Aquí está. El capitulo que tanto revuelo provocó en su momento. Lo que pasa aquí fue una de las razones por las que me desmotivé de escribir esta historia porque terminaba provocando un plot-hole. ¡Pero hay que seguir adelante! Ya le encontrado una solución es una de las razones por las que volví. Así que sigaAAAAAAAAAAAAAAAIREIUGHGUHIH01010010100100101101010011110010101001010010010...

El último de la linea caerá
en medio de una lluvia verde
junto al origen y destrucción de vida.
El gran camino destinado empezará

...110101010101010010010010101010101010101KJNKJKUFNJNAAAAAAAAamos con la historia. ¡Vamonos!


Finn caminaba directo hacia la casa de su novia. En su mente aun guardaba los hermosos recuerdos de lo que fue la fiesta de cumpleaños que Jake y Flama le organizaron…


-¡Feliz cumpleaños Finn!-, gritaron todas sus amistades, usando gorros de oso similares al suyo.

Después del obligado pastel (sin velas, por supuesto), Flama le tenía una sorpresa a su novio.

-Ven afuera. Vamos a ver tu regalo-

Fuera de la casa, se encontraba una gran canasta aparentemente de madera, unido a una gran especie de globo elíptico hecho de algún tipo de tela.

-¿Qué eso?-, preguntó Finn, sorprendido.

-Es un globo aerostático. Lo encontré el otro día, medio enterrado cerca de mi casa. Creo que pertenecía a esos hombres musculosos que antes vivían allí-, dijo Flama

-Flama fue a mi castillo a pedirme ayuda. Creía que te gustaría ver algo como esto. Sin embargo, estaba bastante dañado y no pudimos reparar el sistema mecánico con el que funcionaba originalmente-, explicó Bonnibel.

-¿Entonces por qué lo trajeron si ni siquiera funciona?-

-Veras, Finn-, empezó Flama, -Bonnibel estaba investigando artefactos antiguos, de la época de los humanos, y por suerte encontramos como hacerlo funcionar. Bonnibel me enseño que los gases con mayor temperatura tienden a ir hacia arriba. Los humanos solían llenar globos como este con aire caliente para levantarlo en el aire y volar-, le dijo mientras lo llevaba de la mano hasta la canasta.

-Vo… ¿volar? ¿Vamos a volar?-, preguntó Finn con emoción, recibiendo una afirmación de cabeza por parte de la adolescente, -¿Pero cómo? No hay fuego aquí-

La chica raspó su garganta, esperando pacientemente a que su novio hiciera la conexión lógica necesaria.

-Oh, ya entiendo. ¿Y cómo lo haremos?-

-Este globo ya está lleno de un aire especial. Solo hace falta calentarlo. ¿Sabes cómo podríamos hacerlo?-, preguntó con voz traviesa.

-Creo tener una idea-, respondió el humano

Se acercó hasta su novia, la tomó por la cintura, la acercó hasta él y le dio un fuerte y apasionado beso. La flama de la chica creció y se levantó, entrando por el orificio del globo sobre sus cabezas. Los chicos fuera del globo desataron las cuerdas que los sostenían en la tierra, permitiendo que el globo se elevara alto en el cielo junto con los dos adolescentes.

Durante un par de horas, estuvieron sobrevolando por varios puntos de Ooo, disfrutando de un paisaje que nunca ninguno de los dos había visto antes. Allí arriba, pudieron observar un hermoso atardecer, ella acurrucada con él, quien la abrazaba a su pecho.

-Oye Flama-

-Dime Finn-

-¿Cómo vamos a bajar?-


… y los de su aniversario…


-Jake, ¿qué le voy a regalar a Flama por nuestro aniversario? ¡Ayúdame!-

-Mmm… no sé-, dijo Jake, quien intentaba tomar una siesta en el sofá, -¿por qué… por qué no le haces unas galletas o algo así?-

-¡Eso es genial! ¿Ahí harina? ¿Tenemos leche? ¿Huevos?-, Finn preguntaba frenético, sin recibir respuesta de su hermano, ni interesarle si respondía.

Después de casi dos horas, Finn despertó a Jake.

-Jake, viejo, ¿crees que me quedaron bien? ¿Crees que le gustarán?-

El perro abrió los ojos solo para ver una bolsa de plástico adornada con un listón azul lleno de galletas negras y quemadas.

-Uuuhhh…-

-No hay tiempo, me tengo que ir. ¡Nos vemos Jake!-, el humano salió a toda prisa de su casa.

-Pobre chico… No, ¿qué? ¡Pobre chica!-, exclamó Jake para después volver a dormirse.

Finn llegó hasta la casa de su novia, quien lo esperaba afuera, al parecer escondiendo algo tras su espalda.

-¡Hola Finn! Te hice unas galletas por nuestro aniversario-

-¿En serio? ¡Yo también hice unas! Solo que… es la primera vez que las hago y creo que no me salieron muy bien-

-También yo hice galletas por primera vez. Y creo que me quedaron un poco mal. Me quedaron muy blandas-

-A mí me quedaron quemadas-

-¡Me gustan las galletas quemadas!-

-¡Me gustan las galletas blandas!-


Sí, no había duda. Aquella chica era maravillosa y estaba totalmente agradecido por haberla conocido, hace ya más de un año.

Habían pasado seis meses desde su aniversario. Finn se encaminaba a casa de su novia para dar una pequeña caminata con ella y quizá derrotar juntos a algunos seres malvados que se cruzaran en su camino.

Cuando llego a la casa de la adolescente, tocó a la puerta. Pero nadie contestó. Volvió a llamar, pero nadie salía de la casa. Decidió abrir la puerta y entrar a la casa (ya que la Madre Naturaleza le dio inmunidad al fuego, podía entrar allí sin quemarse). Con la espada preparada por si encontraba algo extraño, recorrió las pequeñas habitaciones del hogar de su dama. Al entrar en lo que parecía ser el comedor, encontró una nota sobre la mesa:

Querido Finn:

Tuve que ir al castillo de mi padre. No te preocupes, cuestiones familiares. En realidad, estoy emocionada porque me avisaron que mi primo ha llegado, hace años que no lo veía. Vamos a ofrecer un banquete de bienvenida para él, y por supuesto que estás invitado. Nos vemos en el Reino del Fuego está tarde. Por favor, lleva un cambio de ropa elegante (me gusta cuando te ves elegante).

Besos,

Flama.

Junto a la firma de la chica, se encontraba una quemadura sobre el papel con la forma de unos labios. Finn no dudó y beso la silueta de los labios de Flama sobre el papel, volteando después hacia todos lados esperando que nadie lo hubiera visto.


El héroe se acercaba a las puertas del gran castillo del Reino del Fuego, en donde se encontraban un par de guardias platicando, dándole la espalda.

-Eh, disculpen. Yo…-

-¿Quién se atreve a venir al castillo de…?-, el guardia peguntó con furia, pero su sangre se heló (si eso es posible en un elemental) al ver de quien se trataba.

-T…t… ¡tú!-, gritó el otro guardia

-¡Por favor, déjanos vivir! ¡No nos hagas daño!-, dijo el primer guardia ocultándose tras sus brazos.

-Yo solo vine a buscar a la Princesa Flama-

-Está allá adentro, en los jardines. Por favor, ¡ten piedad!-

Finn, queriéndose divertir, jugó con los guardias.

-Está bien, la tendré. Pero solo por esta vez, ¿entendido?-, gritó

-¡S… sí… sí señor!-, respondieron ambos guardias con miedo.

-Eso pensé-, dijo Finn, aguantando la risa hasta estar dentro del castillo.

Para el humano era extraño que aquello pudiera ser llamado un jardín. No había ni plantas ni hierba ni árboles a la vista. Solo un enorme terreno de tierra y rocas, delimitado por una cerca de madera. Aquello, más bien, parecía un corral.

-¿Dónde podrá estar Flama?-, se preguntó Finn.

En ese instante, un pequeño temblor fue percibido por las plantas de sus pies. La intensidad fue subiendo hasta hacerle temblar todas sus piernas y su cuerpo. Incluso tuvo que sostenerse de la cerca para mantener el equilibrio. Fuera lo que fuera que estuviera provocando ese temblor, era enorme. Y se estaba acercando.

-¡Yeeeeeeehaaaaaa!-, se escuchó un grito en la distancia

Para Finn, esa voz era inconfundible. A lo lejos, entre una gran nube de humo que se acercaba, una manada de lobos de fuego se dirigía a toda velocidad hacía el. Y enfrente de aquella enorme estampida, un lobo que sobre su espalda llevaba a una chica de 15 años.

-¡Woohoo!-

Finn estaba totalmente sorprendido. Jamás pensó que su novia tuviera la habilidad de domar animales salvajes, especialmente lobos de fuego. Ellos, al igual que casi todo lo que provenía del Reino del Fuego, tenían un temperamento explosivo y el solo hecho de acercarse a ellos podía ser como firmar tu propia sentencia de muerte. Pero había que recordar que su novia era la princesa del Reino y que tal vez su carácter más fuerte que el de esos lobos.

-¡Flama!-, gritó el chico antes de que pasará por enfrente de él

-¡Finn!-, respondió la chica con alegría.

Con un jalón de la cuerda que rodeaba el cuello del enorme lobo que montaba, este hizo un esfuerzo por detenerse, patinando sus patas en la suelta tierra de aquel corral. Los demás miembros de la jauría siguieron corriendo, dejando tras de sí una enorme y espesa nube de tierra que obligó al chico a cerrar los ojos por unos segundos y le provocó una terrible tos. Entre toda aquella neblina, sintió que alguien rodeaba su cuerpo con una fuerza suave. No era necesario ver para saber de quien se trataba.

-Hola Flama-, dijo correspondiendo el abrazo

-Hola mi amor-, respondió la chica, con su rostro muy pegado a la mejilla del humano.

-Oye, lo que hacías con esos lobos es totalmente matemático. ¿Me enseñas a montarlos?-, preguntó emocionado

La princesa se separó de Finn. Sujetándolo de los hombros le dirigió una mirada incrédula y preocupada.

-¿Estás seguro? Los lobos son muy temperamentales. Solo un elemental de fuego es lo suficientemente duro como para enfrentarse a ellos e intentar domarlos-

-Yo soy duro. ¡Todo mi cuerpo es un callo! Seguro que podré con unos cuantos lobos-, dijo, para después poner sus puños en la su cintura, inflar su heroico pecho y levantar la mirada, en una pose que Flama solo había visto en estatuas.

-Está bien, héroe macho. Te enseñaré, soy la mejor montando lobos en este reino, los montaba todo el tiempo cuando era una niña pequeña…-

-¡Radical!-

-…Pero que lo logres ya es tu responsabilidad, ¿entendido?-, advirtió la adolescente

-Sí, sí, ya entendí. ¿Dónde están los lobos?-, preguntó ansioso

-Tranquilo, no te alteres. Están por allá-, dijo Flama señalando detrás de sí

-¿Y qué esperamos? ¡Vamos!-, gritó el chico antes de tomar la mano de su novia y llevarla corriendo hacia donde estaban los animales.

La chica sólo soltó una risilla por la actitud de su novio. No dejaba de admirar su aparentemente infinita energía. En cierta forma, los dos eran parecidos: dentro de sí tenían una gran fuerza potencial incapaz de ser medida y que parecía que jamás se desvanecería. Los dos eran poderosos.

-Tal vez, después de todo, sí somos el uno para el otro-, pensó Flama, pensamiento que le provocó un fugaz rubor.

Cuando llegaron al lugar donde se encontraban todos los lobos que antes estaban corriendo junto a Flama, la emoción de Finn era evidente. Se sentía como niño en dulcería: no sabía cuál de todos esos lobos escoger, todos eran geniales. Sus pelajes oscuros y gruesos, separados en secciones por líneas rojas brillantes, los hacían parecer como seres de roca volcánica que en sí mismos llevaban ríos de lava recorriendo su cuerpo. Y su tamaño sólo los hacía más impresionantes.

-Bien, montarlos es fácil. Lo complicado es mantenerse en ellos. Tienes que llegar por detrás del lobo y saltar sobre él. Procura caer en su cuello, allí es donde está su pelaje más largo. Una vez que estás allí, sostente inmediatamente de su pelo, lo más fuerte que puedas. El lobo se pondrá bronco e intentará tirarte. Tú tienes que tirarlo a él. Soporta tanto tiempo como puedas hasta que lo tires. No esperes a que se canse, ellos nunca se cansan-, explicó Flama

-Montar por sorpresa, resistir, tirarlo… ¡entendido!-

Finn se acercó sigilosamente a los lobos, hasta encontrar uno que se encontraba acostado, sin hacer nada. Pensó que sería fácil al tomarlo totalmente desprevenido. Saltó sobre el lobo y cayó directo en su cuello, sujetándose del largo pelaje. El lobo giró su cabeza, sus enormes y amarillos ojos con pupila roja miraron directamente al humano, al tiempo que un sonoro gruñido salía de sus fauces.

En tan solo un instante, el lobo echo a correr, tomando al mismo Finn por sorpresa quien no supo en que momento había empezado la carrera.

-¡Mira Flama! ¡Lo logre en mi primer intento!-, gritó el chico

-¡Finn, concéntrate aún no…!-

El humano no escucho el final de la frase pues, de súbito, el lobo detuvo su frenética carrera, frenando con sus cuatro patas. Las manos de Finn perdieron el agarre y el pelo del animal resbaló de sus palmas. Así, el chico salió volando hacia atrás. Mientras iba cayendo, el lobo soltó una patada con sus patas traseras, impactando a Finn y mandándolo a volar otros varios metros, hasta chocar con la cerca.

-¡Finn!-, fue el grito preocupado de Flama, quien en una línea de fuego se deslizo hasta donde yacía su novio, -Finn, ¿estás bien?-

-Eh… uh… sí… solo un poco mareado-, respondió Finn con una sonrisa

-¿Seguro? ¿No te quebraste un hueso o algo?-, la chica sí que estaba preocupada

-Tranquila, nada que unas lágrimas de ciclope no puedan arreglar-, respondió levantándose y sonriendo.

Flama dejo salir un suspiro de alivio y resignación.

-Deberías intentar con otro lobo, ese era muy bravo-

-No. Continuare con ese. Ahora tenemos cuentas pendientes-, dijo mientras se dirigía de nuevo contra el mismo lobo, dejando a Flama sólo mirando.

De nuevo, se acercó hasta él, lo montó por sorpresa, el lobo corrió y se frenó. Pero esta vez frenó con sus patas delanteras y levantando las traseras, mandando a Finn hacia delante, rodando por la tierra. Flama quería ayudarlo, pero sabía muy bien que Finn no lo permitiría. Además, estaba demostrando ese carácter fuerte que se necesita para domar a un lobo de fuego.

-La tercera es la vencida-, susurró Finn antes de saltar de nuevo sobre el mismo lobo.

La carrera comenzó. El lobo no se frenó esta vez, sino que se levantó en sus dos patas traseras, esperando que la gravedad hiciera el trabajo por él e hiciera que el agarre del humano resbalara. Pero esto era precisamente lo que Finn esperaba. En el momento en que se levantó, jaló con todas sus fuerzas del pelaje del animal, hacia su lado derecho. El lobo perdió equilibrio en sus patas y finalmente cayó sobre su costado derecho. El lobo se levantó de nuevo, se sacudió la cabeza y aulló, para después jadear como si nada pasara.

-¡Felicidades Finn! ¡Lo lograste!-, le dijo Flama, que se acercó montada en otro lobo.

-¡Sí, lo hice! ¡Fue genial! Oye, ¿Cuándo domaste a tu lobo? Yo no vi-

-Ah, yo ya no necesito domarlos. Basta con que me suba en ellos. ¿Qué tal unas carreras?-

Al humano le tomó un poco de tiempo antes de decir:

-¡Claro!-

-Ok, dales una pequeña patadita en las costillas para que corran. ¿Bien?-, Finn afirmó con la cabeza y se puso en posición sobre su lobo, -Uno, dos, ¡tres!-


La quinta carrera (la del desempate) ya no se pudo correr, pues uno de los guardias llegó a avisar que la cena para el primo de Flama sería en una hora y tenían que arreglarse.

Flama no tenía necesidad, pues desde que llegó al reino estaba usando el traje que siempre había usado ahí, el vestido con el que Finn la conoció, el vestido real. Sin embargo, Finn necesitaba cambiarse esa ropa sucia y tan poco decente. Así que Flama y él fueron al cuarto de la chica para que se cambiara.

-Esta es mi habitación. Aquí puedes cambiarte de ropa-

Finn se acercó hasta la cama y dejo ahí su mochila, comenzando a sacar el smoking y los zapatos que usaría esa noche. Cuando estaba a punto de quitarse la camisa, sintió esa presencia.

-Eemm… Flama…-

-¿Sí, Finn?-

-¿Tú crees que… eemm… yo pueda… este…?-, balbuceaba Finn sonrojado

La elemental no sabía que quería decir su novio, hasta que se dio cuenta del rubor en sus mejillas.

-Oh… ¡Oh! Sí, lo siento. Voy a espérate aquí afuera-, contestó con una risilla y con su cara totalmente roja.

Cuando Finn salió de la habitación, Flama no pudo evitar sonreírse al verlo vestido así. Se veía tan diferente, tan… no-él. Y aun así le gustaba, se veía misterioso, como si hubiera más de él para conocer de lo que ya conocía.

-Que elegante te ves-, le dijo

-Y tú te ves hermosa con ese vestido. Me hace recordar cuando nos conocimos-

-Y cuando nos lastimábamos-, respondió Flama

Finn se acercó, la tomó por la cintura y apoyó su frente en la de ella, mirándola a los ojos.

-No cambiaría esos días por nada del mundo-

Después de un pequeño beso, los dos caminaron tomados de la mano hasta el gran comedor del castillo. Antes de entrar, cambiaron el agarre de sus manos. Finn puso su puño derecho sobre su pecho y Flama se sujetó del ángulo formado por su brazo y su antebrazo. Cuando entraron, pudieron ver al Rey Flama acompañado por varios diplomáticos y nobles. El Rey, sentado al fondo de la gran mesa de roca volcánica, y los demás colocados a los lados de la mesa.

-Entran la Princesa Flama, heredera del trono del Reino del Fuego de Ooo y su acompañante Finn el Humano, Príncipe de la Pradera-, anunció un hombre colocado a un lado de la puerta.

El chico volteó a ver a su novia, incrédulo por el título con el que había sido anunciado.

-No digas nada. Ellos no son como mi padre-, susurró su novia, sin quitar nunca la vista de enfrente.

Ambos ocuparon lugares reservados junto al monarca del reino. Flama sentada inmediatamente a un lado de su padre y Finn a un lado de ella. El chico no podía ignorar las miradas que sobre él se posaron desde que entró. Algunos lo veían con incredulidad; otros simplemente lo veían; y otros, como la mujer que se encontraba a un lado suyo, lo observaban profusamente y con ojos entrecerrados, como queriendo analizar hasta lo más pequeño e imperceptible de su ser, hasta sus átomos, esas cosas tan pequeñitas de las que Bonnibel le había hablado alguna vez y que conformaban toda la materia del universo. Aquella mujer incluso se atrevió a agacharse para verlo más de cerca.

-Entran el Príncipe Flama, heredero del trono del Reino del Fuego de Aaa…-

Todos los presentes desviaron su mirada para ver a un chico joven, aproximadamente de 15 años, ataviado con un ropaje de un par de botas largas, un pantalón que se unía con la ropa que cubría el torso, sin mangas, y un cuello que se alzaba por detrás que cubría casi toda su cabeza y se expandía hacia los lados. Una muñequera larga en cada brazo. Su cabello no caía a los lados; todo se concentraba en el centro y tendía hacia arriba. Pero lo que más sorprendió a los presentes fue que, al quitar la vista del humano, solo lo hicieron para encontrarse con… exactamente lo mismo.

-…y su acompañante, Fionna la Humana-, terminó de anunciar el sirviente, con un poco de sorpresa en su voz.

Sobre un hermoso vestido de color azul (que se suponía debería ser blanco, pero el escudo anti-fuego lo había teñido), con falda ancha, hombros esponjados y detalles dorados, se encontraba una cabeza de piel protegida por un gorro blanco con grandes orejas de conejo.

Absolutamente todos los presentes, incluso Flama, habían dirigido su mirada hacía la chica que acababa de entrar. Ella y su pareja también tenían fija la mirada, pero en el chico que ya se encontraba sentado ahí.

La Princesa Flama observó incrédula a la chica, y después volteó a ver su novio, quien estaba igual de perplejo que los demás.

-Finn, esa chica se parece mucho a ti-

El humano estaba mudo. En realidad, sí que se parecía mucho a él. Era como verse en un espejo, con otra anatomía y otro gorro.

La chica parecía estar igual. No quitaba sus ojos del acompañante de la Princesa Flama. Ninguno de los dos humanos podía creer lo que estaba frente a sus ojos. Ambos no decían ni una sola palabra, sólo se miraban mutuamente, lo que preocupaba a los elementales de los cuales eran acompañantes.

-Nos permiten un momento. Finn tiene que… tomar un poco de aire. Vamos Finn-, dijo Flama, tomando a su novio del brazo y levantándolo de la mesa.

-Fionna, te ves algo mal. Vamos a tomar algo de aire-, dijo el príncipe, llevando a Fionna fuera del comedor.

Cuando el cuarteto salió del comedor, los elementales cerraron la puerta tras de sí, así que el resto de los invitados no escucharían la pequeña discusión que tendrían.

-¿Por qué demonios no me dijiste?-, gritó Flama, encendiendo su llama

-¡Pues porque tú no me preguntaste!-, respondió el varón, con un aumento en su ardor también.

-Tú dijiste: "Ay sí, tengo una invitada muy especial, ni te la vas a creer"-, dijo sarcásticamente, -¿Cómo demonios iba a saber yo que se trataba de una humana?-

-¿Acaso estoy oyendo bien? ¿Acaso la niñita de papi con un novio humano me está reclamando?-, gritó con sarcasmo.

Sus frentes chocaron, mientras se miraban fijamente con ojos furiosos. La unión de sus fuegos hizo que se convirtieran en sólo uno de gran volumen. De repente, la realidad los golpeó y recordaron a las personas más afectadas por aquel encuentro.

Desviaron sus miradas hacia un lado y pudieron ver a los dos humanos, viéndose fijamente. Empezaron a dar vueltas el uno alrededor del otro, intentando ver tanto como pudieran. Incluso llegaron a tocarse los rostros, asegurándose de que era piel lo que los cubría. Ante esto, Flama sintió una pequeña sensación nueva y extraña. De repente, por alguna razón, quería rostizar a aquella chica hasta que no quedaran ni las cenizas, aunque no se explicaba bien por qué.

-Hola-, dijo Finn, siendo el primero en romper el silencio entre los dos

-Hola-, respondió Fionna, dándole un poco de seguridad al chico.

-Yo soy Finn… el humano. Mucho gusto-, dijo sonriendo y tendiendo su mano derecha hacia Fionna.

-Yo soy Fionna… la humana. El gusto es mío-, respondió la chica, sonriendo y tomando la mano de Finn.


No era muy común observar a un elemental de fuego caminar libre y cómodamente por la tierra de Ooo, fuera del Reino del Fuego. Los Ooocianos estaban acostumbrados ya a Flambo o a la Princesa Flama. Pero un mismísimo miembro de la Guardia Real sería imposible de creer.

El guardia se dirigió hacía un árbol de enorme tronco. Tenía una puerta pequeña y algunas ventanas de donde se podía observar una luz tenue que provenía del interior. Tocó la puerta. Se abrió una pequeña rendija para observar a la persona que había llamado.

-¿Quién llama?-, preguntó una voz desde el interior; una voz hostil, nasal y aguda

-El Lobo de Fuego quiere hablar con el maestro-

La rendija se cerró y después del sonido de varias cerraduras moviéndose, la puerta se abrió. Apareció un extraño ser, ancho y de aproximadamente dos metros de alto, cubierto por una túnica púrpura y una capucha que ocultaba su rostro entre oscuridad.

-¡Pasa, rápido!-

El guardia entró en la casa. Era literalmente el interior del tronco de un árbol: hueco y con paredes de madera; apenas si había unos cuantos muebles como sillas y una mesa. Unas velas iluminaban el lugar. El ser de la túnica y el guardia bajaron por unas escaleras que daban a un nivel inferior, más grande que el tronco. Lo único que había ahí era una puerta de madera con picaporte al centro.

-El maestro te recibirá-, después de decir esto, aquel ser volvió al nivel superior.

El elemental giró el picaporte y entro. La habitación era iluminada por un candelabro con velas. Parecía una oficina, con la alfombra en el piso, el escritorio y la gran silla de espaldas al recién ingresado.

-Más vale que traigas algo bueno-, dijo una voz desde el escritorio; suave, grave y con un tono de desinterés.

-El Lobo ha venido a aullar-, dijo el elemental

-¿Y cuál es la razón de sus aullidos?-, preguntó con el mismo desinterés

-La luna está llena-

De la silla se levantó otro ser en túnica púrpura, unos cuantos centímetros menos de altura que el anterior. Se dirigió hacia el guardia y le preguntó:

-¿Estás completamente seguro?-

El elemental afirmó.

Ambos subieron al nivel superior, donde encontraron el otro ser en túnica.

-¡Cimice!-, llamó El Maestro, haciendo voltear al nombrado, -llama al resto de Los Siete. La hora ha llegado. Hay que despertar al Caos Reptante-


Esta situación empieza a tornarse oscura, ¡que miedo! Muchas gracias por leer. No olviden dejar una review, es lo que me inspira a seguir publicando. Denle follow para no perderse ni un solo capitulo. Cuídense mucho. ¡Nos vemos!