscamente, Yami gruñó de dolor, pero no se dejó intimidar y como siempre, le miró directo a los ojos.

– Veremos… Terminarás diciendo mi nombre, se te grabara como fuego en la piel –le susurró muy cerca de la cara.

Yami movió su brazo libre, apoyando su mano en el muslo del más alto, dándole un apretón cerca de la ingle. Seto soltó de a poco el brazo del mayor, bajando hasta su mano en una caricia un tanto brusca.

– Siempre he pensado que esas ropas no son para alguien con cuerpo de niño –le dijo, dándole una caricia al pecho.

– ¿Lo dices por el cuero? A Yugi le gusta vestirse así pero… –guardó silencio para disfrutar esa mano acariciándole el pecho– yo no soy alguien con una mentalidad de niño.

Kaiba sonrió un poco ante esas palabras, recostado a Yami en los asientos para ponerse encima.

– Que bien, porque no es juego de niños lo que pasara pronto.

Sin pensarlo más, se agachó y le mordió una oreja, a lo que Yami respondió con un suspiro de satisfacción.

Para mal suyo, Yami no podía disfrutar de los placeres carnales que en su tiempo como realeza de Egipto logró disfrutar: Yugi era demasiado inocente. No quería pedirle al menor hacer algo en contra de su voluntad solo para que él pudiera desfogar sus bajos instintos, pero ahora, el controlaba el cuerpo y como bien dice el dicho: ojos que no ven, corazón que no siente. Y realmente esperaba que el corazón del otro siguiera igual de puro luego de las atrocidades que haría esa noche.

Yami acariciaba la espalda y cabeza de Kaiba, incitándolo a seguir mordiéndole y besándole por la oreja y el cuello.

– Te dejaré derrotado esta noche – le susurró el mayor en la oreja, haciendo que el otro tuviera un estremecimiento.

– Eso espero, no creo que puedas ser más malo en la cama que lo que eres en la arena – ante este burlesco comentario, Kaiba le mordió el cuello fuertemente.

Yami se quejó molesto, tironeándole un poco el pelo de la nuca. Queriendo más contacto, Seto se acomodó entre las piernas de Yami, tomándole de la espalda para que este le envolviera en sus piernas y así poder rozarse con fuerza.

– Esos pantalones de cuero… Me provocan –confesó el mayor, desinhibiéndose un poco.

– Tócalos –propuso el menor, ansioso.

Kaiba le acarició el trasero y los mulsos, mientras seguían besándose. Estuvieron casi todo el camino igual, hasta el punto que sus miembros estuvieron listos para la acción.

Yami le desabrochó los pantalones, pero Kaiba la sujetó la muñeca rápidamente.

– No –jadeó– eso lo haremos llegando a allá… –dio una mirada por la ventana– vamos llegando.

Ambos pararon en seco y se sentaron, empezando a arreglarse el pelo y la ropa, no querían dar mala imagen, en especial el CEO.

La limosina paró frente a una gran mansión, ambos bajaron con cara de pocos amigos para disimular un tanto que tenían el cuerpo en llamas de lujuria. Sin decir palabra, Kaiba empezó a caminar y Yami le siguió. Subieron unas enormes escaleras y caminaron por pasillos solitarios. Justo antes de entrar a la habitación del mayor, una puerta se abrió y la pequeña figura de Mokuba se asomó, restregándose un ojo. Kaiba palideció.

– Hermano, que bueno que llegas, los empleados me mandaron a acostar pero no me quería dormir sin darte las buenas noches.

Kaiba aun estaba shockeado ¿Qué le diría si preguntaba por el otro? Disimuladamente vio sobre su hombro, para darse cuenta que el menor ya no estaba atrás suyo ¿Dónde se había metido? Sintió un leve toque en su trasero.

– Emh… Bueno, ya me viste, ahora ve a dormir que mañana tenemos cosas que hacer –le dio una sonrisa amable, esas que solo el pelinegro conocía.

– Buenas noches hermano, te veo mañana –Seto se despidió con su mano y el pequeño entró a la habitación nuevamente.

Kaiba se giró bruscamente, levantando su blanca gabardina, para ver al menor agachado con las manos en la cabeza.

– ¿No me vio, cierto? –preguntó sonriéndole.

– Te escondiste tan rápido como un roedor– se burló.

– Muy gracioso– contestó el menor con sarcasmo.

Rápidamente, ambos entraron a la habitación del más alto, no fuera a ser que alguien más viera a Yami por los pasillos. La habitación era simple: una cama de dos plazas, un escritorio con su respectiva silla en una esquina, un amplio armario con espejo en la puerta, algunas plantas ornamentales y un enorme ventanal con largas cortinas.

Yami se sentó en la cama mientras que Seto se quitaba la gabardina blanca y la colgaba en un perchero. El silencio se volvió algo incomodo mientras que el mayor dejaba sus pertenencias a un lado.

– ¿Una cama tan grande para alguien solo? Creo que no siempre duermes solo… –comentó el tricolor, al aire.

– ¿Qué? ¿Acaso tienes celos?

El mayor se soltó el pantalón mientras caminaba hacia la cama, donde Yami le esperaba recostado sensualmente. Al llegar a la cama, agarró un pequeño aparato y apretó un botón, haciendo que la luz bajara. Con suavidad, el castaño se fue poniendo encima del menor sin aplastarlo.

– ¿Cuánta tecnología hay en esta casa? –comentó Yami divertido, abrazando al mayor por el cuello.

– más de la que puedes imaginar.

Se dieron un beso feroz, mientras se acomodaba para lo que vendría. Por suerte la aislación era buena, o sino el pobrecito Mokuba hubiera terminado con un gran trauma.

Las embestidas que Kaiba daba hacían rechinar la cama, incluso hasta el punto de hacer que los doseles golpearan la pared. Ambos muy orgullosos, hacían gestos bruscos y se dejaban notorias marcas de arañazos y chupones, como queriendo marcar territorio. Se podía sentir como la tensión sexual entre ellos iba aflojando, luego de probarse. No hubieron gestos realmente amorosos, pero si se acariciaban y se frotaban con pasión. Seto apenas dejaba ver su cansancio o el placer que estaba sintiendo, manteniéndose impasible.

Pasaron largo rato dándose placer, con sus respiraciones agitadas y sus cuerpos sudando. Cuando ambos quedaron agotados y satisfechos el uno con el otro, se recostaron en la cama mirando el techo, intentando así volver a regular su pulso.

– Para mañana… esto nunca pasó –ordenó el mayor, aun con la mirada pérdida en el techo y la respiración agitada.

– No pensé que te arrepentirías apenas correrte –comentó el menor riendo un poco.

Yami se levantó y miró el reloj digital que estaba en el velador; marcaba las tres y tanto de la mañana. Se estiró y miró a su costado donde Kaiba parecía estar metido en sus pensamientos: tal vez realmente estaba arrepentido.

– ¿Siempre eres tan amargado? Tienes una sexualidad egoísta –esto hizo que Seto levantara una ceja.

– ¿Sexualidad egoísta?

Yami puso los ojos en blanco al notar que no le entendía, así que simplemente se acomodó mejor, poniendo su cabeza en la almohada y dándole la espalda. Kaiba le abrazó por la espalda de modo posesivo, apretándole fuertemente y susurrándole al oído.

– Explícate.

– No eres cariñoso, apenas si te preocupas por lo que sienta el otro y cosas así –explicó.

Kaiba al sentirse descrito, frunció un poco el entrecejo y luego giró a Yami para verle de cerca: nadie le dice que no es perfecto.

– ¿Quieres una segunda ronda para demostrarte que estas equivocado? –le dijo en el rostro con ira.

Yami sonrió y asintió con la cabeza, tal vez ahora conseguía derretir esa fría capa de seriedad del CEO.

A la mañana siguiente, antes que el sol saliera, la alarma de Kaiba sonó y este se levantó casi sin demostrar que estaba totalmente muerto de sueño por las dos sesiones que había tenido con el gran duelista esa noche pasada. Se fue a bañar rápidamente, ya que él no tenía tiempo que perder. Justamente estaba peinándose y arreglándose frente al espejo en la puerta del ropero cuando Yugi abrió los ojos lentamente, incomodo por los ruidos que hacía el mayor al moverse por la pieza.

– Que bueno que despiertas, apúrate –ordenó el mayor– mi limosina sale en unos 15 minutos y no voy a llegar tarde a mi trabajo por el simple hecho de que eres un flojonazo.

– ¿Eh? ¿Kaiba?

Yugi se veía totalmente confundido, lo último que recordaba era que Yami había humillado a Mokuba y que luego el sueño le había ganado ¿Por qué ahora estaba en esa habitación? Y la pregunta del millón ¿Por qué estaba desnudo?

– K–Kaiba ¿Qué hago aquí?

El mayor levantó una ceja, recordando un poco de ese cambio de cuerpo extraño que el menor decía tener, que anoche había estado con Yami.

– ¿Disculpa? No hagas que no recuerdas, ya vístete que llegamos tarde.

– ¿Pero qué pasó? –empezaba a verse asustado.

– Oh rayos, tuvimos sexo, ya vístete de una maldita vez.

La cara del menor fue cambiando al completo horror, palideciendo y empezando a tiritar. Ahí Kaiba sintió que una cubeta con hielos y todo le caía encima. Si realmente era cierta la historia de que Yugi cambiaba a Yami; él estaba en un enorme problema.

– M–me... Violast...

– ¡NO! –Interrumpió el mayor rápidamente– ¡No fue así!

– ¡Kaiba eres un pervertido! –gritó el menor cubriéndose con las sabanas.

– ¡Que no fue así! –por primera vez en mucho, se sintió sonrojar de vergüenza.

Ahí supo en ese momento, que la próxima vez que viera a Yami en un duelo… iba a matarlo. Por ahora necesitaba partir rápido y ver de qué manera sacar del trauma al menor y también, como no quedar como un violador despiadado.


Ojalá les haya gustado nwn no quería hacer un lemon, pero ven que algo mas o menos puse jeje

Si les gustó dejenme un review, se los agradecería de corazon owo

adiós