Gracias a todos por sus follows, favs y, por supuesto, sus reviews. Sus reviews me ayudan a entender que hago lo correcto al publicar esto de nuevo. Vamos a responder a algunas:

Cronos Cabrera: No he querido modificar los diálogos para mantener la esencia de la historia, no soy George Lucas jaja. El nombre vendrá en uno de los NUEVOS capítulos

raulalejandromeza: Publicaré al menos un capitulo cada semana. Dependiendo del número de reviews pueden ser más. Si quieren más capítulos por semana, dejen más reviews.

Bueno, ¡a la historia!


La sombra devoradora acecha,
noches de oscuro porvenir.
El olor del viejo líder global
guía los andares del Caos


15 años atrás...

-¡Ya viene! ¡El Caos! ¡Ahí viene!-, gritaba un joven no mayor de 20 años, de piel clara y cabello castaño, mientras salía corriendo del bosque hasta desplomarse al centro de la villa en donde vivía.

Un par de humanos más acudieron a levantar al joven, agitado y con una cara de terror, mientras otros se acercaban curiosos. Gotas rojas manchaban su camisa blanca. Un hombre mayor, aproximadamente en sus treinta, se acercó al chico. Alto y fornido, cabello rubio alborotado que no iba más debajo de su cuello y una incipiente barba de candado.

-¿Cómo lo sabes?-, le preguntó suavemente con su voz grave

-Mi hermano… mi hermano y yo… fuimos al bosque…-, contaba entre jadeos, intentando recuperar el aire, -se nos hizo tarde, no alcanzamos a regresar antes… lo alcanzó… no pude hacer nada…-, empezó a llorar, mientras el par de humanos que lo ayudaron lo abrazaban y lloraban también. Eran sus padres.

-¿Qué vamos a hacer, Einar?-, preguntó una mujer de raza negra, aparentemente de la misma edad del hombre rubio. Cabello oscuro rizado que flotaba sobre sus hombros.

-Manda a todos al refugio, Nairobi-, ordenó el hombre, -Hoy hay luna nueva-

-Luna Muerta. Así la llaman ellos-

-Con suerte, la única otra cosa muerta hoy será esa criatura. ¡Rápido! Llévatelos a todos-, La mujer obedeció y dio indicaciones que todos en aquella villa la siguieran para refugiarse en el templo.

Einar fue en dirección contraria, hacia una hermosa casa pintada de azul. Sus ventanas eran rodeadas por un marco de ladrillos y adornadas con macetas de diversas y coloridas plantas. El techo estaba cubierto por tejas del mismo color que los ladrillos. Cuando entró por la puerta hecha de madera, trató de hacer el menor ruido posible.

Con pasos cuidadosos y lentos, se dirigió hasta una habitación en donde una mujer de cabello rubio, largo y ondulado se encontraba sentada en una silla frente a la ventana, por donde entraban las naranjas y purpúreas luces del atardecer. En sus brazos se encontraban dos pequeños bebes envueltos en mantas de color azul claro. Ambos reflejaban tranquilidad y paz en sus tiernos y regordetes rostros, mientras de sus bocas levemente abiertas escapaban suaves respiros. Su sueño era acompañado por la dulce voz de su madre cantándoles una canción de cuna:

Summertime, time, time
child, the living's easy.
fish are jumping out
and the cotton, lord,
cotton's high, lord so high.
Your daddy's rich
and your ma is so good-looking, baby.
she's a-looking good now,
hush, baby, baby, baby, baby now,
no, no, no, no, no,
don't you cry, don't you cry.
One of these mornings
you're gonna rise, rise up singing,
you're gonna spread your wings, child,
and take, take to the sky,
lord, the sky.
But until that morning,
honey, n-n-nothing's going to harm ya,
no, no, no no, no no, no...
don't you cry

El hombre se acercó hasta la mujer y la tomó por los hombros, inclinándose y dándole un beso en la mejilla.

-Hola María-, dijo en un susurro

-Hola, mi amor-, respondió la mujer, también susurrando

Einar bajó la vista y observó a las pequeñas criaturas que dormían plácidamente en los brazos de su madre. Le llamó la atención el par de sombreros que rodeaban por completo su cabeza, dejando visible únicamente sus rostros.

-¿Así que les pusiste los gorros?-

-¡Por supuesto que sí! Tarde mucho en hacerlos. Además, ¿no se ven lindos tus hijos?-

-Se ven hermosos-, respondió Einar, sonriendo y acariciando suavemente los rostros de los recién nacidos, -mis queridos Finn y Fionna-

-Les servirá como camuflaje-, dijo María, -Así, si el Caos viene, no encontrará humanos, sino una linda conejita y un guapo osito-

La sonrisa de Einar desapareció y en su cara empezó a formarse una expresión de pesar.

-Cariño, respecto al Caos…-

-Lo sé, lo vi y lo escuche. Será mejor que nos preparemos para ir al refugio, ya casi anochece. Tengo preparadas unas mochilas con lo necesario para los niños. Toma una y llévate a Fionna-, dijo tranquilamente mientras se levantaba.

-Te preguntaría como es que tienes ya todo preparado. Pero me intriga más cómo es que estás tan tranquila-, dijo Einar, tomando a la pequeña entre sus brazos.

La mujer se acercó y le dio un suave beso en los labios.

-Porque tengo fe. Fe en que todo saldrá bien. Fe en que nuestros hijos estarán bien-, dijo María mientras acariciaba el rostro del somnoliento bebe con gorro de oso.

La pareja salió de la casa, con los niños en los brazos y las mochilas en la espalda. El camino estaba iluminado por antorchas cuyo azaroso fulgor provocaba una danza de sombras. Llegaron a un antiguo edificio hecho de piedra rodeado por vitrales; con una torre alta en cuyo pico se encontraba una campana. Ambos entraron junto a varios otros humanos, el último grupo en llegar.

-¡Hola María!-, saludó Nairobi a la entrada, -Hola dormilones Finn y Fionna-, dijo mientras se agachaba para acariciar a los bebes.

-Hola Nairobi. ¿Noticias de Joshua y Marceline?-

-Ya deben estar en camino. Espero que ninguno de "ellos" los distraiga-

-No pasará. Llegarán-, dijo Einar

Cerraron la enorme puerta de madera tras de sí y la aseguraron con una tabla que recorría la puerta de punta a punta en forma horizontal. Los vitrales fueron reforzados con grandes y gruesas barras de acero. Dentro de aquel refugio (lleno de personas murmurantes, algunas con miedo, otras tratando de calmar a los demás) había todo lo necesario para pasar la noche: comida, agua, mantas, colchones pequeños.

María colocó a sus dos pequeños hijos en la colchoneta que le había sido asignada, seguida por su pareja y Nairobi.

-¿Cómo están el chico y su familia?-, preguntó Einar

-No es nada nuevo en estos días, pero es comprensible que estén devastados. Nunca nadie de su familia había sido atacado-

Los minutos pasaron, convirtiéndose en horas. En la mente de todos aquellos humanos estaban las historias de otros asentimientos humanos en la tierra de Ooo que ya habían sido visitados por el horror del Caos Reptante. Las historias siempre terminaban igual: no hubo sobrevivientes. Einar fue uno de los pocos que abogó por la unión de todos los asentamientos humanos en una sola sociedad y en un solo lugar, pero la mayoría de los líderes de aquellos pueblos no quisieron abandonar sus puestos de poder para entregárselos a otro, a uno solo que fuera el líder de todos. Ahora, todos habían desaparecido entre las fauces de aquel monstruo.

Einar y María no eran líderes oficiales, la villa no los tenía, pero eran respetados por todos; después de todo, fueron de los pocos que pudieron luchar junto a Billy en sus últimos días de héroe para vencer y aprisionar al Rey Lich. Eran grandes peleadores, maestros en la espada. Aunque Einar solía ser muy apasionado y muchas veces se lanzaba sin pensar demasiado, María siempre estaba allí para ayudarlo con su gran conocimiento en tácticas de batalla y métodos de curación.

-¡Se están apagando las antorchas allá afuera!-, gritó un hombre, subido en una escalera, observando por un vitral.

El murmuro, antes disminuido, volvió a crecer entre la multitud. Oraciones a deidades casi ya desconocidas se elevaban y los padres abrazaban fuerte a sus familias, esperando por lo menos morir rápidamente.

-¡Nairobi, conmigo!-, gritó Einar, empuñando una espada dorada.

La mujer se puso a su espalda, sosteniendo una gran espada plateada de doble filo.

-¿Les molesta si me uno?-, dijo María acercándose a ellos, cargando un arco y un recipiente con flechas en la espalda

-Pero, ¿estás en condiciones de pelear?-, preguntó Nairobi en una mezcla de sorpresa y preocupación.

-No intentes persuadirla, no se perdería esta lucha por nada-, respondió Einar, -Veo que vuelves a usar el arco. ¿Los niños?-, susurró.

-Están protegidos-, susurró la madre

Se podía oír el repentino acelerar del viento fuera del templo, golpeando con fuerza las ramas de los árboles, provocando un sonido silbante que ponía los pelos de punta. De repente, uno de las ventanas se rompió, cayendo varios pedazos de vidrio dentro del refugio. El aire entró y apagó las velas que iluminaban el lugar, dejando el lugar totalmente oscuro pues, esa noche, ni siquiera la luna brillaba.

Ruidos extraños se escuchaban en el techo. Garras arrastrándose por la madera de la que estaba hecho. Einar siguió el movimiento con sus ojos, imaginando el andar de la criatura por encima de ellos. Aquel seguimiento lo llevó hasta la puerta que llevaba a la torre con la campana.

-¿Aseguramos esa puerta?-, preguntó Einar

La puerta de madera empezó a ser golpeada desde el otro lado.

-Me temo que no-, dijo María

-¡Todos, detrás de nosotros! ¡Ahora!-, ordenó Nairobi y las decenas de humanos que allí se encontraban obedecieron.

La puerta empezó a golpearse con más fuerza hasta que finalmente cayó, levantando una cortina de humo. Los tres humanos sostuvieron más fuerte sus armas, atentos a cualquier sonido o movimiento que pudieran percibir en medio de la oscuridad.

Un rayo se encargó de iluminar por un instante aquel lugar. El trueno se encargó de aumentar el miedo dentro de los corazones de los últimos humanos en Ooo.

-¿Ves algo, María?-, preguntó Einar

-No, aun no-, preparada para disparar su flecha en cualquier momento

-¿Y tú, Nairobi?-

No hubo respuesta. Los humanos rubios voltearon y gracias a la cercanía pudieron ver a Nairobi, con lágrimas corriendo por su rostro y sus labios temblando. Bajaron la vista hacia su abdomen y observaron con miedo que tres largas y afiladas garras la habían atravesado desde atrás.

-Lo siento chicos-, susurró antes de ser arrastrada hacia la oscuridad.

Los guerreros no podían creer la escena apenas desarrollada frente a sus ojos. Antes habían enfrentado a algunos monstruos, incluso le hicieron frente a uno de los Siete Nigromantes; pero esta vez sentían un miedo diferente al que hubieran sentido antes. Sabían que el Caos gustaba de moverse en la oscuridad, acechar a sus víctimas y jugar con sus mentes. Pero jamás pensaron como sería enfrentarse cara a cara con él.

-¿Dónde están esa loca punk y ese perro pulgoso?-, preguntó María

-Nunca llegarían tarde. Uno de "ellos" debe haberlos distraído para dejarnos solos-, respondió Einar, mientras daban vueltas, espalda con espalda.

-¡AAAAAAHHHHH!-, alguien gritó en la multitud que intentaban proteger

Un hombre era arrastrado de las piernas por un brazo verde, al parecer cubierto de escamas. Otro grupo de humanos lo sujetaban de los brazos, intentando salvarlo. Los gritos del hombre y de algunos de los refugiados llenaron el lugar. María preparó su arco y apuntó a donde imaginaba se encontraba la cabeza de aquel ser. Al parecer, la flecha dio en el blanco, pues la víctima fue soltada y un quejido chillante salió de aquella sombra.

El sonido de un gran cuerpo arrastrándose con sus garras empezó a ser más fuerte para los guerreros; sabían que se acercaba. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, lo vieron frente a frente por primera vez. Un ser de poco más de dos metros de alto y casi el doble de largo; gruñendo, mostraba sus dientes, los cuales parecían ser todos afilados colmillos; su cuerpo parecía estar completamente cubierto por escamas verdes, amarillas y en menor número rojas en su cabeza, cuya tonalidad iba oscureciéndose hasta llegar al púrpura y el negro en su cola; sus garras blancas no parecían muy grandes, pero eso era porque estaban retraídas; en su cabeza, un par de cuernos sobre sus alargadas fauces; por ojos, luces amarillas que brillaban con hambre salvaje. Por corona, dos cuernos bordeados por cabellos del mismo color que las escamas. Otro rayo cayó sólo para iluminarlo y para que los humanos estuvieran seguros de la visión frente a ellos.

-Bien, tenemos su atención. ¿Algún plan?-, preguntó Einar

-Sí. Corre-

-Yo pude haber pensado en eso-

La pareja corrió en direcciones opuestas, logrando confundir a la criatura, que decidió ir tras María, mientras ella preparaba su arco. Al llegar a la pared brincó y se apoyó sobre esta para impulsarse hacia la otra dirección, haciendo que el monstruo se estrellara contra la pared, lo que hizo temblar el refugio entero, antes de volver a perseguir a la mujer. María volteo y sin dejar de correr, apuntó su arco y disparó dos flechas que distrajeron a la oscura bestia.

-¡Ahora!-, gritó ella

Corriendo en dirección contraria, venía Einar dispuesto a chocar su espada contra el cuerpo de la bestia. Aprovechando que estaba quejándose por el par de flechas clavadas en su cuerpo, se acercó e hizo tres cortes en las retraídas patas del ser que arrastraba su barriga por el suelo. La criatura chilló de dolor y con su enorme cola intentó aplastar al hombre, que gracias a su habilidad pudo esquivar el golpe.

María aprovechó esto. Tomó la espada que Nairobi había soltado y dio un salto mortal en el aire. Al caer, rebanó la última parte de la cola del Caos Reptante, provocando otro chillido de dolor. Pero la bestia actuó rápido esta vez y con una de sus patas golpeó a la guerrera, mandándola a volar varios metros hasta caer al suelo.

-¡María!-, gritó Einar.

Pero antes de que pudiera hacer algo, lo que quedaba de la cola del Caos lo golpeó, estrellándolo contra la pared y haciéndole perder el conocimiento.


Einar empezó a despertar. Su cabeza daba vueltas y una sensación húmeda le recorría desde la parte de atrás de su cabeza hasta la parte baja de la espalda. No había necesidad de preguntarse qué era aquel líquido. Apoyándose en su espada dorada, se levantó del suelo, sosteniéndose la cabeza, adolorido y confundido por el golpe. Un sonido llamó su atención. Crujidos. Dientes masticando algo. El hombre volteó en dirección de la fuente del sonido. Una criatura enorme con cuerpo escamoso se encontraba en una esquina, agazapada, dándole la espalda al humano.

Einar volteó después a su alrededor, en todas direcciones. Ya no había humanos en el refugio. Ya no había humanos en el mundo.

Las lágrimas empezaron a correr desde los ojos del guerrero, al tiempo que la tristeza y la furia se mezclaban en su interior como un torbellino imparable. Empuño su espada y corrió hacia la criatura asesina. Brincó en el aire y se preparó para hundir su arma en la cabeza de la bestia.

-¡Maldito!-, gritó.

Pero antes de llegar a su objetivo, algo lo detuvo. Una barrera invisible. Y no sólo lo detuvo, sino que también le devolvió la fuerza, empujándolo en el aire hasta que volvió a caer al suelo, pero esta vez de pie.

-Es muy descortés molestar a alguien cuando está comiendo, ¿sabías?-, exclamó una figura ataviada de púrpura saliendo de la oscuridad, con una capucha que ocultaba su rostro.

-¡Tú!-, gruñó Einar con los dientes cerrados y furia en sus ojos

Con un movimiento de sus dedos (aparentemente esqueléticos), la figura ordenó al Caos que dejara de comer y lo acompañara a su lado.

-Qué momento tan mágico, ¿no? La extinción de la humanidad-, dijo con voz profunda y sarcástica, -Por fin, el propósito por el que tanto hemos luchado se cumple. Únicamente quedas tú y ese par de mocosos que aún no puedo encontrar-

El miedo ahora invadía el interior de Einar. Él se aseguró por todos los medios posibles de que la noticia de sus hijos no llegara a oídos de los Nigromantes. Pero en su cara no había ni una gota de sudor frio ni seña de miedo.

-No sé a qué te refieres-

-¡Por favor, Einar! ¿Crees que me iban a poder esconder algo como eso? Mis ojos pueden verlo todo-, dijo con el mismo tono sarcástico.

-¿Qué hiciste con Joshua y Marceline?-, preguntó Einar, tratando de cambiar rápidamente la atención del nigromante enfrente de él.

-Tranquilo, ellos están bien; no son de nuestro interés. Perrumpo sólo se encargó de distraerlos un rato-

La criatura a un lado del mago oscuro gruñía sobre el humano, saboreándose el manjar que en cualquier momento su amo le ofrecería.

-Dime, si puedes verlo todo, ¿cómo es que no viste esto?-, preguntó Einar.

-¿Qué?-, preguntó el mago en sorpresa volteando hacia atrás.

Una figura con una larga cabellera rubia se acercaba corriendo. Cuando llegó detrás del Caos, saltó y empezó correr por la espalda de la bestia.

-¡Nothung!-, invocó la guerrera.

De algún lugar dentro del refugio, una enorme espada con empuñadura envuelta en cuero, salió volando hasta la mano de María, quien en un solo movimiento clavó la legendaria espada en la cabeza del Caos. Un enorme gruñido salió de la boca de la bestia, mientras todo su cuerpo se iluminaba de naranja y amarillo. Cuando su cuerpo estuvo totalmente consumido por la luz, explotó en millones de chispas. La explosión impulsó tanto a María como al Nigromante.

Einar corrió rápidamente hacia el lugar donde su amada había caído y la tomó en brazos.

-¡Lo hiciste, amor! ¡Lo hiciste! ¡Acabaste con él!-, le susurró, con lágrimas de felicidad en su rostro y acariciando su cabeza.

-¿Qué? ¿Acaso lo dudabas?-, respondió María, sonriendo.

Ambos compartieron un beso profundo y dulce, simple, sin movimiento. Se separaron mientras se veían con rostros sonrientes. La felicidad era lo que llenaba sus cuerpos ahora. Y así habría sido por los días, meses y años siguientes… pero olvidaron que había alguien más con ellos.

De repente, el sonido de un objeto viajando a gran velocidad en el aire fue percibido por ambos, antes de que la flecha se clavara en el pecho de la mujer. Ambos observaron el proyectil incrustado y volvieron a mirarse a los ojos. María sonrió y acarició el rostro de su pareja, que empezaba a llenarse de lágrimas de tristeza otra vez.

-Shhh… tranquilo. Todo estará bien al final. Y si nada parece ir bien, es porque aún no es el final-, y así, la última madre humana en Ooo, cerró sus ojos y exhaló por última vez.

Einar abrazó a su esposa, mientras lloraba desconsoladamente sobre su cuerpo.

-El arco de María sí que es bueno. Mi primer tiro y dio en el blanco-, dijo el Nigromante.

Einar cargó el cuerpo de su amada y lo colocó en una de las pocas colchonetas que no habían sido dañadas por el ataque del Caos Reptante, acomodándola en la posición mortuoria, con sus manos sobre su pecho. Se agachó y le dio un beso en la frente. Se levantó y se dirigió al centro del refugio. Enfrentando al mago, levantó su espada.

-¡Manes! ¡Esta vez has ido demasiado lejos!-

-Vaya, por fin te aventuraste a llamarme por mi nombre-

Einar se lanzó hacia Manes, con su espada preparada para partirlo en dos. La furia lo consumía; lo único que buscaba era venganza. Y ahora María no estaba con él para frenar sus acciones impulsivas. Cuando el guerrero soltó su ataque, el nigromante solamente levantó su brazo, dejando ver que no se trataba más que de un esquelético brazo y detuvo la espada con la mano. Manes apretó más su agarre, provocando que la espada dorada de Einar se quebrara y rayara en varias partes, ante la atónita mirada del humano.

-Esta vez Scarlet no te va a ayudar, Einar-, dijo Manes antes de golpear al humano con su brazo libre, mandándolo de nuevo contra la pared.

El maestro de los Nigromantes sujetó la espada dorada y caminó hacia el vencido guerrero.

-Aquí estamos, frente al fin de la humanidad. ¡Qué momento más dulce!-, exclamó Manes, quien empezó a escuchar susurros conforme se acercaba a Einar, -¡Oh! Conque rezando, ¿eh? Bueno, no sería extraño que el último acto de la humanidad sea un acto de miedo. Ahora, es momento de terminar con la peste-

Manes tomó a Einar por el hombro, quien al encontrarse a tan solo centímetros del invisible rostro del nigromante, pronunció la última parte de sus susurros:

-¡…anima induco tuus!-


Joshua y Marceline buscaban desesperadamente por sus amigos humanos, sin encontrarlos en ningún lado, ni siquiera en su casa. Fue cuando un resplandor blanco proveniente del refugio llamó su atención y supieron donde se encontraban. Corrieron hacia allá. Marceline derribó la puerta con su bajo hacha y entraron. Frente a ellos, se desarrollaba la escena de un humano y un ser con capucha púrpura cuyos rostros eran unidos por un haz de luz blanco que se movía a gran velocidad, provocando chispas y rayos a su alrededor. Una explosión, obligó al perro y a la vampiresa a cubrirse el rostro y aguantar la onda expansiva.

Cuando por fin pudieron mirar otra vez, se dirigieron a donde antes estaban aquellos dos seres, encontrándose únicamente con el humano, quien ya no respiraba. Encontraron después a María, quien yacía pacíficamente en donde su amante la había colocado. Los dos estaban devastados por la pérdida de sus mejores amigos, por no haber podido llegar a tiempo.

-¿Dónde están los niños?-, preguntó Marceline

Llantos de bebes empezaron a escucharse. Joshua se dirigió hacia su origen. Al fondo del refugió, se encontraba un pequeño escenario, el cual tenía una puerta pequeña en el suelo que daba a un nivel oculto donde se solían poner materiales para obras de teatro. El perro abrió la puerta, encontrando a los dos pequeños, llorando, como si de alguna forma supieran lo que acababa de suceder.

-El Caos no los encontró. Y parece que el Caos ya no está aquí. Por ahora, estos dos pequeños están seguros. Hay que llevarlos al Dulce Reino-, dijo Joshua, cargando a los bebes.

Ambos dejaron el lugar. Ya habría tiempo de encargarse de los servicios funerarios de los fallecidos mañana. Pero antes de irse, Joshua tomó la espada dorada de Einar y se la llevó consigo, como un recuerdo del amigo con el que había luchado tantas veces, hombro a hombro.

Cuando llegaron al castillo del Dulce Reino, fueron recibidos por Mentita, quien les informó que la Dulce Princesa había salido desde temprano al Reino del Fuego, pero que no tardaría en llegar. Marceline y Joshua esperaron alrededor de media hora, hasta que la Dulce Princesa llegó al castillo.

-¡Marceline! ¡Joshua!-, saludó sonriente al entrar, -¡Que sorpresa! ¿Qué hacen aquí a estas horas de la…?-

La frase de la princesa se cortó cuando ella vio a los bebes en brazos de Joshua. Él y Marceline tenían miradas tristes y las lágrimas parecían querer salir de sus ojos para seguir el recorrido que aparentemente habían hecho unas anteriores, dejando marcas rojas en sus rostros.

-¿Qué…? ¿Dónde…. dónde están ellos?-, preguntó la princesa, haciendo referencia a los padres de los bebes.

La única respuesta que recibió fue un movimiento de negativo con la cabeza por parte de ambos. Bonnibel colapsó y cayó de rodillas al suelo, siendo inmediatamente auxiliada por Marceline, quien la ayudó a levantarse y la abrazó, mientras las dos dejaban salir las lágrimas que tenían que salir.

Aquella noche se decidiría el destino de los últimos humanos en Ooo.


Gracias por leer, espero que lo hayan disfrutado. Denle follow para no perderse ni un capitulo. Dejen una review con cualquier comentario, me ayuda a inspirarme. Cuéntenle a sus amigos sobre la historia y tráiganlos a leerla. Cuídense mucho, ¡nos vemos!