¿Les gustó el capitulo anterior? ¡Este les encantará!
Una extraña pareja la que se encontraba paseando por las praderas aquel mediodía. Jamás nadie pensaría en ver a una elemental fuera del Reino del Fuego y mucho menos paseando tomada de la mano de un chico humano, ambos riendo ante los comentarios realizados durante esa caminata. Él, con su ropa característica. Ella llevaba un vestido corto hasta las rodillas, sin tirantes. Su cabello ahora era más corto.
-Eres genial, Finn-, dijo la elemental, abrazándose al brazo del humano.
-Y tú eres adorable, Flama-, dijo el chico, intentando pellizcar las mejillas de su novia.
-¡No hagas eso!-, reclamó Flama con una risilla, alejándose de los dedos de su novio en cada intento por atrapar sus mejillas, provocando también una risilla en el adolescente.
Había pasado poco más de un mes desde aquella terrible experiencia de pesadilla, que nunca olvidarían y los dejaría marcados de por vida. No, no la batalla contra el Lich, sino la plática de los 15 escalones. Poco a poco, la pareja fue recuperándose del torbellino emocional provocado por la charla y pudieron volver a verse y estar juntos sin ruborizarse en exceso o arder en exceso, en el caso de la chica flameante.
Abrazada todavía al brazo de su consorte, la chica levantó la vista hacia la cabeza de este, hacía ese grandioso sombrero que, mientras para algunos era señal de justicia y heroísmo, para ella lo significaba todo.
-¿Puedo ver tu cabello?-, preguntó la adolescente.
Finn volteó extrañado hacia su novia.
-M… Mi… ¿Mi cabello?-
-Sí, me encanta. Es una de las cosas que más me gustan de ti-
Finn trago saliva. Una gran preocupación corrió por su mente. ¿Qué haría ahora?
-Pues… eh… ¡entonces no deberías verlo tanto! ¡Sí! Porque después se te va a hacer aburrido… sí-, contestó nerviosamente el chico.
-¡Por supuesto que no!-, dijo Flama con una gran sonrisa, -nunca me cansaría de verlo. Vamos, déjame quitarte el gorro-.
La chica estiro sus brazos para retirar el gorro, pero Finn se alejó en cuanto lo intentó.
-¡Vamos! No seas tonto-, dijo divertida.
Volviéndolo a intentar, el humano la volvió a evadir.
-Anda, que no haré nada malo-
De nueva cuenta, Finn se alejó de sus brazos. Ahora Flama no dijo nada, sino que, algo molesta, trató por cualquier medio de tomar el gorro del humano y retirarlo. Finn seguía retrocediendo hasta que chocó de espaldas contra el tronco de un árbol.
-Perfecto-, dijo Flama con una sonrisa maliciosa y, lanzando dos discos de fuego logró clavar las muñecas del humano al tronco del árbol.
-Ahora que ya no te puedes mover, por fin voy a quitarte esto-, dijo la chica, tomando el gorro con ambas manos.
-¡No espera!-, gritó Finn, haciendo que su novia detuviera su acción.
-¿Qué pasa Finn? ¿Por qué de repente te pones así por tu cabello?-
-Yo… em… eh…-, decía el chico nerviosamente, -si algo le pasara a mi cabello, ¿yo te seguiría gustando?-, preguntó.
-¿Qué? ¿A qué te refieres? ¿Qué le podría pasar a tu cabello?-, dijo mientras empezaba a retirar el gorro, -Además, por supuesto que si algo pasara con tu cabello yo…-, la princesa cortó sus palabras y abrió la boca sorprendida ante la vista de la cabeza descubierta de Finn, -tu… tu cabello… ¿qué le pasó?-, preguntó sorprendida.
De la larga y rubia melena que Finn tenía, no quedaban más que unos cuantos y muy cortos cabellos que parecían estar recién crecidos. Los aros de fuego que sostenían a Finn contra el árbol se deshicieron, permitiéndole moverse.
-Bueno, veras…-, dijo Finn antes de empezar a contarle a su novia sobre aquella extraña experiencia que tuvo al disfrazarse de otra persona llamada Davey para huir de unos fans acosadores que no lo dejaban en paz, y el disfrazarse incluyó cortarse todo su cabello, -entiendo perfectamente si te enojas por lo que hice-
El pobre chico ahí sentado se veía con cara triste después de contar su historia. Su novia acababa de decirle que lo que más le gustaba de él era su cabello y ahora todo se había echado a perder. ¿Y si ya no le gustaba más? ¿Y si lo dejaba? Pero todas sus preocupaciones desaparecieron cuando sintió una cálida mano sobando su cabeza.
-Se siente chistoso, se siente como el césped-, dijo Flama riéndose ante la sensación del cabello en sus manos.
-¿En… en serio te gusta?-
-¡Claro! Me gustas sin importar si tengas cabello o no-
-Pero tú dijiste…-
-Finn, es cabello. Volverá a crecer algún día. Pero tú, tú sigues siendo el mismo Finn que me persiguió para decirme que le gustaba, el mismo que desafió la naturaleza por mí y el mismo que hace que mi fuego arda más fuerte-, dijo la chica, ofreciéndole el gorro a su novio.
-Gracias Flama-, dijo Finn, conmovido por las palabras de su novia.
Finn se colocó de nuevo su gorro y se levantó, ofreciendo su mano a la chica para ayudarla a levantarse.
-Y bueno, cuando fuiste a mi casa dijiste que íbamos a hacer algo especial. ¿Qué es?-
-Oh, sí. ¿Recuerdas aquella vez que fuimos al calabozo y pensabas que no eras más que una fuerza de destrucción?-
-Sí, un poco-, dijo Flama, incomoda. Obviamente, ese era un mal recuerdo.
-Quiero que sepas que tú no eres solo una fuerza de destrucción. Tú sirves para muchas cosas más. Puedes destruir, pero no significa que sea lo único que puedes hacer-, Finn le dio una rápido beso en los labios a su chica, -y te lo demostraré-, dijo Finn tomando a su novia de la mano y empezando a caminar.
-Adelante, hazlo-, dijo la Dulce Princesa
-¿Están seguros de que quieren que lo haga?-, preguntó incrédula
Finn solo asintió con la cabeza, depositando su confianza en la elemental.
-Ok, aquí vamos-, dijo Flama, intentando convencerse de alguna forma de que lo que estaba por hacer estaría bien. Si no, ¿por qué Finn se lo habría pedido?
Y así, de las manos de la chica escapó un gran ataque de fuego que cubrió todo el campo de cultivo delante de ella, quemando todas las plantas que se encontraban en el.
Al tiempo, los agricultores detrás de la pareja vitorearon la acción
-¡Sí! ¡Viva! ¡Yay! ¡Woohoo!-, gritaban.
-Por favor, señorita, continué con los de este lado-, le dijo un duende.
La princesa asintió. La respuesta positiva de los presentes le había dado algo de confianza. Flama quemó los demás campos de aquella villa de agricultores, provocando reacciones de alegría y regocijo en los pobladores.
-No entiendo, ¿por qué están tan felices de que queme sus cosechas?-, preguntó
-Verás-, dijo Finn acercándose, -estas no son sus cosechas, el periodo de cosecha terminó hace tiempo. Lo que quemaste fue la hierba mala y seca-
-¿Y eso en que ayuda?-
-Es simple-, dijo la líder del Dulce Reino –los agricultores usan un sistema de cultivo en el que al final de las cosechas queman las sobras. Así, el campo recibe nutrientes, hidrogeno y residuos orgánicos que ayudaran a hacer crecer las plantas en el próximo periodo de siembra-, explicó.
-O sea, que estás ayudando a que nazcan nuevas plantas-, dijo el chico, abrazándola solo con su brazo derecho, -estás ayudando a crear-
La chica volteó sonriente a ver a su novio. Le dio un fuerte abrazo y un beso suave en los labios.
-Gracias Finn-, dijo suavemente
-Vengan chicos, los invitó a comer a mi castillo-, dijo la Dulce Princesa.
-¿Qué les pareció la comida?-, preguntó la princesa de chicle antes de sorber su té.
-Estuvo deliciosa. Nunca había comido espagueti-, respondió Flama.
-Grandiosa como siempre, princesa-, dijo Finn
-Flama, tengo un regalo para ti. Bueno, creo más bien es para los dos-, dijo la Dulce Princesa, generando una cara de confusión en los dos adolescentes, que se voltearon a ver extrañados, -síganme-, les dijo levantándose de la mesa.
La pareja siguió a la gobernante, quien los guió fuera del comedor hasta un cuarto en el segundo piso del castillo. En él, solo había otra puerta y un gran mueble de madera. La Dulce Princesa puso una mano en el hombro de la chica y le entregó una llave.
-En ese ropero se encuentra la ropa que te prometí hace tiempo. Anda, ábrelo-, le dijo con una sonrisa.
Flama tomo la llave. La observó, y luego observó el ropero. Se dirigió hasta él, introdujo la llave. Suspiró.
-Seguro que serán vestidos como los de ella-, pensaron los dos adolescentes.
Giró la llave y abrió el ropero. Sus ojos se abrieron completamente ante la vista de lo que se encontraba dentro del mueble. Estaba realmente sorprendida.
-¡Wow!-, exclamó Finn al ver el contenido del ropero.
La princesa soltó una risilla al ver las expresiones de la pareja.
-Justo una reacción como esa es la que esperaba-
Dentro del ropero, se encontraban blusas, playeras, suéteres (aunque no es muy claro para que usaría ella un suéter), shorts, y pantalones multicolores. Y, claro, también había algunos vestidos sencillos.
-Y, solo por seguridad, son completamente ignífugos, es decir, son a prueba de fuego. Marceline y yo estuvimos discutiendo mucho con los sastres sobre el tipo de ropa que te gustaría. Ella insistía en que ahora que ya no cumples con acciones reales no había necesidad de que usaras vestidos demasiado elegantes. En sus palabras: "no hay necesidad de que parezca una Bonnie cualquiera"-, dijo la princesa, extrañamente, soltando una risilla.
Finn volteó a verla extrañado por la reacción de la gobernante ante el recuerdo de una broma de la vampiresa, y notó un leve rubor en sus mejillas. Flama solo la observaba desde el ropero con la cabeza inclinada en señal de confusión. La princesa se dio cuenta de esto y detuvo su risa.
-Em… yo… este… em… Marcy… ¡Marceline! Sí, ella… em… le dijo al sastre que te hiciera ese tipo de ropa y… em… también trajo ropa que tenía guardada y que no usaba-, dijo con sus ojos moviéndose hacia todos lados, -y los vestidos, esos si son mi idea. Consideré lo que dijo Marceline y no los hicimos tan ostentosos-, dijo un poco más aliviada y orgullosa por su trabajo.
-Flama, quédate aquí viendo tu nueva ropa. La princesa y yo tenemos que hablar un momento-, dijo Finn, provocando una reacción de sorpresa en el rostro de la gobernante.
La chica solo asintió mientras movía las ropas, observándolas de arriba a abajo.
La princesa siguió a Finn afuera del cuarto, pensando en lo que le diría.
-Oh Gob, ¿de qué querrá hablar? ¿Y si se dio cuenta? ¡Demonios, fui tan obvia!-
Pero de repente, el humano sacudió sus pensamientos. Literalmente. Cuando se dio cuenta, estaba siendo sacudida fuertemente por Finn, quien la tenía sujeta de sus brazos. La soberana podía sentir los huesos de su cuello moviéndose violentamente con cada sacudida.
-¡Princesa, tienes que ayudarme!-, gritó Finn, en tono desesperado.
La Dulce Princesa reaccionó y también sujetó a Finn, impidiendo que la sacudiera más y que su inclinada corona cayera de su cabello despeinado.
-Finn, tranquilo, ¿qué pasa?-, preguntó, preocupada
El chico le pidió a su amiga que se agachara para poder susurrarle y ser más discretos, ya que Flama se encontraba a tan solo unos cuantos metros. La princesa se puso a la altura de Finn y movió su cabeza para escuchar a Finn.
-Necesito que me ayudes a organizar una cita con Flama-, susurró.
-¿Qué? ¿En serio? Pero yo pensé que ya habían pasado eso-, susurró la princesa.
-Bueno, sí, pero… quiero hacer las cosas bien. Además, la idea de una cena, toda romántica y eso no se oye tan mal. Antes, ni siquiera hubiera pensado en algo así, pero ahora… no sé… cuando estoy con ella siento un impulso de hacer cosas que nunca antes hubiera pensado hacer. Y se siente bien, me río cuando pienso en esas cosas y siento si algo revoloteara en mi estómago. A veces me siento como si volviera a ser un lobo de los abrazos y quisiera abrazarla todo el tiempo-, dijo Finn, con una sonrisa y sonrojado.
-Aw, que tierno eres. Tu chica sí que es afortunada-, dijo la Dulce Princesa, pellizcando y jalando uno de los cachetes de Finn.
-¿Me vas a ayudar, sí o no?-, preguntó Finn con la voz deformada por el ataque de la princesa a su cara.
-Por supuesto que si tontito, ni lo dudes-, respondió picando la punta de la nariz del héroe.
-¡Wow, genial! Muchas gracias, princesa-, exclamó Finn
-Pero hay una condición-
-¿Qué? ¿Cómo que una condición? ¿Cuál?-, preguntó el chico, sorprendido.
La princesa puso una mano sobre el hombro del humano y le dirigió una sonrisa.
-Ya no me llames princesa…-
-¿Qué? ¡Pero eso eres! Una princesa. ¿Cómo se supone que te llame entonces?-
-Llámame Bonnibel…-
-Pero, ¿no es falta de respeto llamar a una princesa por su nombre? Además, ese es el nombre que Marceline usa cuando bromea contigo. ¿No te molesta?-
-No Finn, ya no me molesta. Así que tú, Flama y Jake pueden llamarme Bonnibel, ¿entendido?-
-Ok, entendido prin… es decir, Bonnibel-
-Muy bien Finn. Ahora ve a tu casa y prepárate, escoge tu mejor ropa, yo me encargaré de tu chica. Te llamaré en unas horas explicándote el plan, ¿ok?-
-Sí, confío en ti Bonnie. Nos vemos-, dijo Finn, agitando su mano mientras se alejaba.
Con cada paso que daba, con cada centímetro más que avanzaba, con cada parte del Dulce Reino que aparecía al acercarse, su corazón latía más y más fuerte; el calor abrazaba su cuerpo y el smoking que llevaba no era precisamente fresco. Por suerte, la noche si lo era, y la suave brisa que corría a través de los arboles acariciaba su rostro, refrescándolo y aliviándolo.
Jamás dudó, jamás pensó dos veces, jamás dijo "creo que mejor otra noche". Estaba nervioso, sí, pero nunca confundido. No sabía lo que iba a pasar pero, ¡Qué demonios! Jamás estaba seguro de lo que iba a pasar, eso era lo emocionante en su vida. Y en ese momento, más que en ningún otro, no tenía certeza alguna de lo que sucedería. Aún más emocionante.
-Ok, Finn, escucha, todo debe hacerse al pie de la letra si quieres que funcione -, dijo Bonnie a través del teléfono, -le he dicho a Flama que ofreceré una fiesta aquí en el Reino y que ella está invitada, así que se quedó en el castillo. La hice probarse unos vestidos y se ve… bueno, mejor no te arruino la sorpresa. Ahora, el plan: llegarás al salón del castillo y, por favor, procura ir bien vestido -
Finn entró por una puerta especial para no pasar por la villa de la dulce gente. Llego al castillo y subió las largas escaleras (con suerte de no haber sudado, aunque con el cansancio, el aroma de la colonia que Jake hizo, o más bien, ordenó que se pusiera, ya lo estaba mareando).
Al entrar, una voz desde arriba lo recibió.
-¡Wow Finn! ¡Qué bien te ves!-
-Oh, gracias Manfred. Esta es una noche muy especial-, respondió el humano a la piñata que colgaba del tejado.
-Bueno, entonces te deseo mucha suerte. Que sea una gran velada-
-Gracias, nos vemos después-
-Cuando entres al salón, nos encontraras a mí y a Flama esperándote-
Justo como la princesa le había dicho, al entrar al gran salón, las dos chicas estaban platicando y riendo. Al momento, Finn quedó totalmente impresionado con lo que veía. No por verlas a las dos juntas, sino por la manera en que su novia iba vestida. Un gran vestido largo de un color hibrido entre purpura y naranja, de falda sencilla, sin demasiado adorno. Strapless, con un escote conservador y un par de pedazos de tela morada en los costados.
-Hey, hola Finn-, saludó la Dulce Princesa.
Cuando Flama volteó a verlo, tuvo la misma reacción. Jamás había visto a Finn tan elegante. De alguna manera, lo hacía parecer más interesante.
-Hola Finn-, saludó Flama y empezó a acercarse a él.
Mientras lo hacía, un extraño ruido parecía provenir de los pies de la chica, un sonido que Finn jamás había escuchado. Y fue entonces que se dio cuenta de que la chica estaba usando zapatillas.
-Wow. Te ves… hermosa-
-Oh, gracias-, dijo Flama con un rubor en las mejillas y con un pequeño aumento en su ardor, -tú también te ves muy bien-
La Dulce Princesa, que llevaba un vestido largo y sencillo de color rosado, suspiró acercándose a la pareja.
-Bueno, creo que esta fiesta no va a ocurrir-, dijo y, volteando hacia Finn, le guiño el ojo izquierdo, -pero ya que está todo aquí, ¿por qué no aprovechan y cenan algo? Mentita los atenderá con mucho gusto-
-¿Nos acompañaras?-, preguntó Flama
-No, lo siento. Si no va a haber fiesta, mejor me duermo temprano para atender asuntos reales mañana. Pero ustedes diviértanse, pasen una buena noche. Hasta mañana-, se despidió la princesa.
-Buenas noches-, respondieron los adolescentes.
Después, ambos tomaron una mesa (extrañamente, la única mesa en todo el salón) y Mentita acudió a atenderlos.
-Buenas noches jóvenes, ¿gustan algo de cenar?-, dijo el mayordomo (ahora mesero), ofreciéndoles un menú.
-¿Me puedes traer un pedazo de carne? Cruda, por favor, yo misma la cocinaré a mi gusto-
-Por supuesto, mi lady. ¿Y usted, joven Finn?-
-Lo mismo que ella, pero yo la quiero cocinada. Y con puré de papas, por favor-
-¿Desean algo de tomar?-
-¿Quieres tomar algo?-, preguntó Finn a su novia, quien solo respondió con una mirada sarcástica, -oh, cierto, disculpa. A mi tráeme un vaso de agua fría-
-En un momento estarán sus platillos-, dijo Mentita antes de retirarse.
Mientras la pareja esperaba por sus platillos, Finn le contaba a su novia de sus aventuras y ella le contaba de las nuevas cosas que había descubierto en el mundo ahora que podía controlar su fuego. En ese momento, la luz del salón se apagó, dejándolos casi a oscuras, si no fuera por las llamas de la chica.
-Disculpen, tuvimos un problema con el sistema eléctrico-, dijo Mentita, llegando con un pedestal de velas encendidas que colocó sobre la mesa. Con un chasquido de dedos, encendió también las velas del gran candelabro que pendía sobre ellos, -en un instante llegarán sus platillos-, dijo alejándose de nuevo.
-¿De verdad necesitamos esto? Yo puedo alumbrar este cuarto sola-
Finn solo rió ante el comentario de la chica.
-Claro que puedes pero, ¿no crees que se ve muy bien el ambiente así?-
-Sí, la verdad es que se ve muy lindo-, dijo, observando hacia todos lados como la tenue luz de las velas embellecía el lugar.
-Aquí está su pedido-, dijo Mentita, llegando con dos grandes platos a la mesa
-Gracias Mentita-, respondió la pareja.
Mientras Finn intentaba rebanar su carne, la chica flameante posó su dedo sobre el pedazo de carne cruda en su plato y lo empezó a calentar. La carne chillaba ante el súbito aumento de temperatura y así siguió hasta que la carne ya estaba casi negra de tanto calor.
Cuando terminaron con sus platillos, Mentita regresó con un par de rebanadas de pastel y se los entregó la pareja. Mientras los comían, Flama se quedó mirando a Finn con una sonrisa.
-¿Qué pasó?-, dijo Finn con algo de pastel en su boca.
-No sabes esconder cosas-
-¿A qué te refieres?-, preguntó extrañado
-Esto es una cita, ¿verdad?-
-¿Por qué lo dices?-, dijo con una sonrisa.
-Vamos: la supuesta fiesta a la que nadie viene más que nosotros dos, la cena, las velas…-
Justo en ese momento, de unas bocinas colocadas en las esquinas del salón, empezó a sonar una música lenta y romántica.
-…y ahora eso. ¿No se supone que nos habíamos quedado sin electricidad?-
-Bueno, sí. Es una cita. Pero la verdad es que tenía muchas ganas de tener una cita como la mayoría de la gente. Y no me arrepiento de nada. Y, para que sea una buena cita…-, dijo Finn, levantándose de su lugar, dirigiéndose hacia su dama y extendiéndole su mano, -¿quieres bailar?-
La chica estaba sorprendida. Nunca había bailado con Finn. De hecho, nunca había bailado con nadie.
-Pero, yo no sé cómo…-
-No importa. Yo tampoco he bailado nunca. Aprenderemos juntos-
Y esas palabras bastaron para que la chica tomara confianza y aceptará la invitación del humano.
Juntos, se dirigieron hacia el centro del salón. Él tomo su cintura con su mano izquierda y con la derecha sostuvo la mano de su novia en lo alto, quien puso su otra mano en la espalda del chico. Y así, lentos, pero con confianza el uno en el otro, empezaron a bailar un ligero y sencillo vals. Ella dejo descansar su cabeza en el pecho del humano, sin dejar nunca de bailar.
-Te quiero Finn-, susurró
Él, dándole un beso en la frente y acurrucándose con su novia le dijo:
-Te quiero Flama-
Dejen una review, den follow para no perderse ni un capitulo y fav si les gusta. Cuentenle a sus amigos de la historia. Cuiden a sus mascotas. ¡Nos vemos!
